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En defensa del placer

Bee

“Consecuentemente, quien sigue el placer se mantiene virtuoso, y también aquellos que llamas amantes del placer son amantes de lo bueno y amantes de la justicia, y cultivan y mantienen todas las virtudes.” – Casio a Cicerón, enero del año 45 Antes de la Era Común

La necesidad presente de un contra-diccionario

No ha habido filosofía mas vilificada que el hedonismo, incluso cuando es cualificado como racional, calculado o filosófico. La palabra misma, tras siglos de propaganda cristiana y platónica anti-placer, anti-cuerpo, ha venido a tener una connotación negativa. Se nos ha vendido la idea de que el hedonista busca la gratificación instantánea, que no controla sus deseos. Placer a veces es equiparado con pecado, con corrupción.

A muchos enemigos del cuerpo y del placer les gusta argumentar que somos hedonistas en el sentido vulgar y hasta nos acusan de consumismo. El consumismo es el archi-enemigo de Epicuro, que propone un currículo de control de los deseos basado en su sometimiento al cálculo hedonista.

Otros, como ciertas sectas neo-aristotélicas (bueno, los objetivistas-randianos), sostienen que los placeres, como criterio, son “subjetivos” e “ilógicos”, que supuestamente son necesarios criterios “objetivos” para las decisiones éticas. Pero los seres humanos no somos puramente lógicos o racionales: somos seres naturales con dos hemisferios del cerebro, uno racional o lineal, otro irracional, y no podemos satisfacer nuestras necesidades naturales a través de métodos puramente racionales sin prestar atención a nuestra facultades irracionales. Esto es auto-evidente. Debemos aplicar la razón a los problemas de necesitar alimentos, vivienda y otras necesidades básicas. La naturaleza no nos da una opción: sabemos que tenemos que resolver estos problemas debido a lo que nuestra propia naturaleza nos dice a través de nuestras facultades, como la de placer y aversión (hambre, frío). Por lo tanto, sin esta conexión esencial con la realidad que son nuestras facultades (que incluyen los cinco sentidos y la facultad de placer y la aversión), no podemos sobrevivir o funcionar.

Por esto, una de las labores de los filósofos hedonistas de hoy es reparar el daño que ha hecho esta rebelión contra la naturaleza que son las religiones que predican otros mundos, y a última instancia repudiar el platonismo en el que se basan, por medio de reclamar estas palabras dentro de nuestro vocabulario como afirmaciones de valores sanos y positivos que son esenciales para nuestro compás moral. Este artículo tiene como propósito aclarar las doctrinas hedonistas para el beneficio de la gente moderna.

Los epicúreos enseñamos que el placer es el fin (telos, en griego) que nuestra propia naturaleza ha establecido para nosotros, y que esto es evidente en los niños y hasta en los “gatos y perros” recién nacidos, para usar un término tomado de NewEpicurean.com.

“Todo animal, tan pronto nace, busca el placer y se deleita en él como el bien supremo, mientras que se aleja del dolor como el supremo mal y lo evita en medida que sea posible. Hace esto mientras permanece incorrupto, siguiendo el veredicto sin prejuicios y honesto de la misma naturaleza.” – Torcuato, en Sobre los fines

Entendido así, somos hedonistas no porque seamos caprichosos o irracionales, no porque buscamos la gratificación constante, sino porque nuestra filosofía naturalista se basa en la observación de que la naturaleza misma ha establecido placer y aversión como guías para identificar lo necesario y lo dañino.

Darwin, la selección natural y el hedonismo

En Cultivando el jardín epicúreo, cito el ejemplo de la relación entre las abejas y plantas. Hace millones de años, las plantas decidieron embellecer sus genitales mediante la producción de flores con néctar para atraer a ciertos insectos que habían demostrado sentirse atraídos y estar en sintonía con el aroma y el sabor de ciertas sustancias altamente nutritivas que las plantas sabían cómo producir. Las plantas se beneficiaron mediante la difusión de su polen por la tierra y la obtención de la diversidad, que es una de las ventajas de la reproducción sexual. Con el tiempo, esta simbiosis entre plantas y abejas es tal que, sin ciertas especies de abejas, hay cientos de especies de plantas que no tendrían manera de reproducirse.

Las plantas y los insectos que supieron maximizar del beneficio mutuo de esta relación fueron capaces de pasar con más éxito sus genes a la próxima generación, hasta que todos los miembros de sus grupos habían dominado estas nuevas habilidades y adaptado nuevas facultades a su constitución: las plantas aprendieron a producir néctar que era más dulce y más nutritivo y las abejas ganaron mayor capacidad de identificar estas fuentes de alimentos. La especiación (el proceso de convertirse en una nueva especie) con frecuencia ha sido provocada por la especialización.

Más tarde, otra relación basada en el placer y el beneficio mutuo surgió entre las plantas y los primeros primates, que eran descendientes de pequeños mamíferos roedores que habían decidido vivir en los árboles para protegerse de los depredadores terrestres. Las plantas adaptaron la misma técnica que utilizaron con los insectos y convirtieron sus flores en frutas. Cuando estos primates comían las frutas, o bien se comían las semillas enteras, que más tarde eran fertilizadas en el excremento, o bien las arrojaban al suelo y allí se fertilizaban.

Las plantas y los primates que maximizaron mas eficazmente el beneficio mutuo de esta relación fueron capaces de pasar con más éxito sus genes a las próximas generaciones, hasta que progresivamente todos los miembros de sus grupos habían ganado estas nuevas habilidades y perfeccionado nuevas facultades. Las plantas comenzaron a colocar sus semillas en deliciosas bolsas de alimentos dulces (que daban placer a los primates) y utilizaron colores para llamar la atención, a modo de marketing, cuando sus frutos con semilla habían madurado. Los primates se convirtieron en los primeros mamíferos en identificar el color rojo.

Incluso hoy en día, estudios sobre los efectos del color en los seres humanos muestran que el rojo y el naranja (que es de color rojo, mezclado con amarillo) estimulan el apetito. Esto es un reflejo primate que heredamos.

Además, observe que los seres vivos no elegimos comer frutas o flores porque somos caprichosos o irracionales, mucho menos porque somos pecadores o perversos, sino porque somos seres naturales dirigidos por la naturaleza a través del tono hedónico, a través de las facultades de placer y aversión, a consumir y hacer las cosas que la naturaleza ha establecido que consumamos y hagamos.

Si vamos aún más atrás en el tiempo, nos daremos cuenta de que otra relación simbiótica se desarrolló entre todos los animales y plantas en el planeta desde su historia temprana. Nosotros los animales inhalamos el oxígeno que exhalan las plantas, y ellas inhalan nuestra carbono.

Como resultado de esto, los seres humanos en general sienten una mayor sensación de bienestar al estar en la naturaleza rodeados de plantas y vegetación, o cuando en presencia del océano y al respirar su aire fresco. Uno de los placeres más simples, pero potencialmente intensos, disponible al hombre proviene de inhalar el aire fresco del océano. Debemos tener en cuenta que las algas en el océano producen el 90% del oxígeno en la Tierra. Lo más necesario para nosotros, desde el primer momento, se convirtió en la forma más simple de placer: respirar aire fresco.

Una vez más, tomemos el ejemplo del efecto de los colores verde (las plantas) y azul (océano) para considerar cómo el placer se relaciona a las señales visuales. Los estudios sobre el efecto de diferentes colores en la mente y el cuerpo humano demuestran que los ojos humanos derivan el mayor placer y bienestar de tonalidades azules y verdes. Traduzco:

“El verde relaja el cuerpo y alivia el estrés … las personas que trabajan en oficinas verdes han demostrado estar más satisfechos con sus puestos de trabajo.”

No sólo la ataraxia con frecuencia asume tonos verde, azul y blanco, sino que nuestros ojos están particularmente propensos a percibir estos colores, y estamos más en sintonía con ellos, presumiblemente debido a que son los más necesarios e importantes (mientras que no vemos los colores del espectro ultravioleta que ven las abejas en las flores, ni olemos los olores que un perro percibe porque esta información es innecesaria). Entonces, nuestras facultades nos guían, como a todas las entidades, a percibir y derivar placer de los bienes naturales y necesarios para nosotros.

Los perros y gatos desencadenan en nosotros facultades que usualmente despiertan cuando en presencia de bebés humanos vulnerables: tienen rostros infantiles y evocan nuestros instintos paternales. Disfrutar de la compañía de una mascota se ha demostrado que disminuye la depresión, ayuda a los niños autistas, y fomentar la secreción de serotonina, oxitocina y otras hormonas que incitan a sentirse bien. La naturaleza agradable de nuestras relaciones con nuestras mascotas también puede explicarse por el beneficio mutuo: obviamente, son alimentados por nosotros y disfrutan de comodidad, seguridad y amor en nuestros hogares, pero también mantienen los roedores fuera de nuestras despensas, ayuda con la caza y el pastoreo, y se pueden emplear como guardianes, protectores de la familia y la propiedad, e incluso hay perros que han laborado como guías para los ciegos, para ayudar a salvar víctimas de ahogamiento y para muchas otras cosas.

Del mismo modo, la facultad de aversión nos avisa que algo anda mal cuando nos acercamos a un bote de basura y percibimos el mal olor, aunque no entendamos racionalmente lo que son los gérmenes: por instinto, deseamos alejarnos o remover de nuestro espacio el mal olor. No es ni ventajoso ni virtuoso “cargar la cruz” de nuestras aversiones ni penas: al contrario, puede ser peligroso.

Confiamos en nuestras facultades, no en criterios arbitrarios

Gracias a la dichosa naturaleza porque ha hecho lo necesario fácil de obtener, y lo que no es fácil de obtener ha hecho innecesario.Fragmento Epicúreo

Espero que con todos estos ejemplos hayan visto la estrecha relación que existe entre el hedonismo filosófico de los naturalistas y la selección natural. Lo que he compartido aquí son sólo algunos de los ejemplos más básicos, evidentes y universales de la razón por la cual la facultad del placer es tan importante para nosotros, y una parte esencial del Canon, en la tradición epicúrea.

Los enemigos del placer y de la felicidad humana nos quieren desmoralizar porque somos hedonistas y naturalistas, pero lo cierto es que el placer es la suavidad en la voz de la naturaleza y que siempre ha guiado a todos nuestros ancestros a lo que les convenía. Nuestro hedonismo no consiste en ser subjetivos o caprichosos, mucho menos pecadores o gente corrupta: sino en el hecho auto-evidente que somos seres naturales.

Hay que enfatizar: EL PLACER ES UNA FACULTAD, al igual que la aversión, y lo que los maestros de la tradición epicúrea enseñan es que la naturaleza misma nos guía por medio de estas facultades. El placer no es un criterio arbitrario, como lo es la autoridad o la revelación, o incluso como lo pueden ser la virtud o el bien, términos imposibles de definir claramente en base al estudio de la naturaleza.

Si dejamos de lado nuestras facultades, nos hacemos daño. Si les prestamos atención, es una ventaja para nosotros.

El placer nos guía hacia los bienes concretos que nuestra propia naturaleza busca. Estos bienes naturales son agradables, y el placer es siempre bueno. La clave está en el cálculo hedonista: perseguir el placer de una forma racional, teniendo cuenta el cálculo del beneficio a largo plazo frente a la pérdida, para asegurar que no generamos mayor aversión en el proceso de la búsqueda del placer.

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Razonamientos sobre “De la cólera” de Filodemo

Los siguientes razonamientos son explicaciones y comentarios sobre el pergamino titulado “De la cólera” escrito por el maestro Filodemo de Gadara y preservado en la librería de Herculano, que fue en su mayor parte destruida por la erupción del Monte Vesubio en el año 79 de la Era Común (1). Como es de esperar, los fragmentos están incompletos pero lo que se tiene nos da una idea bastante clara de los argumentos del maestro.

Lo primero que hay que resaltar es que, en lo que concierne a la cólera, vemos un enorme contraste entre las escuelas estoica y epicúrea. Los estoicos idealizaban la apatía (que significa literalmente, en griego, la falta de emoción) y veían toda furia como algo malo que había que reprimir. Los epicúreos vemos mal esta idea de reprimir la naturaleza humana, y es precisamente ese uno de los argumentos principales del pergamino: que la ira (y la furia, que es una ira animada) son completamente naturales. La filosofía sería castrante si no nos permitiera experimentar lo que se llama furia natural.

Dignosticando un mal del alma

El proceso terapéutico epicúreo tiene mucho en común con la medicina, y se inspira en modelos hipocráticos: primero una descripción de los síntomas, luego una diagnosis, luego posibles terapias y medicinas. El pergamino comienza con una descripción física de los síntomas de la cólera. Estos síntomas son tanto físicos como sicológicos como sociales, y son descritos en detalle, del modo que un doctor lo haría.

De los síntomas físicos, se habla de como se enrojece la cara y como pulsa rápido el corazón. De los sicológicos, se habla de como uno empieza a maquinar venganza e imagina que algo malo le sucede al enemigo, y uno lo disfruta. Este tipo de ira se compara a veces con demencia, y de hecho Filodemo menciona algo que es quizá universalmente observado: la palabra loco, o volverse loco, con frecuencia se aplica a la gente furiosa, aunque sea temporalmente. El estaba escribiendo en griego, pero ese es el caso también en francés con folie, en inglés con mad.

Pero las repercusiones sociales son las peores. Los coléricos dicen cosas imprudentes que luego son imposibles de retomar, a veces en presencia de los reyes, los superiores y los poderosos, precipitación la cual les puede costar “un amargo salario”. La cólera puede causar exilio, peligro físico, problemas legales, y hasta rechazo de familiares y amigos. Puede destruir familias y relaciones con los seres amados, y puede incluso destruir una patria.

Filodemo menciona la dinámica que surge siempre que existen relaciones basadas en la explotación y dominación, donde el destino de un débil es controlado excesivamente, y a veces de manera abusiva y explotativa, por un poderoso como en el caso de la esclavitud. En estos casos, las animosidades que pueden surgir son enormes. Estas dinámicas a veces aún hoy se ven en el mundo laboral entre trabajadores y patrones.

Las cólera racional y virtuosa

Hay tres posibles diagnosis mencionadas en el pergamino. La primera, es la cólera que Filodemo llama natural y no necesita tratamiento otro que el cálculo hedónico, es decir, la medida a largo plazo de las ganancias y pérdidas que busca una ganancia neta. El propósito del cálculo hedónico no era conseguir la venganza mas placentera, sino asegurar el mayor placer estable a largo plazo, lo cual se presta para muchas técnicas de resolución creativa y no-violenta de conflictos y con el fin de beneficios mutuos.

“Incluso los sabios pueden a veces parecer estar temporalmente coléricos.”

Los filósofos de otras escuelas, sobre todo los estoicos, cuestionaban esta enseñanza de que la ira era natural (3). Pero Filodemo argumentó esto de varias maneras. Primeramente, dijo que la cólera era con frecuencia inevitable y comparó la deuda de la cólera con personas que voluntariamente nos han hecho daño con la deuda de gratitud que tenemos con las personas que voluntariamente nos han beneficiado al enseñarnos filosofía o con otros bienes. Visto de este modo, se acentúa la deseabilidad de buena voluntad entre los hombres y mujeres.

Este asunto de acción voluntaria es importante por razones observables y obvias. Nunca una persona racional ha debido sentir agradecimiento o cólera hacia cosas inanimadas o al azar y al destino, pero sí hacia entidades vivientes. De modo que la cólera puede ser natural cuando resulta de daños producidos voluntariamente por otras entidades vivientes.

Filodemo explica incluso la fenomenología de la cólera en el hombre o mujer racional: empieza como un punzado o golpe leve, algo que yo llamaría indignación inicial, y luego se va volviendo mas aguda en medida que incrementa la indignación, hasta que se manifiesta en cólera cuando la persona endosa y afirma este punzado inicial.

Una buena regla para medir si la cólera es natural, es ver si el daño que la origina representa una amenaza contra los bienes naturales y necesarios, si puede remover la vida o seguridad, la salud del cuerpo o la felicidad. La ira racional es moderada, calculada,

Entonces, en estos casos la furia no es un mal, sino que la furia puede ser un bien siempre y cuando sea breve y tenga un origen en una disposición virtuosa. Es decir, bajo estas circumstancias la cólera puede ser un bien, puede ser virtuosa y racional cuando un daño es es producido de manera voluntaria, y hasta los sabios y hombres virtuosos naturalmente la experimentan y es inevitable.

Otro ejemplo dado para justificar este concepto de la cólera racional y natural es por medio de dar tres posibles reacciones a un daño o perjuicio voluntario que se nos haya hecho. La primera es indiferencia, la cual podría darse, pero esta posibilidad es algo forzada. La segunda es hostilidad, que es la mas natural y esperada. La tercera es expresar amistad hacia nuestros abusadores, la cual sería estúpida.

El reconocimiento de la cólera natural es importante por otra razón: nos ayuda a entender los potenciales peligros de otras filosofías éticas como el estoicismo (que idealiza en exceso la resignación como una virtud y enseña a reprimir las emociones naturales y sanas, sin cualificar de donde proceden ni como canalizarlas sana y productivamente) las condiciones naturales en las que ), el cristianismo (donde se enseña a dar la otra mejilla) y otras.

Estas filosofías éticas perpetúan innecesariamente las injusticias sociales que podrían ser resueltas por métodos de resolución de conflictos, a veces no-violentos como el boycott, el salir del armario y exponer a nuestros agresores a la vergüenza y escrutinio públicos. En ocasiones los remedios han sido algo violentos, como necesariamente fueron la independencia de India bajo Ghandi y el movimiento de derechos civiles bajo Martin Luther King, a pesar de sus esfuerzos no-violentos. Pero a la largo plazo, si consideramos los beneficios y que se ha removido en gran parte la explotación económica imperial de India y la humillación racista constante en el sur, estos hechos han pasado el cedazo del cálculo hedónico y valieron la pena.

Un caso peculiar ha sido el ejemplo de los disturbios de Stonewall en 1969, en los que la comunidad gay, lesbiana y transgénero por primera vez se vio involucrada en una batalla urbana armada contra la policía de New York, que constantemente invadían los pocos espacios en los que podían ser ellos mismos, los humillaban y aprisionaban arbitrariamente solo por diversión. La indignación de los disturbios de Stonewall es hoy reconocida como una marca en la historia luego de la cual oficialmente comenzó el movimiento moderno de derechos LGBT, con sus marchas, luchas por una voz y espacio, y hasta culminando hoy con el reconocimiento del matrimonio egalitario.

Muchas otras indignaciones se han dado que han producido cambios y hasta revoluciones, incluso por causa del neoliberalismo en las crisis económicas mas recientes que han parido el movimiento Occupy, los Indignados en España, etc. En todos estos casos, vemos que la cólera natural y racional produce causas a las cuales nos podemos dedicar y que nos pueden ennoblecer. Es a esto que se refiere Filodemo cuando habla de “disposiciones virtuosas” subyacentes a nuestra cólera natural y racional.

Estos y otros casos de indignación y exposición pública de cólera han producido con frecuencia grandes cambios sociales y en las relaciones humanas. Si los que llevaron a cabo estos actos, hubieran caído en los errores de la filosofía cristiana (de amar y abrazar la cruz y la victimación) o estoica (de amar la resignación como una virtud falsa, innecesaria e impráctica), se hubiera perpetuado enorme dolor por muchas generaciones en todos estos casos de manera innecesaria. No hay progreso social mientras no se permite que la cólera racional, natural se exprese y cambie el mundo, creando un mundo nuevo igual que los volcanes, luego de su erupción, pueden producir nuevas islas y nuevos paradigmas.

Las dos diagnosis

Las próximas dos formas de cólera no son naturales, sino que son patológicas y representan un perder la razón, es decir, son irracionales (aun cuando a veces son al principio naturales).

La segunda es la cólera constante, o adictiva. Esta no es natural, sino una enfermedad del alma. Es la continuidad la que muestra cuan irracional es la persona enferma, ya que esta continuidad de ira impide que se puedan disfrutar completamente todos los deleites tan sumamente importantes disponibles en la vida, al igual que a la vez es responsable de muchos males.

Al igual que la depresión (que es tristeza crónica), la cólera crónica es una destructiva enfermedad del alma caracterizada por síntomas particulares. Es una ira obsesiva con respecto a la venganza, persistente, fuera de control, intensa y violenta. Un síntoma particular de esta segunda forma de cólera es que se lleva hasta la tumba, y otro síntoma es que con frecuencia los padres se la enseñan a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, dejando un triste legado de violencia, déficit de comunicación y falta de amor.

La tercera es la que traduzco como furia, o cólera excesiva y loca, porque el DRAE define furia como “ira exaltada” y “persona muy cólerica” (2), de manera que se reconoce que este un nivel de cólera excesivo que merece otro nombre. en este caso, la persona disfruta imaginar o activar el castigo del enemigo de manera instantánea.

Esta furia puede generar muchos males. Filodemo describe la furia como “salvaje” e irracional: es decir, no corresponde con el punzado y las indignaciones iniciales de la furia racional ni puede derivarse del cálculo hedónico porque nos lleva a hacer cosas que no producen mayor placer que dolor a largo plazo.

Esta locura es temporera pero es importante diagnosticarla. Quien la sufre, se castiga a si mismo de la peor manera. Sin embargo, incluso el sabio la experimenta a veces, aunque Filodemo dice que es “una furia breve y, por así decirlo, abortada”. Es decir, el sabio es un ser natural sujeto a la condición natural de mortalidad y dolor, pero no se vuelve demente por su causa ni considera la furia una debilidad. Lo importante, de nuevo, es someter estos impulsos de indignación, a la razón y al cálculo hedónico.

La ira de los dioses

En un pasaje, Filodemo habla de como los hombres imitan de manera grotesca la cólera de los dioses. No parece estar argumentando que la creencia en dioses coléricos produce neurosis, o que se pueda diagnosticar una cólera de índole supersticiosa, pero sí que a veces las fábulas se prestan para legitimarlas y por esto el culpa a los poetas (o en el caso del Dios abrahámicos, tendríamos que hablar de los profetas) por haber imaginado la ira de un dios que manda plagas, mata niños inocentes y ordena actos de genocidio en términos tan grotescos.

Otra observación que surge de este pasaje es que la religión popular puede ser entendida como una función poética, y por lo tanto artística. La posibilidad de que la religión sea una forma de arte y de auto-expresión, incluso una que podría tener cierto uso terapéutico y que ayude a diagnosticar los males del alma, podríar ser una manera válida de entender la religiosidad desde una perspectiva laica.

Las terapias

Filodemo explica que el colérico por adicción o el furioso irracional no pueden avanzar en la filosofía. Es necesario un compromiso consigo mismos, con su ataraxia, y con la terapia cognitiva para avanzar y poder vivir una vida placentera.

Uno de los tratamientos que usaron Filodemo y otros filósofos antiguos fue lo que se llama ver ante los ojos. En esta técnica, el guía epicúreo confronta al paciente con las consecuencias de la furia crónica como una visión vívida donde las repercusiones y efectos de la furia en las relaciones y en la habilidad de disfrutar la vida a diario se presentan claramente como si estuvieran presentes aquí y ahora.

Esto se hace usando la retórica. Es un ejercicio verbal para el guía y uno de visualización para el paciente. La práctica requiere que se le atribuyan detalles y una identidad horripilante a la furia, para que sea vista como un enemigo del alma.

Expulsemos del todo nuestros malos hábitos como si fueran hombre malignos que nos han hecho daño por largo tiempo. – Sentencia Vaticana 46

Los rasgos físicos de la furia eran usados en descripciones de síntomas por los filósofos helénicos como parte de la técnica de vilificar el vicio. Se le mostraba al paciente la pérdida de apoyo de amigos, la lejanía de familiares, la posible pérdida de empleo y oportunidades por causa de conducta colérica, etc. De este modo, la persona colérica puede internalizar el daño que produce su condición e incrementar su compromiso con la imperturbabilidad.

Otros tratamientos incluían los razonamientos (similares a leer y asimilar este artículo) y los argumentos, que consisten en personificar la disposición que produce la cólera constante y presentarle argumentos racionales para que cambie. Este tipo de terapia cognitiva puede darse en contextos creativos, como un diario, una dramatización o una conversación imaginaria, es decir se puede escribir o decir en alta voz.

Esta idea de que debemos proteger nuestras cabezas se entiende de modo metafórico al igual que físico. Uno de los remedios usados en las religiones africanas es el lavado de cabeza, que consiste en echar agua tibia y fresca en la corona, la nuca y las sienes para calmarnos. Esto lo hacen con oraciones, pero podemos adaptarlo a una práctica laica y convertirlo en un fármaco epicúreo, ya que reconocemos que hay síntomas físicos incluyendo el calentamiento de la cara y la cabeza cuando estamos furiosos.

La auto-suficiencia o autarquía también es una cura contra la cólera. Filodemo dijo que mientras menos nos importan las externalidades, menos furia tenemos. La furia depende de nuestras vulnerabilidades y a lo que nos exponemos.

Perder la cabeza por causa de la cólera siempre ha producido enormes dificultades para muchas personas, y hay fábulas e historias en todas las culturas que nos advierten de sus peligros. Por esto, debemos mantener siempre refrescada la cabeza y cultivar la ataraxia.

Estos razonamientos son parte de Epítome: Escrituras Epicúreas

 Adaptado del libro Cultivando el jardín epicúreo (Spanish Edition), de la traducción al francés del texto de Filodemo (La colère) en Les Epicuriens y de los comentarios de Elizabeth Asmis en su artículo The Necessity of Anger in Philodemus’ On Anger en el libro Epicurus and the Epicurean Tradition

Notas:

1. Recientemente, nueva tecnología ha sido desarrollada que va a permitir que se descifren quizá pronto nuevos pergaminos.

2. En inglés y francés, cólera se traduce como anger y como colère, pero esta furia excesiva y salvaje se traduce en ambos idiomas como rage. Todos estos idiomas las distinguen, aunque parecen similares.

3. Las mismas categorías que existen para los deseos (según las Doctrinas Principales 26, 29 y 30) en el epicureísmo se pueden aplicar a la furia: puede ser natural y necesaria, puede ser natural e innecesaria, o puede ser ni natural ni necesaria, y por lo tanto vacía. También la categorizamos como útil o inútil, es decir, la furia puede canalizarse con prudencia de modo que produzca un bien mayor, o puede canalizarse de manera imprudente y producir muchos males o producir nada.

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Razonamientos sobre “De la Muerte”, de Filodemo

La meditación del sabio es una meditación sobre la vida, no la muerte.

– Sabiduría 6: 1, El buen libro

Trasfondo

En la séptima década del primer siglo de la Era Común, la erupción del volcán Vesuvio en Italia destruyó la legendaria ciudad de Pompeya. Menos conocida es la ciudad adyacente de Herculano, donde el maestro Filodemo de Gadara había enseñado filosofía epicúrea a los romanos y en la que se hallaba la librería mas completa de pergaminos epicúreos en la antigüedad. Estos pergaminos han sido parcialmente descifrados, y tenemos indícios prometedores de que los que no lo han sido pronto van a ser descifrados gracias a nueva tecnología.

El tesoro intelectual de todos los occidentales que es Herculano es imposible de subestimar. Los epicúreos habían propuesto la teoría del átomo, el trato igual a la mujer y una versión temprana de la teoría de selección natural en un mundo sumido en la superstición, y los pergaminos de Filodemo incluían notas que el había tomado al estudiar bajo su maestro Zenón de Sidonia, lo cual nos lleva a través del linaje hasta los cuatro fundadores de la tradición. Herculano también contiene pergaminos de Polístrato, el tercer escolarca del Jardín Epicúreo de Atenas, quien vivió hace mas de 2,200 años.

Estos razonamientos conciernen un pergamino que cataloga todas las repercusiones éticas y prácticas del entendimiento humanista y naturalista de la muerte como un fenómeno final y tan natural como el nacimiento.

Las partes iniciales del pergamino “De la muerte” son muy fragmentarias y muy poco se puede descifrar, pero el pergamino se hace más fácil de leer en sus partes posteriores. Después de estudiar su contenido, me pareció refrescante que una escritura sobre cómo la muerte no es nada para nosotros, haya tomado tantas molestias en desmantelar las formas culturales basadas ​​en la muerte dos milenios antes de que Nietzsche acusara el cristianismo de ser un culto a la muerte. Aunque Nietzsche es un filósofo post-cristiano conocido por haber anunciado la muerte de Dios, mucho de lo que consideramos el discurso de Nietzsche comenzó mucho antes de Nietzche, con los epicúreos y nuestra filosofía de vida.

Sobre el error de medir el bien por el tiempo

Aquí hemos de hacer referencia a la doctrina de los principales bienes: la idea de que son pocas y fáciles de conseguir las cosas que son naturales y necesarias (comida, techo, amigos, salud, protección). La parte legible del pergamino comienza con una consideración de cómo los hombres rehuyen la muerte prematura con la esperanza de obtener bienes en el tiempo adicional. Filodemo argumenta que es mejor haber vivido una vida joven con las cosas que importan, que morir sin encontrar nada que sea naturalmente bueno.

14.2 Pues es propio de un hombre sensible anhelar vivir durante una cierta cantidad de tiempo con el fin de que pueda completar sus deseos congénitos y naturales y recibir en su totalidad el mejor estilo de vida que .. es posible … y por lo tanto estar lleno de cosas buenas y desechar toda perturbación de los deseos, inmerso en la tranquilidad.

Epicuro dijo que debemos vivir mientras estamos vivos. La calidad de nuestra vida marca la diferencia entre simplemente existir y vivir verdaderamente. Este es un precepto importante. Es absurdo desear ampliar nuestra esperanza de vida si somos miserables y no sabemos cómo vivir. El hombre necio no gana nada con vivir una larga vida, vivida sin arte, con miedo, violencia, envidia y otros vicios, en vez de adquirir las cosas que hacen que valga la pena vivir.

Para aquellos que viven una vida miserable, la muerte es una liberación (21,3-6). Según Filodemo, perder la vida a una edad temprana es malo, solo porque esto imposibilita que uno pueda conseguir las cosas que hacen que la vida sea digna de ser vivida, una tarea que requiere de cierto progreso en la filosofía. Si hemos vivido una vida agradable, nada ni nadie nos puede quitar eso. Cuando morimos, no sabremos que hemos muerto porque no vamos a tener nuestra percepción y conciencia (19,27).

Por lo tanto, lo único que habrá importado es que vivimos bien. Como hemos visto, estos razonamientos son consistentes tanto con la doctrina de las cosas principales (kyriotatai), aquello que realmente importa, y con el objetivo del hedonismo calculado y racional: al final, la vida debe ser agradable, placentera.

El regocijo sobre la muerte

Ya que a los muertos no les importa la burla, sólo a los vivos, burlarse de ellos se considera una tontería y no genera sufrimiento a la persona burlada cuando esa persona ha muerto y ya no existe. Del mismo modo, regocijarse ante la posibilidad de nuestra propia muerte es tonto si tenemos una vida buena. Sólo tiene sentido regocijarnos por nuestra muerte si se percibe como una liberación de intenso sufrimiento.

Sobre ser perturbado por la expectativa de la muerte

22.1 De hecho, es precisamente en anticiparla mientras están vivos que experimentan el (tipo de) la muerte que tiene que ver con ellos, mientras que nosotros no estamos preocupados ante esa expectativa.

Ya que sólo tenemos percepción y el uso de nuestros sentidos mientras vivimos, la única manera en que experimentamos nuestra propia muerte es indirectamente como una anticipación. En otras palabras, no experimentamos la muerte cuando llega. No estamos ahí. Por lo tanto, nuestra aprehensión de nuestra futura muerte se considera imprudente, ya que es inevitable que vamos a morir y vivir con miedo o perder nuestra paz debido a la futura muerte no cambia el hecho de nuestra mortalidad. Así estemos perturbados o en ataraxia mientras vivimos, como quiera nos vamos a morir: es nuestra la opción.

Otra forma en la que nos preocupamos con la muerte es al preocuparnos por la extinción de nuestra línea de familia y por dejar un nombre, una reputación. Ya que no vamos a estar ahí en absoluto después de morir, tanto parientes como extraños no tendrán nada que ver con nosotros, e incluso las personas que tienen muchos descendientes no agregan diversión a su vida por causa de su descendencia después de morir. Filodemo también sostiene que hay muchos otros que llevan nuestro mismo apellido.

Sobre la herencia

Filodemo reconoce que lo mejor es dejar una herencia a nuestros hijos y que la muerte sin descendencia es naturalmente dolorosa, como tambien lo es dejar atrás a familiares directos que carecen de las necesidades básicas. Uno debe escribir un testamento para asegurar que sólo los dignos disfrutarán de nuestra herencia. Hay preocupación por que los frutos de nuestro trabajo vayan a parientes que podrían ser malos, que no se beneficiarían de nuestra riqueza en absoluto. Por otro lado, si uno no tiene herederos dignos, eso es realmente un motivo de lástima: significa que no hemos vivido lo suficiente como para alimentar relaciones saludables.

Sobre las perturbaciones causadas por el modo de morir

Los hombres antiguos a menudo se preocupaban por cosas como morir en el mar, o por no tener una muerte gloriosa, como resultado de la creencia de que un más allá mejor espera a aquellos que mueren en batalla (por ejemplo: como héroes en Valhala, o en tiempos modernos como yihadistas atendidos por vírgenes en el cielo islámico), mientras que las ancianas que mueren de muerte natural, presumiblemente, terminan en el infierno con el resto de las personas fallecidas de manera ordinaria.

Por el contrario, muchas personas que merecen la gloria y la fama ​son recordadas por haber vivido vidas nobles, pero murieron muertes naturales. Si sólo una llamada “muerte noble” en la batalla hace de uno un héroe glorioso digno del cielo, entonces la mayoría de los héroes culturales de la humanidad tendrían que ser considerados ignobles. Por lo tanto, no debemos considerar heroicas nuestras muertes, sino nuestras vidas. Vivir heroicamente es lo que tiene valor y honor, dice Filodemo. Una persona muerta no podrá realizar hechos gloriosos, y las hazañas gloriosas que sí se realizan, suceder mientras estamos vivos.

Para una persona sensata, la única manera en la que morir en la batalla es deseable es si estamos heridos y deseamos ser liberados de un terrible dolor. Filodemo burlonamente dice que los soldados en batalla mueren como ganado.

Estas falsas creencias acerca de una vida futura noble para los que mueren en la batalla son un gran mal moral y siempre han sido promovidas por los que se lucran de la guerra y los gobiernos con intereses militares que se han beneficiado de la carnicería. Los inversionistas del petróleo y del complejo industrial militar se benefician hoy ampliamente por la utilización de imágenes apocalípticas por los cristianos conservadores que legitiman la intervención militar en el extranjero, sin embargo, por lo general son los pobres los que mueren en batalla.

Muchos católicos antes se preocupan excesivamente por bautizar a sus recién nacidos por miedo a la creencia de que los bebés no-bautizados terminan en el limbo. Cuando en recientes años la Iglesia Católica cambió de opinión sobre el limbo, muchos católicos comenzaron a plantear preguntas sobre el origen de estas extrañas enseñanzas sobre la vida venidera y sobre cómo pueden cambiar.

En cuanto a la muerte en el mar, o en una bañera o jacuzzi, o una piscina (todo da igual), el pergamino compara preocuparse por esto a preocuparse por si uno de cadáver será “comido por los peces o por los gusanos”. No va a hacer diferencia.

Algunos argumentaban en la antigüedad que era mas noble morir en la batalla que morir en el mar, como si morir en el mar tratando de ir a visitar amigos o de ir a recibir una educación fuera menos noble que morir en guerra. Si algo es ignoble de morir en el mar, es que uno muera en búsqueda de ganancia monetaria o búsquedas vanas, pero es la vida de uno la que es miserable en este caso, no la muerte.

Otro asunto que atiende el pergamino es la muerte de Sócrates y otras víctimas inocentes que, o son ejecutados por errores de justicia, o justamente ejecutados. Si uno es culpable, esto es lamentable, no por la forma de la muerte, sino por cómo se vivía. Si uno es inocente, entonces lo más que se puede hacer es tratar de aguantar noblemente y estar moderadamente preocupado, como si se tratara de una enfermedad.

Esta parte es quizás la menos convincente en todo el pergamino, que en lo demás es poderoso y convincente. Sabemos en nuestros días que hay países donde los inocentes son ejecutados por apostasía, por ser gays, o, a veces el castigo no es proporcional al delito como en el caso de los adúlteros que reciben lapidación y mujeres que desean elegir a sus maridos en las culturas Islámicas. En medida que los musulmanes se mudan a países occidentales, estamos escuchando más de los asesinatos de “honor” de hijas por sus propios padres o hermanos, e incluso de “violaciones sexuales por honor” de mujeres por no cubrir sus cuerpos “correctamente”.

Estas prácticas son sin duda un gran mal y el problema moral planteado por Filodemo relativo a la ejecución de los inocentes es muy complicado. Es difícil, hay que conceder, permanecer imperturbable.

En cuanto a aquellos que se preocupan por una muerte súbita, Filodemo sostiene que toda muerte es repentina. No hay nada de extraordinario en la muerte súbita, por el contrario, deberíamos sorprendernos de vivir vidas excepcionalmente largas.

Asuntos sin terminar

Todos tenemos proyectos que nos gustaría ver concluídos. Muchas personas sienten que desean dejar un legado duradero, pero Filodemo dice que muy pocos grandes hombres logran esto y que este es un deseo vacío y vano. Si la fama en vida es vacía, entonces la fama después de que uno está muerto es incluso menos fuente de verdadero placer.

A veces no es la muerte, sino la necesidad o la fortuna que nos impide el logro de nuestros objetivos en la vida y materializar nuestros planes. Por lo tanto, si nos preocupa morir antes de ver uno de nuestros objetivos logrados, debemos aplicar los mismos consuelos que aplicamos en la vida para estos problemas. Si sabemos lo que importa (los bienes principales), permanecemos por encima de todo y disfrutamos de las cosas buenas de la vida, las cosas que hacen que valga la pena vivir, imperturbados. Es aquí donde Filodemo habla de cómo el hombre prudente vive listo para su entierro.

38.14 El hombre sensato, habiendo recibido aquello que puede asegurar la totalidad de lo que es suficiente para una vida feliz … anda preparado para su entierro y aprovecha cada día como si fuera la eternidad.

Uno siente naturalmente preocupación por las personas cercanas a nosotros que tienen problemas o que carecen de un arte de vivir y no han aprendido a ser felices. Pero estas son cosas que están fuera de nuestro control. Filodemo sostiene que el hombre que ha vivido bien no debe lamentar las miserias de los demás después de haber escapado las suyas: debe ir a su muerte feliz de que ha vivido bien.

Sobre la planificación fúnebre

Hay otra manera en que las personas se ocupan demasiado con la muerte y su culto. Es una tontería preocuparse por la apariencia de nuestro cuerpo en el velorio. Filodemo argumenta en contra de aquellos que están disgustados por el mal aspecto de un cadáver, o que se preocupan por la belleza, diciendo que todos los que mueren, sean bellos o no, se convierten en esqueletos dentro de un corto período de tiempo. También argumenta en contra de la planificación de los enterramientos lujosos como una pérdida de tiempo y recursos.

Esto nos recuerda muchas de las prácticas de reyes y caciques antiguos, cuyos entierros no sólo incluían bienes materiales en la tumba, sino incluso prácticas malvadas como el entierro de los esclavos y viudas vivos con ellos. Estas tradiciones persistieron en la mayoría de los continentes por milenios.

Los entierros, si han de ser celebrados, son para los vivos, no para los muertos. Ayudan a traer cláusula, cierre. Filodemo alaba las prácticas decentes funerarias que estaban empezando a surgir durante su vida, en las que el gasto que solía ir a los entierros lujosos de senadores ricos, iba a los vivos:

31.5 Entre los legisladores, también, los que naturalmente y bien determinaron, han impedido los gastos excesivos en los funerales basándose en que los vivos estaban siendo privados de servicios: Muchos dan órdenes de acabar con su propiedad, precisamente porque envidian esto.

Un entierro lujoso no va a arreglar una vida vivida miserablemente. Por otra parte, una vida bien vivida y agradable entre buenos amigos no se nos puede quitar al no conseguir un entierro apropiado: esto no le quita en lo más mínimo a la felicidad que tuvimos mientras vivíamos. Muchos grandes personas han muerto sin sepultura. El pergamino argumenta convincentemente contra la lástima hacia los muertos, por ejemplo, si nos encontramos con una tumba sin nombre (32,24), diciendo que es poco inteligente lamentarse por los muertos.

32.20 ¿Quién hay que, al considerar el asunto con la cabeza clara, supondrá que hace la más mínima diferencia, mucho menos una gran diferencia, que sea en la superficie o bajo tierra que uno está inconsciente?

El dolor de no ser recordado en absoluto después de la muerte parece natural, pero si no tenemos amigos ni nada bueno, entonces no obtenemos ningún alivio al ser recordados como solitarios o incluso como bienaventurados. Si, por otro lado, tenemos muchos amigos y vivimos bien, ser recordado o no después de la muerte, de nuevo, no nos quita nada de eso.

Por otro lado, si nuestros amigos mueren antes que nosotros, entonces para eso tendremos que llorar a todo el que jamás existió y a todo el que por siempre existirá. Después de que todos estemos muertos, no habrá nadie que nos recuerde. Por lo tanto, la cuestión de ser recordado (o vilipendiado, cualquiera que sea el caso) después de que uno muere, no debe ser una fuente de perturbaciones. En su lugar, uno debe preocuparse por vivir bien.

Vive bien, muere bien

Es importante entender que vivir bien y morir bien son la misma cosa. Filodemo critica a los hombres ricos que piensan que no van a envejecer y morir, ni siquiera escriben un testamento (un acto que indica cierto nivel de aceptación de nuestro propio final), y parecen estar perplejos al ver a un viejo rey como si el poder y la vejez fueran mutuamente excluyentes. Dice que están apegados a la vida por miedo a la muerte, no porque viven gratamente. Uno debe vivir mientras uno está vivo, pero pacíficamente y con prudencia aceptar la propia mortalidad y límites naturales.

Estos razonamientos son parte de Epítome: Escrituras Epicúreas

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Estos razonamientos fueron escritos en inglés y traducidos al español por Hiram Crespo en base al libro Philodemus: On Death (Writings from the Greco-Roman World 29) (Greek and English Edition) (Greek and English Edition), por Filodemo y W. Benjamin Henry.Back to the Main Page