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Michel Onfray y la contra-historia de la filosofía

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Este comentario y revisión se basa en el libro Las sabidurías de la antigüedad: Contrahistoria de la filosofía, del filósofo francés Michel Onfray. Onfray es el fundador de la Université Populaire de Caen y es uno de los intelectuales públicos más prominentes de Francia en la actualidad.

Después de presenciar el surgimiento de la ideología derechista de Le Pen (y la decadencia intelectual que la llevó), Onfray consideró que la República Francesa necesitaba invertir en la formación de nuevos intelectuales. Al sentir que el mundo académico había fracasado al dar demasiada importancia inmerecida a Platón y los idealistas, y demasiada poca a Epicuro y los materialistas, se propuso argumentar que Occidente necesita una “contra-historia de la filosofía” desde la perspectiva de los “amigos de Epicuro y los enemigos de Platón”.

Historiografía como guerra

En nuestra discusión de la filosofía de Nietzsche, mencioné (y critiqué) algunos puntos de vista nietzscheanos que han tenido gran influencia en Onfray y sirven, en gran medida, como presuposiciones:

Para Nietzsche, la verdad y la realidad son invento de alguien que, en el proceso de postular una narrativa de la realidad, está actuando y ejerciendo poder sobre la realidad, creando la realidad.

… No hay hechos, sólo interpretación.

La influencia de Nietzsche en Onfray también se exploró en su argumento de que hay una ideología nietzscheana de izquierda, una forma de filosofar que es nietzscheana “en la medida en que toma a Nietzsche como punto de partida“.

Debemos comenzar con la influencia nietzscheana de Onfray, porque Onfray (al igual que Nietzsche) reconoce que narrativa equivale a poder y declara que estamos en guerra. Es una guerra de ideas e ideologías, una guerra entre materialistas e idealistas, entre atomistas y teólogos, entre creacionistas y científicos. Dos cosmologías (en sus muchas variedades) que no se pueden reconciliar han estado en guerra durante milenios. Podemos pensarlas como las “guerras culturales” de hoy. Este es el tema de la contra-historia de Onfray, y enmarca su manera de practicar la filosofía.

Onfray dice que la escritura de la historia es en sí misma un acto de guerra, que es ideológica y que hay una estrategia, una serie de objetivos y una variedad de métodos de escribir historia que demuestran las maneras en que se pelea la batalla intelectual. A veces la guerra se libra imponiendo invisibilidad y silencio a otros; Otras veces es acentuando esta o aquella evidencia.

Onfray comienza con el mismo Platón, que nunca menciona directamente a Demócrito, aunque toda su filosofía es una máquina de guerra contra Demócrito. La táctica de Platón aquí es ignorar, omitir, silenciar al enemigo, para disminuir y despreciar su valor. En un pasaje que habla de Aristoxeno, Onfray narra cómo Platón insinuó una vez que las obras de Demócrito debían ser quemadas, pero dos pitagóricos lo persuadieron a no quemarlas. En todo momento, Onfray acusa a Platón de participar conscientemente en una batalla ideológica, problema que se agrava por el hecho de que en la historia “oficial” de la filosofía no se han hecho suficientes intentos para encontrar la voz real de sus oponentes.

El mundo académico ha adoptado la narrativa platónica y ha delegado a Demócrito en los libros de historia al status de “pre-socrático”, lo cual trivializa su logro intelectual como inventor del atomismo, a pesar de que Demócrito vivió al mismo tiempo que Sócrates. Demócrito nació en 460, Sócrates en el 470.

Quizá sea mas fácil para los historiadores encajar hechos y personas en categorías simplistas, pero el mito de los “tres filósofos clásicos” (Sócrates, Platón y Aristóteles) ha sido perpetuado ad nauseam por los académicos, y ha atribuido una cantidad injusta de importancia a estos tres, para el detrimento de todos los demás.

Onfray comienza su contrahistoria rectificando esto: Demócrito, el inventor (junto con Leucipo) del atomismo y el primero de los “filósofos risueños“, no es un pre-socrático. Demócrito es el primer anti-platónico, activo al mismo tiempo que Platón. Demócrito y Platón comienzan dos linajes filosóficos separados. La contra-historia de la filosofía nos da la narración del “otro” linaje.

Platón conocía a Aristipo, el fundador de la doctrina hedonista, y estaba familiarizado con él y sus opiniones. Prueba de ello es que menciona directamente a Aristipo cuando reprocha su ausencia en el funeral de Sócrates (muy selectiva su memoria, ¿no?). Pero en lugar de usar a Aristipo como portavoz del hedonismo, utilizó el personaje (fictício) de Filebo, que es simplemente una figura literaria usada para encarnar el placer en uno de sus “diálogos”. Platón no permite a Filebo hablar o defenderse adecuadamente. Platón también exhibe mala voluntad cuando exagera y caricaturiza a su oponente hedonista y luego, al final, hace al personaje salir corriendo tras un muchacho guapo.

¿Por qué elegir un personaje de ficción para hablar de una filosofía que tiene verdaderos defensores con doctrinas reales y coherentes? Aquí, de nuevo, la máquina de guerra de Platón omite, silencia, ignora a su oponente, como si esto demostrara la validez de los argumentos de Platón. Se nos recuerda cómo el Sócrates que conocemos es solo el Sócrates de Platón: nunca se oye hablar del Sócrates que inspiró a los cínicos, a los hedonistas o a cualquiera de los otros linajes filosóficos que lo reclaman como ancestro intelectual.

En vista del conflicto de ideas que ha tenido lugar a través de la historia, Onfray sostiene que el Monte Vesubio protegió los rollos de Herculano de la furia y el fanatismo cristianos; Que si la erupción de 79 EC no hubiera carbonizado los papiros, nunca habríamos tenido acceso a la mayoría de las obras en la villa de Filodemo.

Dando golpes por Epicuro

En su exposición de un fraude religioso, el satirista epicúreo Luciano de Samosata incluyó un pasaje revelador acerca de “dar golpes por Epicuro”, lo cual demuestra que los epicúreos, tanto antiguos como modernos, siempre nos hemos visto como emprendiendo una batalla intelectual:

… estaba más interesado (una preferencia que usted va a estar lejos de resentir) en dar un golpe por Epicuro, ese gran hombre cuya santidad y divinidad de naturaleza no eran impostoras, el único que tenía e impartió una verdadera idea de lo bueno y que trajo la liberación de todos los que se juntaron con él.

Este pasaje da testimonio del hecho de que en el siglo II AEC, Luciano se consideraba a si mismo involucrado en una pelea a través del uso de la comedia y la literatura. Los epicúreos contemporáneos sostienen generalmente que la ÚNICA manera de entender a Epicuro en profundidad es entendiendo lo fuertemente anti-Platón que era: algunos incluso han argumentado que todo su sistema de filosofía puede ser entendido principalmente como una refutación detallada, punto por punto, de Platón, que sustituyó a la naturaleza por las ideas. Las ideas están bien, solo que no son verdaderas “cosas” que existen por sí solas–sin la materia–en el éter, o la plétora, o como quiera que las supersticiones platónicas quieran llamar el reino ideal.

La expulsión de Epicuro de Mitilene bajo la amenaza de ser acusado ​​de blasfemia por parte de los platónicos que habían asumido el control del gimnasio, es otro incidente histórico pivotal que por lo general escapa al escrutinio de los historiadores–incluso del mismo Onfray. Sabemos por las fuentes que sucedió durante una temporada difícil para viajar por mar y que su nave se volcó y casi perdió la vida. Sabemos que esto hizo a Epicuro ser mas cuidadoso, y que después de esto evitó predicar su filosofía en el ágora, prefiriendo la intimidad de su Jardín. Pero, ¿por qué los platónicos estaban tan ofendidos por la idea de que las cosas estuvieran hechas de átomos, o por la creencia de que la vida debería ser agradable? ¿Qué argumentos y discusiones podemos especular que tuvieron con Epicuro antes de la expulsión?

Los intentos de responder a estas preguntas pueden ayudar a revelar muchos temas importantes de controversia, incluyendo la apasionada indignación de los epicúreos con la superstición y con la interminable, inútil e irrelevante especulación de los otros filósofos. Esto merece su propia serie de “diálogos” imaginarios.

Conciliación con la naturaleza

En cuanto a cómo filosofan los materialistas e idealistas, los dos linajes son difíciles o imposibles de reconciliar: filosofamos desde el cuerpo, valoramos los sentidos, la observación, los instintos y las facultades, el placer y la aversión. Valoramos las emociones: Filodemo trata la ira como una fuente de informacón importante y dice que puede ser racional y natural, mientras que los platónicos han llevado a cabo la mas completa desnaturalización y descontextualización de la moralidad y la filosofía. Inventaron una división antinatural entre el cuerpo y la mente para devaluar el cuerpo y elevar el “espíritu” imaginario e incorpóreo. Esto fue fácilmente desmantelado por Epicuro cuando reintegró la psique dentro del cuerpo.

Onfray llama al platonismo “la gran neurosis en el centro de la civilización occidental”. No es sólo nuestra felicidad la que sufre como resultado de ello. Hay MUCHO más en juego, incluyendo nuestra conexión con la realidad. Epicuro sigue siendo importante y pertinente hoy porque todo su sistema no sólo es coherente, sino también totalmente basado en el estudio de la naturaleza.

El individuo contra el polis

Siguiendo la lógica de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, Onfray junta a muchos intelectuales de diversas tradiciones, a quienes él ve como en guerra contra Platón. Al hacerlo, admito que la comparación de los hedonistas con los cínicos parece un poco forzada a veces. Pero sí observa la tensión que existe entre la naturaleza (fisos, cuerpo) y la ley (nomos), entre el individuo (y su libertad) y la polis (y su cultura), como hilo conductor de las guerras culturales.

Las Cuatro Curas son una invención de Filodemo, a la que Onfray ofrece una alternativa que incluye lo que él llama un “ateísmo tranquilo”. Al hablar de la parábola lucreciana de la fortaleza de los sabios (que es una hermosa defensa de la ética individualista como distinta de las vulgaridades de las masas), Onfray declara:

El hedonismo no requiere egoísmo, ni una alegría maligna (al ver el sufrimiento de los demás), sino la construcción de uno mismo como una ciudadela, una fortaleza inexpugnable.

Que el epicúreo elige ser un individuo y concentrarse en su propio auto-cultivo no debe entenderse como que obedece algún mandamiento de ser apolítico. Onfray afirma que, mientras Filodemo rechaza la autocracia de los tiranos y la democracia de las masas vulgares, prefiere un rey bajo la influencia de la filosofía. La fuente de esto no está clara, pero esto no debe impedirnos formar nuestros propios ideales para el tipo de gobierno que conduce más fácilmente a una vida de placer, de autarquía y de ataraxia para sus individuos, como seguramente el epicúreo Thomas Jefferson hizo cuando escribió las palabras “búsqueda de la felicidad” en la Declaración de Independencia.

Tal vez un “rey ideal” contemporáneo podría ser mejor encarnado por el ex-presidente de Uruguay José Mujica, quien mencionó específicamente a Epicuro mientras hablaba a la comunidad de naciones, y posteriormente fue celebrado en el simposio anual de filosofía epicúrea en Atenas. Mujica es conocido por su política izquierdista-libertaria moderada, por su autenticidad y vida sencilla a pesar de ganar un salario presidencial, por su ateísmo declarado, y su llamado a todos los latinoamericanos y occidentales a repensar los valores heredados (sobre todo el consumismo) ya que “el cristianismo nos ha fallado”, dice.

Mujica, un líder que es adorado por la gente de América Latina y el mundo, es muy consciente de la importancia de disciplinar nuestros deseos y de los peligros que plantea el neoliberalismo y el modelo capitalista que requiere de un crecimiento constante, prefiriendo un modelo sostenible de capitalismo. Bajo su liderazgo, Uruguay se ha convertido en la nación más próspera de América Latina. Goza de políticas sociales liberales, una alta calidad de vida, y una tasa de pobreza por debajo del 2%.

La Casa de Pisón

Filodemo no sólo cuestionó el estereotipo de los epicúreos como apolíticos: desarrolló la tradición epicúrea de otras maneras y desafió el estereotipo de los epicúreos como minimalistas que viven frugalmente. Filodemo enseñó filosofía a romanos ricos, incluyendo el propio suegro del César. Con él, la tradición epicúrea demostró (consistente con su propia enseñanza) que estaba dispuesta a aceptar los lujos cuando no había desventajas derivadas de su disfrute. Esta es una filosofía para hombres y mujeres de todas las clases sociales.

La Casa de Pisón no era el jardín austero de los fundadores originales. Junto con su biblioteca y vida cultural, se parecía más a un gran templo de placer refinado. La villa en Herculano tiene vistas al mar Mediterráneo y fue una fortaleza de refinamiento, cultura y lujo. Para echar un vistazo a la vibrante vida cultural contenida en sus paredes podríamos estudiar la Epístola de Horacio a la Casa de Pisón.

Algunos puntos de interés de la contra-historia

El libro de Michel Onfray está salpicado de referencias de interés para el estudiante de la filosofía epicúrea. Entre algunos de los puntos de trivia:

• La biblioteca de Filodemo fue re-descubierta el 19 de octubre de 1752
• Timón fue el primero en asociar a los epicúreos con el cerdo
• Aunque muchos han argumentado que De Rerum Natura es una obra incompleta, observadores agudos notarán que Lucrecio comienza De Rerum Natura con la palabra “madre” y lo termina con la palabra “cadáver”
• El nombre de Epicuro significa “socorro” o “asistencia”, específicamente “ayuda en tiempos de guerra”
• Antífono de Atenas fue precursor del psicoanálisis y el primero en proponer que la filosofía cura el alma a través de las palabras. Esto sería posteriormente parafraseado por Filodemo. Fue muy persuasivo, inventó la filosofía terapéutica y escribió una obra titulada “El arte de combatir la tristeza”
• Se cree que Mecenas, el rico patrón de las artes cuyo nombre se convirtió en sinónimo de filantropía humanista, fue epicúreo

Epístola de Epicuro a Herodoto

La siguiente epístola fue escrita por Epicuro para uno de sus pupilos a modo de introducción completa a su sistema filosófico para uso educacional. Futuras generaciones luego celebraron esta obra con tanto respeto que es considerada el Pequeño Epítome y debe ser estudiada sistemáticamente antes de estudiar el Gran Epítome. Contiene explicaciones del atomismo, de la importancia de razonar en base a la evidencia, de la doctrina de los mundos innumerables, de la importancia de encontrar muchas causas naturales a los fenómenos y otros asuntos.

Sección 1. La verdad sólo puede establecerse mediante el estudio de la evidencia que la naturaleza nos proporciona y la organización de esa evidencia en nuestras mentes1.

1. Epicuro a Herodoto, deseando que esté bien.

2. Muchos de los estudiantes que se dedican al estudio de la naturaleza no pueden, Herodoto, elaborar en detalle todos los muchos volúmenes que he escrito sobre el tema. 3. Para estos estudiantes, ya he preparado un largo resumen de todo el sistema, para que tengan en cuenta los principios más generales y la comprensión de los puntos más importantes.

4. Incluso aquellos que han hecho considerable progreso en la comprensión de los principios fundamentales deben tener en cuenta un esquema de los elementos esenciales de todo el sistema, 5. ya que a menudo tenemos necesidad del entendimiento en general, pero con menos frecuencia necesitamos los detalles. 6. Y es necesario centrarse en los principios fundamentales y memorizarlos firmemente si vamos a ganar la comprensión más esencial de la verdad2. 7. Esto se debe a que un conocimiento exacto de los detalles se puede obtener sólo si los principios generales en los distintos departamentos se comprenden a fondo. 8. Incluso para aquellos que están bien educados, la característica más esencial de todo conocimiento preciso es la capacidad de hacer uso rápido de ese conocimiento, y esto sólo se puede hacer si los datos se resumen en sus principios y fórmulas elementales.

9. Porque no es posible comprender el curso completo a través de todo el sistema a menos que uno pueda captar en la propia mente las fórmulas breves que establecen los principios que controlan los detalles.

10. Dado que este método que he descrito es esencial para la adecuada investigación de la naturaleza, y ya que yo mismo insto a otros a estudiar la naturaleza constantemente y encuentro mi propia tranquilidad sobre todo en una vida dedicada a ese estudio, he compuesto para usted un resumen corto de los principios de toda la doctrina, el cual ahora le relataré.

11. Pero en primer lugar, Herodoto, antes de comenzar la investigación de nuestras opiniones, hay que captar firmemente las ideas que se adjuntan a nuestras palabras de modo que podamos referirnos a ellas a medida que avancemos. 12. A menos que tengamos una firme comprensión del significado de cada palabra, dejamos todo incierto, y llegaremos hasta el infinito usando palabras vacías que carecen de significado3. 13. Por lo tanto, es esencial que nos basemos en la primera imagen mental asociada a cada palabra, sin necesidad de explicación, si queremos tener un estándar firme al que referirnos a medida que avanzamos en nuestro estudio.

14. Por encima de todo, debemos mantener nuestras investigaciones estrictamente de acuerdo con la evidencia de los sentidos. 15. Debemos asegurarnos de mantener nuestras conclusiones consistentes con las cosas que ya hemos establecido claramente a través de nuestras sensaciones, de nuestros sentimientos de dolor y placer, y de las aprensiones mentales que recibimos a través de anticipaciones. 16. Siempre debemos tomar como verdad las cosas que ya han sido claramente establecidas y referirnos a ellos como bases para nuestros nuevos juicios4. 17. Este es el método que empleamos en la investigación de todas las nuevas preguntas, independientemente de que el objeto de la pregunta pueda ser percibido directamente por los sentidos o de que sólo pueda ser entendido por el razonamiento en base a lo que ya se ha percibido.

Sección 2. La evidencia que la naturaleza coloca claramente ante nosotros revela que el universo es eterno y opera según principios naturales.

18. Siempre debemos primero determinar con claridad las cosas que son perceptibles a los sentidos, y cuando nos volvemos a los asuntos más allá del alcance de los sentidos, hay que juzgarlos por lo que ya hemos comprendido como verdadero. 19. Utilizamos este proceso para llegar a varias conclusiones de especial importancia:

20. En primer lugar, nada puede ser creado a partir de lo que no existe. 21. Llegamos a la conclusión que esto es cierto, porque si las cosas pudieran ser creadas a partir de lo que no existe, veríamos todas las cosas siendo creadas de todo sin necesidad de semillas, y nuestra experiencia nos demuestra que esto no es cierto5.

22. En segundo lugar, nada es completamente destruido por medio de la no existencia. 23. Concluimos esto porque si las cosas que se disuelven de nuestra vista completamente dejaron de existir, todas las cosas habrían perecido a la nada hace mucho tiempo6. 24. Si todas las cosas se hubieran disuelto a la no existencia, nada existiría para la creación de cosas nuevas, y ya hemos visto que nada puede venir de lo que no existe.

25. En tercer lugar, el universo en su conjunto ha sido siempre como es ahora y siempre será el mismo. 26. Concluimos este porque el universo en su conjunto es todo lo que existe y no hay nada fuera del universo en lo que pueda transformarse, o que pueda entrar en el universo desde fuera de el para lograr un cambio.

27. En cuarto lugar, no existe nada en el universo excepto cuerpos y espacio. 28. Llegamos a la conclusión de que los cuerpos existen ya que es la experiencia de todos los hombres, a través de nuestros sentidos, que los cuerpos existen. 29. Como ya he dicho, debemos juzgar necesariamente todas las cosas, incluso aquellas cosas que los sentidos no pueden percibir, con razonamiento que esté totalmente de acuerdo con la evidencia que los sentidos perciben. 30. Y llegamos a la conclusión de que existe espacio porque, si no existiera, los cuerpos no tendrían donde existir ni a través de donde moverse, y vemos que los cuerpos se mueven. 31. Además de estos dos, los cuerpos y el espacio, y las propiedades que son incidentales a combinaciones de cuerpos y espacio, nada más en absoluto existe, ni hay evidencia en base a la cual se pueda especular que exista otra cosa que no tenga su fundamento en los cuerpos y el espacio.

32. En quinto lugar, los cuerpos que hemos descrito son o bien partículas finales o compuestos de esas partículas. 33. Y llegamos a la conclusión de que estas partículas deben ser indivisibles e inalterables porque si no fuera así, todas las cosas se hubieran desintegrado en lo que no existe7. 34. Pero vemos que restos permanentes queda atrás cuando se disuelven todos los compuestos. 35. Estas partículas deben ser completamente sólidas e indivisibles, con el fin de constituir los primeros inicios del universo.

36. En sexto lugar, el universo en su conjunto no tiene límites. 37. Concluimos esto porque todo lo que está delimitado tiene un punto extremo y este punto extremo puede ser visto en relieve contra otra cosa. 38. Pero el universo, como un todo, no puede tener un punto extremo y por lo tanto puede no tener límite. 39. No puede haber nada fuera del término que utilizamos para todo lo que existe, por lo que hay que concluir que el universo, en su conjunto, no tiene límite y es infinito.

40. En séptimo lugar, el universo es infinito tanto en el número de cuerpos como en la cantidad de espacio vacío. 41. Concluimos esto porque, si el espacio vacío fuera infinito pero el número de cuerpos fuera limitado, los cuerpos serían llevados y estarían dispersos a través del vacío infinito, sin otros cuerpos para apoyarlos y mantenerlos en su lugar. 42. Por otro lado, si el espacio se limita, pero el número de cuerpos fuera infinito, los cuerpos llenarían el universo y no existiría espacio para los cuerpos moverse o tomar su propio lugar.

43. En octavo lugar, las partículas del universo tienen una cantidad de formas innumerable, pero no infinita. 44. Concluimos este porque no es posible que las grandes variedades de cosas que vemos surjan de partículas con sólo unas pocas formas. 45. Por otro lado, aunque el número de formas está más allá de nuestra capacidad de contar, el número de formas no es infinito. 46. Concluimos esto porque vemos que aunque es mucha la variedad de las formas, no es infinita.

47. En noveno lugar, las partículas del universo están en continuo movimiento por toda la eternidad. 48. Algunos viajan largas distancias, mientras que otras rebotan en sus movimientos, ya que están entrelazadas con otras alrededor de ellas. 49. Concluimos esto ya que el espacio alrededor de las partículas no les ofrece ninguna resistencia. 50. Por otra parte, las partículas son sólidas, por lo que se resisten unas a las otras y después de chocar, deben retroceder a la distancia que permita su trayectoria entrelazada.

51. En décimo lugar, los movimientos de las partículas últimas no tienen punto de comienzo en el tiempo. 52. Concluimos esto porque las partículas y el espacio han existido desde la eternidad, ya que nada puede ser, o ha sido alguna vez, creado de la nada.

Sección 3. La evidencia que la naturaleza coloca a cierta distancia de nosotros requiere la consideración de cómo las partículas se mueven y la posibilidad de error.

53. Y ahora, firmes sobre la verdad de lo que hemos probado hasta ahora y siempre teniendo en cuenta lo que ya se ha demostrado como una prueba de nuestras próximas conclusiones, consideremos el movimiento de las partículas elementales.

54. En primer lugar, existe un número infinito de mundos en el universo, algunos de los cuales son como este mundo y algunos de los cuales son diferentes al nuestro8. 55. Concluimos esto porque las partículas últimas son infinitas en número, como ya fue demostrado. 56. No importa lo lejos que se muevan en el espacio, no es posible que el número de partículas se ha gastado del todo en la formación de cierto número de mundos. 57. Por lo tanto no hay ningún obstáculo para la existencia de un número infinito de planetas, y llegamos a la conclusión de que hay innumerables mundos en el universo incluyendo aquellos que, como el nuestro, contienen seres vivientes9.

58. En segundo lugar, es la naturaleza de todos los cuerpos, ya que se han formado por la unión de partículas, que esos mismos cuerpos también emitan partículas. 59. Estas partículas son emitidas en la forma de los objetos de los que proceden y así las llamamos “imágenes”. 60. Estas imágenes son demasiado finas como para ser perceptibles en sí mismas, pero la evidencia apoya la conclusión de que existen y que a medida que se mueven preservan, en cierto grado, las respectivas posiciones que tenían en los cuerpos sólidos de los que proceden.10

61. En tercer lugar, estas imágenes se mueven a una velocidad insuperable. 62. Concluimos esto porque el movimiento de todas las partículas es uniforme en velocidad, y para una sustancia tan fina como las imágenes hay pocas colisiones para impedir su progreso, como sería el caso si su cantidad fuera mayor. 63. Una vez más nuestra conclusión es coherente con nuestros principios fundamentales y no hay evidencia que contradiga la conclusión de que estas imágenes son increíblemente finas.

64. En cuarto lugar, la creación de imágenes sucede instantáneamente, tan rápido como nuestros propios pensamientos. 65. Ya que el flujo de partículas que salen de la superficie de los cuerpos parece ser continua, sin embargo no podemos detectar ninguna disminución en el tamaño del objeto, porque lo que se pierde se vuelve a llenar constantemente. 66. Este flujo continuo de imágenes conserva durante un tiempo la posición y el orden de las partículas tal como existían en el cuerpo sólido, pero a medida que viajan más allá de las imágenes, finalmente, llegan a distorsionarse11.

67. En quinto lugar, las imágenes a veces se pueden formar en el aire sin haber originado en un cuerpo sólido. 68. Concluimos esto porque nuestros sentidos proporcionan una clara evidencia de que este tipo de imágenes se forman bajo ciertas condiciones. 69. Como siempre, llegamos a esta conclusión en base a la evidencia de nuestros sentidos, que nos permite juzgar la continuidad del flujo de todas las partículas que observamos, y nos encontramos con que no hay nada en esta conclusión que contradiga las sensaciones o nuestros primeros principios.

Sección 4. Juzgue cosas que son obscuras clasificando como verdad sólo lo que es claro.12

70. Aquí vamos a dar un paso atrás por un momento. 71. Llegamos a la conclusión, por la experiencia, de que cuando las partículas que se originan en otros cuerpos como imágenes chocan con nosotros, percibimos las formas de estas otras entidades en nuestras mentes. 72. Y llegamos a la conclusión de que deben existir las imágenes, pues no podríamos percibir el color o la forma de los objetos externos por medio del aire que se encuentra entre nosotros y ellos, o por medio de imágenes o partículas de cualquier tipo que pasan de nosotros a ellos.

73. Debemos concluir que las impresiones que percibimos en nuestra mente surgen de estas imágenes, que son similares en color y forma a los objetos que han dejado. 74. Y estas imágenes se mueven rápidamente, emitidas continuamente por la vibración de las partículas del cuerpo sólido del que proceden. 75. Y a partir de esas imágenes que nos llegan, nuestras mentes reproducen una visión de una sola cosa continua, preservando la correspondiente secuencia de cualidades y movimientos del objeto original. 76. Este es el caso en cada acto de aprehensión de la mente o de cualquier órgano sensorial. 77. Nuestro acto de percepción consiste en percibir la forma y otras propiedades transmitidas a nosotros por la imagen.

78. Comprender este proceso nos permite darnos cuenta del origen de la falsedad y la incomprensión. 79. Pues sólo percibimos lo que las imágenes nos transmiten, pero nuestras mentes al razonar agregan opinión a lo que se recibe, la cual no siempre se confirma. 80. A veces las imágenes adicionales no confirman nuestra opinión, o de hecho pueden contradecirla.

81. Por lo tanto, siempre hay que entender que las imágenes mentales que percibimos mientras dormimos o por medio de cualquier actividad de nuestros órganos de los sentidos, pueden ser infieles a los hechos. 82. No hay que etiquetar un asunto como verdadero y real hasta que sea confirmado en el tiempo mediante la observación repetida.

83. De modo que el error no existiría si nuestras mentes al razonar no añadieran opinión a las cosas que nuestros órganos de los sentidos perciben13. 84. Ya que el error se produce cuando se origina un movimiento dentro de nuestras mentes que, aunque vinculado al objeto, se diferencia de él de una manera que no se confirma o se contradice, otra observación del mismo objeto.

85. Comprender este proceso es importante porque siempre debemos esforzarnos por preservar nuestro estándar de juicio, y para ello debemos darnos cuenta de que nuestro juicio depende de una visión clara. 86. Nunca debemos permitir que nuestra determinación de depender de la visión clara se vea socavada. 87. Si siempre establecemos nuestros juicios sobre la visión clara, ningún error puede llegar a establecerse tan firmemente como la verdad, pero si seguimos opiniones que no se basan en una visión clara, todo será lanzado a la confusión.

88. Revisemos este proceso a la audición, que se produce cuando un flujo de partículas14 se realiza fuera de un objeto que hace ruido. 89. Este flujo de partículas, cada una reflejando el conjunto, conserva durante un tiempo una correspondencia de las cualidades una con otra que se remonta al objeto que emite el sonido. 90. Es esta correspondencia la que produce conciencia o comprensión en el receptor.

91. Si no se produce esta transferencia de la correspondencia de las cualidades del objeto, no tendríamos los medios para comprender el sonido. 92. Por lo tanto, no hay que suponer que el aire se moldea en una forma por la voz que está hablando. 93. Es más bien el caso de que, cuando hablamos, emitimos partículas, lo que produce un flujo de tal carácter que nos permite la sensación de audiencia.

94. El mismo proceso opera en relación con el sentido del olfato. 95. No seríamos capaces de oler un objeto, a menos que deseche partículas de tamaño adecuado, que luego afectan nuestras narices en formas que son a veces ordenadas y a veces desordenadas.

Sección 5. Conforme sus juicios a las propiedades eternas de las partículas, pero recuerde que las propiedades no existen por separado.

96. Ahora vamos a discutir las partículas que componen las imágenes y todos los demás cuerpos.

97. Recordemos, de nuestros primeros principios, que las partículas últimas no poseen ninguna de las cualidades de las cosas perceptibles, excepto el peso, tamaño, forma, y ​​esas cosas que necesariamente van con la forma. 98. Porque mientras se ve que las cualidades de las cosas que son perceptibles para nosotros cambian, las partículas elementales no cambian en absoluto, ya que debe haber algo que permanece eternamente igual. 99. Estas últimas partículas pueden causar cambios en los cuerpos que forman por las posiciones y combinaciones de desplazamiento, pero ellas mismas no pueden ser a su vez modificadas, creadas o destruidas. 100. Esto lo vemos en el hecho de que las cosas que son perceptibles para nosotros, y que disminuyen ante nuestros ojos, sin embargo, conservan una forma de algún tipo mientras son perceptibles, incluso cuando cambian todas las demás cualidades del objeto. 101. Son estas últimas partículas, que se quedan atrás cuando un objeto se erosiona, que dan cuenta de las diferencias en los cuerpos compuestos y que nunca se destruyen hasta llegar a ser inexistentes.

102. Y les recuerdo de otro principio. 103. Llegamos a la conclusión de que pueden existir partículas finales en muchas variaciones de tamaño, ya que esto es consistente con lo que percibimos en nuestras sensaciones. 104. Sin embargo, no debemos suponer que pueden existir partículas finales en todos los tamaños posibles en absoluto. 105. Esto se debe a que no hay partículas tan grandes como para ser vistas con nuestros ojos, y de hecho, no sería posible concebir una partícula visible.

106. Por lo tanto hemos establecido que las partículas finales puede ser sólo tan grandes, y no más. 107. Pero es igualmente importante observar que las partículas finales sólo pueden ser tan pequeñas, y no menores. 108. Concluimos esto porque no hay que suponer que un cuerpo de tamaño finito puede estar compuesto de un número infinito de partes. 109. Hay que descartar la idea de que una cosa se pueda dividir en partes cada vez más pequeñas hasta el infinito, porque si ese fuera el caso, todas las cosas serían débiles y finalmente erosionan en la no-existencia.

110. Si tuviéramos que decir que hay una infinidad de piezas pequeñas en un cuerpo, ¿cómo pudo ese cuerpo ser de tamaño limitado, pues es obvio que estas infinitas partículas deben ser de cierto tamaño u otro? 111. Por mas pequeñas que especulemos que sean esas partículas, el tamaño de un cuerpo compuesto de un número infinito de partículas también sería infinito.

112. También observamos que cada cuerpo finito tiene un punto extremo que es distinguible, aunque las últimas partículas que lo componen no son distinguibles. 113. Por ello, no concuerda con los hechos suponer que se podía dividir algún objeto en la dirección de su punto extremo un número infinito de veces.

114. También observamos que la partícula más pequeña perceptible a nuestros sentidos no es ni exactamente como la cosa de la que procede, ni es diferente en todos los aspectos, sin embargo, no puede en sí misma ser dividida en partes. 115. Pero cuando tratamos de razonar que podemos extender esta analogía más allá del nivel de la percepción, a las dimensiones aún más pequeñas, es necesario razonar que encontraremos otro punto como el primero. 116. Cuando razonamos sobre estos puntos en sucesión, separando una partícula de otra que aún posee un tamaño de su cuenta, nos encontramos con más de tales partículas en un cuerpo mayor y un menor número de este tipo de partículas en un cuerpo más pequeño, por lo que llegamos a la conclusión de que en algún momento más división debe ser imposible.15.

117. Además, debemos tener en cuenta estos puntos indivisibles como límites, proporcionando en sí mismos unidades primarias por las cuales podemos medir el tamaño de las partículas. 118. Entonces podemos utilizar estas unidades para comparar las partículas más pequeñas y más grandes al razonar acerca de ellas, y al considerarlas sin cambio y sin embargo siempre en movimiento.

119. En lo que respecta a los movimientos de las partículas últimas, no hay que hablar de “arriba” o “abajo” como si nos refiriéramos a altos o bajos absolutos. 120. Es posible proceder infinitamente lejos en cualquier dirección, por lo que nunca vamos a llegar a un punto más alto o más bajo durante el viaje en esa dirección. 121. “Arriba” y “abajo” no son más que términos que se aplican desde el punto de vista de un observador.

122. Y en sus movimientos, las partículas se mueven con la misma velocidad a medida que avanzan a través del espacio, siempre y cuando nada choque con ellas. 123. Las partículas grandes y pesadas no se mueven más rápido que las partículas pequeñas y ligeras, porque lo que percibimos como más rápido o más lento surge sólo porque las partículas en su movimiento chocan con otras partículas.

124. En cuanto a su velocidad, las partículas viajan cada distancia que es perceptible para nosotros en un tiempo inconcebiblemente corto. 125. Es sólo la colisión, o ausencia de colisión, con otras partículas que proporciona para nosotros el aspecto exterior de la lentitud o rapidez.

126. Así que no debe confundirse con la creencia de que, cuando percibimos un cuerpo que se mueve, las partículas de ese cuerpo en movimiento están viajando más rápido que las partículas en un cuerpo que percibimos como inmóvil. 127. Si tenemos en cuenta el constante movimiento a empujones de las partículas, en lugar de la apariencia externa de los cuerpos que componen, entenderemos que la velocidad de los empujones de las partículas sigue siendo igual en ambos cuerpos.

128. Este es un ejemplo de cómo la adición de opinión en nuestro razonamiento nos puede conducir a error. 129. Porque así como las partículas que componen un objeto no comparten el color del objeto tal como lo percibimos, no es correcto suponer que las partículas en el nivel por debajo de nuestra percepción asumen el movimiento del objeto tal como lo percibimos que se mueve.

130. Aquí, de nuevo, al determinar lo que es verdad, debemos restringir nuestras opiniones para ajustarnos a los hechos que hemos captado previamente. 131. Para ello no debe suponerse que los movimientos de un cuerpo, como un todo, son los mismos que los movimientos de sus partículas componentes. 132. La verdad es que las partículas que componen el cuerpo se mueven en una dirección y luego otra dirección después de la colisión, sólo en el tiempo que es apreciable por nuestro pensamiento y no por nuestros sentidos. 133. El movimiento de todo el cuerpo es lo único que es evidente para nosotros y esto no refleja las colisiones internas de sus partículas. 134. Es otro error de opinión que asumamos que el movimiento de las partículas, a velocidades que se pueden entender sólo a través del pensamiento, aparece a nuestros sentidos como movimiento continuo. 135. Debemos recordar, aquí como siempre, la regla de nuestro Canon de la verdad. 136. Sólo cuando se confirma un asunto, después de repetidas observaciones directas de los sentidos y de la aprehensión directa de nuestra mente, podemos considerar que es verdad.

Sección 6. El alma humana está compuesta de partículas eternas que experimentan sensación sólo mientras están unidas con el cuerpo.

137. Ahora tomemos lo que hemos llegado a concluir que es verdad sobre la naturaleza de las partículas elementales y apliquemos estas lecciones a lo que llamamos nuestra alma16.

138. Una vez más, nos referimos a nuestras sensaciones, a nuestros sentimientos de dolor y placer, ya nuestros percepciones mentales a través de las anticipaciones, ya que estas nos proporcionan la única base confiable para la creencia. 139. En base a nuestros principios hasta ahora, y sabiendo que el alma existe, ya que actúa y se actúa sobre ella, se concluye que el alma está compuesta de partículas muy finas, similares al aire mezclado con el calor17, y se distribuye a lo largo de toda la estructura del cuerpo. 140. Estas partículas del alma deben mas finas incluso que el viento, porque vemos que son capaces de proporcionar sensación en toda la estructura del cuerpo. 141. Llegamos a estas conclusiones porque de lo que observamos acerca de las acciones del alma y de sus sentimientos, y sobre la rapidez de sus movimientos, y sobre sus procesos de pensamiento, y sobre lo que observamos que se pierde en el momento de muerte.

142. De estas observaciones, se concluye que el alma posee la principal causa de la sensación. 143. Sin embargo, el alma no podría tener sensación, a menos que estuviese encerrada dentro del cuerpo. 144. Y por el hecho de que encierra el alma, el cuerpo a su vez adquiere una participación en las capacidades del alma. 145. Sin embargo, el cuerpo no adquiere todas las capacidades que posee el alma, y ​​cuando el alma se va del cuerpo, el cuerpo ya no tiene sensación. 146. Y así vemos que el cuerpo nunca posee el poder de la sensación en sí mismo, sino que permite al alma sólo la oportunidad de experimentar la sensación. 147. De esto vemos que el cuerpo y el alma fueron traídos a la existencia al mismo tiempo, y que por medio de los movimientos del alma y de sus interconexiones con el cuerpo, el alma imparte conciencia al cuerpo18.

148. Y vemos también que mientras el alma permanece en el cuerpo, no pierde la sensación, a pesar de que algunas partes del cuerpo se pueden perder. 149. Este es el caso a pesar de que partes del alma estaban encerradas en las partes del cuerpo que han sido removidas. 150. Por otro lado, el resto del cuerpo, a pesar de que puede seguir existiendo, no retiene sensación una vez que ha perdido esa suma de partículas, por pequeña que sea, que se unen para producir el alma.

151. Una vez que se disuelve toda la estructura, sin embargo, el alma se dispersa y ya no tiene el poder de realizar sus movimientos, y por lo tanto no posee sensación tampoco. 152. Es imposible imaginar que el alma pueda experimentar sensación fuera del organismo en el que surgió, y, puesto que sólo es capaz de sus poderes y movimientos.

153. Habiendo observado estas cosas, seguramente debemos entender que la idea general de que el alma es “incorpórea” e independiente del cuerpo, está mal. 154. Pues es imposible concebir nada incorpóreo, excepto el vacío, y el vacío no puede actuar ni se puede actuar sobre el. 155. El único atributo del vacío es que permite que los cuerpos se muevan a través de su espacio.

156. Los que dicen que el alma es incorpórea están hablando en vano, porque el alma no sería capaz de actuar o de que se actúe sobre ella, en ningún respecto, si su única característica fuera la de proporcionar un espacio vacío. 157. Pero vemos que el alma es algo que puede actuar y se puede actuar sobre ella, y como tal, está claramente compuesta de partículas, al igual que todas las demás cosas que existen19.

158. Así que aquí hemos proporcionado los principios a los que podemos referir todos nuestros razonamientos acerca del alma. 159. Así podemos aquí, como en todas las otras cosas, llevar nuestras opiniones en línea con nuestras sensaciones, con nuestros sentimientos de dolor y placer, y con nuestras anticipaciones.

Sección 7. Conforme sus juicios también a las cualidades incidentales de los cuerpos, pero recuerde que las cualidades no existen por separado.

160. Vamos ahora a distinguir las cosas que son propiedades eternas de las partículas de las cosas que son incidentales a la disposición de combinaciones de partículas en los cuerpos en cualquier momento en el tiempo.

161. En lo que se refiere a la forma y el color y el tamaño y peso, y todas las otras cosas que están asociadas con los cuerpos, no debemos suponer que estas cualidades son existencias independientes con sus propias piezas materiales o naturales20. 162. Pero es igualmente erróneo considerar que estas cualidades no tienen existencia en absoluto, o que tienen algún tipo de existencia incorpórea. 163. La verdad es que estas cualidades son características de los cuerpos bajo ciertas condiciones. 164. No son existencias separadas que se han reunido desde el exterior para formar el cuerpo. 165. Es a través de cualidades como éstas que un cuerpo tiene su identidad.

166. Debemos distinguir a las partículas, que tienen propiedades eternas y esenciales, de los cuerpos, que son combinaciones de partículas y vacío y que tienen cualidades que son meramente transitorias mientras están combinados. 167. Estas cualidades temporales las llamamos “incidentales” a los organismos con los que están asociadas. 168. Al igual que con las propiedades permanentes de las partículas, las cualidades incidentales transitorias de los cuerpos no tienen existencias materiales propias ni pueden ser clasificadas como incorpóreas. 169. Cuando nos referimos a algo como de calidad accesoria o incidental, debemos dejar claro que esta cualidad incidental no es esencial para el cuerpo, ni una propiedad permanente del cuerpo, ni algo sin lo cual no podríamos concebir el cuerpo como existente. 170. En cambio, las cualidades accidentales de un cuerpo son el resultado de nuestra aprehensión que acompañan el cuerpo sólo por un tiempo.

171. Aunque esas cualidades que son incidentales no son eternas, o incluso esenciales, no hay que desterrar cuestiones incidentales de nuestras mentes. 172. Las cualidades incidentales en el fondo no tienen una existencia material, ni tampoco existen independientemente de alguna realidad que está más allá de nuestra comprensión. 173. Debemos, en cambio, considerar las cualidades incidentales de los cuerpos como poseedoras exactamente del carácter que nuestras sensaciones revelan que poseen.

174. Por ejemplo, es importante captar firmemente que “el tiempo” ni tiene una existencia material ni existe independientemente aparte de los cuerpos. 175. Tampoco debemos pensar en el “tiempo” como una concepción general, como aquellas concepciones que se forman por el razonamiento en nuestras mentes. 176. A cambio, tenemos que pensar sobre el tiempo haciendo referencia a nuestras intuiciones, nuestras prenociones mentales formadas por las anticipaciones21, y es en este contexto que se habla de un “largo tiempo”, o un “tiempo corto”, aplicando nuestras intuiciones como se hace con otras cualidades incidentales.

177. Al evaluar el tiempo como una cualidad incidental, no hay que buscar a términos que podamos considerar mejores que los que son de uso común y no debemos creer que el tiempo tiene propiedades aparte de ser un incidente de los cuerpos. 178. Debemos evaluar el tiempo solamente de acuerdo con nuestras intuiciones o anticipaciones.

179. Porque en verdad, no necesitamos demostración sino sólo reflexionar, para ver que asociamos tiempo con días y noches y con nuestros sentimientos internos y con nuestro estado de reposo22. 180. Estas percepciones de cualidades incidentales son la raíz de lo que llamamos “tiempo”.

Sección 8. Las cualidades incidentales de los cuerpos no son sobrenaturalmente creadas o gobernadas23, pero tampoco son todas las posibles combinaciones y cualidades de las partículas. Las cualidades incidentales de los cuerpos se rigen por las propiedades eternas de las partículas que las componen.

181. Y ahora, al aplicar nuestros principios al universo una vez más, llegamos a la conclusión de que, desde el cuerpo más pequeño que vemos hasta el mundo en sí, todo se forman a partir de partículas eternas. 182. Algunos cuerpos se reunieron en un momento particular, algunos más rápido y otros más lento, y luego se disolvieron, algunos por una causa y otros por otra causa.

183. Debemos ver también que no todos los mundos se crean con la misma configuración, pero tampoco es cierto que todo tipo de configuración es posible. 184. Los únicos cuerpos y mundos que existen y son posibles, son los que están de acuerdo con las propiedades de las partículas elementales eternas24.

185. Esto significa que en los innumerables mundos que existen, hay criaturas y plantas vivientes, algunas de los cuales son similares y otras diferentes a las nuestras. 186. Y también la evidencia apoya la conclusión de que algunos mundos tienen semillas similares, y otros diferentes, a las semillas que existen en nuestro propio mundo.

187. Y debemos concluir que la naturaleza ha enseñado y obligado a hacer muchas cosas a la naturaleza humana, según las circunstancias25. 188. Sólo más tarde fue que los hombres, por medio del razonamiento, elaboraron lo que antes había sido sugerido por la naturaleza con el fin de hacer más inventos. 189. En algunos asuntos estas invenciones ocurrieron rápidamente, en algunos asuntos lentamente, y en diferentes lugares y tiempos, en mayor o menor grado.

190. Y fue de este mismo modo que el lenguaje se desarrolló, no dando nombres a las cosas deliberadamente, sino por la naturaleza de los hombres, de acuerdo con sus diferentes nacionalidades y sus propias impresiones peculiares, cada uno emitiendo sonidos de acuerdo a sus propios sentimientos e impresiones26. 191. Sólo después, por medio del acuerdo común en cada nación, nombres especiales fueron dados para hacer que los significados fueran menos ambiguos y más fáciles de demostrar. 192. En algunos casos, hombres de una nación trajeron nuevas cosas hasta ahora desconocidas, y se asignaron sonidos, en algunos casos de acuerdo con los dictados de la naturaleza, y en otros casos la elección de los sonidos fue por la razón, de acuerdo con la costumbre imperante.

193. Otra categoría de cualidades incidentales que es de particular importancia es la de los movimientos de los cuerpos celestes27. 194. Estas salidas y puestas y eclipses no deben ser considerados como causados por un ser sobrenatural, que de alguna manera ordena y controla estos movimientos mientras que, al mismo tiempo, experimenta felicidad perfecta e inmortalidad. 195. La ordenación y el control de los fenómenos celestes no es consistentes con la bienaventuranza perfecta. 196. Asuntos como los problemas y la preocupación, la ira y la bondad, se producen sólo cuando hay debilidad y miedo, y dependencia en los demás.

197. De hecho, los cuerpos celestes brillantes no son más que masas de fuego y nunca debemos creer que estas masas poseen divinidad, o que asumen sus movimientos ellos mismos voluntariamente. 198. Debemos preservar el pleno sentido majestuoso de todas nuestras anticipaciones sobre la naturaleza de la divinidad. 199. Por encima de todo, nunca debemos permitirnos entretener opiniones sobre la naturaleza divina que sean inconsistentes con esta majestuosidad, ya que las opiniones que contradicen nuestras anticipaciones claras acerca de la divinidad causan el mayor de los disturbios en las almas de los hombres28.

200. De manera que no hay que atribuir los movimientos celestiales a los dioses. 201. En su lugar, la evidencia nos lleva a concluir que la sucesión regular de salidas y puestas se ha producido debido a las propiedades de estas partículas que se unieron para componer las estrellas cuando primero se formaron.

Sección 9. Las propiedades eternas de las partículas, junto con las cualidades incidentales de los cuerpos, constituyen los principios de la naturaleza que gobiernan todas las cosas. Para vivir feliz, debe estudiar y vivir de acuerdo con estos principios.

202. La función de la ciencia de la naturaleza es descubrir las propiedades y las causas de las cosas que son esenciales para nosotros, ya que nuestra felicidad depende del conocimiento de los asuntos esenciales, como el hecho de que los cuerpos celestes no son divinidades. 203. En estos puntos esenciales no podemos estar satisfechos con múltiples posibilidades, pues debemos descartar todas las teorías de que los movimientos de los cielos son causados por los dioses. 204. Tales teorías son totalmente incompatibles con nuestras anticipaciones de la divinidad, y la mente es completamente capaz de comprender esta verdad con certeza.

205. Pero las cosas tales como salidas y puestas y eclipses son cualidades incidentales, y el conocimiento preciso de la forma en que se producen no es esencial para la felicidad. 206. De hecho, las personas que estudian las salidas y puestas y eclipses lo suficiente como para saber que se producen, pero no lo suficiente como para conocer su verdadera naturaleza y causas esenciales, se encuentran tan sumidos en el miedo como si no supieran nada acerca de estas cosas en absoluto. 207. De hecho, el miedo que atormenta a estas personas pueden ser incluso mayor, ya que su observación inspira asombro, pero sus mentes no logran encontrar ninguna solución para cómo se producen de forma natural estos fenómenos.

208. Hemos determinado con certeza que las salidas y puestas se derivan de las propiedades de las partículas involucradas y que no son causados ​​por las divinidades, y que salidas y puestas sólo son cualidades incidentales. 209. Por tanto, debemos estar satisfechos si somos capaces de determinar varias causas posibles para estos fenómenos. 210. Hemos llegado a un nivel de precisión suficiente para asegurar nuestra felicidad una vez que hayamos confirmado que estos eventos no son producidos por los dioses y una vez que hemos descartado la idea de que sus movimientos constituyen pruebas que contradicen nuestras anticipaciones de la naturaleza divina. 211. Al investigar cómo se producen las salidas, puestas y eclipses, debemos considerar cómo las apariencias similares ocurren aquí en la tierra, y esto nos llevará hacia posibles teorías para explicar estos fenómenos en el cielo.

212. Tenga en mente que se encontrará con personas que se niegan a admitir que hay más de una forma en la que puede ocurrir una cosa, incluso en asuntos en los que las pruebas sólo pueden ser observadas a distancia y la evidencia es necesariamente incompleta. 213. Las personas que toman esta posición son ignorantes de las condiciones que hacen posible la paz de la mente y las actitudes como ésta usted las debe despreciar.

214. En cuanto a nosotros, si somos capaces de determinar que hay varias maneras posibles en que puede ocurrir un fenómeno y todas esas formas son naturales y no perturban nuestra tranquilidad, entonces estamos tan bien como si supiéramos con certeza de la manera exacta en que se produce.

215. Una vez más, algunos hombres piensan que los cuerpos celestes son dioses y que estos dioses muestran voluntades y acciones incompatibles con nuestras anticipaciones de la divinidad. 216. Estos hombres siempre esperan o imaginan el tipo de miseria eterna que se representa en las leyendas, o temen la pérdida de la sensibilidad en la muerte como uno se debiera preocupar ahora de eso, mientras uno vive. 217. Algunos hombres ni siquiera caen en esta situación por la opinión religiosa falsa, sino simplemente por ideas irracionales. 218. Debido a que estos hombres no entienden los límites del dolor, sufren una alteración tan grande o mayor que si hubieran llegado a esta creencia a través de la religión.

219. Pero la paz de la mente requiere que nos auto-emancipemos de toda esta confusión, manteniendo constantemente en nuestras mentes un resumen de los principios esenciales de la naturaleza.

220. Por las razones que ya he dicho, siempre hay que prestar mucha atención a nuestras percepciones de los sentidos, a nuestros sentimientos de dolor y placer y a nuestras anticipaciones, tanto las que recibimos nosotros mismos como las recibidas por otros hombres. 221. Porque es necesario conformar nuestros juicios a la clara evidencia disponible a nosotros a través de cada uno de los estándares de la verdad. 222. Si siempre nos mantenemos fieles a estos, podemos rastrear correctamente las causas de nuestros disturbios y temores. 223. Por medio de la búsqueda de las verdaderas causas de las cualidades incidentales, como las que se observan de vez en cuando en el cielo, nos liberaremos de la duda que producen los peores temores en otros hombres.

224. He aquí, pues, Herodoto, hemos completado nuestro resumen de los principios fundamentales de la naturaleza, abreviados para que pueda memorizarlos con exactitud.

225. Si este resumen se mantiene y aplica sistemáticamente, incluso aquellos que son incapaces de continuar con el estudio de los detalles pueden obtener una fuerza sin igual en comparación con otros hombres. 226. De hecho, simplemente almacenando el resumen en la mente de uno y refiriéndose a el constantemente como asistencia, un hombre puede aclarar muchos de los detalles. 227. Pues tal es la naturaleza de este resumen que, sin importar el grado de su progreso, un estudiante de la naturaleza lo encontrará de gran valor para la organización de sus investigaciones.

228. E incluso aquellos que no están muy avanzados en su conocimiento de la naturaleza pueden utilizar este resumen y explorar en sus propias mentes, de manera silenciosa y rápida como el pensamiento, las doctrinas más importantes para su felicidad.

Notas:

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Sociedad de Epicuro publica Epítome‏ (comunicado de prensa)

COMUNICADO DE PRENSA
Para publicación inmediata

Chicago, IL; 7 de mayo de 2015: La Sociedad de Amigos de Epicuro acaba de publicar Epítome: Escrituras Epicúreas para la audiencia hispánica del Siglo XXI. Es la primera vez en mas de quince siglos que los filósofos de la tradición secular humanista de Epicuro de Samos publican un Epítome como parte de la misión de enseñanza de los jardines epicúreos para enfrentar el fundamentalismo, la credulidad y el déficit de pensamiento crítico en general.

La obra declara que tiene “fines educativos” y sigue “un formato de capítulos y versos con los objetivos de facilitar la referencia y de dignificar el texto de considerable valor histórico que contiene”. Incluye las Doctrinas Principales, Sentencias Vaticanas y las Epístolas de Epicuro a Meneceo, Pítocles y Herodoto, al igual que una crónica resumida de los grandes maestros antiguos de la escuela y una serie de nueve razonamientos basados en fragmentos de pergaminos que sobrevivieron la erupción del Monte Vesubio en el año 79 de la Era Común y que han sido denominados el Nag Hammadi humanista.

El contenido de algunos de estos pergaminos, con comentarios, está disponible en algunos libros en inglés, sin embargo varios de ellos se venden a precios exorbitantes. Es lamentable que la mayor parte de la población no pueda tener acceso a lo que debería ser el legado intelectual de toda la humanidad. Los razonamientos en Epítome presentan una exposición clara y organizada del resumen de su contenido en castellano, junto a comentarios modernos.

Epítome “fue escrito para las personas que desean aplicar las enseñanzas de esta filosofía cosmopólita de la felicidad personal en sus vidas” y busca sacar la filosofía del entorno académico y fomentar su aplicación a las vidas de la gente común. Dice la introducción:

“Sabemos que los epicúreos antiguos eran conocidos por andar con epítomes, estudiándolos y memorizando las enseñanzas. Según Norman DeWitt en su libro Epicurus and his Philosophy, los epicúreos iniciaban sus estudios con el Epítome Menor, que hoy sobrevive como la Epístola a Herodoto, y luego se graduaban al Epítome Mayor.”

Los antiguos epicúreos eran atomistas reconocidos por su insistencia en que todo razonamiento debe referirse siempre a la evidencia y fueron precursores del pensamiento científico moderno. Propusieron la teoría del átomo, una versión temprana de la teoría de la selección natural, una proto-teoría de los fotones, una ética laica de felicidad personal que celebraba la amistad entre iguales y el contrato social como la base de la justicia. También fueron la única escuela antigua progresiva que permitía mujeres entre sus pupilos.

En tiempos modernos, los epicúreos de Grecia recientemente redactaron la Declaración de Palini y sometieron una iniciativa ante la Unión Europea para que se reconozca el derecho de todos los europeos a la felicidad. Durante los últimos cinco años han llevado a cabo simposios anuales en febrero, en honor al cumpleaños de Epicuro. Este año honraron durante el simposio al ex-presidente uruguayo José Mujica por su defensa de los sanos valores humanos de esta tradición ante las Naciones Unidas.

La traducción, comentario y guía de estudio en Epítome son de Hiram Crespo, también autor de Cultivando el jardín epicúreo (Spanish Edition) y traductor de Varios días en Atenas (Spanish Edition). En su obra inicial Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014), Crespo se dedicó a demostrar, citando mútilples estudios de neurocientíficos y científicos sociales, la persistente relevancia moral de la ciencia de la felicidad que enseñó el filósofo Epicuro de Samos hace 23 siglos.

Epítome: Escrituras Epicúreas está disponible en amazon.

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Society of Friends of Epicurus
info@societyofepicurus.com
societyofepicurus.com – sociedadepicuro.wordpress.com

Sobre la SAE: Los Amigos de Epicuro se dedican a fomentar la filosofía naturalista con la intención de asegurar la continuidad cultural e intelectual de su tradición. Hacen esto por medio de entrevistas, libros y artículos.

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Epístola de Epicuro a Meneceo

La siguiente obra es parte de Epítome: Escrituras Epicúreas.

1. Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar1. 2. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. 2. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o ya ha pasado es semejante al que dice que todavía no le ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. 3. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, se sienta joven en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél, para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. 4. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.

5. Practica y ejercita todos los principios que continuamente te he recomendado, teniendo en cuenta que son los elementos de la vida feliz. 6. Primeramente, considera a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso, tal y como la naturaleza ha grabado en la mentes humanas, y no le atribuyas nada ajeno a su incorruptibilidad ni a su dicha. 7. Cree que la divinidad posee todo lo necesario para preservar su naturaleza dichosa. 8. Porque los dioses, desde luego, existen: el conocimiento que tenemos de ellos es claro y evidente2. 9. Pero no son como los considera la gente, que mantiene creencias impuras de ellos. 10. No es impío el que desecha los dioses de la gente, sino quien atribuye a los dioses las opiniones de la gente.

11. Pues no son preconcepciones otorgadas por la naturaleza, sino vanas presunciones los juicios de la gente sobre los dioses, como la idea de que los dioses envían infortunio a los malos y bendiciones a los buenos. 12. Falsas opiniones como estas surgen porque los humanos imaginan a los dioses como si tuvieran cualidades humanas y no comprenden que las deidades poseen virtudes distintas a las suyas.

13. Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada para nosotros, puesto que todo bien y todo mal están en la sensación y la muerte es pérdida de sensación3. 14. Por ello, el recto conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace amable nuestra vida mortal, no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque suprime el anhelo de inmortalidad.

15. Nada hay terrible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada terrible en el no vivir. 16. De manera que es un necio el que dice que teme la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, es absurdo que nos haga sufrir en su espera lo que no inquieta cuando está presente. 17. Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, nosotros no somos. 18. Entonces, no existe ni para los vivos ni para los muertos, porque para los vivos todavía la muerte no existe y los muertos ya no existen.

19. Pero la gente huye de la muerte como del mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida. 20. El sabio, en cambio, ni rechaza el vivir ni teme el no vivir; ya que el vivir es una oportunidad para la felicidad y no cree que es un mal el no vivir. 21. Y así como no elige el alimento más abundante, sino el más agradable, así también goza del tiempo más agradable y no del más duradero. 22. El que exhorta al joven a vivir bien y al viejo a morir bien, es un necio, no sólo por lo grato de la vida, sino porque el arte de vivir bien y el de morir bien es el mismo.

23. Y mucho peor el que dice que es mejor no haber nacido, pero que una vez se ha nacido, es mejor atravesar cuanto antes las puertas de la muerte. 24. Si está convencido de esto, ¿por qué no abandona la vida? A su alcance está el hacerlo, si es que lo cree en realidad. Y si bromea, es un necio en asuntos que no admiten necedad.

25. En cuanto a como vivir la vida, hemos de recordar que el futuro no es enteramente nuestro, pero tampoco es enteramente no nuestro. 26. Es decir, no esperemos que venga con certeza, ni desesperemos con certeza pensando que nunca llegará.

27. Consideremos que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos y vacíos. 28. De los deseos naturales, unos son necesarios y otros no. 29. Y de los deseos necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

30. Quien tiene un entendimiento correcto de esto sabe como llevar a cabo elecciones y omisiones referiéndose a la salud del cuerpo y a la imperturbabilidad del alma, ya que ésta es la meta de una vida feliz. 31. Es para vivir felices que lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor. 32. Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma desvanece porque no necesitamos ir en busca de algo que nos falta, ni buscar otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo.

33. Verás, cuando nos falta placer y sufrimos, necesitamos el placer, pero cuando no sufrimos la vida nos regala placer en suficiencia. 34. Y por esto decimos que el placer es el alfa y omega de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como el primer bien congénito. 35. Es el punto de partida del cual comenzamos toda elección y rechazo. 36. Hacia esta meta de vivir felices retornamos una y otra vez porque juzgamos todo bien en base a la felicidad como regla.

37. Pero ya que la felicidad es el bien primero e innato, por eso mismo no escogemos todos los placeres sino que a veces renunciamos a ciertos placeres, cuando de ellos surgen dificultades mayores. 38. Del mismo modo, creemos que ciertos dolores son preferibles a ciertos placeres si, tras soportar tales dolores conseguimos un placer mayor4. 39. Todo placer es por naturaleza innata un bien, pero no todos los placeres son dignos de ser escogidos. 40. De la misma forma, todo dolor es un mal, pero no todos deben evitarse. 41. Conviene medir y razonar si los resultados finales son útiles o inútiles para producir una vida placentera. 42. Pues determinamos algunas veces que lo que parece ser un bien resulta ser un mal y que lo que parece ser un mal resulta ser un bien.

43. También consideramos la autosuficiencia como un gran bien, no para que siempre tengamos pocas cosas sino para que, cuando no tengamos mucho, nos contentemos con poco. 44. Esto se debe a que estamos sinceramente convencidos de que quienes menos necesitan los lujos son los que mejor saben disfrutar de la abundancia cuando la tienen.

45. También creemos que la naturaleza ha dispuesto que todo lo necesario para la vida sea fácil de obtener y que aquellas cosas que son vanas e inútiles sean difíciles de alcanzar. 46. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que una comida extravagante, cuando ambos alejan todo dolor y todo deseo. 47. Pan y agua proporcionan el más elevado placer cuando los come quien tiene gran necesidad. 48. El acostumbrarse a las comidas sencillas y frugales es bueno para la salud y nos ayuda a no titubear en las ocupaciones necesarias de la vida. 49. Y cuando en ciertas ocasiones nos encontramos con comida lujosa, esta actitud nos hace mejor dispuestos al lujo, ya que permanecemos imperturbables ante la posibilidad de que luego la perdamos.

50. Así, cuando decimos que el placer es fin, no hablamos de los placeres del los corruptos o de los que se encuentran en el goce sensual, como piensan algunos que son ignorantes o que están en desacuerdo con nosotros, o que nos interpretan mal a propósito. 51. Mas bien, cuando hablamos del placer o la felicidad como el fin, hablamos de tener el cuerpo libre de dolor y tener el alma libre de perturbación; pues no son ni las bebidas ni los banquetes continuos, ni el goce de muchachos y doncellas, ni festines de pescados y de mesas lujosas los que producen una vida placentera. 52. A cambio, la vida placentera consiste en la sobria contemplación5, por medio de la cual se calcula toda elección y omisión y se destierran las falsas creencias de las cuales surgen la mayor parte de las perturbaciones que confunden las almas.

53. De todo esto, el comienzo y el mayor de los bienes es la prudencia. 54. Más preciosa incluso que la filosofía es la prudencia, de la que nacen todas las demás virtudes. 55. La prudencia nos enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir prudente, honesta y justamente, y que no se puede vivir prudente, honesta y justamente, sin vivir placenteramente. 56. Ya que estas virtudes son por naturaleza inseparables de una vida feliz, y el vivir feliz es inseparable de éstas.

57. Al considerar esto, ¿quién puede ser considerado un mejor ser humano que quien tiene creencias sanas sobre los dioses, quien carece por completo de temor a la muerte, quien contempla con claridad el fin y los límites establecidos por la naturaleza, y quien entiende que la naturaleza ha hecho que los bienes mayores sean fáciles de alcanzar, mientras que los males tienen poca duración o poca intensidad?

58. El sabio se ríe de la Fortuna, que algunos toman por señora de todas las cosas, porque entiende que algunas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras por obra nuestra. 59. Ya que ve que la necesidad es irresponsable y el azar inestable. 60. Pero nuestras acciones son autónomas y libres, y es a ellas que corresponden naturalmente la censura y la alabanza6.

61. Sería mejor adherirse a los mitos sobre los dioses que vivir bajo el yugo de la Fortuna o la necesidad, como proponen los filósofos naturales7. 62. Al menos las fábulas que se cuentan sobre los dioses otorgan la esperanza de que podamos evitar la furia de los dioses por medio del culto, pero la predestinación de los naturalistas es sorda a toda súplica y no ofrece escape a la necesidad inexorable ni esperanza de control sobre nuestras vidas.

63. El sabio no considera a Fortuna como una diosa, como la considera la gente, ya que el sabio entiende que la divinidad no lleva a cabo nada al azar. 64. Tampoco la considera como una causa incierta, ya que no cree que los dioses dan actos afortunados o desafortunados a los hombres al azar para hacerlos felices o infelices. 65. El sabio entiende que de la Fortuna surgen grandes bienes, pero también grandes males, y por lo tanto considera que es mejor ser desdichado con sensatez que afortunado con insensatez. 66. Es mejor que la acción instigada por el buen juicio no tenga que deber su éxito a la ayuda de fortuna.

67. Ejercítate en estos pensamientos y los análogos día y noche, sea a solas o con alguno semejante a ti. 68. Así nunca serás perturbado, estés despierto o dormido, sino que vivirás como un dios entre los hombres. 69. Ya que el ser humano pierde toda semblanza mortal al vivir en medio de bendiciones inmortales.

Notas:

1. La tradición epistolar del Nuevo Testamento bíblico fue inspirada por una tradición de escribir epístolas didácticas que prevalecía desde hacía siglos entre los epicúreos del mundo griego. Estas epístolas eran leídas de manera pública y usadas en la enseñanza de la filosofía. La Epístola a Meneceo es la mas celebrada, ya que contiene todos los consejos elementales del maestro sobre la ética en un corto resumen dirigido a uno de sus discípulos. Esta es la Edición Amigos de Epicuro de la epístola, escrita en idioma español claro y organizada en versos enumerados para que sea fácil la referencia y el estudio.

2. Epicuro era un creyente en Zeus, Atenea y los demás dioses de la polis. Hay muchas personas a las que les extraña esto y le han acusado de haber sido ateo de armario. Es cierto que era peligroso ser ateo en aquellos tiempos y que había razón para proteger la ataraxia permaneciendo en el armario. Sócrates había sido ejecutado por blasfemar contra los dioses y el mismo Epicuro había sido expulsado de Mitilene por los platonistas con amenazas de acusarlo de lo mismo, ya que su doctrina materialista no parecía permitir lugar para los dioses. Sin embargo, debemos ser cautelosos en asumir que Epicuro no era sincero en su piedad, ya que su teología parece permitir la existencia de seres suprahumanos, aunque residan en otros planetas y no se conciernan en lo absoluto con los mortales, no respondan a nuestras oraciones ni necesiten nuestra adoración. Tanto Epicuro como Metrodoro y, mas tarde, Filodemo dedicaron largos pergaminos a la defensa de un concepto naturalista de los dioses y a los beneficios terapéuticos y el placer que producen los actos piadosos.

De igual modo, Thomas Jefferson defiende el dios del deismo cristiano de la Iglesia Unitaria (que tampoco interviene en la naturaleza, sino que permanece en perfecto gozo imperturbable) de lo que el denominó “le herejía del inmaterialismo” de los cristianos tradicionales. A veces da la impresión que Jefferson sincretiza este Dios puramente inmanente, naturalista y cristiano-epicúreo con la Naturaleza misma y parece adoptar un tipo de panteísmo. Hay cierto mérito en esta postura. Tanto el maestro Jesús como Epicuro usaron enseñanzas derivadas de observar la naturaleza para tratar terapéuticamente los miedos existenciales mas universales: en los evangelios, Jesús dice que el mismo Dios que se entretiene con alimentar a diario a las aves no dejaría hambrientos a sus hijos ni los abandonaría. En Epicuro, es mas bien la Naturaleza, por medio de la selección natural, la que nos ha dado (a nosotros y a las aves) exactamente los instintos y medios necesarios para sobrevivir en nuestro medio ambiente. En ambos casos, la intención es la misma que enseñan las Cuatro Curas epicúreas.

Es solo en tiempos modernos que la postura atea se ha vuelto prominente entre los epicúreos y se ha abandonado la necesidad de sincretizar a la Naturaleza con la deidad.

3. Aparte de esta consolación para la muerte enraizada en el concepto hedonista basado en las sensaciones que solo podemos sentir mientras vivimos, existen otras consolaciones en nuestra tradición para la muerte en la obra de Lucrecio Sobre la naturaleza de las cosas. El argumento de la simetría compara el tiempo luego de la muerte con el tiempo antes de nacer, del cual nada sabemos. Debido a que nada recordamos de este tiempo, no hace sentido perder la paz preocupándonos por la vida venidera. El argumento del sueño compara la muerte con el sueño, durante el cual estamos inconcientes, excepto que es interminable. Tampoco hace sentido perder la paz por miedo a dormir.

4. La meta del calculo hedónico es el placer neto. El epicúreo es un buscador racional de la felicidad. Ama la vida y el placer y no es fanático de la abnegación ni del sacrificio. Solo se sacrifica cuando estima que de sus esfuerzos surgen beneficios para el y para sus seres queridos que incrementan, a largo plazo, la felicidad. Nuestra tradición al final siempre afirma la vida y las cosas que hacen que valga la pena vivir.

5. La intención de este pasaje es evitar que se confunda el hedonismo racional con corrupción o con lujo, aunque el lujo si viene se debe disfrutar. La intención no es proponer una vida de ascetismo ni una vida impráctica como un monge en contemplación, como pretenden hacer ver a veces (de modo bien intencionado, pero equivocado) algunos intérpretes estoicos. Epicuro abogaba por la moderación y criticaba tanto los excesos de la corrupción como los excesos de la vida simple y frugal, ya que ambos producen perturbaciones.

6. “El sabio se ríe” podría ser una alusión al padre del atomismo y de la ciencia moderna Demócrito, quien fue maestro de Nausífanes, quien fue maestro de Epicuro. Era llamado el filósofo risueño porque siempre se estaba riendo de las locuras de los hombres, y por lo tanto es el iniciador del linaje de los filósofos risueños, que son sabios de temperamento científico que critican y se mofan las autoridades tradicionales y la superstición común.

7. Los epicúreos eran acérrimos críticos de la doctrina del determinismo que adoptaron los estoicos y los atomistas pre-epicúreos. Esta doctrina negaba la autonomía y libertad del hombre y la mujer, haciendo del ser humano una marioneta de la naturaleza. En términos prácticos, hizo que muchos filósofos estoicos, platonistas y de otras tradiciones se refugiaran con frecuencia en los oráculos, la astrología y otras formas de superstición degradante y que abandonaran responsabilidad por sus destinos, elecciones y omisiones, aceptando la abnegación y resignación como virtudes y consolaciones legítimas superiores a la autonomía, genio y creatividad humanos.

Versión de Epítome: Escrituras Epicúreas

Epístola a Meneceo: Un Encuentro con Epicuro, por Julián Melladocropped-soe_sm-1.png

Razonamientos sobre “De la Muerte”, de Filodemo

La meditación del sabio es una meditación sobre la vida, no la muerte.

– Sabiduría 6: 1, El buen libro

Trasfondo

En la séptima década del primer siglo de la Era Común, la erupción del volcán Vesuvio en Italia destruyó la legendaria ciudad de Pompeya. Menos conocida es la ciudad adyacente de Herculano, donde el maestro Filodemo de Gadara había enseñado filosofía epicúrea a los romanos y en la que se hallaba la librería mas completa de pergaminos epicúreos en la antigüedad. Estos pergaminos han sido parcialmente descifrados, y tenemos indícios prometedores de que los que no lo han sido pronto van a ser descifrados gracias a nueva tecnología.

El tesoro intelectual de todos los occidentales que es Herculano es imposible de subestimar. Los epicúreos habían propuesto la teoría del átomo, el trato igual a la mujer y una versión temprana de la teoría de selección natural en un mundo sumido en la superstición, y los pergaminos de Filodemo incluían notas que el había tomado al estudiar bajo su maestro Zenón de Sidonia, lo cual nos lleva a través del linaje hasta los cuatro fundadores de la tradición. Herculano también contiene pergaminos de Polístrato, el tercer escolarca del Jardín Epicúreo de Atenas, quien vivió hace mas de 2,200 años.

Estos razonamientos conciernen un pergamino que cataloga todas las repercusiones éticas y prácticas del entendimiento humanista y naturalista de la muerte como un fenómeno final y tan natural como el nacimiento.

Las partes iniciales del pergamino “De la muerte” son muy fragmentarias y muy poco se puede descifrar, pero el pergamino se hace más fácil de leer en sus partes posteriores. Después de estudiar su contenido, me pareció refrescante que una escritura sobre cómo la muerte no es nada para nosotros, haya tomado tantas molestias en desmantelar las formas culturales basadas ​​en la muerte dos milenios antes de que Nietzsche acusara el cristianismo de ser un culto a la muerte. Aunque Nietzsche es un filósofo post-cristiano conocido por haber anunciado la muerte de Dios, mucho de lo que consideramos el discurso de Nietzsche comenzó mucho antes de Nietzche, con los epicúreos y nuestra filosofía de vida.

Sobre el error de medir el bien por el tiempo

Aquí hemos de hacer referencia a la doctrina de los principales bienes: la idea de que son pocas y fáciles de conseguir las cosas que son naturales y necesarias (comida, techo, amigos, salud, protección). La parte legible del pergamino comienza con una consideración de cómo los hombres rehuyen la muerte prematura con la esperanza de obtener bienes en el tiempo adicional. Filodemo argumenta que es mejor haber vivido una vida joven con las cosas que importan, que morir sin encontrar nada que sea naturalmente bueno.

14.2 Pues es propio de un hombre sensible anhelar vivir durante una cierta cantidad de tiempo con el fin de que pueda completar sus deseos congénitos y naturales y recibir en su totalidad el mejor estilo de vida que .. es posible … y por lo tanto estar lleno de cosas buenas y desechar toda perturbación de los deseos, inmerso en la tranquilidad.

Epicuro dijo que debemos vivir mientras estamos vivos. La calidad de nuestra vida marca la diferencia entre simplemente existir y vivir verdaderamente. Este es un precepto importante. Es absurdo desear ampliar nuestra esperanza de vida si somos miserables y no sabemos cómo vivir. El hombre necio no gana nada con vivir una larga vida, vivida sin arte, con miedo, violencia, envidia y otros vicios, en vez de adquirir las cosas que hacen que valga la pena vivir.

Para aquellos que viven una vida miserable, la muerte es una liberación (21,3-6). Según Filodemo, perder la vida a una edad temprana es malo, solo porque esto imposibilita que uno pueda conseguir las cosas que hacen que la vida sea digna de ser vivida, una tarea que requiere de cierto progreso en la filosofía. Si hemos vivido una vida agradable, nada ni nadie nos puede quitar eso. Cuando morimos, no sabremos que hemos muerto porque no vamos a tener nuestra percepción y conciencia (19,27).

Por lo tanto, lo único que habrá importado es que vivimos bien. Como hemos visto, estos razonamientos son consistentes tanto con la doctrina de las cosas principales (kyriotatai), aquello que realmente importa, y con el objetivo del hedonismo calculado y racional: al final, la vida debe ser agradable, placentera.

El regocijo sobre la muerte

Ya que a los muertos no les importa la burla, sólo a los vivos, burlarse de ellos se considera una tontería y no genera sufrimiento a la persona burlada cuando esa persona ha muerto y ya no existe. Del mismo modo, regocijarse ante la posibilidad de nuestra propia muerte es tonto si tenemos una vida buena. Sólo tiene sentido regocijarnos por nuestra muerte si se percibe como una liberación de intenso sufrimiento.

Sobre ser perturbado por la expectativa de la muerte

22.1 De hecho, es precisamente en anticiparla mientras están vivos que experimentan el (tipo de) la muerte que tiene que ver con ellos, mientras que nosotros no estamos preocupados ante esa expectativa.

Ya que sólo tenemos percepción y el uso de nuestros sentidos mientras vivimos, la única manera en que experimentamos nuestra propia muerte es indirectamente como una anticipación. En otras palabras, no experimentamos la muerte cuando llega. No estamos ahí. Por lo tanto, nuestra aprehensión de nuestra futura muerte se considera imprudente, ya que es inevitable que vamos a morir y vivir con miedo o perder nuestra paz debido a la futura muerte no cambia el hecho de nuestra mortalidad. Así estemos perturbados o en ataraxia mientras vivimos, como quiera nos vamos a morir: es nuestra la opción.

Otra forma en la que nos preocupamos con la muerte es al preocuparnos por la extinción de nuestra línea de familia y por dejar un nombre, una reputación. Ya que no vamos a estar ahí en absoluto después de morir, tanto parientes como extraños no tendrán nada que ver con nosotros, e incluso las personas que tienen muchos descendientes no agregan diversión a su vida por causa de su descendencia después de morir. Filodemo también sostiene que hay muchos otros que llevan nuestro mismo apellido.

Sobre la herencia

Filodemo reconoce que lo mejor es dejar una herencia a nuestros hijos y que la muerte sin descendencia es naturalmente dolorosa, como tambien lo es dejar atrás a familiares directos que carecen de las necesidades básicas. Uno debe escribir un testamento para asegurar que sólo los dignos disfrutarán de nuestra herencia. Hay preocupación por que los frutos de nuestro trabajo vayan a parientes que podrían ser malos, que no se beneficiarían de nuestra riqueza en absoluto. Por otro lado, si uno no tiene herederos dignos, eso es realmente un motivo de lástima: significa que no hemos vivido lo suficiente como para alimentar relaciones saludables.

Sobre las perturbaciones causadas por el modo de morir

Los hombres antiguos a menudo se preocupaban por cosas como morir en el mar, o por no tener una muerte gloriosa, como resultado de la creencia de que un más allá mejor espera a aquellos que mueren en batalla (por ejemplo: como héroes en Valhala, o en tiempos modernos como yihadistas atendidos por vírgenes en el cielo islámico), mientras que las ancianas que mueren de muerte natural, presumiblemente, terminan en el infierno con el resto de las personas fallecidas de manera ordinaria.

Por el contrario, muchas personas que merecen la gloria y la fama ​son recordadas por haber vivido vidas nobles, pero murieron muertes naturales. Si sólo una llamada “muerte noble” en la batalla hace de uno un héroe glorioso digno del cielo, entonces la mayoría de los héroes culturales de la humanidad tendrían que ser considerados ignobles. Por lo tanto, no debemos considerar heroicas nuestras muertes, sino nuestras vidas. Vivir heroicamente es lo que tiene valor y honor, dice Filodemo. Una persona muerta no podrá realizar hechos gloriosos, y las hazañas gloriosas que sí se realizan, suceder mientras estamos vivos.

Para una persona sensata, la única manera en la que morir en la batalla es deseable es si estamos heridos y deseamos ser liberados de un terrible dolor. Filodemo burlonamente dice que los soldados en batalla mueren como ganado.

Estas falsas creencias acerca de una vida futura noble para los que mueren en la batalla son un gran mal moral y siempre han sido promovidas por los que se lucran de la guerra y los gobiernos con intereses militares que se han beneficiado de la carnicería. Los inversionistas del petróleo y del complejo industrial militar se benefician hoy ampliamente por la utilización de imágenes apocalípticas por los cristianos conservadores que legitiman la intervención militar en el extranjero, sin embargo, por lo general son los pobres los que mueren en batalla.

Muchos católicos antes se preocupan excesivamente por bautizar a sus recién nacidos por miedo a la creencia de que los bebés no-bautizados terminan en el limbo. Cuando en recientes años la Iglesia Católica cambió de opinión sobre el limbo, muchos católicos comenzaron a plantear preguntas sobre el origen de estas extrañas enseñanzas sobre la vida venidera y sobre cómo pueden cambiar.

En cuanto a la muerte en el mar, o en una bañera o jacuzzi, o una piscina (todo da igual), el pergamino compara preocuparse por esto a preocuparse por si uno de cadáver será “comido por los peces o por los gusanos”. No va a hacer diferencia.

Algunos argumentaban en la antigüedad que era mas noble morir en la batalla que morir en el mar, como si morir en el mar tratando de ir a visitar amigos o de ir a recibir una educación fuera menos noble que morir en guerra. Si algo es ignoble de morir en el mar, es que uno muera en búsqueda de ganancia monetaria o búsquedas vanas, pero es la vida de uno la que es miserable en este caso, no la muerte.

Otro asunto que atiende el pergamino es la muerte de Sócrates y otras víctimas inocentes que, o son ejecutados por errores de justicia, o justamente ejecutados. Si uno es culpable, esto es lamentable, no por la forma de la muerte, sino por cómo se vivía. Si uno es inocente, entonces lo más que se puede hacer es tratar de aguantar noblemente y estar moderadamente preocupado, como si se tratara de una enfermedad.

Esta parte es quizás la menos convincente en todo el pergamino, que en lo demás es poderoso y convincente. Sabemos en nuestros días que hay países donde los inocentes son ejecutados por apostasía, por ser gays, o, a veces el castigo no es proporcional al delito como en el caso de los adúlteros que reciben lapidación y mujeres que desean elegir a sus maridos en las culturas Islámicas. En medida que los musulmanes se mudan a países occidentales, estamos escuchando más de los asesinatos de “honor” de hijas por sus propios padres o hermanos, e incluso de “violaciones sexuales por honor” de mujeres por no cubrir sus cuerpos “correctamente”.

Estas prácticas son sin duda un gran mal y el problema moral planteado por Filodemo relativo a la ejecución de los inocentes es muy complicado. Es difícil, hay que conceder, permanecer imperturbable.

En cuanto a aquellos que se preocupan por una muerte súbita, Filodemo sostiene que toda muerte es repentina. No hay nada de extraordinario en la muerte súbita, por el contrario, deberíamos sorprendernos de vivir vidas excepcionalmente largas.

Asuntos sin terminar

Todos tenemos proyectos que nos gustaría ver concluídos. Muchas personas sienten que desean dejar un legado duradero, pero Filodemo dice que muy pocos grandes hombres logran esto y que este es un deseo vacío y vano. Si la fama en vida es vacía, entonces la fama después de que uno está muerto es incluso menos fuente de verdadero placer.

A veces no es la muerte, sino la necesidad o la fortuna que nos impide el logro de nuestros objetivos en la vida y materializar nuestros planes. Por lo tanto, si nos preocupa morir antes de ver uno de nuestros objetivos logrados, debemos aplicar los mismos consuelos que aplicamos en la vida para estos problemas. Si sabemos lo que importa (los bienes principales), permanecemos por encima de todo y disfrutamos de las cosas buenas de la vida, las cosas que hacen que valga la pena vivir, imperturbados. Es aquí donde Filodemo habla de cómo el hombre prudente vive listo para su entierro.

38.14 El hombre sensato, habiendo recibido aquello que puede asegurar la totalidad de lo que es suficiente para una vida feliz … anda preparado para su entierro y aprovecha cada día como si fuera la eternidad.

Uno siente naturalmente preocupación por las personas cercanas a nosotros que tienen problemas o que carecen de un arte de vivir y no han aprendido a ser felices. Pero estas son cosas que están fuera de nuestro control. Filodemo sostiene que el hombre que ha vivido bien no debe lamentar las miserias de los demás después de haber escapado las suyas: debe ir a su muerte feliz de que ha vivido bien.

Sobre la planificación fúnebre

Hay otra manera en que las personas se ocupan demasiado con la muerte y su culto. Es una tontería preocuparse por la apariencia de nuestro cuerpo en el velorio. Filodemo argumenta en contra de aquellos que están disgustados por el mal aspecto de un cadáver, o que se preocupan por la belleza, diciendo que todos los que mueren, sean bellos o no, se convierten en esqueletos dentro de un corto período de tiempo. También argumenta en contra de la planificación de los enterramientos lujosos como una pérdida de tiempo y recursos.

Esto nos recuerda muchas de las prácticas de reyes y caciques antiguos, cuyos entierros no sólo incluían bienes materiales en la tumba, sino incluso prácticas malvadas como el entierro de los esclavos y viudas vivos con ellos. Estas tradiciones persistieron en la mayoría de los continentes por milenios.

Los entierros, si han de ser celebrados, son para los vivos, no para los muertos. Ayudan a traer cláusula, cierre. Filodemo alaba las prácticas decentes funerarias que estaban empezando a surgir durante su vida, en las que el gasto que solía ir a los entierros lujosos de senadores ricos, iba a los vivos:

31.5 Entre los legisladores, también, los que naturalmente y bien determinaron, han impedido los gastos excesivos en los funerales basándose en que los vivos estaban siendo privados de servicios: Muchos dan órdenes de acabar con su propiedad, precisamente porque envidian esto.

Un entierro lujoso no va a arreglar una vida vivida miserablemente. Por otra parte, una vida bien vivida y agradable entre buenos amigos no se nos puede quitar al no conseguir un entierro apropiado: esto no le quita en lo más mínimo a la felicidad que tuvimos mientras vivíamos. Muchos grandes personas han muerto sin sepultura. El pergamino argumenta convincentemente contra la lástima hacia los muertos, por ejemplo, si nos encontramos con una tumba sin nombre (32,24), diciendo que es poco inteligente lamentarse por los muertos.

32.20 ¿Quién hay que, al considerar el asunto con la cabeza clara, supondrá que hace la más mínima diferencia, mucho menos una gran diferencia, que sea en la superficie o bajo tierra que uno está inconsciente?

El dolor de no ser recordado en absoluto después de la muerte parece natural, pero si no tenemos amigos ni nada bueno, entonces no obtenemos ningún alivio al ser recordados como solitarios o incluso como bienaventurados. Si, por otro lado, tenemos muchos amigos y vivimos bien, ser recordado o no después de la muerte, de nuevo, no nos quita nada de eso.

Por otro lado, si nuestros amigos mueren antes que nosotros, entonces para eso tendremos que llorar a todo el que jamás existió y a todo el que por siempre existirá. Después de que todos estemos muertos, no habrá nadie que nos recuerde. Por lo tanto, la cuestión de ser recordado (o vilipendiado, cualquiera que sea el caso) después de que uno muere, no debe ser una fuente de perturbaciones. En su lugar, uno debe preocuparse por vivir bien.

Vive bien, muere bien

Es importante entender que vivir bien y morir bien son la misma cosa. Filodemo critica a los hombres ricos que piensan que no van a envejecer y morir, ni siquiera escriben un testamento (un acto que indica cierto nivel de aceptación de nuestro propio final), y parecen estar perplejos al ver a un viejo rey como si el poder y la vejez fueran mutuamente excluyentes. Dice que están apegados a la vida por miedo a la muerte, no porque viven gratamente. Uno debe vivir mientras uno está vivo, pero pacíficamente y con prudencia aceptar la propia mortalidad y límites naturales.

Estos razonamientos son parte de Epítome: Escrituras Epicúreas

***

Estos razonamientos fueron escritos en inglés y traducidos al español por Hiram Crespo en base al libro Philodemus: On Death (Writings from the Greco-Roman World 29) (Greek and English Edition) (Greek and English Edition), por Filodemo y W. Benjamin Henry.Back to the Main Page

Introducción al Canon de Epicuro

La mayoría de las personas que tienen interés en el epicureísmo están tratando de mejorar sus vidas y afinar su búsqueda de la felicidad, por lo que por lo general están interesados en la ética, los frutos maduros del discurso epicúreo. Y no hay nada de malo en eso, ya que la ética es en la parte más dulce del árbol, en la que la naturaleza ha puesto una semilla que podría echar raíces si encuentra un suelo fértil. Para nosotros, este fruto es la ética … pero el epicureísmo tiene también un tronco (la física) y una raíz (el canon).

Juntos, y en ese orden: canon, física y ética, estos tres cuerpos de conocimiento forman toda la tradición de sabiduría epicúrea y tienen una hábil coherencia interna. En la raíz de nuestro sistema coherente se encuentra el canon, que es lo mas importante en nuestra tradición porque todo lo demás depende de nuestra epistemología (teoría sobre como pensar sobre la realidad).

Todos sabemos que las raíces no son ni lo más fácil de digerir ni lo más dulce a nuestro paladar. Algunas, como las zanahorias, se puede comer crudas. Otras, como el ñame y la yuca, requieren ser cocinadas, hervidas o fritas. Requieren de una preparación y digestión lenta. Pero sólo desde la raíz, desde el canon, pueden los frutos de la filosofía naturalista adquirir contexto, fortalecerse y auto-perpetuarse en nuestra alma.

Que es el canon

El canon no es sólo un sistema de epistemología, que se define como una teoría del conocimiento y de la forma en que se obtiene y se verifica lo que uno sabe. El canon también fue uno de los 300 manuscritos que escribió Epicuro, de los cuales sólo se conservan fragmentos. La escritura original del canon se perdió. Sin embargo, sí sabemos de fuentes indirectas lo que enseñaba el canon de Epicuro y somos capaces de recrear sus enseñanzas en gran medida.

Nausífanes, el maestro atomista de Epicuro (que había sido pupilo de Demócrito), fue quien inventó el trípode, el sillón de tres patas que simboliza los tres criterios para discernir la realidad. No sabemos si el trípode de Nausífanes era idéntico al nuestro, pero el trípode que Epicuro enseñó consiste en:

1. percepción de los sentidos (las facultades del oído, vista, olfato, tacto, gusto) – los materialistas deben ser empiristas porque la realidad y la naturaleza son una y la misma; deben aceptar la evidencia ante sus sentidos como la firme, innegable conexión con la realidad

2. sentimientos (las facultades de aversión y placer, a veces llamada el tono hedónico) – las señales de “pare” y “continúe” (o luz verde y luz roja) de la naturaleza; son la forma en que la naturaleza, a través de la selección natural, guía a las entidades vivientes y les ayuda a reconocer las estrategias de supervivencia de sus antepasados

3. anticipaciones (facultad de reconocimiento instantáneo) – luego de que nuestros sentidos y facultades nos dan ciertas impresiones y éstas se confirman una y otra vez, nuestras mentes son capaces de fácilmente reconocer ciertas formas y conceptos previamente aprendidos. Esta facultad, se cree, nos ayuda a reconocer abstracciones de uso social (como la “justicia” o ventaja mutua), y tiene una función importante en la teoría epicúrea del lenguage

Las facultades dentro del canon excluyen opiniones. Esto es de fundamental importancia. Las facultades dentro del canon solo reportan datos crudos que nos da la naturaleza, no juzgan ni interpretan. Es en el proceso de interpretación que con frecuencia se cometen errores, y los errores se pueden arreglar solo usando confirmaciones derivadas del canon.

De todas las facultades, la percepción sensorial es de vital importancia. Mientras que la razón es sin duda una herramienta útil para aprehender la realidad, si se alimenta de datos incorrectos o si especula sin estudiar la naturaleza, la razón puede producir conclusiones catastróficas, absurdas, innecesarias o poco prácticas.

La palabra canon se traduce como regla, vara de medir (para la realidad). En otras tradiciones (como el catolicismo), el canon tiene connotaciones legales, y el canon tal vez pueda ser imaginado como la Ley o Regla sobre el conocimiento que ha sido establecida por la naturaleza.

El Canon (escritura) que escribió Epicuro fue una especie de Biblia materialista, era de vital importancia para los antiguos epicúreos, y fue apodado “el libro que cayó del cielo” a modo de burla de nuestros enemigos, pero en tono de broma por los adherentes.

Evaluemos los peligros de razonar sin los sentidos. Sin datos empíricos no tenemos ciencia. Tenemos especulación o soñar despierto. No hay nada de malo en soñar despierto. Esto está bien para cuando somos poetas y escritores de ficción, o como entretenimiento y juego, pero no es filosofía naturalista.

INTELECTO: Es por convención que existe color, por convención dulce, por convención amargo.

SENTIDOS: Ah, miserable intelecto, usted consigue su evidencia sólo como se la damos a usted, y sin embargo, nos trata de derrocar. Ese derrocamiento será su perdición.

– Wheewright, Los presocráticos, p. 183

La prioridad del conocimiento natural y necesario

El canon es, en nuestra opinión, el sistema de epistemología mas biológicamente arraigado de todos los sistemas conocidos en la filosofía helenística–es decir, nos reconcilia con la naturaleza (incluída nuestra naturaleza) y con nuestros instintos, nuestros cuerpos. Sirve una filosofía que afirma la vida en este mundo y nos guía a fácilmente a identificar lo que nuestra naturaleza considera como conocimiento necesario.

A diferencia de otras filosofías, no aceptamos que la vida es inherentemente absurda y vacía de significado. En cambio, vemos que la naturaleza nos ha dado herramientas para aprehender la realidad y que estas herramientas nos dan todo el conocimiento y sentido que necesitamos.

A menudo perturbamos nuestras almas mediante la búsqueda de conocimiento más allá de lo necesario. Necesitamos saber cómo sobrevivir y comer, cómo relacionarnos con los demás, cómo mantenernos calientes durante un invierno, cómo protegernos de los peligros legítimos, cómo ser feliz … debemos conocer (SABER y CONOCER, aquí no cognitivamente sino por experiencia) el sabor de los alimentos y la seguridad de la amistad … pero no necesitamos saber de seres inmateriales ni en otros planetas para sobrevivir, no necesitamos saber de la inmortalidad y el tiempo sin fin, o cualquier cosa que se pueda imaginar sin fin–excepto para entender que estas cosas no nos afectan del modo en que las supersticiones primitivas sugieren. Tampoco hay necesidad de temer a espíritus o a la eternidad. La naturaleza no nos ha dado facultades para percibir estas cosas porque, incluso si existieran, no son ni nunca han sido necesarias. Aunque las fuentes antiguas de nuestra tradición no aplican una jerarquía al conocimiento similar a la que aplicamos a los placeres (en base a si son naturales y necesarios), un estudio cauteloso del canon y del proceso de selección natural darwiniana nos hace intuir que estas categorías son válidas.

Esto no quiere decir que el conocimiento que adquirimos mediante extender nuestros sentidos (con microscopios o telescopios, por ejemplo) no es bueno o que, porque se adquiere a través de extender los sentidos, sea menos impresionante. Pero la naturaleza requiere poco de nosotros. El conocimiento natural, innecesario es la cubierta dulce de un pastel en comparación con el poco pan, agua y frutas que verdaderamente necesitamos.

El Canon hoy

Uno de los primeros intentos modernos de reconstrucción de la sabiduría de lo que pudo haber sido el Canon de Epicuro, para el beneficio de un lector contemporáneo, lo fue el libro de Cassius Amicus titulado El trípode de la verdad, subtitulado “una introducción al libro que cayó de los cielos”. Cassius señala una sección sobre el canon en un trabajo previo de Norman Dewitt como su fuente principal. Hay mucho más que se puede decir sobre este tema y sobre cada una de las tres patas del trípode. Animo a cualquier persona interesada en profundizar su comprensión a leer estas obras, de las que pudiera surgir un nuevo canon, un cuerpo moderno de literatura.

El canon informa tanto la física (el tronco) como la ética (las ramas y frutos) de nuestra tradición. Cuando hablamos de átomos y vacío, esto lo reporta el canon: podemos mover las manos y vemos movimiento en todas partes, ergo tiene que haber vacío para que las partículas puedan desplazarse. Del mismo modo cuando decimos: “la muerte no es nada para nosotros”, esto lo reporta el canon. La muerte ante nuestros sentidos es no-existencia, es no-ser, no es nada.

La triste repercusión de no basar nuestra evaluación de (nuestro miedo natural de) la muerte en el estudio de la naturaleza a menudo culmina en cultos basados en el miedo. Esta es, potencialmente, la diferencia entre la abeja que simplemente recoge el néctar de los frutos dulces de la filosofía y el jardinero que es diligente, nutre las raíces e incluso cultiva sus bonsáis: el estudio del canon completa y corona nuestro arte de vivir, nos ayuda a arrancar de raíz los miedos no-evaluados, y fortalece nuestra convicción y nuestras mentes. Lucrecio contrasta la vida de un hedonista calculado a la de los seguidores de otras tradiciones que nutren penas innecesarias:

Agradable es, cuando sobre un gran mar el viento perturba las aguas, contemplar desde la costa la tribulación de otro: no porque los problemas de otro hombre sean una alegría, sino debido a que es agradable percibir de cuales males somos libres. – Lucrecio en De Rerum Natura II:1

La tarea espiritual de un epicúreo es reconciliarse con la naturaleza por medio del canon: no ser como la multitud, que busca escapar de la realidad en fantasías religiosas o fórmulas lógicas. La imperturbabilidad y felicidad son los subproductos de esta tarea.

Lea mas:

Canónica: criterios para la interpretación de la instalación delindividuo en la realidad

The Tripod of Truth, de smashwords; de NewEpicurean.com; de iTunes

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Pedantería versus filosofía

Puede parecer extraño,” dijo Metrodoro, “que la pedantería de Aristóteles encuentre tantos imitadores y sus dichos oscuros tantos creyentes en una ciudad también ahora adornada e iluminada por el lenguaje sencillo y doctrinas simples de un Epicuro. Sin embargo, el lenguaje de la verdad es demasiado simple para los oídos inexpertos. Partimos en busca de conocimiento como los semidioses de antaño en busca de aventuras, preparados para encontrar gigantes, escalar montañas, perforar los golfos de Tártaro y llevarnos nuestro premio de las garras de algún hechicero oscuro, invulnerables a todo menos las armas encantadas y los asaltantes que los dioses han bendecido. Encontrar ninguna de estas cosas y en su lugar, un camino suave a través de un país agradable con un guía familiar para dirigir nuestra curiosidad y señalar las bellezas del paisaje, nos decepciona de toda hazaña y toda notoriedad; y nuestra vanidad se aleja con demasiada frecuencia de la campiña bonita y abierta hacia oscuros laberintos de error donde confundimos misterio por sabiduría, pedantería por conocimiento y prejuicio por virtud.” – Frances Wright, en Varios días en Atenas

Mientras traducía la obra maestra de Frances Wright, este sermón sobre lo sencilla que es la filosofía y lo complicada que es la pedantería de muchos filósofos me llamó enormemente la atención. No fui el único, y creo que esto muestra lo importante y veraz que es el pasaje. Precisamente este pasaje de VDEA ha sido repetido en NewEpicurean.com y ya ha inspirado al menos un sermón filosófico allí en inglés … que este sea el sermón en castellano para el pasaje.

Es relevante hoy porque pocas personas conocen de la filosofía, y quienes la conocen generalmente están confundidos por sofistas de todas clases. Aparte de esto, está la débil naturaleza humana y la arrogancia suprema de nuestra especie, que nos deja convencernos por sacerdotes y pastores de doctrinas dudosas según las cuales podemos mágicamente vencer la muerte solo con creer en la resurrección de un carpintero o con repetir el shahada islámico: “No hay otro dios que Alá y Mahoma es su profeta”. Y ya … PUF. Somos inmortales. ¡Que puerilidad!

En contraste, Epicuro nos llama a aceptar que somos mortales y nos enseña que mientras mas aceptemos nuestros límites naturales (y si ponemos los pies en la Tierra veremos que la naturaleza, en realidad, no nos da otra opción), menos vamos a sufrir por causa de nuestros límites naturales, como la muerte.

No hay misterio, ni acertijo, ni creencias disparatadas que creer. Es todo tan sencillo que, como puso Frances Wright en los labios del sabio Metrodoro en su novela, la gente “se decepciona de toda hazaña y notoriedad” y se deja llevar por laberintos del error, error innecesario y carente en absoluto de evidencia empírica.

Porque esa es la otra majadería de los pensadores incautos: no saben confiar en sus propias facultades naturales, que la naturaleza les dio para poder sobrevivir en su hábitat como homo sapiens. No confían en sus cinco sentidos y en la evidencia empírica. No confían en la facultad del placer y de la aversión.

Entonces, terminan considerando falsedades como verdades y terminan considerando sufrimiento y “cargar la cruz” como un bien, como una fuente de virtudes. Solo el mas vil de los enemigos de nuestra alma y nuestra felicidad nos haría creer que en la cruz, en la agonía y sufrimiento es donde único surgen las virtudes. Tales enemigos del alma deberían ser confrontados y descartados como fraudes y como gente vil y abusadora. Es esta la razón, de hecho, por la cual es tan necesaria la educación e higiene filosófica.

Solo debemos “cargar la cruz” de los límites naturales que nos impone la naturaleza. Las cruces de las convenciones culturales, no las tenemos que cargar. Esas, que las cargue el que se las haya inventado. Tuve una tía que pasó 26 años casada con un esposo alcohólico que abusó de ella mental y físicamente todos esos años. La iglesia le enseñó no solo que debía cargar su cruz y hasta amarla, sino también que el divorcio es inmoral y pecado. Llegó un punto en que una de sus hijas se escondía bajo la cama cuando su padre llegaba, porque no sabía si iba a estar borracho. ¿No es esta una historia común en toda Latino América? La distorsión de nuestro compás moral y ético por las religiones es una tiranía que ha producido terribles resultados y horrores por incontables generaciones. La vida no es para sufrir. Es para vivirla y para ser feliz. Debería ser placentera.

“El lenguaje de la verdad es simple.” – El Buen Libro 6:21, la Biblia Humanista

La proverbial insistencia de los maestros epicúreos en definir claramente los significados de los términos antes de empezar cualquier discusión filosófica es otra expresión de este principio del habla sencilla, clara, concisa y franca.

Wright da en el clavo con respecto a otra acusación: gente con opiniones vacías esconden su vacuidad por medio de adornarse con lenguage abstracto, oscuro, indescifrable y misterioso. En toda la naturaleza es evidente que todo lo que nace tiene que morir. No hay absolutamente ninguna necesidad de inventarse acertijos míticos, Evas que comen manzanas, caídas del hombre de un paraíso que se presume existió en la historia, culebras que hablan, para entonces justificar toda una serie de soluciones a los supuestos errores originales de un dios que al principio nos había hecho inmortales. Así, se le buscan cuarenta patas al gato. Todo esto para dar una larga y torcida explicación a la muerte, un fenómeno enteramente natural y común.

Apliquemos el canon (la evidencia ante nuestros sentidos) a estos reclamos: las culebras no hablan, y desde luego es completamente innecesario creer que hablan para poder procesar nuestros miedos y articular nuestra terapia con respecto a la muerte. Las teorías paulinas de la salvación son tan confusas que es difícil entender como se siguen defendiendo y enseñando, como no se ha dado un proceso de purgar el cristianismo de estas doctrinas tan extrañas y contra-natura … los pocos cristianos que han aplicado genuinamente el pensamiento crítico a sus doctrinas han terminado ateos, o algunos de ellos tan liberales que sus creencias han terminado siendo en gran medida irrelevantes. Creo que esto es lamentable. Existe en el cristianismo una tradición humanista potencialmente muy rica que se ha desperdiciado por causa de los disparates de los teólogos.

Es sencillo: el hombre es un mortal. Nace, vive y muere, como todos los demás animales. Es un ser natural, emerge de la naturaleza y participa de ella.

No hay absolutamente nada malo en decir que somos seres naturales. Aceptar esto y abandonar el narcisismo que nos hace presas de doctrinas sobre la inmortalidad, con todas las trampas y cadenas que usualmente acompañan a estas doctrinas, es una de las hazañas intelectuales y espirituales mas nobles que un hombre libre puede llevar a cabo.

A modo de contraste, hacia el final de Varios días en Atenas, el maestro Epicuro termina una larga diatriba contra la religión con la mas simple de las enseñanzas:

“¡Escuchen, pues, mis hijos! ¡Escuchen a su maestro! Sea un dios o un filósofo quien hable, el mandato es el mismo: ¡Disfruten y sean felices! ¿La vida es corta? Eso es un mal: pero hagan la vida feliz, y así su brevedad es el único mal. Yo les hago a ustedes el mismo llamado que Dios, si existe, debe darles desde el cielo: ¡Gocen y sean felices! ¿Dudan en el camino? Dejen que Epicuro sea su guía. La fuente de todo placer está dentro de ustedes mismos. El bien y el mal se encuentran ante ustedes. El bien es todo lo que puede dar placer: el mal, lo que trae dolor. Aquí no hay paradoja, ni refrán oscuro, ni moral escondida en las fábulas.

Reitero: Aquí no hay paradoja, ni refrán oscuro, ni moral escondida en fábulas. Así es la filosofía naturalista.

Epicuro: Filosofía para los millones

Escrito originalmente por Norman DeWitt para The Classical Journal en enero del 1947. La traducción y notas al calce son de Hiram Crespo.

La fascinación de la civilización griega antigua incrementa cuando reconocemos que presenta el espectáculo de una raza inteligente en el proceso de emerger de la Edad de Piedra. El hombre de la Edad de Piedra no era menos inteligente que su posteridad y sea por la palabra escrita o por la mano hábil, era capaz de producir arte, pero la lógica de su pensamiento se confinaba a los límites demarcados por el mito y la magia, el oráculo y el milagro. Abrir una brecha en esta red de hábitos y aseverar por primera vez el derecho del hombre como un ser racional es lo que se quiere decir por emerger de la Edad de Piedra. A nivel material el cambio es inaugurado por el metalúrgico; a nivel intellectual empieza con el que por primera vez propone una hipótesis para explicar el mundo físico y como funciona. La ciencia marcha hacia adelante de una hipótesis a otra hipótesis.

Los primeros esfuerzos tambaleantes de razonar de los efectos manifiestos hacia las causas escondidas y presentar una pintura de la naturaleza interna de las cosas fueron llevados a cabo en los márgenes del mundo griego: es en la orilla de la vasija que las primeras gotas brillantes de fermento se empiezan a ver. En las incansables fronteras de Grecia nació una sucesión de pioneros del pensamiento. La mayoría de sus razonadas suposiciones ahora parecen absurdas, pero en dos siglos sus esfuerzos tentativos habían llegado a la teoría atómica de la constitución de la materia. Esto estaba lejos de ser absurdo: era la frontera de la química.

El mas grande nombre en esta sucesión fue el de Demócrito, que fue conocido como el filósofo risueño. En su enseñanza ética se daba mucho crédito a la alegría.

Demócrito aún vivía cuando el nuevo movimiento científico sufrió un revés violento. Fue en Atenas, el centro del movimiento conservador, que surgió la oposición y fue encabezada brillantemente. El líder no era otro que Sócrates, al cual le desesperaba la posibilidad del conocimiento científico. Aún Aristóteles, que fue pionero en algunas ramas de la ciencia, rechazó la teoría atómica. De entre estos dos grandes nombres vino el de Platón, que creía que las realidades últimas no eran átomos sino triángulos, círculos, cubos, etc. Por un tipo de analogía extendía su doctrina al reino del pensamiento abstracto. Si, por ejemplo, existen esferas perfectas, ¿porqué no puede existir perfecta justicia también? Convencido de que tal justicia perfecta existía, buscó su propio modo de encontrarla. Los diez libros de su República graban solo parte de sus búsquedas de la mente. En el centro de todo su pensamiento se halla la doctrina de que las cosas eternas e incambiantes son formas, modelos, patrones, o lo que significa lo mismo en griego: las “ideas”. Todas las cosas visibles no son sino copias cambiantes de las formas que no cambian.

El Renacimiento Epicúreo

Luego de que pasó el gran triunvirato de Sócrates, Platón y Aristóteles, la tradición científica fue reavivada con enmiendas oportunas por Epicuro. En su tiempo, la enseñanza prevalente era que las cualidades de los cuerpos compuestos debían ser explicadas por las cualidades de los ingredients. Si el cuerpo compuesto era frío, debía entonces contener el elemento frío del aire; si era mojado, debía contener agua; si era seco, tierra; si era caliente, fuego. Incluso Aristóteles sancionó esta creencia en los cuatro elementos. Epicuro, al contrario, mantuvo que los átomos sin color producían compuestos de cualquier color según las circumstancias de su combinación. Este fue el primer reconocimiento definitive de lo que conocemos como cambio químico.

La Reacción Estoica

Epicuro aún era un joven cuando el pensamiento conservador ateniense crió una segunda reacción a la nueva ciencia encabezada por el fundador del estoicismo, Zenón. Sus seguidores dieron la bienvenida a una regression mas extrema que la de Aristóteles a los elementos primales. Para la fuente de sus teorías físicas se remontaron a Heráclito, que creía que el único elemento era el fuego. Esto no era un retorno a la Edad de Piedra pero era un camino largo en esa dirección.

Este Heráclito había sido un individuo triste y eccéntrico y fue conocido, en contraste al contento Demócrito, coo el filósofo llorón. Su lamento era perpetuado por el estoicismo, un credo sin alegría cuyo fundador es descrito como “el agrio y gruñón Zenón.” Epicuro, al contrario, pedía a sus discípulos que “cargaran una sonrisa mientras practicaban su filosofía”.

Corriendo paralelo a estas actitudes divergentes hacia la vida y teorías físicas, había una divergencia social igualmente sólida. El platonismo como credo fue siempre aristocrático y favorecido en las cortes reales. “Prefiero estar de acuerdo con Platón y equivocado, que estar de acuerdo con Epicuro y tener la razón”, dijo Cicerón, y esta actitud engreída no era peculiar a el. Cercano al platonismo en rango estaba el estoicismo, que persistentemente alababa la virtud, la lógica y la providencia divina. Este frente engañoso era igual de aceptable a hipócritas y a santos. Aptamente, el poeta Horacio al describer un par de hipócritas de clase alta, menciona “panfletos estoicos cosidos entre sus almohadas de seda”. El epicureísmo, al contrario, no ofrecía cebo a los mercaderes de almohadas. Repudiaba toda distinción social. El consejo del fundador era prestarle atención a la opinion pública, solo lo suficiente como para evitar el criticismo hostil, ya sea por lo sórdido o lo lujoso. No había un credo apropiado para los ambiciosos política o socialmente.

El Hijo del Maestro

¿Quien, entonces, era este alegre y amigable Epicuro, este apóstol de una vida sin ambiciones? Era el hijo de un maestro ateniense residente en la isla de Samos. Esto no acarrea puño hoy, pero en Atenas era distinto. Esa cuna de la democracia era democrática solo dentro de límites. Sus ciudadanos despreciaban tanto a los isleños como a los maestros: los isleños porque eran gente pequeña que necesitaba protección de los mas fuertes; los maestros porque, al igual que sus propias mujeres recluídas, pasaban el tiempo con niños. Un satirista no solo se mofaba de Epicuro por ser isleño sino que le puso el sobrenombre cómico de Grammadidaskalides, como si “Hijo de maestro” fuera un apellido. De un cierto rival, Epicuro mismo dijo lo siguiente: “Esto le molestó tanto que degeneró en abusarme y llamarme maestro.”

El hecho que esta palabra fue prohibida en la escuela de Epicuro sirve como evidencia de la leve tempestad que tronó por un tiempo alrededor de esta palabra. No solo el sino todos sus asistentes fueron en su lugar llamados “guías” o “líderes”.

No era de esperar que un hombre tan descartado por las clases dominantes en la antigüedad,  al cual los escritores antiguos en su mayoría se referían, disfrute de un record tan limpio con la posteridad, y que esto sea expresado como un eufemismo. Mucho de lo que se puede leer sobre Epicuro incluso en los manuales mas recientes consiste de malas representaciones tradicionales, menosprecio y hasta falsedad simple. Su vida, por ejemplo, ha sido llamada aburrida. Esto es a decir verdad falso de su juventud. Su niñez cayó en los años durante los cuales toda aldea griega debe haber estado resonando con los reportes chocantes de las victorias de Alejandro Magno. El tiempo de llevar a cabo su servicio militar coincidió con las noticias del trágico final de Alejandro. Como cadete o efebo, debe haber atestiguado la última guerra futil contra Macedonia, la recepción en Atenas de una guarnición de Macedonia y el suicidio de Demóstenes. Incluso el retiro esforzado de Aristóteles durante la misma crisis y su muerte en Calcis debe haber sido bastante significante para alguien ya interesado en la filosofía.

Durante este mismo intervalo de dos años su casa paternal en Samos había sido destruída y su familia expulsada de la isla. Todos los colonos atenienses fueron echados por el general macedonio Pérdicas. Algunos doce años mas tarde Epicuro mismo estuvo destinado a ser por fuerza expulsado de Mitilene. Incluso luego de establecerse finalmente en Atenas, la ciudad pasó por un ataque doloroso y se tuvieron que contar las raciones de frijoles que daban a los miembros de la escuela. Esos son algunos de los acentos de una vida que los biógrafos llamaron “sin eventos”.

La Urgencia Pragmática

Habiendo terminado su servicio military tempestuoso, Epicuro se reunió con su padre y familia en Asia, donde un refugio había sido encontrado en la ciudad de Colofón. Allí durante el curso de la década siguiente, una gran iluminación le llegó cuyo resultado fue una nueva filosofía condicionada inevitablemente por los eventos externos y corrientes intelectuales de su tiempo. En medida que su filosofía revivía la tradición científica, era iónica; en medida que exaltaba la ética sobre la física, era virtualmente socrática. Pero esta similitud fácilmente oscurecía las mas conspicuas diferencias. La nueva doctrina divorciaba la ética de la política, lo cual era heterodoxia en Atenas. En su lugar, se aliaba con la tradición iónica de la medicina, que era filantrópica e independiente de las preferencias políticas. Al igual que todos los seres humanos, hombres, mujeres y niños, esclavos y libres, necesitaban de salud, así toda la humanidad necesitaba de guía para una vida feliz según Epicuro. Esta vision de las cosas teñía su filosofía del color de un evangelio y confería sobre ella una urgencia pragmática que no se halla en el pensamiento socrático. No tenia paciencia con los ociosos desvíos de la dialéctica. La verdad, el creía, debía poseer relevancia inmediata a los vivos.

La Nueva Visión Ecuménica

La naturaleza del nuevo modo de ver las cosas fue puesta en una brillante luz por una comparación que se le sugirió a Epicuro. En Atenas, los hombres practicaban unos raros rituales coribánticos de salud mental en el cual los pacientes se sentaban solitarios en un trono mientras que los cuidadores bailaban a su alrededor con música y canción ruidosas. La primera reacción a este tratamiento, si daba una cura, era perplejidad, la segunda cansancio y la tercera un despertar extático al gozo y a la salud. En este rito Epicuro vio una imagen al revés de su propio programa de salud. En lugar de un individuo solitario y favorecido rodeado de una multitud que le cuidaba, el imaginaba una vasta multitud de humanidad que necesitaba sanación mientras que una solitaria Filantropía personificada ofrecía su cuido: “El amor danza alrededor la Tierra habitada, llamado a todos los hombres a despertar a la bendición de una vida feliz”. No puede haber duda de la identidad de este Amor: es el amor hipocrático por la humanidad, que para los verdaderos miembros de las artes medicinales era inseparable de la sanación.

En esta enseñanza, Epicuro mostró su originalidad. Su nuevo diseño para vivir era aplicable en todas partes, irrespectivo de país o gobierno. Se había emancipado de las obsesiones de su raza, separatismo político y la fe exclusiva en la acción política. El mundo entero era su parroquia.

Es mera justicia que otros aspectos originales de su filosofía deban recibir reconocimiento. Cicerón, un astuto abogado de juicio, en sus últimos años empleó los trucos de las cortes para desacreditar el epicureísmo entre sus contemporáneos y para la posteridad. Entre los falsos cargos que presentó, culpó a Epicuro de abandonar las particiones metodológicas de los tópicos, clasificaciones y definiciones. Sin embargo, esta partición de conocimiento que era el estándar en los tiempos de Cicerón y a través de la mayor parte de la antigüedad fue el invento del despreciado Epicuro. Su división era en tres partes: el canon, la física y la ética. Los estoicos, siempre tomando prestado, cambiaron esta partición a física, ética y lógica. Su lógica era tomada de Aristóteles, y tampoco importaba que esta había remplazado el canon. Tanto el canon como la lógica tenía como propósito la prueba de la verdad.

El Canon

Cuan ordenado es el pensamiento epicúreo, lo cual Cicerón negaba, es también ejemplificado por el canon, según el cual poseemos tres contactos con el mundo externo: las sensaciones, los sentimientos y las anticipaciones. En nuestros manuales, dos de estos tres son completamente mal representados. Es costumbre declarar que Epicuro creía “en la infalibilidad de los sentidos”. Ni siquiera los antiguos se aventuraban a ir tan lejos en esta tergiversación. Lo que Epicuro sí creía era que solo las sensaciones inmediatas eran ciertas. Por ejemplo, si el observador ve un toro a una distancia de diez pies, puede estar seguro de que es un toro, pero si ve un animal a una distancia de una milla, no tiene certeza de si es toro o caballo. Ademán, no se asume que porque una sensación sea cierta es también de confiar. Un remo en el agua parece estar torcido: la sensación es cierta pero es falta a los hechos. Naturalmente, todas las sensaciones deben ser verificadas unas por las otras, y por las de otros observadores.

El sentimiento solo ha sido reportado de modo correcto. Con esto se quiere decir el placer y el dolor (el tono hedónico). Estos son instrumentos de la naturaleza para enseñar tanto a las bestias como al hombre los hechos de la vida: la miel es dulce, el fuego hiere.

El tercer término, las anticipaciones (prolepsis) ha sufrido la peor de las tergiversaciones. A diferencia de las sensaciones y los sentimientos, que se refieren mayormente a contactos físicos, las anticipaciones tienen que ver con relaciones sociales e ideas abstractas, como la de la justicia. Epicuro observó acertadamente que tanto animales como humanos desde el nacimiento no solo buscan la comida y evitan el dolor, sino que exhiben pronto una disposición para caer en patrones de comportamiento apropiados para su especie. En el caso de los seres humanos, habla de esta predisposición como una idea levemente grabada en la mente desde el nacimiento. Ya que existe previa a la experiencia de la vida y de la reflexión consciente, es llamada por el anticipación.

Además, ya que ciertos patrones de conducta son propios a cada raza de seres vivientes, se entiende que en el caso de la raza humana, por ejemplo, una definición de justicia, para ser cierta, debe estar alineada con la idea innata de la justicia. Es en este caso que la anticipación sirve como prueba de la verdad y encuentra su lugar en el canon. La verdad debe estar alineada con la naturaleza.

El error en los manuales en este punto es fundamental. Han confundido conceptos generales, como el de un caballo, con ideas abstractas como la de justicia, piedad o amistad.

Estas tres, pues, las sensaciones, sentimientos y anticipaciones, constituyen el trípode de la verdad epicúreo. A través de la primera conocemos el mundo físico, por la segunda aprendemos los placeres y penas de vivir, y por la tercera somos guiados bien al reconocimiento de verdades abstractas.

La Nueva Física

Lo ordenado del pensamiento epicúreo es ejemplificado también en su física. En un texto titulado Los Doce Resúmenes, Epicuro provee a sus discípulos con el único resumen completo y coherente a los principios generales de la física que jamás fue promulgado en el mundo antiguo. Varios ejemplos bastarán como ilustración: 1. La materia es indestructible, 2. La materia no puede ser creada, 3. El universo consiste en átomos y espacio, 4. El universo es infinito, 5. Los cuerpos son, o simples o compuestos.

El resto de los princípios tiene que ver con las cualidades de los átomos, su imposible de imaginar velocidad en el espacio, sus vibraciones como compuestos, su capacidad de formar compuestos que poseen cualidades que no poseen ellos mismos como color y plasticidad, y su tendencia a producir filmes de imágenes de cosas, llamadas ídolos , que explican la sensación de visión.

Especialmente importante era la doctrina de que en los movimientos de los átomos existía suficiente grado de libertad para permitir el ejercicio de la libre voluntad en los animales y los hombres. Esto es conocido como la “doctrina del girón”.

La Nueva Libertad

Epicuro fue el primer filósofo griego en expresamente endosar una doctrina de libre voluntad. Sus predecesores habían reconocido tres fuerzas como incompatibles con la libertad del individuo. Primero, ciertos físicos, como Demócrito, habían propuesto la supremacía de las leyes inviolables de la naturaleza. Esto era conocido como necesidad. Segundo, los griegos en general creían que el hombre era impotente ante la voluntad de los dioses. Esto era llamado necesidad o destino. Tercero, los griegos generalmente concedían a la diosa Fortuna la habilidad de hacer o destruir la felicidad de los hombres.

Como el pragmatista moderno, Epicuro acentuó el poder del hombre para controlar su experiencia. La necesidad de los físicos la eliminó por su doctrina de cierta libertad de juego en los átomos. La necesidad de Fortuna la expulsó por medio de negar toda forma de interferencia divina en los asuntos de los hombres. Le enseñó a sus discípulos a desafiar a Fortuna en base a que los caprichos del azar pueden ser enteramente evitados por medio de la planificación racional. Estas enseñanzas nulificaban la importancia de los poetas griegos como maestros morales. Homero y su drama trágico fueron echados. Epicuro consideraba sus enseñanzas morales como disparates.

Esta nueva libertad significó el privilegio de estar continuamente feliz. Esto también era nuevo, porque Platón y la mayoría de los otros maestros habían asumido la existencia de cimas de placer que alternaban con intervalos vacíos de placer. El maestro hizo del placer continuo concebible y alcanzable por medio de definir el placer como una mente sana en un cuerpo sano. Su límite era estar libre de dolor en cuerpo y ansiedad en la mente. El placer, el dijo, era normal al igual que la salud es normal; el dolor era no-normal como la enfermedad es no-normal. Al vivir un estilo correcto de vida y limitar los deseos, el declaró que la continuidad del placer podía ser lograda. El control de la experiencia era para el una imperativa categórica.

El Placer No Es el Bien Mayor

A pesar de esta enseñanza, la doctrina de Epicuro no decía que el placer era el bien supremo. En su pensamiento, el bien supremo era la vida misma. Esta era la deducción lógica de negar la inmortalidad. Sin la vida venidera, esta vida presente se convierte en la concentración de todos los valores. El placer, o la felicidad, tiene su lugar como el fin, la meta o realización de vivir.

Fueron los estoicos y Cicerón quienes fabricaron y publicaron el reporte falso de que Epicuro consideaba el placer como el bien mayor. Esto es en error afirmado en todos los manuales.

La Nueva Sicología

Igual que la creencia en la inmortalidad lleva a la exaltación del alma y el desprecio del cuerpo, también la creencia en la mortalidad presume cierto estatus parejo entre cuerpo y alma. Para Epicuro, el alma es de una estructura similar al cuerpo, y difiere solo en la fineza y movilidad de los átomos que la componen. El cuerpo y alma trabajan junto. El alma da sensibilidad al cuerpo y el cuerpo, en torno, se la da al alma. Esto resulta en una “co-sensibilidad”, como el le llama. La sensación misma, el dijo, es irracional. Así la lengua, por contacto físico, recibe el estímulo de lo dulce pero es la inteligencia, parte del alma, que reconoce ese estímulo y emite el pronunciamiento: “esto es miel”. Esta interdependencia de cuerpo y alma se extiende a todas las actividades. Las respuestas a los estímulos son totales, no separadas: son sicosomáticas, para usar un término de la siquiatría moderna. Epicuro repudió toda filosofía que fallara en ver la siquiatría como su función.

Persecución por los Platónicos

A la edad de trenta, Epicuro migró de Colofón a Mitilene y comenzó a propulgar estas heterodoxias como maestro público. En esa ciudad los platónicos eran dominantes. En un espacio de varios meses, el parece haberles colmado la paciencia. Dentro de un año, su enemistad había excitado las autoridades e incitado a la población de tal modo que fue forzado a tomar una barca en el invierno y estuvo en peligro de naufragar o ser capturado por piratas. Nunca mas se aventuró como otros filósofos a enseñar en lugares públicos.

En Lámpsaco, en el Helesponte, encontró un refugio y ganó el favor de las autoridades, reuniendo una fuerte escuela y obteniendo apoyo financiero. Luego de cuatro años se sintió lo suficientemente fuerte como para llevar la guerra a Africa, como se dice en la historia romana, y se mudó a Atenas, a la misma calle en la que estaba la Academia de Platón y no lejos de ella.

Los Nuevos Procedimientos

La persecución no había cambiado sus doctrinas pero revolucionó sus procedimientos. Las apariciones en público eran evitadas: la instrucción era confinada a su propia casa y el jardín que había comprado. Fuera de su escuela instituyó un método de diseminar su nueva doctrina por medio de contactos personales. Se invitaba a cada converso a ganarse los miembros de su propia casa, sus amigos y vecinos, “sin jamás aflojarse en propagar por todos los medios las doctrinas de la verdadera filosofía”. Conversos prospectivos eran educados con libros y panfletos. Epicuro mismo, como John Wesley, se convirtió en un ocupado recopilador de libros y escribió instrucciones específicas para el uso apropiado de ellos. Hizo bosquejos de la doctrina para aquellos que no podían vivir en residencia. La lealtad de los discípulos que vivían en otras ciudades era retenida por medio de epístolas cuidadosamente compuestas. Así la nueva escuela se transformó en una secta que se auto-propagaba.

Dentro de dos siglos este evangelio de la vida tranquila se había expandido por la mayor de las partes del mundo greco-romano. “Tomó a Italia como una tempestad”, como Cicerón titubeó en admitir. A la misma vez, las fuerzas de la oposición estaban creciendo a igual proporción. Las campañas de los estoicos se volvieron tan notorias que los eruditos modernos casi han ignorado la batalla original con los platónicos, cuyos agrias críticas fueron revisitadas por Plutarco bajo el imperio temprano. Ya para ese tiempo los escritores cristianos se habían unido al coro de la oposición y, al final, en la tempestad del cuarto siglo, la amigable secta parece haber sido finalmente silenciada. Por algunos siglos luego de eso todo lo que sobrevivió fue un residuo de falsedad. Los hombres sabían aún algo del epicureísmo (al que le asignaron la definición de decadencia y gratificación) pero nada del epicureísmo como filosofía.

Sin embargo cuando el estudio de la ciencia natural renació al fin, fue la rechazada teoría atómica la que proveyó un punto de partida para la química moderna y cuando los pensadores modernos empezaron a ver procesos evolutivos en las instituciones humanas, se observó que hace tiempo Epicuro había iluminado el camino de la investigación. Errar con Platón tuvo su placer y su aprovechamiento, pero también su precio: se pospuso el progreso científico. El pensamiento platónico tuvo cercanas similitudes con la Edad de Piedra.

Sociedad de Epicuro

El renacimiento epicúreo‏

Escrito originalmente en inglés para Humanist Life, una publicación del British Humanist Association.

Según los anales de la historia, en el siglo VI el emperador Justiniano cerró definitivamente todas las escuelas de filosofía que competían con el cristianismo. Esto fue lo último que supimos de la escuela epicúrea, cuya tradición se había mantenido culturalmente vibrante durante siete siglos. Epicuro había sido uno de los primeros en proponer hace 2,300 años la teoría del átomo, el contrato social como base para que reine la ley y la posibilidad de un proceso empírico de búsqueda de la felicidad: una ciencia de la felicidad. Estas escuelas progresistas eran oasis de tranquilidad, razón y placer conocidas como jardines, donde los ideales de amistad civilizada florecieron y los hombres, mujeres e incluso los esclavos participaban en el discurso filosófico como iguales.

Si un conjunto de doctrinas puede ser considerado como el fundamento de la filosofía epicúrea, sería el Tetrafármaco: los Cuatro Remedios. Para fines didácticos, las enseñanzas siempre se han impartido en forma de cortos adagios fáciles de memorizar. Hay muchos más de cuatro remedios en el epicureísmo. Sin embargo, éstos son reconocidos como el núcleo de la enseñanza del cual el resto de la filosofía fluye:

No temas a los dioses
No temas a la muerte
Lo agradable es fácil de alcanzar
Lo doloroso es fácil de soportar

En sus Doctrinas Principales 11-12, Epicuro aboga por el estudio de la ciencia como una forma de emanciparnos de miedos irracionales. Para los naturalistas que no creen en los dioses o espíritus, los dos primeros fármacos se pueden traducir como: “No temas al destino o la suerte, ya que es inútil luchar contra aquello sobre lo que no tenemos ningún control. Se genera sufrimiento innecesario”.

El poeta epicúreo romano Lucrecio, en su De Rerum Natura (Sobre la naturaleza de las cosas), dedica largas porciones del poema filosófico a explicar fenómenos naturales tales como como el trueno y los movimientos de los cuerpos celestes, no como obra de los dioses sino como algo natural, ya que el temor a los dioses es visto como incompatible con la vida civilizada . Puesto que él no pudo en esos días para producir una teoría completamente científica para explicar todos estos fenómenos, proporcionó varias teorías posibles para muchos de ellos sin apoyar oficialmente ninguna y humildemente reconoció que pensadores futuros probarían los puntos principales de su cosmología naturalista y científica, lo cual finalmente hicieron. Y así podemos decir que su actitud básica no solo era sobria, sino que también respetaba nuestra inteligencia lo suficiente como para no exhibir arrogancia y certeza que no tenía. El tiempo mostró su buen juicio … y su sinceridad.

El hecho que la prohibición de temer a los dioses, y en contra de la religión basada en el miedo en general, sea el primer y principal tabú en la filosofía epicúrea, sigue siendo refrescante hasta el día de hoy.

El segundo remedio es elaborado en una serie de enseñanzas y aforismos que sirven como una forma de terapia cognitiva para lidiar con el trauma de la muerte. Entre ellos, la más memorable es puramente hedonista. Se resume así:

La muerte no es nada para nosotros, ya que cuando somos la muerte no ha llegado, y cuando la muerte ha llegado no somos.

También está el argumento de la simetría, que compara el tiempo después de nuestra muerte al tiempo antes de nuestro nacimiento del que no tenemos memoria. Puesto que no hay nada, ¿por qué temerle? Es tan poco inteligente ser innecesariamente atormentado sobre la vida venidera, como lo es ser atormentado por el estado antes del nacimiento. Sostengo que con frecuencia eran no sólo las enseñanzas, sino la manera en que fueron impartidas, en el contexto de una comunidad afable de amigos-filósofos, que servía de consuelo y que es imposible replicar la paz y la convicción de Epicuro dio a la humanidad sin este sentido de comunidad.

Las dos últimas declaraciones del Tetrafármaco sobre cómo debemos evaluar nuestros deseos y discernir cuáles son innecesarios frente a cuáles son necesarios, cuáles llevan al dolor cuando son satisfechos o ignorados frente a cuáles no. Por este proceso analítico, uno aprende a contentarse con los placeres simples de la vida, los más fáciles de alcanzar y que llevan a poco o ningún dolor. Es aquí donde los verdaderos frutos del entendimiento epicúreo comienzan a ser cosechados y se vive con mayor facilidad. Las mejores cosas en la vida son gratis.

Una de las primeras tareas psicológicas de cada epicúreo es llegar a ser consciente de sus deseos y cualquier dolor o ansiedad que puedan estar generando. Otra tarea es aprender a saborear y apreciar las cosas simples cuando están delante de nosotros. Los buenos amigos, los buenos alimentos y las bebidas refrescantes, la familia, la buena música, la cercanía a la naturaleza, incluso nuestra visión del cielo que (como Carl Sagan nos avisó) deben siempre hacernos sentir humildes.

La buena noticia, según Epicuro, es que la felicidad se logra fácilmente si cultivamos la filosofía. Él cita la necesidad de la gratitud y de las amistades sólidas como ingredientes fundamentales para la buena vida, y no sólo clasifica los deseos sino también discierne entre placeres cinéticos (activos o dinámicos) que ocurren cuando satisfacemos el deseo y los placeres catastemáticos (pasivos o estables) que suceden cuando no tenemos deseos que satisfacer, los que calificó como superiores.

El psicólogo de la Universidad de Harvard e investigador de la felicidad Dan Gilbert confirma las ideas de Epicuro, incluyendo cómo las relaciones sanas aumentan significativamente la cantidad de placer y de experiencias memorables que reunimos a lo largo de nuestra vida. Utiliza palabras diferentes: la felicidad natural es la que se alcanza cuando satisfacemos un deseo (el placer cinético, en la jerga epicúrea), mientras que la felicidad sintética es independiente de los deseos (el placer catastemático).

Ya que la felicidad sintética no requiere de lo externo, es considerada superior: es un signo de un ser liberado. El Dr. Gilbert argumenta a favor de la felicidad sintética citando el ejemplo del ganador de la lotería y el parapléjico que presentan niveles similares de felicidad un año después de ganar la lotería y perder las extremidades inferiores, respectivamente. Estos casos han sido estudiados por los investigadores de la felicidad Brickman et al.

Esto, en la psicología positiva, se llama adaptación hedónica: el estado habitual de felicidad al que siempre volvemos. Se están investigando métodos para aumentar los niveles de adaptación hedónica que son normales para cada individuo.

Las teorías de Gilbert son epicureísmo con otro nombre. Uno de los elementos de la enseñanza epicúrea con el que los filósofos han luchado más a lo largo de la historia es la idea de placer pasivo. A menudo se argumenta que la falta de dolor no es una definición de placer, pero este es el arte de la felicidad que Epicuro enseñó: que tenemos que aprender a ser felices independientemente de factores externos y de que es posible y deseable cultivar placeres catastémicos a través de las disciplinas filosóficas. De hecho, Epicuro sostiene que el verdadero propósito de la filosofía es asegurar un fin al sufrimiento y crear una vida hermosa, feliz y placentera.

La investigación de Gilbert defiende el placer catastemático como un ingrediente necesario en la felicidad humana y está empezando a dar un nuevo impulso al discurso sobre la filosofía de la felicidad que Epicuro había comenzado y que se vio interrumpido por Justiniano hace 1,500 años. También agrega nuevos conceptos a nuestra ciencia de la felicidad e incluso propone que tenemos un sistema inmunológico psicológico que combate los estados de ánimo tristes.

Las conclusiones de Gilbert, junto con la investigación del bienestar en campos como la neurociencia y la dieta, apuntan a los epicúreos modernos en la dirección de una reinvención interdisciplinaria, práctica de la filosofía, que es justo lo que necesitamos si la filosofía va a volver a ser una vez más el motor cultural revolucionario, emancipatorio que era antes.

En cuanto al cuarto remedio, Epicuro nos recordó la naturaleza temporal del dolor corporal. Podemos tener una fiebre o un dolor de estómago, pero a los pocos días nuestro sistema inmunológico lo combate. En el caso de los dolores crónicos, uno se acostumbra a ellos después de algún tiempo. En la naturaleza, ninguna condición dura para siempre. La impermanencia de todas las condiciones es un consuelo cuando éstas son dolorosas. Una actitud desdeñosa hacia el dolor requiere disciplina, pero puede cultivarse si somos conscientes, disciplinados, y desarrollamos la voluntad de proteger a nuestra mente.

Luego están los dolores mentales y la ansiedad. Estos se trabajan de manera sistemática a través de la terapia cognitiva. La resolución de seguir a Epicuro es esencialmente una resolución para proteger la mente. Es imposible ser feliz si no podemos controlar nuestra ira y otras emociones fuertes: vamos a pasar de un estado perturbado al siguiente y nunca probar la estabilidad de la ataraxia, que se traduce como imperturbabilidad y es la madurez definitiva que un filósofo puede alcanzar.

Vivimos en una sociedad consumerista, disfuncional, llena de ansiedad y neurosis, donde pocas personas analizan su vida, la mayoría de las personas tienen poca capacidad de atención y están generalmente desinteresados en disciplinar sus mentes y poner freno a los deseos sin sentido. Si la filosofía se entiende como los epicúreos la entienden, entonces se hace evidente que la gente hoy necesita desesperadamente de la filosofía.

Muchas más cosas podrían decirse acerca de los consuelos de la filosofía epicúrea y humanista. Dejo a mis lectores con una invitación a estudiar a Epicuro y a participar a solas y con otros en el discurso filosófico. Les prometo que su vida se enriquecerá.

Hiram Crespo es el fundador de la Sociedad de Amigos de Epicuro (societyofepicurus.com) y el autor de Tending the Epicurean Garden (Humanist Press, 2014) / Cultivando el jardín epicúreo. Es además un blogger y ha contribuído a Humanist Life, The Humanist, The New Humanism, Greenewave, NEIU Independent, Lilipoh, Om Times y otras publicaciones.

Contra la herejía del inmaterialismo

He estado sacando tiempo para leer el libro de Michel Onfray Tratado de la ateología luego de que un camarada compartiera el enlace en un sitio laico.  Mi interés por Onfrey surge a partir de intercambios con un amigo filósofo del norte de Europa que me lo aconsejó en la comunidad epicúrea del internet.  Luego, tuve la oportunidad de practicar el francés básico que conozco leyendo en idioma original La sculpture de soi, una obra en la que parte de una escultura de un mercenario europeo para filosofar sobre el autarca, el filósofo libre.

A través de la obra de Onfray, se puede entrever siempre un epicureanismo nitzcheano, post-cristiano.  Esta obra en particular parte del evento histórico de la muerte supuesta de Dios en la obra de Nietzche, pero como dice Onfray en otras de sus obras, el cadáver de Dios aún no lo hemos enterrado y el hedor está en todas partes.

Hay algunos puntos de interés en esta obra que quizá merezcan ser atendidos en blogs separados, pero el que me interesa en particular ahora es el tema del verbaje y las agendas detrás de los verbajes.  Es este uno de los instantes en que Onfray arguye que la epísteme cristiana pervade el pensamiento supuestamente laico de la sociedad entera, nuestras leyes, nuestra política.

Incluso los modos en que nos identificamos laicos (sin que a veces lo notemos) refuerzan perspectivas no-analizadas de lente abrahámico que equiparan decencia con cristiandad o con fe.

Me interesa el asunto del vocablo y los puntos de partida por mi conversión al epicureísmo y mi insistencia firma a tomar Epicuro como punto de partida.  En el Tratado de ateología, página 39, se lee:

Los adoradores de todo y de cualquier cosa … reducen a los incrédulos a ser, desde lo etimológico, no más que individuos incompletos, amputados, fragmentados, mutilados, entidades a las que les falta Dios para ser de verdad.

Lo curioso es que, al igual que Nietzche, Onfray contrapone el ser versus el no ser, la vida contra la muerte, con las religiones sobrenaturalistas siempre delineándose como cultos a la muerte, es decir, al no-ser.  ¿A quien en realidad le falta algo, a los que se extasían en lo espiritual e intangible o a los que plantan sus pies firmes en la realidad, la materia, el ser?

Notamos que los católicos se escandalizan poco por el abuso sexual de curas con menores, pero mucho cuando los fetos son abortados … tendrán los curas que violar fetos para que los católicos se escandalizen.  Pero estos son síntomas de los cultos a la muerte: idolatría de la agonía, del dolor, del martirio, y preocupación por la gente solo antes de nacer y luego de morir, imaginería de paraíso post-mortal mientras que el materialismo y el atomismo hedonista y ético se enfoca en la calidad de la vida de las entidades vivientes durante el tiempo entre el nacimiento y la muerte: el único tiempo que importa, el único en que se puede sufrir, amar, llorar, vivir, aprender.

Entonces, ¿porque el filósofo materialista debe considerarse a-teo, in-crédulo, in-fiel, im-pío, siempre una negación de una virtud imaginaria e intangible, siempre partiendo de un punto de referencia iniciado por retóricas hostiles?

Esa es la ironía, y mi crítica principal de hecho al autor que escribe todo un tratado de ateología en lugar de partir, como predica que debemos, de un punto de partida netamente materialista.  Es por esto que soy, e insisto denominarme, epicureano.

Del mismo modo, el autor da en el clavo al nombrar varios de los problemas principales que nacen de la religión.  Llama nuestros temores y angustias existenciales, sobre todo el miedo a la muerte, “máquinas de crear divinidades”, pero fracasa en apuntar el dedo a los primeros dos tabúes epicúreos, las primeras dos de las cuatro curas del maestro Filodemo de Gadara: “No temerás a los dioses” y “No temerás a la muerte“, doctrinas que al ser elaboradas con elocuencia roban de fecundidad el alma parturienta de dioses.

Entonces, su tratado de ateología, incluso desde su título mismo y punto de partida, estará siempre incompleto, será siempre el comienzo de una conversación y nunca el final.

Luego, de nuevo, da en el clavo al aseverar en la página 49:

Por lo tanto, la religión se convierte en la práctica por exelencia de la alienación; supone la ruptura del hombre consigo mismo y la creación de un mundo imaginario en el cual la verdad se encuentra investida imaginariamente.

… pero fracasa en proveer al lector de un contra-análisis enraizado en el discurso epicúreo, discurso que el autor admite admirar.  Como respuesta y como cura a esta alienación, este deseo de partir de este mundo y de imaginar otros, se nos ofrece lo que en griego se llama la enargeia, la inmediacía de la experiencia ante nuestros sentidos, que a veces es traducida como evidencia y no es menos que el ancla que nos permite estar en este mundo.  Es vivir, despertar a la realidad.  En oriente, enargeia podría traducirse como zen, pero este es el verbaje puramente laico y representativo del humanismo secular occidental.

Hemos de entonces acuñar nuevos vocablos afirmativos, vocablos que nombren lo que uno es en lugar de negar lo que uno no es, que tomen nuestra experiencia y perspectiva como punto de partida y no la de partidos hostiles a nosotros.

En lugar de hablar de como los ateos son impíos e irreligiosos, hablemos de como los religiosos son anti-laicos. Hablemos del laicismo como la norma, porque de hecho lo ha sido y lo ha debido haber sido en los últimos varios siglos.

Empecemos a denominar a los que odian la filosofía y la evidencia como crédulos, o quizá como antísofos (partidarios en contra de la sapiencia).

Empecemos a hablar del inhumanismo de los que se oponen al humanismo secular, particularmente cuando se les olvida ocuparse por el tiempo entre el nacimiento y la muerte, con todos los tangibles de la ética que se dan en ese intervalo.

Hablemos del sobrenaturalismo y la superstición de los que no aceptan concepciones naturalistas de la realidad.  Hablemos, como bien hizo Tomás Jefferson, de la herejía del inmaterialismo que se ha apoderado del cristianismo.

Porque las palabras son, de hecho, poderosas y quienes las disponen y las proponen ejercen cierto tipo de poder por medio de ellas.  Entonces, cuajemos no tratados de ateología contra los ‘fieles’ sino discursos laicos contra los anti-laicos.  Fieles son los naturalistas a la vida, a la realidad y a la sana filosofía.