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Itinerario de estudios epicúreos

El itinerario llamado Epicuro y el epicureísmo está disponible en la Escuela de las Indias de manera gratuita. El siguiente itinerario es un precursor al de las Indias. Quedan invitados a leer ambos.

1. Introducción

La tradición de sabiduría de los epicúreos es la única filosofía misionera secular-humanista que nació en la Grecia de la era helenística. Es también entre los antiguos sistemas filosóficos, el de mayor continua relevancia. El corpus se divide en Canon (la epistemología, o estudio sobre como pensar en nuestras investigaciones sobre la naturaleza), la Física (la naturaleza de las cosas) y la Etica (el arte de vivir).

El siguiente es un currículo de estudio para las personas que quieran por su cuenta adentrarse en la filosofía epicúrea, ya sea para formalizar su membresía en la Sociedad de Amigos de Epicuro o para su satisfacción intelectual personal. Tiene como intención que el estudiante aprenda a su propio paso, y algunas de las fuentes (llamadas “opt.”) son opcionales mientras que otras son esenciales. Si tiene cualquier pregunta, no dude en unirse al grupo de facebook de la SAE y compartir sus inquietudes.

Libro: Cultivando el jardín epicúreo 

Ensayo: Seis cosas que aprendí luego de publicar “Cultivando el jardín epicúreo”

2. El Canon: el estándar de la realidad

Libro / página del web opcional / en inglés: Elemental Epicureanism (lea Intro y Canonics)

Los primeros atomistas estaban reaccionando contra los escépticos, una escuela fundada por Pirrón, al declarar que es posible tener certeza y conocimiento claro sobre la naturaleza por medio de ciertos chequeos y balances–mientras que los pirronistas opinaban que la certeza era imposible de conseguir, a la vez que no era deseable. En ese sentido los atomistas eran dogmáticos en el sentido filosófico: entendían que la certeza era posible y deseable. Pero si es posible la certeza, debe existir un estándar para establecer datos con firmeza. De ahí surge el Canon–el estándar de la realidad, que nos educa sobre la primacía de los sentidos y de nuestras facultades naturales como jueces de lo que es y no es verdad.

Este Canon incluye tres grupos de facultades: los cinco sentidos, la facultad de aversion y placer (a veces llamada tono hedónico), y las anticipaciones (reconocimientos instanténeos que asisten nuestros procesos cognitivos). Cada facultad tiene jurisdicción única sobre cierto aspecto de la naturaleza: solo los ojos pueden juzgar lo que se ve, solo los oídos lo que se escucha, etc. Pero juntas, como en tribunal, nuestras facultades pueden confirmar con certeza lo que sabemos. El Canon es el precursor temprano del método científico moderno, y está diseñado para la física y ética epicúrea: para estudiar la naturaleza y vivir una vida placentera.

El Canon tiene dos efectos importantes: primero, el de establecer a la naturaleza como el estándar y la autoridad última, en lugar de abstracciones inventadas por mortales; y segundo, el de emanciparnos de autoridades tradicionales y arbitrarias, lo cual ayuda a explicar como las mujeres y esclavos podían ser tratadas como iguales intelectuales–lo cual era muy raro en Grecia antigua. No hacen falta sacerdotes, mediadores, ni expertos en lógica, y cada persona puede filosofar de manera independiente y ser árbitro de la realidad y de sus elecciones u omisiones éticas–siempre basando sus investigaciones en el estudio de la naturaleza.

EnsayoContra los hombres de la multitud – este ensayo puede ser algo repetitivo, pero al leerlo podemos entender el énfasis epicúreo en la importancia de tener un estándar de verificación tangible. Este estándar podría entenderse hoy como el rigor del método científico.

3. Física: La naturaleza de las cosas

Los atomistas o materialistas aceptamos un entendimiento científico de la naturaleza de las cosas. En los escritos de Epicuro se habla de como los cuerpos tienen características primarias (o propias de su naturaleza) y secundarias (o relacionales, emergentes). Pero las ideas modernas tienen raíces antiguas. Los primeros filósofos pre-físicos y pre-atomista especularon de manera no-empírica que todo en el cosmos estaba hecho de una sustancia primal (o de varias). Algunos decían que de agua, otros que de fuego. Otros de varios elementos: Anaximander supuso que eran los cuatro elementos hoy conocidos (tierra, agua, fuego, aire).

El proto-platonista Parménides (de 515-440 AEC) postuló, nuevamente sin intentar conciliar sus doctrinas con lo empírico, que el cambio no existe, que todo es una misma cosa (ho Pan, “el todo”), y que nuestros sentidos nos engañan. Sin embargo, cuando vemos la evidencia que la naturaleza presenta a nuestras facultades, vemos enorme diversidad de cosas (y no una sola sustancia primal que se pueda llamar “el todo”), y también vemos que existe cambio constante.

Zenón de Elea fue conocido por sus paradojas, una de las cuales postulaba que, si dividíamos las cosas progresivamente, íbamos a conseguir partículas mas y mas pequeñas hasta la infinitud. Esta paradoja fue una de las inspiraciones para el atomismo. La palabra átomo significa “indivisible”.

Los primeros atomistas–Leucipo y Demócrates–eran grupos de amigos que estaban investigando cuan errados estaban Parménides, Zenón y los demás. Trataron de reconciliar todos estos modelos cosmológicos con la evidencia que nos presenta la naturaleza.

Algunos de los argumentos de estos primeros atomistas están escritos en la Epístola a Herodoto. En respuesta a la paradoja de Zenón, opinaron que si se pudieran cortar las partículas a la infinitud, eso significaría que todos los objetos tendrían una cantidad de átomos infinita. Y sabemos que este no es el caso porque un objeto con infinita cantidad de átomos sería de tamaño infinito, y eso no es lo que vemos. Por lo tanto, debe haber una cantidad limitada de átomos en cada cosa, y por lo tanto debe existir un punto en el cual las partículas son tan pequeñas que ya no son divisibles: el á-tomo (“in-divisible”).

Luego al considerar el error de Parménides, que negó la existencia del cambio y del movimiento alegando que “el todo” es el mismo siempre en todas partes, consideraron que debe haber espacio vacío (que no esté lleno por “el todo”) para que pudiera existir movimiento y cambio, que evidentemente existen. Al darse cuenta de que debe haber espacio entre estas partículas primales, de lo contrario no habría espacio hacia el cual moverse, ni las esponjas podrían llenarse de partículas de agua, ni podríamos ver cosas con mayor y menor densidad, concluyeron que en el cosmos las cosas primales deben ser átomos y vacío. Eso es, para los materialistas, el ser o no ser.

Nota: Hoy se entiende que el átomo es divisible y el atomismo moderno llama partículas (por ejemplo, quartz, etc.) a lo que los griegos antiguos llamaron átomo, y siempre debemos considerar esto al traducir del griego, sin embargo la teoría fundamental clásica sigue siendo válida: es imposible dividir la materia mas allá de cierto punto.

Al leer la Epístola a Herodoto aprendemos que las teorías de los atomistas antiguos producen una cosmología fascinante que incluye planetas innumerables, algunos parecidos y otros distintos al nuestro, algunos sin vida pero otros con vida parecida y distinta a la que hay en la Tierra. Esto es una función de la infinitud de átomos y vacío hacia todas las direcciones, combinados con una limitada cantidad de posibles combinaciones de partículas según las leyes de la naturaleza que son las mismas en todas partes, por lo que necesariamente deben haber entonces repeticiones infinitas en todo lugar de los mismos fenómenos que vemos en nuestra parte del cosmos. Es por eso que los atomistas antiguos especularon sobre la vida extraterrestre y el comediante epicúreo Luciano incluso escribió Historia verdadera, que se cree es el primer ejemplo histórico del género de la ciencia ficción. La ciencia exoplanetaria moderna en las últimas dos décadas ha confirmado esta doctrina de los mundos innumerables, y existen ya miles de exoplanetas (mundos fuera de nuestro sistema solar) cuya existencia ha sido verificada por varios métodos.

Libro **esencial**Epístola a Herodoto – constituye “el Epítome Menor” y todo principiante en el estudio de Epicuro debe estudiarlo

El Canon fue inventado por Nausífanes, que fue estudiante de Demócrito y maestro de Epicuro. Sin embargo, Epicuro se rebeló de la doctrina determinista y mecanista de sus predecesores ya que creía en el libre albedrío. Por esto, supuso que debía existir en las partículas algún elemento de caos, y teorizó que se trataba de un girón brusco que sucedía al azar. Este elemento de caos y azar podría traducirse en el movimiento browniano de la física moderna. Fue a causa de esta doctrina del girón (al cual Lucrecio en latín llama clínamen, y que en inglés se llama the swerve) que Epicuro se convirtió en un reformador moral y pudo añadir una ética a su sistema filosófico, completándolo con un realismo moral naturalista y hedonista.

4. Ética: el arte de vivir

Blog: Parábola de la jarra rota 

El entendimiento epicúreo de la realidad tiene muchas repercusiones prácticas. Implica que no es inteligente temer o apaciguar a los dioses, que no intervienen en nada, ya que todo sigue leyes naturales. Provee tratamiento terapéutico al miedo a la muerte sobriamente basado en nuestra física. Pero mas importante, implica que solo tenemos una vida y produce, si se toma en serio, una urgencia de vivir placenteramente, de aprovechar el único e irrecuperable tiempo que tenemos bajo el sol. La doctrina de que está en nuestra naturaleza buscar el placer y evitar el dolor se llama hedonismo. En esta doctrina, somos herederos de sus inventores, los intelectuales de la ciudad libia de Cirene, que ha sido llamada por Michel Onfray “una Atlántida filosófica“.

Ensayo sobre los orígenes del hedonismo: Razonamientos cirenaicos (condensación y comentario del excelente libro de Kurt Lampe titulado The Birth of Hedonism)

Escrito antiguo: Epístola a Meneceo – resume la ética epicúrea

Pergamino: Razonamientos sobre “De la Muerte”, de Filodemo

Ensayo: El renacimiento epicúreo (Los cuatro remedios) 

Pero, ¿que es la felicidad? ¿Que podemos saber empíricamente sobre la felicidad? ¿Y porqué los epicúreos insisten en establecer el placer, y no “la virtud” como el fin?

Para los epicúreos, toda platonización de fenómenos naturales es un tipo de alienación. A diferencia de abstracciones a veces obscuras como “virtud”, el dolor y el placer son concretos y reales, observables en la naturaleza, y son percibidos y experimentados directamente por el ser viviente. En ese sentido, no son platónicos sino naturales, orgánicos, instintivos. La facultad de placer y aversión no es un dogma arbitrario de un filósofo académico, sino la guía que la misma naturaleza nos da.

Aprenda sobre la controversia estoica-epicúrea: Capítulo 3 de Varios días en Atenas 

Ensayos en inglés (opc.): On Epicurean Virtue and Dialogue on Virtue

Escritos antiguos: Los argumentos de Torcuato sobre el fin, según New Epicurean, son el discurso mas claro sobre porqué la virtud no es el fin y las virtudes deben ser vistas como medios para lograr una vida placentera. Este es EL ASUNTO CENTRAL de muchas controversias entre epicúreos y otras escuelas, sobre todo la estoica.

La facultad de aversión-placer es parte del Canon, por lo que se entiende que por medio de ella la naturaleza nos guía. Al establecer el placer como fin, es importante entender que se trata no de una actividad particular sino de una facultad natural, y por lo tanto la definición de una vida placentera es amplia, diversa e individualizada. Tampoco se trata de un abstracción platónica, sino de actividades concretas y de estados naturales de ánimo concretos.

La ciencia de la felicidad muestra que existe algo llamado “adaptación hedónica“: el ser humano, al acostumbrarse al placer que da una actividad, deja de disfrutarla tanto. El fracaso en entender este fenómeno de adaptación produce adicciones, desencantos, y otros problemas. Residir en la satisfacción (en inglés “pleasant abiding“) para muchos requiere de entrenamiento y de cultivar atención tranquila.

Por eso la ética epicúrea, basada en el estudio de nuestra naturaleza, dice que debemos desarrollar un régimen hedónico, un menú de placeres diversos y variados, y que debemos asumir el entrenamiento para aprender a experimentar placeres constantes, tanto activos como pasivos. Esto se hace por medio de prácticas filosóficas como el desarrollar un espíritu de agradecimiento a diario, la frecuente asociación con nuestros sanos amigos, la repetición y memorización de enseñanzas, los proyectos de auto-suficiencia que nos protegen de miedos e inseguridades a largo plazo, la adaptabilidad cirenaica que nos hace poner menos fe en nuestra capacidad para controlar lo que suceda en el futuro que en nuestra capacidad para adaptarnos a ello, y otras prácticas epicúreas placenteras.

Epicuro predijo en su Discurso #25 De la naturaleza lo que hoy la neurociencia muestra: que somos capaces de cambiar la estructura física de nuestros cerebros por medio de la habituación, contemplación, y otros medios. Este campo de estudio moderno se llama neuroplasticidad. Como parte de su desarrollo moral, el epicúreo asume la responsabilidad de, literalmente, formar y esculpir su cerebro y su identidad entera, por medio de disciplinas para formar sanos hábitos, para maximizar sus oportunidades de placer a largo plazo.

Videos educacionales en español (opc.)

Shakers & Doers Podcast: On Happiness, Epicurus and Changing Your Mindset (opc., en inglés)

Videos opcionales en inglés: Gregory Sadler “Core Concepts” Series on Friendship, Mental and Bodily Pleasures, on Desires, on Pleasure, Prudence and Justice, on Utility of Justice, and on Pain and Pleasure

5. La contra-historia de la filosofía

Capítulo biográfico: Diógenes Laercio: De los filósofos ilustres, capítulo 10: Epicuro  

Video: A Gigantic Jigsaw Puzzle: The Epicurean Inscription of Diogenes of Oinoanda

El epicúreo no solo busca los placeres refinados, sino que a veces adquiere con el estudio cierta conciencia histórica. Es imposible evitar notar que el platonismo (y sus muchos descendientes y variantes) ha sido desde el principio el archi-enemigo intelectual de nuestra escuela, y de hecho Epicuro y su gran amigo el segundo Hegémone de la escuela, Hermarco, fueron expulsados de Mitilene por los platonistas y naufragaron, estando cerca de la muerte, en la parte temprana de la carrera filosófica de Epicuro. Este evento es simbólico de la histórica oposición entre los teólogos y los filósofos naturalistas, entre los idealistas y los materialistas.

La filosofía académica hasta el día de hoy ha dado hegemonía al platonismo y al aristotelismo, a pesar de que la descripción científica del universo ha confirmado, una y otra vez, las teorías de los materialistas. Por eso, intelectuales modernos como Michel Onfray hablan de que hace falta una contra-historia de la filosofía hablada desde la perspectiva de los Amigos de Epicuro y enemigos de Platón.

Lucrecio (Siglo II EC) en su libro Sobre la naturaleza de las cosas (DRN) es un precursor de esta tradición de proponer nuestra propia narrativa, al narrar historias sobre los orígenes basadas en antropología para desmantelar la cosmovisión mítica y no-empírica. Filodemo de Gadara, en su pergamino sobre la crítica franca, explica que el filósofo debe aplicar dos formas de crítica franca (pública y privada) para mejorar el carácter moral colectivo y personal. En el arsenal que han usado los epicúreos históricamente al hacer esto, sobresalen el uso de la comedia y de la suavidad como herramientas retóricas.

Otra herramienta que usamos en el epicureísmo para honrar nuestra narrativa es la celebración mensual de una fiesta de la razón, donde se comparten manjares y se estudia la filosofía en el día 20 de cada mes tal y como estableció Epicuro en su testamento final. Es por esto que los epicúreos antiguos eran llamados eikadastai (twentiers en inglés, o “la gente del día veinte”). Esta tradición permite la persistente continuidad de nuestra tradición.

Ensayo en inglés (opcional): Swinish Herds and Pastafarians: Comedy as an Ideological Weapon

Libro (opc.)Lucrecio, De Rerum Natura 
Libro: Epítome: Escrituras epicúreas

La Sociedad de Amigos de Epicuro es una organización de personas interesadas en la promoción de 1) sanas amistades entre intelectuales epicúreos y 2) la educación sobre estas enseñanzas. La membresía es gratuita y requiere de que se escriban tres ensayos para demostrar que se entiende bien la doctrina epicúrea. Todo el que haya terminado este itinerario habrá adquirido una sólida formación básica como intelectual epicúreo, y le invitamos a hacerse miembro para disfrutar de la solidaridad global de mentes pares. Está abierta a todo epicúreo, sobre todo a quienes quieran usar blogs, videos y otras plataformas para expandir la misión de enseñanza en todos los idiomas.

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Sinopsis del Libro 25 de “Sobre la naturaleza”, por Epicuro: El desarrollo moral

Basado en la traducción francesa que se encuentra en el major Epítome epicúreo en la lengua francesa: el tomo de 1.550 páginas titulado Les Epicuriens.

 Un concepto central aquí es el problema de la responsabilidad causal y si esta responsabilidad se puede conectar a nuestra constitución inicial (nuestra naturaleza, nuestra fisiología), al medio ambiente, o a nuestra agencia.

Si la naturaleza de uno es responsible por las acciones, atribuímos menos elogio y culpa a las acciones. Epicuro dice que hay personas que están por naturaleza “solidificadas” y carecen de maleabilidad (capacidad de cambio), ergo uno no trata de alentar o incitar a estas persona a la realización de acciones oportunas, ya que su naturaleza no nos permite asignar responsabilidad causal.

F. Massi sugiere que esta maleabilidad o suavidad, que es odiada por los estoicos, es alabada como algo bueno por Epicuro, ya que ayuda contra la solidificación o cristalización: quien es maleable, flexible o blando, puede progresar y volverse moralmente mejor a través de la educación. Como nota al margen, el tema de cómo ser flexible y maleable es una virtud en la filosofía naturalista se elaboró en nuestras contemplaciones taoístas y es también un tema en la filosofía cirenaica.

Sin embargo, debido a su naturaleza maligna, denigramos y muchas veces odiamos a un hombre por lo que, al final, en la práctica, nuestra reacción con frecuencia no es diferente a asignar culpa. El ejemplo que se da en el libro Les Epicuriens es el de un tiburón: odiamos a la criatura, pero no culpamos al tiburón por comerse a un hombre porque la constitución inicial del tiburón y el producto desarrollado (del carácter del tiburón) son idénticos (es decir, el tiburón no experimenta desarrollo moral).

Este es el caso incluso si separamos  un poco la constitución inicial (o naturaleza) de un hombre de su product final en el curso de desarrollo, porque la constitución inicial (naturaleza del hombre, no importa cuan malvada) a veces puede hacerse un camino para que sea posible que otras cosas (no naturales, como la cultura, el medio ambiente, la educación) construyan un producto desarrollado, un carácter sano.

Es por eso que todavía amonestamos a personas que por naturaleza son malvadas, y no la eximimos plenamente de sus crímenes, somos simplemente más indulgente con ellos. No los tratamos como trataríamos a bestias salvajes (en palabras de Epicuro) porque los hombres no son tiburones. Los miembros de nuestra especie son criaturas domesticadas. Por lo tanto, tenemos un poco más expectativas de  de nuestros compañeros humanos menos moralmente desarrollados que las que tenemos de bestias salvajes.

Muchos de los razonamientos de Epicuro en este libro podrían ser (y han sido) interpretados para incluir gatos, perros, caballos y otros animales que hemos domesticado, y por lo tanto, su comportamiento se aparta de su constitución inicial hasta cierto punto.

Por lo tanto, existe una correlación entre la constitución inicial (o la naturaleza) de una criatura, que puede tener tendencias antisociales o viciosas, y la atribución de responsabilidad causal.

Pero en medida que el individuo madura, deja de actuar puramente por impulso. Esto es desarrollo moral, y transforma la constitución inicial. Por tanto, podemos evaluar y describir la evolución moral del hombre.

De acuerdo a a teoría de Epicuro sobre nuestros impulsos instintivos, subconscientes, llevamos dentro de nosotros ciertas tendencias o disposiciones, que a su vez informan nuestras acciones. Epicuro afirma que, en el proceso de desarrollo moral, uno tiene el poder de cambiar las creencias propias, e incluso cambiar atómicamente la estructura de la mente de uno. Esto, en la actualidad, se está investigando como la ciencia de la neuroplasticidad. El objetivo de la terapia epicúrea es, por lo tanto, transformar nuestras disposiciones con el fin de tener un producto desarrollado final, que es un carácter bueno y feliz que experimenta ataraxia (placer estable y auto-suficiente) y está libre de miedos irracionales o supersticiosos.

La gente tiene, desde el principio, los gérmenes de las tendencias buenas, malas y neutrales. Llega un momento en que estas semillas dan sus frutos, y depende absolutamente de nosotros. Nos amonestamos, combatimos y transformamos unos a otros como si tuviéramos la responsabilidad causal en nosotros mismos y no sólo en nuestra constitución inicial.

La responsabilidad causal reside en los agentes, no simplemente en acciones que son causadas por movimientos anteriores, porque es a los agentes (los que llevan a cabo acciones) que observamos dejar de hacer las cosas malas de las que su naturaleza es capaz.

Si un determinista argumenta en contra de esto, puede optar por seguir amonestando y alabando a los demás, pero aún dejará intacta nuestra anticipación de responsabilidad–sobre la cual nuestros juicios de elogio y censura se construyen–y sólo habrá cambiado su nombre.

Y, si todas las cosas son por necesidad, entonces los deterministas no pueden auto-alabarse por razonar claramente ni culparnos por razonar de mal modo, y así atribuir a sus adversarios la culpa causal por su propio razonamiento equivocado.

Si todas las acciones están determinadas por átomos (por naturaleza), a continuación, nuestras prácticas morales y sociales de amonestación no tendrían sentido. Por lo tanto, el adversario (determinista) de Epicuro tendría que renunciar a su práctica moral, social y educativa debido a la incompatibilidad de la teoría y la acción.

De hecho, las acciones y las opiniones de los deterministas estarían constantemente en contradicción, porque nos detenemos constantemente a nosotros mismos y a los demás de hacer cosas malas o tontas, a pesar de nuestros propios impulsos y deseos.

Nuestra contribución (a nuestras acciones) consiste en la percepción de que, si no entendemos claramente las normas y criterios de todas las cosas que hacemos en virtud de nuestras opiniones, y en cambio seguimos nuestros impulsos irracionalmente, todo estará perdido en exceso y defecto. – Epicuro

Hay muchas cosas que se hacen con la contribución de la naturaleza, así como muchas cosas que se hacen sin su contribución; y también muchas cosas que se hacen ordenando nuestra naturaleza (a través de la disciplina, la educación, o la reforma y entrenamiento de nuestra constitución inicial), y muchas otras cosas se hacen donde la naturaleza misma sirve como guía.

La responsabilidad causal y la necesidad se procuran entre sí. Somos causalmente responsables de buscar poco a poco el principio, la regla y el criterio por el cual vamos a actuar.

Otras lecturas:

La responsabilidad moral y el desarrollo moral en Epicuro, por
Susanne Bobzien

Epístola de Epicuro a Herodoto

La siguiente epístola fue escrita por Epicuro para uno de sus pupilos a modo de introducción completa a su sistema filosófico para uso educacional. Futuras generaciones luego celebraron esta obra con tanto respeto que es considerada el Pequeño Epítome y debe ser estudiada sistemáticamente antes de estudiar el Grande Epítome. Contiene explicaciones del atomismo, de la importancia de razonar en base a la evidencia, de la doctrina de los mundos innumerables, de la importancia de encontrar muchas causas naturales a los fenómenos y otros asuntos.

Sección 1. La verdad sólo puede establecerse mediante el estudio de la evidencia que la naturaleza nos proporciona y la organización de esa evidencia en nuestras mentes1.

1. Epicuro a Herodoto, deseando que esté bien.

2. Muchos de los estudiantes que se dedican al estudio de la naturaleza no pueden, Herodoto, elaborar en detalle todos los muchos volúmenes que he escrito sobre el tema. 3. Para estos estudiantes, ya he preparado un largo resumen de todo el sistema, para que tengan en cuenta los principios más generales y la comprensión de los puntos más importantes.

4. Incluso aquellos que han hecho considerable progreso en la comprensión de los principios fundamentales deben tener en cuenta un esquema de los elementos esenciales de todo el sistema, 5. ya que a menudo tenemos necesidad del entendimiento en general, pero con menos frecuencia necesitamos los detalles. 6. Y es necesario centrarse en los principios fundamentales y memorizarlos firmemente si vamos a ganar la comprensión más esencial de la verdad2. 7. Esto se debe a que un conocimiento exacto de los detalles se puede obtener sólo si los principios generales en los distintos departamentos se comprenden a fondo. 8. Incluso para aquellos que están bien educados, la característica más esencial de todo conocimiento preciso es la capacidad de hacer uso rápido de ese conocimiento, y esto sólo se puede hacer si los datos se resumen en sus principios y fórmulas elementales.

9. Porque no es posible comprender el curso completo a través de todo el sistema a menos que uno pueda captar en la propia mente las fórmulas breves que establecen los principios que controlan los detalles.

10. Dado que este método que he descrito es esencial para la adecuada investigación de la naturaleza, y ya que yo mismo insto a otros a estudiar la naturaleza constantemente y encuentro mi propia tranquilidad sobre todo en una vida dedicada a ese estudio, he compuesto para usted un resumen corto de los principios de toda la doctrina, el cual ahora le relataré.

11. Pero en primer lugar, Herodoto, antes de comenzar la investigación de nuestras opiniones, hay que captar firmemente las ideas que se adjuntan a nuestras palabras de modo que podamos referirnos a ellas a medida que avancemos. 12. A menos que tengamos una firme comprensión del significado de cada palabra, dejamos todo incierto, y llegaremos hasta el infinito usando palabras vacías que carecen de significado3. 13. Por lo tanto, es esencial que nos basemos en la primera imagen mental asociada a cada palabra, sin necesidad de explicación, si queremos tener un estándar firme al que referirnos a medida que avanzamos en nuestro estudio.

14. Por encima de todo, debemos mantener nuestras investigaciones estrictamente de acuerdo con la evidencia de los sentidos. 15. Debemos asegurarnos de mantener nuestras conclusiones consistentes con las cosas que ya hemos establecido claramente a través de nuestras sensaciones, de nuestros sentimientos de dolor y placer, y de las aprensiones mentales que recibimos a través de anticipaciones. 16. Siempre debemos tomar como verdad las cosas que ya han sido claramente establecidas y referirnos a ellos como bases para nuestros nuevos juicios4. 17. Este es el método que empleamos en la investigación de todas las nuevas preguntas, independientemente de que el objeto de la pregunta pueda ser percibido directamente por los sentidos o de que sólo pueda ser entendido por el razonamiento en base a lo que ya se ha percibido.

Sección 2. La evidencia que la naturaleza coloca claramente ante nosotros revela que el universo es eterno y opera según principios naturales.

18. Siempre debemos primero determinar con claridad las cosas que son perceptibles a los sentidos, y cuando nos volvemos a los asuntos más allá del alcance de los sentidos, hay que juzgarlos por lo que ya hemos comprendido como verdadero. 19. Utilizamos este proceso para llegar a varias conclusiones de especial importancia:

20. En primer lugar, nada puede ser creado a partir de lo que no existe. 21. Llegamos a la conclusión que esto es cierto, porque si las cosas pudieran ser creadas a partir de lo que no existe, veríamos todas las cosas siendo creadas de todo sin necesidad de semillas, y nuestra experiencia nos demuestra que esto no es cierto5.

22. En segundo lugar, nada es completamente destruido por medio de la no existencia. 23. Concluimos esto porque si las cosas que se disuelven de nuestra vista completamente dejaron de existir, todas las cosas habrían perecido a la nada hace mucho tiempo6. 24. Si todas las cosas se hubieran disuelto a la no existencia, nada existiría para la creación de cosas nuevas, y ya hemos visto que nada puede venir de lo que no existe.

25. En tercer lugar, el universo en su conjunto ha sido siempre como es ahora y siempre será el mismo. 26. Concluimos este porque el universo en su conjunto es todo lo que existe y no hay nada fuera del universo en lo que pueda transformarse, o que pueda entrar en el universo desde fuera de el para lograr un cambio.

27. En cuarto lugar, no existe nada en el universo excepto cuerpos y espacio. 28. Llegamos a la conclusión de que los cuerpos existen ya que es la experiencia de todos los hombres, a través de nuestros sentidos, que los cuerpos existen. 29. Como ya he dicho, debemos juzgar necesariamente todas las cosas, incluso aquellas cosas que los sentidos no pueden percibir, con razonamiento que esté totalmente de acuerdo con la evidencia que los sentidos perciben. 30. Y llegamos a la conclusión de que existe espacio porque, si no existiera, los cuerpos no tendrían donde existir ni a través de donde moverse, y vemos que los cuerpos se mueven. 31. Además de estos dos, los cuerpos y el espacio, y las propiedades que son incidentales a combinaciones de cuerpos y espacio, nada más en absoluto existe, ni hay evidencia en base a la cual se pueda especular que exista otra cosa que no tenga su fundamento en los cuerpos y el espacio.

32. En quinto lugar, los cuerpos que hemos descrito son o bien partículas finales o compuestos de esas partículas. 33. Y llegamos a la conclusión de que estas partículas deben ser indivisibles e inalterables porque si no fuera así, todas las cosas se hubieran desintegrado en lo que no existe7. 34. Pero vemos que restos permanentes queda atrás cuando se disuelven todos los compuestos. 35. Estas partículas deben ser completamente sólidas e indivisibles, con el fin de constituir los primeros inicios del universo.

36. En sexto lugar, el universo en su conjunto no tiene límites. 37. Concluimos esto porque todo lo que está delimitado tiene un punto extremo y este punto extremo puede ser visto en relieve contra otra cosa. 38. Pero el universo, como un todo, no puede tener un punto extremo y por lo tanto puede no tener límite. 39. No puede haber nada fuera del término que utilizamos para todo lo que existe, por lo que hay que concluir que el universo, en su conjunto, no tiene límite y es infinito.

40. En séptimo lugar, el universo es infinito tanto en el número de cuerpos como en la cantidad de espacio vacío. 41. Concluimos esto porque, si el espacio vacío fuera infinito pero el número de cuerpos fuera limitado, los cuerpos serían llevados y estarían dispersos a través del vacío infinito, sin otros cuerpos para apoyarlos y mantenerlos en su lugar. 42. Por otro lado, si el espacio se limita, pero el número de cuerpos fuera infinito, los cuerpos llenarían el universo y no existiría espacio para los cuerpos moverse o tomar su propio lugar.

43. En octavo lugar, las partículas del universo tienen una cantidad de formas innumerable, pero no infinita. 44. Concluimos este porque no es posible que las grandes variedades de cosas que vemos surjan de partículas con sólo unas pocas formas. 45. Por otro lado, aunque el número de formas está más allá de nuestra capacidad de contar, el número de formas no es infinito. 46. Concluimos esto porque vemos que aunque es mucha la variedad de las formas, no es infinita.

47. En noveno lugar, las partículas del universo están en continuo movimiento por toda la eternidad. 48. Algunos viajan largas distancias, mientras que otras rebotan en sus movimientos, ya que están entrelazadas con otras alrededor de ellas. 49. Concluimos esto ya que el espacio alrededor de las partículas no les ofrece ninguna resistencia. 50. Por otra parte, las partículas son sólidas, por lo que se resisten unas a las otras y después de chocar, deben retroceder a la distancia que permita su trayectoria entrelazada.

51. En décimo lugar, los movimientos de las partículas últimas no tienen punto de comienzo en el tiempo. 52. Concluimos esto porque las partículas y el espacio han existido desde la eternidad, ya que nada puede ser, o ha sido alguna vez, creado de la nada.

Sección 3. La evidencia que la naturaleza coloca a cierta distancia de nosotros requiere la consideración de cómo las partículas se mueven y la posibilidad de error.

53. Y ahora, firmes sobre la verdad de lo que hemos probado hasta ahora y siempre teniendo en cuenta lo que ya se ha demostrado como una prueba de nuestras próximas conclusiones, consideremos el movimiento de las partículas elementales.

54. En primer lugar, existe un número infinito de mundos en el universo, algunos de los cuales son como este mundo y algunos de los cuales son diferentes al nuestro8. 55. Concluimos esto porque las partículas últimas son infinitas en número, como ya fue demostrado. 56. No importa lo lejos que se muevan en el espacio, no es posible que el número de partículas se ha gastado del todo en la formación de cierto número de mundos. 57. Por lo tanto no hay ningún obstáculo para la existencia de un número infinito de planetas, y llegamos a la conclusión de que hay innumerables mundos en el universo incluyendo aquellos que, como el nuestro, contienen seres vivientes9.

58. En segundo lugar, es la naturaleza de todos los cuerpos, ya que se han formado por la unión de partículas, que esos mismos cuerpos también emitan partículas. 59. Estas partículas son emitidas en la forma de los objetos de los que proceden y así las llamamos “imágenes”. 60. Estas imágenes son demasiado finas como para ser perceptibles en sí mismas, pero la evidencia apoya la conclusión de que existen y que a medida que se mueven preservan, en cierto grado, las respectivas posiciones que tenían en los cuerpos sólidos de los que proceden.10

61. En tercer lugar, estas imágenes se mueven a una velocidad insuperable. 62. Concluimos esto porque el movimiento de todas las partículas es uniforme en velocidad, y para una sustancia tan fina como las imágenes hay pocas colisiones para impedir su progreso, como sería el caso si su cantidad fuera mayor. 63. Una vez más nuestra conclusión es coherente con nuestros principios fundamentales y no hay evidencia que contradiga la conclusión de que estas imágenes son increíblemente finas.

64. En cuarto lugar, la creación de imágenes sucede instantáneamente, tan rápido como nuestros propios pensamientos. 65. Ya que el flujo de partículas que salen de la superficie de los cuerpos parece ser continua, sin embargo no podemos detectar ninguna disminución en el tamaño del objeto, porque lo que se pierde se vuelve a llenar constantemente. 66. Este flujo continuo de imágenes conserva durante un tiempo la posición y el orden de las partículas tal como existían en el cuerpo sólido, pero a medida que viajan más allá de las imágenes, finalmente, llegan a distorsionarse11.

67. En quinto lugar, las imágenes a veces se pueden formar en el aire sin haber originado en un cuerpo sólido. 68. Concluimos esto porque nuestros sentidos proporcionan una clara evidencia de que este tipo de imágenes se forman bajo ciertas condiciones. 69. Como siempre, llegamos a esta conclusión en base a la evidencia de nuestros sentidos, que nos permite juzgar la continuidad del flujo de todas las partículas que observamos, y nos encontramos con que no hay nada en esta conclusión que contradiga las sensaciones o nuestros primeros principios.

Sección 4. Juzgue cosas que son obscuras clasificando como verdad sólo lo que es claro.12

70. Aquí vamos a dar un paso atrás por un momento. 71. Llegamos a la conclusión, por la experiencia, de que cuando las partículas que se originan en otros cuerpos como imágenes chocan con nosotros, percibimos las formas de estas otras entidades en nuestras mentes. 72. Y llegamos a la conclusión de que deben existir las imágenes, pues no podríamos percibir el color o la forma de los objetos externos por medio del aire que se encuentra entre nosotros y ellos, o por medio de imágenes o partículas de cualquier tipo que pasan de nosotros a ellos.

73. Debemos concluir que las impresiones que percibimos en nuestra mente surgen de estas imágenes, que son similares en color y forma a los objetos que han dejado. 74. Y estas imágenes se mueven rápidamente, emitidas continuamente por la vibración de las partículas del cuerpo sólido del que proceden. 75. Y a partir de esas imágenes que nos llegan, nuestras mentes reproducen una visión de una sola cosa continua, preservando la correspondiente secuencia de cualidades y movimientos del objeto original. 76. Este es el caso en cada acto de aprehensión de la mente o de cualquier órgano sensorial. 77. Nuestro acto de percepción consiste en percibir la forma y otras propiedades transmitidas a nosotros por la imagen.

78. Comprender este proceso nos permite darnos cuenta del origen de la falsedad y la incomprensión. 79. Pues sólo percibimos lo que las imágenes nos transmiten, pero nuestras mentes al razonar agregan opinión a lo que se recibe, la cual no siempre se confirma. 80. A veces las imágenes adicionales no confirman nuestra opinión, o de hecho pueden contradecirla.

81. Por lo tanto, siempre hay que entender que las imágenes mentales que percibimos mientras dormimos o por medio de cualquier actividad de nuestros órganos de los sentidos, pueden ser infieles a los hechos. 82. No hay que etiquetar un asunto como verdadero y real hasta que sea confirmado en el tiempo mediante la observación repetida.

83. De modo que el error no existiría si nuestras mentes al razonar no añadieran opinión a las cosas que nuestros órganos de los sentidos perciben13. 84. Ya que el error se produce cuando se origina un movimiento dentro de nuestras mentes que, aunque vinculado al objeto, se diferencia de él de una manera que no se confirma o se contradice, otra observación del mismo objeto.

85. Comprender este proceso es importante porque siempre debemos esforzarnos por preservar nuestro estándar de juicio, y para ello debemos darnos cuenta de que nuestro juicio depende de una visión clara. 86. Nunca debemos permitir que nuestra determinación de depender de la visión clara se vea socavada. 87. Si siempre establecemos nuestros juicios sobre la visión clara, ningún error puede llegar a establecerse tan firmemente como la verdad, pero si seguimos opiniones que no se basan en una visión clara, todo será lanzado a la confusión.

88. Revisemos este proceso a la audición, que se produce cuando un flujo de partículas14 se realiza fuera de un objeto que hace ruido. 89. Este flujo de partículas, cada una reflejando el conjunto, conserva durante un tiempo una correspondencia de las cualidades una con otra que se remonta al objeto que emite el sonido. 90. Es esta correspondencia la que produce conciencia o comprensión en el receptor.

91. Si no se produce esta transferencia de la correspondencia de las cualidades del objeto, no tendríamos los medios para comprender el sonido. 92. Por lo tanto, no hay que suponer que el aire se moldea en una forma por la voz que está hablando. 93. Es más bien el caso de que, cuando hablamos, emitimos partículas, lo que produce un flujo de tal carácter que nos permite la sensación de audiencia.

94. El mismo proceso opera en relación con el sentido del olfato. 95. No seríamos capaces de oler un objeto, a menos que deseche partículas de tamaño adecuado, que luego afectan nuestras narices en formas que son a veces ordenadas y a veces desordenadas.

Sección 5. Conforme sus juicios a las propiedades eternas de las partículas, pero recuerde que las propiedades no existen por separado.

96. Ahora vamos a discutir las partículas que componen las imágenes y todos los demás cuerpos.

97. Recordemos, de nuestros primeros principios, que las partículas últimas no poseen ninguna de las cualidades de las cosas perceptibles, excepto el peso, tamaño, forma, y ​​esas cosas que necesariamente van con la forma. 98. Porque mientras se ve que las cualidades de las cosas que son perceptibles para nosotros cambian, las partículas elementales no cambian en absoluto, ya que debe haber algo que permanece eternamente igual. 99. Estas últimas partículas pueden causar cambios en los cuerpos que forman por las posiciones y combinaciones de desplazamiento, pero ellas mismas no pueden ser a su vez modificadas, creadas o destruidas. 100. Esto lo vemos en el hecho de que las cosas que son perceptibles para nosotros, y que disminuyen ante nuestros ojos, sin embargo, conservan una forma de algún tipo mientras son perceptibles, incluso cuando cambian todas las demás cualidades del objeto. 101. Son estas últimas partículas, que se quedan atrás cuando un objeto se erosiona, que dan cuenta de las diferencias en los cuerpos compuestos y que nunca se destruyen hasta llegar a ser inexistentes.

102. Y les recuerdo de otro principio. 103. Llegamos a la conclusión de que pueden existir partículas finales en muchas variaciones de tamaño, ya que esto es consistente con lo que percibimos en nuestras sensaciones. 104. Sin embargo, no debemos suponer que pueden existir partículas finales en todos los tamaños posibles en absoluto. 105. Esto se debe a que no hay partículas tan grandes como para ser vistas con nuestros ojos, y de hecho, no sería posible concebir una partícula visible.

106. Por lo tanto hemos establecido que las partículas finales puede ser sólo tan grandes, y no más. 107. Pero es igualmente importante observar que las partículas finales sólo pueden ser tan pequeñas, y no menores. 108. Concluimos esto porque no hay que suponer que un cuerpo de tamaño finito puede estar compuesto de un número infinito de partes. 109. Hay que descartar la idea de que una cosa se pueda dividir en partes cada vez más pequeñas hasta el infinito, porque si ese fuera el caso, todas las cosas serían débiles y finalmente erosionan en la no-existencia.

110. Si tuviéramos que decir que hay una infinidad de piezas pequeñas en un cuerpo, ¿cómo pudo ese cuerpo ser de tamaño limitado, pues es obvio que estas infinitas partículas deben ser de cierto tamaño u otro? 111. Por mas pequeñas que especulemos que sean esas partículas, el tamaño de un cuerpo compuesto de un número infinito de partículas también sería infinito.

112. También observamos que cada cuerpo finito tiene un punto extremo que es distinguible, aunque las últimas partículas que lo componen no son distinguibles. 113. Por ello, no concuerda con los hechos suponer que se podía dividir algún objeto en la dirección de su punto extremo un número infinito de veces.

114. También observamos que la partícula más pequeña perceptible a nuestros sentidos no es ni exactamente como la cosa de la que procede, ni es diferente en todos los aspectos, sin embargo, no puede en sí misma ser dividida en partes. 115. Pero cuando tratamos de razonar que podemos extender esta analogía más allá del nivel de la percepción, a las dimensiones aún más pequeñas, es necesario razonar que encontraremos otro punto como el primero. 116. Cuando razonamos sobre estos puntos en sucesión, separando una partícula de otra que aún posee un tamaño de su cuenta, nos encontramos con más de tales partículas en un cuerpo mayor y un menor número de este tipo de partículas en un cuerpo más pequeño, por lo que llegamos a la conclusión de que en algún momento más división debe ser imposible.15.

117. Además, debemos tener en cuenta estos puntos indivisibles como límites, proporcionando en sí mismos unidades primarias por las cuales podemos medir el tamaño de las partículas. 118. Entonces podemos utilizar estas unidades para comparar las partículas más pequeñas y más grandes al razonar acerca de ellas, y al considerarlas sin cambio y sin embargo siempre en movimiento.

119. En lo que respecta a los movimientos de las partículas últimas, no hay que hablar de “arriba” o “abajo” como si nos refiriéramos a altos o bajos absolutos. 120. Es posible proceder infinitamente lejos en cualquier dirección, por lo que nunca vamos a llegar a un punto más alto o más bajo durante el viaje en esa dirección. 121. “Arriba” y “abajo” no son más que términos que se aplican desde el punto de vista de un observador.

122. Y en sus movimientos, las partículas se mueven con la misma velocidad a medida que avanzan a través del espacio, siempre y cuando nada choque con ellas. 123. Las partículas grandes y pesadas no se mueven más rápido que las partículas pequeñas y ligeras, porque lo que percibimos como más rápido o más lento surge sólo porque las partículas en su movimiento chocan con otras partículas.

124. En cuanto a su velocidad, las partículas viajan cada distancia que es perceptible para nosotros en un tiempo inconcebiblemente corto. 125. Es sólo la colisión, o ausencia de colisión, con otras partículas que proporciona para nosotros el aspecto exterior de la lentitud o rapidez.

126. Así que no debe confundirse con la creencia de que, cuando percibimos un cuerpo que se mueve, las partículas de ese cuerpo en movimiento están viajando más rápido que las partículas en un cuerpo que percibimos como inmóvil. 127. Si tenemos en cuenta el constante movimiento a empujones de las partículas, en lugar de la apariencia externa de los cuerpos que componen, entenderemos que la velocidad de los empujones de las partículas sigue siendo igual en ambos cuerpos.

128. Este es un ejemplo de cómo la adición de opinión en nuestro razonamiento nos puede conducir a error. 129. Porque así como las partículas que componen un objeto no comparten el color del objeto tal como lo percibimos, no es correcto suponer que las partículas en el nivel por debajo de nuestra percepción asumen el movimiento del objeto tal como lo percibimos que se mueve.

130. Aquí, de nuevo, al determinar lo que es verdad, debemos restringir nuestras opiniones para ajustarnos a los hechos que hemos captado previamente. 131. Para ello no debe suponerse que los movimientos de un cuerpo, como un todo, son los mismos que los movimientos de sus partículas componentes. 132. La verdad es que las partículas que componen el cuerpo se mueven en una dirección y luego otra dirección después de la colisión, sólo en el tiempo que es apreciable por nuestro pensamiento y no por nuestros sentidos. 133. El movimiento de todo el cuerpo es lo único que es evidente para nosotros y esto no refleja las colisiones internas de sus partículas. 134. Es otro error de opinión que asumamos que el movimiento de las partículas, a velocidades que se pueden entender sólo a través del pensamiento, aparece a nuestros sentidos como movimiento continuo. 135. Debemos recordar, aquí como siempre, la regla de nuestro Canon de la verdad. 136. Sólo cuando se confirma un asunto, después de repetidas observaciones directas de los sentidos y de la aprehensión directa de nuestra mente, podemos considerar que es verdad.

Sección 6. El alma humana está compuesta de partículas eternas que experimentan sensación sólo mientras están unidas con el cuerpo.

137. Ahora tomemos lo que hemos llegado a concluir que es verdad sobre la naturaleza de las partículas elementales y apliquemos estas lecciones a lo que llamamos nuestra alma16.

138. Una vez más, nos referimos a nuestras sensaciones, a nuestros sentimientos de dolor y placer, ya nuestros percepciones mentales a través de las anticipaciones, ya que estas nos proporcionan la única base confiable para la creencia. 139. En base a nuestros principios hasta ahora, y sabiendo que el alma existe, ya que actúa y se actúa sobre ella, se concluye que el alma está compuesta de partículas muy finas, similares al aire mezclado con el calor17, y se distribuye a lo largo de toda la estructura del cuerpo. 140. Estas partículas del alma deben mas finas incluso que el viento, porque vemos que son capaces de proporcionar sensación en toda la estructura del cuerpo. 141. Llegamos a estas conclusiones porque de lo que observamos acerca de las acciones del alma y de sus sentimientos, y sobre la rapidez de sus movimientos, y sobre sus procesos de pensamiento, y sobre lo que observamos que se pierde en el momento de muerte.

142. De estas observaciones, se concluye que el alma posee la principal causa de la sensación. 143. Sin embargo, el alma no podría tener sensación, a menos que estuviese encerrada dentro del cuerpo. 144. Y por el hecho de que encierra el alma, el cuerpo a su vez adquiere una participación en las capacidades del alma. 145. Sin embargo, el cuerpo no adquiere todas las capacidades que posee el alma, y ​​cuando el alma se va del cuerpo, el cuerpo ya no tiene sensación. 146. Y así vemos que el cuerpo nunca posee el poder de la sensación en sí mismo, sino que permite al alma sólo la oportunidad de experimentar la sensación. 147. De esto vemos que el cuerpo y el alma fueron traídos a la existencia al mismo tiempo, y que por medio de los movimientos del alma y de sus interconexiones con el cuerpo, el alma imparte conciencia al cuerpo18.

148. Y vemos también que mientras el alma permanece en el cuerpo, no pierde la sensación, a pesar de que algunas partes del cuerpo se pueden perder. 149. Este es el caso a pesar de que partes del alma estaban encerradas en las partes del cuerpo que han sido removidas. 150. Por otro lado, el resto del cuerpo, a pesar de que puede seguir existiendo, no retiene sensación una vez que ha perdido esa suma de partículas, por pequeña que sea, que se unen para producir el alma.

151. Una vez que se disuelve toda la estructura, sin embargo, el alma se dispersa y ya no tiene el poder de realizar sus movimientos, y por lo tanto no posee sensación tampoco. 152. Es imposible imaginar que el alma pueda experimentar sensación fuera del organismo en el que surgió, y, puesto que sólo es capaz de sus poderes y movimientos.

153. Habiendo observado estas cosas, seguramente debemos entender que la idea general de que el alma es “incorpórea” e independiente del cuerpo, está mal. 154. Pues es imposible concebir nada incorpóreo, excepto el vacío, y el vacío no puede actuar ni se puede actuar sobre el. 155. El único atributo del vacío es que permite que los cuerpos se muevan a través de su espacio.

156. Los que dicen que el alma es incorpórea están hablando en vano, porque el alma no sería capaz de actuar o de que se actúe sobre ella, en ningún respecto, si su única característica fuera la de proporcionar un espacio vacío. 157. Pero vemos que el alma es algo que puede actuar y se puede actuar sobre ella, y como tal, está claramente compuesta de partículas, al igual que todas las demás cosas que existen19.

158. Así que aquí hemos proporcionado los principios a los que podemos referir todos nuestros razonamientos acerca del alma. 159. Así podemos aquí, como en todas las otras cosas, llevar nuestras opiniones en línea con nuestras sensaciones, con nuestros sentimientos de dolor y placer, y con nuestras anticipaciones.

Sección 7. Conforme sus juicios también a las cualidades incidentales de los cuerpos, pero recuerde que las cualidades no existen por separado.

160. Vamos ahora a distinguir las cosas que son propiedades eternas de las partículas de las cosas que son incidentales a la disposición de combinaciones de partículas en los cuerpos en cualquier momento en el tiempo.

161. En lo que se refiere a la forma y el color y el tamaño y peso, y todas las otras cosas que están asociadas con los cuerpos, no debemos suponer que estas cualidades son existencias independientes con sus propias piezas materiales o naturales20. 162. Pero es igualmente erróneo considerar que estas cualidades no tienen existencia en absoluto, o que tienen algún tipo de existencia incorpórea. 163. La verdad es que estas cualidades son características de los cuerpos bajo ciertas condiciones. 164. No son existencias separadas que se han reunido desde el exterior para formar el cuerpo. 165. Es a través de cualidades como éstas que un cuerpo tiene su identidad.

166. Debemos distinguir a las partículas, que tienen propiedades eternas y esenciales, de los cuerpos, que son combinaciones de partículas y vacío y que tienen cualidades que son meramente transitorias mientras están combinados. 167. Estas cualidades temporales las llamamos “incidentales” a los organismos con los que están asociadas. 168. Al igual que con las propiedades permanentes de las partículas, las cualidades incidentales transitorias de los cuerpos no tienen existencias materiales propias ni pueden ser clasificadas como incorpóreas. 169. Cuando nos referimos a algo como de calidad accesoria o incidental, debemos dejar claro que esta cualidad incidental no es esencial para el cuerpo, ni una propiedad permanente del cuerpo, ni algo sin lo cual no podríamos concebir el cuerpo como existente. 170. En cambio, las cualidades accidentales de un cuerpo son el resultado de nuestra aprehensión que acompañan el cuerpo sólo por un tiempo.

171. Aunque esas cualidades que son incidentales no son eternas, o incluso esenciales, no hay que desterrar cuestiones incidentales de nuestras mentes. 172. Las cualidades incidentales en el fondo no tienen una existencia material, ni tampoco existen independientemente de alguna realidad que está más allá de nuestra comprensión. 173. Debemos, en cambio, considerar las cualidades incidentales de los cuerpos como poseedoras exactamente del carácter que nuestras sensaciones revelan que poseen.

174. Por ejemplo, es importante captar firmemente que “el tiempo” ni tiene una existencia material ni existe independientemente aparte de los cuerpos. 175. Tampoco debemos pensar en el “tiempo” como una concepción general, como aquellas concepciones que se forman por el razonamiento en nuestras mentes. 176. A cambio, tenemos que pensar sobre el tiempo haciendo referencia a nuestras intuiciones, nuestras prenociones mentales formadas por las anticipaciones21, y es en este contexto que se habla de un “largo tiempo”, o un “tiempo corto”, aplicando nuestras intuiciones como se hace con otras cualidades incidentales.

177. Al evaluar el tiempo como una cualidad incidental, no hay que buscar a términos que podamos considerar mejores que los que son de uso común y no debemos creer que el tiempo tiene propiedades aparte de ser un incidente de los cuerpos. 178. Debemos evaluar el tiempo solamente de acuerdo con nuestras intuiciones o anticipaciones.

179. Porque en verdad, no necesitamos demostración sino sólo reflexionar, para ver que asociamos tiempo con días y noches y con nuestros sentimientos internos y con nuestro estado de reposo22. 180. Estas percepciones de cualidades incidentales son la raíz de lo que llamamos “tiempo”.

Sección 8. Las cualidades incidentales de los cuerpos no son sobrenaturalmente creadas o gobernadas23, pero tampoco son todas las posibles combinaciones y cualidades de las partículas. Las cualidades incidentales de los cuerpos se rigen por las propiedades eternas de las partículas que las componen.

181. Y ahora, al aplicar nuestros principios al universo una vez más, llegamos a la conclusión de que, desde el cuerpo más pequeño que vemos hasta el mundo en sí, todo se forman a partir de partículas eternas. 182. Algunos cuerpos se reunieron en un momento particular, algunos más rápido y otros más lento, y luego se disolvieron, algunos por una causa y otros por otra causa.

183. Debemos ver también que no todos los mundos se crean con la misma configuración, pero tampoco es cierto que todo tipo de configuración es posible. 184. Los únicos cuerpos y mundos que existen y son posibles, son los que están de acuerdo con las propiedades de las partículas elementales eternas24.

185. Esto significa que en los innumerables mundos que existen, hay criaturas y plantas vivientes, algunas de los cuales son similares y otras diferentes a las nuestras. 186. Y también la evidencia apoya la conclusión de que algunos mundos tienen semillas similares, y otros diferentes, a las semillas que existen en nuestro propio mundo.

187. Y debemos concluir que la naturaleza ha enseñado y obligado a hacer muchas cosas a la naturaleza humana, según las circunstancias25. 188. Sólo más tarde fue que los hombres, por medio del razonamiento, elaboraron lo que antes había sido sugerido por la naturaleza con el fin de hacer más inventos. 189. En algunos asuntos estas invenciones ocurrieron rápidamente, en algunos asuntos lentamente, y en diferentes lugares y tiempos, en mayor o menor grado.

190. Y fue de este mismo modo que el lenguaje se desarrolló, no dando nombres a las cosas deliberadamente, sino por la naturaleza de los hombres, de acuerdo con sus diferentes nacionalidades y sus propias impresiones peculiares, cada uno emitiendo sonidos de acuerdo a sus propios sentimientos e impresiones26. 191. Sólo después, por medio del acuerdo común en cada nación, nombres especiales fueron dados para hacer que los significados fueran menos ambiguos y más fáciles de demostrar. 192. En algunos casos, hombres de una nación trajeron nuevas cosas hasta ahora desconocidas, y se asignaron sonidos, en algunos casos de acuerdo con los dictados de la naturaleza, y en otros casos la elección de los sonidos fue por la razón, de acuerdo con la costumbre imperante.

193. Otra categoría de cualidades incidentales que es de particular importancia es la de los movimientos de los cuerpos celestes27. 194. Estas salidas y puestas y eclipses no deben ser considerados como causados por un ser sobrenatural, que de alguna manera ordena y controla estos movimientos mientras que, al mismo tiempo, experimenta felicidad perfecta e inmortalidad. 195. La ordenación y el control de los fenómenos celestes no es consistentes con la bienaventuranza perfecta. 196. Asuntos como los problemas y la preocupación, la ira y la bondad, se producen sólo cuando hay debilidad y miedo, y dependencia en los demás.

197. De hecho, los cuerpos celestes brillantes no son más que masas de fuego y nunca debemos creer que estas masas poseen divinidad, o que asumen sus movimientos ellos mismos voluntariamente. 198. Debemos preservar el pleno sentido majestuoso de todas nuestras anticipaciones sobre la naturaleza de la divinidad. 199. Por encima de todo, nunca debemos permitirnos entretener opiniones sobre la naturaleza divina que sean inconsistentes con esta majestuosidad, ya que las opiniones que contradicen nuestras anticipaciones claras acerca de la divinidad causan el mayor de los disturbios en las almas de los hombres28.

200. De manera que no hay que atribuir los movimientos celestiales a los dioses. 201. En su lugar, la evidencia nos lleva a concluir que la sucesión regular de salidas y puestas se ha producido debido a las propiedades de estas partículas que se unieron para componer las estrellas cuando primero se formaron.

Sección 9. Las propiedades eternas de las partículas, junto con las cualidades incidentales de los cuerpos, constituyen los principios de la naturaleza que gobiernan todas las cosas. Para vivir feliz, debe estudiar y vivir de acuerdo con estos principios.

202. La función de la ciencia de la naturaleza es descubrir las propiedades y las causas de las cosas que son esenciales para nosotros, ya que nuestra felicidad depende del conocimiento de los asuntos esenciales, como el hecho de que los cuerpos celestes no son divinidades. 203. En estos puntos esenciales no podemos estar satisfechos con múltiples posibilidades, pues debemos descartar todas las teorías de que los movimientos de los cielos son causados por los dioses. 204. Tales teorías son totalmente incompatibles con nuestras anticipaciones de la divinidad, y la mente es completamente capaz de comprender esta verdad con certeza.

205. Pero las cosas tales como salidas y puestas y eclipses son cualidades incidentales, y el conocimiento preciso de la forma en que se producen no es esencial para la felicidad. 206. De hecho, las personas que estudian las salidas y puestas y eclipses lo suficiente como para saber que se producen, pero no lo suficiente como para conocer su verdadera naturaleza y causas esenciales, se encuentran tan sumidos en el miedo como si no supieran nada acerca de estas cosas en absoluto. 207. De hecho, el miedo que atormenta a estas personas pueden ser incluso mayor, ya que su observación inspira asombro, pero sus mentes no logran encontrar ninguna solución para cómo se producen de forma natural estos fenómenos.

208. Hemos determinado con certeza que las salidas y puestas se derivan de las propiedades de las partículas involucradas y que no son causados ​​por las divinidades, y que salidas y puestas sólo son cualidades incidentales. 209. Por tanto, debemos estar satisfechos si somos capaces de determinar varias causas posibles para estos fenómenos. 210. Hemos llegado a un nivel de precisión suficiente para asegurar nuestra felicidad una vez que hayamos confirmado que estos eventos no son producidos por los dioses y una vez que hemos descartado la idea de que sus movimientos constituyen pruebas que contradicen nuestras anticipaciones de la naturaleza divina. 211. Al investigar cómo se producen las salidas, puestas y eclipses, debemos considerar cómo las apariencias similares ocurren aquí en la tierra, y esto nos llevará hacia posibles teorías para explicar estos fenómenos en el cielo.

212. Tenga en mente que se encontrará con personas que se niegan a admitir que hay más de una forma en la que puede ocurrir una cosa, incluso en asuntos en los que las pruebas sólo pueden ser observadas a distancia y la evidencia es necesariamente incompleta. 213. Las personas que toman esta posición son ignorantes de las condiciones que hacen posible la paz de la mente y las actitudes como ésta usted las debe despreciar.

214. En cuanto a nosotros, si somos capaces de determinar que hay varias maneras posibles en que puede ocurrir un fenómeno y todas esas formas son naturales y no perturban nuestra tranquilidad, entonces estamos tan bien como si supiéramos con certeza de la manera exacta en que se produce.

215. Una vez más, algunos hombres piensan que los cuerpos celestes son dioses y que estos dioses muestran voluntades y acciones incompatibles con nuestras anticipaciones de la divinidad. 216. Estos hombres siempre esperan o imaginan el tipo de miseria eterna que se representa en las leyendas, o temen la pérdida de la sensibilidad en la muerte como uno se debiera preocupar ahora de eso, mientras uno vive. 217. Algunos hombres ni siquiera caen en esta situación por la opinión religiosa falsa, sino simplemente por ideas irracionales. 218. Debido a que estos hombres no entienden los límites del dolor, sufren una alteración tan grande o mayor que si hubieran llegado a esta creencia a través de la religión.

219. Pero la paz de la mente requiere que nos auto-emancipemos de toda esta confusión, manteniendo constantemente en nuestras mentes un resumen de los principios esenciales de la naturaleza.

220. Por las razones que ya he dicho, siempre hay que prestar mucha atención a nuestras percepciones de los sentidos, a nuestros sentimientos de dolor y placer y a nuestras anticipaciones, tanto las que recibimos nosotros mismos como las recibidas por otros hombres. 221. Porque es necesario conformar nuestros juicios a la clara evidencia disponible a nosotros a través de cada uno de los estándares de la verdad. 222. Si siempre nos mantenemos fieles a estos, podemos rastrear correctamente las causas de nuestros disturbios y temores. 223. Por medio de la búsqueda de las verdaderas causas de las cualidades incidentales, como las que se observan de vez en cuando en el cielo, nos liberaremos de la duda que producen los peores temores en otros hombres.

224. He aquí, pues, Herodoto, hemos completado nuestro resumen de los principios fundamentales de la naturaleza, abreviados para que pueda memorizarlos con exactitud.

225. Si este resumen se mantiene y aplica sistemáticamente, incluso aquellos que son incapaces de continuar con el estudio de los detalles pueden obtener una fuerza sin igual en comparación con otros hombres. 226. De hecho, simplemente almacenando el resumen en la mente de uno y refiriéndose a el constantemente como asistencia, un hombre puede aclarar muchos de los detalles. 227. Pues tal es la naturaleza de este resumen que, sin importar el grado de su progreso, un estudiante de la naturaleza lo encontrará de gran valor para la organización de sus investigaciones.

228. E incluso aquellos que no están muy avanzados en su conocimiento de la naturaleza pueden utilizar este resumen y explorar en sus propias mentes, de manera silenciosa y rápida como el pensamiento, las doctrinas más importantes para su felicidad.

Notas:

Sigue leyendo

En defensa del placer

Bee

“Consecuentemente, quien sigue el placer se mantiene virtuoso, y también aquellos que llamas amantes del placer son amantes de lo bueno y amantes de la justicia, y cultivan y mantienen todas las virtudes.” – Casio a Cicerón, enero del año 45 Antes de la Era Común

La necesidad presente de un contra-diccionario

No ha habido filosofía mas vilificada que el hedonismo, incluso cuando es cualificado como racional, calculado o filosófico. La palabra misma, tras siglos de propaganda cristiana y platónica anti-placer, anti-cuerpo, ha venido a tener una connotación negativa. Se nos ha vendido la idea de que el hedonista busca la gratificación instantánea, que no controla sus deseos. Placer a veces es equiparado con pecado, con corrupción.

A muchos enemigos del cuerpo y del placer les gusta argumentar que somos hedonistas en el sentido vulgar y hasta nos acusan de consumismo. El consumismo es el archi-enemigo de Epicuro, que propone un currículo de control de los deseos basado en su sometimiento al cálculo hedonista.

Otros, como ciertas sectas neo-aristotélicas (bueno, los objetivistas-randianos), sostienen que los placeres, como criterio, son “subjetivos” e “ilógicos”, que supuestamente son necesarios criterios “objetivos” para las decisiones éticas. Pero los seres humanos no somos puramente lógicos o racionales: somos seres naturales con dos hemisferios del cerebro, uno racional o lineal, otro irracional, y no podemos satisfacer nuestras necesidades naturales a través de métodos puramente racionales sin prestar atención a nuestra facultades irracionales. Esto es auto-evidente. Debemos aplicar la razón a los problemas de necesitar alimentos, vivienda y otras necesidades básicas. La naturaleza no nos da una opción: sabemos que tenemos que resolver estos problemas debido a lo que nuestra propia naturaleza nos dice a través de nuestras facultades, como la de placer y aversión (hambre, frío). Por lo tanto, sin esta conexión esencial con la realidad que son nuestras facultades (que incluyen los cinco sentidos y la facultad de placer y la aversión), no podemos sobrevivir o funcionar.

Por esto, una de las labores de los filósofos hedonistas de hoy es reparar el daño que ha hecho esta rebelión contra la naturaleza que son las religiones que predican otros mundos, y a última instancia repudiar el platonismo en el que se basan, por medio de reclamar estas palabras dentro de nuestro vocabulario como afirmaciones de valores sanos y positivos que son esenciales para nuestro compás moral. Este artículo tiene como propósito aclarar las doctrinas hedonistas para el beneficio de la gente moderna.

Los epicúreos enseñamos que el placer es el fin (telos, en griego) que nuestra propia naturaleza ha establecido para nosotros, y que esto es evidente en los niños y hasta en los “gatos y perros” recién nacidos, para usar un término tomado de NewEpicurean.com.

“Todo animal, tan pronto nace, busca el placer y se deleita en él como el bien supremo, mientras que se aleja del dolor como el supremo mal y lo evita en medida que sea posible. Hace esto mientras permanece incorrupto, siguiendo el veredicto sin prejuicios y honesto de la misma naturaleza.” – Torcuato, en Sobre los fines

Entendido así, somos hedonistas no porque seamos caprichosos o irracionales, no porque buscamos la gratificación constante, sino porque nuestra filosofía naturalista se basa en la observación de que la naturaleza misma ha establecido placer y aversión como guías para identificar lo necesario y lo dañino.

Darwin, la selección natural y el hedonismo

En Cultivando el jardín epicúreo, cito el ejemplo de la relación entre las abejas y plantas. Hace millones de años, las plantas decidieron embellecer sus genitales mediante la producción de flores con néctar para atraer a ciertos insectos que habían demostrado sentirse atraídos y estar en sintonía con el aroma y el sabor de ciertas sustancias altamente nutritivas que las plantas sabían cómo producir. Las plantas se beneficiaron mediante la difusión de su polen por la tierra y la obtención de la diversidad, que es una de las ventajas de la reproducción sexual. Con el tiempo, esta simbiosis entre plantas y abejas es tal que, sin ciertas especies de abejas, hay cientos de especies de plantas que no tendrían manera de reproducirse.

Las plantas y los insectos que supieron maximizar del beneficio mutuo de esta relación fueron capaces de pasar con más éxito sus genes a la próxima generación, hasta que todos los miembros de sus grupos habían dominado estas nuevas habilidades y adaptado nuevas facultades a su constitución: las plantas aprendieron a producir néctar que era más dulce y más nutritivo y las abejas ganaron mayor capacidad de identificar estas fuentes de alimentos. La especiación (el proceso de convertirse en una nueva especie) con frecuencia ha sido provocada por la especialización.

Más tarde, otra relación basada en el placer y el beneficio mutuo surgió entre las plantas y los primeros primates, que eran descendientes de pequeños mamíferos roedores que habían decidido vivir en los árboles para protegerse de los depredadores terrestres. Las plantas adaptaron la misma técnica que utilizaron con los insectos y convirtieron sus flores en frutas. Cuando estos primates comían las frutas, o bien se comían las semillas enteras, que más tarde eran fertilizadas en el excremento, o bien las arrojaban al suelo y allí se fertilizaban.

Las plantas y los primates que maximizaron mas eficazmente el beneficio mutuo de esta relación fueron capaces de pasar con más éxito sus genes a las próximas generaciones, hasta que progresivamente todos los miembros de sus grupos habían ganado estas nuevas habilidades y perfeccionado nuevas facultades. Las plantas comenzaron a colocar sus semillas en deliciosas bolsas de alimentos dulces (que daban placer a los primates) y utilizaron colores para llamar la atención, a modo de marketing, cuando sus frutos con semilla habían madurado. Los primates se convirtieron en los primeros mamíferos en identificar el color rojo.

Incluso hoy en día, estudios sobre los efectos del color en los seres humanos muestran que el rojo y el naranja (que es de color rojo, mezclado con amarillo) estimulan el apetito. Esto es un reflejo primate que heredamos.

Además, observe que los seres vivos no elegimos comer frutas o flores porque somos caprichosos o irracionales, mucho menos porque somos pecadores o perversos, sino porque somos seres naturales dirigidos por la naturaleza a través del tono hedónico, a través de las facultades de placer y aversión, a consumir y hacer las cosas que la naturaleza ha establecido que consumamos y hagamos.

Si vamos aún más atrás en el tiempo, nos daremos cuenta de que otra relación simbiótica se desarrolló entre todos los animales y plantas en el planeta desde su historia temprana. Nosotros los animales inhalamos el oxígeno que exhalan las plantas, y ellas inhalan nuestra carbono.

Como resultado de esto, los seres humanos en general sienten una mayor sensación de bienestar al estar en la naturaleza rodeados de plantas y vegetación, o cuando en presencia del océano y al respirar su aire fresco. Uno de los placeres más simples, pero potencialmente intensos, disponible al hombre proviene de inhalar el aire fresco del océano. Debemos tener en cuenta que las algas en el océano producen el 90% del oxígeno en la Tierra. Lo más necesario para nosotros, desde el primer momento, se convirtió en la forma más simple de placer: respirar aire fresco.

Una vez más, tomemos el ejemplo del efecto de los colores verde (las plantas) y azul (océano) para considerar cómo el placer se relaciona a las señales visuales. Los estudios sobre el efecto de diferentes colores en la mente y el cuerpo humano demuestran que los ojos humanos derivan el mayor placer y bienestar de tonalidades azules y verdes. Traduzco:

“El verde relaja el cuerpo y alivia el estrés … las personas que trabajan en oficinas verdes han demostrado estar más satisfechos con sus puestos de trabajo.”

No sólo la ataraxia con frecuencia asume tonos verde, azul y blanco, sino que nuestros ojos están particularmente propensos a percibir estos colores, y estamos más en sintonía con ellos, presumiblemente debido a que son los más necesarios e importantes (mientras que no vemos los colores del espectro ultravioleta que ven las abejas en las flores, ni olemos los olores que un perro percibe porque esta información es innecesaria). Entonces, nuestras facultades nos guían, como a todas las entidades, a percibir y derivar placer de los bienes naturales y necesarios para nosotros.

Los perros y gatos desencadenan en nosotros facultades que usualmente despiertan cuando en presencia de bebés humanos vulnerables: tienen rostros infantiles y evocan nuestros instintos paternales. Disfrutar de la compañía de una mascota se ha demostrado que disminuye la depresión, ayuda a los niños autistas, y fomentar la secreción de serotonina, oxitocina y otras hormonas que incitan a sentirse bien. La naturaleza agradable de nuestras relaciones con nuestras mascotas también puede explicarse por el beneficio mutuo: obviamente, son alimentados por nosotros y disfrutan de comodidad, seguridad y amor en nuestros hogares, pero también mantienen los roedores fuera de nuestras despensas, ayuda con la caza y el pastoreo, y se pueden emplear como guardianes, protectores de la familia y la propiedad, e incluso hay perros que han laborado como guías para los ciegos, para ayudar a salvar víctimas de ahogamiento y para muchas otras cosas.

Del mismo modo, la facultad de aversión nos avisa que algo anda mal cuando nos acercamos a un bote de basura y percibimos el mal olor, aunque no entendamos racionalmente lo que son los gérmenes: por instinto, deseamos alejarnos o remover de nuestro espacio el mal olor. No es ni ventajoso ni virtuoso “cargar la cruz” de nuestras aversiones ni penas: al contrario, puede ser peligroso.

Confiamos en nuestras facultades, no en criterios arbitrarios

Gracias a la dichosa naturaleza porque ha hecho lo necesario fácil de obtener, y lo que no es fácil de obtener ha hecho innecesario.Fragmento Epicúreo

Espero que con todos estos ejemplos hayan visto la estrecha relación que existe entre el hedonismo filosófico de los naturalistas y la selección natural. Lo que he compartido aquí son sólo algunos de los ejemplos más básicos, evidentes y universales de la razón por la cual la facultad del placer es tan importante para nosotros, y una parte esencial del Canon, en la tradición epicúrea.

Los enemigos del placer y de la felicidad humana nos quieren desmoralizar porque somos hedonistas y naturalistas, pero lo cierto es que el placer es la suavidad en la voz de la naturaleza y que siempre ha guiado a todos nuestros ancestros a lo que les convenía. Nuestro hedonismo no consiste en ser subjetivos o caprichosos, mucho menos pecadores o gente corrupta: sino en el hecho auto-evidente que somos seres naturales.

Hay que enfatizar: EL PLACER ES UNA FACULTAD, al igual que la aversión, y lo que los maestros de la tradición epicúrea enseñan es que la naturaleza misma nos guía por medio de estas facultades. El placer no es un criterio arbitrario, como lo es la autoridad o la revelación, o incluso como lo pueden ser la virtud o el bien, términos imposibles de definir claramente en base al estudio de la naturaleza.

Si dejamos de lado nuestras facultades, nos hacemos daño. Si les prestamos atención, es una ventaja para nosotros.

El placer nos guía hacia los bienes concretos que nuestra propia naturaleza busca. Estos bienes naturales son agradables, y el placer es siempre bueno. La clave está en el cálculo hedonista: perseguir el placer de una forma racional, teniendo cuenta el cálculo del beneficio a largo plazo frente a la pérdida, para asegurar que no generamos mayor aversión en el proceso de la búsqueda del placer.

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Sociedad de Epicuro publica Epítome‏ (comunicado de prensa)

COMUNICADO DE PRENSA
Para publicación inmediata

Chicago, IL; 7 de mayo de 2015: La Sociedad de Amigos de Epicuro acaba de publicar Epítome: Escrituras Epicúreas para la audiencia hispánica del Siglo XXI. Es la primera vez en mas de quince siglos que los filósofos de la tradición secular humanista de Epicuro de Samos publican un Epítome como parte de la misión de enseñanza de los jardines epicúreos para enfrentar el fundamentalismo, la credulidad y el déficit de pensamiento crítico en general.

La obra declara que tiene “fines educativos” y sigue “un formato de capítulos y versos con los objetivos de facilitar la referencia y de dignificar el texto de considerable valor histórico que contiene”. Incluye las Doctrinas Principales, Sentencias Vaticanas y las Epístolas de Epicuro a Meneceo, Pítocles y Herodoto, al igual que una crónica resumida de los grandes maestros antiguos de la escuela y una serie de nueve razonamientos basados en fragmentos de pergaminos que sobrevivieron la erupción del Monte Vesubio en el año 79 de la Era Común y que han sido denominados el Nag Hammadi humanista.

El contenido de algunos de estos pergaminos, con comentarios, está disponible en algunos libros en inglés, sin embargo varios de ellos se venden a precios exorbitantes. Es lamentable que la mayor parte de la población no pueda tener acceso a lo que debería ser el legado intelectual de toda la humanidad. Los razonamientos en Epítome presentan una exposición clara y organizada del resumen de su contenido en castellano, junto a comentarios modernos.

Epítome “fue escrito para las personas que desean aplicar las enseñanzas de esta filosofía cosmopólita de la felicidad personal en sus vidas” y busca sacar la filosofía del entorno académico y fomentar su aplicación a las vidas de la gente común. Dice la introducción:

“Sabemos que los epicúreos antiguos eran conocidos por andar con epítomes, estudiándolos y memorizando las enseñanzas. Según Norman DeWitt en su libro Epicurus and his Philosophy, los epicúreos iniciaban sus estudios con el Epítome Menor, que hoy sobrevive como la Epístola a Herodoto, y luego se graduaban al Epítome Mayor.”

Los antiguos epicúreos eran atomistas reconocidos por su insistencia en que todo razonamiento debe referirse siempre a la evidencia y fueron precursores del pensamiento científico moderno. Propusieron la teoría del átomo, una versión temprana de la teoría de la selección natural, una proto-teoría de los fotones, una ética laica de felicidad personal que celebraba la amistad entre iguales y el contrato social como la base de la justicia. También fueron la única escuela antigua progresiva que permitía mujeres entre sus pupilos.

En tiempos modernos, los epicúreos de Grecia recientemente redactaron la Declaración de Palini y sometieron una iniciativa ante la Unión Europea para que se reconozca el derecho de todos los europeos a la felicidad. Durante los últimos cinco años han llevado a cabo simposios anuales en febrero, en honor al cumpleaños de Epicuro. Este año honraron durante el simposio al ex-presidente uruguayo José Mujica por su defensa de los sanos valores humanos de esta tradición ante las Naciones Unidas.

La traducción, comentario y guía de estudio en Epítome son de Hiram Crespo, también autor de Cultivando el jardín epicúreo y traductor de Varios días en Atenas. En su obra inicial Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014), Crespo se dedicó a demostrar, citando mútilples estudios de neurocientíficos y científicos sociales, la persistente relevancia moral de la ciencia de la felicidad que enseñó el filósofo Epicuro de Samos hace 23 siglos.

Epítome está disponible de amazon.com por $11.99, o directamente de AmazonCreate. Para más información comunicarse con el autor y fundador de SAE, Hiram Crespo….

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Society of Friends of Epicurus
info@societyofepicurus.com
societyofepicurus.com – sociedadepicuro.wordpress.com

Sobre la SAE: Los Amigos de Epicuro se dedican a fomentar la filosofía naturalista con la intención de asegurar la continuidad cultural e intelectual de su tradición. Hacen esto por medio de entrevistas, libros y artículos. Además de las páginas oficiales de SAE, sus miembros tienen otras como NewEpicurean.com, ElementalEpicureanism.com y bitácoras hechas por individuos, en su mayoría en inglés.

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Epístola de Epicuro a Meneceo

La siguiente obra es parte de Epítome: Escrituras epicúreas.

1. Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar1. 2. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. 2. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o ya ha pasado es semejante al que dice que todavía no le ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. 3. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, se sienta joven en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél, para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. 4. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.

5. Practica y ejercita todos los principios que continuamente te he recomendado, teniendo en cuenta que son los elementos de la vida feliz. 6. Primeramente, considera a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso, tal y como la naturaleza ha grabado en la mentes humanas, y no le atribuyas nada ajeno a su incorruptibilidad ni a su dicha. 7. Cree que la divinidad posee todo lo necesario para preservar su naturaleza dichosa. 8. Porque los dioses, desde luego, existen: el conocimiento que tenemos de ellos es claro y evidente2. 9. Pero no son como los considera la gente, que mantiene creencias impuras de ellos. 10. No es impío el que desecha los dioses de la gente, sino quien atribuye a los dioses las opiniones de la gente.

11. Pues no son preconcepciones otorgadas por la naturaleza, sino vanas presunciones los juicios de la gente sobre los dioses, como la idea de que los dioses envían infortunio a los malos y bendiciones a los buenos. 12. Falsas opiniones como estas surgen porque los humanos imaginan a los dioses como si tuvieran cualidades humanas y no comprenden que las deidades poseen virtudes distintas a las suyas.

13. Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada para nosotros, puesto que todo bien y todo mal están en la sensación y la muerte es pérdida de sensación3. 14. Por ello, el recto conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace amable nuestra vida mortal, no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque suprime el anhelo de inmortalidad.

15. Nada hay terrible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada terrible en el no vivir. 16. De manera que es un necio el que dice que teme la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, es absurdo que nos haga sufrir en su espera lo que no inquieta cuando está presente. 17. Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, nosotros no somos. 18. Entonces, no existe ni para los vivos ni para los muertos, porque para los vivos todavía la muerte no existe y los muertos ya no existen.

19. Pero la gente huye de la muerte como del mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida. 20. El sabio, en cambio, ni rechaza el vivir ni teme el no vivir; ya que el vivir es una oportunidad para la felicidad y no cree que es un mal el no vivir. 21. Y así como no elige el alimento más abundante, sino el más agradable, así también goza del tiempo más agradable y no del más duradero. 22. El que exhorta al joven a vivir bien y al viejo a morir bien, es un necio, no sólo por lo grato de la vida, sino porque el arte de vivir bien y el de morir bien es el mismo.

23. Y mucho peor el que dice que es mejor no haber nacido, pero que una vez se ha nacido, es mejor atravesar cuanto antes las puertas de la muerte. 24. Si está convencido de esto, ¿por qué no abandona la vida? A su alcance está el hacerlo, si es que lo cree en realidad. Y si bromea, es un necio en asuntos que no admiten necedad.

25. En cuanto a como vivir la vida, hemos de recordar que el futuro no es enteramente nuestro, pero tampoco es enteramente no nuestro. 26. Es decir, no esperemos que venga con certeza, ni desesperemos con certeza pensando que nunca llegará.

27. Consideremos que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos y vacíos. 28. De los deseos naturales, unos son necesarios y otros no. 29. Y de los deseos necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

30. Quien tiene un entendimiento correcto de esto sabe como llevar a cabo elecciones y omisiones referiéndose a la salud del cuerpo y a la imperturbabilidad del alma, ya que ésta es la meta de una vida feliz. 31. Es para vivir felices que lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor. 32. Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma desvanece porque no necesitamos ir en busca de algo que nos falta, ni buscar otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo.

33. Verás, cuando nos falta placer y sufrimos, necesitamos el placer, pero cuando no sufrimos la vida nos regala placer en suficiencia. 34. Y por esto decimos que el placer es el alfa y omega de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como el primer bien congénito. 35. Es el punto de partida del cual comenzamos toda elección y rechazo. 36. Hacia esta meta de vivir felices retornamos una y otra vez porque juzgamos todo bien en base a la felicidad como regla.

37. Pero ya que la felicidad es el bien primero e innato, por eso mismo no escogemos todos los placeres sino que a veces renunciamos a ciertos placeres, cuando de ellos surgen dificultades mayores. 38. Del mismo modo, creemos que ciertos dolores son preferibles a ciertos placeres si, tras soportar tales dolores conseguimos un placer mayor4. 39. Todo placer es por naturaleza innata un bien, pero no todos los placeres son dignos de ser escogidos. 40. De la misma forma, todo dolor es un mal, pero no todos deben evitarse. 41. Conviene medir y razonar si los resultados finales son útiles o inútiles para producir una vida placentera. 42. Pues determinamos algunas veces que lo que parece ser un bien resulta ser un mal y que lo que parece ser un mal resulta ser un bien.

43. También consideramos la autosuficiencia como un gran bien, no para que siempre tengamos pocas cosas sino para que, cuando no tengamos mucho, nos contentemos con poco. 44. Esto se debe a que estamos sinceramente convencidos de que quienes menos necesitan los lujos son los que mejor saben disfrutar de la abundancia cuando la tienen.

45. También creemos que la naturaleza ha dispuesto que todo lo necesario para la vida sea fácil de obtener y que aquellas cosas que son vanas e inútiles sean difíciles de alcanzar. 46. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que una comida extravagante, cuando ambos alejan todo dolor y todo deseo. 47. Pan y agua proporcionan el más elevado placer cuando los come quien tiene gran necesidad. 48. El acostumbrarse a las comidas sencillas y frugales es bueno para la salud y nos ayuda a no titubear en las ocupaciones necesarias de la vida. 49. Y cuando en ciertas ocasiones nos encontramos con comida lujosa, esta actitud nos hace mejor dispuestos al lujo, ya que permanecemos imperturbables ante la posibilidad de que luego la perdamos.

50. Así, cuando decimos que el placer es fin, no hablamos de los placeres del los corruptos o de los que se encuentran en el goce sensual, como piensan algunos que son ignorantes o que están en desacuerdo con nosotros, o que nos interpretan mal a propósito. 51. Mas bien, cuando hablamos del placer o la felicidad como el fin, hablamos de tener el cuerpo libre de dolor y tener el alma libre de perturbación; pues no son ni las bebidas ni los banquetes continuos, ni el goce de muchachos y doncellas, ni festines de pescados y de mesas lujosas los que producen una vida placentera. 52. A cambio, la vida placentera consiste en la sobria contemplación5, por medio de la cual se calcula toda elección y omisión y se destierran las falsas creencias de las cuales surgen la mayor parte de las perturbaciones que confunden las almas.

53. De todo esto, el comienzo y el mayor de los bienes es la prudencia. 54. Más preciosa incluso que la filosofía es la prudencia, de la que nacen todas las demás virtudes. 55. La prudencia nos enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir prudente, honesta y justamente, y que no se puede vivir prudente, honesta y justamente, sin vivir placenteramente. 56. Ya que estas virtudes son por naturaleza inseparables de una vida feliz, y el vivir feliz es inseparable de éstas.

57. Al considerar esto, ¿quién puede ser considerado un mejor ser humano que quien tiene creencias sanas sobre los dioses, quien carece por completo de temor a la muerte, quien contempla con claridad el fin y los límites establecidos por la naturaleza, y quien entiende que la naturaleza ha hecho que los bienes mayores sean fáciles de alcanzar, mientras que los males tienen poca duración o poca intensidad?

58. El sabio se ríe de la Fortuna, que algunos toman por señora de todas las cosas, porque entiende que algunas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras por obra nuestra. 59. Ya que ve que la necesidad es irresponsable y el azar inestable. 60. Pero nuestras acciones son autónomas y libres, y es a ellas que corresponden naturalmente la censura y la alabanza6.

61. Sería mejor adherirse a los mitos sobre los dioses que vivir bajo el yugo de la Fortuna o la necesidad, como proponen los filósofos naturales7. 62. Al menos las fábulas que se cuentan sobre los dioses otorgan la esperanza de que podamos evitar la furia de los dioses por medio del culto, pero la predestinación de los naturalistas es sorda a toda súplica y no ofrece escape a la necesidad inexorable ni esperanza de control sobre nuestras vidas.

63. El sabio no considera a Fortuna como una diosa, como la considera la gente, ya que el sabio entiende que la divinidad no lleva a cabo nada al azar. 64. Tampoco la considera como una causa incierta, ya que no cree que los dioses dan actos afortunados o desafortunados a los hombres al azar para hacerlos felices o infelices. 65. El sabio entiende que de la Fortuna surgen grandes bienes, pero también grandes males, y por lo tanto considera que es mejor ser desdichado con sensatez que afortunado con insensatez. 66. Es mejor que la acción instigada por el buen juicio no tenga que deber su éxito a la ayuda de fortuna.

67. Ejercítate en estos pensamientos y los análogos día y noche, sea a solas o con alguno semejante a ti. 68. Así nunca serás perturbado, estés despierto o dormido, sino que vivirás como un dios entre los hombres. 69. Ya que el ser humano pierde toda semblanza mortal al vivir en medio de bendiciones inmortales.

Notas:

1. La tradición epistolar del Nuevo Testamento bíblico fue inspirada por una tradición de escribir epístolas didácticas que prevalecía desde hacía siglos entre los epicúreos del mundo griego. Estas epístolas eran leídas de manera pública y usadas en la enseñanza de la filosofía. La Epístola a Meneceo es la mas celebrada, ya que contiene todos los consejos elementales del maestro sobre la ética en un corto resumen dirigido a uno de sus discípulos. Esta es la Edición Amigos de Epicuro de la epístola, escrita en idioma español claro y organizada en versos enumerados para que sea fácil la referencia y el estudio.

2. Epicuro era un creyente en Zeus, Atenea y los demás dioses de la polis. Hay muchas personas a las que les extraña esto y le han acusado de haber sido ateo de armario. Es cierto que era peligroso ser ateo en aquellos tiempos y que había razón para proteger la ataraxia permaneciendo en el armario. Sócrates había sido ejecutado por blasfemar contra los dioses y el mismo Epicuro había sido expulsado de Mitilene por los platonistas con amenazas de acusarlo de lo mismo, ya que su doctrina materialista no parecía permitir lugar para los dioses. Sin embargo, debemos ser cautelosos en asumir que Epicuro no era sincero en su piedad, ya que su teología parece permitir la existencia de seres suprahumanos, aunque residan en otros planetas y no se conciernan en lo absoluto con los mortales, no respondan a nuestras oraciones ni necesiten nuestra adoración. Tanto Epicuro como Metrodoro y, mas tarde, Filodemo dedicaron largos pergaminos a la defensa de un concepto naturalista de los dioses y a los beneficios terapéuticos y el placer que producen los actos piadosos.

De igual modo, Thomas Jefferson defiende el dios del deismo cristiano de la Iglesia Unitaria (que tampoco interviene en la naturaleza, sino que permanece en perfecto gozo imperturbable) de lo que el denominó “le herejía del inmaterialismo” de los cristianos tradicionales. A veces da la impresión que Jefferson sincretiza este Dios puramente inmanente, naturalista y cristiano-epicúreo con la Naturaleza misma y parece adoptar un tipo de panteísmo. Hay cierto mérito en esta postura. Tanto el maestro Jesús como Epicuro usaron enseñanzas derivadas de observar la naturaleza para tratar terapéuticamente los miedos existenciales mas universales: en los evangelios, Jesús dice que el mismo Dios que se entretiene con alimentar a diario a las aves no dejaría hambrientos a sus hijos ni los abandonaría. En Epicuro, es mas bien la Naturaleza, por medio de la selección natural, la que nos ha dado (a nosotros y a las aves) exactamente los instintos y medios necesarios para sobrevivir en nuestro medio ambiente. En ambos casos, la intención es la misma que enseñan las Cuatro Curas epicúreas.

Es solo en tiempos modernos que la postura atea se ha vuelto prominente entre los epicúreos y se ha abandonado la necesidad de sincretizar a la Naturaleza con la deidad.

3. Aparte de esta consolación para la muerte enraizada en el concepto hedonista basado en las sensaciones que solo podemos sentir mientras vivimos, existen otras consolaciones en nuestra tradición para la muerte en la obra de Lucrecio Sobre la naturaleza de las cosas. El argumento de la simetría compara el tiempo luego de la muerte con el tiempo antes de nacer, del cual nada sabemos. Debido a que nada recordamos de este tiempo, no hace sentido perder la paz preocupándonos por la vida venidera. El argumento del sueño compara la muerte con el sueño, durante el cual estamos inconcientes, excepto que es interminable. Tampoco hace sentido perder la paz por miedo a dormir.

4. La meta del calculo hedónico es el placer neto. El epicúreo es un buscador racional de la felicidad. Ama la vida y el placer y no es fanático de la abnegación ni del sacrificio. Solo se sacrifica cuando estima que de sus esfuerzos surgen beneficios para el y para sus seres queridos que incrementan, a largo plazo, la felicidad. Nuestra tradición al final siempre afirma la vida y las cosas que hacen que valga la pena vivir.

5. La intención de este pasaje es evitar que se confunda el hedonismo racional con corrupción o con lujo, aunque el lujo si viene se debe disfrutar. La intención no es proponer una vida de ascetismo ni una vida impráctica como un monge en contemplación, como pretenden hacer ver a veces (de modo bien intencionado, pero equivocado) algunos intérpretes estoicos. Epicuro abogaba por la moderación y criticaba tanto los excesos de la corrupción como los excesos de la vida simple y frugal, ya que ambos producen perturbaciones.

6. “El sabio se ríe” podría ser una alusión al padre del atomismo y de la ciencia moderna Demócrito, quien fue maestro de Nausífanes, quien fue maestro de Epicuro. Era llamado el filósofo risueño porque siempre se estaba riendo de las locuras de los hombres, y por lo tanto es el iniciador del linaje de los filósofos risueños, que son sabios de temperamento científico que critican y se mofan las autoridades tradicionales y la superstición común.

7. Los epicúreos eran acérrimos críticos de la doctrina del determinismo que adoptaron los estoicos y los atomistas pre-epicúreos. Esta doctrina negaba la autonomía y libertad del hombre y la mujer, haciendo del ser humano una marioneta de la naturaleza. En términos prácticos, hizo que muchos filósofos estoicos, platonistas y de otras tradiciones se refugiaran con frecuencia en los oráculos, la astrología y otras formas de superstición degradante y que abandonaran responsabilidad por sus destinos, elecciones y omisiones, aceptando la abnegación y resignación como virtudes y consolaciones legítimas superiores a la autonomía, genio y creatividad humanos.

Versión de Epítome: Escrituras Epicúreas

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Razonamientos sobre “De la Muerte”, de Filodemo

La meditación del sabio es una meditación sobre la vida, no la muerte.

– Sabiduría 6: 1, Biblia Humanista

Trasfondo

En la séptima década del primer siglo de la Era Común, la erupción del volcán Vesuvio en Italia destruyó la legendaria ciudad de Pompeya. Menos conocida es la ciudad adyacente de Herculano, donde el maestro Filodemo de Gadara había enseñado filosofía epicúrea a los romanos y en la que se hallaba la librería mas completa de pergaminos epicúreos en la antigüedad. Estos pergaminos han sido parcialmente descifrados, y tenemos indícios prometedores de que los que no lo han sido pronto van a ser descifrados gracias a nueva tecnología.

El tesoro intelectual de todos los occidentales que es Herculano es imposible de subestimar. Los epicúreos habían propuesto la teoría del átomo, el trato igual a la mujer y una versión temprana de la teoría de selección natural en un mundo sumido en la superstición, y los pergaminos de Filodemo incluían notas que el había tomado al estudiar bajo su maestro Zenón de Sidonia, lo cual nos lleva a través del linaje hasta los cuatro fundadores de la tradición. Herculano también contiene pergaminos de Polístrato, el tercer escolarca del Jardín Epicúreo de Atenas, quien vivió hace mas de 2,200 años.

Estos razonamientos conciernen un pergamino que cataloga todas las repercusiones éticas y prácticas del entendimiento humanista y naturalista de la muerte como un fenómeno final y tan natural como el nacimiento.

Las partes iniciales del pergamino “De la muerte” son muy fragmentarias y muy poco se puede descifrar, pero el pergamino se hace más fácil de leer en sus partes posteriores. Después de estudiar su contenido, me pareció refrescante que una escritura sobre cómo la muerte no es nada para nosotros, haya tomado tantas molestias en desmantelar las formas culturales basadas ​​en la muerte dos milenios antes de que Nietzsche acusara el cristianismo de ser un culto a la muerte. Aunque Nietzsche es un filósofo post-cristiano conocido por haber anunciado la muerte de Dios, mucho de lo que consideramos el discurso de Nietzsche comenzó mucho antes de Nietzche, con los epicúreos y nuestra filosofía de vida.

Sobre el error de medir el bien por el tiempo

Aquí hemos de hacer referencia a la doctrina de los principales bienes: la idea de que son pocas y fáciles de conseguir las cosas que son naturales y necesarias (comida, techo, amigos, salud, protección). La parte legible del pergamino comienza con una consideración de cómo los hombres rehuyen la muerte prematura con la esperanza de obtener bienes en el tiempo adicional. Filodemo argumenta que es mejor haber vivido una vida joven con las cosas que importan, que morir sin encontrar nada que sea naturalmente bueno.

14.2 Pues es propio de un hombre sensible anhelar vivir durante una cierta cantidad de tiempo con el fin de que pueda completar sus deseos congénitos y naturales y recibir en su totalidad el mejor estilo de vida que .. es posible … y por lo tanto estar lleno de cosas buenas y desechar toda perturbación de los deseos, inmerso en la tranquilidad.

Epicuro dijo que debemos vivir mientras estamos vivos. La calidad de nuestra vida marca la diferencia entre simplemente existir y vivir verdaderamente. Este es un precepto importante. Es absurdo desear ampliar nuestra esperanza de vida si somos miserables y no sabemos cómo vivir. El hombre necio no gana nada con vivir una larga vida, vivida sin arte, con miedo, violencia, envidia y otros vicios, en vez de adquirir las cosas que hacen que valga la pena vivir.

Para aquellos que viven una vida miserable, la muerte es una liberación (21,3-6). Según Filodemo, perder la vida a una edad temprana es malo, solo porque esto imposibilita que uno pueda conseguir las cosas que hacen que la vida sea digna de ser vivida, una tarea que requiere de cierto progreso en la filosofía. Si hemos vivido una vida agradable, nada ni nadie nos puede quitar eso. Cuando morimos, no sabremos que hemos muerto porque no vamos a tener nuestra percepción y conciencia (19,27).

Por lo tanto, lo único que habrá importado es que vivimos bien. Como hemos visto, estos razonamientos son consistentes tanto con la doctrina de las cosas principales (kyriotatai), aquello que realmente importa, y con el objetivo del hedonismo calculado y racional: al final, la vida debe ser agradable, placentera.

El regocijo sobre la muerte

Ya que a los muertos no les importa la burla, sólo a los vivos, burlarse de ellos se considera una tontería y no genera sufrimiento a la persona burlada cuando esa persona ha muerto y ya no existe. Del mismo modo, regocijarse ante la posibilidad de nuestra propia muerte es tonto si tenemos una vida buena. Sólo tiene sentido regocijarnos por nuestra muerte si se percibe como una liberación de intenso sufrimiento.

Sobre ser perturbado por la expectativa de la muerte

22.1 De hecho, es precisamente en anticiparla mientras están vivos que experimentan el (tipo de) la muerte que tiene que ver con ellos, mientras que nosotros no estamos preocupados ante esa expectativa.

Ya que sólo tenemos percepción y el uso de nuestros sentidos mientras vivimos, la única manera en que experimentamos nuestra propia muerte es indirectamente como una anticipación. En otras palabras, no experimentamos la muerte cuando llega. No estamos ahí. Por lo tanto, nuestra aprehensión de nuestra futura muerte se considera imprudente, ya que es inevitable que vamos a morir y vivir con miedo o perder nuestra paz debido a la futura muerte no cambia el hecho de nuestra mortalidad. Así estemos perturbados o en ataraxia mientras vivimos, como quiera nos vamos a morir: es nuestra la opción.

Otra forma en la que nos preocupamos con la muerte es al preocuparnos por la extinción de nuestra línea de familia y por dejar un nombre, una reputación. Ya que no vamos a estar ahí en absoluto después de morir, tanto parientes como extraños no tendrán nada que ver con nosotros, e incluso las personas que tienen muchos descendientes no agregan diversión a su vida por causa de su descendencia después de morir. Filodemo también sostiene que hay muchos otros que llevan nuestro mismo apellido.

Sobre la herencia

Filodemo reconoce que lo mejor es dejar una herencia a nuestros hijos y que la muerte sin descendencia es naturalmente dolorosa, como tambien lo es dejar atrás a familiares directos que carecen de las necesidades básicas. Uno debe escribir un testamento para asegurar que sólo los dignos disfrutarán de nuestra herencia. Hay preocupación por que los frutos de nuestro trabajo vayan a parientes que podrían ser malos, que no se beneficiarían de nuestra riqueza en absoluto. Por otro lado, si uno no tiene herederos dignos, eso es realmente un motivo de lástima: significa que no hemos vivido lo suficiente como para alimentar relaciones saludables.

Sobre las perturbaciones causadas por el modo de morir

Los hombres antiguos a menudo se preocupaban por cosas como morir en el mar, o por no tener una muerte gloriosa, como resultado de la creencia de que un más allá mejor espera a aquellos que mueren en batalla (por ejemplo: como héroes en Valhala, o en tiempos modernos como yihadistas atendidos por vírgenes en el cielo islámico), mientras que las ancianas que mueren de muerte natural, presumiblemente, terminan en el infierno con el resto de las personas fallecidas de manera ordinaria.

Por el contrario, muchas personas que merecen la gloria y la fama ​son recordadas por haber vivido vidas nobles, pero murieron muertes naturales. Si sólo una llamada “muerte noble” en la batalla hace de uno un héroe glorioso digno del cielo, entonces la mayoría de los héroes culturales de la humanidad tendrían que ser considerados ignobles. Por lo tanto, no debemos considerar heroicas nuestras muertes, sino nuestras vidas. Vivir heroicamente es lo que tiene valor y honor, dice Filodemo. Una persona muerta no podrá realizar hechos gloriosos, y las hazañas gloriosas que sí se realizan, suceder mientras estamos vivos.

Para una persona sensata, la única manera en la que morir en la batalla es deseable es si estamos heridos y deseamos ser liberados de un terrible dolor. Filodemo burlonamente dice que los soldados en batalla mueren como ganado.

Estas falsas creencias acerca de una vida futura noble para los que mueren en la batalla son un gran mal moral y siempre han sido promovidas por los que se lucran de la guerra y los gobiernos con intereses militares que se han beneficiado de la carnicería. Los inversionistas del petróleo y del complejo industrial militar se benefician hoy ampliamente por la utilización de imágenes apocalípticas por los cristianos conservadores que legitiman la intervención militar en el extranjero, sin embargo, por lo general son los pobres los que mueren en batalla.

Muchos católicos antes se preocupan excesivamente por bautizar a sus recién nacidos por miedo a la creencia de que los bebés no-bautizados terminan en el limbo. Cuando en recientes años la Iglesia Católica cambió de opinión sobre el limbo, muchos católicos comenzaron a plantear preguntas sobre el origen de estas extrañas enseñanzas sobre la vida venidera y sobre cómo pueden cambiar.

En cuanto a la muerte en el mar, o en una bañera o jacuzzi, o una piscina (todo da igual), el pergamino compara preocuparse por esto a preocuparse por si uno de cadáver será “comido por los peces o por los gusanos”. No va a hacer diferencia.

Algunos argumentaban en la antigüedad que era mas noble morir en la batalla que morir en el mar, como si morir en el mar tratando de ir a visitar amigos o de ir a recibir una educación fuera menos noble que morir en guerra. Si algo es ignoble de morir en el mar, es que uno muera en búsqueda de ganancia monetaria o búsquedas vanas, pero es la vida de uno la que es miserable en este caso, no la muerte.

Otro asunto que atiende el pergamino es la muerte de Sócrates y otras víctimas inocentes que, o son ejecutados por errores de justicia, o justamente ejecutados. Si uno es culpable, esto es lamentable, no por la forma de la muerte, sino por cómo se vivía. Si uno es inocente, entonces lo más que se puede hacer es tratar de aguantar noblemente y estar moderadamente preocupado, como si se tratara de una enfermedad.

Esta parte es quizás la menos convincente en todo el pergamino, que en lo demás es poderoso y convincente. Sabemos en nuestros días que hay países donde los inocentes son ejecutados por apostasía, por ser gays, o, a veces el castigo no es proporcional al delito como en el caso de los adúlteros que reciben lapidación y mujeres que desean elegir a sus maridos en las culturas Islámicas. En medida que los musulmanes se mudan a países occidentales, estamos escuchando más de los asesinatos de “honor” de hijas por sus propios padres o hermanos, e incluso de “violaciones sexuales por honor” de mujeres por no cubrir sus cuerpos “correctamente”.

Estas prácticas son sin duda un gran mal y el problema moral planteado por Filodemo relativo a la ejecución de los inocentes es muy complicado. Es difícil, hay que conceder, permanecer imperturbable.

En cuanto a aquellos que se preocupan por una muerte súbita, Filodemo sostiene que toda muerte es repentina. No hay nada de extraordinario en la muerte súbita, por el contrario, deberíamos sorprendernos de vivir vidas excepcionalmente largas.

Asuntos sin terminar

Todos tenemos proyectos que nos gustaría ver concluídos. Muchas personas sienten que desean dejar un legado duradero, pero Filodemo dice que muy pocos grandes hombres logran esto y que este es un deseo vacío y vano. Si la fama en vida es vacía, entonces la fama después de que uno está muerto es incluso menos fuente de verdadero placer.

A veces no es la muerte, sino la necesidad o la fortuna que nos impide el logro de nuestros objetivos en la vida y materializar nuestros planes. Por lo tanto, si nos preocupa morir antes de ver uno de nuestros objetivos logrados, debemos aplicar los mismos consuelos que aplicamos en la vida para estos problemas. Si sabemos lo que importa (los bienes principales), permanecemos por encima de todo y disfrutamos de las cosas buenas de la vida, las cosas que hacen que valga la pena vivir, imperturbados. Es aquí donde Filodemo habla de cómo el hombre prudente vive listo para su entierro.

38.14 El hombre sensato, habiendo recibido aquello que puede asegurar la totalidad de lo que es suficiente para una vida feliz … anda preparado para su entierro y aprovecha cada día como si fuera la eternidad.

Uno siente naturalmente preocupación por las personas cercanas a nosotros que tienen problemas o que carecen de un arte de vivir y no han aprendido a ser felices. Pero estas son cosas que están fuera de nuestro control. Filodemo sostiene que el hombre que ha vivido bien no debe lamentar las miserias de los demás después de haber escapado las suyas: debe ir a su muerte feliz de que ha vivido bien.

Sobre la planificación fúnebre

Hay otra manera en que las personas se ocupan demasiado con la muerte y su culto. Es una tontería preocuparse por la apariencia de nuestro cuerpo en el velorio. Filodemo argumenta en contra de aquellos que están disgustados por el mal aspecto de un cadáver, o que se preocupan por la belleza, diciendo que todos los que mueren, sean bellos o no, se convierten en esqueletos dentro de un corto período de tiempo. También argumenta en contra de la planificación de los enterramientos lujosos como una pérdida de tiempo y recursos.

Esto nos recuerda muchas de las prácticas de reyes y caciques antiguos, cuyos entierros no sólo incluían bienes materiales en la tumba, sino incluso prácticas malvadas como el entierro de los esclavos y viudas vivos con ellos. Estas tradiciones persistieron en la mayoría de los continentes por milenios.

Los entierros, si han de ser celebrados, son para los vivos, no para los muertos. Ayudan a traer cláusula, cierre. Filodemo alaba las prácticas decentes funerarias que estaban empezando a surgir durante su vida, en las que el gasto que solía ir a los entierros lujosos de senadores ricos, iba a los vivos:

31.5 Entre los legisladores, también, los que naturalmente y bien determinaron, han impedido los gastos excesivos en los funerales basándose en que los vivos estaban siendo privados de servicios: Muchos dan órdenes de acabar con su propiedad, precisamente porque envidian esto.

Un entierro lujoso no va a arreglar una vida vivida miserablemente. Por otra parte, una vida bien vivida y agradable entre buenos amigos no se nos puede quitar al no conseguir un entierro apropiado: esto no le quita en lo más mínimo a la felicidad que tuvimos mientras vivíamos. Muchos grandes personas han muerto sin sepultura. El pergamino argumenta convincentemente contra la lástima hacia los muertos, por ejemplo, si nos encontramos con una tumba sin nombre (32,24), diciendo que es poco inteligente lamentarse por los muertos.

32.20 ¿Quién hay que, al considerar el asunto con la cabeza clara, supondrá que hace la más mínima diferencia, mucho menos una gran diferencia, que sea en la superficie o bajo tierra que uno está inconsciente?

El dolor de no ser recordado en absoluto después de la muerte parece natural, pero si no tenemos amigos ni nada bueno, entonces no obtenemos ningún alivio al ser recordados como solitarios o incluso como bienaventurados. Si, por otro lado, tenemos muchos amigos y vivimos bien, ser recordado o no después de la muerte, de nuevo, no nos quita nada de eso.

Por otro lado, si nuestros amigos mueren antes que nosotros, entonces para eso tendremos que llorar a todo el que jamás existió y a todo el que por siempre existirá. Después de que todos estemos muertos, no habrá nadie que nos recuerde. Por lo tanto, la cuestión de ser recordado (o vilipendiado, cualquiera que sea el caso) después de que uno muere, no debe ser una fuente de perturbaciones. En su lugar, uno debe preocuparse por vivir bien.

Vive bien, muere bien

Es importante entender que vivir bien y morir bien son la misma cosa. Filodemo critica a los hombres ricos que piensan que no van a envejecer y morir, ni siquiera escriben un testamento (un acto que indica cierto nivel de aceptación de nuestro propio final), y parecen estar perplejos al ver a un viejo rey como si el poder y la vejez fueran mutuamente excluyentes. Dice que están apegados a la vida por miedo a la muerte, no porque viven gratamente. Uno debe vivir mientras uno está vivo, pero pacíficamente y con prudencia aceptar la propia mortalidad y límites naturales.

Estos razonamientos son parte de Epítome: Escrituras Epicúreas

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Estos razonamientos fueron escritos en inglés y traducidos al español por Hiram Crespo en base al libro Philodemus: On Death (Writings from the Greco-Roman World 29) (Greek and English Edition), por Filodemo y W. Benjamin Henry.Back to the Main Page