Epicuro: Filosofía para los millones

Escrito originalmente por Norman DeWitt para The Classical Journal en enero del 1947. La traducción y notas al calce son de Hiram Crespo.

La fascinación de la civilización griega antigua incrementa cuando reconocemos que presenta el espectáculo de una raza inteligente en el proceso de emerger de la Edad de Piedra. El hombre de la Edad de Piedra no era menos inteligente que su posteridad y sea por la palabra escrita o por la mano hábil, era capaz de producir arte, pero la lógica de su pensamiento se confinaba a los límites demarcados por el mito y la magia, el oráculo y el milagro. Abrir una brecha en esta red de hábitos y aseverar por primera vez el derecho del hombre como un ser racional es lo que se quiere decir por emerger de la Edad de Piedra. A nivel material el cambio es inaugurado por el metalúrgico; a nivel intellectual empieza con el que por primera vez propone una hipótesis para explicar el mundo físico y como funciona. La ciencia marcha hacia adelante de una hipótesis a otra hipótesis.

Los primeros esfuerzos tambaleantes de razonar de los efectos manifiestos hacia las causas escondidas y presentar una pintura de la naturaleza interna de las cosas fueron llevados a cabo en los márgenes del mundo griego: es en la orilla de la vasija que las primeras gotas brillantes de fermento se empiezan a ver. En las incansables fronteras de Grecia nació una sucesión de pioneros del pensamiento. La mayoría de sus razonadas suposiciones ahora parecen absurdas, pero en dos siglos sus esfuerzos tentativos habían llegado a la teoría atómica de la constitución de la materia. Esto estaba lejos de ser absurdo: era la frontera de la química.

El mas grande nombre en esta sucesión fue el de Demócrito, que fue conocido como el filósofo risueño. En su enseñanza ética se daba mucho crédito a la alegría.

Demócrito aún vivía cuando el nuevo movimiento científico sufrió un revés violento. Fue en Atenas, el centro del movimiento conservador, que surgió la oposición y fue encabezada brillantemente. El líder no era otro que Sócrates, al cual le desesperaba la posibilidad del conocimiento científico. Aún Aristóteles, que fue pionero en algunas ramas de la ciencia, rechazó la teoría atómica. De entre estos dos grandes nombres vino el de Platón, que creía que las realidades últimas no eran átomos sino triángulos, círculos, cubos, etc. Por un tipo de analogía extendía su doctrina al reino del pensamiento abstracto. Si, por ejemplo, existen esferas perfectas, ¿porqué no puede existir perfecta justicia también? Convencido de que tal justicia perfecta existía, buscó su propio modo de encontrarla. Los diez libros de su República graban solo parte de sus búsquedas de la mente. En el centro de todo su pensamiento se halla la doctrina de que las cosas eternas e incambiantes son formas, modelos, patrones, o lo que significa lo mismo en griego: las “ideas”. Todas las cosas visibles no son sino copias cambiantes de las formas que no cambian.

El Renacimiento Epicúreo

Luego de que pasó el gran triunvirato de Sócrates, Platón y Aristóteles, la tradición científica fue reavivada con enmiendas oportunas por Epicuro. En su tiempo, la enseñanza prevalente era que las cualidades de los cuerpos compuestos debían ser explicadas por las cualidades de los ingredients. Si el cuerpo compuesto era frío, debía entonces contener el elemento frío del aire; si era mojado, debía contener agua; si era seco, tierra; si era caliente, fuego. Incluso Aristóteles sancionó esta creencia en los cuatro elementos. Epicuro, al contrario, mantuvo que los átomos sin color producían compuestos de cualquier color según las circumstancias de su combinación. Este fue el primer reconocimiento definitive de lo que conocemos como cambio químico.

La Reacción Estoica

Epicuro aún era un joven cuando el pensamiento conservador ateniense crió una segunda reacción a la nueva ciencia encabezada por el fundador del estoicismo, Zenón. Sus seguidores dieron la bienvenida a una regression mas extrema que la de Aristóteles a los elementos primales. Para la fuente de sus teorías físicas se remontaron a Heráclito, que creía que el único elemento era el fuego. Esto no era un retorno a la Edad de Piedra pero era un camino largo en esa dirección.

Este Heráclito había sido un individuo triste y eccéntrico y fue conocido, en contraste al contento Demócrito, coo el filósofo llorón. Su lamento era perpetuado por el estoicismo, un credo sin alegría cuyo fundador es descrito como “el agrio y gruñón Zenón.” Epicuro, al contrario, pedía a sus discípulos que “cargaran una sonrisa mientras practicaban su filosofía”.

Corriendo paralelo a estas actitudes divergentes hacia la vida y teorías físicas, había una divergencia social igualmente sólida. El platonismo como credo fue siempre aristocrático y favorecido en las cortes reales. “Prefiero estar de acuerdo con Platón y equivocado, que estar de acuerdo con Epicuro y tener la razón”, dijo Cicerón, y esta actitud engreída no era peculiar a el. Cercano al platonismo en rango estaba el estoicismo, que persistentemente alababa la virtud, la lógica y la providencia divina. Este frente engañoso era igual de aceptable a hipócritas y a santos. Aptamente, el poeta Horacio al describer un par de hipócritas de clase alta, menciona “panfletos estoicos cosidos entre sus almohadas de seda”. El epicureísmo, al contrario, no ofrecía cebo a los mercaderes de almohadas. Repudiaba toda distinción social. El consejo del fundador era prestarle atención a la opinion pública, solo lo suficiente como para evitar el criticismo hostil, ya sea por lo sórdido o lo lujoso. No había un credo apropiado para los ambiciosos política o socialmente.

El Hijo del Maestro

¿Quien, entonces, era este alegre y amigable Epicuro, este apóstol de una vida sin ambiciones? Era el hijo de un maestro ateniense residente en la isla de Samos. Esto no acarrea puño hoy, pero en Atenas era distinto. Esa cuna de la democracia era democrática solo dentro de límites. Sus ciudadanos despreciaban tanto a los isleños como a los maestros: los isleños porque eran gente pequeña que necesitaba protección de los mas fuertes; los maestros porque, al igual que sus propias mujeres recluídas, pasaban el tiempo con niños. Un satirista no solo se mofaba de Epicuro por ser isleño sino que le puso el sobrenombre cómico de Grammadidaskalides, como si “Hijo de maestro” fuera un apellido. De un cierto rival, Epicuro mismo dijo lo siguiente: “Esto le molestó tanto que degeneró en abusarme y llamarme maestro.”

El hecho que esta palabra fue prohibida en la escuela de Epicuro sirve como evidencia de la leve tempestad que tronó por un tiempo alrededor de esta palabra. No solo el sino todos sus asistentes fueron en su lugar llamados “guías” o “líderes”.

No era de esperar que un hombre tan descartado por las clases dominantes en la antigüedad,  al cual los escritores antiguos en su mayoría se referían, disfrute de un record tan limpio con la posteridad, y que esto sea expresado como un eufemismo. Mucho de lo que se puede leer sobre Epicuro incluso en los manuales mas recientes consiste de malas representaciones tradicionales, menosprecio y hasta falsedad simple. Su vida, por ejemplo, ha sido llamada aburrida. Esto es a decir verdad falso de su juventud. Su niñez cayó en los años durante los cuales toda aldea griega debe haber estado resonando con los reportes chocantes de las victorias de Alejandro Magno. El tiempo de llevar a cabo su servicio militar coincidió con las noticias del trágico final de Alejandro. Como cadete o efebo, debe haber atestiguado la última guerra futil contra Macedonia, la recepción en Atenas de una guarnición de Macedonia y el suicidio de Demóstenes. Incluso el retiro esforzado de Aristóteles durante la misma crisis y su muerte en Calcis debe haber sido bastante significante para alguien ya interesado en la filosofía.

Durante este mismo intervalo de dos años su casa paternal en Samos había sido destruída y su familia expulsada de la isla. Todos los colonos atenienses fueron echados por el general macedonio Pérdicas. Algunos doce años mas tarde Epicuro mismo estuvo destinado a ser por fuerza expulsado de Mitilene. Incluso luego de establecerse finalmente en Atenas, la ciudad pasó por un ataque doloroso y se tuvieron que contar las raciones de frijoles que daban a los miembros de la escuela. Esos son algunos de los acentos de una vida que los biógrafos llamaron “sin eventos”.

La Urgencia Pragmática

Habiendo terminado su servicio military tempestuoso, Epicuro se reunió con su padre y familia en Asia, donde un refugio había sido encontrado en la ciudad de Colofón. Allí durante el curso de la década siguiente, una gran iluminación le llegó cuyo resultado fue una nueva filosofía condicionada inevitablemente por los eventos externos y corrientes intelectuales de su tiempo. En medida que su filosofía revivía la tradición científica, era iónica; en medida que exaltaba la ética sobre la física, era virtualmente socrática. Pero esta similitud fácilmente oscurecía las mas conspicuas diferencias. La nueva doctrina divorciaba la ética de la política, lo cual era heterodoxia en Atenas. En su lugar, se aliaba con la tradición iónica de la medicina, que era filantrópica e independiente de las preferencias políticas. Al igual que todos los seres humanos, hombres, mujeres y niños, esclavos y libres, necesitaban de salud, así toda la humanidad necesitaba de guía para una vida feliz según Epicuro. Esta vision de las cosas teñía su filosofía del color de un evangelio y confería sobre ella una urgencia pragmática que no se halla en el pensamiento socrático. No tenia paciencia con los ociosos desvíos de la dialéctica. La verdad, el creía, debía poseer relevancia inmediata a los vivos.

La Nueva Visión Ecuménica

La naturaleza del nuevo modo de ver las cosas fue puesta en una brillante luz por una comparación que se le sugirió a Epicuro. En Atenas, los hombres practicaban unos raros rituales coribánticos de salud mental en el cual los pacientes se sentaban solitarios en un trono mientras que los cuidadores bailaban a su alrededor con música y canción ruidosas. La primera reacción a este tratamiento, si daba una cura, era perplejidad, la segunda cansancio y la tercera un despertar extático al gozo y a la salud. En este rito Epicuro vio una imagen al revés de su propio programa de salud. En lugar de un individuo solitario y favorecido rodeado de una multitud que le cuidaba, el imaginaba una vasta multitud de humanidad que necesitaba sanación mientras que una solitaria Filantropía personificada ofrecía su cuido: “El amor danza alrededor la Tierra habitada, llamado a todos los hombres a despertar a la bendición de una vida feliz”. No puede haber duda de la identidad de este Amor: es el amor hipocrático por la humanidad, que para los verdaderos miembros de las artes medicinales era inseparable de la sanación.

En esta enseñanza, Epicuro mostró su originalidad. Su nuevo diseño para vivir era aplicable en todas partes, irrespectivo de país o gobierno. Se había emancipado de las obsesiones de su raza, separatismo político y la fe exclusiva en la acción política. El mundo entero era su parroquia.

Es mera justicia que otros aspectos originales de su filosofía deban recibir reconocimiento. Cicerón, un astuto abogado de juicio, en sus últimos años empleó los trucos de las cortes para desacreditar el epicureísmo entre sus contemporáneos y para la posteridad. Entre los falsos cargos que presentó, culpó a Epicuro de abandonar las particiones metodológicas de los tópicos, clasificaciones y definiciones. Sin embargo, esta partición de conocimiento que era el estándar en los tiempos de Cicerón y a través de la mayor parte de la antigüedad fue el invento del despreciado Epicuro. Su división era en tres partes: el canon, la física y la ética. Los estoicos, siempre tomando prestado, cambiaron esta partición a física, ética y lógica. Su lógica era tomada de Aristóteles, y tampoco importaba que esta había remplazado el canon. Tanto el canon como la lógica tenía como propósito la prueba de la verdad.

El Canon

Cuan ordenado es el pensamiento epicúreo, lo cual Cicerón negaba, es también ejemplificado por el canon, según el cual poseemos tres contactos con el mundo externo: las sensaciones, los sentimientos y las anticipaciones. En nuestros manuales, dos de estos tres son completamente mal representados. Es costumbre declarar que Epicuro creía “en la infalibilidad de los sentidos”. Ni siquiera los antiguos se aventuraban a ir tan lejos en esta tergiversación. Lo que Epicuro sí creía era que solo las sensaciones inmediatas eran ciertas. Por ejemplo, si el observador ve un toro a una distancia de diez pies, puede estar seguro de que es un toro, pero si ve un animal a una distancia de una milla, no tiene certeza de si es toro o caballo. Ademán, no se asume que porque una sensación sea cierta es también de confiar. Un remo en el agua parece estar torcido: la sensación es cierta pero es falta a los hechos. Naturalmente, todas las sensaciones deben ser verificadas unas por las otras, y por las de otros observadores.

El sentimiento solo ha sido reportado de modo correcto. Con esto se quiere decir el placer y el dolor (el tono hedónico). Estos son instrumentos de la naturaleza para enseñar tanto a las bestias como al hombre los hechos de la vida: la miel es dulce, el fuego hiere.

El tercer término, las anticipaciones (prolepsis) ha sufrido la peor de las tergiversaciones. A diferencia de las sensaciones y los sentimientos, que se refieren mayormente a contactos físicos, las anticipaciones tienen que ver con relaciones sociales e ideas abstractas, como la de la justicia. Epicuro observó acertadamente que tanto animales como humanos desde el nacimiento no solo buscan la comida y evitan el dolor, sino que exhiben pronto una disposición para caer en patrones de comportamiento apropiados para su especie. En el caso de los seres humanos, habla de esta predisposición como una idea levemente grabada en la mente desde el nacimiento. Ya que existe previa a la experiencia de la vida y de la reflexión consciente, es llamada por el anticipación.

Además, ya que ciertos patrones de conducta son propios a cada raza de seres vivientes, se entiende que en el caso de la raza humana, por ejemplo, una definición de justicia, para ser cierta, debe estar alineada con la idea innata de la justicia. Es en este caso que la anticipación sirve como prueba de la verdad y encuentra su lugar en el canon. La verdad debe estar alineada con la naturaleza.

El error en los manuales en este punto es fundamental. Han confundido conceptos generales, como el de un caballo, con ideas abstractas como la de justicia, piedad o amistad.

Estas tres, pues, las sensaciones, sentimientos y anticipaciones, constituyen el trípode de la verdad epicúreo. A través de la primera conocemos el mundo físico, por la segunda aprendemos los placeres y penas de vivir, y por la tercera somos guiados bien al reconocimiento de verdades abstractas.

La Nueva Física

Lo ordenado del pensamiento epicúreo es ejemplificado también en su física. En un texto titulado Los Doce Resúmenes, Epicuro provee a sus discípulos con el único resumen completo y coherente a los principios generales de la física que jamás fue promulgado en el mundo antiguo. Varios ejemplos bastarán como ilustración: 1. La materia es indestructible, 2. La materia no puede ser creada, 3. El universo consiste en átomos y espacio, 4. El universo es infinito, 5. Los cuerpos son, o simples o compuestos.

El resto de los princípios tiene que ver con las cualidades de los átomos, su imposible de imaginar velocidad en el espacio, sus vibraciones como compuestos, su capacidad de formar compuestos que poseen cualidades que no poseen ellos mismos como color y plasticidad, y su tendencia a producir filmes de imágenes de cosas, llamadas ídolos , que explican la sensación de visión.

Especialmente importante era la doctrina de que en los movimientos de los átomos existía suficiente grado de libertad para permitir el ejercicio de la libre voluntad en los animales y los hombres. Esto es conocido como la “doctrina del girón”.

La Nueva Libertad

Epicuro fue el primer filósofo griego en expresamente endosar una doctrina de libre voluntad. Sus predecesores habían reconocido tres fuerzas como incompatibles con la libertad del individuo. Primero, ciertos físicos, como Demócrito, habían propuesto la supremacía de las leyes inviolables de la naturaleza. Esto era conocido como necesidad. Segundo, los griegos en general creían que el hombre era impotente ante la voluntad de los dioses. Esto era llamado necesidad o destino. Tercero, los griegos generalmente concedían a la diosa Fortuna la habilidad de hacer o destruir la felicidad de los hombres.

Como el pragmatista moderno, Epicuro acentuó el poder del hombre para controlar su experiencia. La necesidad de los físicos la eliminó por su doctrina de cierta libertad de juego en los átomos. La necesidad de Fortuna la expulsó por medio de negar toda forma de interferencia divina en los asuntos de los hombres. Le enseñó a sus discípulos a desafiar a Fortuna en base a que los caprichos del azar pueden ser enteramente evitados por medio de la planificación racional. Estas enseñanzas nulificaban la importancia de los poetas griegos como maestros morales. Homero y su drama trágico fueron echados. Epicuro consideraba sus enseñanzas morales como disparates.

Esta nueva libertad significó el privilegio de estar continuamente feliz. Esto también era nuevo, porque Platón y la mayoría de los otros maestros habían asumido la existencia de cimas de placer que alternaban con intervalos vacíos de placer. El maestro hizo del placer continuo concebible y alcanzable por medio de definir el placer como una mente sana en un cuerpo sano. Su límite era estar libre de dolor en cuerpo y ansiedad en la mente. El placer, el dijo, era normal al igual que la salud es normal; el dolor era no-normal como la enfermedad es no-normal. Al vivir un estilo correcto de vida y limitar los deseos, el declaró que la continuidad del placer podía ser lograda. El control de la experiencia era para el una imperativa categórica.

El Placer No Es el Bien Mayor

A pesar de esta enseñanza, la doctrina de Epicuro no decía que el placer era el bien supremo. En su pensamiento, el bien supremo era la vida misma. Esta era la deducción lógica de negar la inmortalidad. Sin la vida venidera, esta vida presente se convierte en la concentración de todos los valores. El placer, o la felicidad, tiene su lugar como el fin, la meta o realización de vivir.

Fueron los estoicos y Cicerón quienes fabricaron y publicaron el reporte falso de que Epicuro consideaba el placer como el bien mayor. Esto es en error afirmado en todos los manuales.

La Nueva Sicología

Igual que la creencia en la inmortalidad lleva a la exaltación del alma y el desprecio del cuerpo, también la creencia en la mortalidad presume cierto estatus parejo entre cuerpo y alma. Para Epicuro, el alma es de una estructura similar al cuerpo, y difiere solo en la fineza y movilidad de los átomos que la componen. El cuerpo y alma trabajan junto. El alma da sensibilidad al cuerpo y el cuerpo, en torno, se la da al alma. Esto resulta en una “co-sensibilidad”, como el le llama. La sensación misma, el dijo, es irracional. Así la lengua, por contacto físico, recibe el estímulo de lo dulce pero es la inteligencia, parte del alma, que reconoce ese estímulo y emite el pronunciamiento: “esto es miel”. Esta interdependencia de cuerpo y alma se extiende a todas las actividades. Las respuestas a los estímulos son totales, no separadas: son sicosomáticas, para usar un término de la siquiatría moderna. Epicuro repudió toda filosofía que fallara en ver la siquiatría como su función.

Persecución por los Platónicos

A la edad de trenta, Epicuro migró de Colofón a Mitilene y comenzó a propulgar estas heterodoxias como maestro público. En esa ciudad los platónicos eran dominantes. En un espacio de varios meses, el parece haberles colmado la paciencia. Dentro de un año, su enemistad había excitado las autoridades e incitado a la población de tal modo que fue forzado a tomar una barca en el invierno y estuvo en peligro de naufragar o ser capturado por piratas. Nunca mas se aventuró como otros filósofos a enseñar en lugares públicos.

En Lámpsaco, en el Helesponte, encontró un refugio y ganó el favor de las autoridades, reuniendo una fuerte escuela y obteniendo apoyo financiero. Luego de cuatro años se sintió lo suficientemente fuerte como para llevar la guerra a Africa, como se dice en la historia romana, y se mudó a Atenas, a la misma calle en la que estaba la Academia de Platón y no lejos de ella.

Los Nuevos Procedimientos

La persecución no había cambiado sus doctrinas pero revolucionó sus procedimientos. Las apariciones en público eran evitadas: la instrucción era confinada a su propia casa y el jardín que había comprado. Fuera de su escuela instituyó un método de diseminar su nueva doctrina por medio de contactos personales. Se invitaba a cada converso a ganarse los miembros de su propia casa, sus amigos y vecinos, “sin jamás aflojarse en propagar por todos los medios las doctrinas de la verdadera filosofía”. Conversos prospectivos eran educados con libros y panfletos. Epicuro mismo, como John Wesley, se convirtió en un ocupado recopilador de libros y escribió instrucciones específicas para el uso apropiado de ellos. Hizo bosquejos de la doctrina para aquellos que no podían vivir en residencia. La lealtad de los discípulos que vivían en otras ciudades era retenida por medio de epístolas cuidadosamente compuestas. Así la nueva escuela se transformó en una secta que se auto-propagaba.

Dentro de dos siglos este evangelio de la vida tranquila se había expandido por la mayor de las partes del mundo greco-romano. “Tomó a Italia como una tempestad”, como Cicerón titubeó en admitir. A la misma vez, las fuerzas de la oposición estaban creciendo a igual proporción. Las campañas de los estoicos se volvieron tan notorias que los eruditos modernos casi han ignorado la batalla original con los platónicos, cuyos agrias críticas fueron revisitadas por Plutarco bajo el imperio temprano. Ya para ese tiempo los escritores cristianos se habían unido al coro de la oposición y, al final, en la tempestad del cuarto siglo, la amigable secta parece haber sido finalmente silenciada. Por algunos siglos luego de eso todo lo que sobrevivió fue un residuo de falsedad. Los hombres sabían aún algo del epicureísmo (al que le asignaron la definición de decadencia y gratificación) pero nada del epicureísmo como filosofía.

Sin embargo cuando el estudio de la ciencia natural renació al fin, fue la rechazada teoría atómica la que proveyó un punto de partida para la química moderna y cuando los pensadores modernos empezaron a ver procesos evolutivos en las instituciones humanas, se observó que hace tiempo Epicuro había iluminado el camino de la investigación. Errar con Platón tuvo su placer y su aprovechamiento, pero también su precio: se pospuso el progreso científico. El pensamiento platónico tuvo cercanas similitudes con la Edad de Piedra.

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