¡Epicuro, yo te elijo!

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Traducción por Jesús Guevara, del original, por Cassius Amicus y representa su opinión y su modo personal de “epicurear”. Este contenido está en el dominio público y se puede compartir para uso educativo y no-comercial.

Elijo vivir mi vida en agradecimiento a la Naturaleza que me creó y me sostiene. Por lo tanto, con gusto elijo a Epicuro como mi guía, y elijo recordarme a mí mismo el porqué vivo y porqué hago todas las cosas como si Epicuro estuviera a mi lado:

  • Me recuerdo a mí mismo que muchas son las ilusiones que las personas me harían creer, pero veo que la verdad nunca puede venir del razonamiento basado en evidencia falsa, y por lo tanto elijo seguir la evidencia que la Naturaleza misma me proporciona, y nunca permitiré que la supuesta lógica o revelación de otros hombres me desvíe del camino de la Naturaleza.
  • Me recuerdo a mí mismo que nunca he visto ninguna evidencia de que las leyes de la naturaleza hayan sido o puedan ser contradichas por dioses o por especulaciones de las personas. Me recuerdo a mí mismo que nada ha sido creado de la nada (Ex nihilo nihil fit), por lo que busco el significado de las cosas en lo que existe, y en los elementos de las cosas que la Naturaleza me muestra que siempre han existido y siempre existirán.
  • Me recuerdo que el conocimiento es posible para mí, siempre que tenga el coraje de confiar en las facultades que la Naturaleza me ha proporcionado: los Cinco Sentidos, la Facultad de sentir Dolor y Placer, y la Facultad de las Anticipaciones. Me recuerdo a mí mismo que con estas herramientas confiables debo buscar el conocimiento de la naturaleza de las cosas para poder vivir felizmente. Me recuerdo a mí mismo que, si no me aferro a estas facultades como la prueba definitiva de toda verdad que sea relevante para mí, seguramente perderé no solo mi razón sino también mi vida. Acepto que, aunque utilizo estas facultades al máximo, existen limitaciones naturales al conocimiento que puedo obtener, pero me niego a permitir que esos límites me hagan rebelarme contra la Naturaleza, o que esos límites endurezcan mi corazón simplemente porque hay respuestas que me son retenidas o me son esquivas.
  • Me recuerdo a mí mismo que siempre debo separar en mi mente aquellas cosas que sé que son verdaderas de aquellas que veo inciertas, porque a menos que comprenda firmemente lo que veo que es verdad, no tengo ningún estándar para juzgar lo que es falso.
  • Me recuerdo a mí mismo que es esta base, a la que Epicuro me ha guiado, en la cual concluyo que no hay realidad o poder más alto que la Naturaleza misma, ni ningún objetivo para mi vida que no sea el que la Naturaleza ha establecido, que es el que yo viva felizmente.
  • Me recuerdo lo agradecido que estoy con Epicuro, el maestro constructor de la felicidad humana, que dedicó su vida a buscar la verdad, y que me mostró la manera de determinar qué elegir y qué evitar, y por lo tanto cómo puedo evitar las trampas del error, en las que seguramente caería sin esta guía.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual yo capto que el universo está lleno de otros mundos y otras especies vivientes, y por la cual capto la verdadera perfección de cualquier dios que exista como parte de la Naturaleza y de las leyes de la Naturaleza. Ahora veo que tales dioses no tienen intenciones de ira o gratitud, y que no necesito temer a los dioses ni buscarles recompensa, sino simplemente reverenciar su feliz estado dentro del Universo Natural.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme que no soy yo quien soy impío, sino aquellos que imputan debilidad o imperfección a los dioses, y que sostienen que los dioses causan que todas las cosas, incluídos el mal y el sufrimiento, atormenten a este mundo.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme que yo también puedo aspirar a una felicidad digna de los dioses dentro de los límites de mi propia Naturaleza, que la Naturaleza me ha otorgado el libre albedrío para elegir este camino, y que por lo tanto soy yo, y no los dioses, el responsable de mis propias acciones.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual comprendo que todo lo que me ha pasado o me pasará, pasará en esta vida, que el tiempo que pasa después de mi muerte no tiene mayor importancia para mí que el tiempo que pasó antes de mi nacimiento, y esa muerte no es más que un recordatorio de la urgencia de que viva mi vida feliz ahora.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que estar vivo es poseer los medios de la felicidad, y que todo lo que necesito para experimentar la mayor felicidad que la Naturaleza me permite, es liberarme del dolor.
  • Agradezco a Epicuro por permitirme ver que no necesito la inmortalidad, la riqueza o el poder, y que mi objetivo de una vida simple y autosuficiente de acuerdo con la Naturaleza me permitirá alcanzar la mayor felicidad para la cual el hombre puede aspirar.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que no necesito ni miedo, ni dolor, ni nada más en la vida, por ahora veo que el dolor agudo por lo general es breve, y el dolor crónico por lo general es manejable, y mientras viva la alegría de vivir, superaré cualquier dolor que experimente. Agradezco a Epicuro por mostrarme que si alguna vez yo determinare que mis circunstancias hacen que la vida sea insoportable, la ruta de escape siempre está abierta para mí y que no puedo encontrar un miedo ineludible en la vida mientras recuerde que no tengo miedo a la muerte.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que no es posible vivir felizmente a menos que viva sabiamente, honorablemente y justamente, ni es posible que viva sabiamente, honorablemente y justamente sin vivir felizmente.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que cualquier medio por el cual pueda protegerme de otros hombres está aprobado por la Naturaleza, pero que ni el poder sobre otros hombres, ni el lujo, ni las riquezas son suficientes para garantizar mi seguridad y felicidad. La seguridad y felicidad solo pueden asegurarse mediante el estudio y la obediencia a la Naturaleza.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que la Naturaleza ha provisto que ningún placer es inherentemente malo para mí, pero que debo renunciar a ciertos placeres para lograr mayores placeres o evitar ciertos dolores, y que debo soportar ciertos dolores para evitar dolores peores o lograr mayores placeres. Agradezco a Epicuro por mostrarme que nunca es demasiado pronto, ni demasiado tarde, para estudiar las leyes de la Naturaleza para poder calcular estas cosas correctamente.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que la Naturaleza ha provisto que todos los placeres deben llegar a su fin, ya que si algún placer no terminara, no habría lugar para nuevos placeres o para nuevas experiencias de felicidad.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual comprendo que no hay un camino más alto para mí que el que la Naturaleza misma me llama a través del divino placer, la guía de la vida. Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que no hay medios para determinar si un camino es apropiado o inapropiado, aparte de, si de hecho, conduce a una vida de felicidad.

Por estas y muchas otras cosas agradezco a Epicuro, ya que ahora veo la vida a la que la Naturaleza me llama. Como lo hizo Epicuro antes que yo, buscaré vivir en el disfrute continuo de la felicidad tanto del cuerpo como de la mente, sin ser molestado ni por la presencia ni por la perspectiva del dolor. Estudiaré la naturaleza para tener una fuerza mental que sea inexpugnable contra todo temor a la muerte o al dolor. Aprecio la alegría que trae la vida, y nunca renunciaré a mi vida a la ligera, pero tampoco tendré miedo a la muerte, porque sé que la muerte solo significa inconsciencia e insensibilidad completa, y buscaré vivir no la vida más larga, sino la más feliz. Del mismo modo, no tendré miedo al dolor, porque sabré que mientras estoy vivo, el dolor que es largo es generalmente leve, el dolor que es fuerte es generalmente corto y el dolor que encuentro insoportable tiene un remedio inmediato. Me reiré de las falsas nociones del Destino, la Fortuna y la inexorable Necesidad. No temeré a ningún poder sobrenatural, y sabré que mi mente es libre y que soy responsable de mis acciones. Nunca permitiré que los placeres del pasado se desvanezcan, y renovaré constantemente su disfrute en mi recuerdo.

¡Cada paso lo daré como si Epicuro me estuviera observando, y en todo lo que encuentre estaré agradecido a la Naturaleza por sus bendiciones y a Epicuro por su guía para encontrarlas!

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