Epístola a Meneceo: un encuentro con Epicuro

El siguiente ensayo es una contribución de Julián Mellado, profesor de lengua y literature francesa nacido en Bélgica. Representa sus opiniones y consiste en una invitación a leer la carta que envió a Meneceo Epicuro para resumir sus doctrinas éticas.

Nos encontramos frente a una auténtica joya filosófica , la carta que el filósofo Epicuro escribió a su amigo Meneceo. Un texto tan breve como asombroso. Resulta impresionante observar cómo el autor ha podido decir tantas cosas en tan poco espacio. La brevedad de una carta.

Epicuro fue calumniado, por los platónicos y estoicos entre otros. La iglesia Cristiana prosiguió esa difamación hasta el punto que de los 300 libros escritos por el pensador de Samos apenas han sobrevivido tres cartas, algunas máximas y fragmentos. Todo debido al trabajo que realizó Diógenes Laercio en el siglo III para su investigación sobre los filósofos ilustres.
Algunas cosas más han sobrevivido del epicureismo original, suficiente para poder conocer las ideas que dimanaron de Epicuro.

Durante siglos era casi imposible acceder a esos documentos, pues siguieron estando proscritos. El avance del renacimiento, de la imprenta, y de hombres como Lorenzo Valla, hizo que se tradujese los antiguos textos griegos. Por fin se podia leer directamernte lo que de verdad enseñó Epicuro y su discíplo romano Lucrecio entre otros epicúreos.

La sorpresa fue monumental al descubrir que la filosofía del Placer de Epicuro nada tenia que ver con lo expuesto por sus detractores. Aún hoy el término “epicúreo” denota un significado equívoco e incluso calumnioso. En realidad es un hecho bastante sorprendente el de acuñar al filósofo de Samos un significado que es lo contrario de lo que enseñó.

Epicuro fundó su escuela llamada “El Jardin”, lugar para encontrarse con los amigos, comer y beber frugalmente y hablar sobre temas filosóficos. Los exclavos y las mujeres (aunque fueran prostitutas) eran bienvenidos y tratados con dignidad. Una comunidad basada en la amistad.

La carta a Meneceo nos introduce en el corazón de Epicuro. Su lectura require poco tiempo, su reflexión bastante más. Podemos ver lo que de verdad enseñaba y lo que irritaba a sus enemigos. Epicuro pregonaba una felicidad a la altura de hombre. Una felicidad en el más acá, basada en la superación del miedo a través de una filosofía del Placer y no tanto de los placeres. Esta palabra, placer, está llena de contrasentidos. A lo largo de los siglos reforzado por el platonismo cristiano, el placer se ha visto con desconfianza e incluso con hostilidad. El cuerpo es sede de las pasiones, del pecado. Pero Epicuro nos enseña a escuchar el cuerpo y nos da una definición del Placer muy distinto a lo pensado. Todo esto viene expuesto en la carta a Meneceo. Gran observador de la condición humana, encontramos en sus palabras la intención de liberar a los hombres de aquello que les perturba. Epicuro siempre pensó que su filosofía era una medicina.

La lectura de esta carta se parece a un encuentro personal con el filósofo. El destinatario es tanto su discípulo como el lector moderno. Nos hablará de cosas actuales convirtiéndose en nuestro cotemporáneo.

Veremos quién debe filosofar, si hay un límite de edad o no. Nos enseñará qué pensar de los dioses (Dios), en qué consiste la felicidad posible. Epicuro nos hablará de cómo enfrentar el miedo a morir con unas palabras que hasta el terapeuta Irvin Yalom las tomó para escribir su libro “Mirando al sol de frente” donde reconoce que el filósofo de Samos aportó la major perspectiva jamaś pensada. Nos encontraremos con una reflexión sobre el placer y los falsos placeres, aquellos que esclavizan. Según avanzamos en la lectura vamos descubriendo la primera virtud necesaria para vivir, incluso por encima de cualquier filosofía. Una parte realmente impresionante es cuando Epicuro se ocupa de la fatalidad, de las supersticiones sobre el destino, el terror de lo inevitable. Todavía en nuestros días encontramos personas aterradas por diferentes determinismos bien del campo del esoterismo, de la religión o incluso de un cierto uso de la ciencia.

Encontrarse con Epicuro es encontrarse con un amigo que nos invita a vivir, a dejar los miedos falsos, a superar las diferentes modas ideológicas. Es un amigo que busca curarnos de lo que nos aterra y ofrecernos una liberación al alcance de cualquiera. Cuando leemos la carta entablamos un “diálogo” interno con él, se respira más hondo, se ve la vida con otro color. No cae en la simplicidad de ver todo de color rosa. Lo que nos dice es que quizás los colores sombríos son debidos a una mirada defectuosa.

Me gustaría invitaros a la lectura de esta carta. Quizás esa lectura y reflexión provoque el que alguien quiera seguir conociendo a Epicuro. De momento podríamos decir que este primer encuentro puede ayudar a muchas personas a enfocar su vida de una manera más luminosa,
libre y feliz.

Epicuro nos invita a vivir en el más acá, sin promesas del más allá, en la realidad. No olvidemos que fue el filósofo de la felicidad posible, serena y lúcida. Quizás te apetezca un encuentro con este contemporáneo que nos habla desde el fondo de los siglos.

Lea la Epístola de Epicuro a Meneceo

Esta entrada fue publicada en ética, filosofía el por .

Acerca de hiramcrespo

Hiram Crespo is the author of 'Tending the Epicurean Garden' (Humanist Press, 2014) and 'How to Live a Good Life' (Penguin Random House, 2020), and founder of societyofepicurus.com. He's also written for The Humanist, Eidolon, Occupy, The New Humanism, The Secular Web, Europa Laica, AteístasPR, and many other outlets.

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