Historia verdadera, de Luciano

Luciano de Samosata es uno de los grandes genios literarios y cómicos de la antigüedad, un representante ejemplar de la tradición de los filósofos risueños. NewEpicurean.com lo llama el León de Epicuro. Desde la perspectiva de nuestra contra-historia de la filosofía, debe afirmarse que todos los intelectuales epicúreos contemporáneos deben considerarlo un objeto necesario de estudio, particularmente a la luz de la reciente masacre de Charlie Hebdo y los ataques a la libertad de expresión en los últimos años por parte de fanáticos religiosos que apoyan la legislación contra la blasfemia y que se toman demasiado en serio a sí mismos como para aceptar una broma. Un mundo en el que uno tiene que pensar dos veces antes de compartir una broma sería un lugar insoportable y peligroso para vivir.

Durante el segundo siglo de la Era Común, Luciano se burlaba tanto las masas crédulas como de los charlatanes que se ganan la vida gracias a ellas. Lo hizo con elocuencia y, a veces, con veneno. También fue un narrador ameno y entretenido.

Historia verdadera: un libro de mentiras

Historia verdadera ha sido llamada la primera obra de ciencia ficción jamás escrita. Dos libros sobreviven, y un tercero fue anunciado al final del segundo, pero no sobrevive. El trabajo comienza justificando su título con una confesión de que el autor está mintiendo. Así se acentúa como los poetas, historiadores y filósofos de la antigüedad (algunos de los cuales Luciano menciona por nombre) también han mentido, pero a diferencia de ellos Luciano nos lo admite desde el inicio. Sus mentiras y exageraciones son una crítica satírica de estos tejedores de fábulas.

… en el que no sólo la novedad del tema ni lo placentero del proyecto pueden hacerle cosquillas al lector con deleite, ni el escuchar tantas mentiras notorias entregadas persuasivamente y como si fueran verdad, sino porque todo lo aquí presentado mira de manera cómica alguno u otro de los viejos poetas, historiadores y filósofos que en sus escritos han registrado muchas falsedades monstruosas e intolerables, cuyos nombres hubiera citado, pero yo sabía que la lectura los daría a conocer.

En el segundo libro, cuando el héroe entra en la isla de los malditos, se encuentra con personas que están siendo atormentadas por mentirosos.

… Allí vi Cíniras atado por los miembros privados y colgando en el humo. Pero los mayores tormentos se infligen sobre los que dijeron alguna mentira en su vida, escribiéndolas falsamente, como Ctesias el de Cnido, Herodoto y muchos otros …

Batalla Celestial

Al leer Historia verdadera, seguimos a Luciano en un viaje a la Luna donde participa en una batalla épica entre los heliotanos (personas del Sol) y los selenitanos (gente de la Luna), una batalla que comenzó con asnos rebuznando en ambos lados en vez de trompetas, y que incluyó tiraderas de frijoles, nabos-misiles, escudos hechos de setas, lanzas hechas de tallos de espárragos, cascos de frijol … se entiende la idea.

El mundo en el que estamos secuestrados incluye naufragios frecuentes en islas de fantasía. Nos encontramos con héroes que navegan en un gran río de vino que fluye, no de una corriente, sino de árboles en un viñedo mágico cuyas frondas son mujeres peligrosas, seductoras y embriagantes, y cuyas raíces destilan vino puro, y en el río encontramos embriagantes peces.

Los aventureros marinos son simplemente trasladados a los cielos por un fuerte viento y finalmente aterrizan en la luna, cuyo rey se prepara para ir a la guerra con el rey del sol sobre asuntos relacionados a ambiciones de colonizar a Venus. Las escenas de batalla incluyen hombres que vuelan en buitres monstruosos de tres cabezas o en mosquitos gigantes, hombres con caras de perros y otras criaturas gigantes y mágicas, todos cabalgando a la batalla en números inimaginables para los antiguos.

Tan solo las ricas y fantásticas representaciones de la gente de la Luna (cuyas narices gotean dulce como la miel), lo que comían y cómo vivían hacen que todo el libro valga la pena leerlo.

El vientre de la ballena

Todo héroe mítico debe entrar en el vientre de la ballena: Jonás, Jesús desciende al Hades por tres días, incluso los héroes de Star Wars fueron casi convertidos en pulpa en un compresador de basura de una nave enemiga.

Luciano no será un profeta, pero es el Jonás de los gentiles. En Verdadera historia, seguramente burlándose del milagro bíblico, relata cómo pasó un año y ocho meses viviendo en una ballena del tamaño de un continente dentro de la cual había una isla con razas de salvajes y mitad-hombres, y lo que podría compararse con un Parque Jurásico de la antigüedad lleno de pájaros, peces y otros animales salvajes.

Escapar de la ballena sólo condujo a más aventuras y criaturas extrañas. El segundo libro lleva a nuestros héroes a un mar de leche y una isla hecha de queso, entre otras rarezas.

La Isla de los Dichosos

Muchos otros viajes y aventuras siguen, prominente entre ellas un viaje a la Isla de los Dichosos, donde el brillante Luciano nos pinta un paraíso epicúreo.

De su descripción divertida de un paraíso epicúreo, excluye a Platón (quien se había alejado a vivir en su propia República) y a los estoicos (que todavía estaban tratando de escalar la colina de la virtud), así como a los académicos, que eran “incapaces de comprender cómo puede haber una isla tal”, y por lo tanto “volvieron atrás en medio de su camino a la misma”. En otras palabras, un paraíso naturalista no está disponible a aquellos que buscan la virtud o alguna otra meta arbitraria que no sea la establecida por la naturaleza (el placer) o para aquellos que racionalizan las cosas demasiado (los aristotélicos), y los platónicos ni siquiera van a buscar estas dichas.

La isla exude aromas de canela y flores. Banquetes se llevan a cabo en sus jardines en todo momento. El pavimento es de marfil y los cristalinos templos son de berilo con altares de amatista. Sus baños son casas de cristal y se calientan con canela; los residentes no envejecen y el verano es la única temporada que conocen. Por supuesto, hay ríos de miel y leche, y los más prominentes entre sus pozos son los de la risa y del placer. Su trigo produce pan ya horneado. Las nubes llueven ungüento dulce y las aves colocan guirnaldas en los cuellos de los residentes.

Encontramos que Luciano hace la mayor parte de su filosofar en Historia verdadera, cuando se para a onsiderar quién merecía vivir en la Isla de los Dichosos. Al igual que los mormones, cristianos y musulmanes, Luciano también se toma el tiempo para resolver quién puede entrar en su paraíso y quién no puede.

Aristipo y Epicuro son hombres principales entre ellos, porque son los más joviales y mejores compañeros.

No había un estoico en la compañía, porque aún estaban tratando de ascender a la cima de la colina de la virtud, y de Crisipo oímos que no le era lícito por cualquier medio tocar la isla hasta que se purgara por cuarta vez a sí mismo con heleoboro.

Es claro que las almas son traídas a esta isla por el mérito de su amor por el placer virtuoso. Las actividades de los dichosos incluyen orgías públicas, pero éstas no son de ninguna manera consideradas escandalosas. Los dos mejores hombres en la isla, los héroes Aquiles y Teseo, tienen sexo en público con los jóvenes y las mujeres, y de acuerdo a Luciano “ningún hombre sostiene que esto sea alguna falta de honradez”.

Ningún epicúreo puede bromear sobre las otras escuelas sin incluir las payasadas del supersticioso Pitágoras. Frances Wright dedica un capítulo entero a chistes pitagóricos en Varios días en Atenas. El matemático residía en la isla, pero la mitad de su cuerpo estaba hecho de oro y había cambiado de forma siete veces (como él creía en la transmigración de las almas). En un episodio, no pudo participar de un banquete que incluía frijoles, ya que estos eran prohibidos en su credo.

Vuelta al continente

Luciano y su compañía sólo fueron capaces de permanecer en la Isla de los Dichosos durante unos meses. Sus aventuras continuaron con visitas a algunas otras islas, un ataque de veinte piratas montando delfines monstruosos (lo cual podría servir para la creación de memes pastafarianos, porque de algún modo se asocian los piratas con el Monstruo de Espagueti), y finalmente una visita a la isla de Cabalusa, donde vivía solo mujeres devoradoras de hombres que tenían pezuñas de animales en lugar de piernas humanas.

Historia verdadera termina con la promesa de que hay más aventuras que contar después de su llegada al continente en libros futuros, pero estos libros o bien nunca fueron escritos o no sobrevivieron.

Invitamos a todos a leer Historia verdadera de Luciano, así como sus otras obras, entre ellas Alejandro el Mercader de Oráculos, La Venta de Credos (donde su parodia de Pirrón el escéptico es particularmente divertida), La Diosa siria y sus otras obras.

Otras Lecturas

Historia Verdadera

Alejandro el Mercader de Oráculos

Varios días en Atenas

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4 pensamientos en “Historia verdadera, de Luciano

  1. Lucho

    Luciano de Samosata es un autor que tengo justamente muy presente en estos meses, porque lo he estado leyendo para una tesis de Doctorado en Filosofía que estoy escribiendo, y a él le dedico unas páginas de un capítulo extenso sobre la religiosidad antigua mediterránea. Aunque la mayoría de quienes comentan sus obras hace observaciones al efecto de que en su crítica a la religión griega, o al menos a algunos de sus temas, se muestra irreligioso y escéptico, yo, sin negar algo de ambas posibilidades (y más lo segundo que lo primero) soy de otra opinión. Sin tampoco decir que era un alma religiosa (cosa que en el contexto de su época ya no era muy presente o factible en el mundo griego, aunque había aún servidores piadosos de la religión y las divinidades) creo que sus observaciones sobre el más allá y la vida de ultratumba contienen una suerte de “voto de confianza” sobre tales posibles realidades.

    El tema de mi tesis es sobre los perceptores sobrenaturales en la obra de Abderrahmán Ibn Jaldún, y como debo tratar acerca de lo sobrenatural, me puse a investigar muchos de los testimonios antiguos sobre esa noción y cuestión. Ahora bien, ¿Por qué pienso que las referencias de Luciano de Samosata al tema, que no parten de una estima hacia el mismo, ni mucho menos van a una teorización o explicación simpática del mismo, pueden constituir una acotación importante al desarrollo de la idea de lo sobrenatural? Pienso eso porque parto de una particular teoría mía con respecto al humorismo.

    A veces se suele pensar que el humorismo o la misma risa significan un desprecio y un rechazo a las cosas hacia las que se refieren o que son objeto de ellos. Esa es una visión muy tradicional y la podemos encontrar ya en la antigüedad, en la Biblia, en los griegos y en otras tradiciones. Pero aquí creo que hay repensar esta cuestión de otra manera. Creo que el sentido del humor entraña no un rechazo sino una crítica, es decir, una suspensión para curar problemas que hay en un tema o en una cuestión; problemas que no pueden ser vistos desde sí mismos: deben ser vistos desde fuera, desde una posición absolutamente otra, como lo es la del humorismo.

    Se trata de curar un problema y lo que hay que ver para hacer esa curación no se puede ver en y desde el mismo campo en que está el problema sino que debe ser visto desde fuera. El humor representa ese ‘alter’, ese ‘otro’, que se da en el mismo espectador que estaba antes de la visión del humor. Porque no es un otro ajeno a la cuesitón el que se ríe de ella, sino la misma persona que cree en ella o está en relación con ella: la persona que tiene frente a ella el objeto de humor. Y esa risa o sonrisa, cuando corresponde a un genuino sentido del humor no entraña ni rechazo ni desprecio ni odio, sino precisamente un poner la cuestión más en su lugar. Puesto que, si es desmesura el desprecio, el rebajar algo sacándolo de su nivel debido de dignidad, también es desmesura elevarlo a un nivel por encima de su dignidad, es decir, por encima del trato humano que confía en tal categoría de cosas, y basado en esa confianza, trata con familiaridad las cosas con que convive.

    Y si bien lo sobrenatural es algo que puede haber sido concebido tradicionalmente por encima de la dignidad de lo natural, su misma presencia en lo natural entraña que no debe ser sobreestimado sino muchas veces más bien puesto en función de lo natural y de lo humano, porque el recurso a lo sobrenatural es instrumental, cosa que se muestra excelentemente sobre todo en el Nuevo Testamento (pero también en el Antiguo Testamento y en otros textos de otras tradiciones). No aparece allí lo sobrenatural por lo sobrenatural en sí, con todo lo portentoso que pueda ser, sino que eso, lo sobrenatural, aparece en calidad de signo, y como tal, ayudando a un primer engarce de la confianza o la fe de las personas. Un primer arranque seguro, que sin embargo debe ser superado, y que, si se extralimita y se le estima con desmesura, puede convertir lo religioso en una simple magia y un juego de malabarismos extraordinarios y portentosos. Pero no es ese el sentido ni de lo religioso ni de lo sobrenatural.

    Volviendo al caso de Luciano de Samosata, su humorismo supone una crítica sí, hacia las creencias sobrenaturales de los griegos, pero una crítica no para que abandonen sus creencias. Del mismo modo que una crítica a los gobernantes no significa que no deba haber gobernantes, o una crítica a lo religioso no significa que no deba haber religión, o una crítica al arte no significa que no deba haber arte, o una crítica a la familia o al ejército no significa que no deba haber ambas cosas, y así sucesivamente, tampoco una crítica a este tema de lo sobrenatural expresado en los relatos de ultratumba y las narraciones sobre el destino de las almas en el más allá, prohíbe creer y tomar en serio los contenidos de tal tema. Significa esa crítica que HAY QUE CREER MEJOR, que debe ser mejorada esa creencia (No necesariamente en este “creer mejor” está implicado un rasero cuantitativo sino que va más a lo justamente cualitativo: una mejor creencia se beneficia del humorismo, de manera parecida a como se beneficia el trato de los miembros de una familia en que, mediante bromas e ironías, se pueden hacer señalamientos importantes entre sus miembros). Es decir, la creencia debe ser purificada de cosas que conspiran contra ella. Esa sería una de las funciones de la risa y la sonrisa, tan importante como la función del llanto lo es en la tragedia, para depurar el sentimiento y pasión diferidas del actor al espectador.

    Ese para mi es el sentido del tratamiento de Luciano a estos temas. No es quizá el sentido principal, no quizá el sentido primero que él tenía en mente e intención, pero en mi opinión, allí existe ese sentido, está presente en sus diálogos, un sentido que no por señalar inconsistencias en el orden divino cae en la impiedad, un sentido que no debería ser obviado en una visión comprensiva del pasado. Por eso lo destaco como un último punto de la antigüedad griega con respecto al tema de lo sobrenatural. No convierto a Luciano en un piadoso, pero no creo que sea justo convertirlo tampoco en un librepensador. Más bien creo que vio en el temario religioso mucha materia para incitar a la reflexión, la crítica y la observación. Si hubiese pensado, extemporáneamente, que todo eso era ‘mentira’, o falsedad, no lo habría utilizado como recurso de sus ficciones que, si no son filosóficas, invitan a pensar.

    Ciertamente, se trata de una crítica que no pudo prosperar en el sentido de que el ideario religioso griego ya no podía reelaborar mejor, más curativa y depuradamente el tema de lo sobrenatural. Para ello tendría que advenir precisamente una creencia nueva que, adoptando elementos del pensamiento griego, pudiera utilizarlos instrumentalmente para explicar mejor y viabilizar o vehiculizar mejor una doctrina en la cual lo sobrenatural va a jugar un papel muy importante, mucho más que en los pueblos antiguos, por cuanto el rol de lo sobrenatural va a alcanzar allí el rango de lo sistemático, y por ello se va a crear en esa doctrina todo un espacio para elaborar el concepto de lo sobrenatural tal como luego vino a ser comprendido en la historia del pensamiento. Esta doctrina, desde luego, es el cristianismo.

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    1. hiramcrespo Autor de la entrada

      Gracias por su intervenciòn. Es cierto que Luciano y casi todos los epicúreos antiguos no estaban haciendo llamados a abolir la religiòn como hacen algunos epicúreos modernos.

      En tiempos recientes en mi blog, The Autarkist, he estado haciendo llamados a estudiar la religiòn como un fenòmeno natural, específicamente como una forma de juego favorecida por la selecciòn natural para ayudarnos a lidiar con bagaje sicològico.

      Le invito a q participe d nuestro grupo en fb si tiene tiempo:
      https://m.facebook.com/groups/281079912064999?ref=bookmarks

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    2. Antonio P.F.

      Me ha parecido muy interesante su reflexión, lo que es de agradecer por mi parte. Me atrevería a destacar los tres puntos que más me llaman la atención:
      • “el sentido del humor entraña no un rechazo sino una crítica…se trata de curar un problema en un tema o en una cuestión…”
      • “si es desmesura el desprecio, el rebajar algo sacándolo de su nivel debido de dignidad, también es desmesura elevarlo a un nivel por encima de su dignidad…”
      • “y si bien lo sobrenatural es algo que puede haber sido concebido tradicionalmente por encima de la dignidad de lo natural, su misma presencia en lo natural entraña que no debe ser sobreestimado sino muchas veces más bien puesto en función de lo natural y de lo humano, porque el recurso a lo sobrenatural es instrumental…”
      Considero en verdad que el humor que critica lo sobrenatural o la religión no está rechazando la religión en sí, como expresión de la fe o creencia de un individuo o pueblo, sino más bien las formas o actitudes que inducen a la persona o sociedad a dejar de ser naturales, lejos de la realidad, pierdan su libertad y se ofusquen por caminos absurdos que le distancien del principal objetivo de la vida, que es conseguir mayores cotas de felicidad.
      Considero que el epicureísmo hace una crítica dura a la religión, como alienación y privatización de la libertad personal, ante el fanatismo que persigue toda superstición o dogmatismo, y cuando se valora como exclusiva “mirada al cielo” que alimenta la anulación más elemental de nuestros sentidos y del medio natural, real y científico. Y todo humorismo que sigue ese camino, igualmente es una crítica de lo sobrenatural no un rechazo, respetando la dignidad que merece la fe o creencia del individuo o sociedad cuando busca el enriquecimiento y la felicidad personal y en sociedad.
      Entiendo por tanto el valor de lo sobrenatural como instrumental, efectivamente, al servicio de lo natural y de lo humano, que despierta y motiva actitudes, justificado siempre que suponga depuración y mejora de la propia fe o creencia.

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  2. Pingback: Itinerario de estudios epicúreos | Sociedad de Amigos de Epicuro

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