La Parábola de la Jarra Rota

jarfEl placer divino, el guía de la vida, convence a los mortales y los conduce de manera que, a través de sus halagos ingeniosas de amor, propaga las generaciones para que no se pierda la humanidad. – Lucrecio, De rerum natura II.172

Continuando la lectura del clásico de Lucrecio Sobre la naturaleza de las cosas (De Rerum Natura), hoy en ocasión del Día de la Felicidad me voy a enfocar en el modo en que Lucrecio nos presenta la filosofía terapéutica y la búsqueda de la felicidad, sobre todo en su parábola de la jarra perforada.

La parábola presenta a Epicuro como un doctor que cura los males del alma. Como todos los buenos médicos, debe evaluar los síntomas y determinar cuál es el problema de salud espiritual. No conozco bien las traducciones castellanas, pero la traducción al inglés de Frank Copley es la más elocuente al describir la situación existencial de un mortal ingrato, no filosófico, cuyas ansiedades van ligadas a un temor a la muerte generalizado que no ha sido tratado ni evaluado.

¿Vas a retraerte, indignado porque debes morir? Vivo y despierto, vives al lado de la muerte; desperdicias la mayor parte de la vida en el sueño, e incluso de vigilia, roncas y sueñas, sueñas; cargas un corazón confundido por temores vacíos. Rara vez puedes decir que los causa cuando, oprimido y borracho y miserable por causa de las preocupaciones continuas, vagas, vacilas y te preguntas en que refugiarte.

Nótese la referencia cuasi-budista al sueño en vigilia. El hombre sueña despierto en su condición ordinaria. Lo que se espera de un filósofo es una especie de despertar, un prestar atención. No lo pensemos como un estado (un sustantivo, que a menudo platoniza lo que significa), sino como un verbo (una actividad). Debemos estar presentes con el fin de saborear la vida.

En la parábola, que está supuesta a servir como terapia para la angustia existencial y el miedo a la muerte, la madre naturaleza aconseja a los mortales a estar listos para dejar este mundo como uno que ha disfrutado de un banquete y está satisfecho. La satisfacción y la gratitud son ingredientes importantes en el cultivo de la ataraxia. En el pasaje del banquete, Lucrecio coloca estas palabras en los labios de la madre naturaleza:

“Mortal, ¿qué tienes de tal grave preocupación
que te hace nutrir quejas demasiado enfermizas?
¿Por qué este lamento y lloriqueo por la muerte?
Porque si tu vida en otro tiempo y por detrás
fue agradecida, y todos tus bienes
no se amontonaron como en cedazo para fluir lejos
y perecer inútilmente, ¿Porqué no,
como en un banquete, exiar los pasillos
cargado de vida? ¿Porqué no con la mente saciada
tomar ahora, necio, tu reposo sin aflicción?
Pero si todo lo que has disfrutado ha sido
prodigado y perdido, y la vida es ahora delito,
¿Porqué buscas agregar más, lo cual a su vez
perecerá vilmente y caerá en vano?
¿Porqué no más bien aceptar un final de la vida
y de la labor? Ya que todo lo que Yo pueda concebir o encontrar
para darte placer, no es nada: todas las cosas son
lo mismo para siempre. Aunque aún tu cuerpo
no se arruga con los años, ni tampoco tu forma se ve exhausta,
caduca, aún así las cosas se quedan igual, incluso si
fueras a conquistar todos los tiempos
de duración; sí, aún si no fueras a morir.”

En el texto, Lucrecio argumenta que si fuéramos a vivir para siempre, finalmente los placeres que la Tierra tiene para ofrecer serían todos iguales. No habría nuevas experiencias, y por lo tanto debe el mortal sentirse saciado al final de una buena vida.

La ingratitud a la vida, a la naturaleza, al tiempo, es un pecado mortal para el filósofo epicúreo y su arte de vivir. El texto luego dice: “Querías lo que no es, despreciabas lo que es … la vida se deslizó entre tus dedos sin forma y desagradable“.

Querías lo que no es, despreciabas lo que es … la vida se deslizó entre tus dedos sin forma y desagradable.

Lo que se dice aquí es que la vida está llena de muchas clases de bendiciones, pero cuando la vivimos sin atención e ingratos, es como si estuviéramos caminando por la vida con una jarra rota. El agua en la jarra perforada se escapa y las bendiciones se desperdician. Con la ayuda de Epicuro, podemos entrenarnos para arreglar la jarra y disfrutar de la plenitud de las bendiciones que la vida tiene para ofrecer en todo momento.

En el Libro VI de De Rerum Natura, hacia el final, Lucrecio visita la metáfora de nuevo diciendo que cuando no somos capaces de experimentar los placeres de la vida, el “fallo debe estar dentro de la jarra“, con la jarra rota aquí representando nuestras propias almas. La idea de nuestro quebrantamiento sería usurpada luego por los cristianos para construir una teología basada en la culpa. En Epicuro y Lucrecio, el objetivo es de esta imagen es solo terapéutico.

Pues cuando el (Epicuro) vio que casi todo
lo que los hombres requieren con más urgencia
estaba listo para entregar a los mortales, y que la vida,
en toda medida posible, se estableció segura,
que los hombres eran señores en las riquezas, el honor, la alabanza,
y eminentes en la buena fama de sus hijos,
y que aún así, dentro de la casa,
aún tenían el corazón ansioso que les irritaba las vidas
sin pausa con tormentos de la mente,
y daban fuertes quejas airadas, entonces
luego el maestro percibió que era
la jarra en sí la que creaba esta maldad, y todo,
no importa cuan sano, lo que de aquí o de allá
fuera recogido en ella, por esta maldad era
agobiado desde dentro, en parte porque vio
la jarra agrietada y con fugas que de ninguna manera
jamás podría ser llenada a rebosar; en parte porque
observó cómo contaminaba con su mal sabor
todo lo que tuviera dentro de sí. Entonces el,
el maestro, con sus palabras verdaderas,
purgó los pechos de los hombres y estableció los límites
de la lujuria y el terror, y expuso
el bien supremo hacia el cual todos nos esforzamos,
y mostró el camino por el que podríamos llegar
hacia el en un corto atajo …. Y demostró
que en su mayoría es en vano que la raza humana
revuelca en su seno las ondas sombrías de la ansiedad.
Porque así como los niños temen y tiemblan ante todo
en la oscuridad sin vista, igual a veces nosotros
tememos en la luz tantas cosas que no son
para nada más temibles que lo que los niños fingen,
estremeciéndose, que les ataca en la oscuridad.
Este terror pues, esta oscuridad de la mente,
ni la salida del sol con sus rayos de luz,
ni las brillantes flechas de la mañana pueden dispersar,
sino solamente el aspecto de la naturaleza y su ley.

La filosofía epicúrea, por lo tanto, está destinada a ayudar a limpiar nuestras almas por medio de mostrarnos la verdad que la naturaleza pone ante nuestras facultades, de limitar nuestros deseos y temores a través de la exposición al estudio de la ciencia y la naturaleza, y de establecer claramente que el propósito de esta vida es la felicidad y cuales son los métodos que llevan con mayor eficacia a la felicidad: Epicuro nos dio una ciencia de la felicidad.

Hoy es el Día Internacional de la Felicidad. Se ha demostrado que el aislamiento y la depresión son riesgos para la salud, epidemias a la par con la obesidad y el fumar. Un mortal inteligente nunca dejaría algo tan sagrado e importante como su felicidad a los caprichos de la fortuna y el azar. La felicidad es un camino mejor pisado conscientemente y en buena compañía. Por favor, comparta literatura y contenido filosófico con sus amigos hoy y cuide de restaurar su propia jarr perforada a través de una educación filosófica. También puede disfrutar de ejercicios de risa profunda del vientre durante quince minutos … o compartir algo gracioso en línea, o llamar a un amigo de esos que son payasos y siempre nos hacen reír. Haga lo que haga, hoy no posponga su felicidad!

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2 pensamientos en “La Parábola de la Jarra Rota

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