La comedia como arma ideológica

El siguiente artículo es la traducción de Swinish Herds and Pastafarians: Comedy as an Ideological Weapon, que apareció en el jornal clásico Eidolon el 19 de mayo de 2016.

Adelante. Pruébenos durante treinta días. Si no le gustamos, su antigua religión probablemente lo aceptará de vuelta. – Evangelio del Monstruo de Espagueti Volador

Uno de los nuevos movimientos religiosos internacionales de hoy exige a sus fieles llevar un colador de pasta en sus cabezas y, en ocasiones, vestirse como piratas como lo hizo esta pareja para la primera boda pastafariana en Nueva Zelanda. Los miembros de la Iglesia del Monesvol (Monstruo de Espagueti Volador) postulan una vida venidera en una isla paradisíaca que cuenta con piratas, strippers y un volcán de cerveza. Naturalmente, comer espaguetis y albóndigas constituye un sacramento.

El pastafarianismo (cuyo nombre se inspira del movimiento rasta, un culto afrocéntrico jamaiquino para el cual fumar marihuana es sacramento) es una religión-parodia de los últimos días que argumenta que los reclamos sobrenaturales de la mayoría de las creencias son mutuamente contradictorios. Si vamos a actuar como si fueran todos igualmente válidos solo para ser políticamente correctos, entonces también podríamos tratar la idea de que el Creador es una nube intergaláctica voladora de fideos y albóndigascon el mismo respeto inmerecido que ofrecemos a todas las demás creencias no-empíricas.

Los papeles que desempeñan y las tácticas que usan los comediantes y filósofos secularistas en los mundos antiguos y modernos han sido lo suficientemente similares como para encontrar cierta continuidad en sus narrativas, argumentos e identidades. El llamado “nuevo ateísmo” no es nuevo. Pasó por un período de desarrollo detenido, pero su infancia se puede ubicar en rollos polvorientos escritos por antiguos intelectuales.

Tanto la antigua tradición epicúrea como el movimiento secular moderno han tenido que lidiar con temas espinosos de libertad de expresión, privilegio religioso y diversidad. Han empleado tácticas similares en sus respectivas guerras culturales, incluyendo la comedia como un arma contra el autoritarismo y el atraso. También han enfrentado la persecución por dicho armamento. Más específicamente, los practicantes modernos del pastafarianismo están involucrados en el tipo de sátira disruptiva y educativa por la que se dieron a conocer los antiguos epicúreos.

La Iglesia del Monesvol no es la primera religion-parodia en la historia. A veces, los antiguos epicúreos también parecen haber tratado su tradición filosófica legítimamente reconocida como una especie de religion-parodia, cuyo primer indicio es la designación del Canon como el “libro que cayó de los cielos“. El Canon fue la escritura fundacional de Epicuro de Samos, que estableció el estándar materialista de la verdad basada en la observación empírica. El amor de los epicúreos hacia el Canon era tal que sus enemigos intelectuales bromeaban de que el Canon había caído del cielo. Los epicúreos se apoderaron de esta burla y la convirtieron en un chiste interno: ¡el Canon sí había caído del cielo! Era la Biblia atomista, el Corán filosófico.

Más tarde, en el Siglo I antes de la Era Común, el poeta epicúreo romano Lucrecio produjo caricaturas didácticas y divertidas de las creencias de sus contemporáneos que aún resuenan. Después de preguntar por qué Júpiter arroja relámpagos a personas inocentes y no a pecadores, y por qué el dios gasta sus esfuerzos dirigiendo el trueno a los desiertos y otras regiones aisladas, Lucrecio se burla de la idea de los orígenes divinos del rayo:

¿O, a medida que pasan las nubes, sube sobre ellas para apuntar a corta distancia?

Lucrecio, De Rerum Natura VI.402-403

La táctica de la burla sigue hoy en uso entre los nuevos ateos y no hay escasez de cristianos, musulmanes y animistas que atribuyen fenómenos meteorológicos y plagas a un dios enojado y vengativo.

En el Siglo II de la Era Común, el comediante sirio Luciano de Samósata escribió una sátira de Alejandro de Abonoteico, un profeta falso pagano que daba oráculos oscuros a patrones ricos. Sus payasadas nos recuerdan a los televangelistas cristianos y los cultos pentecostales de manipulación de serpientes en nuestros días. Para impresionar a la gente, Alejandro andaba con una serpiente y espumaba en la boca, lo cual Luciano explica acusando al profeta de masticar hierbas que contienen saponina.

La obra de Luciano, titulada Alejandro el mercader de oráculos, es una de las mas famosas y jocosas obras anti-religiosas de la época tardía del Imperio Romano. Casi le cuesta la vida a Luciano. Resulta que Alejandro, aparte de ser vindictive, también era dos-caras. A la vez que llovía favores sobre Luciano, tramaba su asesinato por constantemente mofarse de su culto. Luciano narra el evento en el sexo párrafo antes del final de la obra:

Cuando tuve la intención de navegar, me envió muchos regalos de despedida y ofreció a encontrarnos (a Jenofonte y a mí, es decir, porque yo había enviado a mi padre y familia a Amastris) un barco y tripulación, ofrerta que acepté con toda confianza. Cuando el paso estaba medio terminado, observé al maestro en lágrimas discutiendo con sus hombres, lo cual me incomodó mucho. Resulta que las órdenes de Alejandro fueron de apoderarse de nosotros y arrojarnos por la borda; en ese caso, su guerra conmigo habría sido ligeramente ganada. Pero la tripulación se convenció por las lágrimas del maestro a no hacernos ningún daño. “Tengo sesenta años de edad, como puede ver”, me dijo; “He vivido una vida intachable y honesta hasta el momento y no me gustaría en mi tiempo de vida, con una mujer e hijos también, manchar mis manos con sangre.” Y con ese prefacio nos informó de que estábamos allí para morir y de lo que Alejandro le había dicho que hiciera.

Cuando Luciano intentó acusar al falso profeta, los senadores romanos lo convencieron a abandonar todo el asunto. Muchos de los senadores no sólo eran clientes del profeta, sino también temían las represalias de sus multitudes de seguidores. Luciano reunió historias sobre las prácticas fraudulentas de Alejandro hasta que el profeta murió en la vejez, momento en que publicó la sátira. El falso profeta se escapó de la ley tras un intento un asesinato.

La obra está salpicada de palabras cariñosas de alabanza por Epicuro y su legado, y ostenta haber sido escrita como un acto de solidaridad con los epicúreos. En el párrafo introductorio, vemos una imagen del alegre ambiente cultural de los epicúreos: una especie de “cultura de la comedia”. Luciano, además de ser gracioso, era un narrador brillante y entretenido. Sus allegados, como Celso–al que le dedica la obra–disfrutaron escuchando sus historias tanto que querían un récord para su diversión continua y la de las generaciones futuras.

Volviendo a la historia original de inmunidad y privilegio religiosos: no se nos escape observar que tiene ecos de acontecimientos recientes. Consideremos los violentos ataques islámicos contra los caricaturistas de Charlie Hebdo, la intimidación a los creadores de South Park o a autores como Salman Rushdie. Estos conflictos muestran la tensión entre la comedia y las religiones autoritarias, donde respeto excesivo e inmerecido se canaliza hacia ciertas personas o símbolos. Incluso cuando nuestras sociedades consagran el derecho a blasfemar dentro de garantías amplias de libertad de expresión, hay comunidades bajo el dominio de religiones autoritarias que pueden obligar al estado a anular esas garantías, aunque sea sólo temporeramente.

Se puede argumentar que es precisamente a causa de estos peligros que uno debe emplear ingeniosamente la parrhesia, que se traduce como “crítica franca” o “discurso franco”. Parrhesia fue inicialmente un poder reservado para los ciudadanos griegos libres, pero los filósofos epicúreos lo convirtieron en una herramienta para el constante auto-mejoramiento y educación. Filodemo de Gadara enseñó que “la filosofía cura a través de la crítica franca”.

Filodemo, en su pergamino Sobre la crítica franca, menciona que los filósofos emplean dos formas de parrhesia terapéutica. Por un lado, la crítica privada limpia el carácter humano y purga malos hábitos y enfermedades del alma. Por otro lado, la crítica pública ayuda a emancipar a la gente de las tradiciones ciegas, las convenciones sociales y las opiniones falsas que son degradantes y generan sufrimiento. La idea era diagnosticar una enfermedad del alma para el tratamiento. La parrhesia podía ser desagradable, como una medicina amarga, particularmente cuando el recipiente era rico o arrogante. Los epicúreos se dieron a conocer por mejorar la medicina con “suavidad“, una virtud de discurso dulce. La comedia también puede ayudar a lubricar la dureza de la parrhesia.

La comunidad LGBT también emplea parrhesia de varias maneras. El proceso de salir del armario es la mas conocida. No sólo crea la oportunidad de autenticidad para la persona que sale, sino que fuerza mayor autenticidad en el resto de la sociedad.

El uso de diversas formas de parrhesia es uno de los hilos que une a los activistas seculares y sus aliados modernos y antiguos. El creacionismo y las nociones de intervención divina en la naturaleza eran tan prevalentes para los paganos y laicistas antiguos como lo son hoy para muchos. Los pastafarians han construido un circo entero de parodia alrededor de las creencias absurdas en la creación divina que persisten en el siglo XXI.

Una nota aquí ayudará a ilustrar las diferentes actitudes adoptadas por las comunidades seculares progresistas y religiosas regresivas usando el ejempo de los antiguos epicúreos y los musulmanes contemporáneos. El cerdo se considera sucio e insultante en la tradición islámica, mientras que los epicúreos aceptaron el cerdo como símbolo de la vida agradable de un hedonista. En la villa de Herculano, la comunidad epicúrea exhibía una escultura prominente de un cerdo. El poeta Horacio, en broma, afirmó que era “un cerdo gordo del rebaño de Epicuro”. La comparación de los epicúreos con los cerdos parece haber comenzado como un insulto por las escuelas enemigas inspiradas en el amor de los epicúreos por el placer.

Su alegre afirmación en la poesía y la escultura de ser un rebaño porcino, incluso hasta la adopción del cerdo como un símbolo formal como vemos en Herculano, junto con su designación de su Canon como “el libro que cayó del cielo”, muestra la jovialidad y la disposición de los epicúreos a no tomarse demasiado en serio a sí mismos. Esto parece haber sido un orgulloso rasgo cultural de los epicúreos. Es imposible imaginar a los musulmanes tan fácilmente y en broma asumiendo epítetos como “cerdo”.

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Destapa cualquier cínico y encontrarás a un idealista decepcionado.” – George Carlin

Esta diferencia cultural fundamental caracteriza las guerras culturales moderna y antigua entre secularistas y religiosos. Podemos argumentar que se remonta a Demócrito, el precursor de Epicuro que era conocido como el “filósofo risueño” por hacer de la alegría su virtud clave y por la forma en que se burlaba del comportamiento humano. La tradición de los filósofos risueños tuvo que empezar con el primer atomista: el materialismo nos libera de las creencias infundadas hasta tal punto que hace absurdas las creencias y la credulidad de las muchedumbres.

Los epicúreos y los cínicos han continuado esta tradición. El comediante ateo George Carlin–que, de hecho, estudió filosofía–es uno de los ejemplos más recientes y más brillantes de un filósofo risueño. Utilizaba la comedia y la crítica franca de una manera blásfema, disruptiva y liberadora. No reservaba su mala medicina para la religión solamente. Su discurso contra los banqueros, muchos años antes del colapso bancario del 2008, resultó casi profético.

El fenómeno de las religions-parodia es muy popular hoy entre los ateos militantes. Los pastafarianos adoran al Monesvol y, como protesta y comentarios sobre los excesos del privilegio religioso, en los últimos años se han visto implicados en controversias por insistir en tomarse las fotos para sus tarjetas de identificación official con filtros de pasta sobre la cabeza y por pedir que su fe sea legitimada mediante el censo.

Como hemos visto, los antiguos epicúreos también se comportaban a menudo como una religión-parodia y usaban tácticas parecidas, pero las intenciones políticas detrás de su disrupción tomaban un segundo asiento detrás del valor educativo, filosófico y cómico del producto cultural. En el pasaje titulado “La isla de los bienaventurados” de su Historia verdadera, Luciano inventa y describe con gran detalle un paraíso. Envía a todos los epicúreos y espíritus afines a su versión del cielo, en cuyo centro se encuentra un sagrado pozo de la risa, pero se niega a admitir miembros de escuelas enemigas al describir cómicamente cómo no lograron encontrar la isla. Los aristotélicos, en su camino a la isla de los bienaventurados, se detuvieron y se quedaron perplejos ante la posibilidad de que tal cosa existiera. Los estoicos estaban ocupados escalando la colina de la virtud. Luciano utiliza el ingenio para exponer la doctrina epicúrea de cómo confiar demasiado en la lógica, o fijar metas distintas al placer, puede obstaculizar la felicidad humana.

Del mismo modo, algunos pastafarianos ponen temporeramente todas las bromas a un lado y argumentan que su culto presenta unos puntos filosóficos legítimos acerca de quién lleva la carga de la prueba con respecto a los reclamos religiosas, y cómo toda afirmación sobrenatural improbable es tan válida como el mito de la creación que encontramos en la Biblia.

Hay gran tensión en Europa como resultado del surgimiento del extremismo islámico y muchos occidentales buscan un pasado idealizado para articular una identidad y solidaridad compartida. Aunque Epicuro no era ateo, muchos secularistas frecuentemente buscan en Epicuro un modelo a seguir. Como resultado, este héroe humanista griego está volviendo a la cultura, como lo atestigua la proliferación de contenido y memes epicúreos en las redes sociales. El hombre sabio de Samos incluso ha sido replicado en efigies hechas con impresoras 3D–una tradición escultórica futurista y altamente personalizada que ha comenzado en nuestra generación. Tal vez sea un síntoma de cómo Epicuro está siendo reimaginado para las generaciones futuras por los humanistas modernos.

Nuestros héroes culturales nos podrían ayudar a defender los valores de la civilización occidental y la libre expresión. Epicuro y la tradición de los filósofos risueños proporcionan una rica fuente cultural que satisface el deseo fuerte que muchos occidentales sienten de re-imaginar sus identidades en línea con sólidos principios científicos y seculares.

Los pastafarianos y los nuevos ateos se han apropiado de muchos de los métodos y discursos que los epicúreos propusieron y usaron. Los argumentos de Lucrecio sobre cómo los dioses no hicieron este mundo imperfecto para los humanos todavía hoy se usan. Las llamadas guerras culturales de hoy, cuyas expresiones encontramos tanto en el nuevo ateísmo como en las religiones-parodia, son una continuación de antiguas conversaciones, identidades, tácticas y narrativas de los epicúreos y, más ampliamente, de los filósofos risueños.

La crítica franca y la comedia no son las únicas herramientas epicúreas. También hay suavidad, la virtud del habla dulce y amable por la que los epicúreos eran conocidos, y es aquí que los epicúreos podrían tener algo que añadir al nuevo ateísmo, ayudándonos a encontrar el equilibrio entre militancia y ataraxia–la paz mental estable que era el objetivo final de la terapia epicúrea. El discurso franco es la señal de que somos ciudadanos libres. Pero hay muchas maneras de decir algo, ya veces la utilidad de nuestras palabras se sacrifica en su dureza.

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