En defensa del placer

Bee

“Consecuentemente, quien sigue el placer se mantiene virtuoso, y también aquellos que llamas amantes del placer son amantes de lo bueno y amantes de la justicia, y cultivan y mantienen todas las virtudes.” – Casio a Cicerón, enero del año 45 Antes de la Era Común

La necesidad presente de un contra-diccionario

No ha habido filosofía mas vilificada que el hedonismo, incluso cuando es cualificado como racional, calculado o filosófico. La palabra misma, tras siglos de propaganda cristiana y platónica anti-placer, anti-cuerpo, ha venido a tener una connotación negativa. Se nos ha vendido la idea de que el hedonista busca la gratificación instantánea, que no controla sus deseos. Placer a veces es equiparado con pecado, con corrupción.

A muchos enemigos del cuerpo y del placer les gusta argumentar que somos hedonistas en el sentido vulgar y hasta nos acusan de consumismo. El consumismo es el archi-enemigo de Epicuro, que propone un currículo de control de los deseos basado en su sometimiento al cálculo hedonista.

Otros, como ciertas sectas neo-aristotélicas (bueno, los objetivistas-randianos), sostienen que los placeres, como criterio, son “subjetivos” e “ilógicos”, que supuestamente son necesarios criterios “objetivos” para las decisiones éticas. Pero los seres humanos no somos puramente lógicos o racionales: somos seres naturales con dos hemisferios del cerebro, uno racional o lineal, otro irracional, y no podemos satisfacer nuestras necesidades naturales a través de métodos puramente racionales sin prestar atención a nuestra facultades irracionales. Esto es auto-evidente. Debemos aplicar la razón a los problemas de necesitar alimentos, vivienda y otras necesidades básicas. La naturaleza no nos da una opción: sabemos que tenemos que resolver estos problemas debido a lo que nuestra propia naturaleza nos dice a través de nuestras facultades, como la de placer y aversión (hambre, frío). Por lo tanto, sin esta conexión esencial con la realidad que son nuestras facultades (que incluyen los cinco sentidos y la facultad de placer y la aversión), no podemos sobrevivir o funcionar.

Por esto, una de las labores de los filósofos hedonistas de hoy es reparar el daño que ha hecho esta rebelión contra la naturaleza que son las religiones que predican otros mundos, y a última instancia repudiar el platonismo en el que se basan, por medio de reclamar estas palabras dentro de nuestro vocabulario como afirmaciones de valores sanos y positivos que son esenciales para nuestro compás moral. Este artículo tiene como propósito aclarar las doctrinas hedonistas para el beneficio de la gente moderna.

Los epicúreos enseñamos que el placer es el fin (telos, en griego) que nuestra propia naturaleza ha establecido para nosotros, y que esto es evidente en los niños y hasta en los “gatos y perros” recién nacidos, para usar un término tomado de NewEpicurean.com.

“Todo animal, tan pronto nace, busca el placer y se deleita en él como el bien supremo, mientras que se aleja del dolor como el supremo mal y lo evita en medida que sea posible. Hace esto mientras permanece incorrupto, siguiendo el veredicto sin prejuicios y honesto de la misma naturaleza.” – Torcuato, en Sobre los fines

Entendido así, somos hedonistas no porque seamos caprichosos o irracionales, no porque buscamos la gratificación constante, sino porque nuestra filosofía naturalista se basa en la observación de que la naturaleza misma ha establecido placer y aversión como guías para identificar lo necesario y lo dañino.

Darwin, la selección natural y el hedonismo

En Cultivando el jardín epicúreo, cito el ejemplo de la relación entre las abejas y plantas. Hace millones de años, las plantas decidieron embellecer sus genitales mediante la producción de flores con néctar para atraer a ciertos insectos que habían demostrado sentirse atraídos y estar en sintonía con el aroma y el sabor de ciertas sustancias altamente nutritivas que las plantas sabían cómo producir. Las plantas se beneficiaron mediante la difusión de su polen por la tierra y la obtención de la diversidad, que es una de las ventajas de la reproducción sexual. Con el tiempo, esta simbiosis entre plantas y abejas es tal que, sin ciertas especies de abejas, hay cientos de especies de plantas que no tendrían manera de reproducirse.

Las plantas y los insectos que supieron maximizar del beneficio mutuo de esta relación fueron capaces de pasar con más éxito sus genes a la próxima generación, hasta que todos los miembros de sus grupos habían dominado estas nuevas habilidades y adaptado nuevas facultades a su constitución: las plantas aprendieron a producir néctar que era más dulce y más nutritivo y las abejas ganaron mayor capacidad de identificar estas fuentes de alimentos. La especiación (el proceso de convertirse en una nueva especie) con frecuencia ha sido provocada por la especialización.

Más tarde, otra relación basada en el placer y el beneficio mutuo surgió entre las plantas y los primeros primates, que eran descendientes de pequeños mamíferos roedores que habían decidido vivir en los árboles para protegerse de los depredadores terrestres. Las plantas adaptaron la misma técnica que utilizaron con los insectos y convirtieron sus flores en frutas. Cuando estos primates comían las frutas, o bien se comían las semillas enteras, que más tarde eran fertilizadas en el excremento, o bien las arrojaban al suelo y allí se fertilizaban.

Las plantas y los primates que maximizaron mas eficazmente el beneficio mutuo de esta relación fueron capaces de pasar con más éxito sus genes a las próximas generaciones, hasta que progresivamente todos los miembros de sus grupos habían ganado estas nuevas habilidades y perfeccionado nuevas facultades. Las plantas comenzaron a colocar sus semillas en deliciosas bolsas de alimentos dulces (que daban placer a los primates) y utilizaron colores para llamar la atención, a modo de marketing, cuando sus frutos con semilla habían madurado. Los primates se convirtieron en los primeros mamíferos en identificar el color rojo.

Incluso hoy en día, estudios sobre los efectos del color en los seres humanos muestran que el rojo y el naranja (que es de color rojo, mezclado con amarillo) estimulan el apetito. Esto es un reflejo primate que heredamos.

Además, observe que los seres vivos no elegimos comer frutas o flores porque somos caprichosos o irracionales, mucho menos porque somos pecadores o perversos, sino porque somos seres naturales dirigidos por la naturaleza a través del tono hedónico, a través de las facultades de placer y aversión, a consumir y hacer las cosas que la naturaleza ha establecido que consumamos y hagamos.

Si vamos aún más atrás en el tiempo, nos daremos cuenta de que otra relación simbiótica se desarrolló entre todos los animales y plantas en el planeta desde su historia temprana. Nosotros los animales inhalamos el oxígeno que exhalan las plantas, y ellas inhalan nuestra carbono.

Como resultado de esto, los seres humanos en general sienten una mayor sensación de bienestar al estar en la naturaleza rodeados de plantas y vegetación, o cuando en presencia del océano y al respirar su aire fresco. Uno de los placeres más simples, pero potencialmente intensos, disponible al hombre proviene de inhalar el aire fresco del océano. Debemos tener en cuenta que las algas en el océano producen el 90% del oxígeno en la Tierra. Lo más necesario para nosotros, desde el primer momento, se convirtió en la forma más simple de placer: respirar aire fresco.

Una vez más, tomemos el ejemplo del efecto de los colores verde (las plantas) y azul (océano) para considerar cómo el placer se relaciona a las señales visuales. Los estudios sobre el efecto de diferentes colores en la mente y el cuerpo humano demuestran que los ojos humanos derivan el mayor placer y bienestar de tonalidades azules y verdes. Traduzco:

“El verde relaja el cuerpo y alivia el estrés … las personas que trabajan en oficinas verdes han demostrado estar más satisfechos con sus puestos de trabajo.”

No sólo la ataraxia con frecuencia asume tonos verde, azul y blanco, sino que nuestros ojos están particularmente propensos a percibir estos colores, y estamos más en sintonía con ellos, presumiblemente debido a que son los más necesarios e importantes (mientras que no vemos los colores del espectro ultravioleta que ven las abejas en las flores, ni olemos los olores que un perro percibe porque esta información es innecesaria). Entonces, nuestras facultades nos guían, como a todas las entidades, a percibir y derivar placer de los bienes naturales y necesarios para nosotros.

Los perros y gatos desencadenan en nosotros facultades que usualmente despiertan cuando en presencia de bebés humanos vulnerables: tienen rostros infantiles y evocan nuestros instintos paternales. Disfrutar de la compañía de una mascota se ha demostrado que disminuye la depresión, ayuda a los niños autistas, y fomentar la secreción de serotonina, oxitocina y otras hormonas que incitan a sentirse bien. La naturaleza agradable de nuestras relaciones con nuestras mascotas también puede explicarse por el beneficio mutuo: obviamente, son alimentados por nosotros y disfrutan de comodidad, seguridad y amor en nuestros hogares, pero también mantienen los roedores fuera de nuestras despensas, ayuda con la caza y el pastoreo, y se pueden emplear como guardianes, protectores de la familia y la propiedad, e incluso hay perros que han laborado como guías para los ciegos, para ayudar a salvar víctimas de ahogamiento y para muchas otras cosas.

Del mismo modo, la facultad de aversión nos avisa que algo anda mal cuando nos acercamos a un bote de basura y percibimos el mal olor, aunque no entendamos racionalmente lo que son los gérmenes: por instinto, deseamos alejarnos o remover de nuestro espacio el mal olor. No es ni ventajoso ni virtuoso “cargar la cruz” de nuestras aversiones ni penas: al contrario, puede ser peligroso.

Confiamos en nuestras facultades, no en criterios arbitrarios

Gracias a la dichosa naturaleza porque ha hecho lo necesario fácil de obtener, y lo que no es fácil de obtener ha hecho innecesario.Fragmento Epicúreo

Espero que con todos estos ejemplos hayan visto la estrecha relación que existe entre el hedonismo filosófico de los naturalistas y la selección natural. Lo que he compartido aquí son sólo algunos de los ejemplos más básicos, evidentes y universales de la razón por la cual la facultad del placer es tan importante para nosotros, y una parte esencial del Canon, en la tradición epicúrea.

Los enemigos del placer y de la felicidad humana nos quieren desmoralizar porque somos hedonistas y naturalistas, pero lo cierto es que el placer es la suavidad en la voz de la naturaleza y que siempre ha guiado a todos nuestros ancestros a lo que les convenía. Nuestro hedonismo no consiste en ser subjetivos o caprichosos, mucho menos pecadores o gente corrupta: sino en el hecho auto-evidente que somos seres naturales.

Hay que enfatizar: EL PLACER ES UNA FACULTAD, al igual que la aversión, y lo que los maestros de la tradición epicúrea enseñan es que la naturaleza misma nos guía por medio de estas facultades. El placer no es un criterio arbitrario, como lo es la autoridad o la revelación, o incluso como lo pueden ser la virtud o el bien, términos imposibles de definir claramente en base al estudio de la naturaleza.

Si dejamos de lado nuestras facultades, nos hacemos daño. Si les prestamos atención, es una ventaja para nosotros.

El placer nos guía hacia los bienes concretos que nuestra propia naturaleza busca. Estos bienes naturales son agradables, y el placer es siempre bueno. La clave está en el cálculo hedonista: perseguir el placer de una forma racional, teniendo cuenta el cálculo del beneficio a largo plazo frente a la pérdida, para asegurar que no generamos mayor aversión en el proceso de la búsqueda del placer.

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2 pensamientos en “En defensa del placer

  1. Mila Carrero

    De hecho tenemos dos cerebros. el cerebro primitivo encargado de nuestros impulsos y decisiones y el neocórtex encargado del aspecto racional de nuestros procesos mentales. ambos están siempre presentes en todas las decisiones que tomamos.

    Responder
  2. Pingback: Diálogo sobre la búsqueda de sentido | Sociedad de Amigos de Epicuro

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