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Razonamientos sobre el pergamino “De las opciones y omisiones” de Filodemo

El siguiente comentario concierne el pergamino de Herculano titulado “De las opciones y omisiones” de Filodemo, que es parte de Epítome: Escrituras Epicúreas (Spanish Edition).

  1. Razonamientos sobre la obra del maestro Filodemo de Gadara relacionada a la evaluación de los criterios por medio de los cuales un filósofo debe tomar decisiones[1].
  2. Se define el cálculo hedónico como la evaluación comparativa de las ganancias versus las pérdidas, del placer y el dolor que surgen de lo que elegimos y evitamos con la meta de gozar de placer neto a largo plazo.
  3. Sin embargo, los hombres de la prudencia necesitan una educación filosófica que les ayude a discernir entre los diferentes tipos de deseo y de placer, y que les ayude a prestar atención a las cosas que realmente importan para el bienestar humano, los bienes principales[2].
  4. No ser capaz de discernir con claridad cuáles son estas cosas lleva al sufrimiento, la desilusión y la confusión[3].
  5. Estos bienes principales son cosas que conducen a la vida, la salud y la felicidad e incluyen la vivienda, la alimentación, la seguridad, la salud y la asociación con otros seres.
  6. Si un filósofo discierne con claridad lo que realmente importa, por otra parte, será capaz de tomar decisiones firmes y tener plena confianza en la forma en que maneja su vida porque sus valores estarán en línea con lo que la naturaleza exige.
  7. Los hombres sufren los peores males en búsqueda de los deseos más exóticos y ajenos a la naturaleza, como los deseos de soberanía, reputación, gran riqueza y cosas lujosas por el estilo lujos, por lo cuales incluso descuidan con frecuencia los apetitos más necesarias.
  8. De ahí que es importante recordar que los bienes naturales y necesarios son limitados y fáciles de alcanzar y que los males son limitados y fáciles de soportar.
  9. Este conocimiento es fácil de asimilar porque no hace sentido buscar aquello que no remueve el dolor ni evitar aquello que no previene el placer.
  10. Hace sentido evitar lo que previene el placer.
  11. De los placeres naturales algunos son necesarios, otros no son necesarios; y de los anteriores algunos son necesarios para la vida, otros para la salud del cuerpo, otros para vivir feliz[4].
  12. Cuando se dice que algunos deseos son necesarios para la vida, se entiende que son necesarios para nuestra seguridad y protección.
  13. Esto incluye la necesidad de vivienda y de vivir bajo la ley civilizada.
  14. Las opciones y omisiones se llevan a cabo con éxito cuando las medimos por los fines establecidos por la naturaleza.
  15. Por contraparte, causa innumerables fracasos la creencia en la providencia y la voluntad divinas.
  16. La creencia de que todo está controlado por algún dios o por el destino hace que los hombres no se dejen asesorar por nadie sobre nada en absoluto, en la creencia de que nada depende del hombre[5].
  17. Estos tipos de creencia en que todo está escrito también son usadas para legimitar la dominación de unos sobre otros cuando no existe evidencia empírica ni razones legítimas para justificarla.
  18. La creencia en el destino y en los dioses a veces congela de las acciones calculadas y diligentes de los mortales en la expectativa de que la ayuda un agente sobrenatural va a determinar el resultado de las cosas o en la creencia de que su voluntad es inevitable.
  19. Filodemo critica los hombres que tienen falsas creencias acerca de cómo los dioses pueden afectar una vida venidera, las cuales manchan y destruyen los deleites de esta vida.
  20. Muchos hombres creen que los males que caerán sobre los mortales en la otra vida son muy superiores a los bienes que los dioses otorgan mientras se vive, así que descuidan el vivir y no buscan las cosas que hacen que valga la pena vivir.
  21. Por el dolor que pesa sobre ellos a causa de su muerte, se vuelven irascibles, difíciles de complacer y de mal genio[6].
  22. Por eso se inventan malabares imaginativos y supersticiones para negar la muerte[7].
  23. Las creencias salvíficas con frecuencia hacen que los hombres digan: “¿Acaso no vivo decentemente y con justicia? ¿Acaso no vivo de acuerdo con las leyes que se aplican a los hombres? Entonces cuando yo muera seré inmortal.”
  24. Algunos ni siquiera opinan así, sino que creen que meramente por causa de su credulidad, de su fe ciega en reclamos sobrenaturales, van a ser inmortales.
  25. Y se niegan a si mismos todas las cosas por medio de las cuales tendrían una vida mejor, exactamente igual que los hombres que están condenados a muerte, como si vivieran para morir.
  26. Tras enumerar las cualidades de la persona que no entiende lo que realmente importa, Filodemo enumera las cualidades del hombre prudente que comprende cuales los bienes principales y tiene plena confianza en su capacidad para adquirirlos fácilmente.
  27. Trabaja con ecuanimidad, ya sea porque lo hace por el bien de los amigos o porque ha examinado de cerca las cosas que producen fruto a cambio de sus labores.
  28. Elige fatigas leves con grandes placeres, en otras palabras, somete su paradigma laboral al cálculo hedónico, eligiendo las actividades que son útiles y maximizan sus ingresos.
  29. Se contenta con sólo la cantidad necesaria de dinero y no es codicioso, vive en el presente, es generoso, trabajador, autosuficiente, y permanece siempre dedicado a la filosofía.
  30. Es amable, cariñoso y agradecido a los demás con la esperanza de que otros hagan lo mismo en el futuro.
  31. También cuida bien de su salud y auto-superación, administra su propiedad de forma diligente y recuerda el pasado tanto en un espíritu analítico como de gratitud.
  32. Y así, luego de establecer los criterios para la toma de decisiones y omisiones basada en los bienes principales y necesarios, que son fáciles de adquirir, Filodemo dio ejemplos de lo que sucede cuando la gente no puede distinguir entre los placeres vanos y los que son naturales y necesarios, para luego terminar con una descripción del hombre prudente y virtuoso.

Notas:

[1]          Fuente: On Choices and Avoidances, traducción y comentario de Giovanni Indelli y Voula Tsouna-McKirahan.

[2]          La doctrina de los bienes principales consiste en que, al desarrollar nuestro régimen hedónico, debemos dar prioridad especial a lo que nuestra naturaleza no nos da otra opción que buscar: los deseos naturales y necesarios. Ver nota 105.

[3]          La gente que da prioridad a los deseos vanos e innecesarios termina infeliz cuando los poseen, pero les faltan los bienes naturales y verdaderamente necesarios. Este es uno de los problemas éticos que resulta del consumismo y la confusión de valores que engendra. Ver Pergaminos 1:60, donde Polítrato hace eco a esto.

[4]          Este verso es una cita literal del pergamino, al igual que el verso 14.

[5]          Este mal es prominente y sumamente peligroso entre muchos de los negadores del cambio climático y de los defensores de las grandes guerras, que opinan que profecías oscuras se deben cumplir, que el mundo se va a acabar pronto y que, por lo tanto, no le debemos en absoluto ninguna cortesía a las futuras generaciones.

[6]          Este verso es una traducción literal de un pasaje del pergamino.

[7]          El principio de negación de la muerte fue un término acuñado por el antropólogo Ernest Becker en la década de 1970 y ha sido objeto de investigación desde entonces. La idea es que la gente inventa todo tipo de fantasías religiosas, rituales y otras expresiones culturales con el fin de escapar su ansiedad sobre su propia mortalidad y que este impulso a negar la muerte como algo natural es responsable por gran parte de lo que se entiende por cultura.

Lea el Epítome: Escrituras Epicúreas (Spanish Edition)

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La justicia natural

La justicia absoluta se logra por medio de suprimir toda contradicción: por lo tanto destruye toda libertad. – Camus

En un ensayo previo discutí algunos de los rudimentos de la moralidad laica, y luego publiqué otro que le dio seguimiento. Este ensayo es una continuación de las ideas en ese ensayo, de nuevo, con la intención de ayudar a la gente a articular estas ideas cuando argumenten con personas religiosas o de convicciones neo-platónicas.

Con frecuencia cuando la gente piensa en como las ideas epicúreas se pueden aplicar al colectivo, piensan en el utilitarianismo, que se define como el máximo placer para la máxima cantidad de gente, y el evitar el máximo dolor a la máxima cantidad de gente.

Aunque el utilitarianismo–filosofía articulada por Jeremy Bentham–tiene sus innegables méritos, se crean ciertos problemas a la hora de aplicar principios hedonistas (que se conciernen con el placer, que es una experiencia subjetiva e individual) al colectivo. El hedonismo es una filosofía individualista y para individuos libres. En el ámbito social, el hedonismo clásico se limita al contractarianismo y se enfoca en los convenios y contratos a los que entramos por voluntad propia. En ese sentido, es mas bien libertario, mientras que Bentham, en su intento por tratar de aplacar a las muchedumbres, podría crear situaciones en las que el individuo (y sus derechos civiles, sus libertades, su felicidad, su seguridad, y en fin su individualidad) peligran de ser sacrificados en el altar del colectivo, sobre todo si las muchedumbres son necias, xenofóbicas, o caen en el fanatismo religioso.

Por eso es bueno refrescar nuestro entendimiento del hedonismo pre-utilitario clásico, cuyo modelo de convivencia social es mas bien contractario. El entendimiento es que somos siempre, y ante todo, individuos libres y que podemos contractar o podemos no-contractar con otros individuos. Y solo de el contrato social es que nacen los deberes. Si no contractamos, no existen responsabilidades mutuas.

Muchos de los partidarios de este libertarianismo clásico consideran que cualquier otro concepto de moralidad implicaría que el ser humano no nace libre o no es libre. El concepto del contrato es legalista, y por lo tanto tiene que ver con justicia, con lo que es justo.

La justicia epicúrea se basa en el concepto de la ventaja mutua, y las raíces y fuentes de esta corriente intelectual se hallan en la última cuarta parte de las Doctrinas Principales. Vamos a tomarlas en orden para entender lo que dicen e implican:

31. La justicia natural es un acuerdo de beneficio recíproco para prevenir que un hombre haga daño o reciba el daño de otro.

32. Aquellas creaturas que son incapaces de hacer acuerdos con los demás a no infligir sufrimiento ni ser heridos no conocen ni la justicia ni la injusticia; y lo mismo para aquellas personas que no pudieron o no quisieron entrar en estos acuerdos.

Primero se nos dice que la utilidad de estos acuerdos o contratos viene de como se evita que los hombres y mujeres se hagan daño mutuo, y a la vez producen ventaja mutua. Por ejemplo, si cinco o seis vecinos en un desierto tienen accesso a un solo pozo de agua, les sería ventajoso tener un tipo de acuerdo o pacto para compartir ese recurso y a la vez vivir en paz y seguridad. DP 32 explica que los animales y seres que son incapaces de entrar en contratos de ventaja mutua (al igual que los que no desean hacerlo) caben fuera de nuestras consideraciones sobre justicia. Luego, Lucrecio en “De la naturaleza de las cosas” argumentará que las sociedades crean leyes para proteger a los niños, desposeídos, o a los animales indefensos, porque está en nuestra naturaleza protegerlos, pero estas partes del contrato social no nacen de los animales ni de los inválidos, etc., sino de los demás individuos en una sociedad, que son capaces y están dispuestos a articular estas reglas sociales (si es que son compasivos).

Noten que se habla de justicia natural. ¿A que se debe esto? Hay varias maneras de entenderlo, pero DP 33 nos ayuda a considerar que Epicuro estaba reaccionando contra Platón y los conceptos religiosos de justicia absoluta, o justicia como un producto sobrenatural de algún dios que entrega leyes a los hombres. Estas ideas abundaban en la antigüedad: lo vemos en Moisés, pero también en el concepto de ma’at de los egípcios, los mu de los sumerios, etc. Por eso los epicúreos dedicaron tiempo a desarrollar doctrinas de justicia natural, no-religiosa. Una característica principal de este concepto de justicia natural como ventaja mutua, es que es relacional, relativa, contextual.

33. Nunca hubo tal cosa como justicia absoluta, solo acuerdos mutuos entre los hombres en distintos lugares y tiempos que evitaban el generar daño o recibirlo.

34. La injusticia no es un mal en si mismo, sino solo en consecuencia del miedo asociado con ser descubierto por los que están a cargo de castigar tales acciones.

35. Es imposible para un hombre que viola en secreto los términos de un acuerdo a no dañar ni ser dañado que se sienta confiado de que permanecerá sin ser descubierto, aún si ya ha escapado diez mil veces; pues hasta su muerte nunca estará seguro de que no va a ser detectado.

Consistente con el enfoque en la experiencia directa del individuo como el estándar ético, medida en términos de placer-aversión, DP 34-35 hacen eco al rol que le atribuyen pensadores como Confucio a la vergüenza y a la necesidad de que personas de buen carácter sirvan de modelos éticos en toda sociedad, instruyendo y avergonzando a los menos desarrollados. Estos versos acentúan conceptos básicos sobre la educación del carácter, al reconocer y hacer uso de los incentivos sociales concretos que mejoran el carácter. El refuerzo de las autoridades morales y legales externas tiene su utilidad natural. Epicuro, al educar a los niños en el jardín, también aplicaba la vergüenza y fortalecía la buena conducta con incentivos, con afecto y expresando orgullo en ellos al comportarse bien.

Vemos que, incluso muchas personas que no aceptan estas ideas, en práctica encarnan la verdad en ellas. La interminable ristra de escándalos sexuales en la iglesia católica son un ejemplo de como, si creen que pueden hacerlo con impunidad, muchos sacerdotes llevan a cabo abuso sexual. Su acusación del hedonismo como un camino hacia la inmoralidad lo que pone en relieve es su hipocresía versus la autenticidad del filósofo natural materialista.

Las últimas tres de las Doctrinas Principales relacionadas a la justicia natural explican en detalle el modo en que la justicia es siempre relativa a las circumstancias y debe siempre cambiar de acuerdo a ellas. Implícito en estas doctrinas queda el entendimiento de que los seres humanos crean las leyes y las reglas según las cuales viven y que los seres humanos las pueden cambiar según las consideraciones pragmáticas y de ventaja mutua.

36. En general, la justicia es la misma para todos, ya que es algo basado en la ventaja mutua en los asuntos humanos, pero en su aplicación a lugares o circunstancias particulares, la misma cosa no es necesariamente justa para todos.

37. Entre las cosas que la ley considera justas, todo lo que sea comprobado ventajoso en los asuntos de los hombres tiene la estampa de justicia, sea o no lo mismo para todos; pero si un hombre crea una ley y no prueba que es de ventaja mutua, ya no es justa. Y si lo que es de ventaja mutua varía y solo por un tiempo corresponde a nuestro concepto de justicia, aún así durante ese tiempo es justo para aquellos que no se preocupan con palabras vacuas sino que miran simplemente los hechos.

38. Donde sin ningún cambio de circunstancias, se observa que las cosas consideradas justas por la ley no corresponden con el concepto de justicia en práctica, tales leyes no son en realmente justas; pero dondequiera que las leyes han dejado de ser ventajosas por un cambio de circunstancias, en ese caso las leyes fueron justas durante el tiempo en que fueron mutuamente ventajosas para los ciudadanos y luego dejaron de serlas cuando ya no eran ventajosas.

Con un entendimiento sólido de esto, podríamos evaluar las leyes actuales a la luz de las ventajas y las desventajas mutuas que producen–por ejemplo, en el caso del estatus ilegal del canabis, que llena las cárceles de jóvenes que serían considerados empresarios si el canabis fuera legal, y que contribuirían enormemente a la prosperidad. Aparte, se benefician muchas otras partes: el gobierno podría imponer un impuesto, la agricultura crecería, etc. En cuanto a las desventajas, solo se deberían expandir leyes similares a las que ya existen con respecto al consumo de alcohol al conducir, etc. para que apliquen al canabis.

Noten que, aunque en Puerto Rico este asunto ha avanzado, la oposición ha surgido de sectores que validan conceptos supersticiosos de la justicia como absoluta y descendida del cielo, y que no reconocen la ventaja mutua o la utilidad pragmática como componentes de la justicia natural. Toda la sociedad paga el precio cuando se aceptan sin cuestionar conceptos morales no-naturales. El platonizar a la justicia produce una falta de claridad sobre lo que ella produce en práctica, en la naturaleza y en la sociedad.

Del mismo modo, podríamos preguntar dónde está la ventaja mutua en todas las leyes por las que nos gobernamos.

Feliz Vigésimo: Sobre las moralidad laica: elecciones y omisiones

Image result for many pathsHay distintas clases de ateos: los militantes, los intelectuales o filosóficos, los anti-autoritarios, los sobrevivientes de peligrosos cultos, y los casuales que carecen de posturas políticas. Pero aquellos que estamos comprometidos con la creación de una sociedad menos religiosa y menos supersticiosa, enfrentamos unos retos peculiares (incluso a veces el discrimen) y una sociedad de individuos que viven convencidos de que sin Dios no puede existir moralidad, que sin Dios todo está permitido. Tan convencidos están de esto que ignoran las atrocidades que se han cometido y aún hoy se cometen en nombre de la religión, aún cuando llenan las primeras páginas de los periódicos. Se ciegan a toda evidencia y repiten el mantra: “sin Dios no hay moralidad” hasta que se convencen a sí mismos.

Muchos de los que estamos en el campo intelectual-filosófico de la lucha por el laicismo sabemos muy bien que, hasta que no logremos atacar esta tendencia degradante, no podremos crear una sociedad laica. Aunque no nos guste, si queremos vivir en una sociedad laica, nos corresponde convencer a la gente de que la moralidad y la ética no derivan de lo sobrenatural, y que es posible y necesario demistificarlas.

Es por eso que es tan importante aprender a discutir y defender estos argumentos relacionados a la ética laica. Primero, arreglemos nuestros conceptos y lo que significan para purgarlos de la corrupción cultural que heredamos. La ética, en labios cristianos, a veces se reduce a culpabilidad y como evitarla (o peor, como evitar “el infierno”). En el humanismo, la ética es algo mas amplio: es nuestro arte de vivir. Y la moralidad se concierne con conformar nuestras acciones con nuestros estándares de conducta.

Mi intención específica al escribir este ensayo es contribuir a la formación de intelectuales laicos capaces de argumentar y explicar específicamente lo que es el cálculo hedónico: la evaluación comparativa de las ventajas y desventajas de nuestras elecciones y omisiones, con la intención de producir el máximo placer y el mínimo dolor a largo plazo.

Esta enseñanza proviene de los epicúreos y cirenaicos, y se basa en sus escritos y en la premisa de que nuestras propias naturalezas e instintos buscan el placer y evitan el dolor. Una vez aprendemos estos conceptos a fondo, es fácil poder argumentar convincentemente a favor de una ética no-religiosa ante cualquier persona de convicciones religiosas. Aquí la porción relevante de la Epístola a Meneceo, la parte central del documento:

27. Consideremos que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos y vacíos. 28. De los deseos naturales, unos son necesarios y otros no. 29. Y de los deseos necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

30. Quien tiene un entendimiento correcto de esto sabe como llevar a cabo elecciones y omisiones referiéndose a la salud del cuerpo y a la imperturbabilidad del alma, ya que ésta es la meta de una vida feliz. 31. Es para vivir felices que lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor. 32. Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma desvanece porque no necesitamos ir en busca de algo que nos falta, ni buscar otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo.

33. Verás, cuando nos falta placer y sufrimos, necesitamos el placer, pero cuando no sufrimos la vida nos regala placer en suficiencia. 34. Y por esto decimos que el placer es el alfa y omega de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como el primer bien congénito. 35. Es el punto de partida del cual comenzamos toda elección y rechazo. 36. Hacia esta meta de vivir felices retornamos una y otra vez porque juzgamos todo bien en base a la felicidad como regla.

37. Pero ya que la felicidad es el bien primero e innato, por eso mismo no escogemos todos los placeres sino que a veces renunciamos a ciertos placeres, cuando de ellos surgen dificultades mayores. 38. Del mismo modo, creemos que ciertos dolores son preferibles a ciertos placeres si, tras soportar tales dolores conseguimos un placer mayor. 39. Todo placer es por naturaleza innata un bien, pero no todos los placeres son dignos de ser escogidos. 40. De la misma forma, todo dolor es un mal, pero no todos deben evitarse. 41. Conviene medir y razonar si los resultados finales son útiles o inútiles para producir una vida placentera. 42. Pues determinamos algunas veces que lo que parece ser un bien resulta ser un mal y que lo que parece ser un mal resulta ser un bien.

Algunos comentarios:

29. Los deseos naturales y necesarios incluyen todo lo que lleve a la salud y a mantener el cuerpo (comida, bebida), a la felicidad (la asociación de nuestros amigos) y a la vida (protección, hogar, seguridad). Estos eran conocidos como los kyriotatai en griego, o “los bienes principales” que hacen que valga la pena vivir. Merecen lugar de prioridad en nuestras elecciones y omisiones.

33-36. Al igual que los budistas, los epicúreos comienzan a estudiar la ciencia de la felicidad mirando los deseos y evaluándolos. Pero noten que a diferencia de los budistas, los epicúreos no tratan de vivir una vida de ascetismo ni de negar los deseos, sino que tratan de alinear sus valores con la naturaleza y de vivir una vida repleta de los placeres que la naturaleza hace disponible.

37-42. Los cristianos y otros grupos han históricamente intentado desmoralizar al hedonismo, categorizándolo como gratificación instantánea sin cualificar lo que los hedonistas en realidad han enseñado. Es aquí donde se explica que el hedonismo busca crear una vida placentera a largo plazo y que para eso es necesario rechazar ciertos placeres, o elegir ciertas penas que a la larga van a producir un placer mayor. Es este “hedonismo” racional y calculado el que llevan los epicúreos, y que produce un arte de vivir gratificante y digno.

Ejemplos de placeres que se rechazan para evitar dolores futuros son: todo aquello que pudiera ser ilegal (porque ir a la cárcel no es placentero) y todos los vicios (porque si bebemos una cerveza nada sucede, pero si bebemos cinco podríamos estar deshidratados el día siguiente y no poder funcionar, y a largo plazo esto tiene efectos en la salud).

Entre los dolores que se eligen para buscar placeres futuros, los estudios universitarios a veces son un enorme sacrificio, pero pueden resultar en un ingreso mayor mas tarde en la vida. También, muchos de los sacrificios que hacemos por nuestros seres amados caben en esta categoría porque, si esos seres nos faltan o si enferman o sufren, sufriríamos también nosotros.

Todas estas consideraciones deben ser parte del cálculo hedónico.

*

Las Doctrinas Principales epicúreas elaboran un poco la distinción entre los deseos naturales y necesarios, los naturales innecesarios, y los que no son ni naturales ni necesarios. Esto ayuda a que nuestros valores y opiniones (y por lo tanto nuestras decisiones y omisiones) estén mejor alineados con la naturaleza de las cosas.

26. Todos los deseos que no llevan al dolor cuando permanecen sin satisfacer son innecesarios, pero el deseo es fácil de descartar cuando la cosa deseada es difícil de obtener o cuando los deseos parecen acarrear la posibilidad de producir daño.

30. Aquellos deseos naturales que no traen dolor al no ser saciados, a pesar de ser buscados con un intenso esfuerzo, también se deben a las opiniones sin base; y la gente falla en deshacerse de ellos, no por su propia naturaleza, sino por las opiniones sin base de la gente.

Cuando se nos pregunte: ¿que es lo que va a remplazar la religión?, es probable que tengamos ninguna o muchas respuestas. Opino que una de las respuestas debe ser la filosofía, que existe para ennoblecer al ser humano y ayudarle a vivir una vida feliz. Los antiguos decían que “filosofía que no sana el alma no es mejor que medicina que no sana el cuerpo“.

Si se familiarizan a fondo con estos argumentos, no solo van a poder defender un concepto de moralidad libre de supersticiones y misticismo, sino que también van a poder vivir vidas mas placenteras en medida que usen estos lineamientos.

Sinopsis del Libro 25 de “Sobre la naturaleza”, por Epicuro: El desarrollo moral

Basado en la traducción francesa que se encuentra en el major Epítome epicúreo en la lengua francesa: el tomo de 1.550 páginas titulado Les Epicuriens.

 Un concepto central aquí es el problema de la responsabilidad causal y si esta responsabilidad se puede conectar a nuestra constitución inicial (nuestra naturaleza, nuestra fisiología), al medio ambiente, o a nuestra agencia.

Si la naturaleza de uno es responsible por las acciones, atribuímos menos elogio y culpa a las acciones. Epicuro dice que hay personas que están por naturaleza “solidificadas” y carecen de maleabilidad (capacidad de cambio), ergo uno no trata de alentar o incitar a estas persona a la realización de acciones oportunas, ya que su naturaleza no nos permite asignar responsabilidad causal.

F. Massi sugiere que esta maleabilidad o suavidad, que es odiada por los estoicos, es alabada como algo bueno por Epicuro, ya que ayuda contra la solidificación o cristalización: quien es maleable, flexible o blando, puede progresar y volverse moralmente mejor a través de la educación. Como nota al margen, el tema de cómo ser flexible y maleable es una virtud en la filosofía naturalista se elaboró en nuestras contemplaciones taoístas y es también un tema en la filosofía cirenaica.

Sin embargo, debido a su naturaleza maligna, denigramos y muchas veces odiamos a un hombre por lo que, al final, en la práctica, nuestra reacción con frecuencia no es diferente a asignar culpa. El ejemplo que se da en el libro Les Epicuriens es el de un tiburón: odiamos a la criatura, pero no culpamos al tiburón por comerse a un hombre porque la constitución inicial del tiburón y el producto desarrollado (del carácter del tiburón) son idénticos (es decir, el tiburón no experimenta desarrollo moral).

Este es el caso incluso si separamos  un poco la constitución inicial (o naturaleza) de un hombre de su product final en el curso de desarrollo, porque la constitución inicial (naturaleza del hombre, no importa cuan malvada) a veces puede hacerse un camino para que sea posible que otras cosas (no naturales, como la cultura, el medio ambiente, la educación) construyan un producto desarrollado, un carácter sano.

Es por eso que todavía amonestamos a personas que por naturaleza son malvadas, y no la eximimos plenamente de sus crímenes, somos simplemente más indulgente con ellos. No los tratamos como trataríamos a bestias salvajes (en palabras de Epicuro) porque los hombres no son tiburones. Los miembros de nuestra especie son criaturas domesticadas. Por lo tanto, tenemos un poco más expectativas de  de nuestros compañeros humanos menos moralmente desarrollados que las que tenemos de bestias salvajes.

Muchos de los razonamientos de Epicuro en este libro podrían ser (y han sido) interpretados para incluir gatos, perros, caballos y otros animales que hemos domesticado, y por lo tanto, su comportamiento se aparta de su constitución inicial hasta cierto punto.

Por lo tanto, existe una correlación entre la constitución inicial (o la naturaleza) de una criatura, que puede tener tendencias antisociales o viciosas, y la atribución de responsabilidad causal.

Pero en medida que el individuo madura, deja de actuar puramente por impulso. Esto es desarrollo moral, y transforma la constitución inicial. Por tanto, podemos evaluar y describir la evolución moral del hombre.

De acuerdo a a teoría de Epicuro sobre nuestros impulsos instintivos, subconscientes, llevamos dentro de nosotros ciertas tendencias o disposiciones, que a su vez informan nuestras acciones. Epicuro afirma que, en el proceso de desarrollo moral, uno tiene el poder de cambiar las creencias propias, e incluso cambiar atómicamente la estructura de la mente de uno. Esto, en la actualidad, se está investigando como la ciencia de la neuroplasticidad. El objetivo de la terapia epicúrea es, por lo tanto, transformar nuestras disposiciones con el fin de tener un producto desarrollado final, que es un carácter bueno y feliz que experimenta ataraxia (placer estable y auto-suficiente) y está libre de miedos irracionales o supersticiosos.

La gente tiene, desde el principio, los gérmenes de las tendencias buenas, malas y neutrales. Llega un momento en que estas semillas dan sus frutos, y depende absolutamente de nosotros. Nos amonestamos, combatimos y transformamos unos a otros como si tuviéramos la responsabilidad causal en nosotros mismos y no sólo en nuestra constitución inicial.

La responsabilidad causal reside en los agentes, no simplemente en acciones que son causadas por movimientos anteriores, porque es a los agentes (los que llevan a cabo acciones) que observamos dejar de hacer las cosas malas de las que su naturaleza es capaz.

Si un determinista argumenta en contra de esto, puede optar por seguir amonestando y alabando a los demás, pero aún dejará intacta nuestra anticipación de responsabilidad–sobre la cual nuestros juicios de elogio y censura se construyen–y sólo habrá cambiado su nombre.

Y, si todas las cosas son por necesidad, entonces los deterministas no pueden auto-alabarse por razonar claramente ni culparnos por razonar de mal modo, y así atribuir a sus adversarios la culpa causal por su propio razonamiento equivocado.

Si todas las acciones están determinadas por átomos (por naturaleza), a continuación, nuestras prácticas morales y sociales de amonestación no tendrían sentido. Por lo tanto, el adversario (determinista) de Epicuro tendría que renunciar a su práctica moral, social y educativa debido a la incompatibilidad de la teoría y la acción.

De hecho, las acciones y las opiniones de los deterministas estarían constantemente en contradicción, porque nos detenemos constantemente a nosotros mismos y a los demás de hacer cosas malas o tontas, a pesar de nuestros propios impulsos y deseos.

Nuestra contribución (a nuestras acciones) consiste en la percepción de que, si no entendemos claramente las normas y criterios de todas las cosas que hacemos en virtud de nuestras opiniones, y en cambio seguimos nuestros impulsos irracionalmente, todo estará perdido en exceso y defecto. – Epicuro

Hay muchas cosas que se hacen con la contribución de la naturaleza, así como muchas cosas que se hacen sin su contribución; y también muchas cosas que se hacen ordenando nuestra naturaleza (a través de la disciplina, la educación, o la reforma y entrenamiento de nuestra constitución inicial), y muchas otras cosas se hacen donde la naturaleza misma sirve como guía.

La responsabilidad causal y la necesidad se procuran entre sí. Somos causalmente responsables de buscar poco a poco el principio, la regla y el criterio por el cual vamos a actuar.

Otras lecturas:

La responsabilidad moral y el desarrollo moral en Epicuro, por
Susanne Bobzien