Epístola de Epicuro a Pítocles

La siguiente obra es parte de Epítome: Escrituras epicúreas.

1. Epicuro a Pítocles, deseando que esté bien1.

2. Cleón me ha traído su carta, en la que continúa mostrándome un afecto digno de la amistad que tengo con usted. 3. Usted dedica toda su atención, me dice, a grabar en su memoria aquellas ideas que contribuyen a la vida feliz. 4. Al mismo tiempo, me pide enviarle un simple esbozo de mis ideas sobre la astronomía para que se acuerde sin dificultad. 5. Ya que usted dice que lo que he escrito sobre este tema en mis otros trabajos es difícil de recordar, incluso con el estudio continuo.

6. Voluntariamente cedo a su deseo y tengo buena esperanza de que, en el cumplimiento de lo que pide, también seré útil a muchos otros, especialmente a los que son todavía nuevos en el conocimiento real de la naturaleza, y para aquellos para quienes las perplejidades y los asuntos ordinarios de la vida dejan poco tiempo para el ocio. 7. Tenga cuidado, entonces, en apoderarse de estos preceptos a fondo. 8. Grábelos profundamente en su memoria y medite sobre ellos junto con el esquema que anteriormente he escrito y dirigido a Herodoto, que también le envío a usted2.

8. En primer lugar, recuerde que el único objetivo de conocimiento de la astronomía es un firme entendimiento que de lugar a la calma y la libertad de la ansiedad, ya que este es el objetivo de todas las ciencias.

9. No es bueno desear cosas que son imposibles, por lo que no es bueno tratar de definir una teoría uniforme de todo3. 10. En consecuencia, no debemos tratar de adoptar aquí en astronomía el método que hemos seguido en nuestras investigaciones en la ética o la filosofía natural. 11. En esas áreas, hemos sido capaces de decir, por ejemplo, que no hay otras cosas excepto la materia y el vacío, que las partículas proporcionan los principios que explican todas las cosas, y así sucesivamente. 12. Hemos sido capaces de dar una explicación precisa y simple para cada hecho, y conformar nuestra explicación a la evidencia observable.

13. No podemos actuar de la misma manera con respecto a las cuestiones astronómicas. 14. Las cosas que observamos en el cielo pueden surgir de varias causas diferentes y por lo tanto podríamos nombrar un número de diferentes teorías que todas estarían de acuerdo con las observaciones de nuestros sentidos. 15. En estas cuestiones astronómicas, no tenemos pruebas suficientes para razonar definitivamente y establecer nuevos principios confiables con certeza para la interpretación adicional de la naturaleza. 16. Las únicas a seguir son las apariencias mismas. 17. Nuestro objetivo no es producir un conjunto de teorías elaboradas y opiniones vanas, sino para producir una vida exenta de todo tipo de falso temor.

18. Las cosas que vemos en el cielo no inspirarán alarma en nosotros si podemos evitar depender de la pura especulación al explicarlas y si, en cambio, podemos determinar explicaciones razonables que sean consistentes con la evidencia que podemos observar. 19. Pero si abandonamos el razonamiento verdadero y renunciamos al esfuerzo de buscar explicaciones que sean consistentes con la evidencia que podemos observar en el cielo, y también consistente con fenómenos similares que observamos aquí en la tierra, entonces alejamos de la ciencia natural y caemos de lleno en fantasías y fábulas.

20. Es posible que los fenómenos celestes puedan simplemente parecerse a los fenómenos que nos rodean aquí en la tierra, sin que exista realmente una verdadera similitud. 21. Ya que los fenómenos celestiales se pueden producir por muchas causas diferentes y no tenemos pruebas suficientes para saber cuales son correctas. 22. Sin embargo, el único camino lógico a seguir para nosotros es observar la evidencia disponible, tratar de distinguir las circunstancias en las que aparece esa evidencia y luego comparar esa evidencia a fenómenos similares aquí en la tierra que surgen ante nuestros propios ojos, sobre los que tenemos pruebas suficientes para la certeza.

23. Cuando usamos el término “el mundo”4, nos referimos no solamente a la tierra en sí, sino también a un conjunto de cosas contenidas por el cielo que incluyen la luna, las estrellas y todos los objetos visibles. 24. Esta colección, separada del infinito, termina en una extremidad. 25. Esta extremidad puede ser delgada, o densa, o giratoria, o en un estado de reposo, o redonda, o triangular, o de alguna otra forma. 26. Cualquiera de estas alternativas es posible: no las contradice ninguno de los hechos de este mundo en el cual no se puede discernir una extremidad en ninguna parte5. 27. Es fácil ver también que el número de mundos similares al nuestro en todo el universo es infinito, como es el hecho de que el espacio entre los mundos también está hecho de materia y espacio, y no está absolutamente vacío como algunos filósofos pretenden.

28. Una teoría sobre cómo se producen los mundos es que las semillas elementales adecuadas emanan, ya sea de uno o más mundos existentes o desde el área que está entre los mundos existentes, y estos elementos fluyen hacia un punto particular donde se recopilan y organizan6. 29. Después de eso, otras semillas se les unen, de tal manera que forman un todo durable, que puede ser considerado como un núcleo al que todas las adiciones elementales sucesivas se unen.

30. En esta cuestión de la formación de los mundos, no debemos contentarnos con decir, como hacen algunos filósofos naturales, que los elementos que se unen para formar mundos vienen del vacío bajo la influencia de la “necesidad” o “destino”. 31. Estos hombres dicen que el cuerpo que se produce así aumenta de tamaño hasta que se estrella contra algún otro cuerpo, pero esto es contrario a la evidencia, pues nada puede venir de la nada, que no es nada7.

32. También se teoriza que el sol, la luna y las otras luces que vemos en el cielo se formaron originalmente por separado, y más tarde fueron puestos en todo el total de lo que llamamos nuestro cosmos. 33. Todos los demás objetos contenidos en nuestro mundo, por ejemplo, la tierra y el mar, también se formaron espontáneamente y posteriormente ganaron tamaño, mediante la adición y el movimiento de sustancias ligeras, similares a los elementos del fuego y el aire, o ambos8. 34. Esta explicación está de acuerdo con lo que observamos con nuestros sentidos.

35. En cuanto al tamaño del sol y de las otras estrellas, creemos que son aproximadamente del mismo tamaño que parecen ser9. 36. La única evidencia que tenemos en cuanto a esto es lo que vemos, y en base a lo que vemos el sol puede ser más grande o más pequeño que el tamaño que parece ser, o casi lo mismo. 37. Basamos esto en el hecho de que cuando observamos los incendios a distancia, que no parecen reducirse de tamaño tanto como lo hacen otros objetos. 38. Pero de todas las dificultades en esta materia serán fácilmente despedidos si uno siempre se acuerda de separar claramente en su mente las cosas que son ciertas de aquellas cosas que no son ciertas, como he mostrado en mis libros sobre la naturaleza.

39. La salida y puesta del sol, de la luna y de las estrellas, puede tener una variedad de causas. 40. Es posible que se conviertan en ignición y luego se extinguen a medida que pasan por encima de nosotros, o pueden pasar por encima y luego por debajo de la tierra, o puede haber otras causas10. 41. También podemos entretener a otras teorías para explicar estos movimientos, siempre que dichas teorías no contradicen lo que observamos.

42. El movimiento de las luces en el cielo puede ser causado por el movimiento circular de todo el cielo, o porque las luces se mueven mientras que el cielo permanece inmóvil. 43. No hay nada en lo que vemos que contradice la teoría de que en un principio, antes de la formación de nuestro mundo, las estrellas y los planetas recibieron un impulso natural de este a oeste, y que ahora su movimiento continúa mientras que el fuego en ellas consume más combustible.

44. Los movimientos del sol y de la luna entre los trópicos pueden ser causados por la forma de los cielos, según lo establecido por la naturaleza, por necesidad, hace ya mucho tiempo, o en la resistencia del aire a través de la cual viajan. 45. La causa podría ocurrir porque se queman hacia el combustible que los alimenta, o porque originalmente recibieron un impulso que hace que se desplazen en una dirección en espiral11. 46. La evidencia se puede observar no contradice ninguna de estas diferentes teorías. 47. Podemos desarrollar otras teorías también, siempre y cuando prestemos la debida atención a lo que es consistente con la evidencia ante nosotros y siempre que traigamos cada teoría de vuelta a algo que es similar a lo que podemos observar en nuestro mundo. 48. Cualquiera de estas teorías nos permitirá explicar los fenómenos razonablemente sin inquietarnos con las especulaciones miserables de los astrólogos.

49. La creciente y menguante de la luna también pueden tener varias causas. 50. Estos pueden surgir de algún cambio en la forma en que se genera la luz de la luna, o porque otro cuerpo se interpone entre la Tierra y la Luna, o por otros motivos similares a los fenómenos que se pueden observar aquí en la tierra. 51. Lo importante es recordar que no se puede ser obstinado y adoptar, sin pruebas suficientes, una única y exclusiva teoría de la causa. 52. Una vez más, cuando los hechos no son suficientes para que podamos llegar a una conclusión final, siempre debemos evitar lanzarnos a especulaciones interminables.

53. Es posible que la luna tiene una luz propia, o que ella refleja la luz del sol. 54. Vemos aquí en la Tierra muchos ejemplos de objetos que son luminosos, y muchos otros que sólo reflejan la luz. 55. Ninguno de estos fenómenos celestes nos causará alarma siempre que recordamos que hay muchas posibles explicaciones. 56. Es esencial que siempre llevemos a cabo nuestras investigaciones con este enfoque en mente, y que no tomemos nuestras decisiones de otra manera. 57. De lo contrario, seremos llevados tontamente a fantasías, cayendo continuamente en una tras otra teoría no-verificable.

58. Lo mismo ocurre con la aparición de lo que parece ser una cara en el círculo de la luna. 59. Esta cara puede aparecer debido a la forma de la luna, o porque algo oscurece nuestra visión, o por otras razones que podrían ser capaces de dar cuenta de tal apariencia. 60. Debemos aplicar el mismo método que aplicamos con todos los fenómenos celestes. 61. A partir del momento en que nos permitimos entretener una teoría que contradice la evidencia de los sentidos, surge la imposibilidad de poseer perfecta tranquilidad y felicidad.

62. Al examinar los eclipses de sol y luna, debemos comparar las diferentes teorías y recordar que es posible que muchas causas pueden a la vez y al mismo tiempo estar de acuerdo en su producción. 63. La marcha regular y periódica de estos eclipses no tiene nada que nos deba sorprender, si tan solo prestamos atención a fenómenos similares que tienen lugar aquí en la tierra delante de nuestros propios ojos. 64. Por encima de todo, tenga cuidado con la idea de que un dios causa estas cosas, porque hay que reconocer que los dioses están exentos de todo trabajo, y viven perfectamente felices. 65. Si no mantenemos esto en mente, nos uniremos a la multitud de los hombres que se apresuran a aceptar explicaciones vanas. 66. Tales hombres, que no son capaces de reconocer lo que es realmente posible, caen en teorías vanas cuando llegan a la conclusión de que todos los fenómenos tienen una sola causa y cuando rechazan todas las demás explicaciones que son igualmente probables12. 67. Adoptan la más irracional de las opiniones ya que no dan prioridad a los hechos observables, que deben siempre ser consultados primero.

68. Las diferencias en la longitud de noches y día pueden surgir del hecho de que el paso del sol por encima de la tierra es más o menos rápido, de acuerdo con la longitud de la región a través del cual tiene que pasar, o por alguna otra causa similar a lo que vemos aquí en la tierra. 69. Los que dicen que sólo una explicación para esto es posible, se oponen a los hechos y pierden de vista los límites del conocimiento humano.

70. Y luego están los que tratan de predecir el futuro de las estrellas. 71. Las predicciones que resultan hacerse realidad, como las obtenidas de los animales, surgen por pura coincidencia. 72. Pueden ocurrir, por ejemplo, porque hay algún cambio en el aire, o por cualquier otra causa que podamos encontrar evidencia para apoyar.

73. Cuestiones como relámpagos y rayos pueden ser producidos por una condensación violenta de los vientos, o por su rápido movimiento y conflagraciones. 74. Uno puede dar una serie de explicaciones para estas cosas, pero ante todo debe estar en guardia contra las fábulas. 75. Esto se puede hacer fácilmente si seguimos fielmente el método que hemos establecido. 76. Al tratar de explicar las cosas que no somos capaces de observar directamente, siempre hay que compararlas con aquellas cosas que somos capaces de observar directamente, y debemos aceptar como posibles sólo aquellas teorías que son apoyadas por la evidencia de ambas13.

77. Los huracanes, terremotos, viento, granizo, nieve, el rocío, los glaciares, el arco iris, el halo alrededor de la luna, los cometas, y las revoluciones periódicas de algunas estrellas: todos ellos pueden ser explicados en una serie de maneras si razonamos de acuerdo con los hechos observables. 78. Asignar una sola causa a todos estos fenómenos, cuando la experiencia de nuestros sentidos sugiere varias causas, es una locura. 79. Tal razonamiento es adecuado sólo para los astrólogos ignorantes que codician un conocimiento vano. 80. Estos hombres asignan causas imaginarias a los hechos porque desean abandonar el cuidado y gobierno del universo entero a los dioses. 81. La asignación de una sola explicación uniforme y positiva a todas estas cuestiones es tonta y consistente sólo con el deseo de prodigios destellantes ante los ojos de la multitud.

82. Lo mismo es cierto para los que tratan de hacer pronósticos observando ciertos animales. 83. Cualquiera de tales previsiones que sucedan ocurren por pura casualidad porque no hay una conexión necesaria entre ciertos animales y el invierno. 84. Estos animales no producen el invierno, ni hay un dios sentado en el cielo esperando las salidas de estos animales para después hacer que el invierno llegue. 85. Una locura como ésta no se le ocurriría a nadie que viva una vida moderadamente cómoda, mucho menos a un dios que posee una felicidad perfecta.

86. Imprima todos estos preceptos en su memoria, Pítocles. 87. Si lo hace, podrá escapar fácilmente las fábulas y descubrirá muchas otras verdades similares a estas. 88. Por encima de todo, aplíquese al estudio de los principios generales de la naturaleza, y hasta el infinito a cuestiones similares. 89. Estudie de cerca el uso de la evidencia que proviene de los sentidos, de las anticipaciones y de los sentimientos de placer y dolor. 90. Aplíquese a éstos, siempre teniendo en cuenta el objetivo de una vida feliz, hacia el cual procesamos todas nuestras investigaciones.

91. Una vez que resuelva estas cuestiones generales en su mente siguiendo el ejemplo que he expuesto, las respuestas a sus preguntas particulares eventualmente se aclararán. 92. En cuanto a los hombres que no se dediquen a este estudio, estos hombres nunca encontrarán la verdad ni alcanzarán la meta de una vida feliz, hacia el cual toda nuestra investigación nos dirige.

1. Para maximizar la simpleza y facilidad de comprensión, la presente traducción está basada en la Edición Elemental de Epicurus’ Letter to Pythocles publicada por NewEpicurean.com, la cual a su vez está basada en la traducción de Charles D. Yonge. Esta versión ha sido abreviada, omitiendo detalles tales como los relacionados a huracanes y terremotos. La versión original en griego fue conservada por el historiador Diógenes Laercio.

La carta a Pythocles es la segunda de la trilogía de cartas que Epicuro escribió para resumir los aspectos centrales de su filosofía. En contraste con la carta a Herodoto, esta carta se centra en el problema de explicar las cosas que vemos en el cielo, más que en los asuntos directamente delante de nosotros aquí en la tierra. En este caso, debido a que los fenómenos celestiales son ejemplos clásicos de cuestiones sobre las que tenemos limitada evidencia, empezamos a entender los elementos del Canon que hacen un llamado a razonar e inferir solo en base a la evidencia y esperar por pruebas adicionales antes de llegar a conclusiones para las que no hay evidencia. Mientras tanto, el hombre sabio debe tener mucho cuidado con denominar una teoría como verdadera o falsa, sólo admite que son posibles porque están de acuerdo con la evidencia, o que no son posibles ya que entran en conflicto con la evidencia, o que de estas, algunas son más propensas que otras debido al peso de la evidencia que las apoya.

2. El maestro tenía la intención que las epístolas a Herodoto y Pítocles fueran estudiadas juntas y no solo por estos dos discípulos, sino por toda la escuela.

3. Al igual que en el párrafo previo, Epicuro reconoce los límites del conocimiento humano y también establece una jerarquía de valores que se puede aplicar al conocimiento, dando mayor prioridad a aquel que conduce al mayor placer y seguridad. Esto se debe a que mucha gente persigue conocimiento vano e inútil, y hasta podría perder la paz por causa del mismo. Pero también, en tiempos modernos, en la era de la informática, hay una cantidad casi infinita de información disponible y mucha gente padece de sobrecarga informativa y déficit de atención por su causa. Esta jerarquía de valores científicos, donde el conocimiento superior es el que añade el mayor placer y remueve el mayor sufrimiento, es por lo tanto aún sumamente útil e importante.

4. La palabra griega kosmos no tiene correspondencia clara en los idiomas modernos. A veces es traducida como mundo o planeta, a veces como universo y a veces en tiempos modernos (al ser usada en plural) como multiverso.

5. No existe límite al universo observable y parece ser que el vacío es infinito. También es posible que exista una cantidad infinita de partículas o átomos, pero nuestros horizontes observables nos impiden determinar esto con certeza.

6. En las estaciones espaciales se ha observado que las partículas, incluso las mas diminutas, se encuentran y aconglomeran en el espacio de manera automática, como obedeciendo una ley y una tendencia natural.

7. Se sabe que las colisiones entre planetas y lunas era algo normal en la etapa temprana de formación del sistema solar, sin embargo lo que Epicuro contradice aquí es que algo pueda surgir de la nada. Esto se repite una y otra vez en el discurso epicúreo y responde a la insistencia en desarrollar una cosmología natural y repudiar los conceptos creacionistas y las fábulas y mitos sobre el origen del cosmos que tenían los antiguos.

8. Aún hoy la Tierra está siendo constantemente bombardeada por partículas espaciales y sabemos que en su formación temprana, el agua en sus océanos surgió de cometas y otros cuerpos celestes.

9. La calculación del tamaño de los cuerpos celestes es el mas grande error que cometió Epicuro. Sin embargo, el Canon que el mismo estableció para discernir la naturaleza de las cosas ha corregido su error: es gracias a la evidencia empírica, y no gracias a silogismos ni fórmulas lógicas, que se puede confirmar de manera definitiva toda verdad, y Epicuro exhibió decencia intelectual y fue consistente con su propio Canon al evitar alguna otra conclusión hasta que nueva evidencia se hiciera disponible.

10. Epicuro insinuó que la Tierra era redonda como una de sus posibles teorías.

11. Epicuro insinuó la ley de la inercia.

12. La teoría de la evolución, por ejemplo, coincide en sus conclusiones con teorías como la selección natural (que la explica hermosamente) y otras teorías de campos diversos como la genética, la epigenética, la antropología, etc. Todas las ciencias empíricas y legítimas coinciden en explicar el mundo de una manera coherente.

13. Aquí Epicuro establece como canónico el método de razonamiento de inferir por analogía, es decir, de suponer lo que no es evidente en base a lo que es evidente, con el propósito de que todas nuestras inferencias se refieran necesariamente a la autoridad última de la evidencia. Lo crucial en este método es que debemos asegurarnos de que no estamos comparando manzanas con naranjas.

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