Armados para la felicidad

Traducido por Jesús Guevara.

¡Felíz Día 20 (tardío) a todos los estudiantes de filosofía epicúrea! Hemos recibido un informe del Décimo Simposio de Filosofía Epicúrea, que toma lugar cada año en el vecindario de Palini en Atenas (Grecia), lugar que en la Edad Antigua se conocía como el Gárgeto. Este era el vecindario en donde residía Epicuro en su Jardín. El simposio de este año, enfocado en ciencia exoplanetaria, rompió récords de asistencia.

Algunos de ustedes puede que ya lo conozcan: el blog Caute y su autor, un ministro de la Iglesia Unitaria en Cambridge, Reino Unido, que se identifica tanto con el ateísmo cristiano como con la tradición epicúrea. Ha escrito sobre Lucrecio más de una vez, y cada cierto tiempo incorpora al epicureísmo en su liturgia y más aún, llega a celebrar reuniones epicúreas en su templo. Su último escrito se titula Aprendiendo de Lucrecio bajo la sombra del Coronavirus. Allí nos advierte en contra de albergar miedos religiosos que exploten nuestras vulnerabilidades existenciales, y acentúa la importancia de aceptar las doctrinas epicúreas sobre como la muerte no es nada para nosotros, más que permanecer neutrales ante los peligros de la religión organizada.

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Recientemente encontré esta cita de un enemigo de la filosofía epicúrea, que despertó mi curiosidad sobre las diversas cosas que dice este fragmento. Disfruto de un buen desafío intelectual, así que decidí evaluar lo que esta controversia pudo haber implicado.

“Así también, Epicuro, cuando desea deshacerse de la comunión natural de los hombres entre sí, hace uso del principio mismo del cual se está deshaciendo. ¿Para qué dice: ‘Hombres, no se dejen engañar, ni engañen. No hay comunión natural de seres racionales entre sí: créanme. Los que dicen lo contrario les engañan y engañan su razón.’? ¿Qué preocupación, entonces, es la suya? … Epicuro, ¿por qué piensas por nosotros, por qué nos mantienes despiertos, por qué enciendes tu lámpara, por qué te levantas temprano, por qué escribes libros tan grandes? … Porque esta es la vida de la que te declaras digno: comer, beber, copular, evacuar y roncar. ¿Qué te importa qué opiniones tendrán los demás sobre estos asuntos o si son correctos o incorrectos? … Entonces, ¿qué fue lo que sacó a Epicuro de su sueño y lo obligó a escribir lo que escribió?” – Epícteto

Primero debemos reconocer que es completamente posible que Epicuro no haya dicho esto que Epícteto le atribuye, ya que muchos enemigos de la Escuela han tergiversado las enseñanzas a lo largo de la historia. Para empeorar las cosas, lo que dicen filósofos contendientes puede sacarse fácilmente de contexto y malinterpretarse. Habiendo dicho eso, e incluso si admitimos que hay alguna mala voluntad aquí, me gustaría darle a Epícteto el beneficio de la duda y asumir que Epicuro sí dijo que “no hay communion natural de seres racionales“.

En segundo lugar, Epícteto afirma que Epicuro “desea deshacerse de la comunión natural de los hombres” y, sin embargo, en su propia crítica admite que en la práctica Epicuro actúa en comunión con los hombres. Sospecho que la declaración original de Epicuro involucraba la opinión de que la filantropía universal e impersonal es imposible o antinatural (porque no es natural amar una abstracción o una muestra impersonal de seres; uno solo ama naturalmente a otros seres concretos, reales e individuales) . Y, sin embargo, la Doctrina Principal Nº 39 dice que debemos “tratar de hacer de todos los seres una sola familia”, y el epicureísmo es la primera y única filosofía humanista misionera que produjo la antigüedad, y está claro que Epicuro se había dedicado a enseñar a otros a ser felices mientras estudian la naturaleza, lo que parece implicar cierto nivel de filantropía.

En una filosofía materialista basada en la realidad, la idea del amor universal por todos los seres es difícil de imaginar o justificar. No es natural, y ningún individuo tiene el tiempo o la capacidad de atención necesarios para atender a todos los seres, incluso si ese individuo está predispuesto de forma placentera hacia las personas en general.

Del pasaje debemos inferir que, en el contexto de una discusión entre estoicos y epicúreos, los estoicos estaban argumentando su idea cosmopolita de que existe “una comunión natural de seres racionales” que incluye a toda la humanidad. Sin embargo, el cosmopolitismo de los epicúreos es bastante diferente del cosmopolitismo de los estoicos. Tiene un marcado sabor anárquico y apolítico. Distingue entre hacer filosofía para nosotros mismos como individuos y hacer filosofía para Grecia, para la nación, o la polis, o cualquier otra comunidad política, platónica o imaginaria. Y ve a los individuos como seres naturales (no solo animales racionales, CIERTAMENTE tampoco como animales políticos) con los impulsos, sentimientos e instintos del individuo siendo componentes importantes de cualquier comunidad real y natural de amigos.

El hecho de que Epicuro envió misioneros a Asia demuestra que esta comunidad de amigos era cosmopolita y diversa. Pero también es cierto que no todos fueron receptivos, acogedores o capaces de beneficiarse de las enseñanzas epicúreas.

Siempre debemos orientar nuestro discurso en beneficio de aquellos que están sólidamente armados para la felicidad: nuestros discípulos. – Epicuro de Samos, De la Naturaleza, Nº 28

Al investigar la naturaleza, preferiría hablar abiertamente y como un oráculo para dar respuestas útiles a toda la humanidad, a pesar de que nadie me entienda, en lugar de conformarme con las opiniones populares y así ganar los elogios libremente esparcidos por la multitud. – Sentencia Vaticana Nº 29

Por lo tanto, debe entenderse que Epicuro escribió y enseñó filosofía a individuos selectos. Además, la manera de transmitir la tradición epicúrea parece haber sido muy personal e intersubjetiva. A menudo he argumentado que el epicureismo es, entre otras cosas, (y fue destinado a ser experimentado como) una conversación entre amigos que ha tenido lugar durante siglos. En su Epístola a Meneceo, Epicuro invita al lector a estudiar solo y con otras personas: nuestros amigos pueden verificar nuestro desarrollo, ofrecer críticas francas, desafiar nuestros prejuicios y ofrecer perspectivas que un estudiante solitario puede no tener.

Debe enfatizarse que, en lugar de hablar con “el público”, Epicuro dirige su atención a individuos concretos, a sujetos, y evita ser impersonal. Todas sus epístolas están dirigidas a individuos específicos.

Tanto Metrodoro y yo fuimos tan bendecidos que no nos ha hecho daño ser poco conocidos y casi desconocidos en esta conocida tierra de Grecia. – Epicuro

Aquí hay una bonita expresión de Epicuro, escrita a uno de los socios de sus estudios: “Escribo esto no para muchos, sino para ti; cada uno de nosotros es suficiente audiencia para el otro”. – Séneca, cartas a Lucilio

Esta actitud probablemente se originó en la experiencia negativa de Epicuro en el gimnasio de Mitilene. Sabemos que comenzó su carrera enseñando filosofía allí, pero fue expulsado violentamente de Lesbos por los platónicos, naufragando luego y estando a punto de morir. Cuando estableció su escuela, evitó predicar en público y estableció un jardín privado. Más tarde, una de las controversias entre la Escuela Epicúrea y Timocrates  tuvo que ver con las opiniones (divergentes) sobre el participar en la vida pública, y ya en el siglo II, Diógenes de Oinoanda, en el Fragmento 112 de su Inscripción en su famoso muro, todavía criticaba el perseguir una carrera pública como orador. Parte del placer de estudiar filosofía parece involucrar la privacidad y la intimidad de una conversación entre amigos, la atención dedicada y la amistad misma.

Dicho esto, incluso si el amar a una “humanidad” impersonal y universal o alguna otra abstracción no es algo natural, la tradición epicúrea enseña que es natural cuidar a nuestros vecinos, particularmente a aquellos que conocemos cara a cara, y particularmente a aquellos quienes son más débiles que nosotros. El origen de la compasión por nuestros vecinos se discute en De Rerum Natura:

Y cuando la mujer y el hombre aparte
Se fueron a vivir en compañía,
Y cuando los placeres amorosos
Se limitaron sólo a las dulzuras
Del casto matrimonio, y cuando vieron
Los padres a sus hijos porción suya,
Entonces empezó la especie humana 
A suavizarse por la vez primera:
El fuego hizo los cuerpos mas sensibles
Al frío, de manera que ya el cielo
Abrigo suficiente no prestaba
Debajo de su bóveda; y las fuerzas
Disminuyó la Venus excesiva,
Y las tiernas caricias de los hijos
Blando y suave hicieron su trabajo
El natural altivo de los padres.
Entonces los que estaban más vecinos
Entre sí establecieron relaciones,
Se abstuvieron de daño y de violencia,
Protegían sus hijos y mujeres.
Y en sus gestos y voces balbucientes
Indicaban ser muestra de justicia 
De la imbecilidad compadecerse.
Mas no podía dominar en todos
Esta concordia, bien que exactamente
Guardaban estos pactos los más buenos,
Que eran en mayor número: sin esto
La raza humana fuera destruida
Enteramente ya desde aquel tiempo;
No se hubiera hasta ahora propagado.

Lucrecio en De Rerum Natura Libro V:1454-1483

Se cree que Lucrecio basó su De Rerum Natura (DRN) en los más de 30 libros sobre la naturaleza de Epicuro, y el Libro V de DRN en particular es el tratamiento más fascinante y completo de la antropología epicúrea que tenemos. Aquí, Lucrecio dice varias cosas: nos dice que los humanos se volvieron más suaves a medida que se civilizaban (“Entonces empezó la especie humana a suavizarse por la vez primera: el fuego hizo los cuerpos mas sensibles al frío”), que la amistad surgió como resultado de una búsqueda compartida de beneficio mutuo, que como resultado de estas amistades se instó a la Misericordia a los niños, las mujeres y los débiles, y finalmente termina con: “Y en sus gestos y voces balbucientes indicaban ser muestra de justicia de la imbecilidad compadecerse”. Incluso va tan lejos como para decir que sin esta compasión,La raza humana fuera destruida enteramente ya desde aquel tiempo; no se hubiera hasta ahora propagado”. Esta doctrina fue sorprendentemente demostrada por el reciente descubrimiento de evidencia de que los neandertales, que murieron y fueron reemplazados por nuestros propios antepasados, se canibalizaron mutuamente.

Una última palabra sobre la pregunta de Epicteto: “¿Qué fue, entonces, lo que sacó a Epicuro de su sueño y lo obligó a escribir lo que escribió?”: El placer de dejar un legado hace que la vida sea significativa y placentera, especialmente cuando llegamos al final de nuestras vidas. Diógenes, en su famosa inscripción de su Muro, menciona que al final de su vida, quería publicar las enseñanzas epicúreas para el beneficio de las futuras generaciones de residentes de Oinoanda. Epicuro, a la hora de su muerte, también pronunció sus palabras finales: “¡Nunca olviden mis enseñanzas!”. Es como si hubieran querido extender a otros el placer que encontraron en la filosofía durante sus vidas por última vez, porque sintieron que la filosofía era lo más valioso, lo único que les ayudó a hacer que sus propias vidas valieran la pena.

Parece haber una inclinación filantrópica natural en la misión de enseñanza epicúrea, incluso si el orgullo no la altera totalmente. Ciertamente, las ruinas del Muro de Diógenes todavía llevan su nombre. Pero un sentido saludable de orgullo ha estimulado con frecuencia un comportamiento saludable, y este orgullo es bien ganado, en mi opinión, por aquellos que están sólidamente armados (o sea, preparados) para la felicidad. La pregunta es, ¿qué salida digna encontraremos para esta filantropía epicúrea que desea difundir la felicidad? Al igual que Epicuro y sus compañeros que envejecieron juntos en filosofía, todos tenemos nuestros individuos selectos, nuestros amigos, nuestros elegidos.

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Lectura adicional:

La Comunidad versus la Polis (EN)cropped-soe_sm-1.png

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