La Mettrie: Un Vistazo Panorámico

Lo que sigue es destilado de las reseñas de varios libros del filósofo materialista francés Julien Offray de La MettrieSystème d’Épicure (publicado en 1750), se subtitula “Reflecciones filosóficas sobre el origen de los animales”, y no creo que esté disponible en español.

Lea más:

De la Mettrie en Alcoberro; en EcuRed.

La Mettrie: un sistema epicúreo

Julien Offray de La Mettrie (1709-1751) fue un médico que trató las enfermedades venéreas. Parece que se veía a sí mismo como funcionario filosófico de Venus, tal vez (metafóricamente) como su sacerdote o sanador. Hay que imaginar que la Mettrie tuvo que discutir con sus pacientes detalles muy íntimos de su vida y tendencias sexuales con franqueza y en un espíritu de confianza, y que este trabajo habría requerido de él la voluntad de no juzgar o avergonzar a sus pacientes. De todo esto, y también de su cuerpo de literatura, podemos deducir sus valores particularmente progresistas en lo sexual y social para su época.

En el ensayo A happiness fit for organic bodies: La Mettrie’s medical Epicureanism, Charles T. Wolfe reporta que el propio La Mettrie (en una obra anónima) se refirió a su filosofía como un sistema epicúreo-cartesiano, aunque en algunos de sus escritos fue crítico de Descartes. Su legado intelectual involucra la reunión del alma y el cuerpo. Describe el alma como material y como parte del cuerpo. De esta manera se materializa el cartesianismo y se sana la neurótica fractura platónica entre el cuerpo y el alma. Wolfe también afirma que La Mettrie es un epicúreo-espinozista, y dice que él creó

una nueva y tal vez única forma del epicureísmo en y para la Ilustración: ni un mero hedonismo ni estrictas especulaciones materialistas sobre la naturaleza de los cuerpos vivos, sino un “epicureísmo médico”.

Wolfe también cita La Mettrie diciendo que “el médico es el único filósofo digno de su país“, y explica que lo que quiere decir es que el médico define la verdad de acuerdo a la materia y a la naturaleza, en lugar de como se define por la religión o convención. La Mettrie también dijo: “La mejor filosofía es la de los médicos.”

La Mettrie, el médico, ve el cuerpo como una máquina, una máquina que produce placer (y dolor). Enraiza firmemente la búsqueda de la felicidad en el cuerpo y la materia. En el libro El hombre, máquina, dice: “La naturaleza nos creó para ser feliz“.

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Un alma concreta

Un sistema epicúreo

El Système consiste en párrafos numerados que contienen contemplación filosófica sobre la naturaleza, y parece haber sido escrito como un comentario en prosa sobre algunas de las ideas expresadas por Lucrecio en De la naturaleza de las cosas. La Mettrie no parecía estar familiarizado con Epicuro como fuente primaria, directa, pero sabía de Lucrecio y le citó con frecuencia, como señaló André Comte-Sponville en el ensayo La Mettrie et le «Système d’Épicure».

En el párrafo 49, La Mettrie denomina la última parte del libro “un proyecto para la vida y la muerte digno de coronar un sistema epicúreo.” Teniendo en cuenta que el autor es crítico de los filósofos que crean sistemas en otros lugares, tenemos que evaluar esto. El epicureísmo es una filosofía dogmática coherente cuyas ideas están todas interconectadas, y aquí La Mettrie sabe y reconoce (a regañadientes) que ha dado a luz a un sistema, e incluso le impone una corona. Digo que lo hizo a regañadientes porque reconoció que todas estas ideas fluyeron de su primer principio, y se conectan entre sí de tal manera que era imposible negar que componen un sistema filosófico, y uno casi idéntico al del mismo Epicuro, por lo que le calificó como ‘un sistema epicúreo’.

En The Natural History of the Soul, La Mettrie critica severamente la filosofía “sistematizadora”, pero en este libro, elige las palabras “un sistema epicúreo”, lo que implica que hay otros sistemas epicúreos y muchas formas de ser epicúreo, y aquí no se ve su retórica anti-sistema.

Entonces, ¿en qué consiste esta crítica de los sistematizadores?

Una masa de prejuicios

Dice que los sistematizadores están llenos de prejuicio, lo que impide el desarrollo de la verdadera sabiduría porque han llegado a conclusiones antes de confrontar las preguntas. En el párrafo 64 de su Système, La Mettrie dice que su propia “masa de prejuicios” de la educación “desapareció desde el principio con la brillantez divina de la filosofía“, lo que indica, además, que observó cómo estos prejuicios fueron adquiridos a través del sistema educativo. Vamos a revisitar esto cuando hablamos de su obra Anti-Séneca.

En otra parte de su Historia natural del alma hace frecuentes apelaciones a la razón sin sesgo o prejuicio, diciendo que juzgar de antemano no es lo mismo que la verdadera sabiduría. En nuestro libro presente, conecta el buen juicio con ver la verdadera relación entre dos o más ideas en una mente imparcial.

Los sistemas y la presunción

Tantos filósofos han apoyado la opinión de Epicuro, que me atreví a mezclar mi voz con la de ellos; como ellos lo hicieron, lo que yo hago no es nada más que un sistema; lo cual nos muestra en qué abismo nos encontramos inmersos cuando, con ganas de atravesar la bruma del tiempo, queremos dar miradas presuntuosos a lo que no ofrece ningún agarre: ya que–así admitimos o rechazamos la creación (por Dios)–está en todas partes el mismo misterio, la misma incomprensibilidad. ¿Cómo se formó esta tierra en la que vivo? … Esto es lo que los mayores genios nunca harán; se enfrentarán en el campo filosófico, al igual que yo; harán sonar la alarma a los devotos, y no nos enseñarán nada. – La Mettrie, párrafo 41 de Systeme d’Epicure

El creacionismo se abordará posteriormente. Este es sólo uno de varios casos en que el autor conecta la sistematización con la arrogancia y la presunción de filósofos. Más adelante, en el párrafo 44, dice:

Parece agradable para (el filósofo) vivir, agradable para él ser el juguete de sí mismo y jugar un papel tan divertido, y creer que ha sido un personaje importante.

Esto es, en su cara, una crítica legítima del filósofo. Tal vez somos el centro de nuestro propio mundo en nuestras propias vidas y experiencias, pero ningún individuo o especie se encuentra en el centro del universo.

Pero esta crítica se merece al menos una respuesta: estoy en desacuerdo con que los filósofos “no nos enseñan nada“. O sea, ¿a diferencia de qué? ¿Los teólogos nos enseñan algo? ¿No son los teólogos aún más presuntuosos cuando–a diferencia de nosotros los materialistas–podemos estar seguros de que sus teorías no se basan en el estudio de la naturaleza?

Castillos en el aire

En su Natural History of the Soul (contra-referencias a sus otras obras a menudo son útiles en el estudio de La Mettrie), cuando es crítico de los filósofos sistematizadores, vemos que específicamente se dirige a los idealistas–menciona a Malebranche, Leibniz y Descartes por nombre. Dice que estos idealistas construyen “castillos en el aire“. En otra parte dice que estos “metafísicos ambiciosos” tienen una “imaginación presuntuosa.”

Por lo tanto, su crítica contra los sistemas es específicamente una crítica a los idealistas, algunos de los cuales menciona por nombre, y su acusación de construir castillos en el aire se relaciona con el problema del idealismo y la falta de base de material y empírica en estos sistemas. Por lo tanto, su referencia a haber creado algo “digno de coronar un sistema epicúreo” se entiende como siguiendo esta crítica. Él está diciendo que algo digno de ser llamado un sistema debe abandonar primero el idealismo a favor del materialismo.

Y así, ésta retórica anti-sistema es una crítica a los idealistas en particular. Cuando discute el argumento de que todas nuestras ideas las adquirimos de los sentidos al final de este libro, ésta crítica entrará en relieve y enfoque, pero por ahora hay que señalar que la novela Varios días en Atenas–que también fue producida por intelectuales de la Ilustración–tiene dichos paralelo donde la autora acusa que la “pedantería de Aristóteles” hace que la gente confunda “prejuicio con sabiduría“. Tanto la acusación de presunción como el argumento anti-prejuicios se presentan contra otros filósofos.

Un epicúreo escéptico?

“Las fuentes principales de todos los organismos, así como la nuestra, nos es oculta y probablemente siempre lo será.”

Está claro que La Mettrie sigue la tradición epicúrea de filosofía, e incluso a veces cae en el linaje de los filósofos risueños (si consideramos su “consejo a una anciana” que ha perdido su juventud y atracción sexual). Hacia el final de su Système, dice:

“… estos “proyectos para la vida y la muerte”: un epicúreo voluptuoso en el curso de la vida hasta mi último aliento, y un estoico constante al acercarse la muerte” … han dejado en mi alma un sentimiento de voluptuosidad que no me impide reirme del primero.

Se está refiriendo a todos los párrafos de la primera parte del sistema antes del párrafo 49, que es donde anuncia su “sistema” epicúreo. Sin embargo, el afirma, incluso insiste, en que es un escéptico y solo a regañadientes admite que es un dogmático (un “sistematizador”, para usar su propio término). En su Historia natural del alma, dice que “la verdadera filosofía” no existe.

Nota: el escepticismo es la opinión de que la verdad no puede conseguirse con certeza, y el dogmatismo es la opinión de que sí se pueden conseguir verdades con certeza.

Esto plantea preguntas sobre la medida en que es prudente aceptar verdades para las cuales no tenemos evidencia basada en analogía con la evidencia disponible, antes de que debemos adoptar la etiqueta de “escéptico” sobre este o aquel tipo de verdad. ¿En qué medida estamos siendo verdaderamente humildes, y no imprudentes o sin capacidad para inferir verdades, cuando admitimos que ahora sabemos algo que se considera un misterio oscuro y poco claro? En la Epístola a Heródoto, Epicuro establece criterios que permiten conocimiento claro:

Por supuesto, debemos apegarnos a nuestras sensaciones, es decir, simplemente a las impresiones presentes, ya sea de la mente o de cualquier criterio, y de manera similar a nuestros sentimientos presentes, para que podamos tener los medios para determinar lo que necesita confirmación y lo que es oscuro.

Una nota final sobre cómo, en mi opinión, el enfoque epistemológico de La Mettrie es esencialmente epicúreo a pesar de su vacilación en llamarse a sí mismo dogmático: para él, el conocimiento que no produce placer es rechazado, ¡y es rechazado PORQUE no produce placer! En el párrafo 26, contrasta el placer de estar en la naturaleza con el intento de comprender todo racionalmente, que es más un acto de poder sobre la naturaleza que una inmersión gozosa en ella:

Tomemos las cosas por lo que parecen ser. Miremos a nuestro alrededor: esta circunspección no carece de placer y la vista es encantadora. Miremos con admiración, pero sin esa picazón inútil de entenderlo todo y sin ser torturados por la curiosidad, que siempre es superflua cuando nuestros sentidos no la comparten con nuestras mentes.

De religión y política

Mientras que otros han relacionado el consejo epicúreo de mantenerse apolítico e irreligioso a la distinción entre comunidad imaginada y comunidades naturales, La Mettrie nos da esta curiosa idea en el párrafo 76:

La religión solo es necesaria para aquellos que son incapaces de sentir la humanidad. Es cierto que es inútil para las relaciones entre personas honestas. Pero solo las almas superiores pueden sentir esta gran verdad. ¿Para quién, entonces, está hecha la maravillosa construcción de la política? Para las mentes que quizás habrían encontrado insuficientes otros controles, una especie que lamentablemente constituye el mayor número.

Lea más:

 Système d’Épicure (French Edition)

El canon epicúreo en La Mettrie

Lo siguiente es parte de una reseña de libro Histoire Naturelle de l’Ame por Julien Offray de La Mettrie.

En su Carta a Heródoto, Epicuro establece los criterios de la verdad. Estos criterios son las facultades que la naturaleza nos dio como contacto con la realidad: las anticipaciones (que se forman a medida que encontramos y memorizamos los objetos sensoriales), los cinco sentidos y la facultad del placer-dolor.

14. Por encima de todo, debemos mantener nuestras investigaciones estrictamente de acuerdo con la evidencia de los sentidos. 15. Debemos asegurarnos de mantener nuestras conclusiones consistentes con las cosas que ya hemos establecido claramente a través de nuestras sensaciones, de nuestros sentimientos de dolor y placer, y de las aprensiones mentales que recibimos a través de anticipaciones. 16. Siempre debemos tomar como verdad las cosas que ya han sido claramente establecidas y referirnos a ellos como bases para nuestros nuevos juicios4. 17. Este es el método que empleamos en la investigación de todas las nuevas preguntas, independientemente de que el objeto de la pregunta pueda ser percibido directamente por los sentidos o de que sólo pueda ser entendido por el razonamiento en base a lo que ya se ha percibido. – Epicuro, en su Epístola a Heródoto

Muchos pasajes de Historia natural del alma discuten cómo se usa el canon. Una vez más, veremos que el sistema y método de La Mettrie son esencialmente epicúreos.

Pero, antes que nada, ¿por qué es importante este tema? En las primeras páginas del libro, La Mettrie explica que no conocer la naturaleza del alma nos hace someternos a la ignorancia y la fe, y que uno no puede concebir el alma como abstracción, separada del cuerpo. El cuerpo y el alma surgen a la vez y juntos. Para conocer las propiedades del alma, uno debe investigar las del cuerpo, de las cuales el alma es el principio animador. Como todas las propiedades que observamos suponen un tema en el que se basan, los idealistas postulan que el alma existe por sí misma sin el cuerpo, que no es natural o que es inmaterial. Al establecer una doctrina de unidad de cuerpo y alma, La Mettrie responde a los idealistas:

Sí, pero ¿por qué quieres que imagine que el alma es de una naturaleza absolutamente distinta del cuerpo?

La premisa clave de la Historia natural del alma es que el alma es física, parte del cuerpo, y que nace y muere con el cuerpo. Como Epicuro explica en su Epístola a Heródoto, el cuerpo es el componente pasivo y el alma es el componente activo del yo; y además, dice que no hay guías más seguras que los sentidos en nuestra investigación de la naturaleza del alma.

La razón: un mecanismo que puede tener averías

La Mettrie es, entre otras cosas, un defensor del placer y muy escéptico del valor de la razón. También argumenta que la felicidad no se encuentra en los pensamientos o en la razón, sino que nace del cuerpo.

La felicidad depende de causas corporales, como ciertas disposiciones del cuerpo, naturales o adquiridas, es decir, obtenidas por la acción de cuerpos extranjeros sobre el nuestro. – La Mettrie, en Histoire Naturelle de l’Ame, páginas 135-136

Argumenta que algunas personas son por nacimiento más felices que otras. También argumenta que la razón orgullosa es un mecanismo que puede tener averías, y en el párrafo 79 de su Système d’Epicure habla de cómo la razón fría “desconcierta, congela la imaginación y hace huir los placeres“.

Los sentidos

Es difícil saber en qué medida La Mettrie basó su Historia natural del alma en Lucrecio.

A decir verdad, los sentidos nunca nos fallan, excepto cuando juzgamos sus informes con demasiada precipitación, porque de lo contrario son ministros leales. El alma seguramente puede contar con que le ayuden a evitar las trampas que se le presenten. Los sentidos siempre están alertas y siempre están listos para corregir los errores de los demás sentidos. – Histoire Naturelle de l’Ame, pág. 69

En otros lugares parece admitir que los sentidos no son completamente confiables porque las percepciones pueden cambiar. La fruta dulce se vuelve agria, incluso los colores cambian con la iluminación. A todo esto, Epicuro respondería que incluso si admitimos que los sentidos pueden errar (y lo hacen), siguen siendo nuestros mejores y únicos criterios que nos conectan con la realidad.

Hacia el final del libro, somos raptados a un fascinante mundo de Tarzanes de la vida real de la historia europea cuando el autor comparte varias historias que confirman que todas las ideas provienen de los sentidos. Narra una historia sobre un hombre sordo de Chartres que, al escuchar las campanas, comenzó a recuperar su audición. Cuando más tarde comenzó a hablar y le preguntaron los teólogos, no entendió el significado del concepto de dios o las ideas relacionadas con el más allá, etc. Otra historia tuvo que ver con un ciego que tuvo que usar el tacto para tener una idea de las cosas. Finalmente, narra la historia de Amman, quien enseñó a los sordos a hablar con el tacto y la vista. Los haría tocar su garganta para sentir la vibración del sonido allí, y leer los labios y usar espejos para practicar el uso de la vista. Al cierre del libro, el autor dice:

De todo lo que se ha dicho hasta el presente, es fácil concluir con evidencia de que no tenemos una sola idea innata, y que son todas productos de los sentidos.

Él continúa ofreciendo la fórmula:

Sin educación, no hay ideas.
Sin sentidos, no hay ideas.
Menos sentidos, menos ideas.

Anticipaciones: una ley constante

Si bien La Mettrie no menciona directamente las anticipaciones (la tercera facultad canónica), sí describe esta facultad cuando habla sobre el habla y la memoria. Intentaré ofrecer una traducción clara del francés, lo que se dificulta por el hecho de que el autor usa oraciones largas.

La causa de la memoria es, de hecho, mecánica, como lo es la memoria misma. Parece depender de lo que está cerca de las impresiones corporales del cerebro, que trazan ideas que lo siguen. El alma no puede descubrir un rastro, o una idea, sin recordar a los demás que habitualmente iban juntas. – La Mettrie, hablando de las “impresiones corporales del cerebro” en la pág. 88-89 de “Historia natural del alma”

Dado que para que un nuevo movimiento (por ejemplo, el comienzo de un verso o un sonido que golpea los oídos) comunique en el campo su impresión a la parte del cerebro que es análoga a donde se encuentra el primer vestigio de lo que uno busca (ver nota) donde se oculta la memoria, o el rastro de los siguientes versículos, y representa para el alma el seguimiento de la primera idea, o de las primeras palabras, es necesario que las nuevas ideas sean llevadas por una LEY CONSTANTE al mismo lugar donde fueron llevadas las otras ideas de la misma naturaleza que estas. – La Mettrie, hablando de la “ley constante” por la cual la memoria funciona en las páginas 89-90 de “Historia natural del alma ”

(Nota: el autor usa la palabra moelle, que se traduce como “médula ósea”, pero debe estar refiriéndose a algún tipo de tejido o lóbulo cerebral)

Ahora, sabemos que gran parte de la escritura de La Mettrie se inspiró o se basó en De Rerum Natura, de Lucrecio y este pasaje en particular está relacionado con el pasaje donde Lucretius menciona vías neuronales en el cerebro. Tenga en cuenta que La Mettrie también se refiere a ideas que trazan un camino dentro del cerebro.

Observe también que esto es notablemente científico, considerando cuándo fue escrito. Para La Mettrie, las ideas son “impresiones corporales” en el cerebro. Las ideas son materiales: son físicas y se alojan (o suceden) en el cerebro. Hoy sabemos que las ideas son, concretamente, señales eléctricas compartidas por las neuronas según las conexiones establecidas en los nodos entre ellas, que se forman como resultado del comportamiento habitual e instintivo del animal.

Además, y esta es otra característica del canon tal como lo entienden los epicúreos más modernos: en la pág. 93 La Mettrie argumenta que el hecho de que recordamos o reconocemos ideas con o sin el consentimiento de la voluntad se considera una prueba de que son pre-racionales. Las anticipaciones son subconscientes y obedecen lo que La Mettrie llama una “causa interna”.

Algunas conclusiones

El autor parece estar íntimamente familiarizado con muchos detalles del canon epicúreo. Parece que gran parte de lo que escribió fueron comentarios sobre las ideas de Lucrecio, y que no estaba familiarizado con Epicuro como fuente directa. Su familiaridad era con Lucrecio, que era un documento popular para los intelectuales antirreligiosos de su época.

No usa las mismas palabras que Lucrecio (o Epicuro). Está empleando un lenguaje claro en su lengua materna para nombrar cosas que conocemos como anticipaciones, canon, dogmatismo, etc. Usó “système” para los sistemas dogmáticos de filosofía, y se refirió funcionalmente a las anticipaciones relacionadas con la memoria y el habla.

La Mettrie considera la razón y las facultades canónicas de manera similar a como lo hace el epicúreo ortodoxo. Él dice de la razón que es un “mecanismo que a menudo falla“. Frecuentemente usa el término “causas internas” aquí (en oposición a “externas”), quizás admitiendo algún reconocimiento de la existencia de la mente inconsciente o subconsciente. Es muy interesante que haga todo lo posible para argumentar que estas facultades son pre-racionales.

A continuación, nos centraremos en las controversias contra los creacionistas y teólogos.

La Mettrie: contra el creacionismo

En De Rerum Natura, el poeta epicúreo Lucrecio acentuó (como lo hizo Epicuro) que el movimiento es un atributo de la materia. La repercusión más importante de esto es que el movimiento es natural y no requiere de dioses, espíritus o fuerzas animadoras fuera de la naturaleza: la naturaleza está “libre de amos”, como afirma Lucrecio.

En La Mettrie, además de los atributos esenciales de la materia, hay algo que él llamó “la force mortice” (la fuerza dinámica), que es “poder“. En la página 9, se establece la relación entre fuerza y ​​movimiento. Este “poder móvil de la materia” se encuentra en cada cuerpo en movimiento, y es imposible no concebir estos dos atributos: lo que mueve y lo que es movido. El papel que desempeña este dinamismo inherente a la materia es abolir todo animismo sobrenatural o supersticioso y reemplazarlo con el concepto de una naturaleza mecánica que exhibe movimiento por sí misma de acuerdo con las leyes naturales.

Contra los teólogos

En Histoire Naturelle de l’Ame, La Mettrie cierra haciendo eco de Voltaire, diciendo que no hay necesidad de temer que los filósofos perjudiquen la religión de un país. No, son los teólogos los que desean presidir sectas y partidos políticos.

Cien tratados sobre el materialismo son mucho menos temibles que un jansenista despiadado o un ambicioso pontífice.

La naturaleza no tiene un propósito

Una de las características de la visión anti-creacionista de la naturaleza es que la naturaleza es ciega, mecánica, que no “tiene la intención” de hacer esta o aquella máquina, este o aquel cuerpo, este órgano o ese ecosistema. Estas cosas aparecen como resultado de mutaciones o eventos aleatorios, o de la danza interminable de partículas que se mueven en el espacio y se relacionan entre sí, y solo una vez que su función tiene una ventaja, los organismos comienzan a perfeccionar el uso de sus órganos. Este argumento se encontró originalmente en Lucrecio.

La naturaleza es ciega, inocente, inconsciente y, de hecho, esta ceguera e inocencia es un consuelo para la muerte.

Razonamiento naturalista predarwinista

La Mettrie vivió antes que Darwin. Su argumento lucreciano sobre cómo surgieron los humanos de la Tierra es, por lo tanto, predarwinista, pero se basa en el razonamiento de que si los humanos no siempre han existido, la Tierra debe haber actuado como el útero de la humanidad.

¿Por qué, les pregunto, modernos anti-epicúreos, por qué la Tierra, esa madre y nodriza de todo, hubiera negado a las semillas animales lo que permitió a las verduras más malas, inútiles y dañinas?

Obviamente, Darwin hizo grandes contribuciones a nuestra comprensión de la evolución de la vida, y los genetistas después de él continuaron su trabajo. Pero Lucrecio demuestra que los antiguos tenían una idea de la selección natural, y La Mettrie vuelve a escribir un comentario sobre las ideas de Lucrecio cuando dice:

La perfección no se logró en un día en la naturaleza ni en el arte.

Los balbuceos del arte para imitar a la naturaleza nos dan una idea de cómo eran los balbuceos de la naturaleza.

La idea es que la naturaleza produjo muchas anomalías y mutaciones. Aquellas que fueron desventajosos no sobrevivieron para transmitir su semilla o sus genes, pero aquellas que fueron ventajosas sí transmitieron su semilla, y después de incontables generaciones esto produjo seres que se adaptaron cada vez más a su entorno.

El hombre “vino después” de las bestias porque el hombre es más complejo, por lo tanto, el hombre tomó más tiempo para hacer.

El caso de los mutantes demuestra la distracción / imperfección de la naturaleza y su lento perfeccionamiento por medio de cometer errores: su “inocencia“, y su falta de intención y de “causas finales“. La naturaleza pasó por muchas combinaciones antes de llegar a las que funcionaron de manera efectiva. Resulta que la naturaleza ha hecho ojos sin intención, tal como el agua sirve como espejo sin tener la intención. La Mettrie compara esto con una metáfora de cómo el azar en un lienzo pinta algo.

La creación de ojos y oídos por la naturaleza sigue leyes de la naturaleza similares a las que gobiernan el flujo y reflujo del mar.

El glorioso puerto

La Mettrie era muy consciente de que gran parte de lo que estaba escribiendo sería considerado prácticamente sedicioso por las autoridades religiosas de su tiempo, y sin embargo presionó estos temas con celo. Me recuerda al capítulo 14 de la novela Varios días en Atenas, que cierra con la siguiente conclusión sobre la supuesta inmoralidad del ateísmo, que originalmente el personaje de Teón consideraba como un “crimen mental”. Después de explicar que no es delito creer con certeza en los dioses, pero eso no es razonable, Wright–en la boca de Epicuro–dijo:

(Deje) que esta verdad permanezca con usted: que una opinión, correcta o incorrecta, nunca puede constituir un delito moral, ni ser en sí misma una obligación moral. Puede estar equivocada; Puede implicar un absurdo o una contradicción. Es una verdad, o es un error: nunca puede ser un crimen o una virtud.

La Mettrie cierra su libro celebrando bellamente el soplo de aire fresco que los intelectuales de su tiempo estaban disfrutando como resultado de finalmente poder discutir abiertamente las ideas anticlericales que estaban entreteniendo. La Ilustración había logrado crear un “puerto glorioso” para los intelectuales, y es solo aquí donde la vida intelectual ha podido florecer después de siglos bajo el asfixiante control del clero:

Te saludo, clima favorable donde cualquier hombre puede pensar de manera diferente a los demás; donde los teólogos no actúan como jueces de filósofos, un papel del cual son incapaces; donde la libertad de la mente, el mejor atributo de la humanidad, no está encadenada por prejuicios; donde uno no se avergüenza de decir lo que no se sonroja al pensar; y donde no hay riesgo de convertirse en mártir de la doctrina de quien es apóstol. Te saludo, país ya celebrado por los filósofos, donde todos los perseguidos por la tiranía encuentran (si son dignos y de buena reputación), no un asilo seguro sino un puerto glorioso; donde uno siente cuán lejos y por encima están las victorias de la mente sobre todas las demás; donde el filósofo, finalmente coronado con honores y amabilidad, es solo un monstruo para las mentes de los insensatos. ¡Oh tierra afortunada, florece más y más! ¡Que aprecies tu buena fortuna y te hagas digna en todo, si es posible, del gran hombre que es tu Rey! Musas, Gracias, Cupidos y tú, sabia Minerva, cuando coronas con los laureles más espléndidos la ceja augusta de este Julián moderno, tan digno de gobernar, tan sabio, tan inteligente y tan filosófico como el clásico, solo estás coronando el tuyo.

Otras lecturas:

Histoire Naturelle de l’Ame (French Edition)

Contra Séneca

Lea “Anti-Seneca” en inglés.

Mientras que el Système d’Epicure se centra en la física y fue evidentemente influenciado por Lucrecio, Anti-Séneca encarna la ética de La Mettrie y es una respuesta al libro “De la vida beata” de Séneca. Lucius Annaeus Seneca fue un antiguo filósofo y escritor estoico de la provincia romana de Hispania.

En la parte inicial de la obra, La Mettrie comienza su crítica de Séneca (y los estoicos) diciendo:

Son todo alma, ignorando sus cuerpos; seamos todo cuerpo, ignorando nuestras almas.

Sin embargo, esto debe entenderse como lenguaje poético. Una gran parte del legado intelectual de La Mettrie consiste en estudiar el alma como una parte física y natural de nuestra constitución, totalmente incrustada en la carne. La preferencia de La Mettrie por el cuerpo sobre el alma me recordó esta cita de Zarathustra de Nietzsche:

Érase una vez que el alma miraba con desprecio al cuerpo, y luego ese desprecio era lo supremo: el alma deseaba que el cuerpo se viera escaso, espantoso y hambriento. Así pensó escapar del cuerpo y de la tierra.

Oh, esa alma era en sí misma escasa, espantosa y hambrienta; ¡Y la crueldad era el deleite de esa alma!

Pero vosotros también, hermanos míos, díganme: ¿qué dice su cuerpo acerca de su alma? ¿No es su alma pobreza y contaminación y miserable autocomplacencia?

La Mettrie localiza muchas de las tendencias inherentes de nuestro carácter (melancolía, perspicacia, tranquilidad y felicidad, entre otras) en el cuerpo. Él dice que mucho de lo que constituye nuestro carácter es el resultado de nuestra configuración física, con la que nacemos.

La investigación de la ciencia moderna de la felicidad todavía está debatiendo este tema, pero algunas de las investigaciones preliminares parecen sugerir que alrededor del 60% de nuestra felicidad depende de la naturaleza, es decir, la genética y el medio ambiente. Al menos eso dice Martin Seligman, el padre de la psicología positiva. Otros psicólogos positivos citan una relación 50/40/10 donde el 50% de nuestra felicidad está determinada por los genes, el 40% por nuestras acciones y actitudes (esto incluye lo que los antiguos epicúreos llamaban nuestra “disposición”, de la que tenemos el control) , y admiten que el 10% depende de las circunstancias o accidentes. Esto nos recuerda la Epístola de Epicuro a Meneceo, donde dice que

… Algunas cosas suceden por necesidad, otras al azar, otras a través de nuestra propia agencia.

Si bien La Mettrie y Epicuro no asignan proporciones, la idea aquí es similar. Sería imprudente negar nuestra facticidad, el hecho de que gran parte de lo que compone nuestras vidas fue establecido antes de nuestro nacimiento (necesidad, entorno); y también, que la vida nos arroja desafíos y dificultades de vez en cuando (oportunidad, azar). Y, sin embargo, la filosofía nos enseña que no solo somos capaces sino también responsables de esculpir nuestros carácteres para disfrutar más plenamente de todos los placeres que la naturaleza ofrece fácilmente, de la misma manera que una flor de loto tiene el poder de crecer del barro hasta ser la flor más fragante y hermosa.

Estoy convencido de que fui yo quien tomó la decisión, y me regocijo en mi libertad. Todas nuestras acciones más libres son así. Una determinación absoluta y necesaria nos arrastra a nosotros, que nunca optaríamos por la esclavitud. ¡Qué enojados estamos! Y aún más infelices somos los locos por castigarnos constantemente por fallas donde no tenemos poder.

La Mettrie emplea su determinismo calificado (que permite la libertad natural y la volición) al servicio de la abolición del remordimiento, que ha agregado al miedo a la muerte y a los dioses, y a los deseos ilimitados, como otro de los males que nosotros debemos desterrar nuestras almas para poder disfrutar mejor la vida.

Digo “determinismo calificado” porque, al decir esto, La Mettrie argumenta que, si las personas malvadas pueden vivir vidas felices sin remordimientos, “se necesitaría una persona bastante extraña e irracional para negarse a aceptar que alguna vez podría ser feliz“. La Mettrie escribió Anti-Séneca en defensa de la tesis de que la felicidad, particularmente la felicidad epicúrea, natural, totalmente encarnada, es posible, pero solo si usamos la filosofía para reducir los efectos de la cultura y la educación, y evitar agregar más prejuicios y artificialidades a los que hemos heredado. La Mettrie vuelve una y otra vez al problema de la educación y a cómo interfiere con nuestra felicidad natural. Él está diciendo que, hasta cierto punto, la felicidad se compone de elecciones que hace un filósofo, junto con un proceso de reeducación del carácter.

En un momento del libro, La Mettrie casi sucumbe a un tipo de solipsismo hedónico cirenaico, solo para llevarnos de vuelta al estudio de la naturaleza. Cuando La Mettrie dice

Saludables o enfermos, despiertos o dormidos, nuestra imaginación puede alegrarnos.

El hace eco de la réplica de Epicuro contra los cirenaicos cuando argumentaban que los placeres y dolores corporales son más poderosos que los de la mente. Si bien Aristipo aconsejó a sus seguidores que se involucraran en una práctica conocida como presentismo, que estuvieran presentes para los placeres del momento, Epicuro les dijo a sus seguidores que, además de eso, podían dedicarse a recordar los placeres pasados ​​y anticipar los futuros. De esta manera, podrían permanecer en placeres constantes. En la Doctrina Principal 20, nuevamente enseñó que la mente (a diferencia de la carne) es capaz de comprender los límites de la naturaleza y, por lo tanto, está mejor equipada para asegurarnos una vida placentera.

La Mettrie también hace eco a Filodemo (por ejemplo, en su pergamino Sobre la música) cuando argumenta que la razón debe servir a la naturaleza para ayudarnos a ser felices. Por ejemplo, cuando discute la necesidad de eliminar las opiniones falsas (agregadas por “una educación demasiado onerosa”) que producen remordimiento o culpa injustificados, dice:

No, me gustaría que debamos a la razón lo que tantos sinvergüenzas deben al hábito.

La Mettrie también parafrasea la Sentencia Vaticana 45, que dice que “el estudio de la naturaleza no hace que los hombres se jacten“, cuando dice:

El fino conocimiento del que se enorgullece tan liberalmente nuestra alma lo que hace es desacreditarla, al privarla de lo que presupone su adquisición.

En La Mettrie, esta burla del orgullo del hombre es realmente una burla de la hegemonía de la razón entre la clase intellectual (por oposición a los sentidos y sentimientos). Al igual que Nietzsche, argumenta que los hombres no son tan racionales, que la razón simplemente racionaliza y enmascara las pasiones y a menudo las presenta como virtudes u oculta nuestros instintos más feos.

La verdadera educación filosófica nos reconcilia con la naturaleza, pero la educación de la que las personas arrogantes se jactan generalmente no es de este tipo. La crítica de La Mettrie a la virtud sigue la misma línea: distancia a las personas de la naturaleza, es artificial y, por lo tanto, no tiene valor. En Varios días en Atenas, se expresa esta misma idea:

Zenón (el estoico) tiene sus ojos en el hombre, yo los míos en los hombres: nadie más que los filósofos pueden ser estoicos; epicúreos todos pueden ser.

Anti-Séneca, también fue titulado “Sobre la felicidad” por el autor, quien creía que hablar en contra de Séneca era decir algo sobre la felicidad. Vemos un contraste entre la naturaleza y la cultura expresado como la naturalidad epicúrea y la artificialidad estoica, de los cuales el primero es decididamente el que trae la verdadera felicidad. Por lo tanto, uno de los argumentos centrales de todo el libro es que la educación y la cultura (y la razón) a menudo tienden a desmantelar nuestra disposición inicial, natural e inocente, y que el estudio de la verdadera filosofía debe restaurar esta disposición inicial (y debe restaurar la primacía del sentimiento).

Mientras que en el párrafo 66 de Système d’Épicure, La Mettrie menciona de pasada que es un estoico solo en el momento de la muerte, encontramos en otro lugar en el pasaje 74:

No, no seré el corruptor de ese gusto innato por la vida que tenemos, no difundiré el veneno peligroso del estoicismo en los buenos días e incluso en la prosperidad de nuestros Lucilios. Por el contrario, trataré de cortar las espinas de la vida si no puedo reducir su número, a fin de aumentar el placer de recoger sus rosas. Y ruego a aquellos que, debido a una organización deplorablemente desfavorable, no están satisfechos con el espléndido espectáculo del mundo, que se queden aquí, por el bien de la religión si no tienen humanidad o, lo que es más grandioso, por el bien de la humanidad si no tienen religión.

Anti-Séneca incluye un pasaje sobre los placeres de la literatura y los otros placeres intelectuales.

Pensar es solo otra forma de sentir: es un sentimiento retirado … Dedicarnos a leer y pensar en cosas agradables es una forma de implantar un sentimiento agradable casi constante en nosotros mismos.

Cuando se dirige a personas con tendencias desenfrenadas, les dice que “se revolquen como un cerdo, y serán felices como un cerdo“. Más tarde, explica que no está alentando el mal:

Siento compasión por el desenfreno, ya que encuentro su excusa en el propio organismo, que por regla general es difícil y a menudo imposible de domesticar.

La Mettrie luego vuelve a la idea de que todos los nervios tienen un punto de encuentro en algún lugar dentro del cerebro, y que

… aquellos cuyos nervios se ven más gratamente afectados, sin importar la causa, son necesariamente los más felices de todos.

Este es el tronco del que brotan las ramas de la felicidad.

mediante el cual pretende decir que no solo el alma es física, sino que las condiciones que permiten la felicidad también son físicas y corporales.

La Mettrie cierra Anti-Séneca con una cómica mezcla de elogios e insultos para el pensador estoico que es el tema de su tratado. La brillantez de este pasaje radica en que en realidad está imitando muchas de las cosas que critica en Séneca, llamándolo intelectual más que filósofo, y ofreciéndole una alta dosis de su propia medicina y su propio discurso doble. Francamente, este pasaje es La Mettrie en su esplendor más deliciosamente inteligente y elocuente.

Anti-Séneca concluye diciendo que cada criatura tiene su propia porción de felicidad disponible de acuerdo con sus tendencias y su constitución.

Si bien Anti-Séneca podría haberse beneficiado de menos verbosidad, tiene sus momentos brillantes y divertidos. Este es un ensayo recomendado si está interesado en las discusiones y reproches centenarios entre estoicos y epicúreos.

Lea más:

El combate por la felicidad (La muchacha de dos cabezas) (Spanish Edition)

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Acerca de hiramcrespo

Hiram Crespo is the author of 'Tending the Epicurean Garden' (Humanist Press, 2014), 'How to Live a Good Life' (Penguin Random House, 2020), and Epicurus of Samos – His Philosophy and Life: All the principal Classical texts Compiled and Introduced by Hiram Crespo (Ukemi Audiobooks, 2020). He's the founder of societyofepicurus.com, and has written for The Humanist, Eidolon, Occupy, The New Humanism, The Secular Web, Europa Laica, AteístasPR, and many other outlets.

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