Feliz día veinte: Solo pasa

Feliz veinte de septiembre a todos los epicúreos en todas partes. Este mes le doy seguimiento a mi artículo Ateísmo 2.1, que analiza las tensiones entre el ateísmo militante y la ataraxia, y comparto un precepto que nos ha dado el abuelo Nietzsche que podría aplicarse específicamente a los fanáticos ateos contemporáneos.

Sí, desafortunadamente hay tal cosa. El aumento de la frecuencia de los ataques terroristas y la reacción de ciertos homofóbicos insolentes ante la normalización reciente del matrimonio gay han logrado enfurecer a mucha gente de convicción atea que ya estaban indignados de antemano. Sin embargo, nos corresponde guardar nuestras mentes y nuestro carácter constantemente cuando vivimos en un mundo plagado de tantos males, tanto religiosos como seculares.

No vamos, como meros individuos, a arreglar el mundo y todos sus problemas. Sólo vamos a tener que vivir en el, y muy pocas personas llegan a ser capaces de decir “nada me importa”, como el filósofo y comediante George Carlin (al igual que muchos cirenaicos antiguos) sugiere que hagamos. Sin embargo, sería prudente ajustar nuestro arte de vivir a la naturaleza de las cosas y aceptar los límites de lo que podemos hacer para embellecer el mundo, para que todavía podamos disfrutar de nuestro caminar en esta tierra.

En Así habló Zaratustra, Nietzsche bellamente nos proporciona una medicina para esta enfermedad en la forma del sencillo precepto: “Solo pasa“. Él primero debe diagnosticar la enfermedad. El enfermo es un “tonto con espuma en la boca” que “vive en un pantano” con la “gran ciudad” de trasfondo y le pide a Zaratustra que escupa en la escoria de la gran ciudad.

Esta enseñanza es para los “simios de Zaratustra”, un tipo específico de alma atea que se halla perpetuamente indignada por lo que anda mal en el mundo y por eso no se ha permitido a sí mismo crear una vida agradable: siempre quejándose de lo que está mal con la sociedad y repitiendo las enseñanzas del filósofo. Tenga en cuenta que en el mundo alegórico de AHZ, el simio es algo que estamos llamados a superar, que tenemos que desafiarnos a nosotros mismos en un proceso de constante auto-mejoramiento con el fin de ser superior al simio y de evolucionar mas allá de el.

Al tonto en el texto también se le llama un cerdo gruñidor porque él eligió vivir en la inmundicia, en un pantano. Pero también podemos leer esto como una referencia a aquellos miembros de la manada de Epicuro que no han logrado vivir según estas enseñanzas, que deberían saber mas que eso.

“¡Detente de una vez!”, gritó Zaratustra. “¡Por mucho tiempo tu modo de hablar y tu especie me han desagradado!

¿Por qué viviste tanto tiempo por el pantano, que te tuviste que convertir en una rana y un sapo?

… ¿Por qué no entraste en el bosque? ¿Por qué no labraste la tierra? ¿No está el mar lleno de islas verdes?

… Te llaman mi simio, ¡tonto rabioso!: mas yo te llamo mi cerdo gruñidor , con tus gruñidos, hechas a perder incluso mi elogio de la locura.

¿Qué fue lo que primero te hizo gruñir? Debido a que nadie te halagó lo suficiente: ¡por lo tanto, te asentaste al lado de esta suciedad para poder tener motivo para tantos gruñidos, para poder tener motivo para tanta venganza! ¡Porque la venganza, imbécil, es lo que te hace espumar de rabia; Yo te he adivinado bien!

Sin embargo, tu palabra de tonto me hiere, ¡incluso cuando tienes razón! ¡E incluso si la palabra de Zaratustra fuera cien veces justificada, tu nunca aprovecharías mi palabra!

… Este precepto, sin embargo, te voy a dar como despedida, tonto: ¡donde uno ya no puede amar, uno debe solo pasar!

Así habló Zaratustra, y pasó por el lado del tonto y evadió la gran ciudad.

Así habló Zaratustra 3: 7

En las enseñanzas epicúreos, la gran ciudad puede equipararse a la polis, el estado o las muchedumbres: Epicuro nos dijo que no nos concernamos demasiado con la polis y en cambio nos refugiemos en nuestras comunidades familiares, y que la política no es el camino a la felicidad. Zarathustra dice aquí que la vida sólo puede ser agradable si vivimos en un lugar donde podemos amar.

Busque oportunidades en su vida en la que pueda tomar el consejo dado aquí: si encuentra un pantano, o cada vez que se encuentra con la escoria de la gran ciudad, no se refugie allí y no se habitúe al pantano como un sapo . Siempre habrá algún lugar de inmundicia. Usted no tiene que vivir en su inmediatez. No, solo pase de largo.

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