Buena vida y buena muerte: ¿Entiende Neil Gorsuch a Epicuro?

“El mismo ejercicio (es decir, el estudio de la filosofía) enseña a vivir bien y a morir bien.”

– Epicuro, Epístola a Meneceo

El séptimo Simposio Anual de Filosofía Epicúrea tuvo lugar recientemente en Atenas, Grecia. El simposio de este año contó con discusiones sobre Lucrecio y sobre la historia, el presente y el futuro de la tradición epicúrea. Pero la presentación que realmente me llamó la atención fue la de Takis Panagiotopoulos sobre la buena vida (euzoia) y la buena muerte (eutanasia). Panagiotopoulos discutió algunos puntos filosóficos y utilizó la manera de muerte de Epicuro–que cuidadosamente se preparó para su fin rodeado de amigos que amaba–como un ejemplo moral a seguir.

La eutanasia ha sido discutida mucho últimamente gracias a la nominación de Neil Gorsuch a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Gorsuch publicó un libro en 2009 llamado El futuro del suicidio asistido y la eutanasia, argumentando contra el derecho a elegir una buena muerte, incluso en casos de enfermedad terminal.

Con Gorsuch en la Corte Suprema, podrían retroceder los pasos vitales que algunos estados han tomado para asegurar el derecho a una buena muerte, incluso en casos de enfermedad terminal o cuando se espera una muerte severamente dolorosa. No importa lo que opinemos de este controvertido tema, es crucial que los humanistas aprendan a considerar, pensar y discutir estas cuestiones de manera inteligente y compasiva, recordando que tal vez tengamos que tomar estas difíciles decisiones un día, y que una vez más el estado–influenciado por opiniones religiosas que pueden o no ser coherentes–podría pronto intentar invadir otra de las decisiones más privadas que conciernen a individuos y familias.

Las enseñanzas epicúreas acerca de cómo la muerte no debe ser temida están expuestas en la Epístola a Meneceo. Pero es quizás el pergamino de Filodemo de Gadara titulado “Sobre la muerte“, donde obtenemos las enseñanzas más completas y coherentes que son relevantes a la cuestión de la eutanasia. El pergamino es una de las obras de la biblioteca de Herculano que sobrevivió la erupción del Vesubio en el año 79 de la Era Común. La biblioteca es un Nag Hammadi epicúreo y el pergamino se basa en las notas tomadas durante las discusiones sobre la muerte que tuvieron lugar entre los escolarcas epicúreos y sus discípulos durante los primeros 200 años de la historia de la escuela.

El pergamino contiene una larga lista de argumentos terapéuticos bien razonados contra el temor a la muerte en sus diversas formas y otras orientaciones éticas sobre la muerte. Por ejemplo, al argumentar que un funeral lujoso no arregla una vida mal vivida, el pergamino alaba a unos legisladores ricos que recientemente habían decidido tomar el dinero reservado para sus arreglos funerarios y gastarlo en cambio en los pobres que viven. Más tarde denuncia el temor irracional de morir sin un funeral al igual que a la gente que lamenta tal o cual modo de morir:

31.5 Entre los legisladores, también, aquellos que dispusieron naturalmente y bien, hemos visto que en realidad han evitado gastos excesivos en los funerales, alegando que los vivos estaban siendo privados de servicios: muchos dan órdenes de acabar con sus bienes precisamente porque les molesta esto.

32.20 ¿Quién, al considerar el asunto con una cabeza clara, va a suponer que hace la más mínima diferencia, mucho menos una gran diferencia, si es sobre tierra o debajo de la tierra que uno está inconsciente?

Filodemo reconoce que si lo único que nos queda es miseria y dolor, la muerte es naturalmente deseable. No hay duda de lo que opinan los epicúreos con respecto al derecho a una buena muerte en caso de enfermedad terminal, o en el caso de quien está en agonía en el campo de batalla esperando a morir. Cualquier mortal compasivo puede comprender que la vida, para un ser sufriente, debe ser agradable. Si no hay oportunidad de placer, y en cambio la única expectativa de un ser es pasar el resto de sus días en dolor y agonía intolerables, la muerte es naturalmente deseable. Algunas personas se refieren a esta amarga elección de aliviar el dolor como “muerte con dignidad”. Las discusiones modernas sobre la eutanasia nos hacen sentir incómodos y muchos son reacios a aceptarla como una opción. Esto es quizás como resultado de que la conversación sobre la buena muerte no ha madurado lo suficiente en nuestra cultura, pero el resultado de esto es que mostramos más compasión por nuestras mascotas en este sentido que con otros seres humanos

La única pregunta que queda para aquellos que creen en el derecho a una buena muerte es: ¿Quién decide si el dolor es lo suficientemente insoportable como para justificar la eutanasia? Vale la pena considerer la cuestión moral sobre los derechos de los seres queridos en los casos en que la persona moribunda es incapaz de decidir. Pero el estado, como un partido impersonal y neutral (y además incapaz de sentir sufrimiento), ciertamente no debería ser quien decida o niegue la eutanasia a los pacientes. Si el estado niega el derecho a morir con dignidad a un individuo cuya única expectativa es morir en poco tiempo y con gran dolor, entonces el estado se ha declarado amo del individuo, ha negado la autonomía de esa persona y ha declarado el cuerpo del ser humano viviente como su propiedad.

El miedo a la muerte no es antinatural, por lo que no debemos juzgar a los demás por sus temores. La muerte es final y puede ser aterradora. Pero si la muerte ya es aterradora para muchas personas, ¿por qué empeorarla al quitarles el poco control que pueden tener sobre su modo de morir en los casos de enfermedad terminal?

Mientras defendemos el derecho a una buena muerte, también admitimos que la decisión irreversible de tomar la propia vida no debe tomarse a la ligera. Las fuentes epicúreas advierten contra el suicidio en la mayoría de los casos. Panagiotopoulos señaló en su presentación del simposio que, hasta donde sabemos, Diodoro es el único epicúreo en la antigüedad que se suicidó. Nuestras fuentes son claras al decir que elegir la muerte es sólo natural en los casos de agonía física final. El único antídoto contra las tendencias suicidas en cualquier otro caso es vivir bien: por eso vivir bien y morir bien es lo mismo. El poeta Lucrecio argumentó que se debe vivir una vida tan llena de placeres que, cuando llega la muerte, uno se siente tan satisfecho como quien ha disfrutado de un banquete.

Como dijo Filodemo de Gadara: “¡Por lo tanto, vive bien y muere bien!”

Este artículo apareció originalmente en inglés en The Humanist.

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