Contra los hombres de la multitud: un manifesto epicúreo

La siguiente obra fue escrita y/o recopilada por Cassius Amicus y traducida del inglés al español por Hiram Crespo.

La ciudad de Atenas es conocida en la historia como el lugar donde los hombres aprendieron un nuevo modelo de vida. Fue aquí que primero vivieron de acuerdo con el estado de derecho, y basan sus vidas en las filosofías de hombres como Sócrates, Platón y Aristóteles.

Pero Atenas también otorgó al mundo otro hombre – un hombre mucho mayor que éstos – que por su genio derribó los muros que otras filosofías y religiones habían levantado, paredes que separaban a los hombres de la búsqueda de la felicidad a la que la naturaleza les había llamado. La gloria de este hombre, su filosofía, y su nombre – Epicuro – se extendió por todas partes, e incluso después de su muerte su reputación llegó hasta el mismo cielo.

Esto se debe a que Epicuro había visto que la naturaleza había proporcionado todo lo que los hombres realmente necesitan, y había establecido de ese modo la vida humana sobre una base segura.

Pero también vio que, incluso cuando los hombres son grandes en riquezas y honor, en gloria y poder, que estas cosas no calman sus corazones, que los problemas constantes plagan sus vidas y que los hombres se sentían impulsados a clamar a los dioses para el alivio de su aflicción.

Al ver esto, Epicuro percibió que la causa del problema era la manera de pensar que a los hombres infelices se les había enseñado, o que habían adoptado ellos mismos. Vio que la manera de pensar de un hombre es el recipiente en el que pone su vida, pero que esta vasija se hallaba corrupta por falsas enseñanzas, corrupción que arruinó todas las cosas buenas que la naturaleza había provisto.

Epicuro vio que la vasija que los hombres habían elegido estaba llena de agujeros de manera que nunca podrían sentirse llenos por completo, que se había ensuciado y cargaba un hedor nauseabundo que contamina toda dentro de ella.

Entonces, Epicuro limpió la vasija, sustituyó el sabor amargo con el dulce y remendó sus agujeros con los preceptos de la verdad. Mostró a los hombres el error de su manera de pensar, los límites de sus deseos y temores, la verdadera meta a la que la naturaleza les llamaba, y la vía directa por la que se puede alcanzar esta meta.

También mostró a los hombres lo verdaderos males que la naturaleza permite en nuestros asuntos y cómo los hombres deben fortificarse y eregir portales de los que pueden salir para combatir estos males.

Mostró que, en su mayor parte, las vibras melancólicas que plagan los corazones de los mortales no tienen por qué surgir en absoluto, porque así como los niños tienen miedo a todas las cosas en la oscuridad de la noche, igualmente los adultos en la luz del día temen lo que es poco más terrible que la imaginación de los niños.

Y así Epicuro mostró a los hombres cómo disipar este terror y oscuridad de la mente, no por los rayos del sol sino a través del estudio y la aplicación de las leyes de la naturaleza.

El estudio de la naturaleza requiere que entendamos claramente el significado de las palabras de modo que podamos referirnos a ellas mientras vamos comprobando nuestras opiniones. A menos de que hagamos esto, nuestros argumentos continuarán sin ser verificados hasta el infinito sobre una base de términos que estarán vacíos de significado. Debemos ver claramente desde el principio el significado de cada palabra y no necesitar ir más allá de ese sentido, y así tenemos un estándar firme al que hacer referencia mientras procedemos.

Con el fin de entender y comprobar nuestras palabras, siempre debemos aferrarnos a las impresiones que recibimos de las facultades que nos ha dado la naturaleza. Estas facultades son los cinco sentidos, la facultad de dolor y placer, y la facultad que llamamos ideas preconcebidas o anticipaciones. Son estas, trabajando juntas, las que nos proporcionan los medios para distinguir entre lo que está claro y lo que no está claro. Esto es lo que llamamos razonamiento por los sentidos, o por analogía, ya que vemos siempre estas facultades como nuestro estándar de la verdad. Cuando examinamos cuestiones que escapan nuestra percepción directa, las comparamos con cosas similares que estas facultades ya han percibido claramente. Buscamos aspectos que son similares y aspectos que son diferentes, y de éstos razonamos, por analogía, para separar lo verdadero de lo falso.

En los días de Epicuro, los profesores y predicadores de falsas filosofías y religiones estaban por todas partes, tanto en la poesía de los dioses como en las escuelas de Platón y Aristóteles, y en muchas otras. Las falsas ideas que enseñan permanecen con nosotros hoy día entre los cínicos, escépticos, estoicos y otros hombres de la lógica, y entre los hombres de religión que los imitan y que añaden falsedades propias. Una gran multitud de personas sufre de esta enfermedad y su número aumenta, como si se tratara de una plaga, ya que mientras se emulan unos a otros, los hombres pasan esta enfermedad entre sí como ovejas.

Por eso es necesario que le advierta tanto de los hombres de la lógica como de los hombres de la religión, a los que nos referiremos en conjunto como los hombres de la multitud. Todos estos hombres le dirán que no se puede confiar en los sentidos. Ellos le dirán que poseen medios para determinar una verdad superior que está abierta sólo a los que renuncian a sus facultades naturales y siguen su escuela o su religión.

Platón, por ejemplo, en su República, enseñó que los hombres que dependen de los sentidos no son mejores que los esclavos que están encadenados frente a la pared en una cueva, que pueden ver sólo reflejos oscuros de la verdad detrás de ellos. Tales hombres no pueden mirar directamente la verdad, pero Platón dice tener acceso a una verdad superior, que él dice está abierta a él a través de la lógica. Dice basarse en conceptos ideales que existen más allá del alcance de los sentidos.

Además, en su Fedro, Platón enseñó que la verdadera razón debe estar basada en estos conceptos ideales que él llama causas y formas y que a menos que basemos nuestro razonamiento en estos conceptos ideales y renunciemos a nuestra dependencia de los sentidos, nunca tendremos la esperanza de encontrar la verdad.

Del mismo modo, Aristóteles en su Analítica Previa enseñó que los sentidos por sí solos no pueden revelar lo que él dice son causas o conexiones necesarias entre los objetos. Aristóteles enseñó que, con el fin de encontrar estas causas, incluyendo su imaginaria primera causa, los hombres deben buscar en lo que él llama las indicaciones, pero que estas nunca son fiables a menos que puedan ser expresadas en términos de fórmulas lógicas llamadas silogismos.

En respuesta a estos hombres de la lógica y contra todos los hombres de la multitud, Epicuro nos dijo que él preferiría hablar con la verdad y en sus propios términos, de la naturaleza, y sobre lo que es ventajoso para todos, incluso si nadie lo entiende. Eso en lugar de ajustarse a la opinión popular y ganar la alabanza que viene de sostener las ideas de los hombres de la multitud.

Epicuro también nos mostró que el estudio de la naturaleza no crea hombres que gustan de la jactancia y de hacer un espectáculo de su educación para impresionar a la multitud. En cambio, el estudio de la naturaleza produce hombres que son fuertes y autosuficientes, que se enorgullecen de sus propias cualidades personales.

El maestro nos dijo que con el fin de vivir confiados y con el fin de evitar la duda y la confusión, hay que buscar el camino a la vida feliz establecido por la naturaleza y navegar ese camino por los sentidos, en lugar de seguir a la multitud. Ya que los hombres de la multitud lucharán contra nuestra confianza en nuestros sentidos, pero podemos derrotarlos si vemos que a pesar de lo que dicen, ellos en realidad no tienen un estándar propio para reemplazar a los sentidos. Sin un estándar firme que los guíe, los hombres de la multitud no distinguen entre lo que es cierto y lo que es incierto; confunden lo que sus sensaciones verdaderamente informan con sus opiniones de lo que piensan que ven; vagan sin fin y sin esperanza, después de haber destruido su único medio de corregir sus errores.

El maestro nos advirtió que nos mantengamos firmes contra todos los que buscan convencernos de que los sentidos no son confiables. Nos advirtió que los hombres de la multitud apuntarán a desacuerdos sobre lo que es cierto, a dificultades en separar la realidad de la ilusión, y que reclamarán poseer algo superior a los sentidos. Nos advirtió que todas estas afirmaciones son mentiras, pero que tenemos que aprender por nosotros mismos por qué son falsas.

Muchas son las ilusiones y los argumentos que los hombres de la multitud nos citarán para sacudir nuestra confianza en los sentidos. Estos argumentos son en vano, ya que los podemos derrotar cuando vemos las ilusiones que surgen cuando nuestras mentes suman opiniones falsas o suposiciones mentales a lo que informan los sentidos. Así, la culpa está en nuestra manera de pensar cuando nos dejamos engañar por las ilusiones, en que nos convencemos de que vemos cosas que en realidad no hemos visto, y no en los sentidos mismos.

Para aquellos que fallan en estudiar la naturaleza, en estudiar cómo funcionan los sentidos y en estudiar métodos apropiados de pensar, es muy difícil la separación de hechos que son claramente verdaderos de opiniones que son dudosas. La forma de pensar de estos hombres acostumbra añadir afirmaciones no-verificadas a lo que informan sus sentidos, y sin un razonamiento adecuado basado en los sentidos, no tienen manera de corregir sus errores.

Los hombres de la multitud no ven que el verdadero razonamiento debe basarse en los sentidos, y por eso argumentan, en su confusión, que nada se puede saber. Estos hombres hablan falsamente ya que al decir que nada puede ser conocido admiten que ellos mismos nada saben. Con tales hombres no se puede discutir porque ellos no saben utilizar la cabeza y da igual que piensen con los pies.

Considere lo que estos hombres le están diciendo y hágale esta pregunta: “Puesto que usted está tratando de decirme que no hay verdad en nada, ¿cómo sabe lo que es verdadero y lo que es falso en realidad? ¿Qué es lo que en su propia mente ha producido el conocimiento de lo verdadero y lo falso?”

Al pensar en esta pregunta, usted encontrará que todo lo que se puede saber acerca de la verdad proviene de las facultades que la naturaleza le dio. Cuando vea esto, usted verá que los sentidos no pueden ser refutados por ningún argumento que no se base en los sentidos. Cualquier cosa que se pueda usar para refutar los sentidos debe ser más confiable que los sentidos. Pero, ¿que se puede considerar como proveedor de mayor certidumbre que los sentidos?

Los hombres de la religión dirán que sus dioses han revelado a ellos palabras santas que son superiores a los sentidos. Los hombres de lógica afirmarán que su lógica les ha permitido acceso a conceptos ideales que son superiores a los sentidos. Pero ninguno de estos hombres de la multitud le puede proporcionar evidencia a los sentidos para apoyar sus reclamos.

¿Puede una lógica que no se basa en la evidencia de los sentidos contradecir los sentidos? No. Todo verdadero razonamiento se basa en los sentidos para la verificación. Si los sentidos no son confiables, como los hombres del gentío dicen, entonces su lógica también es poco fiable, como todo razonamiento basado en cosas poco fiables también es poco fiable.

¿Se puede confiar en un solo sentido para refutar otro? ¿Pueden los oídos contradecir a los ojos, o puede el sentido del tacto contradecir a los oídos? ¿Puede el sentido del gusto cuestionar el sentido del tacto, o el sentido del olfato cuestionar a los ojos? No. Cada facultad tiene su propia oficina distinta, cada una su propio poder, y cada una reglas en su propio dominio. Ningún sentido contradice a otro, ni es cualquier sensación menos confiable que otras. Los sentidos no agregan su propia opinión a lo que informan, por lo que cada sentido tiene derecho a igual confianza en todo momento.

Debido a que los sentidos nos informan fielmente lo que perciben sin añadir opiniones, Epicuro nos mostró que lo que percibe un sentido como verdadero, debe ser considerado como verdadero. Ahora bien, esto no significa, por supuesto, que una sola sensación nos puede revelar todos los hechos de un asunto en un momento determinado, independientemente de las circunstancias. Una rama sumergida en el agua no está realmente inclinada aunque aparezca estarlo. Comprobamos la rectitud de la rama al mirarla fuera del agua. Así, el sentido de la visión es nuestro medio para saber que cosas vemos, al igual que comprobar las cosas que oímos u olemos hasta que la evidencia es clara.

Epicuro nos enseñó a tratar de la misma manera otras ilusiones, como la torre que desde la distancia parece ser redonda pero que al ser inspectada de cerca resulta ser cuadrada. Cuando se producen tales ilusiones, la evidencia puede aparentar estar en conflicto, y que a veces no se puede explicar la razón de las diferentes observaciones. En estos casos, debemos reconocer que existen las diferentes observaciones, pero que la razón para esto es desconocida, y hay que esperar antes de pronunciar alguna conclusión. No debemos saltar a una conclusión arbitraria y sin evidencia, pero aún más, no debemos dejar que la falta de conocimiento sobre la diferentes observaciones sacuda nuestra confianza en los sentidos.

Los sentidos son la base de todo el conocimiento sobre la realidad y si perdemos nuestra confianza en los sentidos y en las verdades que han establecido, se socava todo el fundamento de nuestra existencia. No sólo perderíamos la base de toda razón, sino que podríamos perder nuestra propia capacidad para vivir. Seríamos como los que, al no poder usar sus ojos para ver el precipicio frente a ellos, dan un paso a sus muertes.

Una y otra vez vamos a repetir esto: siempre hay que tener el coraje de confiar en los sentidos.

Todo esto parece demasiado simple y demasiado claro para causar preocupación alguna, pero tengamos cuidado: los hombres de la multitud se le enfrentarán con muchas palabras y argumentos con el propósito de socavar su confianza en sus sentidos.

Al considerar los argumentos de los hombres de la multitud, siempre recuerde esto: si usted está erigiendo un edificio y su regla para medir está doblada o tiene curvas, no hay duda de que toda su construcción será defectuosa, torcida, sin simetría, y propensa a caer en cualquier momento, arruinada por medidas erróneas de falsas herramientas. De la misma manera, todos los argumentos y razonamientos que se basan en herramientas distintas de las facultades que nos proporciona la naturaleza se verán distorsionados.

Ahora vamos a examinar algunos de los argumentos más frecuentes de los hombres de la multitud.

Los hombres de la multitud argumentan que el razonamiento de acuerdo a los sentidos no es fiable porque los sentidos no son capaces de percibir la verdad de los conceptos ideales. Con esto quieren decir, como lo hizo Platón con su parábola de la cueva y todos los que han venido después de él utilizando argumentos similares, que sus dioses o su lógica son la verdadera fuente de la verdad última. Argumentan, por ejemplo, que algunos hombres ricos son buenos, y algunos hombres ricos son malos, y por lo tanto nada se puede determinar sobre la bondad de un hombre al ver que él es rico. Por eso se dice que la única manera de saber si un hombre rico es bueno es compararlo con el concepto ideal de un hombre bueno, que los sentidos y la evidencia nunca podrán revelar.

De hecho, los hombres de la multitud sostienen que somos nosotros los que razonamos en base a los sentidos, los que estamos utilizando sus conceptos idealistas. Dicen que cuando opinamos que, “ya que todos los hombres que hemos percibido con nuestros sentidos han sido mortal, todos los hombres son mortales”, lo que estamos haciendo no es más que referirnos a un concepto ideal y suponer que los hombres que veremos en el futuro van a coincidir con el concepto ideal que hemos visto anteriormente. Los hombres de la multitud alegan que la mortalidad es parte del concepto del hombre que ha sido establecido por los dioses o por formas ideales. Los hombres de la religión dicen: “es por la voluntad de Zeus y no porque todos los hombres en nuestra experiencia son mortales, que cualquier nueva raza que encontraremos también será mortal“, con lo que quieren decir que su dios ha establecido el concepto de lo que significa ser un hombre. Los hombres de lógica dicen que los hombres son comprobados mortales como resultado de la conclusión como un silogismo en el que todas las definiciones son coherentes con sus conceptos idealistas. Estos dos argumentos de los hombres de la multitud ignoran la evidencia de los sentidos y están equivocados.

Como Epicuro ha demostrado, no existe nada en el universo excepto los cuerpos y el espacio. Llegamos a la conclusión de que los cuerpos existen, ya que la existencia de cuerpos es la experiencia de todos los hombres a través de nuestros sentidos. Como ya hemos dicho, debemos juzgar todas las cosas, incluso aquellas cosas que los sentidos no pueden percibir, con razonamientos que estén totalmente de acuerdo con la evidencia que los sentidos perciben. Llegamos a la conclusión de que existe el espacio porque, de lo contrario, los cuerpos no tendrían contexto para existir y a través del cual moverse, sin embargo vemos que los cuerpos se mueven. Además de estos dos, los cuerpos y el espacio, y las propiedades que son incidentales a las combinaciones de cuerpos y espacio, nada más en absoluto existe, ni hay evidencia para especular que exista cualquier otra cosa que no tenga fundamento en las partículas y el espacio. Así llegamos a la conclusión de que no hay evidencia en absoluto para un mundo de conceptos ideales o de formas superiores en los que puedan existir las creaciones imaginarias de los hombres de la lógica y los hombres de la religión.

Además sabemos que en cualquier mundo real, las partículas del universo están en movimiento continuo a través de toda la eternidad. Algunos viajan largas distancias, mientras que otras rebotan en sus movimientos ya que están entrelazadas con otras alrededor de ellas. Concluímos esto porque el espacio alrededor de estas partículas no les ofrece resistencia, y como el universo es infinito en todas las direcciones no hay lugar al que las partículas puedan venir a descansar. Por lo tanto no hay lugar en el universo donde podrían existir conceptos idealistas que nunca cambien por toda la eternidad.

Los que dicen que la verdad debe encontrarse en conceptos ideales también se equivocan por no entender que las cualidades de los cuerpos no tienen una existencia propia separada y por no ver que las diversas cualidades de los cuerpos, como el color, son diferentes de las cualidades de las partículas que componen el cuerpo. Por ejemplo, cuando las partículas de oro se unen para formar un cuerpo de oro visible a nuestra vista, el cuerpo de oro parece ser de color amarillo. Si observamos en la oscuridad, sin embargo, veríamos que el oro es incoloro y por lo tanto el color del oro es incidental a su incorporación como un cuerpo y a las circunstancias en que se le observa.

No debemos suponer que estas cualidades son existencias independientes con su propia materia o naturaleza. Pero es igualmente erróneo considerar estas cualidades como si no tuvieran existencia en absoluto, o como si tuvieran algún tipo de existencia incorpórea como concepto ideal. La verdad es que las cualidades de partículas no cambian con el tiempo, y las cualidades de los cuerpos compuestos siguen siendo las mismas sólo por un tiempo y bajo ciertas condiciones, pero en ambos casos, las cualidades no son existencias separadas traídas desde el exterior para formar los cuerpos. Es a través de las cualidades que un cuerpo tiene su identidad, pero la misma calidad no puede existir aparte de las partículas y de los cuerpos implicados, por lo que las cualidades en sí no tienen existencia independiente que se pueda definir como conceptos ideales. Así pues, no hay por ejemplo un concepto ideal del color azul, como tampoco hay un concepto ideal de un buen hombre, o de lo bueno en sí.

La verdad es que hay que utilizar en todo momento las facultades que nos da la naturaleza, observar el mundo que nos rodea, y decidir qué elegir y qué evitar en base a la orientación de la naturaleza, no mirando conceptos ideales para las respuestas a nuestra preguntas. Como Epicuro nos mostró, lo que crea el mayor placer en la vida humana es la eliminación completa del dolor, y tal es la naturaleza de lo que llamamos bueno, si se comprende correctamente en lugar de balbucear vagamente sobre un concepto ideal de lo bueno.

Además, los hombres de la multitud argumentan que el razonamiento basado sólo en los sentidos nos obliga a creer que todas las cosas son iguales en todas partes. Por ejemplo, dicen que el razonamiento basado sólo en los sentidos nos llevaría a pensar que porque hemos encontrado higos en nuestro país, eso implica que existen higos en todas las partes del mundo. Ellos argumentan que los sentidos también nos llevarían a concluir que, debido a que no existen todos los tipos de plantas aquí en nuestro país, debemos concluir que no existen en algún otro lugar. Argumentan que un método de pensamiento que llega a estas conclusiones es totalmente indigno de confianza.

Pero no suponemos que las cosas son siempre igual en todas partes. Cada vez que sintamos que hay un poco de evidencia de que las circunstancias son diferentes, honramos esa evidencia y no pretendemos que las cosas nuevas serán las mismas que antes.

Sí, consideramos confiados la experiencia como base de nuestro razonamiento. Vemos que todos los hombres mueren si son decapitados y que no crecen nuevas cabezas, y así llegamos a la conclusión de que todos los hombres en todo lugar que sean decapitados, van a morir. Pero no llegamos a la conclusión de que, porque vemos higos en nuestros propios campos, existen higos en todas partes. La diferencia es que la experiencia nos muestra que los hombres todos son los mismos en lo que concierne a la pérdida de sus cabezas, incluso en lugares a los que no hemos viajado. Pero las plantas no son las mismas, incluso en la misma región, sino que a menudo difieren entre sí en el olor, color, forma, tamaño y otras características. Por lo tanto no concluímos que existen las mismas plantas en todas partes.

En todos los casos buscamos las similitudes y diferencias involucradas. Cuando vemos diferencias, no decimos que debido a que el pelo y las uñas al ser arrancados vuelven a crecer de nuevo, eso significa que los ojos o cabezas al ser cortados puedan hacer lo mismo.

Los hombres de la multitud también argumentan que la razón no puede confiar en los sentidos porque algunas cosas son únicas, y con cosas únicas los sentidos no tienen nada que comparar. Por ejemplo, hay sólo un tipo de piedra que atrae el hierro, llamada imán, y sólo una especie de rectángulo que tiene un perímetro igual a su área, llamada un cuadrado. Los hombres de la multitud argumentan que debido a que existen estas cosas únicas, no se puede saber cuantas otras cosas únicas podrían existir. Así, los hombres de la multitud argumentan que la experiencia no es una fundación suficiente para encontrar la verdad. Argumentan que a pesar de que todos los hombres en nuestra experiencia cuyos corazones han sido traspasados han muerto, no podemos concluir que por necesidad todos los hombres morirán si se perforan sus corazones. Argumentan que hay muchos hombres únicos, como el hombre en Alejandría que era la mitad de un codo de altura con una cabeza colosal que podía ser golpeada con un martillo. Dicen que hubo una persona en Epidauro que era mujer al casarse y más tarde se convirtió en un hombre. Y existieron pigmeos en la ciudad de Acoris que eran similares a los que fueron traídos por Antonio desde Siria. Los hombres del gentío dice que si existen todos estos hombres como excepciones a nuestra experiencia general de los hombres, ¿no demuestra esto que lo que pensamos que es común en los hombres pueden no ser común a todos y que la experiencia es inútil?

La verdad es que ningún epicúreo niega que existen cosas únicas, y que el método de razonamiento basado en los sentidos no pierde su validez debido a que sólo un tipo de piedra atrae el hierro. Sólo hay un sol y una luna en nuestro mundo; y hay atributos únicos en cada tipo de objeto. Si hubiera una piedra idéntica a un imán, pero que no atrae el hierro, entonces el razonamiento basado en los sentidos sería socavado, pero esto no sucede. Entre los muchos tipos diferentes de piedras, los imanes tienen una calidad única que es evidente a los sentidos. Del mismo modo, el hecho de que un cuadrado es el único rectángulo que tiene un perímetro igual a su área no socava los sentidos. Todos los cuadrados verificados muestran esta misma distinción, y cualquiera que quisiera negar esta distinción estaría contradiciendo los sentidos. Cuando seguimos la evidencia de que todos los cuadrados en nuestra experiencia tienen un perímetro igual a su área, estamos justificados en el razonamiento de que todos los cuadrados en el universo tienen la misma característica. Esto se debe a que es inconcebible que cualquier cuadrado sea diferente en ese sentido de los que hemos experimentado.

Los casos únicos no socavan el razonamiento basado en los sentidos porque se presta atención a las similitudes y diferencias, y consideramos las sustancias, poderes, atributos, disposiciones y números según las circunstancias lo requieran. En algunos casos descartamos muchas diferencias en cosas parecidas, y en otros casos descartamos solo algunas de estas diferencias. Razonando de esta manera, juzgamos que los hombres en todas partes son mortales, pero que son diferentes en otros aspectos. Con confianza opinamos que no habrá una peculiaridad en la que algunos hombres puedan ser inmortales, e igual llegamos a la conclusión de que nunca vamos a ver un objeto finito que no esté limitado por otro objeto. Es a partir de nuestras observaciones, y no de conceptos ideales, que confirmamos nuestra conclusión de que ciertos objetos tienen ciertas cualidades. Del mismo modo, llegamos a la conclusión de que ningún animal puede razonar sobre las cosas más elevadas, ya que los animales no tienen razón. Así que nos referimos a los hombres como mortales debido a que hemos observado la mortalidad, tal como nos referimos a números como números porque observamos que están compuestos de unidades.

Por otro lado, el alma es algo único, diferente a todos los demás objetos, como es el tiempo mismo. Reconocemos esta singularidad, por lo que ¿por qué deberíamos considerar las cosas únicas como una barrera para nuestro razonamiento? De hecho, cualquiera que observe la variedad de cosas en nuestra experiencia juzgará que también existe variedad similar entre los objetos no percibidos. Así, así nos ocupemos de cosas que son idénticas o simplemente similares, razonamos apropiadamente según el caso. Buscamos las similitudes y diferencias en las cosas que observamos y nos corregimos en nuestro razonamiento por los hechos de cada caso.

Ya sea que estemos hablando en términos de las proposiciones universales o simplemente probabilidades, ambas se derivan de la evidencia de los sentidos. Es por nuestros sentidos que establecemos cuando las circunstancias y las relaciones son importantes. En el caso de las medicinas, por ejemplo, se ha observado que algunas son veneno mortal, algunas son purgantes, y algunas tienen otros poderes. No es de extrañar, por tanto, que existe una gran variación en si una cosa es o no nutritiva o medicinal. Y así, en base a nuestra experiencia, no admitimos que hay hombres que comen heno, fácilmente lo digieren y se nutren. Ten en cuenta que los hombres de la multitud a menudo fabrican cosas de acuerdo a sus opiniones y crean registros falsos del pasado. Pero en esto no logran nada, porque el que tergiversa la evidencia destruye toda la base de un razonamiento por cualquier método.

Con respecto a lo que los hombres pueden comer, se aplica el mismo principio. Razonamos observando lo que sucede luego de las circunstancias, ya sean comunes o únicas. Quien se basa en los sentidos no cuestiona el hecho de que, por naturaleza, la luna crece y mengua, o que los hombres mueran. Por otro lado, no siempre debemos negar una cosa, a pesar de que la experiencia nos llevaría a negarla. A veces la evidencia proviene de cualidades incidentales, y a pesar de la mucha evidencia incidental el asunto todavía no se ha establecido con certeza. Un ejemplo de esto se refiere a la alimentación, ya que nadie afirma con confianza que si una cosa es similar a una comida en el olor, color y sabor, es nutritiva. Muchos objetos tienen cualidades incidentales que los hacen similares en apariencia, color, e incluso sabor a la comida nutritiva, pero en muchos casos no alimentan en lo absoluto.

Los hombres de la multitud van más lejos y dicen que nosotros los epicúreos somos inconsistentes en la manera de razonar sobre la base de los sentidos. Dicen que debido a que todos los objetos que hemos visto en el pasado parecen tener color, debemos concluir que los propios átomos deben tener color. También dicen que, dado que todos los cuerpos que hemos visto pueden ser destruidos, deberíamos concluir que los propios átomos pueden ser destruidos. Dicen que somos incoherentes cuando llegamos a la conclusión de que los átomos no tienen color, y que los átomos no pueden ser destruidos. Lo que no ven es que llegamos a estas conclusiones en la base más firme de razonamiento. Si tuviéramos que concluir que los átomos tienen color o que pueden ser destruidos, estaríamos repudiando la verdad establecida previamente por los sentidos.

Cuando los hombres de la multitud nos acusen de incoherencia, recuerden que sus argumentos sin pruebas no tienen peso en contra de la probabilidad de nuestra doctrina. No nos contradecimos, siempre y cuando tenemos la evidencia de los sentidos para confirmar nuestras declaraciones. De hecho, sabemos que los dioses y los primeros elementos de las cosas son indestructibles y no creados, no por fuerza de argumento solo sino porque esta es una condición de su ser si razonamos a partir de los sentidos. De la misma manera, los seres vivos son aquellos que en nuestra experiencia se nutren de alimentosnacen y poseen cualidades similares, y por estas características sabemos que son criaturas vivientes.

Los hombres de la multitud también nos preguntan: ¿En que tipo de evidencia de los sentidos debemos confiar? ¿Debemos juzgar a los hombres sólo con analogías basadas en otros hombres, o también basadas en otros seres vivientes? ¿Porqué no juzgar a los seres vivos sólo en función de los seres vivos? ¿Porqué no empezar con nuestros conceptos ideales y juzguar hombres y animales sobre esta base? ¿Qué grado de similitud entre las cosas debemos requerir antes de que podamos aplicar una analogía a cosas nuevas? No nos digan que las cosas deben ser idénticas antes de que podamos razonar en base a la similitud, pues eso sería ridículo. Si lo que estamos tratando de juzgar es idéntico a lo que ya percibimos, entonces el juicio no es necesario, ya que se trata de lo mismo. Así los hombres de la multitud argumentan que el razonamiento basado en los sentidos nunca puede ser concluyente. Dicen que siempre estaremos comparando una cosa con otra en una cadena infinita sin llegar a nada definitivo. ¡Y dicen que la única manera de establecer la verdadera naturaleza de todo es por referencia a conceptos ideales, que por definición son los únicos que tienen certeza!

Los hombres de la multitud incluso argumentan que pueden utilizar nuestro razonamiento en contra de nosotros. ¡Ellos dicen que a menos que los epicúreos sean similares a los tipos de hombres que ya han visto, que van a negar que existen epicúreos, porque ellos niegan que alguna vez han visto un epicúreo y no podrían reconocer uno si lo ven! No sólo eso, dicen que a menos que definamos un concepto ideal de un epicúreo, nosotros mismos tenemos ninguna manera de reconocernos entre nosotros mismos.

Una vez más los hombres de la multitud no ven que cuando razonamos en base a los sentidos, buscamos similitudes y diferencias con cuidado. No basamos nuestras conclusiones en la evidencia que ha surgido incidentalmente y que cambia según el momento o circunstancia.

Por ejemplo, llegamos a la conclusión de que los cuerpos, que son combinaciones de elementos y vacío, son destructibles. Esto no es porque están compuestos de elementos, que sabemos que no pueden ser destruidos, sino porque son en parte compuestos por vacío, que no tiene atributo otro que el espacio. Esta es una conclusión que no cambia según el tiempo o lugar. Por otra parte, observamos que los cuerpos tienen color, no porque sean elementos, que sabemos que no tienen color, sino debido a que observamos el color.

Vemos que los cuerpos en la oscuridad no tienen color y por lo tanto sabemos que el color se presenta de acuerdo con las circunstancias. Incluso en la oscuridad, sin embargo, los cuerpos conservan su peso y forma. Por lo tanto no razonamos a partir de cualidades accidentales como el color para sacar conclusiones sobre todo el cuerpo. En cambio, cuando sacamos conclusiones sobre los cuerpos, buscamos las similitudes que nunca cambian en condiciones similares, como la ligereza y pesadez, que proporcionan una base adecuada y confiable para el uso de analogías.

Al razonar, miramos los asuntos que se ven más estrechamente relacionados, lo más similar posible. No debemos ser demasiado amplios en la elección de las cosas que son similares; debemos mirar a las cualidades que más se aproximen. Las conclusiones más fiables provienen de la observación de hombres cuyas cualidades son especialmente similares entre sí y de las cualidades que se hallan en todos esos hombres, mientras que siempre miramos las diferencias que podrían apuntar a lo contrario. Así, cuando buscamos identificar epicúreos, razonamos sobre epicúreos basadas en esos hombres que son más como ellos, como lo haríamos para cualquier clase de cosas. Y en medida que razonamos, llegamos a nuestras conclusiones sobre los epicúreos del mismo modo que siempre razonamos, en base a la analogía con lo que hemos percibido con anterioridad a través de los sentidos y no mirando los conceptos ideales inexistentes de los hombres de la multitud.

Los hombres de la multitud también argumentan que estamos siendo ilógicos, al referirnos a probabilidades basadas en la evidencia observada en el pasado. Cuando decimos que quizá sea seguro navegar en el verano, ya que la experiencia pasada ha demostrado que los vientos favorables ocurren en esa temporada, ellos dicen que esa probabilidad es impráctica. Ellos nos remiten a nuestra regla de que un asunto es considerado verdadero donde la evidencia lo apoya y no hay evidencia que lo contradiga. Dicen que si nuestro método es válido, debemos estar seguros de que estamos a salvo al navegar en el verano. Dicen que referirse a los dioses o los conceptos ideales es el único método fiable para decidir algo con certeza.

La respuesta a estos hombres, por supuesto, es que existe un método apropiado para el razonamiento de acuerdo a los sentidos. Quien sigue nuestro método verá que estamos justificados en arribar a una conclusión incluso si existe una similitud sólo en un gran número de casos, siempre y cuando no exista evidencia que contradiga la conclusión.

Seguiremos siempre en defensa de los sentidos: si el razonamiento basado en los sentidos no es válido, entonces razonamiento basado en conceptos ideales tampoco puede ser válido.

Los hombres de la multitud también afirman que las llamadas “indicaciones“, es decir las circunstancias que tienden a dar prueba de otras cosas, como el humo que indica la presencia de fuego, no se pueden considerar confiables cuando se basan sólo en los sentidos y que solo las indicaciones basadas en conceptos ideales son ciertas. La verdad es que cada vez que una indicación sea cierto, la evidencia de que lo es proviene de los sentidos y no de la afirmación de que la indicación representa la palabra de un dios o un concepto ideal. Sólo los sentidos nos pueden decir si una cosa es concebible o no, al igual que sólo los sentidos nos pueden decir que es imposible que Epicuro sea un hombre y Metrodoro no sea un hombre.

Consideremos el argumento: “Si hay movimiento, no hay vacío.” No podemos establecer la verdad de esto, salvo haciendo referencia a los sentidos. Lo hacemos al demostrar que, por experiencia, hemos visto que es imposible que una cosa se ​​mueva sin un espacio vacío en el que moverse. Por lo tanto establecemos, mediante la observación, las condiciones que son necesarias para que una cosa se ​​mueva en nuestra experiencia. Entonces concluímos, por analogía, que las mismas condiciones son siempre necesarias para que el movimiento se produzca, ya que es imposible que el movimiento se produzca sin espacio vacío. Si nuestro método de observación no es suficiente para establecer esto, seguramente cualquier intento de mirar a los conceptos ideales tampoco va a poder establecerlo.

Incluso cuando la evidencia disponible no es suficiente para que reclamemos certeza, el razonamiento de acuerdo a los sentidos es más fiable que el razonamiento de acuerdo con los conceptos ideales. Por lo tanto opinamos que incluso los objetos únicos deben ser juzgados tal y como son revelados a nosotros por nuestros sentidos. Y es por esta razón que se le dedica tanto tiempo a la discusión del tamaño del sol. Los hombres de la multitud argumentan que pueden demostrar matemáticamente que el sol es mucho más grande de lo que parece a nuestros sentidos, por lo que deben aceptar esto como evidencia de que el razonamiento a través de las matemáticas y la lógica es superior al razonamiento basado en los sentidos.

Nuestra respuesta a esto es que el sol es único, y observamos pruebas contradictorias al respecto, por lo que debemos esperar antes de afirmar el tamaño del sol con certeza. Sabemos que, en general, las cosas vistas desde la distancia pierden su color, se mueven lentamente y parecen menos precisas. El sol, sin embargo, se ve a la distancia pero tiene una apariencia contraria. El sol tiene color, se mueve rápidamente y parece claro y brillante, a pesar de que está lejos. Por lo tanto el sol se diferencia de todos los objetos en nuestra experiencia, al igual que el imán se diferencia de todas las otras piedras en ser la única piedra que atrae el hierro.

Al argumentar que el sol es sin duda enorme, los hombres de la lógica crearon una fórmula. Ellos argumentan que:

Todos los objetos de nuestra experiencia que reaparecen lentamente detrás de objetos que los eclipsan tienen este carácter ya sea porque se mueven lentamente o porque son muy grandes.

Puesto que el sol vuelve a aparecer poco a poco, necesariamente debe tener una de estas dos características.

Pero no se mueve lentamente, ya que completa la ruta de acceso desde la salida hasta la puesta del sol en doce horas, pasando a través de una gran distancia; y por lo tanto debe ser muy grande .

Los hombres de lógica dicen que esto demuestra la superioridad del razonamiento basado en la lógica y no en los sentidos. Presumen que la causa correcta de que el sol reaparezca lentamente es que es muy grande. Pero este argumento, aunque fuera cierto, se basa en la evidencia de los sentidos que sugiere el tamaño como la causa. No han probado que alguna otra causa pueda explicar lo que observamos sobre el sol, igual que tampoco han demostrado que el razonamiento basado en los sentidos no es válido en base a que solo los imanes atraen el hierro.

Los hombres de la multitud no pueden refutar el razonamiento basado en los sentidos usando solo la lógica. En respuesta a todos los argumentos en contra de los sentidos, respondemos que todas las pruebas de la verdad proviene de los sentidos y no de la lógica, que utiliza conceptos ideales que no pueden ser verificadas por los sentidos.

De hecho, los argumentos de los hombres de la multitud se disuelven fácilmente si los examinamos de cerca. Los hombres de la multitud dicen que pueden razonar por silogismos y fórmulas. Dicen que para probar una declaración como: Si el punto A es cierto, entonces el punto B es cierto”, sólo es necesario reordenar las palabras y decir que “si el punto B no es cierto, entonces el punto A no es cierto“. Pero la reordenación de las palabras de una propuesta para negar su contrario no demuestra nada. La corrección de una conclusión depende sólo de los hechos que se incorporan a esa conclusión.

Por ejemplo, considere la proposición: Platón es un hombre y Sócrates es un hombre”. Los hombres de la lógica dicen que si esto es cierto, es cierto también que: Si Sócrates no es un hombre, no es un hombre Platón”. Pero la verdad aquí no queda establecida solo con negar tanto a Sócrates como a Platón. Esta afirmación es cierta, ya que es inconcebible que Sócrates no sea un hombre y Platón sea un hombre. Toda verdadera prueba se deriva de la evidencia de los sentidos y jugar juegos con palabras no prueba nada que no sea demostrado por los sentidos.

Los hombres de la multitud también argumentan que los sentidos no pueden concluir nada acerca de lo que no puede ser percibido. Dicen que si tuviéramos que tratar de incluir todas las pruebas disponibles, la tarea sería imposible, y que si elegimos sólo una parte de la evidencia no podremos llegar a una conclusión sobre la base de muestras limitadas. También dicen que debido a que observamos variaciones en la atmósfera, la comida y la constitución natural que afectan cuan largas son las vidas de los hombres, ¿no es posible que existan también otras variaciones de las que no estamos conscientes? Dicen que no se puede razonar solo a base de cosas que parecen idénticas ya que varían sólo por su número, y no se puede razonar en base a cosas que no son iguales debido a sus diferencias.

Lo que los hombres de la multitud están diciendo es que el objeto que estamos considerando, pero que no podemos percibir, podría tener ciertas peculiaridades que no están presentes en los objetos a los que lo estamos comparando. Dicen que ya que el objeto puede no ser en lo absoluto como lo que estamos acostumbrados a ver, no es apropiado hacer un juicio al respecto únicamente en base a los sentidos. Por ejemplo, argumentan que debido a que algunas personas digieren la carne de cabra con más facilidad que otros alimentos que parecen ser más digeribles, esto es evidencia de que la comida no tiene una naturaleza constante por la cual la podemos juzgar. A partir de esto, argumentan que ya que vemos que todos los hombres son mortales, debemos sostener que los dioses son mortales, y como vemos que todos los cuerpos son creados y destruidos, debemos sostener que los elementos son igualmente creados y destructibles.

Bromio nos muestra que los hombres de la multitud se equivocan, ya que es un error considerar que toda la evidencia es fiel a todos los hechos y no podemos juzgar cosas que podrían ser siempre de cierto modo confiando en similitudes incidentales. Al determinar la verdad, buscamos tanta evidencia como sea posible, tanto la consistente y como la inconsistente, y no sólo de nuestra propia observación sino a partir de la observación de tantos hombres como sea posible a través de la historia. Luego de esto, nuestra tarea es considerar qué cualidades son inseparables de las cosas que estamos observando, y a partir de estas observaciones sacar conclusiones sobre todas las demás.

Por ejemplo, si se encuentra que los hombres difieren en todos los aspectos excepto en uno, y en ese sentido todos los hombres son iguales, ¿por qué no decir con confianza, sobre la base de las pruebas que nosotros y otros hombres hemos observado a lo largo de la historia, que todos los hombres son mortales? Cuando hayamos establecido esta conclusión basándonos en la evidencia, y no hayamos observado evidencia que la contradigaconcluiremos con confianza que quienes dicen que los hombres eran antiguamente inmortales están mintiendo.

¿Que otro principio de prueba es mayor que la observación de que un objeto que no se puede detectar, es inconcebible? No importa cuáles sean las circunstancias de la atmósfera, o alguna otra diferencia de cualquier tipo, vamos a hacer el mismo argumento. No rechazamos la evidencia de las diferencias, sino que la incorporamos. rechazamos a aquellos que son tan tercos que se preguntan si hay hombres de hierro que pueden caminar a través de paredes del mismo modo que nosotros caminamos a través del aire. La prueba es que este tipo de cosas son inconcebibles.

Y los hombres de la multitud también se equivocan cuando dicen que no podemos sacar conclusiones de objetos que son idénticos. Incluso los objetos idénticos pueden parecer diferentes cuando hay alguna diferencia en las circunstancias que los acompañan. Tomando objetos idénticos tal y como son percibidos por los sentidos, razonamos acerca de las diferencias tal y como las percibimos, de acuerdo a la evidencia de los sentidos. Otras veces razonamos en base a objetos que son diferentes entre sí, pero comparten aspectos similares. Por ejemplo, algunos atributos son propios de los hombres solos, y algunos atributos son compartidos con los dioses. Así que usamos la evidencia de los sentidos para todos los seres vivos que observamos. Observamos que sólo el hombre en nuestra experiencia es capaz de pensamiento superior y razonamos que los dioses poseen pensamiento superior, ya que no observamos nada que impida que los dioses sean similares a los hombres en este sentido. Ya que un dios no puede concebirse fuera del pensamiento; y aunque los dioses no son creadosestán compuestos de alma y cuerpo, y por lo tanto son seres vivos.

Así que no es necesario referirse a conceptos ideales cuando razonamos que todos los hombres deben ser mortales. Tampoco es necesario construir un silogismo y establecer una negación para completar el silogismo. Es por el razonamiento basado en los sentidos que con confianza se afirma que todos los hombres son mortales. Dado que el atributo de la mortalidad es común a todos los hombres en nuestra experiencia, hemos de juzgar en cada caso que es un atributo de todos los hombres en todas partes y por lo tanto confirmamos por medio del razonamiento basado en los sentidos que todos los hombres son similares en este sentido.

En cuanto al argumento de que echamos a un lado la posibilidad de diferencias que no podemos percibir, decimos que no ignoramos las diferencias cuando hay alguna razón para suponerlas. Por ejemplo, es posible extraer conclusiones acerca de la naturaleza universal de fuego. Observamos que algunos materiales combustibles se inflaman por la sequía o la fricción o el relámpago, pero no de otras maneras. También observamos que algunos incendios difieren con respecto a la duración del tiempo en que arden, en la facilidad con que se apagan,y en lo brillantes que son. El razonamiento correcto nos obliga a identificar cuales diferencias son únicas y cuales propiedades son comunes, con el fin de evaluar la naturaleza del fuego. Este es el mismo proceso que aplicamos a otras cosas.

Las conclusiones así tomadas no se ven conmovidas por la observación de diferentes circunstancias, ya que de hecho al observar estas diferentes circunstancias, ellas nos confirman las variaciones que nos llamaron la atención sobre las diferencias. Y si los hombres de la multitud siguen siendo tercos, podemos preguntarles desde que punto de partida se oponen a una conclusión o consideran una investigación inútil.

Cuando razonamos a partir de la proposición: “Los hombres en nuestra experiencia son mortales”, y concluímos con la proposición: “Los hombres de todo el mundo son mortales“, no presuponemos nada acerca de un concepto ideal de los hombres o la mortalidad. Tenemos razón basada en el hecho de que todas las multitudes de hombres en nuestra experiencia son similares en lo que concierne a ser mortal y llegamos a la conclusión de que todos los hombres son mortales universalmente porque no hay evidencia que se oponga a esta conclusión, o nos lleve a la opinión de que los hombres puedan ser inmortales. Por lo tanto, prestamos atención a la similitud que hemos observado a través de nuestros sentidos, y al no ver prueba al contrariocon confianza declaramos que, en el respeto a la mortalidad, los hombres que no hemos visto son similares a los que hemos visto.

Cuando razonamos en base a la experiencia de que todos los hombres en todas partes son mortales, esto lo juzgamos por analogía a partir de los sentidos. Vemos el hecho de que todos los hombres que vivieron en el pasado en la historia, y todos los hombres que hemos observado han sido mortales, sin excepción. Los hombres de la multitud, que dicen razonar en base a conceptos ideales, no pueden proporcionar tal confirmación. Nosotros no decimos que los miembros de la tribu acrothoites sean de corta duración porque los hombres en nuestra experiencia son de corta duración. Reconocemos que algunos miembros de la tribu acrothoites pueden morir jóvenes y otros pueden vivir hasta una edad avanzada, ya que se observa que los hombres en nuestra propia experiencia difieren mucho en cuánto tiempo viven.

Los argumentos de los hombres de la multitud que hemos cubierto hasta ahora son los que han sido conservados por Bromio y Zeno. Sigamos ahora el ejemplo de Demetrio, y veamos un resumen de los errores en todos estos argumentos. En primer lugar, los hombres de la multitud no ven el error fatal de su método lógico. Una proposición no se comprueba cierta simplemente con construir una fórmula lógica en la que se establecen definiciones de manera que cuando se inviertese ​​prueba que es cierto. La prueba de que existe algo viene de los sentidos y la prueba de que algo no existe sólo viene de que no pueda ser concebido de acuerdo a los sentidos.

Cuando los hombres de la multitud construyen sus silogismos, las conclusiones a las que llegan no se prueban mediante la inversión del silogismo sino por medio de los sentidos. Aquellos que usan el razonamiento dialéctico no saben que están vergonzosamente refutandose a sí mismos, ya que los argumentos que se inventan para refutar los sentidos solo contribuyen a la confirmación de nuestro método. Cuando dicen que estamos siendo ilógicos al suponer que todas las criaturas son destructibles porque los de nuestra experiencia son destructibles, y cuando argumentan que los objetos similares pueden diferir entre sí de acuerdo a las circunstancias como condiciones atmosféricasellos mismos están utilizando los sentidos en sus juicios. Y cuando dicen que la existencia de casos únicos significa que las cosas que no podemos percibir también pueden ser únicas, están de nuevo utilizando el método de mirar a los sentidos para encontrar ejemplos únicos. En todos estos casos, los argumentos de los hombres de la multitud se refutan a sí mismos.

En segundo lugar, los hombres de la multitud no ven que el razonar por los sentidos no fundamenta sus conclusiones en la observación de cuestiones incidentales que cambian con las circunstancias. Este razonamiento se basa en la observación de los asuntos que son constantemente similares. Por ejemplo, razonamos que ninguna observación incidental nos puede llevar a una conclusión que entre en conflicto con la naturaleza elemental de los átomos.

En tercer lugar, los hombres de la multitud no ven que son los sentidos mismos los que establecen que algunas cosas son únicas, como ciertas piedras y ciertos números. Nuestra observación de estas cualidades únicas de ninguna manera socava nuestro método de razonamiento, sino por el contrario lo fortalece.

En cuarto lugar, los hombres de la multitud no ven que no llegamos a nuestras conclusiones razonando de forma indiscriminada de todas las cosas en nuestra experiencia para concluír sobre lo desconocido. El verdadero razonamiento evalúa y pone a prueba toda clase de evidencia observando si existe la más mínima evidencia de lo contrario, antes de llegar a una conclusión. De hecho, los errores cometidos por nuestro método de confiar en los sentidos se corrigen a sí mismos por los sentidos. Si cualquier persona a partir de la experiencia de Atenas dice que todos los hombres son blancos, o partiendo de la experiencia de los etíopes dice que todos los hombres son negros, o que en todas partes el reloj de sol no muestra ninguna sombra en el solsticio de verano, ¿no se comprobará que este argumento está equivocado por medio de los sentidos? El hombre que llega a conclusiones erróneas como éstas ha fracasado porque ha observado la evidencia de forma incorrecta, y es por la observación a través de los sentidos que puede corregir su error.

En quinto lugar, los hombres de la multitud no ven que no hay otro medio de razonar sobre las cosas que no se pueden percibir, otro que no sea el razonamiento basado en los sentidos. Incluso cuando no encontramos evidencia consistente para observar, quien razona como nosotros admite esta inconsistencia, como ya hemos discutido. Los que dicen que los conceptos ideales son comprobados por los sentidos dicen prácticamente lo mismo que nosotros, pero crean la sospecha por su enseñanza de que hay dos métodos de razonamiento y que su método es una alternativa válida a los sentidos. Estos hombres están de acuerdo con nosotros en que lo inconcebible es una prueba para sus fórmulas, pero cuando argumentan que el razonamiento basado en silogismos es tan válido como el razonamiento basado en los sentidos, están completamente equivocados. Los hombres de la multitud no ven que su método les deja sin un medio fiable de razonamiento. Cuando están de acuerdo con nosotros en que todos los hombres son mortales, y que los centauros, faunos y otros monstruos imaginarios no existen, confirman estas conclusiones por referencia a analogías de los sentidos. No ven que si la analogía basada en los sentidos no fuera un método válido, no tendrían base para sus propios puntos de vista.

En sexto lugar, los hombres de la multitud ignoran el hecho de que nosotros decimos que sólo las cosas que son similares, y no todas las cosas, proporcionan evidencia confiable para razonar por analogía de los sentidos. Y al construir sus silogismos, no ven que tienen que verificar con los sentidos para determinar qué tipo de similitud existe. Y lo que es más, tienen que verificar de nuevo con los sentidos para establecer las negaciones que construyen para sus silogismos.

En séptimo lugar, los hombres de la multitud ignoran el hecho de que el verdadero razonamiento no se basa sólo en nuestras propias observaciones, sino también en las observaciones de los demás. ¿Los hombres que nunca han estado en Creta y Sicilia dudan que son islas? Una conclusión basada en los sentidos es válida sólo cuando no hay evidencia que entre en conflicto con la conclusión, y los hombres que sostienen que Creta y Sicilia no son islas están ignorando las observaciones de otros hombres. Los hombres de la multitud por lo tanto se equivocan cuando piensan que, al presentar unos pocos casos disímiles que chocan con cosas que sabemos sobre nosotros mismos, han refutado todo nuestro método.

En octavo lugar, los hombres de la multitud ignoran el hecho de que el razonamiento de acuerdo a los sentidos acerca de los objetos no percibidos nos obliga a observar la variedad de diferencias en los objetos percibidos, y nos obliga a comprobar para asegurarnos de que no hay pruebas contradictorias. El razonamiento correcto nos obliga a ver que es imposible que la naturaleza de las cosas sea incompatible con lo que observamos. Es con razonamientos como éste, comenzando con la observación de que ninguna materia se crea ni se destruye, que se llega a la conclusión correcta de que el universo, como un todo, nunca fue creado en un punto en el tiempo.

En noveno lugar, los hombres de la multitud no ven que hay métodos válidos de conectar observaciones, otros que no sean la necesidad. Los hombres de la gente dice que si la conexión no se establece como una cuestión de necesidad, el argumento será concluyente, y que la necesidad se revela sólo a través de los conceptos ideales. Pero nosotros los epicúreos aceptamos que una cosa esté conectada a otra por el hecho de que esa conexión se ha observado en todos los casos que hemos experimentado. De acuerdo con este método, se dice que el hombre, en medida que es hombre, es mortal, ya que hemos examinado sistemáticamente muchos hombres y no hemos encontrado variación con respecto a esta característica, y no hay evidencia de lo contrario. Así llegamos a la conclusión basada en la observación, más que en la necesidad, que una cosa no se produce sin la otra.

En décimo lugar, los hombres de la multitud a menudo inventan argumentos peculiares e imposibles para apoyar sus opiniones. Ellos se aferran a las invenciones míticas de algunos poetas y los mitos religiosos, mientras que al mismo tiempo descartan otros y se acusan mutuamente de falsificación. De esta manera, los hombres de la multitud tratan de fortalecer sus propias creencias y desacreditar a los demás. Pero el que se ha dedicado a la utilización precisa de los sentidos y al estudio de las facultades que la naturaleza nos ha dado, difiere por completo de los hombres de la multitud y siempre insiste en que la evidencia se considere honestamente.

Hasta ahora hemos considerado lo que miembros de nuestra escuela que han pasado la mayor parte del tiempo en este estudio han conservado para nosotros. Mas tarde cubriremos lo que algunos de los otros hombres de la multitud han dicho y escrito sobre el método epicúreosi tenemos el estómago para cubrirlo y si no hay nada más importante que cubrir.

Pero por ahora no tenemos más tiempo para los juegos de palabras de los hombres de la multitud. Ya que son maestros sutiles de la dialéctica, vamos a pedirles consejos sobre temas que realmente importan, como por ejemplo cómo los hombres deben ser felices y cómo debemos hacer amigos. No vayamos a ellos en busca de argumentos sobre las muchas maneras de utilizar la palabra amigo” y el número de significados que tiene la palabra “hombre”.

Los hombres de la multitud nos quieren hacer creer que si tenemos el placer de ser el objetivo de la vida, como Epicuro nos mostró que somos, entonces todo amistad dejará de existir.

Pero los hombres de la multitud se equivocan. Epicuro nos ha demostrado que la amistad no puede de ninguna manera ser separada del placer porque una vida solitaria y sin amigos ha de verse acosada por peligros secretos y alarmas. De ahí que la razón nos asesore que debemos adquirir amigos. La posesión de amigos otorga auto-confianza y una expectativa firme de que se puede ganar el placer. Y así como el odio, los celos y el desprecio son obstáculos para el placer, igualmente la amistad es el preservador más confiable y también creador del placer tanto para nuestros amigos como para nosotros mismos. La amistad nos permite disfrutar en el presente y nos inspira esperanza con respecto al futuro cercano y lejano.

De modo que no es posible asegurar la felicidad ininterrumpida en la vida sin la amistad, ni tampoco es posible preservar la amistad a menos de que amamos a nuestros amigos tanto como a nosotros mismos. Nos regocijamos en la alegría de nuestros amigos tanto como en la nuestra y estamos igualmente dolidos por sus penas. Por tanto, el hombre sabio se sentirá exactamente igual hacia sus amigos como hacia sí mismo y se esforzará tanto por el placer de su amigo como por el suyo.

Los hombres de la multitud también quieren hacernos creer que la virtud, en vez del placer, es la meta de la vida.

Pero Epicuro nos ha demostrado que los que consideran como bien supremo a la virtud solo están seducidos por un nombre y no entienden los verdaderos requerimientos de la naturaleza. A los hombres de la multitud les encanta la poesía sobre la belleza trascendente de las virtudes. Pero para ser dignas de alabanza o deseables, ¿no debieron las virtudes producir placer? Estimamos valioso el arte de la medicina no por ser una ciencia interesante sino porque favorece a la salud. El arte de la navegación es elogiado por su práctica y no su valor abstracto, porque transmite las reglas para navegar en un barco con éxito. Así también la sabiduría, que debe ser considerada como el arte de vivir, si no efectúa ningún resultado no es deseable. Se desea la sabiduría porque es el medio para adquirir y producir placer. Por lo tanto las virtudes, sobre las cuales a los hombres de la multitud les encanta hablar de manera tan elocuente, en última intancia no tienen sentido si no es basado en el placer. Y ya que el placer es la única cosa que es intrínsecamente atractiva y seductora, no puede ponerse en duda que el placer es el objetivo de la vida y que una vida de felicidad no es otra cosa que una vida placentera.

De manera que estas posiciones con respecto al objetivo de la vida son opuestas, una es sabia y la otra es locura. ¿A cual querrá unirse? ¿A cual de las dos los hombres de la multitud le harían seguir? Por un lado, los hombres de la lógica dicen que la palabra amigo” se puede definir con precisión como un concepto ideal, pero que no es posible saber con solo mirar si un hombre en particular es amigo de uno. Por el otro lado, los hombres de la naturaleza dicen juzgar un amigo al observar si los hombres actúan en beneficio mutuo. En respuesta, los hombres de la lógica dirán que la amistad basada en la ventaja va a destruir el concepto ideal de la amistad.

Lo que los hombres de la multitud ofrecen a través de su lógica sutil no es más que la distorsión de las palabras y la división de las sílabas.

No sea uno de los que están atrapados en su trampa. Ya que los hombres de la lógica dicen que a menos que usted pueda inventarse premisas engañosas, y por deducción lógica asociar a estas premisas alguna falacia que nace de la verdad, usted no será capaz de distinguir entre lo que las debe elegir y lo que debe evitar.

¡Tales hombres deberían avergonzarse! ¡Siendo adultos, y tratando problemas tan graves, sin embargo hacen un juego de ésto!

Los hombres de lógica nos quieren hacer razonar según fórmulas. Dicen que la palabra “ratón” es de dos sílabas, y un ratón come queso; por lo tanto dos sílabas comen queso.

Supongamos ahora que usted no puede resolver este problema de dialéctica. ¡Vea el peligro que se cierne sobre uno como resultado de tal ignorancia! ¡En que problema estará! Sin duda usted debe tener cuidado, o algún día estará poniendo a las sílabas trampas para ratones, o si se descuida, un libro podría devorar su queso!

Es decir, a menos que los hombres de la lógica vengansocorrerlo y le bendigan con otro silogismo más astuto aún, se quedará con esto: ‘ratón’ son dos sílabas; las sílabas no comen queso; por lo tanto, un ratón no come queso.

¡Que pueril tontería! ¿Nos vamos a romper la cabeza por este tipo de problema? ¿Nos vamos a dejar crecer las barbas por esta razón? ¿Es esta la manera de pensar que enseñaremos con caras serias y amargadas?

¿Sabe lo que ofrece la sabiduría a la humanidad? La sabiduría ofrece consejo. La muerte llama a un hombre y la pobreza entristece a otro; un tercero está preocupado al comparar su riqueza con la de su vecino. Un hombre tiene miedo de la mala suerte; otro deseos de alejarse de su propia buena fortuna. Algunos hombres son maltratados por otros hombres, algunos piensan que son maltratados por los dioses.

¿Por qué, entonces, los hombres de la lógica nos presentan juegos de palabras como éstos? Los grandes asuntos de la vida no son ocasión para broma. A usted se le ha encomendado ser el consejero de hombres infelices, de enfermos y necesitados, y de aquellos prontos a morir. ¿Que hace? ¿Dónde y por qué se ha descarriado?

El amigo con el cual está bromeando vive con miedo. Ayúdelo a quitarse la soga del cuello. Los hombres están estrechando sus manos implorando desde todas partes. Hombres cuyas vidas están en ruinas, o en peligro de ruina, están pidiendo ayuda. Las esperanzas de los hombres, los recursos de los hombres, dependen de usted.

Los hombres le piden que les libre de su inquietud, que les revele la clara luz de la verdad mientras están dispersos y errantes. Dígales qué cosas la naturaleza ha hecho necesarias, y qué cosas son innecesarias. Dígales lo simples que son las leyes que la naturaleza ha establecido, como de agradable sin trabas es la vida para aquellos que siguen sus leyes, y cómo de amarga y perpleja es para aquellos que han puesto su confianza en la lógica y la opinión, en lugar de en la naturaleza.

Consideraríamos los juegos de lógica como de algún provecho en el alivio de las cargas de los hombres si los hombres de lógica nos pudieran mostrar cuales de estas cargas van a aliviar. ¿Cuál entre estos juegos de lógica destierra la lujuria? ¿O la controla? ¡Ojalá pudiéramos decir meramente que estos juegos de palabras no son de ninguna ayuda! ¡Son positivamente dañinos!

Lo que es perfectamente claro es que un espíritu noble, cuando se involucra en este tipo de juegos sutiles de la lógica, se ve afectado y debilitado.

¡Deberíamos avergonzarnos de mencionar cuales armas proveen los hombres de la multitud a los que están destinados a ir a la guerra con la fortuna, y lo mal que les preparan! ¿Es este el camino a su supuesto bien mayor? ¿Debe la filosofía proceder con tales tonterías y sutilezas, que serían una vergüenza y una afrenta incluso para el más bajo de los abogados?

¿Qué otra cosa hacen los hombres de la lógica cuando deliberadamente atrapan a la persona a la que están cuestionando, sino actuar la parte del abogado engañoso, haciendo que parezca que su víctima ha perdido su caso en un error técnico?

Pero así como el juez en un tribunal puede recomponer a aquellos que han perdido un pleito por el engaño, del mismo modo la filosofía puede recomponer a las víctimas de estas sutilezas.

¿Por qué no vemos a los hombres de lógica alcanzar sus nobles promesas? ¿No nos  han asegurado con un lenguaje altisonante que no van a permitir que ni el brillo del oro ni el resplandor de la espada deslumbren su vista? ¿No nos han asegurado con firmeza que desprecian tanto lo que todos los hombres anhelan como lo que temen? ¿Por qué los hombres de lógica se degradan con rimas tontas de maestros de escuela? ¿Cuál es su respuesta? ¿Ofrecen un camino al cielo? Porque eso es exactamente lo que la verdadera filosofía nos promete: ¡que hemos de ser iguales a los dioses!

¡Es a una vida de sabiduría, como dioses entre los hombres, que se nos ha convocado! Con este fin hemos venido. La naturaleza y la verdadera filosofía mantendrán sus promesas.

Por todas estas razones, retírese lo mas posible de los silogismos, las racionalizaciones y las mentiras de los hombres de la multitud. La franqueza y la sencillez son lo que conduce a la verdadera bondad.

Incluso si usted es muy joven y tiene muchos buenos años por delante, encontrará demasiado corto que el tiempo que tiene para el ocio y todas las cosas necesarias. Pero no importa su edad: el tiempo es oro y es una locura aprender cosas superfluas.

Epicuro nos enseñó que no es de ninguna ayuda en absoluto la lógica teórica en la que los hombres de la multitud ponen tanto énfasis, ya sea como una guía para la conducta o como una ayuda para el pensamiento. Por el contrario, Epicuro nos ha demostrado que el estudio de la naturaleza es lo más importante. El estudio de la naturaleza nos explica el significado de los términos, la naturaleza de la causa y el efecto, y las leyes de la coherencia y la contradicción. Un conocimiento profundo de los hechos de la naturaleza nos libera de la carga de la superstición, nos libera del miedo a la muerte y nos protege contra los efectos perturbadores de la ignorancia, que a menudo es en sí misma una causa de miedos aterradores. El conocimiento de las cosas que la naturaleza requiere realmente mejora el carácter moral. Sólo si entendemos firmemente el bien razonado estudio de la naturaleza y si observamos el canon de la verdad, que ha caído del cielo con más seguridad que cualquier llamado libro sagrado y que nos da conocimiento del universo, como la prueba de todos nuestros juicios, podemos aspirar a mantenernos firmes en nuestras convicciones inconmovibles ante la elocuencia de cualquier hombre.

Por el otro lado, sin un firme entendimiento del mundo de la naturaleza, es imposible estar seguro de la validez de las percepciones de nuestros sentidos. Siempre recuerde que cada presentación mental tiene su origen en la sensación y ningún conocimiento o percepción es posible a menos que las sensaciones sean fiables, como Epicuro nos ha demostrado que son.

Los hombres de la multitud que niegan la fiabilidad de los sentidos y dicen que nada puede ser conocido, han excluido la prueba de la verdad que da la naturaleza y no son capaces incluso de hacer sus propios argumentos. De esta manera han perdido incluso la posibilidad del conocimiento y la ciencia, y al hacerlo se han abolido todas las posibilidades de la vida y la acción racional.

En cambio, el estudio de la Naturaleza provee valor para enfrentar el miedo a la muerte y resolución de resistir los terrores de la religión. El estudio de la naturaleza ofrece paz mental mediante la eliminación de toda ignorancia sobre los misterios de la naturaleza y proporciona control de sí mismo, explicando las clases de deseos y lo que nos permite distinguirlas.

En suma, pues, la teoría de Epicuro es más clara y más luminosa que la luz del día. Se deriva por completo de fuentes de la naturaleza. El método completo epicúreo se confirma en la evidencia objetiva e irresistible de los sentidos. Bebés que balbucean, e incluso animales mudos, impulsados ​​por las enseñanzas de la naturaleza, casi pueden encontrar la voz para proclamarnos que en la vida no hay bienestar otro que el placer, que no hay dificultades sino dolor, y su juicio en estos asuntos no ha sido dañado ni corrupto.

¿No debemos entonces sentir la mayor gratitud a Epicuro, el hombre que escuchó estas palabras de la propia voz de la naturaleza y entendió su significado tan firmemente y tan plenamente, que fue capaz de guiar a todos los hombres sanos de mente en el camino de la paz y la felicidad, de la tranquilidad y el reposo?

Los hombres de la multitud se entretienen pensando que Epicuro era inculto. La verdad es que Epicuro se negó a considerar cualquier tipo de educación como digna de ese nombre si no enseña los medios para vivir felices. ¿Iba Epicuro a pasar su tiempo, como los hombres de la multitud inspiran a los débiles de mente a hacer, leyendo a los poetas y las especulaciones de la religión falsa, que no nos dan nada sólido ni útil sino que son sólo diversiones infantiles? ¿Iba Epicuro a ocuparse, como Platón y Aristóteles, con la música y la geometría, la aritmética y juegos de lógica? Estas cosas son en el mejor de los casos meras herramientas, y si parten de premisas falsas nunca pueden revelar la verdad o aportar nada para hacer la vida más feliz y mejor.

¿Iba Epicuro a estudiar las artes limitadas como éstas y a descuidar el arte maestra, tan difícil pero a la vez tan fructífera, el arte de vivir? ¡No! No era Epicuro quien estaba mal informado. Los verdaderamente faltos de educación son los que nos piden que sigamos estudiando hasta la vejez los temas que nos deberíamos avergonzar de no haber aprendido cuando éramos niños.

 

 

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3 pensamientos en “Contra los hombres de la multitud: un manifesto epicúreo

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