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¡Epicuro, yo te elijo!

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Traducción por Jesús Guevara, del original, por Cassius Amicus y representa su opinión y su modo personal de “epicurear”. Este contenido está en el dominio público y se puede compartir para uso educativo y no-comercial.

Elijo vivir mi vida en agradecimiento a la Naturaleza que me creó y me sostiene. Por lo tanto, con gusto elijo a Epicuro como mi guía, y elijo recordarme a mí mismo el porqué vivo y porqué hago todas las cosas como si Epicuro estuviera a mi lado:

  • Me recuerdo a mí mismo que muchas son las ilusiones que las personas me harían creer, pero veo que la verdad nunca puede venir del razonamiento basado en evidencia falsa, y por lo tanto elijo seguir la evidencia que la Naturaleza misma me proporciona, y nunca permitiré que la supuesta lógica o revelación de otros hombres me desvíe del camino de la Naturaleza.
  • Me recuerdo a mí mismo que nunca he visto ninguna evidencia de que las leyes de la naturaleza hayan sido o puedan ser contradichas por dioses o por especulaciones de las personas. Me recuerdo a mí mismo que nada ha sido creado de la nada (Ex nihilo nihil fit), por lo que busco el significado de las cosas en lo que existe, y en los elementos de las cosas que la Naturaleza me muestra que siempre han existido y siempre existirán.
  • Me recuerdo que el conocimiento es posible para mí, siempre que tenga el coraje de confiar en las facultades que la Naturaleza me ha proporcionado: los Cinco Sentidos, la Facultad de sentir Dolor y Placer, y la Facultad de las Anticipaciones. Me recuerdo a mí mismo que con estas herramientas confiables debo buscar el conocimiento de la naturaleza de las cosas para poder vivir felizmente. Me recuerdo a mí mismo que, si no me aferro a estas facultades como la prueba definitiva de toda verdad que sea relevante para mí, seguramente perderé no solo mi razón sino también mi vida. Acepto que, aunque utilizo estas facultades al máximo, existen limitaciones naturales al conocimiento que puedo obtener, pero me niego a permitir que esos límites me hagan rebelarme contra la Naturaleza, o que esos límites endurezcan mi corazón simplemente porque hay respuestas que me son retenidas o me son esquivas.
  • Me recuerdo a mí mismo que siempre debo separar en mi mente aquellas cosas que sé que son verdaderas de aquellas que veo inciertas, porque a menos que comprenda firmemente lo que veo que es verdad, no tengo ningún estándar para juzgar lo que es falso.
  • Me recuerdo a mí mismo que es esta base, a la que Epicuro me ha guiado, en la cual concluyo que no hay realidad o poder más alto que la Naturaleza misma, ni ningún objetivo para mi vida que no sea el que la Naturaleza ha establecido, que es el que yo viva felizmente.
  • Me recuerdo lo agradecido que estoy con Epicuro, el maestro constructor de la felicidad humana, que dedicó su vida a buscar la verdad, y que me mostró la manera de determinar qué elegir y qué evitar, y por lo tanto cómo puedo evitar las trampas del error, en las que seguramente caería sin esta guía.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual yo capto que el universo está lleno de otros mundos y otras especies vivientes, y por la cual capto la verdadera perfección de cualquier dios que exista como parte de la Naturaleza y de las leyes de la Naturaleza. Ahora veo que tales dioses no tienen intenciones de ira o gratitud, y que no necesito temer a los dioses ni buscarles recompensa, sino simplemente reverenciar su feliz estado dentro del Universo Natural.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme que no soy yo quien soy impío, sino aquellos que imputan debilidad o imperfección a los dioses, y que sostienen que los dioses causan que todas las cosas, incluídos el mal y el sufrimiento, atormenten a este mundo.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme que yo también puedo aspirar a una felicidad digna de los dioses dentro de los límites de mi propia Naturaleza, que la Naturaleza me ha otorgado el libre albedrío para elegir este camino, y que por lo tanto soy yo, y no los dioses, el responsable de mis propias acciones.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual comprendo que todo lo que me ha pasado o me pasará, pasará en esta vida, que el tiempo que pasa después de mi muerte no tiene mayor importancia para mí que el tiempo que pasó antes de mi nacimiento, y esa muerte no es más que un recordatorio de la urgencia de que viva mi vida feliz ahora.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que estar vivo es poseer los medios de la felicidad, y que todo lo que necesito para experimentar la mayor felicidad que la Naturaleza me permite, es liberarme del dolor.
  • Agradezco a Epicuro por permitirme ver que no necesito la inmortalidad, la riqueza o el poder, y que mi objetivo de una vida simple y autosuficiente de acuerdo con la Naturaleza me permitirá alcanzar la mayor felicidad para la cual el hombre puede aspirar.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que no necesito ni miedo, ni dolor, ni nada más en la vida, por ahora veo que el dolor agudo por lo general es breve, y el dolor crónico por lo general es manejable, y mientras viva la alegría de vivir, superaré cualquier dolor que experimente. Agradezco a Epicuro por mostrarme que si alguna vez yo determinare que mis circunstancias hacen que la vida sea insoportable, la ruta de escape siempre está abierta para mí y que no puedo encontrar un miedo ineludible en la vida mientras recuerde que no tengo miedo a la muerte.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que no es posible vivir felizmente a menos que viva sabiamente, honorablemente y justamente, ni es posible que viva sabiamente, honorablemente y justamente sin vivir felizmente.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que cualquier medio por el cual pueda protegerme de otros hombres está aprobado por la Naturaleza, pero que ni el poder sobre otros hombres, ni el lujo, ni las riquezas son suficientes para garantizar mi seguridad y felicidad. La seguridad y felicidad solo pueden asegurarse mediante el estudio y la obediencia a la Naturaleza.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que la Naturaleza ha provisto que ningún placer es inherentemente malo para mí, pero que debo renunciar a ciertos placeres para lograr mayores placeres o evitar ciertos dolores, y que debo soportar ciertos dolores para evitar dolores peores o lograr mayores placeres. Agradezco a Epicuro por mostrarme que nunca es demasiado pronto, ni demasiado tarde, para estudiar las leyes de la Naturaleza para poder calcular estas cosas correctamente.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que la Naturaleza ha provisto que todos los placeres deben llegar a su fin, ya que si algún placer no terminara, no habría lugar para nuevos placeres o para nuevas experiencias de felicidad.
  • Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual comprendo que no hay un camino más alto para mí que el que la Naturaleza misma me llama a través del divino placer, la guía de la vida. Agradezco a Epicuro por mostrarme la evidencia por la cual entiendo que no hay medios para determinar si un camino es apropiado o inapropiado, aparte de, si de hecho, conduce a una vida de felicidad.

Por estas y muchas otras cosas agradezco a Epicuro, ya que ahora veo la vida a la que la Naturaleza me llama. Como lo hizo Epicuro antes que yo, buscaré vivir en el disfrute continuo de la felicidad tanto del cuerpo como de la mente, sin ser molestado ni por la presencia ni por la perspectiva del dolor. Estudiaré la naturaleza para tener una fuerza mental que sea inexpugnable contra todo temor a la muerte o al dolor. Aprecio la alegría que trae la vida, y nunca renunciaré a mi vida a la ligera, pero tampoco tendré miedo a la muerte, porque sé que la muerte solo significa inconsciencia e insensibilidad completa, y buscaré vivir no la vida más larga, sino la más feliz. Del mismo modo, no tendré miedo al dolor, porque sabré que mientras estoy vivo, el dolor que es largo es generalmente leve, el dolor que es fuerte es generalmente corto y el dolor que encuentro insoportable tiene un remedio inmediato. Me reiré de las falsas nociones del Destino, la Fortuna y la inexorable Necesidad. No temeré a ningún poder sobrenatural, y sabré que mi mente es libre y que soy responsable de mis acciones. Nunca permitiré que los placeres del pasado se desvanezcan, y renovaré constantemente su disfrute en mi recuerdo.

¡Cada paso lo daré como si Epicuro me estuviera observando, y en todo lo que encuentre estaré agradecido a la Naturaleza por sus bendiciones y a Epicuro por su guía para encontrarlas!

Extremos epicúreos

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Traducción de Jesús Guevara, del original, por Ilkka Vuoristo y reproducida con su permiso. El contenido refleja las opiniones de Ilkka; opiniones adicionales han sido añadidas como notas separadas de Hiram Crespo y del traductor, Jesús Guevara. El contenido está en el dominio público y está disponible para uso no-comercial.

¿Extremos?

La filosofía epicúrea es sutil. Se supone que es una guía para la vida, y dado que la existencia humana es un tema realmente complejo, la filosofía también, por ello, debe serlo. Hay muy pocos problemas que se nos tratan de presentar en blanco y negro. Ni siquiera es una cuestión de grises … La filosofía epicúrea es un arcoíris.

En la superficie, las cosas parecen bastante fáciles. Placer, bien; Dolor, mal. Pero … y siempre hay un pero … casi de inmediato, surgen preguntas. ¿Qué tipo de placeres son buenos? ¿Cuales placeres? ¿Placer a qué precio? Una filosofía hedonista adecuada respondería a tales preguntas. Y Epicuro lo hace.

Lleva tiempo y esfuerzo comprender todas las sutilezas. Es quizás esta dificultad, más que ninguna otra, la que provoca las posiciones extremas que circulan entre los epicúreos de hoy.

Aquí abordaremos tres de ellos. Quizás al final verás el hilo conductor.

Ascetismo.

27. Consideremos que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos y vacíos. 28. De los deseos naturales, unos son necesarios y otros no. 29. Y de los deseos necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

30. Quien tiene un entendimiento correcto de esto sabe como llevar a cabo elecciones y omisiones refiriéndose a la salud del cuerpo {aponía} y a la imperturbabilidad del alma {ataraxia}, ya que ésta es la meta de una vida feliz. 31. Es para vivir felices que lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor.

Carta a Meneceo.

Hay algunos epicúreos que promueven el ascetismo. Teniendo en cuenta que estamos hablando de un sistema hedonista, esto puede parecer extraño, pero hay una razón para esta opinión. No es algo que pueda ser barrido simplemente como una perspectiva obviamente equivocada, porque hay una razón por la cual alguien podría llegar a la conclusión del ascetismo.

Epicuro no recomienda que debemos cumplir y perseguir todos y cada uno de nuestros deseos. Hay límites a los placeres que debemos perseguir. Los límites a los placeres de mentir, engañar y robar son evidentes … pero ¿qué pasa con los deseos naturales pero no necesarios? ¿Con la gran mayoría de los placeres?

Puedes vivir una vida feliz sin ninguno de ellos. Por eso no son necesarios. Algunos argumentan que no debes cumplirlos, que debes abstenerte de ellos al igual que de los deseos vanos. Esta visión se ve reforzada por el hecho de que muchos deseos y placeres no necesarios pueden volverse peligrosos. Puedes consentirte demasiado y dañarte. Entonces, ¿no sería mejor cumplir solo los necesarios, solo para estar seguros?

Por suerte, todos tienen la vaga sensación de que esto está de alguna manera mal. ¿Podemos articular por qué pensamos esto? Tómese unos minutos para probar y pensarlo detenidamente antes de seguir leyendo.

(…)

Porque todos los placeres son buenos.

“Ningún placer es en sí mismo malo, pero las cosas que producen ciertos placeres conllevan molestias muchas veces mayores que los placeres mismos”.

Máxima Capital N.º 8.

Si dices que “estos placeres son categóricamente malos”, estás confundiendo a Epicuro. Para él, todos los placeres son Buenos … Es solo que algunos traen consecuencias a largo plazo que son malas. La clasificación de los placeres en la Carta a Meneceo es conceptual. En el mundo real solo hay placer, no hay tipos de placeres claramente definibles [como en un supermercado y sus divisiones entre galletas, charcutería y vegetales].

La condena de algunos placeres sin analizar sus consecuencias es muy común hoy en día, pero no obstante es un error.

(Nota para aquellos de nosotros que hemos estado en las trincheras filosóficas durante mucho tiempo: sí, es la influencia de esa escuela filosófica …)

Lo catastemático es mejor que lo cinético

Este extremo toma dos formas. En primer lugar, es la desvalorización de los placeres activos (cinéticos), en favor de los placeres estables (o catastemáticos). En segundo lugar, es la desvalorización de los placeres corporales, en favor de los placeres de la mente. Estas posturas son ligeramente diferentes entre sí, pero básicamente causadas por el mismo error.

El objetivo de la filosofía epicúrea es la felicidad. Este es el estado de falta de dolor perfecto, ya sea en el cuerpo o en la mente. La antigua palabra griega para esto es eudaimonía. Debido a que Aristóteles usó este término de manera prominente, Epicuro y los epicúreos usaron los términos más precisos de aponia y ataraxia. La falta de dolor del cuerpo y la falta de perturbación de la mente, respectivamente. Libertad del dolor y la ansiedad.

Aquí es donde comienza el problema. Es común combinar placeres activos y corporales por un lado, y estables y mentales por el otro. Igualmente común es pensar que lo mental es superior al cuerpo. Hay alguna justificación para esto en nuestras fuentes, pero recuerde que la filosofía es sutil.

“Además, [Epicuro] no está de acuerdo con los cirenaicos porque sostienen que los dolores corporales son peores que los mentales; en todo caso, los malhechores sufren castigos corporales; mientras que Epicuro considera que los dolores de la mente son peores; en cualquier caso la carne soporta las tormentas del presente solo, la mente soporta las dolencias tanto las del pasado y como las del futuro, así como también las dolencias del presente. De esta manera también sostiene que los placeres mentales son mayores que los del cuerpo “.

Diógenes Laercio en Vidas de los Filósofos más ilustres, Libro X.

Es comprensible leer este pasaje en el libro de Laercio y salir con las ideas de “los placeres catastemáticos son mejores que los placeres cinéticos” y “lo mental es mejor que lo corporal“. El error es una cuestión de citar a Epicuro fuera de contexto … Este pasaje es tanto la fuente como la respuesta a esta posición extrema.

Lee el párrafo cuidadosamente. ¿Lo ves?

De nuevo, tómate tu tiempo…

(…)

La diferencia entre lo mental y lo corporal, o lo catastemático y lo cinético, no es una cuestión de calidad, sino de cantidad. Los dolores mentales son peores porque hay más de ellos, y los placeres catastemáticos son mejores que los cinéticos porque hay más de ellos. El cuerpo y la cinética son para el aquí y el ahora, mientras que lo mental y lo catastemático se extienden en tiempo y cantidad.

Puedes tener todos los placeres mentales que puedas, pero si descuidas el cuerpo, nunca serás feliz. También puedes disfrutar de todos los placeres catastemáticos que quieras, pero si no te permites el placer cinético de comer … te mueres.

(Nota desde las trincheras filosóficas en otro frente: el dualismo mente-cuerpo es una tontería religiosa. Un ser humano es un todo, no una mera colección de partes).

Epicuro era ateo

“Primeramente, considera a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso. (…) 8. Porque los dioses, desde luego, existen: el conocimiento que tenemos de ellos es claro y evidente.”

Carta a Meneceo.

Entiendes que llamar ateo a Epicuro era un insulto, ¿no? Y uno letal, por cierto. Asesinaron a Sócrates por falsos cargos de ateísmo, entre otras cosas …

Leer la Carta a Meneceo debería curar a las personas de esta noción, pero aparentemente las propias palabras de Epicuro no bastan …

Epicuro no era una persona tonta que no entendía nada sobre las sociedades humanas de su tiempo. La religión sigue siendo un problema importante en nuestras sociedades hoy. Él vio la importancia de una comprensión adecuada de lo divino, y enseñó en consecuencia.

El propósito de la filosofía epicúrea no es promover el ateísmo ni ninguna otra posición teológica. El objetivo (telos) es enseñar a los seres humanos como vivir felices. ¿Podrías vivir en paz si pensaras que hay tortura en la otra vida esperándote? ¿O que el rugido en los Cielos era que Thor/Zeus/Cristo venía a matarte?

“Si no refiere en toda ocasión cada una de sus acciones al fin último prescrito por la naturaleza, sino que en sus elecciones y omisiones elige otro fin, sus acciones no serán consistentes con sus teorías”.

Máxima Capital N.º 25.

Esta Doctrina Principal se aplica al objetivo final de todo el sistema, así como al objetivo de una sola vida. El objetivo es únicamente, y siempre, la vida feliz de un ser humano.

Dios no te odia.

Este es el comienzo de las posiciones teológicas en la filosofía epicúrea. Y no se equivoquen, la filosofía es una cosmovisión religiosa.

La filosofía epicúrea no es ateísmo en principio, pero sí en la práctica. Los dioses (que no existen) no están involucrados para nada en la vida humana. Así que rásgate la camisa, quítate tu ropa interior, y respira profundamente.

La filosofía epicúrea tiene implicaciones y posiciones religiosas, pero no es una religión. De hecho … Puedes tener tu pastel ateo y comértelo también.

¿El hilo conductor?

¿Lo captaste?

Es cierto que era una pregunta retórica, y un poco injusta. La respuesta estaba en la primera oración: sutileza. El error, tan tristemente común, es que las personas buscan la respuesta aparentemente fácil … y se ven traicionadas. El asceta se niega a sí mismo placeres perfectamente buenos, el “catastemático” ignora a su cuerpo, y el ateo ataca de frente a la religión cuando una maniobra de flanqueo es muy superior.

Tener una fiesta ocasional con amigos es algo maravilloso. Usar nuestro cuerpo de muchas maneras diferentes es el camino hacia la salud. Y observar la confusión en la cara de un líder religioso cuando comienzas a hablar sobre las almas atómicas, es puro schadenfreude … pero sigue siendo un placer.

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Tres maneras de ver a los dioses epicúreos

El siguiente ensayo de The Autarkist, originalmente escrito por Hiram Crespo, fue traducido por Jesús Guevara.

Hay dos interpretaciones tradicionales de los dioses epicúreos: la interpretación realista apunta a que los dioses son seres naturales cuyos cuerpos están hechos de átomos. La palabra usada en escritos antiguos es [en griego] “zoa”, lo que se traduce como “animales” (los dioses serían animales superiores). La interpretación idealista, por otra parte, es más reciente y propone básicamente que los dioses son construcciones mentales o culturales.

No obstante, en una reciente entrada en su blog, nuestro amigo escandinavo Ilkka argumenta que habría una tercera vía para ver a los dioses epicúreos. Él dice:

“Nosotros conocemos el universo mucho mejor de lo que era posible para Epicuro, y aunque estaba adelantadísimo a su tiempo en lo que a metafísica respecta, en ese campo nosotros lo superamos.

Los dioses, como Epicuro los definía, son imposibles a la luz de la evidencia que tenemos. En efecto, hay un conflicto entre lo que dice el Canon (la teoría epicúrea del conocimiento) acerca de la naturaleza y lo que la metafísica epicúrea dice acerca de los dioses.

¡Y el Canon tiene prioridad sobre esos asuntos!

Una tercera interpretación sería la siguiente:

A la luz de la evidencia, debemos decir que no hay tales seres físicos como los dioses definidos por Epicuro. Así que la interpretación realista es claramente falsa.

¿Y que podemos decir acerca de la interpretación idealista? No es auto-evidente su falsedad a la luz de la evidencia que disponemos, pero presenta otros problemas. El principal es que nos preguntamos si es necesaria para la promoción de la felicidad el defender la creencia en seres imaginarios. La respuesta más probable a esto es ‘no’, dada que la verdad en sí es un alto valor para un epicúreo.”

El Canon (=regla o vara de medir), para aquellos que no estén familiarizados con el concepto, es el estándar de la verdad en la epistemología epicúrea (es decir, creemos que es el estándar establecido por la naturaleza, porque nos basamos en el estudio de la naturaleza). Básicamente requiere que exista evidencia ante nuestros cinco sentidos, pero también reconoce la facultad de placer y dolor, así como a las anticipaciones mentales como facultades naturales que la naturaleza nos dio para conectarnos con la realidad. El propósito del Canon es el asegurar que toda la filosofía esté basada en el estudio de la naturaleza en vez de estándares imaginarios.

Ilkka concluye que, hasta la fecha “ninguna deidad propuesta ha superado la prueba del Canon”. Aprecio la interpretación de Ilkka. Muchos epicúreos contemporáneos favorecemos el desarrollo de una ateología basada en el Canon, más que la adherencia a la teología de aquellos epicúreos que nos precedieron.

Existe la posibilidad de concebir algo basado en inferencias desde evidencia indirecta, sin haber percibido directamente el objeto estudiado. Por ejemplo, basados en la presunción de que hay átomos innumerables y espacio infinito (dado que no hay frontera visible del universo en todas las direcciones, más allá de lo que podemos observar), los antiguos atomistas concibieron la doctrina de los mundos innumerables, una doctrina que ahora es revindicada por la investigación exo-planetaria. Pero lo que hace a los dioses inconcebibles no es su beatitud o su inteligencia superior, ambas características plausibles y que pueden ser vistas en entidades vivientes: es su inmortalidad.

Cuando estudiamos la naturaleza de las cosas, aprendemos que todas las cosas que están hechas de átomos y moléculas, eventualmente se desintegran y cambian. Metrodoro argumenta una defensa de los dioses epicúreos (defensa fútil, a mi manera de ver) al argumentar en contra de esta observación, luego siendo citada por Filodemo en su pergamino De la piedad.

También, inclusive si un ser natural fuera hábil de perpetuarse a sí mismo por eones, a la vez que permanece imperturbable o feliz, el hábitat o el contexto en el que vive algún día acabará, dado que, por lo que sabemos, las estrellas y planetas tienen un tiempo limitado de vida. En algún punto este ser perdería su hábitat y con él la posibilidad de auto-perpetuarse.

El asunto de las definiciones es clave. El término “dios” no ha sido definido de forma clara. En nuestra cosmología, debido a que las cosas solamente pueden existir dentro de la naturaleza, un dios fuera de la naturaleza (es decir, sobrenatural) es inconcebible. Los dioses deben ser seres naturales. ¿Pero podemos concebir de un dios como un ser mortal? Porque una cosa es que un ser natural sea bienaventurado e imperturbable, y que también tenga una larga espectativa de vida y pueda entonces ganarse la etiqueta de dios, pero es otra cosa argumentar que la inmortalidad existe en un universo en donde todas las cosas son impermanentes. En nuestra experiencia, los objetos compuestos se desintegran. De ahí, es inconcebible que exista un ser que no se desintegre. Este argumento de la inconcebibilidad fue discutido en los Razonamientos sobre “Métodos de inferencia” de Filodemo de Gadara, donde fue parafraseado y aclarado:

Podemos llamar a esto el argumento de la falta de excepciones conocidas: ya que se sabe que todos los hombres mueren y no tenemos ninguna razón para sospechar que los hombres fuera de nuestra experiencia directa son inmortales, entonces podemos concluír que todos los hombres son mortales. No hay caso que nos lleve a pensar lo contrario.

Y así con todo, a través del método para razonar sobre lo no-evidente basado en lo evidente que está disponible en nuestra tradición, es difícil continuar defendiendo las interpretaciones tradicionales de los dioses, y basado en ese argumento de la inconcebibilidad, la única cosa honesta que puedo hacer es estar de acuerdo con Ilkka con lo que llama la tercera interpretación de los dioses epicúreos: como no existentes o no-seres. Llamémosle la interpretación atea o no-teísta.

Otras preguntas claves que determinarían si un filósofo se adhiere a la visión atea o a la idealista conciernen el si adorar a los dioses o practicar la religión en sí es una necesidad natural y necesaria.

  • Mientras que creer en los dioses puede ser innecesario, ¿aún así es natural? Polístrato argumentaría que, de alguna forma, son un sub-producto de la psiquis humana. La psicoterapia junguiana afirma que los dioses juegan roles psicológicos importantes en los ritos de paso y en tiempos de crisis severas.
  • ¿Puede la interpretación idealista de los dioses tener un propósito dentro de la terapia epicúrea, quizá al ser empleados como técnicas para el cultivo de la ataraxia, el placer sereno y la felicidad?
  • ¿El usar estos constructos mentales y las técnicas deístas produce una ataraxia de distinta calidad que la simplicidad de la interpretación atea?

 

El epicureísmo como identidad religiosa

Por Hiram Crespo. Traducido por Jesús Guevara Rivas, del original.

En nuestras discusiones más recientes tanto en blogs como en Facebook acerca de la religión y el hombre en su estado natural, terminamos generando una conversación concerniente a si constituímos una identidad religiosa o no. La hipótesis fue originalmente planteada por uno de nuestros miembros desde Finlandia, Ilkka, del Blog de Meneceo. Esto fue lo que dijo acerca del tema:

“Si observamos la filosofía epicúrea desde un punto correcto de vista, se vuelve algo patentemente obvio que cumple con todos los criterios de una religión. Por ejemplo, si nosotros aplicamos las siete dimensiones de Ninian Smart acerca de lo que sabemos de Epicuro y su filosofía, ella termina desempeñándose tal cual como el cristianismo o el budismo. Smart inclusive menciona a Epicuro en su libro “Religiones del Mundo”

Pienso que la filosofía epicúrea es una visión de mundo completa, y que incluye por ello una identidad religiosa. Pero no creo que esto deba significar el que tengamos que pedir prestado cosas propias de religiones actuales o extintas (contra lo cual supongo que Cáris está argumentando), dado que tal mescolanza sería tan incomprensible como la mezcla (de esta filosofía) con el neoplatonismo.

Hay suficiente material en la filosofía [epicúrea] para formular una identidad religiosa viable sin jamás escoger cualquier cosa de otra religión o filosofía. Pienso que puede ser beneficioso extraer cosas del mundo de las ciencias.

Esta no es la primera vez que Ilkka menciona la idea, y es esta vez que ha señalado las siete dimensiones sobre la religión, de Ninian Smart.

Revisé el trabajo de Smart. Él era un académico especializado en estudios religiosos que propuso que las religiones mundiales se caracterizan por seguir las siguientes siete dimensiones. Juntas a ellas, he añadido comentarios acerca de como la tradición epicúrea se relaciona a cada una de ellas:

Dimensión ritual o práctica: la celebración de una “fiesta de la razón” los días veinte de cada mes, y la conmemoración en febrero del cumpleaños de Epicuro (la cual toma la forma de un simposio anual), efectivamente se configura como un ciclo ceremonial. La tradición del día 20 quizá se originó como una alternativa no-supersticiosa a los ritos mistéricos de Apolo y Eleusis.

Dimensión narrativa y mítica: como niño, Epicuro se rebeló contra su maestro platónico por no ser capaz de explicarle el concepto del caos en el mito griego de creación. Luego de esto Epicuro tomó la decisión de dedicar el resto de su vida al esfuerzo de crear una cosmología naturalista coherente basada en la evidencia empírica. Esto lo hizo basándose en las doctrinas atomistas de Demócrito. También hay una contra-historia filosófica y cultural que nos sirve como narrativa, que comienza con el exilio de Epicuro cuando los platonistas lo expulsaron de Mitilene. En mi libro, lo comparo con el evento pivote del exilio de Mahoma desde la Meca hacia Medina [la Hégira], donde había formado a sus primeros discípulos; y con el exilio de Rama desde Ayodhya en la épica hindú de Ramayana. Muchos mitos fundacionales y heróicos se originan como narrativas de exilio. En la actualidad, el hedonista Michel Onfray propone una contra-historia de la filosofía basada en los “enemigos de Platón, amigos de Epicuro”. Es claro que, en nuestra narrativa, las fuerzas del bien son aquellas de la naturaleza, y las fuerzas del mal son las de Platón.

Dimensión experiencial y emocional: los esfuerzos para cultivar la ataraxia (imperturbabilidad, ecuanimidad, placer innato), el amor a los amigos y la santidad de la amistad, y el necesario ingrediente de la gratitud, sin el cual es imposible obtener beneficios de la doctrina epicúrea, convierten a esta filosofía en una doctrina altamente personal y experiencial. La conversión a la tradición epicúrea, la cual para algunos puede involucrar el Juramento de Filodemo [“Soy seguidor de la filosofía epicúrea, segun la cual será mi elección vivir”], puede ser una transición sicológica altamente personal y emocional. En la antigüedad, también había un componente devocional en el cual Epicuro era visto como un héroe cultural humanista o salvador que liberó a la humanidad de los miedos supersticiosos. La emperatriz romana Plotina, en el 2do siglo de la era común, estuvo entre las personas que llamó a Epicuro su salvador.

Dimensión social e institucional: Norman DeWitt dijo que “el epicureísmo se basa en la amistad [filos]”, y en el contexto en el cual emerge y evoluciona, puede argumentarse que nuestra tradición es, entre otras cosas, una larga conversación de siglos de duración entre amigos que piensan de forma similar. Estos círculos de amigos adquieren muchas formas hoy en día, como comunidades online gobernadas por sus propias reglas, hasta reuniones periódicas en Sydney, Australia; o Jardines en Italia, Tesalónica y Atenas. Las comunidades epicúreas también son gobernadas por ciertos principios y reglas concernientes al discurso franco (parresía) y la crítica mutua.

Dimensión ética y legal: nuestras reglas del comportamiento humano involucran la búsqueda racional del placer como fin; el enfoque en los bienes naturales y necesarios; el cálculo hedónico (medir las ganancias con las pérdidas, con la meta de obtener placer neto a largo plazo), además de una teoría contractualista de la justicia social.

Dimensión doctrinaria y filosófica: nuestra formulación sistemática de enseñanzas se ve en las Doctrinas Principales, las Sentencias Vaticanas, las Cartas a Meneceo, Pítocles y a Heródoto, los pergaminos de Filodemo, el “De Rerum Natura” de Lucrecio, “Varios días en Atenas” de Frances Wright, y demás literatura. En la antigüedad, los epicúreos cargaban los epítomes consigo, colecciones de enseñanzas filosóficas con las cuales estudiaban filosofía. Por primera vez en la historia moderna, la Sociedad de Epicuro ha publicado un Epítome en lengua española.

Dimensión material: aunque el sitio del Jardín de Epicuro en Atenas ya no está disponible para el peregrinaje, en el antiguo vecindario ateniense del Garguetto, donde Epicuro creció, se está construyendo un Jardín junto a una estatua del sabio y un monumento con las inscripciones de las Doctrinas Principales. Nuestra escuela también ha adoptado unos pocos símbolos: una mascota (el cerdo), la letra griega Φ/φ (“PHI” por “Philos”, o “amistad”) y el trípode (una herramienta de tres patas, que simboliza nuestro Canon).

Deberíamos considerar si deseamos adoptar formalmente la etiqueta de “epicúreo” como nuestra religión a fin de dar información a los censos y en otros documentos, como los jedis lo hacen. Las controversias recientes con algunos pastafaris que han escogido llevar coladores en sus cabezas cuando se sacan sus fotos para sus documentos de identidad, para burlarse de los musulmanes y otros grupos, o como una forma de activismo en contra del privilegio religioso, son además oportunidades para una mayor visibilidad atea. Si los pastafaris y los jedis lo hacen, ¿porqué nosotros no nos contamos también?

Más aún, algunos de nuestros trabajos de literatura como la “Historia Verdadera” de Luciano, presentan al epicureísmo como una religión parodia a la par del pastafarismo y el culto a Cthulhu, o al menos como una secta que no se toma demasiado en serio a sí misma. En ella, nos encontramos teletransportados a una “Isla de la Felicidad”, un paraíso epicúreo que se burla y a la vez ofrece una alternativa a las narrativas celestiales de las religiones tradicionales.

Lo que es intrigante acerca de estas narrativas alternativas sobre la ultratumba, aún considerando que la nuestra sea una parodia, es que parecen ser síntomas de un cierto instinto territorial y cosmológico, lo cual nos indica que estamos ante un aspecto importante de la identidad de las personas. Como los mormones, cristianos y musulmanes, Luciano se dedica a decidir quien puede ingresar a su paraíso y quién no: de su asombrosa descripción del paraíso epicúreo él excluyó a Platón, que se había ido a vivir en su “República”, y a los estoicos, que aún estaban tratando de escalar la “colina de la virtud”, así como a los académicos, quienes eran incapaces de “comprender como podría existir tal isla” y por ello se dieron la vuelta a mitad de camino. En otras palabras, un paraíso natural no está disponible para aquellos que busquen la virtud u otra meta arbitraria más allá de la que estableció la naturaleza (el placer) o para aquellos que racionalizan las cosas demasiado (los académicos aristotélicos), y los platónicos ni siquiera lo buscarían.

Lo que Ilkka argumentó es que nosotros también tenemos nuestra propia cosmovisión e interpretamos el mundo desde una perspectiva cosmológica, espiritual e ideológica que es particularmente epicúrea. Tengo la esperanza de que, con la comparación a las religiones parodias y la referencia de Luciano a la literatura satírica, no pierda méritos este argumento, el cual pienso que es perfectamente válido.

En memoria de “Los Hombres”

Epicuro nos enviará inmediatamente como embajadores a Metrodoro, Hermarco y Polieno. – Epístola de Leoncia a Lamia.

¡Feliz vigésimo a todos los epicúreos dondequiera que estén! En su Testamento Final, Epicuro estipuló que las fiestas del día 20 de cada mes debían continuar en memoria de él y de su querido amigo Metrodoro tal y como era “la costumbre establecida” antes de él morir. Hoy escribo en celebración de “los Hombres” (Ha Androi). Así le llamaron los primeros epicúreos a los fundadores de la tradición, Epicuro de Samos y sus embajadores Metrodoro de Lámpsaco, Hermarco de Mitilene y Polieno de Lámpsaco. Cada día veinte, los recordamos a ellos, y también a otros epicúreos de importancia que vinieron luego.

Siempre debemos orientar nuestro discurso al beneficio de aquellos que están sólidamente armados para la felicidad: nuestros discípulos. – Epicuro de Samos, Sobre la naturaleza, Pergamino 28

La vida de Epicuro es una lección de sabiduría. Guía a sus discípulos con su ejemplo, incluso más que con su precepto … Muchos de nosotros hemos tenido malos hábitos, muchos fuimos malvados, tuvimos pasiones violentas. Que se corrijan nuestros hábitos, se modifiquen nuestras propensiones, y se refrenen nuestras pasiones, todo eso se debe a Epicuro … él me ha hecho probar los dulces de la inocencia y me ha llevado a la calma de la filosofía … El candor, como ya has dicho, es una característica prominente de su mente, la corona de su carácter perfecto. – Metrodoro, en Varios días en Atenas

Hermarco fue el único entre los fundadores que estuvo allí desde antes de la misión de enseñanza de Epicurus, y hasta en el momento de su muerte cuando, reporta Filodemo, ayudó al Hegémone, “lo envolvió en un sudario y mantuvo vigilia junto a sus restos “–testimonio del tierno amor que existió entre los primeros amigos de Epicuro que habían envejecido juntos en la filosofía y eran como familia.

Se le han atribuido algunos de los dichos existentes en nuestra tradición, y se cree que era casi exclusivamente vegetariano y que consideraba que comer carne era un deseo innecesario porque no contribuye al mantenimiento de la vida sino a una variación en el placer.

Un joven que ama la gloria, ¡qué maldad precoz! – Metrodoro de Lámpsaco

Bust of Metrodorus and Epicurus

Busto doble de Metrodoro y Epicuro

Metrodoro de Lámpsaco fue conocido como un gran administrador, lingüista y economista, como sofos (sabio) por los epicúreos y como “casi otro Epicuro” por Cícero.

Nació en 330 antes de la Era Común en Lámpsaco, y murió en 277 AEC, siete u ocho años antes de la muerte de Epicuro, a quien nunca abandonó excepto una vez durantes seis meses que pasó en su tierra natal. Tuvo una amarga disputa con su hermano Timócrates, quien no estaba de acuerdo con ciertas doctrinas claves de la escuela.

Te he anticipado, Fortuna, y me he consolidado contra tus ataques secretos. Y no nos entregaremos como cautivos a Ti o a cualquier otra circunstancia; sino que cuando sea hora de irnos, escupiendo con desprecio la vida y todos los que aquí vanamente se apegan a ella, dejaremos la vida dando un alto grito triunfal y glorioso de que hemos vivido bien. – Sentencia Epicúrea 47

El estudio de la naturaleza no crea hombres que disfrutan de ostentar y hacer muestras de su educación para impresionar a los muchos, sino hombres que son fuertes y auto-suficientes y que se enorgullecen de sus cualidades personales, no en las que dependen de circunstancias externas. – Sentencia Epicúrea 45

Filodemo informa que a Metrodoro le interesaba mucho delinear doctrinas relacionadas a la economía. Llevó a cabo evaluaciones cuidadosas sobre cómo adquirir y preservar riqueza de acuerdo con los principios elementales del epicureísmo y la aplicación del cálculo hedónico.

El buen hombre es un buen administrador; El hombre malo también es un mal administrador, tal como ha demostrado Metrodoro. – Filodemo de Gadara.

Además, es posible resumir algunas de las tesis de Metrodoro con respecto a las fuentes de las cuales se puede obtener riqueza, así como la manera en que se puede preservar. Sin embargo, constantemente acentuó como un hecho que encontrar ocasionalmente perturbaciones, preocupaciones y problemas es mucho más ventajoso para el mejor modo de vida posible que la opción opuesta. – Filodemo de Gadara.

A partir de éstas citas, queda claro que Metrodoro fue un gran defensor de la autarquía, que se traduce como soberanía personal o autosuficiencia. Él creía que un sabio tenía que ser autosuficiente y que no dependía de factores externos, ni dejaba al destino nada que fuera esencial para la felicidad. Él nos enseña que siempre debemos tratar de dominar las cosas que podemos controlar y que conciernen a nuestra felicidad. Por lo tanto, Norman DeWitt dice que mientras todos los filósofos dicen que la vida no-examinada no vale la pena vivirla, los epicúreos agregan que “tampoco vale la pena vivir la vida no planificada“.

Polieno de Lámpsaco era hijo de Atenodoro, fue matemático, y era considerado un hombre amable y digno de confianza. Murió antes de Epicuro en 286 AEC. Filodemo en su pergamino De la crítica franca menciona que Metrodoro describió a Polieno como “bastante sentencioso … a menudo insinuándose en conversaciones y bastante sociable“. Aquí hay dos citas de él que encontré en el libro Les Epicuriens:

Cuanto más beneficie a su amigo, más servirá a su propio interés. De hecho, la amabilidad provocada por estos beneficios volverá a nosotros.

El hábito nace de las cosas pequeñas, pero (los malos hábitos) adquieren vigor a través de (nuestro) abandono.

Este último fragmento me recuerda a la concepción materialista de identidad de Will Durant, que dijo: “Somos lo que repetidamente hacemos. La excelencia no es un acto, sino un hábito“. A raíz de la descripción como “sentencioso”–cuyo sentido original era lleno de sentido o sabiduría--y de que sabemos que Polieno dedicó un pergamino al problema de las Definiciones, podemos imaginarlo muy cuidadoso a la hora de elegir palabras para que su discurso sea claro y conciso. Para que se le haya considerado una importante figura fundacional, podemos suponer que debe haber influído enormemente, y ejemplificado con brillantez, la práctica epicúrea de la parresía (crítica franca) y la suavidad en el habla que caracterizaba a los epicúreos antiguos. Se sabe que Polieno solía usar proverbios y adagios poderosos. Era genial en la conversación, pero no hablaba ociosamente. Sus palabras eran útiles y provechosas para aquellos que tuvieron el placer de su compañía.

Así que estos son los embajadores de Epicuro: Hermarco el amigo leal, Metrodoro el buen administrador, y el elocuente y sociable Polieno.

Buena vida y buena muerte: ¿Entiende Neil Gorsuch a Epicuro?

“El mismo ejercicio (es decir, el estudio de la filosofía) enseña a vivir bien y a morir bien.”

– Epicuro, Epístola a Meneceo

El séptimo Simposio Anual de Filosofía Epicúrea tuvo lugar recientemente en Atenas, Grecia. El simposio de este año contó con discusiones sobre Lucrecio y sobre la historia, el presente y el futuro de la tradición epicúrea. Pero la presentación que realmente me llamó la atención fue la de Takis Panagiotopoulos sobre la buena vida (euzoia) y la buena muerte (eutanasia). Panagiotopoulos discutió algunos puntos filosóficos y utilizó la manera de muerte de Epicuro–que cuidadosamente se preparó para su fin rodeado de amigos que amaba–como un ejemplo moral a seguir.

La eutanasia ha sido discutida mucho últimamente gracias a la nominación de Neil Gorsuch a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Gorsuch publicó un libro en 2009 llamado El futuro del suicidio asistido y la eutanasia, argumentando contra el derecho a elegir una buena muerte, incluso en casos de enfermedad terminal.

Con Gorsuch en la Corte Suprema, podrían retroceder los pasos vitales que algunos estados han tomado para asegurar el derecho a una buena muerte, incluso en casos de enfermedad terminal o cuando se espera una muerte severamente dolorosa. No importa lo que opinemos de este controvertido tema, es crucial que los humanistas aprendan a considerar, pensar y discutir estas cuestiones de manera inteligente y compasiva, recordando que tal vez tengamos que tomar estas difíciles decisiones un día, y que una vez más el estado–influenciado por opiniones religiosas que pueden o no ser coherentes–podría pronto intentar invadir otra de las decisiones más privadas que conciernen a individuos y familias.

Las enseñanzas epicúreas acerca de cómo la muerte no debe ser temida están expuestas en la Epístola a Meneceo. Pero es quizás el pergamino de Filodemo de Gadara titulado “Sobre la muerte“, donde obtenemos las enseñanzas más completas y coherentes que son relevantes a la cuestión de la eutanasia. El pergamino es una de las obras de la biblioteca de Herculano que sobrevivió la erupción del Vesubio en el año 79 de la Era Común. La biblioteca es un Nag Hammadi epicúreo y el pergamino se basa en las notas tomadas durante las discusiones sobre la muerte que tuvieron lugar entre los escolarcas epicúreos y sus discípulos durante los primeros 200 años de la historia de la escuela.

El pergamino contiene una larga lista de argumentos terapéuticos bien razonados contra el temor a la muerte en sus diversas formas y otras orientaciones éticas sobre la muerte. Por ejemplo, al argumentar que un funeral lujoso no arregla una vida mal vivida, el pergamino alaba a unos legisladores ricos que recientemente habían decidido tomar el dinero reservado para sus arreglos funerarios y gastarlo en cambio en los pobres que viven. Más tarde denuncia el temor irracional de morir sin un funeral al igual que a la gente que lamenta tal o cual modo de morir:

31.5 Entre los legisladores, también, aquellos que dispusieron naturalmente y bien, hemos visto que en realidad han evitado gastos excesivos en los funerales, alegando que los vivos estaban siendo privados de servicios: muchos dan órdenes de acabar con sus bienes precisamente porque les molesta esto.

32.20 ¿Quién, al considerar el asunto con una cabeza clara, va a suponer que hace la más mínima diferencia, mucho menos una gran diferencia, si es sobre tierra o debajo de la tierra que uno está inconsciente?

Filodemo reconoce que si lo único que nos queda es miseria y dolor, la muerte es naturalmente deseable. No hay duda de lo que opinan los epicúreos con respecto al derecho a una buena muerte en caso de enfermedad terminal, o en el caso de quien está en agonía en el campo de batalla esperando a morir. Cualquier mortal compasivo puede comprender que la vida, para un ser sufriente, debe ser agradable. Si no hay oportunidad de placer, y en cambio la única expectativa de un ser es pasar el resto de sus días en dolor y agonía intolerables, la muerte es naturalmente deseable. Algunas personas se refieren a esta amarga elección de aliviar el dolor como “muerte con dignidad”. Las discusiones modernas sobre la eutanasia nos hacen sentir incómodos y muchos son reacios a aceptarla como una opción. Esto es quizás como resultado de que la conversación sobre la buena muerte no ha madurado lo suficiente en nuestra cultura, pero el resultado de esto es que mostramos más compasión por nuestras mascotas en este sentido que con otros seres humanos

La única pregunta que queda para aquellos que creen en el derecho a una buena muerte es: ¿Quién decide si el dolor es lo suficientemente insoportable como para justificar la eutanasia? Vale la pena considerer la cuestión moral sobre los derechos de los seres queridos en los casos en que la persona moribunda es incapaz de decidir. Pero el estado, como un partido impersonal y neutral (y además incapaz de sentir sufrimiento), ciertamente no debería ser quien decida o niegue la eutanasia a los pacientes. Si el estado niega el derecho a morir con dignidad a un individuo cuya única expectativa es morir en poco tiempo y con gran dolor, entonces el estado se ha declarado amo del individuo, ha negado la autonomía de esa persona y ha declarado el cuerpo del ser humano viviente como su propiedad.

El miedo a la muerte no es antinatural, por lo que no debemos juzgar a los demás por sus temores. La muerte es final y puede ser aterradora. Pero si la muerte ya es aterradora para muchas personas, ¿por qué empeorarla al quitarles el poco control que pueden tener sobre su modo de morir en los casos de enfermedad terminal?

Mientras defendemos el derecho a una buena muerte, también admitimos que la decisión irreversible de tomar la propia vida no debe tomarse a la ligera. Las fuentes epicúreas advierten contra el suicidio en la mayoría de los casos. Panagiotopoulos señaló en su presentación del simposio que, hasta donde sabemos, Diodoro es el único epicúreo en la antigüedad que se suicidó. Nuestras fuentes son claras al decir que elegir la muerte es sólo natural en los casos de agonía física final. El único antídoto contra las tendencias suicidas en cualquier otro caso es vivir bien: por eso vivir bien y morir bien es lo mismo. El poeta Lucrecio argumentó que se debe vivir una vida tan llena de placeres que, cuando llega la muerte, uno se siente tan satisfecho como quien ha disfrutado de un banquete.

Como dijo Filodemo de Gadara: “¡Por lo tanto, vive bien y muere bien!”

Este artículo apareció originalmente en inglés en The Humanist.

Feliz día veinte: Sobre la gratitud

Durante las vacaciones de Acción de Gracias, el grupo de facebook de filosofía epicúrea tuvo una interesante conversación sobre la gratitud, y sería útil para los estudiantes de Epicuro que compartamos algunas de las citas y comentarios de ella.

Creo que es bastante claro que la gratitud encaja fácilmente en el esquema general de hacer lo necesario para vivir felizmente. Las personas normales no hacen cosas por los demás, a menos que las personas por que las hacemos muestren algún grado de gratitud por lo que hacemos. Así que la gratitud es un comportamiento de refuerzo que es necesario si vamos a ser tan exitosos como es posible en nuestro trato con otras personas. Al igual que cualquier otra “virtud”, el objetivo de la gratitud y cualquier otra actividad es vivir felizmente. Y además de los ejemplos mencionados, hay otros ejemplos–especialmente la devoción (gratitud) que Epicuro mostró hacia su madre. – Cassius, de New Epicurean

Él sentirá gratitud hacia los amigos, presentes y ausentes por igual, y lo mostrará con palabras y hechos. – Epicuro, hablando de los atributos de un sabio, en Laercio 117

Alabada sea la bendita naturaleza: pues ha hecho lo necesario fácil de conseguir, y lo que no es fácil lo ha hecho innecesario. – Fragmento epicúreo 469

La naturaleza ingrata del alma hace a la criatura infinitamente codiciosa por variaciones en su estilo de vida. – Sentencia Vaticana 69

La gratitud es necesaria para interiorizar la doctrina epicúrea, y de hecho una persona que es ingrata *** no se puede beneficiar *** de esta enseñanza. La gratitud es un valor humano básico que nos ayuda a aceptar plenamente los límites naturales de nuestros deseos y placeres, lo cual es esencial para la ética epicúrea y para nuestra capacidad de vivir una vida de placer.

Seis cosas que aprendí luego de publicar Cultivando el jardín epicúreo

Hace poco se cumplió el segundo aniversario de la publicación oficial de mi libro, aunque el libro había estado disponible en Amazon antes de esa fecha. Escribí la mayor parte del contenido de Cultivando el jardín epicúreo durante el año 2013, pero en los últimos años no he dejado de aprender acerca de la filosofía y sobre los muchos temas que discutí en el libro. Desde hace algún tiempo, he querido dar a mis lectores un camino de aprendizaje claro para después que haya terminado la lectura de mi libro, y esta ocasión es tan buena como cualquier otro, así que aquí están seis cosas importantes que he aprendido acerca de la filosofía epicúrea después de la escritura cuidar el jardín epicúreo.

1. Los pergaminos de Filodemo

Profundicé en la lectura de los pergaminos de la villa de Herculano poco después de terminar mi libro. Los papiros son los restos que sobrevivieron la erupción del Monte Vesubio en el año 79 de la Era Común. Son un tesoro de sabiduría humanista antiguo, el Nag Hammadi humanista. En uno de los papiros, por ejemplo, el escolarca Polístrato anticipa la obra contemporánea de Sam Harris por más de 22 siglos: expone argumentos sólidos y robustos en favor de un realismo moral hedonista basado en las teorías de la física y la ética establecidas por Epicuro en su Epístola a Heródoto. En este pergamino se enfrentó al relativismo cultural y moral, a la superstición, y también defendió el estudio científico de la naturaleza como algo esencial para la ética, la decencia y la moralidad.

Las enseñanzas de Epicuro contra el uso de palabras vacías nos ayudan a entender mejor las obras de Filodemo Retórica y Métodos de inferencia, y en general nos ayudan a razonar con mayor claridad. El pergamino Sobre la adminstración de la propiedad proporciona una orientación útil para nuestros proyectos de autosuficiencia para toda la vida, pero el pergamino más importante en mi opinión, y la mayor obra maestra de la literatura humanista de Herculano, tiene que ser Sobre la muerte, que cataloga todas las repercusiones lógicas y de sentido común de nuestra enseñanza de que la muerte no es nada para nosotros.

2. Norman DeWitt es clave para entender la filosofía epicúrea en sus propios términos. Él es particularmente bueno para explicar el Cánon (epistemología) y la importancia de la doctrina del placer como el final. Lea su folleto Filosofía para los millones, que narra y da una perspectiva sobre la batalla histórica entre la filosofía naturalista de los científicos y la filosofía platónica de los místicos y charlatanes.

3. Frances Wright escribió la gran obra maestra epicúrea en el idioma Inglés: Varios días en Atenas.

4. La neurociencia ha sido un campo de gran interés para la filosofía epicúrea desde el inicio. Epicuro, en su discurso Sobre el desarrollo moral, discutió cómo la “estructura atómica” del cerebro se puede cambiar a través de ciertas prácticas (como la repetición de ciertas enseñanzas), y dice que como parte de nuestro desarrollo moral, debemos tomar responsabilidad del contenido de nuestro cerebro y nuestro carácter. Más tarde, Lucrecio discutió las vías neurales en su libro Sobre la naturaleza de las cosas. Es evidente que, como epicúreos, somos responsables del cultivo constante y diligente de nuestro cerebro de la misma manera que los atletas son responsables del cultivo de sus cuerpos.

5. La comunidad natural (familia, tribu, círculo de amigos) se concibe como algo distinto de las comunidades  platónicas (o imaginadas, es decir las naciones, razas, etnias, etc.) Así como aprendemos en Filodemo que hay una medida natural de riqueza (que se corresponde a la garantía de que podemos satisfacer nuestros deseos naturales y necesarios), también Podemos razonar que hay una medida natural de comunidad, e incluso citan estudios modernos para separar las comunidades naturales de las platónicas.

Uso la palabra “medida” para referirme específicamente al número Dunbar (casi 150), que indica cuántas relaciones reales, significativas los seres humanos son capaces de tener cognitivamente. La selección natural favorece fuertemente esto porque nuestros ancestros evolucionaron en tribus, que protegían a los individuos contra el clima, los animales salvajes y otros peligros, garantizaban acceso a las fuentes de alimento y transferían sabiduría tradicional acerca de dónde encontrarlos. Hay otros estudios que demuestran que el aislamiento es un riesgo para la salud a la par con la obesidad y el fumar, por lo que el supuesto “ideal” de ser un lobo solitario tampoco es saludable y no es natural para nuestra especie.

Simplemente no hay duda de que los seres humanos somos tribales por naturaleza. En Epicuro, el ideal de filos (la fiel amistad con nuestros pares intelectuales) se considera la forma más saludable para construir nuestra tribu y canalizar nuestro instinto social.

6. Los cireneicos fueron una Atlántida filosófica, y abrieron el camino a la ética epicúrea del mismo modo que Demócrito y Leucipo allanaron el camino para la física.

Lea más:

Cultivando el jardín epicúreo (Spanish Edition)

La celebración del día veinte

Una filosofía comunal: Los orígenes

Los epicúreos en la antigüedad eran llamados eikadistae (hoy se usa los twentyers, en ingles, o “la gente del día veinte”), ya que eran conocidos por celebrar el 20 de cada mes con fiestas que celebran la filosofía, la comunidad y los alimentos, así como la cultura y la confianza que se desarrolla alrededor de la mesa. Sabían que la comida, como la música, crea comunidad, y cualquier doctrina que enseña que los amigos son una de las riquezas más grandes, debe facilitar de forma natural el proceso de hacer y nutrir amistades.

Epicuro en su testamento final estableció la celebración de los cumpleaños de sus amigos y los suyos el día 20 de cada mes “de acuerdo a las normas actualmente en vigor“. Esto indica que la tradición surgió durante su vida y, en el momento de su muerte, se había convertido en nada menos que una obligación comunal forzada por los líderes de la escuela.

Y de los ingresos obtenidos por mí, a Aminomaco y Timócrates, que como major puedan en consulta con Hermarco, establezcan una provision separada para las ofrendas funerarias a mi padre, madre, y hermanos, y para la celebración habitual de mi cumpleaños en el décimo día de Gamelion en cada año, y para la reunión de toda mi escuela que llevan a cabo cada mes a los veinte días para conmemorar a Metrodoro y a mí de acuerdo con las normas actualmente en vigor. Que también participen en la celebración del día del mes en que se conmemora a mis hermanos, y así mismo día en que se conmemora a Polieno, como lo he hecho anteriormente.

– Testamento final de Epicuro

Los cuatro hombres

El honor tributado a un sabio es en sí mismo un gran bien para los que le honran. – Sentencia Epicúrea 32

Mientras que la costumbre original era darle honor a Epicuro y Metrodoro (que murió antes que Epicuro), hoy la idea es celebrar el convenio de amistad que nos une entre sí y que nos conecta con los epicúreos del pasado.

La escuela tiene una tradición de liderazgo plural que se remonta a sus inicios y oficialmente reconoce no uno, sino cuatro fundadores. Esto–a pesar del hecho de que la tradición lleva el nombre de Epicuro (para celebrar para siempre su memoria)–es indicativo de cómo en ese primer jardín Epicuro se ganó el amor y la lealtad de sus seguidores, y la forma en que ejemplificó el amigo ideal entre sus asociados, cuidando de sus hijos, asegurando en su testamento que iban a ser atendidos en adelante, y con frecuencia escribiéndoles cartas para expresar su gratitud y afecto.

De Metrodoro, sabemos que en siglos posteriores Filodemo lo citó como una autoridad para demostrar que estaba basando su enseñanza en los Escolarcas anteriores, y que sus escritos (ahora perdidos) circulaban entre las generaciones que vinieron después.

En cuanto a Hermarco, sabemos que él es el primer converso y compañero de Epicuro. Aprendió por primera vez la enseñanza de Epicuro en la isla de Lesbos en los inicios de la carrera de enseñanza de Epicuro. De Polieno, se dice que era suave y agradable y que usaba con frecuencia proverbios de profunda sabiduría, y sabemos que era un matemático de Lámpsaco que se unió a ellos después de su exilio de Mitilene.

Fue en Lámpsaco que la primera escuela fue fundada y surgió la primera comunidad epicúrea. Más tarde en Atenas, bajo Epicuro como Hegémone (Líder), los otros tres asumieron el papel de maestros y líderes de la comunidad (kath-hegemones).

El reconocimiento de cuatro fundadores, además, nos da una idea de cómo evolucionó lentamente la doctrina original, desarrollándose y obteniendo coherencia como resultado de estos cuatro hombres y sus asociados, que se hacían preguntas entre ellos y trataban de responderlas, elaborando en conjunto lentamente y orgánicamente una visión materialista del mundo completa y convincente, partiendo de las ideas de los atomistas que habían llegado antes que ellos. No fueron solo desafiados por los filósofos de otras escuelas. Se había desarrollado una cultura de razonar juntos y ciertas doctrinas habían sido acordadas como conclusiones compartidas, pero continuaban evaluando las repercusiones de las enseñanzas en su aplicación cotidiana del conocimiento adquirido.

Es dentro de este contexto que Epicuro, en su testamento, estableció la tradición de celebrar el día 20 de cada mes como una forma de perpetuar el discurso sano que él y sus amigos habían iniciado, para el beneficio de todas las futuras generaciones. Es decir, gracias a los festines del día veinte nuestra tradición de sabiduría persiste y se adapta.

En este sentido, mientras que el epicureísmo requiere introspección y el desafío de nuestros deseos vanos, y la afirmación del placer (todos estos, componentes de una revolución espiritual privada, interna), siempre ha sido al mismo tiempo una filosofía de comunidad.

La fiesta de la sabiduría

feastSegún Filodemo de Gadara, Epicuro decoraba su casa todos los días veinte con los frutos de la temporada y todos estaban invitados a la fiesta. Observemos que Filodemo habló específicamente de la comida como arte, como decoración. Esto sugiere que, tradicionalmente, los platos en el día veinte  eran festivos, creativos y opulentos, quizá adornados con flores y servidos en bandejas hermosas y coloridas.

Uno puede imaginar un gran banquete del Mediterráneo: debe haber incluído pedazos de pan caliente y una variedad de platos de queso–ya que sabemos que Epicuro amaba el queso. Deben haber servido dátiles, higos y otras frutas de temporada y, sin duda, vino. No olvidemos las alcachofas y las aceitunas. Nota aparte: en años recientes, la llamada dieta mediterránea, cuyos beneficios de salud son muy documentados, ha sido declarada por UNESCO como un patrimonio cultural no-tangible de toda la humanidad.

La mayoría de los antiguos griegos rara vez comían carne porque no eran pudientes, excepto durante las fiestas religiosas cuando se sacrificaban los animales y se alimentaba a la gente común. El pescado, por el contrario, era disfrutado de vez en cuando por la mayoría de los griegos.

Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo para comer y beber, ya que comer y beber solo es llevar la vida de un león o un lobo – Epicuro

La gente iba a las fiestas del día veinte no sólo por la comida, sino por lo más importante: la compañía. Es fácil imaginar que para una ocasión tan alegre, los primeros twentyers (llamémosle tueñas en castellano, ya que veintanos suena a ventana) no solo comían y estudiaban filosofía: cantaban, bailaban y hacían brindis con sus amigos. La música, en particular, tiene el poder de crear un sentido de identidad colectiva y territorialidad. En ocasiones especiales, tal vez con la visita de distinguidos invitados, puede haber habido actuaciones o narración didáctica.

En preparación para la fiesta, todos los meses podemos imaginar que un grupo de tueñas iba aprendiendo recetas y disfrutando del proceso de cocción y elaboración de la presentación artística de la comida. Es innegable que las artes culinarias eran parte de lo que hizo del día veinte algo especial.

Hay una aspecto casi maternal en el acto de alimentar, de nutrir a alguien, que ayuda a crear confianza y un sentido de comunidad. Había tal vez epicúreos cuya función consistía en recibir a los huéspedes que llegaban al evento, responder a cualquier pregunta sobre la filosofía que tuvieran, ofrecerles alimentos y, en general, hacerles sentir como en casa.

El sábado de los filósofos

El día veinte, según el testamento del primer Hegémone, fue desde el inicio forzado en base a las reglas que gobernaban a los adherentes de epicureísmo. Es decir, a pesar del espíritu antiautoritario inherente incluso en el Canon–para el cual cada individuo es un árbitro independiente de la realidad en virtud de tener acceso directo a ella a través de los sentidos–entre los epicúreos había reglas y estas reglas se hacían cumplir. Los primeros Hegémones asumieron la responsabilidad de organizar las fiestas el día veinte y lo hicieron con tal fidelidad, que los primeros epicúreos fueron llamados la gente del día veinte. Su identidad comunal giraba en torno a la práctica, por la cual fueron reconocidos por toda la cultura.

En la tradición judía, se dice a menudo que no sólo los judíos guardan el sábado, sino que el sábado ha guardado a los judíos. En otras palabras, los rabinos reconocen que el establecimiento, desde el principio, de una tradición de rememberanza periódica de su identidad judía ayudó a asegurar su persistencia a lo largo de las generaciones, a pesar de la persecución viciosa, la asimilación exitosa en Babilonia, Europa, América y las diversas otras experiencias migratorias, y a pesar de los horrores del genocidio.

Deberíamos ver el día veinte como una sal y especial similar, un ingrediente necesario para la preservación de una comunidad, una especie de reposo sabatino de los filósofos materialistas éticos. Es bastante probable que el banquete comunal del día veinte pudo haber contribuido en gran medida a la continuidad del epicureísmo como una tradición viva, como una escuela con una vida cultural vibrante que persistió durante siete siglos, lo cual representa una carrera muy exitosa para una escuela de la filosofía y da testimonio del poder que el epicureísmo tenía para unificar a las personas. Una mera doctrina rara vez hace esto, sino que se requiere de música, comida, cultura, amistades, lealtad, sentido de comunidad, y reuniones semanales o al menos periódicas en momentos fijos en el calendario, para que los miembros puedan re-membrarse.

El veinte es también una práctica agradable: no es la disciplina sombría y sobria que la mayoría de la gente hoy en día asocia con la filosofía. Incluso si no hubiera mil razones detrás del festín mensual, aún sería una fiesta agradable y propicia a la que querríamos asistir. Por lo tanto, los Amigos de Epicuro deben considerar reinstaurar la tradición de celebrar el día veinte.

Lea también:

Luis Granados ha escrito Happy Twentieth! para la revista The Humanist, sobre cómo el celebra el día veinte. Propone que la celebración de los veinte con amigos cercanos es una alternativa más íntima a las Asambleas Dominicales (o Sunday Assembly, que son las nuevas iglesias ateas) para las personas no-religiosas

Un año epicúreo

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La predicción de la ciencia moderna: Epicuro versus Mahoma

El siguiente artículo fue escrito por Richard Carrier y publicado en Infidels.org. Ha sido aquí replicado con el permiso de ambos con la intención de contrarrestar la apologética pseudo-científica musulmana que insinúa que el Corán es un “milagro” en si mismo por su “brillantez científica”. Aclaremos: el único “milagro” atribuído a Mahoma (su “viaje nocturno”) sucedió en la privacidad de su imaginación y consistió en volar los siete cielos y conocer a profetas previos en un caballo alado llamado Buraq.

En nuestro debate en Michigan durante el 2004, donde Dan Barker y yo discutimos contra Michael Corey y Hassanain Rajabali, nuestros oponentes afirmaron que el Corán predijo milagrosamente ciertas afirmaciones ya establecidas por la ciencia moderna. Hice la observación de que los seres humanos habían hecho ‘predicciones’ no-proféticas similarmente prescientes, como cuando Tales por primera vez expresó la idea de que toda la vida vino de las aguas, y que el Corán no puede pretender ser profético si sus ideas provienen de una fuente no divina anterior, o si a alguien se le pudo haber ocurrido claramente la misma idea sin ayuda divina.

Dan añadió que si haces suficientes profecías, algunas serán ciertas incluso por accidente, y que cualquier oportunidad para que sucediera un verdadero milagro de profecía científica en el Corán se desperdició, evidentemente. Por ejemplo, ¿quién necesita saber acerca de la expansión de Hubble? No hubiera sido mas útil escuchar acerca de la teoría microbiana de la enfermedad?

Esto no es nuevo, por supuesto. He escrito sobre este tipo de argumento antes. Sobre el fracaso del Corán para comprender bien la ciencia, véase mi ensayo “Cosmología y el Corán: Una respuesta a los fundamentalistas musulmanes” (2001) y los recursos enlazados allí. Sin embargo, varios otros han escrito sobre este tema y tienen experiencia directa con el islam: Taner Edis, “Ciencia coránica: ¿Milagros científicos del siglo 7?”; Avijit Roy, “¡Escrituras religiosas super-científicas!“; Denis Giron, “La ciencia islámica: ¿Contiene la literatura islámica milagros científicos?”; Paul Martin, “El Corán y la Ciencia: ¿Están de acuerdo?“; Syed Kamran Mirza, “La ambigüedad de la embriología humana: Ciencia en el Corán“; y los recursos en Answering-Islam.org.

El punto central de la controversia en el debate fue la afirmación de Michael Corey de que el Corán predijo la expansión del universo. No estaba familiarizado con el verso relevante, por lo que no podía responder directamente. Pero ahora que he investigado el reclamo, puedo decir honestamente que es inexacto en dos aspectos: en realidad es la Biblia hebrea, no el Corán, que ‘predijo’ esto. El Corán parafrasea Isaías 51:13 y 42: 5; y creo que los versos en cuestión, en Isaías y el Corán, son demasiado ambiguos como para ser tomados como algún tipo de predicción. Denis Giron ha respondido a la misma con detalle experto en Expansión del Universo en la Biblia y el Corán: Comparación de Isaías con Surat az-Zaariyaat, y también lo ha hecho el Dr. Abdul-Kalaam Pangloss en El Corán y el Big Bang. En resumen, la palabra relevante también significa ‘enriquecer’ y, de hecho, la única otra vez que se utiliza en el Corán, significa ‘rico’, por lo tanto, la mayoría de las traducciones del Corán traducen el verso en exactamente de esa manera:

De Las traducciones al inglés del Corán:

YUSUFALI: “crear la inmensidad del espacio
Pickthal: “hacer la vasta extensión” del cielo
Shakir: “que hacen las cosas amplias
Khalifa: “vamos a seguir expandiéndolo

Sólo Khalifa lo da como “vamos a seguir expandiéndolo,” a pesar de que no existe un tiempo futuro en el verso original, ni la palabra “continuar”.

En Isaías (y por lo tanto el Corán, que parece parafrasear a Isaías) es probable que la referencia es a cuando Dios dividió los cielos, colocando el firmamento entre las aguas del cielo y las aguas de la tierra, y luego “ampliando” los cielos en siete (Corán 41.12 , y según una leyenda judía, por ejemplo, 2 Corintios 12). Al menos éste era el significado en Isaías, sugerido por el hecho de que “cielos” es plural, y por sus otros usos del mismo concepto (véase: Is 40:22, 45:12, 48:13; véase también Job 9:8, Salmo 104: 2), y por la falta de cualquier otro evento de creación al que se podía estar refiriendo.

Ciertamente, nadie lo entendió de otra manera hasta después de que se descubrió la expansión de Hubble. Y ya que, en mi observación, el Corán contradice la cosmología natural en todo otro sentido, no tenemos ninguna razón para creer que estaba diciendo algo milagroso aquí. De la misma manera, el siguiente verso (51:48) dice, en estructura paralela, que el mismo Dios que ‘expande’ los cielos, ‘extiende’ la tierra. Así que para interpretar 51.47 en el sentido de que Dios está incluso ahora expandiendo el universo, implica la interpretación de que ahora mismo está expandiendo la Tierra también, lo cual por supuesto no está ocurriendo (la Tierra, incluso los continentes y las placas continentales siguen siendo, en promedio, del mismo tamaño).

Usando el mismo truco, puedo hacer que casi cualquier texto de gran longitud antiguo prediga algo sorprendente. Michael Corey dijo que estaría “sorprendido” si alguien hace miles de años hubiera predicho hechos científicos que no se han comprobado hasta hoy–lo que implicaría que esto sería evidencia para la inspiración divina. Bueno, vamos a probar este principio. ¿Hay algún texto no-divino en la antigüedad que hace predicciones increíblemente premonitorias de los hechos científicos, hechos que no se pudieron probar hasta la edad moderna? Ciertamente. El mejor ejemplo es un famoso poema latino que resume la filosofía epicúrea, que ahora supera el Corán tanto en claridad como en cantidad de predicciones científicas maravillosas.

Epicuro predijo (según lo informado por Lucrecio en su resumen poético De Rerum Natura) la existencia del átomo y la molécula (la unión de dos átomos para producir un producto químico diferente); la ley de inercia (a menos de que sean retardados por un golpe, los objetos están en movimiento constante-lo cual no fue demostrado sino hasta Galileo); el principio de la ley natural universal (los mismos principios de comportamiento que aplican en la Tierra, aplican en todas partes del universo–una teoría rechazada por Aristóteles y por la Iglesia Cristiana hasta que Galileo desafió la opinión de la Iglesia y Newton le dio la razón); el ciclo de la lluvia, el cual Lucrecio describe en completo detalle (viene del agua que se ha evaporado de los mares y lagos, debido al calor del sol y el movimiento del aire, y que se almacena en las nubes y luego cae cuando esas nubes se calientan o saturan); que el sonido es una onda de presión de las moléculas de aire, cuya forma determina el sonido; los fotones (que la luz está compuesta de partículas); que el sentido del olfato es causado por la forma en que las moléculas se ajustan a los receptores en la nariz; que el rayo es causado por la fricción entre frentes de tormenta y consiste en partículas (que ahora llamamos electrones) que son más pequeñas que los átomos que componen la materia visible en rápido movimiento; que los terremotos son causados por el deslizamiento de las líneas de falla; que el Nilo se eleva cada año a causa del derretimiento de la nieve en su origen; que los animales, incluso los seres humanos, evolucionaron por selección natural; que la materia es mayormente espacio vacío; que el magnetismo es el resultado de una descarga y absorción constante de partículas magnéticas entre los objetos; que el fuego no es un elemento; que no hay centro del universo, sino muchos diferentes sistemas solares con sus propios planetas; y que la velocidad de la luz es finita. También predijo la relatividad, argumentando que el movimiento es relativo y que el tiempo no existe excepto como la relación de unos objetos y eventos a otros, y por lo tanto el tiempo también es relativo al observador (ver Epístola de Epicuro a Herodoto).

Predicción – Mención en De Rerum Natura

(1) El átomo – 1,265-328

(2) La molécula – 2,100-108, 2,581-588

(3) Ley de la inercia – 2,62 a 166, 2,184-332

(4) Principio de la ley natural universal – 2,718-729, 2,1067-1.078

(5) Ciclo de lluvia – 6,495-523

(6) El sonido como una onda de presión de aire – 4,524-614

(7) Luz compuesta por partículas (fotones) – 2,144-156, 4,183-216, 4,364-378, 5,281-305

(8) El sentido del olor causado por la forma del receptor en la nariz – 2,414-417, 2,680-683, 4,673-705

(9) Rayo causado por la fricción entre los frentes de tormenta – 6,160-422

(10) Rayo compuesto de partículas diminutas – 2,384-389

(11) Los sismos causados por el deslizamiento de líneas de fallo – 6,535-551

(12) El Nilo se inunda cuando la nieve en su origen se derrite (a) – 6.712 … 735-737

(13) Los animales y los hombres surgen por la selección natural – 2.1150-1156, 5,790-836

(14) La materia es mayormente espacio vacío – 1,329-397, 6,936-997

(15) Magnetismo causada por intercambio de partículas – 6.998-1089

(16) El fuego no es un elemento – 1,635-829

(17) Sin centro el universo – 1.1052-1082

(18) Otros sistemas planetarios – 2.1048-1089

(19) Velocidad de la luz es finita – 2,144-156, 4,183-216

(20) Teoría de la relatividad (b) – 1,459-463, 2,308-332

(21) El indeterminismo cuántico – 2,216-293

(22) Movimiento browniano (c) – 2,112-141

Lucrecio escribió el poema épico De Rerum Natura (“Sobre la naturaleza de las cosas”) entre 100 y 50 antes de la Era Común, dramatizando las teorías de Epicuro, que escribió cientos de libros sobre filosofía naturalista entre 310 y 270 antes de la Era Común, ninguno de los cuales sobreviven (excepto fragmentos recuperados de las cenizas volcánicas en Herculano). Las referencias anteriores son de uno de los seis libros con número de línea del poema de Lucrecio, el único resumen completo de la filosofía epicúrea que sobrevive.

No creo que el Corán se acerca en lo absoluto a una lista tan larga de predicciones exactas de este modo. Se podría elaborar listas más largas de las predicciones mucho más vagas o más dudosas en el Corán. Pero nada como esto, ya que Epicuro declaró todos estos hechos en términos mucho menos ambiguos que nada supuestamente profético en el Corán. Así que la conclusión debe ser que la mera razón humana (aplicada a la evidencia) es mejor que la inspiración divina en la predicción de la verdad sobre el mundo. Epicuro le ganó a Mahoma. El hombre le ganó a dios. Epicuro no fue inspirado por Dios. No era más que un hombre inteligente. Después de todo, al igual que el Corán, también se equivocó en mucho. Pero él acertó en muchísimas mas ocasiones–en parte, utilizando el mismo truco: si haces suficientes conjeturas, algunos salen bien simplemente por casualidad, y si se ignora todas las faltas, se puede hacer ver a Epicuro como milagrosamente premonitorio. Del mismo modo, al igual que hacen los defensores del Corán, puede que estemos liberalmente “interpretando” cosas que dijo de una manera más acorde con los hechos modernos, que lo que Epicuro pudo haber previsto. Pero en general, no necesitamos trucos: Epicuro realmente acertó en mucho, haciendo algunos cálculos inteligentes y razonando a partir de ellas. Muy distinto del Corán.

Vamos a dar otro ejemplo como nuestro punto de conclusión. Epicuro predijo el indeterminismo cuántico: dijo que los átomos a veces se desvían al azar, lo que es lo mismo que decir que a veces cambian aleatoriamente su momento o lugar, lo cual ha sido confirmado. Por lo tanto, ¿fue Epicuro inspirado por dios (o dioses)? No. Él sólo tuvo suerte. No sabía nada de la mecánica ondulatoria, el radio de Compton, o la incertidumbre de Heisenberg. Él simplemente estaba tratando de resolver lo que él percibía como el problema del libre albedrío, basándose en la observación empírica de que las partículas en suspensión en un medio parecen moverse al azar (lo cual también se haría más tarde una teoría científica probada llamada “movimiento browniano”). Así, también, Isaías simplemente estaba tratando de expresar lo que era obvio para él: que Dios es el que hizo la tierra y los cielos tan vastos, y los separó el uno del otro, y solo El los mantiene así.

Esto quizá se debe a que ni Isaías ni Mahoma sabían nada acerca de la diferencia entre las estrellas y las galaxias, por ejemplo, y sin embargo, sólo estas últimas están expandiendo la distancia unas de otras. Las estrellas dentro de nuestra galaxia, que comprendían la mayor parte de lo que Mahoma e Isaías habrían imaginado como los “cielos” visibles  (y por lo tanto lo que hubieran entendido por esa palabra), no están en expansión, sino que se mantienen en su lugar por la gravedad.

Imaginen la oportunidad perdida aquí: Alá pudo haber dado a Mahoma la más increíble prueba de presciencia científica haciéndole describir la diferencia entre los sistemas estelares y las galaxias, o incluso declarar la ley de la expansión de Hubble, tal vez con cifras exactas, o al menos explicar que este ritmo de expansión se está acelerando. Pero no, todo lo que le dio fue la muy vaga “que hacen las cosas amplias.” No hay nada científico al respecto.

Notas del traductor:

a. En la antigüedad se creía que el Nilo era un dios llamado Hapy y que la inundación era parte del ciclo de guerra eterna entre Osiris (el dios verde de la vegetación) y su hermano malvado Set (el dios rojo del desierto). También se creía que las sequías se podían resolver con sacrificios humanos que propiciaban a Hapy. Para tiempos del emperador Adriano, estos sacrificios habían sido hechos ilegales.

b. Hacia el final de la Epístola a Herodoto, Epicuro explica sin mucho esfuerzo la relatividad del tiempo.

c. El clínamen, traducido como “swerve” en inglés, introduce caos y movimiento abrupto a las partículas.

Otras lecturas:

Versión original de este artículo en Infidels.org

Epístola de Epicuro a Herodoto (Versión Amigos de Epicuro)

De la naturaleza de las cosas