Reseña de “De l’inhumanité de la religion”

An English version of this review was published in societyofepicurus.com.

No sé lo que es un hombre, solo cual es su precio. – Bertolt Brecht

El libro “De la inhumanidad de la religión“, del autor belga de habla francesa Raoul Vaneigem, fue fuertemente recomendado–junto a literatura de Michel Onfray, y por buena razón–por los bloggers de Las Indias con motivo del Día del Libro. Afortunadamente para mí, el francés es mi tercer idioma, que no tengo la costumbre de practicar, por lo que disfruto mucho adentrarme en literatura filosófica provocadora en ese idioma.

En un blog reciente titulado La correlación estadística entre los niveles de religiosidad y de disfunción social, discutí el meta-estudio de Paul Gregory que establece cómo la religiosidad está estadísticamente vinculada a la pobreza, altas tasas de criminalidad, bajos niveles de logros educativos y otras disfunciones sociales. Una de las repercusiones de estos datos, o un modo de interpretarlos, es entendiendo que para batallar por una sociedad mas laica, va a ser necesario batallar contra la pobreza. Siéntase libre de leer ese artículo y escanear sus fuentes como un preámbulo al festín intellectual que sirve Vaneigem, ya que ayuda a contextualizar esta discusión.

El recinto agrícola como la cuna de la religión

De l’inhumanité de la religion sostiene que hay razones materiales para el surgimiento de la religión. Vaneigem describe cómo cambió la vida de nuestros precursores que vivieron en los albores de la era agrícola en “l’enclos agraire” (el recinto agrícola) y sostiene que los inicios de la religión organizada se pueden rastrear allí.

Antes de la revolución agrícola, la sociedad humana no estaba tan estratificada como lo estuvo después con la agricultura, que creó la necesidad de explotación del trabajo humano a gran escala por sociedades más organizadas y más deshumanizadas. En este problema del trabajo como deshumanización es que Vaneigem se enfoca, y cómo las concepciones religiosas–particularmente las del sacrificio, incluyendo el sacrificio de sangre y la “maldición” bíblica del trabajo diario–se convirtieron en una parte prominente de la cosmovisión del hombre, reduciéndolo al estado de una bestia de carga.

Vaneigem argumenta que en la Era Neolítica, el hombre de deseo y creación se separó del hombre de producción y mercado. El hombre convirtió su líbido en cantidades de trabajo y sintió un “problema existencial”. Mientras que algunos pensadores han tratado de resolver este problema aconsejando métodos revolucionarios, el autor señala que incluso la revuelta de Marx enajena al individuo y mata su alegría porque mantiene al hombre trabajando arduamente en beneficio del colectivo: el hombre en el socialismo o el comunismo todavía vive para el el bien de los demás.

“El Espíritu” como imposición de labor

La mentira celestial simplemente da su firma de endoso a la verdad de la explotación terrestre y respalda la compra de aquellos que se auto-resignan.

Aceptar la tiranía del destino inevitable–o cualquier versión de una maldición primal o de fatalismo–sobre todo cuando uno es pobre, casi invariablemente significa trabajar en sumisión, muchas veces dando gran parte de los frutos de nuestra labor a otros. Revisemos una de las maldiciones iniciales que la Biblia arroja sobre el hombre.

Entonces dijo a Adán: Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. – Génesis 3: 17-19

Antes de que el hombre fuera “expulsado” del paraíso primordial de los cazadores recolectores, no solo había abundancia de una manera que había estado sosteniendo a los humanos durante milenios, sino que también la gente había trabajado solo dos horas en promedio por día para conseguir comida.

El Ser Supremo como “ente” que impone el trabajo no solo se encuentra en la Biblia. En Oriente, también se cree que el sistema de las cuatro castas fue establecido para toda la eternidad por la Suprema Personalidad de Dios, el propio Señor Krishna, como se relata en el Gita.

De acuerdo con las tres modalidades de la naturaleza material y el trabajo asociado a ellas, las cuatro divisions (castas) de la sociedad humana son creadas por Mí. – Shri Krishna, en el Bhagavad Gita 4:13

Vaneigem hace un buen trabajo al abordar la proverbial división platónica entre el espíritu y la carne en términos de cómo afecta la relación existencial del hombre con el trabajo forzado. Habla de cómo “el espíritu domina, la materia es dominada“, cómo el espíritu “mutila el cuerpo“, y cómo la creencia en el espíritu (que no es real o natural) es enajenación y objetifica a las personas y cuerpos (que sí son reales y naturales).

El autor señala cómo los deseos, la alegría y el sexo generalmente solo pueden ser entretenidos por la noche, y algunas veces de manera avergonzada, porque son “inútiles” (es decir, constituyen actividades de ocio y no conducen al beneficio de los explotadores del hombre), mientras que de día tenemos que trabajar. Por lo tanto, la división platónica ha sido experimentada por el hombre en términos de cómo dividimos nuestras actividades nocturnas y diurnas, con el esfuerzo laboral que es experimentado como violencia perpetrada sobre la mente, el cuerpo y la naturaleza durante el día, mientras que en la noche los sueños revelan “la escritura secreta del cuerpo“.

Entre las otras repercusiones existenciales del trabajo forzado, la más frecuente y la más fácil de cuantificar y observar en nuestra sociedad es la que vemos en la salud pública. Se afirma que alrededor del 75% de las visitas al hospital tienen su origen en síntomas psicosomáticos relacionados con el estrés:

El placer de ser fue reemplazado por la ansiosa codicia de tener.

Raoul Vaneigem es bastante directo y lúcido en su francés, y la mejor manera de introducir ideas claves en el libro es permitiéndole hablar en traducción directa

El poder divino nace de la impotencia a la que la economía condena al hombre desde el momento en que lo arrebata de la vida para reducirlo al trabajo. La idea de Dios como creador … amo del hombre o árbitro de su destino es la farsa de un sistema donde el verdadero poder específicamente humano, la creación, es disuelto por la necesidad de trabajar.

… Al contrario de lo que ha sido … proclamado a lo largo de los siglos, la debilidad del hombre no es inherente a su naturaleza. Viene de su desnaturalización, su renuncia al único privilegio que lo distingue de los otros reinos: la facultad de recrear el mundo con el objetivo de disfrutar de la creación de su propio destino.

El saqueo de la creatividad del hombre en beneficio de unos pocos, o de muchos, o en beneficio de alguna abstracción, fue llevada a cabo de acuerdo con la lógica de la religiosidad sacrificial, pero Vaneigem argumenta que surge del instinto predatorio por parte de aquellos en el poder, y con la ayuda de los clérigos.

Es aquí que el autor elabora una interesante tesis: la religión se origina en el juego. Sostiene que, antes de la revolución agrícola, cuando la mayoría de los humanos eran cazadores-recolectores, la religión natural en su forma original era una forma de juego. Él piensa que inicialmente, el comportamiento pre-ritual era jugar, era inocente y retenía elementos infantiles. Pero luego, cuando la agricultura creó la necesidad del trabajo, quienes alcanzaron el poder adquirieron la asistencia de los sacerdotes. Estos introdujeron la perversión del “terror sagrado” y el juego ritualizado, absorbiendo lentamente el carácter juguetón, la espontaneidad y la inocencia en el ritual formal. La concepción del “temor a Dios”, del terror o miedo sagrado, destruyó el ritual como juego. Así, pronto el terror inspiró obediencia, conformidad, sumisión. Esto nos recuerda la concepción bíblica de lo sagrado–“kedosh“–que implica tanto lo que es separado, como lo que es tabú, prohibido, que no debe nombrarse para no faltarle el respeto.

Si Vaneigem tiene razón, es posible que podamos reinventarnos el juego religioso y purgarlo del terror sagrado para explorar una espiritualidad natural inspirada en un tipo de primitivismo epicúreo.

La naturaleza versus el mercado

Donde el mercado es todo, el hombre no es nada.

Al postular una “desnaturalización del mercado“, el autor también está diciendo que existe una tensión entre la naturaleza y el mercado.

Un problema creado por esta tensión tiene que ver con la forma en que algunas personas se lucran de la escasez, y obedece a su interés propio el introducir de vez en cuando escasez para aumentar artificialmente sus ganancias. No solo es rentable la escasez, sino que con frecuencia en la sociedad consumista los valores de intercambio y de uso no coinciden (es decir, el precio de algo no tiene que ver con su utilidad real), pero la lógica del mercado, del lucro y de la escasez continúa operando incluso cuando se trata de artículos de primera necesidad. Esto genera miseria, pero también violencia.

En Naturalist Reasoning on Friendship, argumenté que el comportamiento humano sigue dos patrones que tienen paralelos en dos sociedades de simios: el paradigma de abundancia entre el bonobo produce sociedades de cooperación donde “hacer el amor, no la guerra” parece ser la ley, mientras que los chimpancés son más jerárquicos y mucho más violentos. Esto se explica por el hecho de que los chimpancés evolucionaron aislados de los bonobos, separados por un río, y los bonobos nunca tuvieron que pelear por alimentos y recursos gracias a la abundancia en su territorio, mientras que los chimpancés enfrentaron escasez a lo largo de su historia evolutiva, por lo que aprendieron a competir y luchar. Se pueden observar patrones similares de aumento de la violencia en las sociedades humanas marcadas por la escasez, versus menos violencia en las sociedades que disfrutan de abundancia.

La corrupción, con su antítesis de pureza e impureza, no tiene major aliada que la pobreza. Su determinación de destruir la escuela, la vivienda, el transporte, la agricultura natural, la industria útil para la sociedad, regresa con la vieja tradición del oscurantismo religioso que es tan bueno para sus negocios.

El autor argumenta que la apertura de los mercados mata la religión y que, históricamente, ha habido tensión entre el recinto agrícola (“l’enclos agraire”), que está aislado y favorece a la religión, y la apertura cosmopolita del mercado, que introduce ideologías extranjeras y nos alienta a cuestionar la doctrina del grupo a que pertenecemos. Podemos evaluar el trumpismo, Brexit, Le Pen y movimientos similares–con su desmantelamiento de acuerdos comerciales internacionales y su desconfianza de todo lo extranjero–como este mismo provincialismo religioso / nacional del tipo del que habla Vaneigem, donde las personas marginadas por el totalitarismo económico neoliberal buscan refugio en lo familiar.

Otra forma en que la naturaleza y el mercado están en tensión es por dos problemas causados ​​por el consumo excesivo: 1. los males ambientales y 2. el empobrecimiento y esclavitud provocados por la deuda masiva. El consumismo y la inutilidad lucrativa–la frecuente falta de relación entre el valor de uso y el valor monetario de las cosas–fomentan la enajenación, los deseos insaciables, así como la deuda, la cual a su vez engendra la esclavitud salarial.

Vaneigem menciona el problema separado del control de la natalidad en lo que se refiere a la religión y la pobreza. Incapaces de reproducirse teniendo hijos propios, los sacerdotes alientan a las personas a sobre-reproducirse de forma irresponsable, independientemente de las posibilidades que tendrán estos niños de poder vivir una vida agradable, obtener una buena educación y escapar del círculo vicioso de la pobreza. En el caso de algunas sociedades católicas muy disfuncionales, como México, esto también produce problemas multiplicados como los descritos en Niños indeseados en la frontera y el malvado legado del catolicismo.

Conclusión

Por milenios, la mayor parte de la gente ha tejido su identidad en torno al trabajo, sin conocer verdadera libertad. Por esta razón, Vaneigem dice que, incluso después de haber abandonado las ilusiones religiosas, “las viudas de su opresión vuelven a la religión, sin saber quiénes son sin ella“. Concluye su inspirador libro ofreciendo soluciones a este problema y llamando a una filosofía que afirma la vida. Esto incluye un llamado a sanar la división platónica: debemos restaurar la unidad del cuerpo y la conciencia.

Los deseos abortados engendran a los Dioses, los deseos engendrados los abortarán … Dios y sus avatares no son más que los fantasmas de un cuerpo mutilado.

Solo la aspiración a vivir permitirá el deceso de la religión.

Algunas de las citas del libro suenan como paráfrasis de las cosas que Epicuro había dicho. Por ejemplo, el paradigma creado cuando dejamos de tratar de explotar la naturaleza y otros seres humanos nos recuerda la enseñanza de Epicuro de que no debemos “forzar a la naturaleza“.

La naturaleza está llamada a escapar del trabajo opresivo que la desnaturaliza. La tierra ya no es un territorio para la conquista, sino el sitio de la creación de alegrías infinitas.

Hacia el final del libro, Vaneigem ofrece una imagen del tipo de creatividad que requiere el proceso de autocreación, la que me recuerda al Pozo de la Risa de Luciano. El libro hace un gran trabajo revisitando el primitivismo epicúreo y llamando a un retorno a un alineamiento con la naturaleza. También me recuerda el tercer principio de la autarquía extraído del pergamino de Filodemo sobre la administración de propiedad, que dice: “el filósofo no hace trabajo forzoso“. A medida que nos reemplazan cada vez más los robots, nuestra necesidad de reinventar el trabajo y el evangelio epicúreo de vivir vidas de placer y libertad, se convertirán en imperativos morales.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s