El epicureísmo como identidad religiosa

Por Hiram Crespo. Traducido por Jesús Guevara Rivas, del original.

En nuestras discusiones más recientes tanto en blogs como en Facebook acerca de la religión y el hombre en su estado natural, terminamos generando una conversación concerniente a si constituímos una identidad religiosa o no. La hipótesis fue originalmente planteada por uno de nuestros miembros desde Finlandia, Ilkka, del Blog de Meneceo. Esto fue lo que dijo acerca del tema:

“Si observamos la filosofía epicúrea desde un punto correcto de vista, se vuelve algo patentemente obvio que cumple con todos los criterios de una religión. Por ejemplo, si nosotros aplicamos las siete dimensiones de Ninian Smart acerca de lo que sabemos de Epicuro y su filosofía, ella termina desempeñándose tal cual como el cristianismo o el budismo. Smart inclusive menciona a Epicuro en su libro “Religiones del Mundo”

Pienso que la filosofía epicúrea es una visión de mundo completa, y que incluye por ello una identidad religiosa. Pero no creo que esto deba significar el que tengamos que pedir prestado cosas propias de religiones actuales o extintas (contra lo cual supongo que Cáris está argumentando), dado que tal mescolanza sería tan incomprensible como la mezcla (de esta filosofía) con el neoplatonismo.

Hay suficiente material en la filosofía [epicúrea] para formular una identidad religiosa viable sin jamás escoger cualquier cosa de otra religión o filosofía. Pienso que puede ser beneficioso extraer cosas del mundo de las ciencias.

Esta no es la primera vez que Ilkka menciona la idea, y es esta vez que ha señalado las siete dimensiones sobre la religión, de Ninian Smart.

Revisé el trabajo de Smart. Él era un académico especializado en estudios religiosos que propuso que las religiones mundiales se caracterizan por seguir las siguientes siete dimensiones. Juntas a ellas, he añadido comentarios acerca de como la tradición epicúrea se relaciona a cada una de ellas:

Dimensión ritual o práctica: la celebración de una “fiesta de la razón” los días veinte de cada mes, y la conmemoración en febrero del cumpleaños de Epicuro (la cual toma la forma de un simposio anual), efectivamente se configura como un ciclo ceremonial. La tradición del día 20 quizá se originó como una alternativa no-supersticiosa a los ritos mistéricos de Apolo y Eleusis.

Dimensión narrativa y mítica: como niño, Epicuro se rebeló contra su maestro platónico por no ser capaz de explicarle el concepto del caos en el mito griego de creación. Luego de esto Epicuro tomó la decisión de dedicar el resto de su vida al esfuerzo de crear una cosmología naturalista coherente basada en la evidencia empírica. Esto lo hizo basándose en las doctrinas atomistas de Demócrito. También hay una contra-historia filosófica y cultural que nos sirve como narrativa, que comienza con el exilio de Epicuro cuando los platonistas lo expulsaron de Mitilene. En mi libro, lo comparo con el evento pivote del exilio de Mahoma desde la Meca hacia Medina [la Hégira], donde había formado a sus primeros discípulos; y con el exilio de Rama desde Ayodhya en la épica hindú de Ramayana. Muchos mitos fundacionales y heróicos se originan como narrativas de exilio. En la actualidad, el hedonista Michel Onfray propone una contra-historia de la filosofía basada en los “enemigos de Platón, amigos de Epicuro”. Es claro que, en nuestra narrativa, las fuerzas del bien son aquellas de la naturaleza, y las fuerzas del mal son las de Platón.

Dimensión experiencial y emocional: los esfuerzos para cultivar la ataraxia (imperturbabilidad, ecuanimidad, placer innato), el amor a los amigos y la santidad de la amistad, y el necesario ingrediente de la gratitud, sin el cual es imposible obtener beneficios de la doctrina epicúrea, convierten a esta filosofía en una doctrina altamente personal y experiencial. La conversión a la tradición epicúrea, la cual para algunos puede involucrar el Juramento de Filodemo [“Soy seguidor de la filosofía epicúrea, segun la cual será mi elección vivir”], puede ser una transición sicológica altamente personal y emocional. En la antigüedad, también había un componente devocional en el cual Epicuro era visto como un héroe cultural humanista o salvador que liberó a la humanidad de los miedos supersticiosos. La emperatriz romana Plotina, en el 2do siglo de la era común, estuvo entre las personas que llamó a Epicuro su salvador.

Dimensión social e institucional: Norman DeWitt dijo que “el epicureísmo se basa en la amistad [filos]”, y en el contexto en el cual emerge y evoluciona, puede argumentarse que nuestra tradición es, entre otras cosas, una larga conversación de siglos de duración entre amigos que piensan de forma similar. Estos círculos de amigos adquieren muchas formas hoy en día, como comunidades online gobernadas por sus propias reglas, hasta reuniones periódicas en Sydney, Australia; o Jardines en Italia, Tesalónica y Atenas. Las comunidades epicúreas también son gobernadas por ciertos principios y reglas concernientes al discurso franco (parresía) y la crítica mutua.

Dimensión ética y legal: nuestras reglas del comportamiento humano involucran la búsqueda racional del placer como fin; el enfoque en los bienes naturales y necesarios; el cálculo hedónico (medir las ganancias con las pérdidas, con la meta de obtener placer neto a largo plazo), además de una teoría contractualista de la justicia social.

Dimensión doctrinaria y filosófica: nuestra formulación sistemática de enseñanzas se ve en las Doctrinas Principales, las Sentencias Vaticanas, las Cartas a Meneceo, Pítocles y a Heródoto, los pergaminos de Filodemo, el “De Rerum Natura” de Lucrecio, “Varios días en Atenas” de Frances Wright, y demás literatura. En la antigüedad, los epicúreos cargaban los epítomes consigo, colecciones de enseñanzas filosóficas con las cuales estudiaban filosofía. Por primera vez en la historia moderna, la Sociedad de Epicuro ha publicado un Epítome en lengua española.

Dimensión material: aunque el sitio del Jardín de Epicuro en Atenas ya no está disponible para el peregrinaje, en el antiguo vecindario ateniense del Garguetto, donde Epicuro creció, se está construyendo un Jardín junto a una estatua del sabio y un monumento con las inscripciones de las Doctrinas Principales. Nuestra escuela también ha adoptado unos pocos símbolos: una mascota (el cerdo), la letra griega Φ/φ (“PHI” por “Philos”, o “amistad”) y el trípode (una herramienta de tres patas, que simboliza nuestro Canon).

Deberíamos considerar si deseamos adoptar formalmente la etiqueta de “epicúreo” como nuestra religión a fin de dar información a los censos y en otros documentos, como los jedis lo hacen. Las controversias recientes con algunos pastafaris que han escogido llevar coladores en sus cabezas cuando se sacan sus fotos para sus documentos de identidad, para burlarse de los musulmanes y otros grupos, o como una forma de activismo en contra del privilegio religioso, son además oportunidades para una mayor visibilidad atea. Si los pastafaris y los jedis lo hacen, ¿porqué nosotros no nos contamos también?

Más aún, algunos de nuestros trabajos de literatura como la “Historia Verdadera” de Luciano, presentan al epicureísmo como una religión parodia a la par del pastafarismo y el culto a Cthulhu, o al menos como una secta que no se toma demasiado en serio a sí misma. En ella, nos encontramos teletransportados a una “Isla de la Felicidad”, un paraíso epicúreo que se burla y a la vez ofrece una alternativa a las narrativas celestiales de las religiones tradicionales.

Lo que es intrigante acerca de estas narrativas alternativas sobre la ultratumba, aún considerando que la nuestra sea una parodia, es que parecen ser síntomas de un cierto instinto territorial y cosmológico, lo cual nos indica que estamos ante un aspecto importante de la identidad de las personas. Como los mormones, cristianos y musulmanes, Luciano se dedica a decidir quien puede ingresar a su paraíso y quién no: de su asombrosa descripción del paraíso epicúreo él excluyó a Platón, que se había ido a vivir en su “República”, y a los estoicos, que aún estaban tratando de escalar la “colina de la virtud”, así como a los académicos, quienes eran incapaces de “comprender como podría existir tal isla” y por ello se dieron la vuelta a mitad de camino. En otras palabras, un paraíso natural no está disponible para aquellos que busquen la virtud u otra meta arbitraria más allá de la que estableció la naturaleza (el placer) o para aquellos que racionalizan las cosas demasiado (los académicos aristotélicos), y los platónicos ni siquiera lo buscarían.

Lo que Ilkka argumentó es que nosotros también tenemos nuestra propia cosmovisión e interpretamos el mundo desde una perspectiva cosmológica, espiritual e ideológica que es particularmente epicúrea. Tengo la esperanza de que, con la comparación a las religiones parodias y la referencia de Luciano a la literatura satírica, no pierda méritos este argumento, el cual pienso que es perfectamente válido.

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Acerca de hiramcrespo

Hiram Crespo is the author of 'Tending the Epicurean Garden' (Humanist Press, 2014) and 'How to Live a Good Life' (Penguin Random House, 2020), and founder of societyofepicurus.com. He's also written for The Humanist, Eidolon, Occupy, The New Humanism, The Secular Web, Europa Laica, AteístasPR, and many other outlets.

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