Organización y procedimiento en grupos epicúreos

Originalmente escrito por Norman DeWitt, quien fue un académico canadiense de principios del Siglo XX (Lea la versión original en inglés aquí). Incluye algunas opiniones expresadas en el ensayo que son suyas, aunque el ensayo se basa en los pergaminos de Filodemo, y sobre todo el pergamino Sobre la crítica franca. Traducción de Hiram Crespo.

Los escritores antiguos nos proporcionan poca información sobre la organización interna y el funcionamiento de las escuelas filosóficas. Tales asuntos eran universalmente conocidos en aquel momento y aparentemente indignos de mención. Sin embargo, sucede que el pergamino herculano Sobre la crítica franca de Filodemo, a pesar de su estado fragmentario, arroja una luz bastante amplia sobre los procedimientos seguidos por los grupos epicúreos. Dicha información, por supuesto, no se nos revela directamente, sino que debe deducirse de los supuestos tácitos de la autor. Por ejemplo, ya que Filodemo defiende la práctica epicúrea de aceptar pagos como muestras de agradecimiento por la corrección de fallas (fragmento 55), se puede inferir que se cobraron pagos por esto en los círculos epicúreos en general. En estas páginas, seguiré el sistema de notación de A. Olivieri (Teubner, 1914), es decir, números arábigos para fragmentos aislados y números romanos para columnas donde se conserva la secuencia de fragmentos.

No hace falta decir que cualquier miembro de un grupo epicúreo que poseyera la autoconfianza requerida, estaba en libertad de migrar a otro lugar y comprometerse a organizar un grupo propio. Al hacerlo, sin embargo, su relación con posibles seguidores estaba predefinida de una manera peculiar, porque el epicureísmo era principalmente un culto al fundador y a su forma de vida, y era solo secundariamente un sistema de pensamiento. Incluso más importante que las llamadas Doctrinas Principales era este voto voluntario (45, 8-11): “Seremos obedientes a Epicuro, de acuerdo a quien hemos elegido vivir“. Bajo esto subyace la suposición tácita de que Epicuro había descubierto la única verdadera forma de vida, y que solo podía haber un descubridor; los líderes posteriores solo podían dirigir a sus seguidores a lo largo de aquel camino. En otras palabras, los líderes eran ellos mismos seguidores, y sus adherentes eran seguidores de seguidores. Diferían unos de otros solo en el grado de su avance hacia la sabiduría.

Era parte del sistema que el director de la escuela (Nota 3) debía ser tratado con veneración ya que se suponía que estaba muy avanzado en sabiduría. Un fragmento sobreviviente (40) describe la disposición adecuada del seguidor hacia él: debía ser considerado como un padre-confesor; los errores y defectos debían ser francamente revelados a él en confianza (Nota 2); los seguidores debían colocarse en sus manos como su único guía en el pensamiento correcto y la conducta correcta; debían considerarlo como su salvador y declarar en las palabras de Homero (Ilíada x. 246-47) “Con alguien así como mi camarada ambos seguramente regresaremos a salvo incluso de un fuego llameante, porque él es extremadamente inteligente en sus inventos“. Cabe mencionar que los epicúreos, como otros antiguos moralistas, emplearon las citas de los poetas para apoyar sus doctrinas particulares. En este caso, se compara al joven epicúreo que busca sabiduría bajo el liderazgo del sabio con Diómedes iniciando con entusiasmo su aventura nocturna con su amigo de confianza Ulises.

El sabio no se sostiene en su posición por ningún esquema rígido de oficios. Un miembro se destaca más que otro solo en virtud de superioridad en la sabiduría. La palabra “mejor” (kreitton) denota uno más avanzado en sabiduría (44, 7-8). La palabra “maestro” no ocurre. La base del sistema es la buena voluntad, la cooperación voluntaria, y la amistad. Metrodoro y Hermarco, que habían estado cerca de Epicuro en Atenas, fueron llamados “guías” o “líderes” (kathhegemónes) (Nota 3), pero en este ensayo de Filodemo se emplea regularmente un sinónimo de la misma raíz pero de menos dignidad (kathhegetai). Se manifiesta del contexto que este término denota a los maestros, aunque esta palabra se evita por estar fuera de armonía con el espíritu del epicureísmo, cuyos adherentes no eran enseñados sino guiados. Se puede mencionar que Plutarco describe un incidente de la vida escolar en el que la persona a cargo se llama kath-hegetes. Dado que en nuestro ensayo el la palabra aparece regularmente en plural, se puede suponer que los estudiantes se dividían en pequeños grupos, cada uno a cargo de un líder.

El principio efectivo en la organización es, por supuesto, el amor (filia), que los escritores romanos redujeron materialmente al convertirlo en amistad (amicitia). El líder debe ser considerado como el mejor de todos los amigos (41, 4-8). La amistad se expresa en forma de preocupación mutua por el bien del otro, buena voluntad y gratitud. Todos deben estar imbuídos de un sentimiento de responsabilidad por el bien de todos. En un pasaje (26, 4-7) leemos: “Mantengamos ante nuestros ojos la superioridad de la amonestación activada por una preocupación por el bien del amonestado.” Un objetivo principal era crear un ambiente de buena voluntad y fortalecerlo; una nota (25, 3-8) en el ensayo dice: “Cómo a través de la corrección elevaremos la buena voluntad de los estudiantes [kataskenazómenoi] (Nota 7) hacia nosotros mismos a pesar del proceso de corrección“. No menos importante que la buena voluntad era la gratitud, de la cual los epicúreos establecieron lo que era casi un culto. Incluso los sabios debían estar agradecidos por un recordatorio de otro sabio (VIII-a, 1-2 y VIII-b, 12-13). Debían estar agradecidos también por críticas de un filósofo o un filólogo, aunque no pertenezcan a su propio grupo (X-a, 1-5 y X-b, 11-13).

El primer objetivo es crear una disposición (diáthesis) susceptible a la corrección. Esto se aplica más específicamente a los reclutas más jóvenes, denotado en el ensayo como kataskenazómenoi. Ellos están sujetos a  reproches y advertencias de todos los miembros del grupo, incluso de uno al otro. Aprenden a considerar a los de sabiduría superior con respeto, a controlar sus lenguas y su temperamento, a confesar sus faltas y a ser abiertos y francos en toda su conducta. El engaño y el secretismo se consideran los peores de todos los delitos contra la amistad (41, 1-4). Por su juventud son tratados con gentileza para que aprendan a someterse a la corrección (2, 1-7) porque el sabio sabe de antemano que los jóvenes son propensos a tener el cuello rígido (71) e irritarse fácilmente (31, 1-3). Sus carácteres se convierten en tema de estudio detallado, como ejemplificaré ahora.

Al inscribirse (en la escuela), se le exhortaba al muchacho a que despreciara todos los demás conocimientos (música, retórica y geometría) como alienantes de la búsqueda de felicidad (18, 1-2). Aparentemente, parte de su guía inicial proviene del filólogo (Nota 1), que se menciona regularmente después de los sabios (sófos, Nota 4) y filósofos (VIII-a, 7-9 y X-a, 1-2). Que el filólogo es un tipo de “hijo mayor” también puede deducirse de los errores contra los cuales se le advierte, a saber: el interpretar la mala conducta de los estudiantes como una afrenta personal a sí mismo y recurrir a un estilo de corrección rudo, agudo, insultante, despreciativo y sarcástico (37). Que el filólogo era un instructor parece razonable no solo por los contextos de este ensayo sino también por una declaración del gramático Frínico, que dijo que la palabra (filólogo) denota a alguien interesado principalmente en la educación. Que su esfera era la instrucción en literatura parece claro por la palabra misma. Es erróneo suponer que los epicúreos despreciaban este studio (es decir, el de la literatura). Epicuro encontró una base en un pasaje muy hedonista de la Odisea (x. 5-11) para declarar que el placer es el bien mayor, y referencias a tragedias y comedias no son infrecuentes en el ensayo que tenemos ante nosotros y en otros escritos epicúreos.

Que los sófos (literalmente, “sabios”) y filósofos (“amantes de la sabiduría”) tuvieron la relación más cercana el uno al otro queda claro por su mención juntos y sin los filólogos (1,7 y 35, 2-3). No es necesario dudar de que el filósofo era alguien que estaba relativamente avanzado en filosofía y defendía al Líder como una especie de profesor asociado, mientras que el filólogo era un profesor asistente. Tocando el problema de la perfección, el escritor de este ensayo (es decir, Filodemo de Gadara) no asume que es alcanzable en absoluto, como lo mostrará el siguiente extracto (46, 5-11): “Porque ¿cómo el sabio va a odiar al que comete errores perdonables, sabiendo que él mismo es no perfecto y que todos los hombres están acostumbrados a errar?” (Nota 5) Este principio, por supuesto, es democrático y disminuye la distancia entre el director de la escuela y sus asociados.

Más bajo que el filósofo con respecto al avance en la sabiduría es la clase que Filodemo denota regularmente con “nosotros”. Al principio esto puede parecer un plural de modestia, que denota la cabeza de la escuela y sus asociados más cercanos; pero esta suposición está descartada por lo siguiente (35, 14): “Sobre todo buscaremos amonestar, aunque no como los sofos (sabios) y filósofos“. Un escrutinio más detallado certifica que los synethéis o familiares, que son los miembros de alto rango del grupo, son la clase denotada. Que estos, a su vez, son más avanzados en sabiduría que la mayoría se hace evidente a partir de uno de los subtítulos subrayados que aparecen aquí y allá en el rollo (56, 1-3): “Si los que somos avanzados en cuanto al poder de razonamiento [logismos] fallaráramos (en usarlo) …” Por cierto, la respuesta es que no lo harán, aunque fallar ocasionalmente no es imposible debido a la incapacidad de los seres humanos de estar en su guardia continuamente. Sin embargo, se puede suponer que estos familiares, incluso si están muy por debajo de la perfección más alta posible, han alcanzado una disposición (diathesis) susceptible de corrección, lo cual es el objetivo preliminar del sistema.

Si una disposición susceptible a la corrección es deseable por parte de los estudiantes, aún más deseable es una disposición correctamente adaptada a la administración de corrección por parte de los líderes. La corrección adecuada vendrá de alguien “actuado por buena voluntad, que se dedica de manera inteligente y diligente a la filosofía, firme en principio, descuidado de lo que la gente piensa de él, inmune a cualquier tendencia a la demagogia, libre de rencor, que diga solo lo que se ajusta a la ocasión, y que no se deje llevar para injuriar, burlarse, menospreciar, herir sentimientos, o recurrir a trucos de aquiescencia o adulación sin sentido (I-b, 2-13)”. Se esperará lo contrario de alguien “con una lengua desenfrenada, propensa a culpar a otros, de mente liviana que se enfurece por ofensas leves, es peleón, truculento o amargado (11-a, 1-7)”. Esta es solo parte de la descripción en los textos que sobrevivieron (Nota 6), pero parecería adecuada.

La técnica de corrección en sí es elaborada en considerable detalle. Su tratamiento ejemplifica aquel proceso de elaboración al que los fundadores de doctrinas originales–como Epicuro–fueron sometidos por maestros sucesivos. La corrección ética se convirtió en una especialidad de las escuelas epicúreas y desarrolló su propio vocabulario. La corrección puede ser simple (10, 4; 35, 8) es decir, directa; o mixta (58, 7-8), es decir, compuesta de reproche, alabanza generosa y exhortación (68, 3-7). Es una obra de arte de muchos lados (poikile piloteknia; ibid. 1-2).

La corrección puede ser administrada por el sabio, por uno de los familiares, o incluso por uno de los compañeros de estudios; no debe ser aplicada sin cesar o para todos los delitos, ni para el error casual, ni en presencia de personas no interesadas, ni ser discursiva, sino comprensiva y sin insulto o abuso (79, 4-11). Algunos estudiantes podrían ser mejor amonestados sin el conocimiento de los líderes (kath-hegetai, 8, 4-8). Casos ocurren donde parece imprudente administrar reprensión ante el grupo (35, 7-11), pero en otra parte se hace mención de estudiantes que son reprendidos ante sus compañeros por usar capa griega (31, 4-8). El reportar delitos menores cometidos por los compañeros estudiantes es aprobado como un acto de amistad genuina y fracasar en informar marcará a un hombre como “un amigo malvado y un amigo del mal” (50). Sin embargo, el mero chisme se distingue y desalienta cuidadosamente.

Así como Los Carácteres de Teofrasto es una secuela lógica de la Retórica de Aristóteles, igualmente la observación de los carácteres de los alumnos es una secuela natural de este elaborado sistema de corrección. A los estudiantes se les reconoce como impresionables o deliberados y en necesidad de más chequeos (7, 1-5), como débiles e incapaces de ser curados por corrección (59, 9-11), o de disposiciones feas (86, l-2). Algunos carecen de orientación previa o han sido entregados como incorregibles (84, 8-12). Otros, nacidos más allá del alcance de aquellas influencias que crean una disposición susceptible a la buena voluntad y amistad, y sin el ejemplo de líderes que imitar durante un largo espacio de tiempo, serán perezosos y dilatorios y nunca mostrarán gran mejora (V). Los estudiantes imitan las faltas de sus líderes, junto con sus virtudes (43, 3-4).

Ningún ejemplo de esto sobrevive en nuestro texto, pero Plutarco en un pasaje similar menciona que los estudiantes imitaban el ceceo de Aristóteles y la joroba de Platón. Entre otros puntos mencionados están estos: que algunos jóvenes se irritan con la corrección (31) y que aquellos que sienten la necesidad de presumir ante las multitudes y de tener los honores de muchos son especialmente difíciles de salvar (34, 3-8).

Con frecuencia se enfatiza la analogía entre este sistema de ética correctiva y la práctica de la medicina. Enseñaban que era en beneficio del alumno tener la misma disposición (diáthesis) hacia el sabio como la que se tenía hacia el médico. Se instaba a los estudiantes tener en cuenta, por ejemplo, cuán vergonzoso sería nunca haber considerado la advertencia del sabio, comparándolo con asumir toda la carga de su salud sin, bajo ninguna circunstancia, recurrir a médicos (39, 7-14). De nuevo, si el sabio erra y corrige a un estudiante por un error del cual es inocente, asumir que nunca se necesitaría una corrección similar en otras ocasiones sería cometer el mismo error que un médico que, habiendo dado una purga a un paciente a través de un diagnóstico falso, nunca luego lo purgó en otras enfermedades (63). Una vez más, instando a la necesidad de correcciones repetidas, los autores citan la práctica de médicos que, sin lograr nada con un enema, administran otro (64, 6-12). Por último, al igual que un médico continuará asistiendo a un paciente que razonablemente puede considerarse incapaz de curar, del mismo modo el monitor ético no se detendrá en su ministerio si sus amonestaciones no encuentran respuesta (69).

Esta, entonces, fue la organización (jerárquica) de la hermandad epicúrea: sabios (sofos), filósofos, filólogos, líderes (kath-hegetai), familiares (synetheis) y finalmente los estudiantes mas jóvenes o nuevos (kataskenazómenoi). Estos diferían entre sí solo en los diversos grados de su avance hacia la sabiduría, y ninguno alcanzaba estar tan cerca de la perfección como para ser inmune al error. Cada uno miraba a los que estaban por encima de él como sus líderes, y todos miraban más allá de sus líderes inmediatos a Epicuro como su modelo.

A todos se les ordenaba cultivar un sentimiento de gratitud hacia él por haber descubierto la verdadera forma de vida y a sus compañeros adherentes por ayudarlos a seguirlo. Todos buscaban habituarse a recibir amablemente la amonestación y administrarla con franqueza y gentileza. Todos debían ser animados por la buena voluntad, y se instaba a todos a convertirse en apóstoles, sin dejar de proclamar las doctrinas de la verdadera filosofía. Por último, los líderes eran genuinos psiquiatras, dedicados a purificar a los hombres de sus fallas tal como el médico purificaba sus cuerpos de la enfermedad.

Victoria College,

Universidad de Toronto

Lea más:

Un comentario en español del pergamino de Herculano “De la crítica franca” de Filodemo es parte de Epítome: Escrituras Epicúreas

 Philodemus: On Frank Criticism – traducción y comentario en inglés

Notas de Hiram Crespo:

  1. La palabra filólogo hoy denota en español un estudioso de “la ciencia de las lenguas o de una lengua en particular, de su historia y de su gramática.” Es posible que esto haya sido parte del sentido original, ya que vemos que a principios de la Carta a Heródoto, Epicuro comienza por solicitar a los estudiantes que se aseguren de definir claramente las palabras desde el comienzo de toda investigación, y la palabra logos implica “la palabra”. Sin embargo, da la impresión también que el filólogo, en una escuela filosófica, fue un experto en los libros y escritos fundacionales de esa escuela, quien se encargaba de los escritos y textos.
  2. El sacramento católico de confesión, al igual que el concepto mismo de la catequesis, la práctica de escribir epístolas didácticas a ser estudiadas por todos, y muchas otras tradiciones que hoy son consideradas cristianas tienen sus orígenes en los modelos comunitarios establecidos por los jardines epicúreos. En su libro St. Paul and Epicurus, el autor de este mismo ensayo explica en detalle la enorme influencia que tuvo el epicureísmo en el cristianismo primitivo, sobre todo en las epístolas de Pablo, pero también en como se organizaron las Iglesias y como se enseñaba el cristianismo.
  3. Epicuro de Samos es el Hegémone (Líder) de la escuela, de modo que los kath-hegetai son algo así como “líderes asistentes”. El prefijo griego kata- significa “hacia abajo, a través, según, hacia, durante” y, aquí, implica un líder secundario que guía hacia el Hegémone y opera en su lugar. Otro título que se ha usado es Escolarca, que era como un tipo de Patriarca de la escuela a cargo del Jardín de Atenas. El linaje de los Escolarcas empieza con Epicuro de Samos, sigue con Hermarco de Mitilene, Polístrato, Dionisio, Basílides de Tirón, Apolodoro (apodado el Kepotyrannos, o el Tirano del Jardín por haber sido muy estricto), Diógenes de Sidonia, Fedrón, Patrón, Popilio Teotimo y Heliodoro. El libro Epítome: Escrituras Epicúreas contiene un resumen de las vidas de los Escolarcas.
  4. Los fundadores Metrodoro y Epicuro fueron ambos considerados los primeros Sofos (sabios) de la escuela.
  5. Similares comentarios sobre Epicuro dicen Metrodoro y los discípulos en la novela Varios días en Atenas, un recuento fictício de como era la vida en el primer jardín epicúreo.
  6. Es decir, es solo la parte del fragmento que sobrevivió.
  7. Al preguntarle a Panos, un amigo que habla griego, como se traduce esta palabra, el me dijo que es algo así como “bajo construcción”, “en proceso de construirse”, o “trabajo en progreso”. Es decir, kataskenazómenoi son los estudiantes (mayormente los más jóvenes) cuyo carácter aún no ha sido formado.

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Acerca de hiramcrespo

Hiram Crespo is the author of 'Tending the Epicurean Garden' (Humanist Press, 2014) and 'How to Live a Good Life' (Penguin Random House, 2020), and founder of societyofepicurus.com. He's also written for The Humanist, Eidolon, Occupy, The New Humanism, The Secular Web, Europa Laica, AteístasPR, and many other outlets.

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