Tres maneras de ver a los dioses epicúreos

El siguiente ensayo de The Autarkist, originalmente escrito por Hiram Crespo, fue traducido por Jesús Guevara.

Hay dos interpretaciones tradicionales de los dioses epicúreos: la interpretación realista apunta a que los dioses son seres naturales cuyos cuerpos están hechos de átomos. La palabra usada en escritos antiguos es [en griego] “zoa”, lo que se traduce como “animales” (los dioses serían animales superiores). La interpretación idealista, por otra parte, es más reciente y propone básicamente que los dioses son construcciones mentales o culturales.

No obstante, en una reciente entrada en su blog, nuestro amigo escandinavo Ilkka argumenta que habría una tercera vía para ver a los dioses epicúreos. Él dice:

“Nosotros conocemos el universo mucho mejor de lo que era posible para Epicuro, y aunque estaba adelantadísimo a su tiempo en lo que a metafísica respecta, en ese campo nosotros lo superamos.

Los dioses, como Epicuro los definía, son imposibles a la luz de la evidencia que tenemos. En efecto, hay un conflicto entre lo que dice el Canon (la teoría epicúrea del conocimiento) acerca de la naturaleza y lo que la metafísica epicúrea dice acerca de los dioses.

¡Y el Canon tiene prioridad sobre esos asuntos!

Una tercera interpretación sería la siguiente:

A la luz de la evidencia, debemos decir que no hay tales seres físicos como los dioses definidos por Epicuro. Así que la interpretación realista es claramente falsa.

¿Y que podemos decir acerca de la interpretación idealista? No es auto-evidente su falsedad a la luz de la evidencia que disponemos, pero presenta otros problemas. El principal es que nos preguntamos si es necesaria para la promoción de la felicidad el defender la creencia en seres imaginarios. La respuesta más probable a esto es ‘no’, dada que la verdad en sí es un alto valor para un epicúreo.”

El Canon (=regla o vara de medir), para aquellos que no estén familiarizados con el concepto, es el estándar de la verdad en la epistemología epicúrea (es decir, creemos que es el estándar establecido por la naturaleza, porque nos basamos en el estudio de la naturaleza). Básicamente requiere que exista evidencia ante nuestros cinco sentidos, pero también reconoce la facultad de placer y dolor, así como a las anticipaciones mentales como facultades naturales que la naturaleza nos dio para conectarnos con la realidad. El propósito del Canon es el asegurar que toda la filosofía esté basada en el estudio de la naturaleza en vez de estándares imaginarios.

Ilkka concluye que, hasta la fecha “ninguna deidad propuesta ha superado la prueba del Canon”. Aprecio la interpretación de Ilkka. Muchos epicúreos contemporáneos favorecemos el desarrollo de una ateología basada en el Canon, más que la adherencia a la teología de aquellos epicúreos que nos precedieron.

Existe la posibilidad de concebir algo basado en inferencias desde evidencia indirecta, sin haber percibido directamente el objeto estudiado. Por ejemplo, basados en la presunción de que hay átomos innumerables y espacio infinito (dado que no hay frontera visible del universo en todas las direcciones, más allá de lo que podemos observar), los antiguos atomistas concibieron la doctrina de los mundos innumerables, una doctrina que ahora es revindicada por la investigación exo-planetaria. Pero lo que hace a los dioses inconcebibles no es su beatitud o su inteligencia superior, ambas características plausibles y que pueden ser vistas en entidades vivientes: es su inmortalidad.

Cuando estudiamos la naturaleza de las cosas, aprendemos que todas las cosas que están hechas de átomos y moléculas, eventualmente se desintegran y cambian. Metrodoro argumenta una defensa de los dioses epicúreos (defensa fútil, a mi manera de ver) al argumentar en contra de esta observación, luego siendo citada por Filodemo en su pergamino De la piedad.

También, inclusive si un ser natural fuera hábil de perpetuarse a sí mismo por eones, a la vez que permanece imperturbable o feliz, el hábitat o el contexto en el que vive algún día acabará, dado que, por lo que sabemos, las estrellas y planetas tienen un tiempo limitado de vida. En algún punto este ser perdería su hábitat y con él la posibilidad de auto-perpetuarse.

El asunto de las definiciones es clave. El término “dios” no ha sido definido de forma clara. En nuestra cosmología, debido a que las cosas solamente pueden existir dentro de la naturaleza, un dios fuera de la naturaleza (es decir, sobrenatural) es inconcebible. Los dioses deben ser seres naturales. ¿Pero podemos concebir de un dios como un ser mortal? Porque una cosa es que un ser natural sea bienaventurado e imperturbable, y que también tenga una larga espectativa de vida y pueda entonces ganarse la etiqueta de dios, pero es otra cosa argumentar que la inmortalidad existe en un universo en donde todas las cosas son impermanentes. En nuestra experiencia, los objetos compuestos se desintegran. De ahí, es inconcebible que exista un ser que no se desintegre. Este argumento de la inconcebibilidad fue discutido en los Razonamientos sobre “Métodos de inferencia” de Filodemo de Gadara, donde fue parafraseado y aclarado:

Podemos llamar a esto el argumento de la falta de excepciones conocidas: ya que se sabe que todos los hombres mueren y no tenemos ninguna razón para sospechar que los hombres fuera de nuestra experiencia directa son inmortales, entonces podemos concluír que todos los hombres son mortales. No hay caso que nos lleve a pensar lo contrario.

Y así con todo, a través del método para razonar sobre lo no-evidente basado en lo evidente que está disponible en nuestra tradición, es difícil continuar defendiendo las interpretaciones tradicionales de los dioses, y basado en ese argumento de la inconcebibilidad, la única cosa honesta que puedo hacer es estar de acuerdo con Ilkka con lo que llama la tercera interpretación de los dioses epicúreos: como no existentes o no-seres. Llamémosle la interpretación atea o no-teísta.

Otras preguntas claves que determinarían si un filósofo se adhiere a la visión atea o a la idealista conciernen el si adorar a los dioses o practicar la religión en sí es una necesidad natural y necesaria.

  • Mientras que creer en los dioses puede ser innecesario, ¿aún así es natural? Polístrato argumentaría que, de alguna forma, son un sub-producto de la psiquis humana. La psicoterapia junguiana afirma que los dioses juegan roles psicológicos importantes en los ritos de paso y en tiempos de crisis severas.
  • ¿Puede la interpretación idealista de los dioses tener un propósito dentro de la terapia epicúrea, quizá al ser empleados como técnicas para el cultivo de la ataraxia, el placer sereno y la felicidad?
  • ¿El usar estos constructos mentales y las técnicas deístas produce una ataraxia de distinta calidad que la simplicidad de la interpretación atea?

 

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