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Contra la depresión: más Epicuro y menos antidepresivos

El siguiente ensayo de Máximo Peña fue originalmente publicado en su blog psicologiaparatodos.org.

No existe diferencia estadísticamente significativa entre los fármacos antidepresivos y el placebo. Disculpen: sí existe diferencia. El placebo no tiene severos efectos secundarios. El pensamiento de Epicuro, tampoco.

La exigua presencia de psicólogos en la sanidad pública española ha llevado a la instauración de una práctica que debería hacernos reflexionar: la prescripción de fármacos antidepresivos por parte de los médicos de cabecera a pacientes con síntomas de depresión, basándose en el relato de la persona y en una entrevista clínica cuya duración promedio es de 5 minutos.

En lugar de derivar al aquejado a una unidad de psicología (inexistente en atención primaria e insignificante en el resto de niveles del sistema de salud pública) para su evaluación, como ocurre en otros países del entorno, los médicos de cabecera, abrumados por el exceso de trabajo, y sin la formación específica necesaria, recetan Escitalopram (un popular antidepresivo) como quien ordena paracetamol.

Si los efectos positivos de los antidepresivos estuviesen suficientemente probados y se tratara de fármacos con pocos o nulos efectos adversos, no habría problema. Pero ninguno de los dos supuestos se cumple.

Depresión y efecto placebo

El psiquiatra y neurocientífico Stephen Stahl, uno de los expertos mundiales más reconocidos en el campo de la psicofarmacología, defensor del uso de fármacos como primera opción en el tratamiento de la depresión, admite, en su obra Psicofarmacología esencial de Stahl (2008), que:

“Cada vez hay mayores dificultades para demostrar en ensayos clínicos que los antidepresivos –incluso los ya bien estudiados- funcionan mejor que el placebo”.

Se estima que solo un tercio de los pacientes con depresión ven remitir sus síntomas en el primer tratamiento antidepresivo, y, aún en estos casos de éxito, la tasa de recaída es de 30% (Stahl, 2008). A medida que pasan meses o años y la persona recibe varios tratamientos, la probabilidad de que la depresión se manifieste de nuevo puede llegar al 100%

Según refiere Stahl, en los ensayos clínicos en los que se comparan psicoterapia, placebo y antidepresivos, los resultados han mostrado que la Terapia Interpersonal breve (TIP) y la Terapia Cognitiva-Conductual para la depresión (TCC) pueden ser tan efectivas como los antidepresivos. Pero lo que más llama la atención es que no exista una diferencia estadísticamente significativa entre los fármacos antidepresivos y el placebo. Disculpen: sí existe diferencia. El placebo no tiene severos efectos secundarios.

Antidepresivos: el último recurso

En 1998, los investigadores Irving Kirsch y Guy Sapirstein, mientras estudiaban los efectos del placebo en el tratamiento de la depresión, se encontraron con un sorprendente hallazgo: no que el placebo fuese efectivo contra la depresión, lo cual era su hipótesis de trabajo, sino que los antidepresivos tuviesen un efecto solo ligeramente superior al placebo.

Kirsch, doctor en psicología y miembro de la facultad de medicina de Harvard, y su equipo, siguieron investigando, esta vez, con información sobre ensayos clínicos, tanto publicados como no publicados por la Food and Drug Administration, máxima autoridad en materia de medicamentos en Estados Unidos. Al incluir la totalidad de la información disponible sobre la efectividad de los antidepresivos, la ligera diferencia a favor de los fármacos con respecto al placebo desapareció. Tan solo existe una pequeña distinción que favorece a los antidepresivos en los casos más graves de depresión, lo que Kirsch atribuye no a que los antidepresivos funcionen, sino a que en pacientes gravemente deprimidos el placebo no tiene efecto, pues estas personas han perdido toda esperanza de que algo pueda ayudarles.

Los estudios de Kirsch han sido sistemáticamente replicados por otros investigadores que han obtenido resultados similares, lo que ha llevado al británico National Institute for Health and Care Excellence (NICE) a cambiar su guía de recomendaciones sobre el tratamiento de la depresión, situando a los antidepresivos en una segunda línea de intervención, pues si bien los psicofármacos funcionan en determinados casos, los efectos secundarios no son nada despreciables: entre 70-80% de los pacientes sufre disfunciones sexuales, y son muy frecuentes la ganancia de peso, la caída del cabello, el insomnio, las nauseas y las diarreas. Las mujeres embarazadas que toman antidepresivos tienen mayor probabilidad de abortos, y entre sus bebés se encontrarán más casos de malformaciones y autismo. También se ha encontrado una relación significativa entre antidepresivos y suicidio. Finalmente, los antidepresivos tienen el efecto paradójico de hacer más vulnerables a las personas de sufrir nuevos episodios de depresión (Kirsch, 2008).

Tomando en cuenta que diversos meta-análisis sobre el tratamiento de la depresión coinciden en afirmar que la psicoterapia, e incluso, el ejercicio físico, pueden ser tan efectivos como los antidepresivos, la conclusión a la que llega Kirsch (2008) es difícil de discutir:

“Cuando diferentes tratamientos son igualmente efectivos, la elección debe basarse en el riesgo y el daño, y de todos los tratamientos, los fármacos antidepresivos son los más riesgosos y dañinos. Si es preciso utilizarlos, debe hacerse como el último recurso, cuando la depresión es muy severa y otros tratamientos alternativos han sido probados y fracasaron”.

Aunque le llamemos “procesamiento ineficiente de la información”, “errores cognitivos” o “construcción de la realidad”, uno de los consensos en psicoterapia es que la forma en que la persona deprimida interpreta la realidad juega un papel central en la depresión, al menos en su mantenimiento.

De allí que las diversas escuelas de psicoterapia, cada una a su modo, intente ayudar al paciente con depresión a corregir, cambiar, construir, en fin, a hacer más adaptativas las ideas depresivas que tiene la persona sobre sí misma, sobre el mundo y sobre su futuro. Es, entonces, cuando aparece el nombre de Epicuro.

Epicuro o la felicidad de existir

Pocos filósofos griegos han sido tan atacados, calumniados o malinterpretados como Epicuro (Samos, 341 a. C. – Atenas, 270 a. C.). Se le ha acusado de irrespetuoso con los dioses, de hedonista y vividor.

Quizás está inquina que despertó entre las escuelas filosóficas de su época con las que rivalizó (cínicos y estoicos), y entre  doctrinas posteriores (el cristianismo) esté detrás de un hecho lamentable: casi toda su obra, que el historiador Diógenes Laercio cifraba en 300 libros, ha desaparecido. Solo han llegado hasta nosotros una selección de cartas y unos pocos fragmentos, suficientes, no obstante, para medir el impacto que su doctrina de la felicidad tuvo en la antigüedad.

¿Por qué Epicuro y no otro filósofo? Porque Epicuro, a diferencia de otras figuras fundamentales del pensamiento occidental, como Sócrates, era humano, demasiado humano, y eso es lo que lo hace significativo desde el punto de vista psicoterapéutico: la perfección socrática está demasiado alejada de la persona común.

“Envíame un tarro de queso, a fin de que pueda darme un gusto cuando me apetezca”, le escribe Epicuro a un amigo.

Mientras Platón tenía la Academia y Aristóteles el Liceo, sendos centros de enseñanza de la época, Epicuro disfrutaba de una casa y un huerto, conocido como el Jardín, en el cual, recibía a sus amigos –incluyendo mujeres y esclavos- y se entregaban a filosofar y a compartir el gusto por la vida. Porque, para Epicuro, no había nada más alto que el placer, pero no el simple placer que brindan la experiencias sensoriales (aunque también), sino el placer puro de existir (Walter Otto, 1975).

A diferencia del sabio estoico, exento de pasiones y afectos, inconmovible ante los sufrimientos de la vida, el sabio epicúreo acepta las pasiones del alma como algo natural en el ser humano, solo que llama a domesticarlas a través del juicio y la razón (García Gual, 2003).

No nos extenderemos más en la figura de Epicuro. Es preferible dar paso a sus palabras. Sabemos que es más fácil tomar pastillas que sentarse a leer un tratado de filosofía. Pero con Epicuro, como solo disponemos de algunos fragmentos, este problema queda resuelto, y la lectura de sus textos, con toda seguridad, es mucho más agradable y vigorizante que la de un prospecto farmacéutico.

 40 grageas de Epicuro

  Dosis y administración

Por la mañana, nada más levantarte, anota en un pósit, de manera tranquila y calmada, consciente, la frase que corresponda a ese día, y pégala en un lugar visible (espejo del baño, nevera, tu lugar de trabajo, etc.) de manera que puedas leerla, al menos, 3 veces a lo largo del día. Reflexiona sobre cada frase, pero desde un punto de vista personal: ¿qué significa para ti? ¿Qué ejemplos de tu vida encajan con ella? ¿Cómo se aplica a tu propia experiencia de vida?

Por la noche, de manera ritual, despega el pósit y pégalo en una puerta o pared, en la que se irán juntando, una a una, todas las sentencias de Epicuro, hasta agotar las grageas.

Posibles efectos adversos

En 2.300 años no se ha descrito ninguno.

Contraindicaciones

Alergia al pensamiento y la reflexión.

1

“Comamos y bebamos que mañana moriremos”.

2

“El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo.”

3

“Tú siempre y cuando no quebrantes las leyes ni trastornes la solidez de las buenas costumbres ni molestes al prójimo ni destroces tu cuerpo ni malgastes tus fuerzas, has uso como gustes de tus preferencias (sexuales). Pero, la verdad, es que es imposible no ser cogido al menos por uno de estos inconvenientes, el que sea. Pues las cosas de Venus jamás favorecen, y por contentos nos podemos dar si no perjudican”.

4

“La gente es infeliz o por miedo o por apetencia infinita y vana. Si la gente refrena esos impulsos está en disposición de conseguir para sí el bendito raciocinio”.

5

“Ante cualquier deseo debemos formularnos la siguiente cuestión: ¿qué me sucederá si se cumple el objeto de mi deseo, y qué si no se cumple?”

6

“El imperturbable no resulta molesto ni para sí mismo ni para otro”.

7

“Reviento de satisfacción en mi cuerpecillo cuando consumo agua y pan, y detesto los placeres lujosos, no por los propios placeres, sino por los dolores que por esa razón les siguen”.

8

“Pasa desapercibido en tu vida”.

9

“Dulce es el recuerdo del amigo muerto”.

10

“A quien un poco no basta, a ese nada le basta”.

11

“La conformidad es la mayor de todas las riquezas”.

12

“Debemos apreciar la belleza, la virtud y las cualidades de índole semejante, siempre que proporcionen gozo, pero si no lo proporcionan hay que decirles adiós muy buenas y dejarlas”.

13

“No se debe envidiar a nadie, pues los buenos no son merecedores de envidia y los malos cuanta más suerte tienen tanto más se pierden”.

14

“Si quieres hacer rico a Pítocles, no le proporciones riquezas, sino réstale ambición”.

15

“No hay que aparentar que buscamos la verdad sino buscarla realmente, pues no necesitamos ya parecer que tenemos buena salud sino tenerla realmente”.

16

“Debemos curar nuestras desgracias mediante una buena disposición de ánimo hacia los bienes perdidos, y comprendiendo que no nos es dado hacer que no se cumpla lo que ya ha tenido lugar”

17

“Es estúpido pedir a los dioses las cosas que uno no es capaz de procurarse a sí mismo”.

18

“La muerte, temida como el más horrible de los males, no es, en realidad, nada, pues mientras nosotros estamos, la muerte no está, y cuando ésta llega, nosotros no estamos.”

19

“Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita”.

20

“Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.”

21

“Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven.”

22

“Dios quiera que no hagas nada en la vida que te de miedo si llega a descubrirlo tu prójimo”.

23

“Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día”.

24

“Todo el mundo se va de la vida como si acabara de nacer”.

25

“También en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno”.

26

“Todo dolor es fácil de despreciar, pues el que causa una molestia intensa es de corta duración, y el que dura mucho en el cuerpo causa una molestia muy suave”.

27

“La necesidad es un mal, pero no hay ninguna necesidad de vivir sometido a la necesidad”.

28

“En la mayoría de las personas la inactividad se embota y el ejercicio se inflama”.

29

“Nadie que comprende el mal lo prefiere al bien, pero seducido por el señuelo que aparenta ser un bien si se compara con un mal mayor, cae en su anzuelo”.

30

“Si se prescinde de la contemplación, de la conversación y trato con la persona querida se desvanece toda pasión erótica”,

31

“A la Naturaleza no se le debe forzar sino hacerle caso, y le haremos caso si colmamos los deseos necesarios y los naturales siempre que no perjudiquen y si despreciamos con toda crudeza los perjudiciales”.

32

“En las demás tareas de la vida solo después de terminadas les llega el fruto, pero en la búsqueda de la verdad corren a la par el deleite y la comprensión, pues no viene el gozo después del aprendizaje, sino que se da el aprendizaje a la vez que el gozo”.

33

“Frente a los demás es posible procurarse seguridad, pero en lo tocante a la muerte todos los seres humanos habitamos una ciudad indefensa”.

34

“El grito del cuerpo es este: no tener hambre, no tener sed, no tener frío. Pues quien consiga eso y confíe en que lo obtendrá competirá incluso con Zeus en cuestión de felicidad”.

35

“No obtenemos tanta ayuda de la ayuda de los amigos como de la confianza en su ayuda”.

36

“El sabio que cae en situaciones angustiosas sabe más de repartir a otros que de recibir él: tan maravilloso es el tesoro de la satisfacción que descubrió”.

37

“Las malas costumbres, como a hombres malvados que han causado un enorme perjuicio durante largo tiempo, al final las repudiamos”.

38

“Debemos hacer la jornada siguiente mejor que la anterior”.

39

“Cuando la Parca nos lleve de aquí nos iremos tras echar un enorme escupitajo contra la vida y contra los que neciamente se pegan a ella, al mismo tiempo que entonaremos un hermoso cántico de salvación gritando que nuestra vida ha sido bella”.

40

“Nacemos una sola vez y dos no nos es dado nacer, y es preciso que la eternidad no nos acompañe. Pero tú, que no eres dueño del día de mañana, retrasas tu felicidad y, mientras tanto, la vida se va perdiendo lentamente por ese retraso, y todos y cada uno de nosotros, aunque por nuestras ocupaciones no tengamos tiempo para ello, moriremos”.

Para saber más:

Kirsch, Irving (2008). Antidepresivos y efecto placebo.

Epicuro, Obras completas, Ediciones Cátedra.

García Gual, Carlos (2003). El sabio epicúreo y el sabio estoico. Revista de Filosofía, 30, 23-31.

Otto, Walter (2005). Epicuro. Editorial Sexto Piso.

 

 

¡Feliz día 20! De vuelta a lo básico: la ética.

por Hiram Crespo, del original, traducción de Jesús Guevara.

¡Feliz día 20 a todos los epicúreos en todas partes! Si le agrada estudiar la filosofía, no se olvide de unirse a nuestras discusiones en nuestro foro.

Muy a menudo, en nuestros foros públicos surgen preguntas sobre la toma de decisiones que requieren que no confundamos a los medios con el fin. La respuesta a los problemas morales en la filosofía epicúrea siempre se encuentra en el cálculo hedónico, pero este cálculo requiere una comprensión de cuál es nuestra naturaleza y cuáles son los límites de nuestros deseos y placeres, si queremos vivir una vida de placer, satisfacción y deleite.

Por lo general, me parece que la ruta más fácil para responder esta clase de preguntas morales se encuentra en la parte central de la Epístola de Epicuro a Meneceo, que es el resumen de las doctrinas éticas de la escuela y proporciona pautas generales para nuestro elegir y evitar.

Es por eso que Epicuro dijo que debemos seguir volviendo a lo básico hasta que estas bases se vuelvan fuertes y firmes en nuestras mentes. Más específicamente, cuando se trata de acciones a elegir y acciones a evitar, es en la parte media de la epístola donde encontramos la instrucción más concisa y clara mediante la cual encontramos la forma más segura de crearnos una vida llena de todos los placeres que la naturaleza pone a nuestra disposición. A continuación se muestra la traducción hecha por la Sociedad de Amigos de Epicuro de dicha parte de aquella carta, y la exhortación (que viene al final de la epístola) para estudiar filosofía diariamente, solo y con espíritus afines.

Tómese el tiempo para llevar a cabo un estudio detallado de la Epístola de Epicuro a Meneceo. Es una perla del más alto valor entre la literatura clásica ética y humanista: es sabia, concisa, breve, detallada y sobre todo potente. Nos enseña que la esencia de la moralidad y de la reforma moral no se encuentra en que la moral se subordine a ideales externos a nosotros, sino en el estudiar y vivir de acuerdo con nuestra propia naturaleza y empoderarnos en nuestras elecciones y omisiones.

Además, contribuimos más a la felicidad de nuestros amigos y asociados cuando elegimos ser auténticos y naturales en lugar de meramente seguir las costumbres y convenciones culturales, especialmente cuando estudiamos y practicamos filosofía junto con nuestros amigos. Aparte de la versión en castellano aquí, hay una versión en vídeo de esta epístola, la traducción de Cyril Bailey y la Edición Elemental [estas últimas en versión inglesa], todas recopiladas por el sitio web New Epicurean. ¡Por favor, comparta estas perlas de sabiduría con los demás!

27. Consideremos que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos y vacíos. 28. De los deseos naturales, unos son necesarios y otros no. 29. Y de los deseos necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

30. Quien tiene un entendimiento correcto de esto sabe como llevar a cabo elecciones y omisiones refiriéndose a la salud del cuerpo {aponía} y a la imperturbabilidad del alma {ataraxia}, ya que ésta es la meta de una vida feliz. 31. Es para vivir felices que lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor. 32. Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma desvanece porque no necesitamos ir en busca de algo que nos falta, ni buscar otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo.

33. Verás, cuando nos falta placer y sufrimos, necesitamos el placer, pero cuando no sufrimos la vida nos regala placer en suficiencia. 34. Y por esto decimos que el placer es el alfa y omega de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como el primer bien congénito. 35. Es el punto de partida del cual comenzamos toda elección y rechazo. 36. Hacia esta meta de vivir felices retornamos una y otra vez porque juzgamos todo bien en base a la felicidad como regla.

37. Pero ya que la felicidad es el bien primero e innato, por eso mismo no escogemos todos los placeres sino que a veces renunciamos a ciertos placeres, cuando de ellos surgen dificultades mayores. 38. Del mismo modo, creemos que ciertos dolores son preferibles a ciertos placeres si, tras soportar tales dolores conseguimos un placer mayor. 39. Todo placer es por naturaleza innata un bien, pero no todos los placeres son dignos de ser escogidos. 40. De la misma forma, todo dolor es un mal, pero no todos deben evitarse. 41. Conviene medir y razonar si los resultados finales son útiles o inútiles para producir una vida placentera. 42. Pues determinamos algunas veces que lo que parece ser un bien resulta ser un mal y que lo que parece ser un mal resulta ser un bien.

43. También consideramos la autosuficiencia como un gran bien, no para que siempre tengamos pocas cosas sino para que, cuando no tengamos mucho, nos contentemos con poco. 44. Esto se debe a que estamos sinceramente convencidos de que quienes menos necesitan los lujos son los que mejor saben disfrutar de la abundancia cuando la tienen.

45. También creemos que la naturaleza ha dispuesto que todo lo necesario para la vida sea fácil de obtener y que aquellas cosas que son vanas e inútiles sean difíciles de alcanzar. 46. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que una comida extravagante, cuando ambos alejan todo dolor y todo deseo. 47. Pan y agua proporcionan el más elevado placer cuando los come quien tiene gran necesidad. 48. El acostumbrarse a las comidas sencillas y frugales es bueno para la salud y nos ayuda a no titubear en las ocupaciones necesarias de la vida. 49. Y cuando en ciertas ocasiones nos encontramos con comida lujosa, esta actitud nos hace mejor dispuestos al lujo, ya que permanecemos imperturbables ante la posibilidad de que luego la perdamos.

50. Así, cuando decimos que el placer es fin, no hablamos de los placeres de los corruptos o de los que se encuentran en el goce sensual, como piensan algunos que son ignorantes o que están en desacuerdo con nosotros, o que nos interpretan mal a propósito. 51. Mas bien, cuando hablamos del placer o la felicidad como el fin, hablamos de tener el cuerpo libre de dolor y tener el alma libre de perturbación; pues no son ni las bebidas ni los banquetes continuos, ni el goce de muchachos y doncellas, ni festines de pescados y de mesas lujosas los que producen una vida placentera. 52. A cambio, la vida placentera consiste en la sobria contemplación, por medio de la cual se calcula toda elección y omisión y se destierran las falsas creencias de las cuales surgen la mayor parte de las perturbaciones que confunden las almas.

53. De todo esto, el comienzo y el mayor de los bienes es la prudencia {sabiduría}. 54. Más preciosa incluso que la filosofía es la prudencia, de la que nacen todas las demás virtudes. 55. La prudencia nos enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir prudente, honesta y justamente, y que no se puede vivir prudente, honesta y justamente, sin vivir placenteramente. 56. Ya que estas virtudes son por naturaleza inseparables de una vida feliz, y el vivir feliz es inseparable de éstas.

57. Al considerar esto, ¿quién puede ser considerado un mejor ser humano que quien tiene creencias sanas sobre los dioses, quien carece por completo de temor a la muerte, quien contempla con claridad el fin y los límites establecidos por la naturaleza, y quien entiende que la naturaleza ha hecho que los bienes mayores sean fáciles de alcanzar, mientras que los males tienen poca duración o poca intensidad?

58. El sabio se ríe de la Fortuna, que algunos toman por señora de todas las cosas, porque entiende que algunas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras por obra nuestra. 59. Ya que ve que la necesidad es irresponsable y el azar inestable. 60. Pero nuestras acciones son autónomas y libres, y es a ellas que corresponden naturalmente la censura y la alabanza.

61. Sería mejor adherirse a los mitos sobre los dioses que vivir bajo el yugo de la Fortuna o la necesidad, como proponen los filósofos naturales. 62. Al menos las fábulas que se cuentan sobre los dioses otorgan la esperanza de que podamos evitar la furia de los dioses por medio del culto, pero la predestinación de los naturalistas es sorda a toda súplica y no ofrece escape a la necesidad inexorable ni esperanza de control sobre nuestras vidas.

63. El sabio no considera a Fortuna como una diosa, como la considera la gente, ya que el sabio entiende que la divinidad no lleva a cabo nada al azar. 64. Tampoco la considera como una causa incierta, ya que no cree que los dioses dan actos afortunados o desafortunados a los hombres al azar para hacerlos felices o infelices. 65. El sabio entiende que de la Fortuna surgen grandes bienes, pero también grandes males, y por lo tanto considera que es mejor ser desdichado con sensatez que afortunado con insensatez. 66. Es mejor que la acción instigada por el buen juicio no tenga que deber su éxito a la ayuda de la fortuna.

67. Ejercítate en estos pensamientos y los análogos día y noche, sea a solas o con alguno semejante a ti. 68. Así nunca serás perturbado, estés despierto o dormido, sino que vivirás como un dios entre los hombres. 69. Ya que el ser humano pierde toda semblanza mortal al vivir en medio de bendiciones inmortales.”

Feliz día 20: En defensa de la eudaimonía

Por Hiram Crespo, traducción de Jesús Guevara.

¡Paz y seguridad a todos los epicúreos, neo-epicúreos y demás espíritus afines! No se olviden de unirse a nuestro Jardín de Epicuro en Facebook, si quieren estudiar la filosofía epicúrea con otras personas.

En este día me encantaría defender el concepto de eudaimonía. En algunos círculos epicúreos parece haber una guerra en contra de esta palabra y su correspondiente traducción como felicidad, en la insistencia de que nuestro fin debe ser el placer, como si fueran términos mutuamente exclusivos. La verdad es que:

1. Epicuro mismo usó la palabra eudaimonía. (εὐδαιμονία)

2. La elección de palabras de parte de los fundadores del epicureísmo fue siempre intencional y muy cuidadosa, y,

3. Eudaimonía es un concepto particularmente importante para la filosofía terapéutica helenística, que trata acerca de la salud del alma.

Relacionado a mi primer punto, citaré la traducción Monadnock de la Carta a Meneceo, por Peter Saint-Andre, que coloca la traducción inglesa al lado del texto griego original. En esta epístola–que hace un resumen de toda la doctrina ética de Epicuro, y que debería ser estudiada de cuando en cuando por los estudiantes sinceros-–Epicuro mismo comienza invitando a personas de todas las edades a estudiar la filosofía:

ὁ δὲ λέγων ἢ μήπω τοῦ φιλοσοφεῖν ὑπάρχειν ὥραν ἢ παρεληλυθέναι τὴν ὥραν, ὅμοιός ἐστιν τῷ λέγοντι πρὸς εὐδαιμονίανἢ μὴ παρεῖναι τὴν ὥραν ἢ μηκέτι εἶναι.

For it is never too early or too late for the health of the soul. Someone who says that the time to love and practice wisdom has not yet come or has passed is like someone who says that the time for happiness has not yet come or has passed.

Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o ya ha pasado es semejante al que dice que todavía no le ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad.

He resaltado la palabra εὐδαιμονίαν eudaimonían, en el original. De nuevo, en el mismo párrafo Epicuro señala que:

4. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.

Más adelante, Epicuro reseña los deseos naturales y necesarios al decir:

29. Y de los deseos necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

En ese párrafo Epicuro clasifica a la felicidad (eudaimonía) junto a la salud y la vida misma como parte de los deseos naturales y necesarios que hacen que valga la pena vivir.

Nótese que él no escogió la palabra placer (hédoné) aquí… En lo que respecta al segundo punto que comentamos antes, el sermón de Epicuro en contra de las palabras vacías nos da entender claramente que la elección de palabras por parte de los fundadores del epicureísmo fue siempre intencional y cautelosa. Nunca fue frívola ni careció de propósito, y de hecho los antiguos epicúreos fueron conocidos por su discurso claro, conciso y directo, el cual era una escapada muy refrescante de los juegos retóricos comunes en muchos otros filósofos. La siguiente es una cita de la apertura de la Epístola a Heródoto:

11. Pero en primer lugar, Heródoto, antes de comenzar la investigación de nuestras opiniones, hay que captar firmemente las ideas que se adjuntan a nuestras palabras de modo que podamos referirnos a ellas a medida que avancemos. 12. A menos que tengamos una firme comprensión del significado de cada palabra, dejamos todo incierto, y llegaremos hasta el infinito usando palabras vacías que carecen de significado. 13. Por lo tanto, es esencial que nos basemos en la primera imagen mental asociada a cada palabra, sin necesidad de explicación, si queremos tener un estándar firme al que referirnos a medida que avanzamos en nuestro estudio.

Sigamos su consejo con la palabra eudaimonía. En lo que concierne a mi tercer punto, eudaimonía se define de la siguiente forma:

eudaimonía es una palabra griega comúnmente traducida como “felicidad” o “bienestar”; no obstante, “florecimiento humano o prosperidad” y “[ser] bendecido” se proponen como traducciones más exactas.

Etimológicamente se compone de las palabras “eu” (“buen” o “bueno”) y “daimón” (“espíritu”).

La palabra eudaimonía me recuerda a la expresión inglesa “being in good spirits”, que implica una disposición o carácter alegre o feliz. Los cristianos se apropiaron de la parte del “daimón” y por ello hoy “demonio” ha llegado a ser sinónimo de un espíritu supuestamente malvado, pero la manera como los antiguos filósofos utilizaban esta palabra era distinta, ya que originalmente la “idea adjunta a la palabra” daimón era la de un ser sintiente, un ser animado, y la palabra eu-daimonía (literalmente “buen espíritu”) implicaba la salud existencial.

Ella denota la idea de no solamente estar contento, sino de tener, específicamente, un espíritu sano, de ser saludable psicológica y moralmente, así mismo como el tener un buen cuerpo no implica necesariamente que uno sea la persona más hermosa o más fuerte, pero que al menos se disfruta de una cierta cantidad de salud, o de bienestar físico. Es en este sentido que la palabra está muy relacionada con la filosofía helenística terapéutica. Epicuro dijo que la verdadera filosofía debe “sanar el alma” tal como la medicina verdadera debe sanar el cuerpo.

Ahora, podemos argumentar entre las mejores traducciones para eudaimonía, que pueden ser “espíritu saludable” o “felicidad”; pero ciertamente esta palabra es distinta tanto de “placer” como de “[ser] bienaventurado” (esta siendo el griego makarion). Mi argumentación no es, por cierto, un desprecio al placer o a la bienaventuranza. Ambas palabras también se encuentran en los textos originales en ciertos contextos específicos, y merecen ser estudiadas de forma separada. Mi intención aquí es el rescatar la palabra eudaimonía de cualquier connotación incorrecta, así como de recordarle a los estudiantes de la filosofía que siempre se ha sostenido que las escuelas del placer (los cirenáicos y los epicúreos) eran eudaimonistas en su ética, y que el eudaimonismo y el hedonismo (correctamente entendido) no son, de ninguna manera, mutuamente contradictorios.

He aquí un pasaje de la ética de Arístipo de Cirene, proveniente de una crítica al libro de Kurt Lampe, El Nacimiento del Hedonismo:

Lampe piensa que los cirenáicos son eudamónicos (que creían en la felicidad como la meta de la vida, no solamente el placer), pero la mayoría de los académicos están en desacuerdo. Es plausible que hayan habido multitudes de visiones distintas dentro de dicha escuela acerca de la meta de la vida. Uno de los argumentos claves para el hedonismo (i.e. que el placer es esa meta) radica en que el placer se entiende de manera distinta a la felicidad. El placer es una instancia concreta, la felicidad es un conjunto de placeres, y dicha felicidad es por ende una abstracción, una alternativa platonizada a la experiencia real y directa del placer. Este argumento es sin duda interesante y aún genera debate y varias opiniones al día de hoy.

Espero haberles contextualizado lo suficiente para orientar futuras discusiones relativas a estos temas, incluyendo lo que las fuentes epicúreas tienen que decir acerca de la eudaimonía. Mientras que pueden haber controversias relacionadas al significado de dicho término en español o en inglés, jamás ha estado en entredicho que la filosofía epicúrea es eudaimonista: es una filosofía de la amistad, la felicidad y la autosuficiencia.

Más actualizaciones:

Hemos compartido en nuestro grupo de habla hispana esta introducción al Cánon epicúreo, el cual creo que es de lectura muy útil para el estudiante principiante de la filosofía de Epicuro. El ensayo explica la facultad de la anticipación al decir que mientras las sensaciones provistas por nuestros sentidos nos dicen que algo ES o existe, no nos dice QUÉ ES eso. Para este otro proceso cognitivo, debemos confiar en una facultad relacionada tanto con nuestro lenguaje como con la memoria. Después de haber sido expuestos a distintos objetos una y otra vez y tras haber entendido el qué son esos objetos (gente, caballos, perros, árboles, libros) inmediatamente los reconocemos (anticipamos) cuando nuestros sentidos nos vuelven a dar impresiones de su existencia.

En el vídeo “Respuestas antiguas a preguntas modernas”, Marc Nelson nos introduce a Epicuro en una TED Talk. Nuestro amigo Alex comenta:

El vídeo termina bien si lo escuchas hasta el final, pero si no haces eso, podrías terminar creyendo que Epicuro abogaba por la pobreza o la servidumbre. Esto es en caso de que lo no veas hasta terminar…

Epicuro no abogaba por ser pobre. Epicuro no vivió como un hombre pobre, ni murió en la pobreza.

Él aseguró su felicidad presente y futura. Él era un hombre bastante conocido, era dueño de una propiedad, tenía una casa, una escuela filosófica, salvó a sus amigos de la hambruna, vivió cerca de una ciudad, dejó una herencia, escribió muchos libros. Él vivió “como un dios entre los hombres”.

Otros epicúreos como Metrodoro, Diógenes de Oinoanda, Lucrecio, Torcuato y Filodemo estaban bien lejos de ser personas pobres.

Festival epicúreo en Italia

Feliz Vigésimo: Sobre las moralidad laica: elecciones y omisiones

Image result for many pathsHay distintas clases de ateos: los militantes, los intelectuales o filosóficos, los anti-autoritarios, los sobrevivientes de peligrosos cultos, y los casuales que carecen de posturas políticas. Pero aquellos que estamos comprometidos con la creación de una sociedad menos religiosa y menos supersticiosa, enfrentamos unos retos peculiares (incluso a veces el discrimen) y una sociedad de individuos que viven convencidos de que sin Dios no puede existir moralidad, que sin Dios todo está permitido. Tan convencidos están de esto que ignoran las atrocidades que se han cometido y aún hoy se cometen en nombre de la religión, aún cuando llenan las primeras páginas de los periódicos. Se ciegan a toda evidencia y repiten el mantra: “sin Dios no hay moralidad” hasta que se convencen a sí mismos.

Muchos de los que estamos en el campo intelectual-filosófico de la lucha por el laicismo sabemos muy bien que, hasta que no logremos atacar esta tendencia degradante, no podremos crear una sociedad laica. Aunque no nos guste, si queremos vivir en una sociedad laica, nos corresponde convencer a la gente de que la moralidad y la ética no derivan de lo sobrenatural, y que es posible y necesario demistificarlas.

Es por eso que es tan importante aprender a discutir y defender estos argumentos relacionados a la ética laica. Primero, arreglemos nuestros conceptos y lo que significan para purgarlos de la corrupción cultural que heredamos. La ética, en labios cristianos, a veces se reduce a culpabilidad y como evitarla (o peor, como evitar “el infierno”). En el humanismo, la ética es algo mas amplio: es nuestro arte de vivir. Y la moralidad se concierne con conformar nuestras acciones con nuestros estándares de conducta.

Mi intención específica al escribir este ensayo es contribuir a la formación de intelectuales laicos capaces de argumentar y explicar específicamente lo que es el cálculo hedónico: la evaluación comparativa de las ventajas y desventajas de nuestras elecciones y omisiones, con la intención de producir el máximo placer y el mínimo dolor a largo plazo.

Esta enseñanza proviene de los epicúreos y cirenaicos, y se basa en sus escritos y en la premisa de que nuestras propias naturalezas e instintos buscan el placer y evitan el dolor. Una vez aprendemos estos conceptos a fondo, es fácil poder argumentar convincentemente a favor de una ética no-religiosa ante cualquier persona de convicciones religiosas. Aquí la porción relevante de la Epístola a Meneceo, la parte central del documento:

27. Consideremos que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos y vacíos. 28. De los deseos naturales, unos son necesarios y otros no. 29. Y de los deseos necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

30. Quien tiene un entendimiento correcto de esto sabe como llevar a cabo elecciones y omisiones referiéndose a la salud del cuerpo y a la imperturbabilidad del alma, ya que ésta es la meta de una vida feliz. 31. Es para vivir felices que lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor. 32. Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma desvanece porque no necesitamos ir en busca de algo que nos falta, ni buscar otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo.

33. Verás, cuando nos falta placer y sufrimos, necesitamos el placer, pero cuando no sufrimos la vida nos regala placer en suficiencia. 34. Y por esto decimos que el placer es el alfa y omega de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como el primer bien congénito. 35. Es el punto de partida del cual comenzamos toda elección y rechazo. 36. Hacia esta meta de vivir felices retornamos una y otra vez porque juzgamos todo bien en base a la felicidad como regla.

37. Pero ya que la felicidad es el bien primero e innato, por eso mismo no escogemos todos los placeres sino que a veces renunciamos a ciertos placeres, cuando de ellos surgen dificultades mayores. 38. Del mismo modo, creemos que ciertos dolores son preferibles a ciertos placeres si, tras soportar tales dolores conseguimos un placer mayor. 39. Todo placer es por naturaleza innata un bien, pero no todos los placeres son dignos de ser escogidos. 40. De la misma forma, todo dolor es un mal, pero no todos deben evitarse. 41. Conviene medir y razonar si los resultados finales son útiles o inútiles para producir una vida placentera. 42. Pues determinamos algunas veces que lo que parece ser un bien resulta ser un mal y que lo que parece ser un mal resulta ser un bien.

Algunos comentarios:

29. Los deseos naturales y necesarios incluyen todo lo que lleve a la salud y a mantener el cuerpo (comida, bebida), a la felicidad (la asociación de nuestros amigos) y a la vida (protección, hogar, seguridad). Estos eran conocidos como los kyriotatai en griego, o “los bienes principales” que hacen que valga la pena vivir. Merecen lugar de prioridad en nuestras elecciones y omisiones.

33-36. Al igual que los budistas, los epicúreos comienzan a estudiar la ciencia de la felicidad mirando los deseos y evaluándolos. Pero noten que a diferencia de los budistas, los epicúreos no tratan de vivir una vida de ascetismo ni de negar los deseos, sino que tratan de alinear sus valores con la naturaleza y de vivir una vida repleta de los placeres que la naturaleza hace disponible.

37-42. Los cristianos y otros grupos han históricamente intentado desmoralizar al hedonismo, categorizándolo como gratificación instantánea sin cualificar lo que los hedonistas en realidad han enseñado. Es aquí donde se explica que el hedonismo busca crear una vida placentera a largo plazo y que para eso es necesario rechazar ciertos placeres, o elegir ciertas penas que a la larga van a producir un placer mayor. Es este “hedonismo” racional y calculado el que llevan los epicúreos, y que produce un arte de vivir gratificante y digno.

Ejemplos de placeres que se rechazan para evitar dolores futuros son: todo aquello que pudiera ser ilegal (porque ir a la cárcel no es placentero) y todos los vicios (porque si bebemos una cerveza nada sucede, pero si bebemos cinco podríamos estar deshidratados el día siguiente y no poder funcionar, y a largo plazo esto tiene efectos en la salud).

Entre los dolores que se eligen para buscar placeres futuros, los estudios universitarios a veces son un enorme sacrificio, pero pueden resultar en un ingreso mayor mas tarde en la vida. También, muchos de los sacrificios que hacemos por nuestros seres amados caben en esta categoría porque, si esos seres nos faltan o si enferman o sufren, sufriríamos también nosotros.

Todas estas consideraciones deben ser parte del cálculo hedónico.

*

Las Doctrinas Principales epicúreas elaboran un poco la distinción entre los deseos naturales y necesarios, los naturales innecesarios, y los que no son ni naturales ni necesarios. Esto ayuda a que nuestros valores y opiniones (y por lo tanto nuestras decisiones y omisiones) estén mejor alineados con la naturaleza de las cosas.

26. Todos los deseos que no llevan al dolor cuando permanecen sin satisfacer son innecesarios, pero el deseo es fácil de descartar cuando la cosa deseada es difícil de obtener o cuando los deseos parecen acarrear la posibilidad de producir daño.

30. Aquellos deseos naturales que no traen dolor al no ser saciados, a pesar de ser buscados con un intenso esfuerzo, también se deben a las opiniones sin base; y la gente falla en deshacerse de ellos, no por su propia naturaleza, sino por las opiniones sin base de la gente.

Cuando se nos pregunte: ¿que es lo que va a remplazar la religión?, es probable que tengamos ninguna o muchas respuestas. Opino que una de las respuestas debe ser la filosofía, que existe para ennoblecer al ser humano y ayudarle a vivir una vida feliz. Los antiguos decían que “filosofía que no sana el alma no es mejor que medicina que no sana el cuerpo“.

Si se familiarizan a fondo con estos argumentos, no solo van a poder defender un concepto de moralidad libre de supersticiones y misticismo, sino que también van a poder vivir vidas mas placenteras en medida que usen estos lineamientos.

Feliz día veinte: el Havamal, contra el aislamiento

¡Feliz día veinte a todos los epicúreos! El Havamal pertenece a una de las tradiciones de sabiduría que me han nutrido a lo largo de los años. Contiene el consejo de los ancianos escandinavos tal y como fue preservado por una casta de bardos antiguos y medievales conocidos como skalds, que utilizaron la rima y la música para memorizar el sabio consejo dado por los antiguos.

En ella, mezclada con algún otro folclor, encontramos una de las enseñanzas de sabiduría más completas y ennoblecedoras sobre los valores humanos asociados con la verdadera amistad y lealtad. Algunas otras tradiciones de sabiduría, como la escritura oral de Ifá y los proverbios del pueblo yoruba que se han conservado oralmente incluso en lugares como Cuba y Brasil, dan fragmentos de esta sabiduría: “Un palo no hace bosque”, los ancianos yorubas decían. Pero el Havamal trata de manera coherente el tema de la amistad, por lo que cito sus estrofas en gran medida en el capítulo de mi libro sobre la amistad: nos dice en detalle cómo identificar a los verdaderos y falsos amigos, cómo honrar a los verdaderos, cómo nutrir las amistades más importantes y no dejar que el amor de los amigos se vuelva frío y, finalmente, el tema que quiero enfocar hoy: nos recuerda las razones por las que nuestra naturaleza busca y necesita amigos.

Se pudre el pino joven que en el páramo se alza,
corteza y hojas le faltan;
así es el hombre que nadie ama,
¿para qué seguir viviendo?

Havamal, Estrofa 50

Se pudre el pino …” Se nos da la imagen de un árbol seco que se agota y se muere: metáfora apta para un hombre que no tiene amigos. Este verso es interesante por muchas razones: da una imagen que resuena con los verdaderos y comprobados efectos perjudiciales para la salud de la soledad crónica. Estudios han demostrado que la soledad aumenta el riesgo de muerte prematura y es tan dañina a la salud como la obesidad y el fumar. Hay incluso estudios que muestran los efectos fisiológicos de la soledad: se siente fría. El cuerpo humano, literalmente, no metafóricamente, necesita el calor, el abrazo, los abrazos, el afecto de otro.

La estrofa también describe la lamentable realidad existencial de tal hombre, e insinúa que la amistad es una de las cosas que hace que la vida valga la pena vivir, que la amistad da sentido y propósito a la vida: “¿para qué seguir viviendo?“.

“¿para qué seguir viviendo?” … Si alguna vez conocemos a alguien que se está haciendo esta pregunta, debemos recordarles el placer de la compañía y llamar a todos sus amigos y seres queridos para asegurarse de que sus presencias se hagan disponibles en la vida de esa persona. La gente necesita gente.

Mientras que algunas personas de vez en cuando pueden desear o incluso necesitar la soledad temporal, está claro que no estamos construidos para la soledad a largo plazo. Confucio hizo el argumento de que nos volvíamos verdaderamente humanos y humanizados por asociación. Sin amigos, nos volvemos deshumanizados y misántropos.

Esto me recuerda a una compañera epicúrea de Grecia que contó una anécdota de cómo, mientras su madre estaba muriendo, encontró consuelo en compañía de su hija y esto hizo que su cáncer terminal fuera un poco más soportable. La anécdota fue compartida en el contexto de la discusión alrededor de mi artículo recientemente escrito para The Humanist sobre la eutanasia. El artículo fue inspirado en la nominación de Gorsuch a la corte suprema. El argumento que hizo nuestra amiga es que, si bien la opción de la eutanasia merece ser discutida, la importancia de ser una presencia amorosa en las vidas de aquellos a quienes amamos–particularmente en sus momentos más vulnerables–marca la diferencia en su calidad de vida y puede incluso ayudar a evitar tener que tomar la opción amarga de “muerte con dignidad”. Sostener la mano de un ser querido puede contrarrestar incluso el peor dolor físico hasta el punto de que podamos ganar la fuerza y ​​la voluntad para vivir otro día.

La Parábola de la Jarra Rota

jarfEl placer divino, el guía de la vida, convence a los mortales y los conduce de manera que, a través de sus halagos ingeniosas de amor, propaga las generaciones para que no se pierda la humanidad. – Lucrecio, De rerum natura II.172

Continuando la lectura del clásico de Lucrecio Sobre la naturaleza de las cosas (De Rerum Natura), hoy en ocasión del Día de la Felicidad me voy a enfocar en el modo en que Lucrecio nos presenta la filosofía terapéutica y la búsqueda de la felicidad, sobre todo en su parábola de la jarra perforada.

La parábola presenta a Epicuro como un doctor que cura los males del alma. Como todos los buenos médicos, debe evaluar los síntomas y determinar cuál es el problema de salud espiritual. No conozco bien las traducciones castellanas, pero la traducción al inglés de Frank Copley es la más elocuente al describir la situación existencial de un mortal ingrato, no filosófico, cuyas ansiedades van ligadas a un temor a la muerte generalizado que no ha sido tratado ni evaluado.

¿Vas a retraerte, indignado porque debes morir? Vivo y despierto, vives al lado de la muerte; desperdicias la mayor parte de la vida en el sueño, e incluso de vigilia, roncas y sueñas, sueñas; cargas un corazón confundido por temores vacíos. Rara vez puedes decir que los causa cuando, oprimido y borracho y miserable por causa de las preocupaciones continuas, vagas, vacilas y te preguntas en que refugiarte.

Nótese la referencia cuasi-budista al sueño en vigilia. El hombre sueña despierto en su condición ordinaria. Lo que se espera de un filósofo es una especie de despertar, un prestar atención. No lo pensemos como un estado (un sustantivo, que a menudo platoniza lo que significa), sino como un verbo (una actividad). Debemos estar presentes con el fin de saborear la vida.

En la parábola, que está supuesta a servir como terapia para la angustia existencial y el miedo a la muerte, la madre naturaleza aconseja a los mortales a estar listos para dejar este mundo como uno que ha disfrutado de un banquete y está satisfecho. La satisfacción y la gratitud son ingredientes importantes en el cultivo de la ataraxia. En el pasaje del banquete, Lucrecio coloca estas palabras en los labios de la madre naturaleza:

“Mortal, ¿qué tienes de tal grave preocupación
que te hace nutrir quejas demasiado enfermizas?
¿Por qué este lamento y lloriqueo por la muerte?
Porque si tu vida en otro tiempo y por detrás
fue agradecida, y todos tus bienes
no se amontonaron como en cedazo para fluir lejos
y perecer inútilmente, ¿Porqué no,
como en un banquete, exiar los pasillos
cargado de vida? ¿Porqué no con la mente saciada
tomar ahora, necio, tu reposo sin aflicción?
Pero si todo lo que has disfrutado ha sido
prodigado y perdido, y la vida es ahora delito,
¿Porqué buscas agregar más, lo cual a su vez
perecerá vilmente y caerá en vano?
¿Porqué no más bien aceptar un final de la vida
y de la labor? Ya que todo lo que Yo pueda concebir o encontrar
para darte placer, no es nada: todas las cosas son
lo mismo para siempre. Aunque aún tu cuerpo
no se arruga con los años, ni tampoco tu forma se ve exhausta,
caduca, aún así las cosas se quedan igual, incluso si
fueras a conquistar todos los tiempos
de duración; sí, aún si no fueras a morir.”

En el texto, Lucrecio argumenta que si fuéramos a vivir para siempre, finalmente los placeres que la Tierra tiene para ofrecer serían todos iguales. No habría nuevas experiencias, y por lo tanto debe el mortal sentirse saciado al final de una buena vida.

La ingratitud a la vida, a la naturaleza, al tiempo, es un pecado mortal para el filósofo epicúreo y su arte de vivir. El texto luego dice: “Querías lo que no es, despreciabas lo que es … la vida se deslizó entre tus dedos sin forma y desagradable“.

Querías lo que no es, despreciabas lo que es … la vida se deslizó entre tus dedos sin forma y desagradable.

Lo que se dice aquí es que la vida está llena de muchas clases de bendiciones, pero cuando la vivimos sin atención e ingratos, es como si estuviéramos caminando por la vida con una jarra rota. El agua en la jarra perforada se escapa y las bendiciones se desperdician. Con la ayuda de Epicuro, podemos entrenarnos para arreglar la jarra y disfrutar de la plenitud de las bendiciones que la vida tiene para ofrecer en todo momento.

En el Libro VI de De Rerum Natura, hacia el final, Lucrecio visita la metáfora de nuevo diciendo que cuando no somos capaces de experimentar los placeres de la vida, el “fallo debe estar dentro de la jarra“, con la jarra rota aquí representando nuestras propias almas. La idea de nuestro quebrantamiento sería usurpada luego por los cristianos para construir una teología basada en la culpa. En Epicuro y Lucrecio, el objetivo es de esta imagen es solo terapéutico.

Pues cuando el (Epicuro) vio que casi todo
lo que los hombres requieren con más urgencia
estaba listo para entregar a los mortales, y que la vida,
en toda medida posible, se estableció segura,
que los hombres eran señores en las riquezas, el honor, la alabanza,
y eminentes en la buena fama de sus hijos,
y que aún así, dentro de la casa,
aún tenían el corazón ansioso que les irritaba las vidas
sin pausa con tormentos de la mente,
y daban fuertes quejas airadas, entonces
luego el maestro percibió que era
la jarra en sí la que creaba esta maldad, y todo,
no importa cuan sano, lo que de aquí o de allá
fuera recogido en ella, por esta maldad era
agobiado desde dentro, en parte porque vio
la jarra agrietada y con fugas que de ninguna manera
jamás podría ser llenada a rebosar; en parte porque
observó cómo contaminaba con su mal sabor
todo lo que tuviera dentro de sí. Entonces el,
el maestro, con sus palabras verdaderas,
purgó los pechos de los hombres y estableció los límites
de la lujuria y el terror, y expuso
el bien supremo hacia el cual todos nos esforzamos,
y mostró el camino por el que podríamos llegar
hacia el en un corto atajo …. Y demostró
que en su mayoría es en vano que la raza humana
revuelca en su seno las ondas sombrías de la ansiedad.
Porque así como los niños temen y tiemblan ante todo
en la oscuridad sin vista, igual a veces nosotros
tememos en la luz tantas cosas que no son
para nada más temibles que lo que los niños fingen,
estremeciéndose, que les ataca en la oscuridad.
Este terror pues, esta oscuridad de la mente,
ni la salida del sol con sus rayos de luz,
ni las brillantes flechas de la mañana pueden dispersar,
sino solamente el aspecto de la naturaleza y su ley.

La filosofía epicúrea, por lo tanto, está destinada a ayudar a limpiar nuestras almas por medio de mostrarnos la verdad que la naturaleza pone ante nuestras facultades, de limitar nuestros deseos y temores a través de la exposición al estudio de la ciencia y la naturaleza, y de establecer claramente que el propósito de esta vida es la felicidad y cuales son los métodos que llevan con mayor eficacia a la felicidad: Epicuro nos dio una ciencia de la felicidad.

Hoy es el Día Internacional de la Felicidad. Se ha demostrado que el aislamiento y la depresión son riesgos para la salud, epidemias a la par con la obesidad y el fumar. Un mortal inteligente nunca dejaría algo tan sagrado e importante como su felicidad a los caprichos de la fortuna y el azar. La felicidad es un camino mejor pisado conscientemente y en buena compañía. Por favor, comparta literatura y contenido filosófico con sus amigos hoy y cuide de restaurar su propia jarr perforada a través de una educación filosófica. También puede disfrutar de ejercicios de risa profunda del vientre durante quince minutos … o compartir algo gracioso en línea, o llamar a un amigo de esos que son payasos y siempre nos hacen reír. Haga lo que haga, hoy no posponga su felicidad!

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Pasajes sobre la FELICIDAD, del Epítome

Los siguientes pasajes de Epítome: Escrituras Epicúreas conciernen las enseñanzas epicúreas sobre la felicidad. Agradecemos a Antonio Pérez que los haya recopilado y compartido recientemente como un meme epicúreo.

SV 14. Hemos nacido una vez y no puede haber un segundo nacimiento. Por toda la eternidad nunca más seremos. Pero tú, aunque no eres señor del mañana, pospones tu felicidad. Desperdiciamos nuestras vidas retrasando las cosas, y cada uno de nosotros muere sin haber disfrutado del ocio.

EM 1. Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie más prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma.
EM 2. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o ya ha pasado es semejante al que dice que todavía no le ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad.
EM 3. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, se sienta joven en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél, para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro.
EM 4. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que cuando la poseemos, lo tenemos todo y cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.
EM 5. Practica y ejercita todos los principios que continuamente te he recomendado, teniendo en cuenta que son los elementos de la vida feliz.

EM 31. Es para vivir felices que lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor.
EM 32. Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma desvanece porque no necesitamos ir en busca de algo que nos falta, ni buscar otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo.

Per 5:68. Por otra parte, una vida bien vivida y agradable entre buenos amigos no se nos pude quitar al no conseguir un entierro apropiado: esto no le quita en lo más mínimo a la felicidad que tuvimos mientras vivíamos.

Per 7:25. Una buena regla para medir si la cólera es natural, es ver si el daño que la origina representa una amenaza contra los bienes naturales y necesarios, si puede remover la vida o seguridad, la salud del cuerpo o la felicidad.

N 118. El sano carácter es afectado por la sana asociación, y que los amigos contagian sus hábitos, sus virtudes (o vicios) y su felicidad (o infelicidad) unos a otros.

Razonamientos sobre “Desprecio Irracional” de Polístrato

Estos razonamientos son parte de Epítome: Escrituras Epicúreas.

Polístrato fue el tercer Escolarca en Atenas y el primero en guiar a la comunidad de Amigos después de que los cuatro fundadores habían muerto. Se cree que había conocido a Epicuro y estudió con él cuando era sólo un niño y Epicuro un hombre muy viejo.

Sólo los fragmentos de dos de sus escritos permanecen. Aquí, estudiamos El desprecio irracional, que es una polémica dirigida “contra los que desprecian irracionalmente las creencias populares”. Parece ser una diatriba contra los cínicos, o los escépticos, o ambos. Los adversarios de Polístrato parecen estar llenos de insolencia. Al igual que en el caso de Colotes, Polístrato también argumenta que las filosofías de las otras escuelas no son prácticas, que no se pueden utilizar sin hacer daño a uno mismo, y que no practican lo que predican.

La comparación con los demás animales

La obra comienza diciendo que los animales no pueden aprender de sus errores ni pueden encontrar las causas de las cosas. Hoy sabemos que esto no es cierto en todos los casos: los delfines y simios son tan inteligentes que algunos científicos han hecho llamados a que sean considerados personas no-humanas.

También niega que los animales sueñan, pero sabemos los perros sueñan, y dice que los animales no creen en los dioses ni tienen facultades de razonamiento como nosotros. Esta parece ser una premisa importante de la obra. Mas tarde veremos porqué esto es importante, cuando Polístrato hable de las cualidades relativas de las cosas. Parece estar argumentando que la creencia en dioses es una cualidad relativa al ser humano, un producto natural de la experiencia sicológica humana.

El propósito y necesidad de estudiar la naturaleza

Una gran porción de la obra es dedicada a este tema. El Escolarca argumenta que por medios dialécticos no podemos liberarnos de los miedos irracionales, solo por medio de la evidencia, y que solo el estudio de la naturaleza nos puede ayudar a entender a los dioses. Este argumento sigue siendo válido aunque para la mayoría de nosotros, la conclusión a la que llegamos al estudiar la naturaleza sea que los dioses no existen.

Polístrato insiste en que entendamos claramente el fin del estudio de la naturaleza y el fin de la filosofía. Algunos dicen que solo necesitamos buscar la salud (y no el placer ni el estudio de la naturaleza) pero luego caen en las supersticiones. La verdad disipa las preocupaciones y las verdades no se contradicen unas a otras. Luego, continúa con mas advertencias en contra de los retóricos y dialécticos carismáticos, muchas de las cuales se podrían aplicar a los predicadores religiosos modernos:

Aquellos que se quieren entregar al estudio de la naturaleza no deben seguir a los que nos echan miedo y a los que, sin preocuparse de la verdad ni del acuerdo con lo que ellos mismos prueban, practican la ironía despreciando su propia opinión para complacer a la audiencia que les rodea; sino que se deben pronunciar sobre cada cuestión en toda libertad y practicar una filosofía coherente y verdadera, de manera que lleven sin espera la obra de la verdadera filosofía a su punto de perfección, en plena conciencia. Reconocerás mejor aún la verdad de lo que digo si examinas lo que dicen los otros filósofos  … (laguna 10 líneas) …

Mira, pues, en sus mismos propósitos, como algunos sacan conclusiones sobre todo por medio de silogismos y axiomas, de los cuales ellos mismos no se sirven durante sus vidas ni siguen, y como otros, para complacer a las audiencias presentes o para equivocarlas con el fin de obtener la aprobación de la multitud y seducirla, elaboran un verbaje colorido que nada logra, ni para ellos ni para su audiencia, a mejorarlos ni a procurarles una mejor vida … (laguna 5 líneas) … ya que se han deshecho de las enseñanzas que están de acuerdo con los fines que nuestra naturaleza misma busca.

Sin estos últimos, de hecho, todas las otras cosas tienen rango de artificio; lo que nos ocupa y concierne en realidad es la mejora de nuestra vida, es lo que gracias a el, liberados de pasiones que afectan el pensamiento, progresamos hacia la serenidad y hacia un tipo de vida exento de tristeza y conforme a nuestra naturaleza. Y este es un resultado que se obtiene únicamente, como ya se ha dicho, por el estudio correcto de la naturaleza guiado por aquellos que han examinado cual es la naturaleza de todas las cosas, al igual que el poder que está en ella para producir consecuencias conformes a ella o extrañas a ella, y por aquellos que han observado cuales deseos son naturales y los que no lo son …

En todo caso, el hecho de que hasta las acciones virtuosas con frecuencia no tienen provecho porque, en los casos mencionados mas arriba, los hombres muestran demasiada altanería o vuelven a caer sin razón en los miedos supersticiosos, y porque en las otras acciones de la vida cometen muchas faltas de toda clase, nadie la muestra (la virtud). Nosotros, a cambio, comprometidos con seguir el placer, llevaremos testimonio a favor nuestro de que nuestros asuntos son llevados mas fácilmente en las circunstancias dentro de las cuales hasta ahora habíamos exhibido dolor.

Este último párrafo, específicamente, habla contra los que buscan la virtud sin estudiar la naturaleza y nos recuerda la prevalencia de las supersticiones religiosas con sus pretensiones arrogantes de superioridad moral. Esto es vano y desmerece la virtud. El punto que está argumentando el Escolarca es que de nada vale virtud, piedad o fe sin el estudio de la naturaleza de las cosas. Es necesario un entendimiento científico de la realidad para poder vivir una vida placentera y sana.

En el libro Varios días en Atenas vemos como los maestros insisten en que “muchos adoran la Virtud pero pocos se ponen a evaluar el pedestal en que se levanta”. Este pedestal es el placer. Es decir, es sumamente importante entender porqué las virtudes son virtudes: porque son medios al placer, y no fines en si mismo. Si una virtud no incrementara la felicidad ni removiera el sufrimiento, no sería virtud.

Este punto lo argumenta Polístrato aquí. Dice que aquellos que buscan la Virtud sin un fin concreto, sin basarse en el estudio de la naturaleza, caen en las supersticiones y abandonan la virtud, algunos cayendo en el tormento. De nuevo, esto podría aplicarse a la gente religiosa que rechaza la ciencia.

Lo hermoso y lo feo, lo placentero y desagradable: cualidades relacionales

Los escépticos argumentaron que lo noble (a kalón) y lo bajo (a aiskhron) están condicionados culturalmente y por lo tanto no son objetivamente reales; que no existe el bien y el mal que se puedan discernir en la naturaleza. Al igual que en el discurso filosófico en otros lugares, hay tensión entre nomos (ley, costumbre) y physis (naturaleza).

El poderoso argumento de Pirrón parece apelar a la doctrina materialista. Si la realidad objetiva se compone de átomos y vacío, a continuación, el bien y el mal, de existir, tendrían que estar compuestos de átomos y vacío, y serían evidentes y no habría desacuerdo con respecto a lo que son estas cosas en las diversas culturas.

El ejemplo aquí dado (aparentemente, por lo opositores) es que el bronce, el oro y otros metales son universalmente reconocidos por lo que son independiente de la cultura por ser lo que son por naturaleza, no por convención.

Pero Polístrato argumenta que esta es una falsa analogía: lo hermoso y lo feo existen al igual que el bronce, solo que existen de una manera distinta y la comparación no es válida. Es aquí que el maestro propone que las cosas tienen propiedades inherentes y propiedades relativas o disposicionales. Lo hermoso y lo feo pertenecen a esta última categoría, al igual que lo placentero y desagradable (categorías estéticas y éticas).

Lo hermoso y lo feo, al igual que lo placentero y desagradable no son lo mismo para todos los hombres y animales. Los oponentes dicen que los hombres erran al buscar esto y no buscar aquello, como si lo deseable debiera ser igual para todos. La salud, la creencia y la corrupción y sus opuestos son distintos para cada cual según su efecto (sus cualidades relativas). El maestro argumenta que 

o todas las cosas que dan estos efectos son falsas

o no hay que rechazar lo bello y lo feo como si fueran opiniones falsas porque no son identicas para todos, como es el caso del oro o la piedra.

El ejemplo que da el maestro concierne las diversas propiedades curativas de un solo fármaco, todas los cuales son eficaces y reales. Si sufrimos de una enfermedad, el medicamento tratará los síntomas de esta. Si sufrimos de otra enfermedad, tratará la otra, pero es el mismo fármaco (convencionalmente) el que muestra distintos efectos (relacionalmente).

Los medicamentos funcionan para algunas enfermedades y no para otras ni para los que están sanos. No es útil que todos actúen de la misma manera en todo momento, sino según las diferencias en las naturalezas individuales y en los accidentes o situaciones particulares.

Un imán sólo podrá atraer metal y no cemento, pero sigue siendo un imán en medida que atrae metal. Este es un ejemplo de una propiedad relacional o disposicional: es tan observable y tan real como las propiedades inherentes de las cosas.

De modo que no se puede dar a la categoría de lo relativo el mismo rango que a lo que existe por naturaleza propia (como el oro, el bronce, que son universalmente reconocidos como tal). No se puede decir que existen unos y los otros no, o que uno y los otros tienen las mismas propiedades.

Podríamos inventarnos muchísimos otros ejemplos de cualidades relativas. Los cacahuetes pueden ser nutritivos o mortales (para los que son alérgicos), pero no son intrínsecamente mortales: se trata de una propiedad relacional, no una propiedad convencional. Los colores y los sabores son propiedades relacionales: sólo vemos el color de un objeto cuando la luz se refleja en contra de ella.

La carne putrefacta es buena para los buitres y lobos que tienen las enzimas para digerirla, pero mala para los seres humanos que no lo hacen y pueden morir después de comer un cadáver crudo.

Noten que éstas consideraciones nos llevan a ponderar la importancia de la teoría de selección natural, que se encuentra de manera rudimentaria explicada en la obra de Lucrecio Sobre la naturaleza de las cosas. Esta teoría es sumamente importante para entender la doctrina epicúrea.

Si los  herbívoros consideran las hierbas como buenas, hermosas y placenteras y a la carne como desagradable, mientras que el caso es vice versa con los carnivoros, es gracias a la selección natural. Si en el hedonismo entendemos lo placentero y lo desagradable como un componente indispensable de nuestro compás moral, entonces la moralidad existe en la naturaleza como la explica Polístrato: como una serie de cualidades disposicionales o relativas a la entidad viviente. .

Lo que el argumenta es que esta moralidad no es menos real, no es menos medible ni observable, que las otras cualidades de la naturaleza por el hecho de ser relacional del mismo modo que las propiedades de un imán y las tendencias de los herbívoros versus los carnívoros no son menos reales. Estas experiencias son reales: el placer y la aversión se experimentan como verdaderos en el cuerpo y la mente de los depredadores o los seres humanos, pero son propiedades relacionales.

Los males que producen las doctrinas falsas

De hecho, nadie podría, de una manera válida someter a un examen racional detallado las dificultades que estas doctrinas ocasionan en la vida para poder, mientras que da atención a las pasiones mismas y a los eventos, comprender, entre otras cosas, lo funesto que es, demostrar una audacia irracional, caer en todas las infelicidades que he mencionado y lo funesto que es, de otra parte, vivir siguiendo servilmente las opiniones transmitidas al azar, siendo víctima de las muchas dificultades y deseos que engendran, y aplicándose sin cesar a las múltiples y diversas actividades y prácticas dañinas que éstas últimas suscitan, multiplicando las aspiraciones de manera irracional–porque uno es infeliz en realidad y en toda ocasión guarda remordimiento–y además encargándose de numerosas preocupaciones sobre los demás.

Resulta que las mismas personas que pasan sus vidas movidas por las tempestades o expuestas a sospechas temerosas, no acaparan nunca el beneficio y el gozo verdaderos de la vida, sino que de antemano expulsados de la vida luego de muchos vanos sufrimientos nacidos de esperanzas siempre vanas y nunca completamente confirmadas, y acumulan por consecuencia sobre sus cabezas aún los otros males, por hecho de su incapacidad de reconocer distintamente cual fin nuestra naturaleza misma persigue y por cuales medios este fin se realiza naturalmente. Porque la ignorancia de estas cosas es la causa primera de todos los males.

Esfuérzate pues de distanciarte de las adversidades de las que te he hablado. Al contrario, dándote razán a ti mismo sobre todas las cosas, como se ha dicho, de una manera adaptada a la vida y a los afectos.

Conclusión

La postura que defiende Polístrato–según la cual lo placentero y lo desagradable existen realmente y son observables en la naturaleza–es conocida como realismo moral, o naturalismo moral, y personalidades modernas como Sam Harris han hecho la misión de su vida el probar que la moral existe en la naturaleza tal y como hizo Polístrato en sus días.

Pero además de argumentar a favor de un realismo hedonista, Polístrato denuncia los males que suceden cuando no alineamos nuestros juicios morales con la evidencia que la naturaleza pone frente a nuestras facultades. Es difícil ser verdaderamente moral sin estudiar la naturaleza.

El realismo hedonista nos lleva a una firme insistencia en que el placer es el fin establecido por la naturaleza, y que hacia el se vierten todas las verdaderas virtudes naturalistas. Debemos reiterar, porque es importante, el siguiente pasaje:

… su incapacidad de reconocer distintamente cual fin nuestra naturaleza misma persigue y por cuales medios este fin se realiza naturalmente. Porque la ignorancia de estas cosas es la causa primera de todos los males.

Es al desconectarse del placer como la meta natural de las entidades vivientes, que los pensadores morales, filósofos y religiosos cometen errores de juicio a veces horribles, que generan enorme sufrimiento innecesario. Echan a un lado el placer para defender la dictadura del proletariado, o el libre mercado, o el dios del desierto, o el honor, o la hombría, dispuestos a incluso matar por estos ideales arbitrarios divorciados del estudio de la naturaleza, que nos muestra que los seres naturales simplemente buscan el placer y evitan el dolor. Entonces, el filósofo naturalista solo debería buscar las maneras mas racionales y sanas de buscar el placer y evitar la aversión.

Podríamos perdonar estas ideologías por el daño que hacen tomando en cuenta que nunca nos prometieron una vida placentera. Si no se establece esta meta desde el principio, ¿como vamos a esperar que la produzca como resultado final?

Cuando no basamos nuestras opiniones firmemente en el estudio de la natura y cuando no tenemos un entendimiento claro de como lo placentero es bueno y lo desagradable es malo dentro de nuestra experiencia real, inmediata y directa de la realidad, terminamos sirviendo fines otros que el que la naturaleza misma ha establecido para nosotros como seres naturales, sirviendo fines otros que lo que nos consta de manera orgánica.

El naturalismo moral es simple: como seres naturales podemos discernir directamente, con nuestras facultades, lo placentero y lo que produce aversión.

Estos razonamientos son parte de Epítome: Escrituras Epicúreas

 

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Epístola de Epicuro a Meneceo

La siguiente obra es parte de Epítome: Escrituras Epicúreas.

1. Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar1. 2. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. 2. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o ya ha pasado es semejante al que dice que todavía no le ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. 3. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, se sienta joven en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél, para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. 4. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.

5. Practica y ejercita todos los principios que continuamente te he recomendado, teniendo en cuenta que son los elementos de la vida feliz. 6. Primeramente, considera a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso, tal y como la naturaleza ha grabado en la mentes humanas, y no le atribuyas nada ajeno a su incorruptibilidad ni a su dicha. 7. Cree que la divinidad posee todo lo necesario para preservar su naturaleza dichosa. 8. Porque los dioses, desde luego, existen: el conocimiento que tenemos de ellos es claro y evidente2. 9. Pero no son como los considera la gente, que mantiene creencias impuras de ellos. 10. No es impío el que desecha los dioses de la gente, sino quien atribuye a los dioses las opiniones de la gente.

11. Pues no son preconcepciones otorgadas por la naturaleza, sino vanas presunciones los juicios de la gente sobre los dioses, como la idea de que los dioses envían infortunio a los malos y bendiciones a los buenos. 12. Falsas opiniones como estas surgen porque los humanos imaginan a los dioses como si tuvieran cualidades humanas y no comprenden que las deidades poseen virtudes distintas a las suyas.

13. Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada para nosotros, puesto que todo bien y todo mal están en la sensación y la muerte es pérdida de sensación3. 14. Por ello, el recto conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace amable nuestra vida mortal, no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque suprime el anhelo de inmortalidad.

15. Nada hay terrible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada terrible en el no vivir. 16. De manera que es un necio el que dice que teme la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, es absurdo que nos haga sufrir en su espera lo que no inquieta cuando está presente. 17. Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, nosotros no somos. 18. Entonces, no existe ni para los vivos ni para los muertos, porque para los vivos todavía la muerte no existe y los muertos ya no existen.

19. Pero la gente huye de la muerte como del mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida. 20. El sabio, en cambio, ni rechaza el vivir ni teme el no vivir; ya que el vivir es una oportunidad para la felicidad y no cree que es un mal el no vivir. 21. Y así como no elige el alimento más abundante, sino el más agradable, así también goza del tiempo más agradable y no del más duradero. 22. El que exhorta al joven a vivir bien y al viejo a morir bien, es un necio, no sólo por lo grato de la vida, sino porque el arte de vivir bien y el de morir bien es el mismo.

23. Y mucho peor el que dice que es mejor no haber nacido, pero que una vez se ha nacido, es mejor atravesar cuanto antes las puertas de la muerte. 24. Si está convencido de esto, ¿por qué no abandona la vida? A su alcance está el hacerlo, si es que lo cree en realidad. Y si bromea, es un necio en asuntos que no admiten necedad.

25. En cuanto a como vivir la vida, hemos de recordar que el futuro no es enteramente nuestro, pero tampoco es enteramente no nuestro. 26. Es decir, no esperemos que venga con certeza, ni desesperemos con certeza pensando que nunca llegará.

27. Consideremos que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos y vacíos. 28. De los deseos naturales, unos son necesarios y otros no. 29. Y de los deseos necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

30. Quien tiene un entendimiento correcto de esto sabe como llevar a cabo elecciones y omisiones referiéndose a la salud del cuerpo y a la imperturbabilidad del alma, ya que ésta es la meta de una vida feliz. 31. Es para vivir felices que lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor. 32. Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma desvanece porque no necesitamos ir en busca de algo que nos falta, ni buscar otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo.

33. Verás, cuando nos falta placer y sufrimos, necesitamos el placer, pero cuando no sufrimos la vida nos regala placer en suficiencia. 34. Y por esto decimos que el placer es el alfa y omega de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como el primer bien congénito. 35. Es el punto de partida del cual comenzamos toda elección y rechazo. 36. Hacia esta meta de vivir felices retornamos una y otra vez porque juzgamos todo bien en base a la felicidad como regla.

37. Pero ya que la felicidad es el bien primero e innato, por eso mismo no escogemos todos los placeres sino que a veces renunciamos a ciertos placeres, cuando de ellos surgen dificultades mayores. 38. Del mismo modo, creemos que ciertos dolores son preferibles a ciertos placeres si, tras soportar tales dolores conseguimos un placer mayor4. 39. Todo placer es por naturaleza innata un bien, pero no todos los placeres son dignos de ser escogidos. 40. De la misma forma, todo dolor es un mal, pero no todos deben evitarse. 41. Conviene medir y razonar si los resultados finales son útiles o inútiles para producir una vida placentera. 42. Pues determinamos algunas veces que lo que parece ser un bien resulta ser un mal y que lo que parece ser un mal resulta ser un bien.

43. También consideramos la autosuficiencia como un gran bien, no para que siempre tengamos pocas cosas sino para que, cuando no tengamos mucho, nos contentemos con poco. 44. Esto se debe a que estamos sinceramente convencidos de que quienes menos necesitan los lujos son los que mejor saben disfrutar de la abundancia cuando la tienen.

45. También creemos que la naturaleza ha dispuesto que todo lo necesario para la vida sea fácil de obtener y que aquellas cosas que son vanas e inútiles sean difíciles de alcanzar. 46. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que una comida extravagante, cuando ambos alejan todo dolor y todo deseo. 47. Pan y agua proporcionan el más elevado placer cuando los come quien tiene gran necesidad. 48. El acostumbrarse a las comidas sencillas y frugales es bueno para la salud y nos ayuda a no titubear en las ocupaciones necesarias de la vida. 49. Y cuando en ciertas ocasiones nos encontramos con comida lujosa, esta actitud nos hace mejor dispuestos al lujo, ya que permanecemos imperturbables ante la posibilidad de que luego la perdamos.

50. Así, cuando decimos que el placer es fin, no hablamos de los placeres del los corruptos o de los que se encuentran en el goce sensual, como piensan algunos que son ignorantes o que están en desacuerdo con nosotros, o que nos interpretan mal a propósito. 51. Mas bien, cuando hablamos del placer o la felicidad como el fin, hablamos de tener el cuerpo libre de dolor y tener el alma libre de perturbación; pues no son ni las bebidas ni los banquetes continuos, ni el goce de muchachos y doncellas, ni festines de pescados y de mesas lujosas los que producen una vida placentera. 52. A cambio, la vida placentera consiste en la sobria contemplación5, por medio de la cual se calcula toda elección y omisión y se destierran las falsas creencias de las cuales surgen la mayor parte de las perturbaciones que confunden las almas.

53. De todo esto, el comienzo y el mayor de los bienes es la prudencia. 54. Más preciosa incluso que la filosofía es la prudencia, de la que nacen todas las demás virtudes. 55. La prudencia nos enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir prudente, honesta y justamente, y que no se puede vivir prudente, honesta y justamente, sin vivir placenteramente. 56. Ya que estas virtudes son por naturaleza inseparables de una vida feliz, y el vivir feliz es inseparable de éstas.

57. Al considerar esto, ¿quién puede ser considerado un mejor ser humano que quien tiene creencias sanas sobre los dioses, quien carece por completo de temor a la muerte, quien contempla con claridad el fin y los límites establecidos por la naturaleza, y quien entiende que la naturaleza ha hecho que los bienes mayores sean fáciles de alcanzar, mientras que los males tienen poca duración o poca intensidad?

58. El sabio se ríe de la Fortuna, que algunos toman por señora de todas las cosas, porque entiende que algunas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras por obra nuestra. 59. Ya que ve que la necesidad es irresponsable y el azar inestable. 60. Pero nuestras acciones son autónomas y libres, y es a ellas que corresponden naturalmente la censura y la alabanza6.

61. Sería mejor adherirse a los mitos sobre los dioses que vivir bajo el yugo de la Fortuna o la necesidad, como proponen los filósofos naturales7. 62. Al menos las fábulas que se cuentan sobre los dioses otorgan la esperanza de que podamos evitar la furia de los dioses por medio del culto, pero la predestinación de los naturalistas es sorda a toda súplica y no ofrece escape a la necesidad inexorable ni esperanza de control sobre nuestras vidas.

63. El sabio no considera a Fortuna como una diosa, como la considera la gente, ya que el sabio entiende que la divinidad no lleva a cabo nada al azar. 64. Tampoco la considera como una causa incierta, ya que no cree que los dioses dan actos afortunados o desafortunados a los hombres al azar para hacerlos felices o infelices. 65. El sabio entiende que de la Fortuna surgen grandes bienes, pero también grandes males, y por lo tanto considera que es mejor ser desdichado con sensatez que afortunado con insensatez. 66. Es mejor que la acción instigada por el buen juicio no tenga que deber su éxito a la ayuda de fortuna.

67. Ejercítate en estos pensamientos y los análogos día y noche, sea a solas o con alguno semejante a ti. 68. Así nunca serás perturbado, estés despierto o dormido, sino que vivirás como un dios entre los hombres. 69. Ya que el ser humano pierde toda semblanza mortal al vivir en medio de bendiciones inmortales.

Notas:

1. La tradición epistolar del Nuevo Testamento bíblico fue inspirada por una tradición de escribir epístolas didácticas que prevalecía desde hacía siglos entre los epicúreos del mundo griego. Estas epístolas eran leídas de manera pública y usadas en la enseñanza de la filosofía. La Epístola a Meneceo es la mas celebrada, ya que contiene todos los consejos elementales del maestro sobre la ética en un corto resumen dirigido a uno de sus discípulos. Esta es la Edición Amigos de Epicuro de la epístola, escrita en idioma español claro y organizada en versos enumerados para que sea fácil la referencia y el estudio.

2. Epicuro era un creyente en Zeus, Atenea y los demás dioses de la polis. Hay muchas personas a las que les extraña esto y le han acusado de haber sido ateo de armario. Es cierto que era peligroso ser ateo en aquellos tiempos y que había razón para proteger la ataraxia permaneciendo en el armario. Sócrates había sido ejecutado por blasfemar contra los dioses y el mismo Epicuro había sido expulsado de Mitilene por los platonistas con amenazas de acusarlo de lo mismo, ya que su doctrina materialista no parecía permitir lugar para los dioses. Sin embargo, debemos ser cautelosos en asumir que Epicuro no era sincero en su piedad, ya que su teología parece permitir la existencia de seres suprahumanos, aunque residan en otros planetas y no se conciernan en lo absoluto con los mortales, no respondan a nuestras oraciones ni necesiten nuestra adoración. Tanto Epicuro como Metrodoro y, mas tarde, Filodemo dedicaron largos pergaminos a la defensa de un concepto naturalista de los dioses y a los beneficios terapéuticos y el placer que producen los actos piadosos.

De igual modo, Thomas Jefferson defiende el dios del deismo cristiano de la Iglesia Unitaria (que tampoco interviene en la naturaleza, sino que permanece en perfecto gozo imperturbable) de lo que el denominó “le herejía del inmaterialismo” de los cristianos tradicionales. A veces da la impresión que Jefferson sincretiza este Dios puramente inmanente, naturalista y cristiano-epicúreo con la Naturaleza misma y parece adoptar un tipo de panteísmo. Hay cierto mérito en esta postura. Tanto el maestro Jesús como Epicuro usaron enseñanzas derivadas de observar la naturaleza para tratar terapéuticamente los miedos existenciales mas universales: en los evangelios, Jesús dice que el mismo Dios que se entretiene con alimentar a diario a las aves no dejaría hambrientos a sus hijos ni los abandonaría. En Epicuro, es mas bien la Naturaleza, por medio de la selección natural, la que nos ha dado (a nosotros y a las aves) exactamente los instintos y medios necesarios para sobrevivir en nuestro medio ambiente. En ambos casos, la intención es la misma que enseñan las Cuatro Curas epicúreas.

Es solo en tiempos modernos que la postura atea se ha vuelto prominente entre los epicúreos y se ha abandonado la necesidad de sincretizar a la Naturaleza con la deidad.

3. Aparte de esta consolación para la muerte enraizada en el concepto hedonista basado en las sensaciones que solo podemos sentir mientras vivimos, existen otras consolaciones en nuestra tradición para la muerte en la obra de Lucrecio Sobre la naturaleza de las cosas. El argumento de la simetría compara el tiempo luego de la muerte con el tiempo antes de nacer, del cual nada sabemos. Debido a que nada recordamos de este tiempo, no hace sentido perder la paz preocupándonos por la vida venidera. El argumento del sueño compara la muerte con el sueño, durante el cual estamos inconcientes, excepto que es interminable. Tampoco hace sentido perder la paz por miedo a dormir.

4. La meta del calculo hedónico es el placer neto. El epicúreo es un buscador racional de la felicidad. Ama la vida y el placer y no es fanático de la abnegación ni del sacrificio. Solo se sacrifica cuando estima que de sus esfuerzos surgen beneficios para el y para sus seres queridos que incrementan, a largo plazo, la felicidad. Nuestra tradición al final siempre afirma la vida y las cosas que hacen que valga la pena vivir.

5. La intención de este pasaje es evitar que se confunda el hedonismo racional con corrupción o con lujo, aunque el lujo si viene se debe disfrutar. La intención no es proponer una vida de ascetismo ni una vida impráctica como un monge en contemplación, como pretenden hacer ver a veces (de modo bien intencionado, pero equivocado) algunos intérpretes estoicos. Epicuro abogaba por la moderación y criticaba tanto los excesos de la corrupción como los excesos de la vida simple y frugal, ya que ambos producen perturbaciones.

6. “El sabio se ríe” podría ser una alusión al padre del atomismo y de la ciencia moderna Demócrito, quien fue maestro de Nausífanes, quien fue maestro de Epicuro. Era llamado el filósofo risueño porque siempre se estaba riendo de las locuras de los hombres, y por lo tanto es el iniciador del linaje de los filósofos risueños, que son sabios de temperamento científico que critican y se mofan las autoridades tradicionales y la superstición común.

7. Los epicúreos eran acérrimos críticos de la doctrina del determinismo que adoptaron los estoicos y los atomistas pre-epicúreos. Esta doctrina negaba la autonomía y libertad del hombre y la mujer, haciendo del ser humano una marioneta de la naturaleza. En términos prácticos, hizo que muchos filósofos estoicos, platonistas y de otras tradiciones se refugiaran con frecuencia en los oráculos, la astrología y otras formas de superstición degradante y que abandonaran responsabilidad por sus destinos, elecciones y omisiones, aceptando la abnegación y resignación como virtudes y consolaciones legítimas superiores a la autonomía, genio y creatividad humanos.

Versión de Epítome: Escrituras Epicúreas

Epístola a Meneceo: Un Encuentro con Epicuro, por Julián Melladocropped-soe_sm-1.png

Videos y Podcasts educacionales

Entrevista con Hiram Crespo y Alexander Ríos de la Sociedad de Amigos de Epicuro:

Podcast Ateorizar dedicó un episodio a Epicuro de Samos con la participación de Hiram Crespo, de la Sociedad de Amigos de Epicuro. Dele click hacia el final de la página para escuchar el podcast.

Introducción de Filosofía desde el palomar:

Epicuro | Por Darío Sztajnszrajber

Textos de Epicuro, leídos:

De Nicolás Zavadivker (véalo en youtube y en academia.edu):

“Epicuro y la felicidad”, parte de una serie de Alain de Botton con subtítulos en castellano.

Ex-presidente de Uruguay, Pepe Mujica, menciona a Epicuro en un sermón anti-consumerista ante las naciones en Río de Janeiro:

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