Razonamientos sobre “De la cólera” de Filodemo

Los siguientes razonamientos son explicaciones y comentarios sobre el pergamino titulado “De la cólera” escrito por el maestro Filodemo de Gadara y preservado en la librería de Herculano, que fue en su mayor parte destruida por la erupción del Monte Vesubio en el año 79 de la Era Común (1). Como es de esperar, los fragmentos están incompletos pero lo que se tiene nos da una idea bastante clara de los argumentos del maestro.

Lo primero que hay que resaltar es que, en lo que concierne a la cólera, vemos un enorme contraste entre las escuelas estoica y epicúrea. Los estoicos idealizaban la apatía (que significa literalmente, en griego, la falta de emoción) y veían toda furia como algo malo que había que reprimir. Los epicúreos vemos mal esta idea de reprimir la naturaleza humana, y es precisamente ese uno de los argumentos principales del pergamino: que la ira (y la furia, que es una ira animada) son completamente naturales. La filosofía sería castrante si no nos permitiera experimentar lo que se llama furia natural.

Dignosticando un mal del alma

El proceso terapéutico epicúreo tiene mucho en común con la medicina, y se inspira en modelos hipocráticos: primero una descripción de los síntomas, luego una diagnosis, luego posibles terapias y medicinas. El pergamino comienza con una descripción física de los síntomas de la cólera. Estos síntomas son tanto físicos como sicológicos como sociales, y son descritos en detalle, del modo que un doctor lo haría.

De los síntomas físicos, se habla de como se enrojece la cara y como pulsa rápido el corazón. De los sicológicos, se habla de como uno empieza a maquinar venganza e imagina que algo malo le sucede al enemigo, y uno lo disfruta. Este tipo de ira se compara a veces con demencia, y de hecho Filodemo menciona algo que es quizá universalmente observado: la palabra loco, o volverse loco, con frecuencia se aplica a la gente furiosa, aunque sea temporalmente. El estaba escribiendo en griego, pero ese es el caso también en francés con folie, en inglés con mad.

Pero las repercusiones sociales son las peores. Los coléricos dicen cosas imprudentes que luego son imposibles de retomar, a veces en presencia de los reyes, los superiores y los poderosos, precipitación la cual les puede costar “un amargo salario”. La cólera puede causar exilio, peligro físico, problemas legales, y hasta rechazo de familiares y amigos. Puede destruir familias y relaciones con los seres amados, y puede incluso destruir una patria.

Filodemo menciona la dinámica que surge siempre que existen relaciones basadas en la explotación y dominación, donde el destino de un débil es controlado excesivamente, y a veces de manera abusiva y explotativa, por un poderoso como en el caso de la esclavitud. En estos casos, las animosidades que pueden surgir son enormes. Estas dinámicas a veces aún hoy se ven en el mundo laboral entre trabajadores y patrones.

Las cólera racional y virtuosa

Hay tres posibles diagnosis mencionadas en el pergamino. La primera, es la cólera que Filodemo llama natural y no necesita tratamiento otro que el cálculo hedónico, es decir, la medida a largo plazo de las ganancias y pérdidas que busca una ganancia neta. El propósito del cálculo hedónico no era conseguir la venganza mas placentera, sino asegurar el mayor placer estable a largo plazo, lo cual se presta para muchas técnicas de resolución creativa y no-violenta de conflictos y con el fin de beneficios mutuos.

“Incluso los sabios pueden a veces parecer estar temporalmente coléricos.”

Los filósofos de otras escuelas, sobre todo los estoicos, cuestionaban esta enseñanza de que la ira era natural (3). Pero Filodemo argumentó esto de varias maneras. Primeramente, dijo que la cólera era con frecuencia inevitable y comparó la deuda de la cólera con personas que voluntariamente nos han hecho daño con la deuda de gratitud que tenemos con las personas que voluntariamente nos han beneficiado al enseñarnos filosofía o con otros bienes. Visto de este modo, se acentúa la deseabilidad de buena voluntad entre los hombres y mujeres.

Este asunto de acción voluntaria es importante por razones observables y obvias. Nunca una persona racional ha debido sentir agradecimiento o cólera hacia cosas inanimadas o al azar y al destino, pero sí hacia entidades vivientes. De modo que la cólera puede ser natural cuando resulta de daños producidos voluntariamente por otras entidades vivientes.

Filodemo explica incluso la fenomenología de la cólera en el hombre o mujer racional: empieza como un punzado o golpe leve, algo que yo llamaría indignación inicial, y luego se va volviendo mas aguda en medida que incrementa la indignación, hasta que se manifiesta en cólera cuando la persona endosa y afirma este punzado inicial.

Una buena regla para medir si la cólera es natural, es ver si el daño que la origina representa una amenaza contra los bienes naturales y necesarios, si puede remover la vida o seguridad, la salud del cuerpo o la felicidad. La ira racional es moderada, calculada,

Entonces, en estos casos la furia no es un mal, sino que la furia puede ser un bien siempre y cuando sea breve y tenga un origen en una disposición virtuosa. Es decir, bajo estas circumstancias la cólera puede ser un bien, puede ser virtuosa y racional cuando un daño es es producido de manera voluntaria, y hasta los sabios y hombres virtuosos naturalmente la experimentan y es inevitable.

Otro ejemplo dado para justificar este concepto de la cólera racional y natural es por medio de dar tres posibles reacciones a un daño o perjuicio voluntario que se nos haya hecho. La primera es indiferencia, la cual podría darse, pero esta posibilidad es algo forzada. La segunda es hostilidad, que es la mas natural y esperada. La tercera es expresar amistad hacia nuestros abusadores, la cual sería estúpida.

El reconocimiento de la cólera natural es importante por otra razón: nos ayuda a entender los potenciales peligros de otras filosofías éticas como el estoicismo (que idealiza en exceso la resignación como una virtud y enseña a reprimir las emociones naturales y sanas, sin cualificar de donde proceden ni como canalizarlas sana y productivamente) las condiciones naturales en las que ), el cristianismo (donde se enseña a dar la otra mejilla) y otras.

Estas filosofías éticas perpetúan innecesariamente las injusticias sociales que podrían ser resueltas por métodos de resolución de conflictos, a veces no-violentos como el boycott, el salir del armario y exponer a nuestros agresores a la vergüenza y escrutinio públicos. En ocasiones los remedios han sido algo violentos, como necesariamente fueron la independencia de India bajo Ghandi y el movimiento de derechos civiles bajo Martin Luther King, a pesar de sus esfuerzos no-violentos. Pero a la largo plazo, si consideramos los beneficios y que se ha removido en gran parte la explotación económica imperial de India y la humillación racista constante en el sur, estos hechos han pasado el cedazo del cálculo hedónico y valieron la pena.

Un caso peculiar ha sido el ejemplo de los disturbios de Stonewall en 1969, en los que la comunidad gay, lesbiana y transgénero por primera vez se vio involucrada en una batalla urbana armada contra la policía de New York, que constantemente invadían los pocos espacios en los que podían ser ellos mismos, los humillaban y aprisionaban arbitrariamente solo por diversión. La indignación de los disturbios de Stonewall es hoy reconocida como una marca en la historia luego de la cual oficialmente comenzó el movimiento moderno de derechos LGBT, con sus marchas, luchas por una voz y espacio, y hasta culminando hoy con el reconocimiento del matrimonio egalitario.

Muchas otras indignaciones se han dado que han producido cambios y hasta revoluciones, incluso por causa del neoliberalismo en las crisis económicas mas recientes que han parido el movimiento Occupy, los Indignados en España, etc. En todos estos casos, vemos que la cólera natural y racional produce causas a las cuales nos podemos dedicar y que nos pueden ennoblecer. Es a esto que se refiere Filodemo cuando habla de “disposiciones virtuosas” subyacentes a nuestra cólera natural y racional.

Estos y otros casos de indignación y exposición pública de cólera han producido con frecuencia grandes cambios sociales y en las relaciones humanas. Si los que llevaron a cabo estos actos, hubieran caído en los errores de la filosofía cristiana (de amar y abrazar la cruz y la victimación) o estoica (de amar la resignación como una virtud falsa, innecesaria e impráctica), se hubiera perpetuado enorme dolor por muchas generaciones en todos estos casos de manera innecesaria. No hay progreso social mientras no se permite que la cólera racional, natural se exprese y cambie el mundo, creando un mundo nuevo igual que los volcanes, luego de su erupción, pueden producir nuevas islas y nuevos paradigmas.

Las dos diagnosis

Las próximas dos formas de cólera no son naturales, sino que son patológicas y representan un perder la razón, es decir, son irracionales (aun cuando a veces son al principio naturales).

La segunda es la cólera constante, o adictiva. Esta no es natural, sino una enfermedad del alma. Es la continuidad la que muestra cuan irracional es la persona enferma, ya que esta continuidad de ira impide que se puedan disfrutar completamente todos los deleites tan sumamente importantes disponibles en la vida, al igual que a la vez es responsable de muchos males.

Al igual que la depresión (que es tristeza crónica), la cólera crónica es una destructiva enfermedad del alma caracterizada por síntomas particulares. Es una ira obsesiva con respecto a la venganza, persistente, fuera de control, intensa y violenta. Un síntoma particular de esta segunda forma de cólera es que se lleva hasta la tumba, y otro síntoma es que con frecuencia los padres se la enseñan a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, dejando un triste legado de violencia, déficit de comunicación y falta de amor.

La tercera es la que traduzco como furia, o cólera excesiva y loca, porque el DRAE define furia como “ira exaltada” y “persona muy cólerica” (2), de manera que se reconoce que este un nivel de cólera excesivo que merece otro nombre. en este caso, la persona disfruta imaginar o activar el castigo del enemigo de manera instantánea.

Esta furia puede generar muchos males. Filodemo describe la furia como “salvaje” e irracional: es decir, no corresponde con el punzado y las indignaciones iniciales de la furia racional ni puede derivarse del cálculo hedónico porque nos lleva a hacer cosas que no producen mayor placer que dolor a largo plazo.

Esta locura es temporera pero es importante diagnosticarla. Quien la sufre, se castiga a si mismo de la peor manera. Sin embargo, incluso el sabio la experimenta a veces, aunque Filodemo dice que es “una furia breve y, por así decirlo, abortada”. Es decir, el sabio es un ser natural sujeto a la condición natural de mortalidad y dolor, pero no se vuelve demente por su causa ni considera la furia una debilidad. Lo importante, de nuevo, es someter estos impulsos de indignación, a la razón y al cálculo hedónico.

La ira de los dioses

En un pasaje, Filodemo habla de como los hombres imitan de manera grotesca la cólera de los dioses. No parece estar argumentando que la creencia en dioses coléricos produce neurosis, o que se pueda diagnosticar una cólera de índole supersticiosa, pero sí que a veces las fábulas se prestan para legitimarlas y por esto el culpa a los poetas (o en el caso del Dios abrahámicos, tendríamos que hablar de los profetas) por haber imaginado la ira de un dios que manda plagas, mata niños inocentes y ordena actos de genocidio en términos tan grotescos.

Otra observación que surge de este pasaje es que la religión popular puede ser entendida como una función poética, y por lo tanto artística. La posibilidad de que la religión sea una forma de arte y de auto-expresión, incluso una que podría tener cierto uso terapéutico y que ayude a diagnosticar los males del alma, podríar ser una manera válida de entender la religiosidad desde una perspectiva laica.

Las terapias

Filodemo explica que el colérico por adicción o el furioso irracional no pueden avanzar en la filosofía. Es necesario un compromiso consigo mismos, con su ataraxia, y con la terapia cognitiva para avanzar y poder vivir una vida placentera.

Uno de los tratamientos que usaron Filodemo y otros filósofos antiguos fue lo que se llama ver ante los ojos. En esta técnica, el guía epicúreo confronta al paciente con las consecuencias de la furia crónica como una visión vívida donde las repercusiones y efectos de la furia en las relaciones y en la habilidad de disfrutar la vida a diario se presentan claramente como si estuvieran presentes aquí y ahora.

Esto se hace usando la retórica. Es un ejercicio verbal para el guía y uno de visualización para el paciente. La práctica requiere que se le atribuyan detalles y una identidad horripilante a la furia, para que sea vista como un enemigo del alma.

Expulsemos del todo nuestros malos hábitos como si fueran hombre malignos que nos han hecho daño por largo tiempo. – Sentencia Vaticana 46

Los rasgos físicos de la furia eran usados en descripciones de síntomas por los filósofos helénicos como parte de la técnica de vilificar el vicio. Se le mostraba al paciente la pérdida de apoyo de amigos, la lejanía de familiares, la posible pérdida de empleo y oportunidades por causa de conducta colérica, etc. De este modo, la persona colérica puede internalizar el daño que produce su condición e incrementar su compromiso con la imperturbabilidad.

Otros tratamientos incluían los razonamientos (similares a leer y asimilar este artículo) y los argumentos, que consisten en personificar la disposición que produce la cólera constante y presentarle argumentos racionales para que cambie. Este tipo de terapia cognitiva puede darse en contextos creativos, como un diario, una dramatización o una conversación imaginaria, es decir se puede escribir o decir en alta voz.

Esta idea de que debemos proteger nuestras cabezas se entiende de modo metafórico al igual que físico. Uno de los remedios usados en las religiones africanas es el lavado de cabeza, que consiste en echar agua tibia y fresca en la corona, la nuca y las sienes para calmarnos. Esto lo hacen con oraciones, pero podemos adaptarlo a una práctica laica y convertirlo en un fármaco epicúreo, ya que reconocemos que hay síntomas físicos incluyendo el calentamiento de la cara y la cabeza cuando estamos furiosos.

La auto-suficiencia o autarquía también es una cura contra la cólera. Filodemo dijo que mientras menos nos importan las externalidades, menos furia tenemos. La furia depende de nuestras vulnerabilidades y a lo que nos exponemos.

Perder la cabeza por causa de la cólera siempre ha producido enormes dificultades para muchas personas, y hay fábulas e historias en todas las culturas que nos advierten de sus peligros. Por esto, debemos mantener siempre refrescada la cabeza y cultivar la ataraxia.

Estos razonamientos son parte de Epítome: Escrituras Epicúreas

 Adaptado del libro Cultivando el jardín epicúreo, de la traducción al francés del texto de Filodemo (La colère) en Les Epicuriens y de los comentarios de Elizabeth Asmis en su artículo The Necessity of Anger in Philodemus’ On Anger en el libro Epicurus and the Epicurean Tradition

Notas:

1. Recientemente, nueva tecnología ha sido desarrollada que va a permitir que se descifren quizá pronto nuevos pergaminos.

2. En inglés y francés, cólera se traduce como anger y como colère, pero esta furia excesiva y salvaje se traduce en ambos idiomas como rage. Todos estos idiomas las distinguen, aunque parecen similares.

3. Las mismas categorías que existen para los deseos (según las Doctrinas Principales 26, 29 y 30) en el epicureísmo se pueden aplicar a la furia: puede ser natural y necesaria, puede ser natural e innecesaria, o puede ser ni natural ni necesaria, y por lo tanto vacía. También la categorizamos como útil o inútil, es decir, la furia puede canalizarse con prudencia de modo que produzca un bien mayor, o puede canalizarse de manera imprudente y producir muchos males o producir nada.

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