La justicia natural

La justicia absoluta se logra por medio de suprimir toda contradicción: por lo tanto destruye toda libertad. – Camus

En un ensayo previo discutí algunos de los rudimentos de la moralidad laica, y luego publiqué otro que le dio seguimiento. Este ensayo es una continuación de las ideas en ese ensayo, de nuevo, con la intención de ayudar a la gente a articular estas ideas cuando argumenten con personas religiosas o de convicciones neo-platónicas.

Con frecuencia cuando la gente piensa en como las ideas epicúreas se pueden aplicar al colectivo, piensan en el utilitarianismo, que se define como el máximo placer para la máxima cantidad de gente, y el evitar el máximo dolor a la máxima cantidad de gente.

Aunque el utilitarianismo–filosofía articulada por Jeremy Bentham–tiene sus innegables méritos, se crean ciertos problemas a la hora de aplicar principios hedonistas (que se conciernen con el placer, que es una experiencia subjetiva e individual) al colectivo. El hedonismo es una filosofía individualista y para individuos libres. En el ámbito social, el hedonismo clásico se limita al contractarianismo y se enfoca en los convenios y contratos a los que entramos por voluntad propia. En ese sentido, es mas bien libertario, mientras que Bentham, en su intento por tratar de aplacar a las muchedumbres, podría crear situaciones en las que el individuo (y sus derechos civiles, sus libertades, su felicidad, su seguridad, y en fin su individualidad) peligran de ser sacrificados en el altar del colectivo, sobre todo si las muchedumbres son necias, xenofóbicas, o caen en el fanatismo religioso.

Por eso es bueno refrescar nuestro entendimiento del hedonismo pre-utilitario clásico, cuyo modelo de convivencia social es mas bien contractario. El entendimiento es que somos siempre, y ante todo, individuos libres y que podemos contractar o podemos no-contractar con otros individuos. Y solo de el contrato social es que nacen los deberes. Si no contractamos, no existen responsabilidades mutuas.

Muchos de los partidarios de este libertarianismo clásico consideran que cualquier otro concepto de moralidad implicaría que el ser humano no nace libre o no es libre. El concepto del contrato es legalista, y por lo tanto tiene que ver con justicia, con lo que es justo.

La justicia epicúrea se basa en el concepto de la ventaja mutua, y las raíces y fuentes de esta corriente intelectual se hallan en la última cuarta parte de las Doctrinas Principales. Vamos a tomarlas en orden para entender lo que dicen e implican:

31. La justicia natural es un acuerdo de beneficio recíproco para prevenir que un hombre haga daño o reciba el daño de otro.

32. Aquellas creaturas que son incapaces de hacer acuerdos con los demás a no infligir sufrimiento ni ser heridos no conocen ni la justicia ni la injusticia; y lo mismo para aquellas personas que no pudieron o no quisieron entrar en estos acuerdos.

Primero se nos dice que la utilidad de estos acuerdos o contratos viene de como se evita que los hombres y mujeres se hagan daño mutuo, y a la vez producen ventaja mutua. Por ejemplo, si cinco o seis vecinos en un desierto tienen accesso a un solo pozo de agua, les sería ventajoso tener un tipo de acuerdo o pacto para compartir ese recurso y a la vez vivir en paz y seguridad. DP 32 explica que los animales y seres que son incapaces de entrar en contratos de ventaja mutua (al igual que los que no desean hacerlo) caben fuera de nuestras consideraciones sobre justicia. Luego, Lucrecio en “De la naturaleza de las cosas” argumentará que las sociedades crean leyes para proteger a los niños, desposeídos, o a los animales indefensos, porque está en nuestra naturaleza protegerlos, pero estas partes del contrato social no nacen de los animales ni de los inválidos, etc., sino de los demás individuos en una sociedad, que son capaces y están dispuestos a articular estas reglas sociales (si es que son compasivos).

Noten que se habla de justicia natural. ¿A que se debe esto? Hay varias maneras de entenderlo, pero DP 33 nos ayuda a considerar que Epicuro estaba reaccionando contra Platón y los conceptos religiosos de justicia absoluta, o justicia como un producto sobrenatural de algún dios que entrega leyes a los hombres. Estas ideas abundaban en la antigüedad: lo vemos en Moisés, pero también en el concepto de ma’at de los egípcios, los mu de los sumerios, etc. Por eso los epicúreos dedicaron tiempo a desarrollar doctrinas de justicia natural, no-religiosa. Una característica principal de este concepto de justicia natural como ventaja mutua, es que es relacional, relativa, contextual.

33. Nunca hubo tal cosa como justicia absoluta, solo acuerdos mutuos entre los hombres en distintos lugares y tiempos que evitaban el generar daño o recibirlo.

34. La injusticia no es un mal en si mismo, sino solo en consecuencia del miedo asociado con ser descubierto por los que están a cargo de castigar tales acciones.

35. Es imposible para un hombre que viola en secreto los términos de un acuerdo a no dañar ni ser dañado que se sienta confiado de que permanecerá sin ser descubierto, aún si ya ha escapado diez mil veces; pues hasta su muerte nunca estará seguro de que no va a ser detectado.

Consistente con el enfoque en la experiencia directa del individuo como el estándar ético, medida en términos de placer-aversión, DP 34-35 hacen eco al rol que le atribuyen pensadores como Confucio a la vergüenza y a la necesidad de que personas de buen carácter sirvan de modelos éticos en toda sociedad, instruyendo y avergonzando a los menos desarrollados. Estos versos acentúan conceptos básicos sobre la educación del carácter, al reconocer y hacer uso de los incentivos sociales concretos que mejoran el carácter. El refuerzo de las autoridades morales y legales externas tiene su utilidad natural. Epicuro, al educar a los niños en el jardín, también aplicaba la vergüenza y fortalecía la buena conducta con incentivos, con afecto y expresando orgullo en ellos al comportarse bien.

Vemos que, incluso muchas personas que no aceptan estas ideas, en práctica encarnan la verdad en ellas. La interminable ristra de escándalos sexuales en la iglesia católica son un ejemplo de como, si creen que pueden hacerlo con impunidad, muchos sacerdotes llevan a cabo abuso sexual. Su acusación del hedonismo como un camino hacia la inmoralidad lo que pone en relieve es su hipocresía versus la autenticidad del filósofo natural materialista.

Las últimas tres de las Doctrinas Principales relacionadas a la justicia natural explican en detalle el modo en que la justicia es siempre relativa a las circumstancias y debe siempre cambiar de acuerdo a ellas. Implícito en estas doctrinas queda el entendimiento de que los seres humanos crean las leyes y las reglas según las cuales viven y que los seres humanos las pueden cambiar según las consideraciones pragmáticas y de ventaja mutua.

36. En general, la justicia es la misma para todos, ya que es algo basado en la ventaja mutua en los asuntos humanos, pero en su aplicación a lugares o circunstancias particulares, la misma cosa no es necesariamente justa para todos.

37. Entre las cosas que la ley considera justas, todo lo que sea comprobado ventajoso en los asuntos de los hombres tiene la estampa de justicia, sea o no lo mismo para todos; pero si un hombre crea una ley y no prueba que es de ventaja mutua, ya no es justa. Y si lo que es de ventaja mutua varía y solo por un tiempo corresponde a nuestro concepto de justicia, aún así durante ese tiempo es justo para aquellos que no se preocupan con palabras vacuas sino que miran simplemente los hechos.

38. Donde sin ningún cambio de circunstancias, se observa que las cosas consideradas justas por la ley no corresponden con el concepto de justicia en práctica, tales leyes no son en realmente justas; pero dondequiera que las leyes han dejado de ser ventajosas por un cambio de circunstancias, en ese caso las leyes fueron justas durante el tiempo en que fueron mutuamente ventajosas para los ciudadanos y luego dejaron de serlas cuando ya no eran ventajosas.

Con un entendimiento sólido de esto, podríamos evaluar las leyes actuales a la luz de las ventajas y las desventajas mutuas que producen–por ejemplo, en el caso del estatus ilegal del canabis, que llena las cárceles de jóvenes que serían considerados empresarios si el canabis fuera legal, y que contribuirían enormemente a la prosperidad. Aparte, se benefician muchas otras partes: el gobierno podría imponer un impuesto, la agricultura crecería, etc. En cuanto a las desventajas, solo se deberían expandir leyes similares a las que ya existen con respecto al consumo de alcohol al conducir, etc. para que apliquen al canabis.

Noten que, aunque en Puerto Rico este asunto ha avanzado, la oposición ha surgido de sectores que validan conceptos supersticiosos de la justicia como absoluta y descendida del cielo, y que no reconocen la ventaja mutua o la utilidad pragmática como componentes de la justicia natural. Toda la sociedad paga el precio cuando se aceptan sin cuestionar conceptos morales no-naturales. El platonizar a la justicia produce una falta de claridad sobre lo que ella produce en práctica, en la naturaleza y en la sociedad.

Del mismo modo, podríamos preguntar dónde está la ventaja mutua en todas las leyes por las que nos gobernamos.

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