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Michel Onfray y la contra-historia de la filosofía

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Este comentario y revisión se basa en el libro Las sabidurías de la antigüedad: Contrahistoria de la filosofía, del filósofo francés Michel Onfray. Onfray es el fundador de la Université Populaire de Caen y es uno de los intelectuales públicos más prominentes de Francia en la actualidad.

Después de presenciar el surgimiento de la ideología derechista de Le Pen (y la decadencia intelectual que la llevó), Onfray consideró que la República Francesa necesitaba invertir en la formación de nuevos intelectuales. Al sentir que el mundo académico había fracasado al dar demasiada importancia inmerecida a Platón y los idealistas, y demasiada poca a Epicuro y los materialistas, se propuso argumentar que Occidente necesita una “contra-historia de la filosofía” desde la perspectiva de los “amigos de Epicuro y los enemigos de Platón”.

Historiografía como guerra

En nuestra discusión de la filosofía de Nietzsche, mencioné (y critiqué) algunos puntos de vista nietzscheanos que han tenido gran influencia en Onfray y sirven, en gran medida, como presuposiciones:

Para Nietzsche, la verdad y la realidad son invento de alguien que, en el proceso de postular una narrativa de la realidad, está actuando y ejerciendo poder sobre la realidad, creando la realidad.

… No hay hechos, sólo interpretación.

La influencia de Nietzsche en Onfray también se exploró en su argumento de que hay una ideología nietzscheana de izquierda, una forma de filosofar que es nietzscheana “en la medida en que toma a Nietzsche como punto de partida“.

Debemos comenzar con la influencia nietzscheana de Onfray, porque Onfray (al igual que Nietzsche) reconoce que narrativa equivale a poder y declara que estamos en guerra. Es una guerra de ideas e ideologías, una guerra entre materialistas e idealistas, entre atomistas y teólogos, entre creacionistas y científicos. Dos cosmologías (en sus muchas variedades) que no se pueden reconciliar han estado en guerra durante milenios. Podemos pensarlas como las “guerras culturales” de hoy. Este es el tema de la contra-historia de Onfray, y enmarca su manera de practicar la filosofía.

Onfray dice que la escritura de la historia es en sí misma un acto de guerra, que es ideológica y que hay una estrategia, una serie de objetivos y una variedad de métodos de escribir historia que demuestran las maneras en que se pelea la batalla intelectual. A veces la guerra se libra imponiendo invisibilidad y silencio a otros; Otras veces es acentuando esta o aquella evidencia.

Onfray comienza con el mismo Platón, que nunca menciona directamente a Demócrito, aunque toda su filosofía es una máquina de guerra contra Demócrito. La táctica de Platón aquí es ignorar, omitir, silenciar al enemigo, para disminuir y despreciar su valor. En un pasaje que habla de Aristoxeno, Onfray narra cómo Platón insinuó una vez que las obras de Demócrito debían ser quemadas, pero dos pitagóricos lo persuadieron a no quemarlas. En todo momento, Onfray acusa a Platón de participar conscientemente en una batalla ideológica, problema que se agrava por el hecho de que en la historia “oficial” de la filosofía no se han hecho suficientes intentos para encontrar la voz real de sus oponentes.

El mundo académico ha adoptado la narrativa platónica y ha delegado a Demócrito en los libros de historia al status de “pre-socrático”, lo cual trivializa su logro intelectual como inventor del atomismo, a pesar de que Demócrito vivió al mismo tiempo que Sócrates. Demócrito nació en 460, Sócrates en el 470.

Quizá sea mas fácil para los historiadores encajar hechos y personas en categorías simplistas, pero el mito de los “tres filósofos clásicos” (Sócrates, Platón y Aristóteles) ha sido perpetuado ad nauseam por los académicos, y ha atribuido una cantidad injusta de importancia a estos tres, para el detrimento de todos los demás.

Onfray comienza su contrahistoria rectificando esto: Demócrito, el inventor (junto con Leucipo) del atomismo y el primero de los “filósofos risueños“, no es un pre-socrático. Demócrito es el primer anti-platónico, activo al mismo tiempo que Platón. Demócrito y Platón comienzan dos linajes filosóficos separados. La contra-historia de la filosofía nos da la narración del “otro” linaje.

Platón conocía a Aristipo, el fundador de la doctrina hedonista, y estaba familiarizado con él y sus opiniones. Prueba de ello es que menciona directamente a Aristipo cuando reprocha su ausencia en el funeral de Sócrates (muy selectiva su memoria, ¿no?). Pero en lugar de usar a Aristipo como portavoz del hedonismo, utilizó el personaje (fictício) de Filebo, que es simplemente una figura literaria usada para encarnar el placer en uno de sus “diálogos”. Platón no permite a Filebo hablar o defenderse adecuadamente. Platón también exhibe mala voluntad cuando exagera y caricaturiza a su oponente hedonista y luego, al final, hace al personaje salir corriendo tras un muchacho guapo.

¿Por qué elegir un personaje de ficción para hablar de una filosofía que tiene verdaderos defensores con doctrinas reales y coherentes? Aquí, de nuevo, la máquina de guerra de Platón omite, silencia, ignora a su oponente, como si esto demostrara la validez de los argumentos de Platón. Se nos recuerda cómo el Sócrates que conocemos es solo el Sócrates de Platón: nunca se oye hablar del Sócrates que inspiró a los cínicos, a los hedonistas o a cualquiera de los otros linajes filosóficos que lo reclaman como ancestro intelectual.

En vista del conflicto de ideas que ha tenido lugar a través de la historia, Onfray sostiene que el Monte Vesubio protegió los rollos de Herculano de la furia y el fanatismo cristianos; Que si la erupción de 79 EC no hubiera carbonizado los papiros, nunca habríamos tenido acceso a la mayoría de las obras en la villa de Filodemo.

Dando golpes por Epicuro

En su exposición de un fraude religioso, el satirista epicúreo Luciano de Samosata incluyó un pasaje revelador acerca de “dar golpes por Epicuro”, lo cual demuestra que los epicúreos, tanto antiguos como modernos, siempre nos hemos visto como emprendiendo una batalla intelectual:

… estaba más interesado (una preferencia que usted va a estar lejos de resentir) en dar un golpe por Epicuro, ese gran hombre cuya santidad y divinidad de naturaleza no eran impostoras, el único que tenía e impartió una verdadera idea de lo bueno y que trajo la liberación de todos los que se juntaron con él.

Este pasaje da testimonio del hecho de que en el siglo II AEC, Luciano se consideraba a si mismo involucrado en una pelea a través del uso de la comedia y la literatura. Los epicúreos contemporáneos sostienen generalmente que la ÚNICA manera de entender a Epicuro en profundidad es entendiendo lo fuertemente anti-Platón que era: algunos incluso han argumentado que todo su sistema de filosofía puede ser entendido principalmente como una refutación detallada, punto por punto, de Platón, que sustituyó a la naturaleza por las ideas. Las ideas están bien, solo que no son verdaderas “cosas” que existen por sí solas–sin la materia–en el éter, o la plétora, o como quiera que las supersticiones platónicas quieran llamar el reino ideal.

La expulsión de Epicuro de Mitilene bajo la amenaza de ser acusado ​​de blasfemia por parte de los platónicos que habían asumido el control del gimnasio, es otro incidente histórico pivotal que por lo general escapa al escrutinio de los historiadores–incluso del mismo Onfray. Sabemos por las fuentes que sucedió durante una temporada difícil para viajar por mar y que su nave se volcó y casi perdió la vida. Sabemos que esto hizo a Epicuro ser mas cuidadoso, y que después de esto evitó predicar su filosofía en el ágora, prefiriendo la intimidad de su Jardín. Pero, ¿por qué los platónicos estaban tan ofendidos por la idea de que las cosas estuvieran hechas de átomos, o por la creencia de que la vida debería ser agradable? ¿Qué argumentos y discusiones podemos especular que tuvieron con Epicuro antes de la expulsión?

Los intentos de responder a estas preguntas pueden ayudar a revelar muchos temas importantes de controversia, incluyendo la apasionada indignación de los epicúreos con la superstición y con la interminable, inútil e irrelevante especulación de los otros filósofos. Esto merece su propia serie de “diálogos” imaginarios.

Conciliación con la naturaleza

En cuanto a cómo filosofan los materialistas e idealistas, los dos linajes son difíciles o imposibles de reconciliar: filosofamos desde el cuerpo, valoramos los sentidos, la observación, los instintos y las facultades, el placer y la aversión. Valoramos las emociones: Filodemo trata la ira como una fuente de informacón importante y dice que puede ser racional y natural, mientras que los platónicos han llevado a cabo la mas completa desnaturalización y descontextualización de la moralidad y la filosofía. Inventaron una división antinatural entre el cuerpo y la mente para devaluar el cuerpo y elevar el “espíritu” imaginario e incorpóreo. Esto fue fácilmente desmantelado por Epicuro cuando reintegró la psique dentro del cuerpo.

Onfray llama al platonismo “la gran neurosis en el centro de la civilización occidental”. No es sólo nuestra felicidad la que sufre como resultado de ello. Hay MUCHO más en juego, incluyendo nuestra conexión con la realidad. Epicuro sigue siendo importante y pertinente hoy porque todo su sistema no sólo es coherente, sino también totalmente basado en el estudio de la naturaleza.

El individuo contra el polis

Siguiendo la lógica de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, Onfray junta a muchos intelectuales de diversas tradiciones, a quienes él ve como en guerra contra Platón. Al hacerlo, admito que la comparación de los hedonistas con los cínicos parece un poco forzada a veces. Pero sí observa la tensión que existe entre la naturaleza (fisos, cuerpo) y la ley (nomos), entre el individuo (y su libertad) y la polis (y su cultura), como hilo conductor de las guerras culturales.

Las Cuatro Curas son una invención de Filodemo, a la que Onfray ofrece una alternativa que incluye lo que él llama un “ateísmo tranquilo”. Al hablar de la parábola lucreciana de la fortaleza de los sabios (que es una hermosa defensa de la ética individualista como distinta de las vulgaridades de las masas), Onfray declara:

El hedonismo no requiere egoísmo, ni una alegría maligna (al ver el sufrimiento de los demás), sino la construcción de uno mismo como una ciudadela, una fortaleza inexpugnable.

Que el epicúreo elige ser un individuo y concentrarse en su propio auto-cultivo no debe entenderse como que obedece algún mandamiento de ser apolítico. Onfray afirma que, mientras Filodemo rechaza la autocracia de los tiranos y la democracia de las masas vulgares, prefiere un rey bajo la influencia de la filosofía. La fuente de esto no está clara, pero esto no debe impedirnos formar nuestros propios ideales para el tipo de gobierno que conduce más fácilmente a una vida de placer, de autarquía y de ataraxia para sus individuos, como seguramente el epicúreo Thomas Jefferson hizo cuando escribió las palabras “búsqueda de la felicidad” en la Declaración de Independencia.

Tal vez un “rey ideal” contemporáneo podría ser mejor encarnado por el ex-presidente de Uruguay José Mujica, quien mencionó específicamente a Epicuro mientras hablaba a la comunidad de naciones, y posteriormente fue celebrado en el simposio anual de filosofía epicúrea en Atenas. Mujica es conocido por su política izquierdista-libertaria moderada, por su autenticidad y vida sencilla a pesar de ganar un salario presidencial, por su ateísmo declarado, y su llamado a todos los latinoamericanos y occidentales a repensar los valores heredados (sobre todo el consumismo) ya que “el cristianismo nos ha fallado”, dice.

Mujica, un líder que es adorado por la gente de América Latina y el mundo, es muy consciente de la importancia de disciplinar nuestros deseos y de los peligros que plantea el neoliberalismo y el modelo capitalista que requiere de un crecimiento constante, prefiriendo un modelo sostenible de capitalismo. Bajo su liderazgo, Uruguay se ha convertido en la nación más próspera de América Latina. Goza de políticas sociales liberales, una alta calidad de vida, y una tasa de pobreza por debajo del 2%.

La Casa de Pisón

Filodemo no sólo cuestionó el estereotipo de los epicúreos como apolíticos: desarrolló la tradición epicúrea de otras maneras y desafió el estereotipo de los epicúreos como minimalistas que viven frugalmente. Filodemo enseñó filosofía a romanos ricos, incluyendo el propio suegro del César. Con él, la tradición epicúrea demostró (consistente con su propia enseñanza) que estaba dispuesta a aceptar los lujos cuando no había desventajas derivadas de su disfrute. Esta es una filosofía para hombres y mujeres de todas las clases sociales.

La Casa de Pisón no era el jardín austero de los fundadores originales. Junto con su biblioteca y vida cultural, se parecía más a un gran templo de placer refinado. La villa en Herculano tiene vistas al mar Mediterráneo y fue una fortaleza de refinamiento, cultura y lujo. Para echar un vistazo a la vibrante vida cultural contenida en sus paredes podríamos estudiar la Epístola de Horacio a la Casa de Pisón.

Algunos puntos de interés de la contra-historia

El libro de Michel Onfray está salpicado de referencias de interés para el estudiante de la filosofía epicúrea. Entre algunos de los puntos de trivia:

• La biblioteca de Filodemo fue re-descubierta el 19 de octubre de 1752
• Timón fue el primero en asociar a los epicúreos con el cerdo
• Aunque muchos han argumentado que De Rerum Natura es una obra incompleta, observadores agudos notarán que Lucrecio comienza De Rerum Natura con la palabra “madre” y lo termina con la palabra “cadáver”
• El nombre de Epicuro significa “socorro” o “asistencia”, específicamente “ayuda en tiempos de guerra”
• Antífono de Atenas fue precursor del psicoanálisis y el primero en proponer que la filosofía cura el alma a través de las palabras. Esto sería posteriormente parafraseado por Filodemo. Fue muy persuasivo, inventó la filosofía terapéutica y escribió una obra titulada “El arte de combatir la tristeza”
• Se cree que Mecenas, el rico patrón de las artes cuyo nombre se convirtió en sinónimo de filantropía humanista, fue epicúreo

Contra la herejía del inmaterialismo

He estado sacando tiempo para leer el libro de Michel Onfray Tratado de la ateología luego de que un camarada compartiera el enlace en un sitio laico.  Mi interés por Onfrey surge a partir de intercambios con un amigo filósofo del norte de Europa que me lo aconsejó en la comunidad epicúrea del internet.  Luego, tuve la oportunidad de practicar el francés básico que conozco leyendo en idioma original La sculpture de soi, una obra en la que parte de una escultura de un mercenario europeo para filosofar sobre el autarca, el filósofo libre.

A través de la obra de Onfray, se puede entrever siempre un epicureanismo nitzcheano, post-cristiano.  Esta obra en particular parte del evento histórico de la muerte supuesta de Dios en la obra de Nietzche, pero como dice Onfray en otras de sus obras, el cadáver de Dios aún no lo hemos enterrado y el hedor está en todas partes.

Hay algunos puntos de interés en esta obra que quizá merezcan ser atendidos en blogs separados, pero el que me interesa en particular ahora es el tema del verbaje y las agendas detrás de los verbajes.  Es este uno de los instantes en que Onfray arguye que la epísteme cristiana pervade el pensamiento supuestamente laico de la sociedad entera, nuestras leyes, nuestra política.

Incluso los modos en que nos identificamos laicos (sin que a veces lo notemos) refuerzan perspectivas no-analizadas de lente abrahámico que equiparan decencia con cristiandad o con fe.

Me interesa el asunto del vocablo y los puntos de partida por mi conversión al epicureísmo y mi insistencia firma a tomar Epicuro como punto de partida.  En el Tratado de ateología, página 39, se lee:

Los adoradores de todo y de cualquier cosa … reducen a los incrédulos a ser, desde lo etimológico, no más que individuos incompletos, amputados, fragmentados, mutilados, entidades a las que les falta Dios para ser de verdad.

Lo curioso es que, al igual que Nietzche, Onfray contrapone el ser versus el no ser, la vida contra la muerte, con las religiones sobrenaturalistas siempre delineándose como cultos a la muerte, es decir, al no-ser.  ¿A quien en realidad le falta algo, a los que se extasían en lo espiritual e intangible o a los que plantan sus pies firmes en la realidad, la materia, el ser?

Notamos que los católicos se escandalizan poco por el abuso sexual de curas con menores, pero mucho cuando los fetos son abortados … tendrán los curas que violar fetos para que los católicos se escandalizen.  Pero estos son síntomas de los cultos a la muerte: idolatría de la agonía, del dolor, del martirio, y preocupación por la gente solo antes de nacer y luego de morir, imaginería de paraíso post-mortal mientras que el materialismo y el atomismo hedonista y ético se enfoca en la calidad de la vida de las entidades vivientes durante el tiempo entre el nacimiento y la muerte: el único tiempo que importa, el único en que se puede sufrir, amar, llorar, vivir, aprender.

Entonces, ¿porque el filósofo materialista debe considerarse a-teo, in-crédulo, in-fiel, im-pío, siempre una negación de una virtud imaginaria e intangible, siempre partiendo de un punto de referencia iniciado por retóricas hostiles?

Esa es la ironía, y mi crítica principal de hecho al autor que escribe todo un tratado de ateología en lugar de partir, como predica que debemos, de un punto de partida netamente materialista.  Es por esto que soy, e insisto denominarme, epicureano.

Del mismo modo, el autor da en el clavo al nombrar varios de los problemas principales que nacen de la religión.  Llama nuestros temores y angustias existenciales, sobre todo el miedo a la muerte, “máquinas de crear divinidades”, pero fracasa en apuntar el dedo a los primeros dos tabúes epicúreos, las primeras dos de las cuatro curas del maestro Filodemo de Gadara: “No temerás a los dioses” y “No temerás a la muerte“, doctrinas que al ser elaboradas con elocuencia roban de fecundidad el alma parturienta de dioses.

Entonces, su tratado de ateología, incluso desde su título mismo y punto de partida, estará siempre incompleto, será siempre el comienzo de una conversación y nunca el final.

Luego, de nuevo, da en el clavo al aseverar en la página 49:

Por lo tanto, la religión se convierte en la práctica por exelencia de la alienación; supone la ruptura del hombre consigo mismo y la creación de un mundo imaginario en el cual la verdad se encuentra investida imaginariamente.

… pero fracasa en proveer al lector de un contra-análisis enraizado en el discurso epicúreo, discurso que el autor admite admirar.  Como respuesta y como cura a esta alienación, este deseo de partir de este mundo y de imaginar otros, se nos ofrece lo que en griego se llama la enargeia, la inmediacía de la experiencia ante nuestros sentidos, que a veces es traducida como evidencia y no es menos que el ancla que nos permite estar en este mundo.  Es vivir, despertar a la realidad.  En oriente, enargeia podría traducirse como zen, pero este es el verbaje puramente laico y representativo del humanismo secular occidental.

Hemos de entonces acuñar nuevos vocablos afirmativos, vocablos que nombren lo que uno es en lugar de negar lo que uno no es, que tomen nuestra experiencia y perspectiva como punto de partida y no la de partidos hostiles a nosotros.

En lugar de hablar de como los ateos son impíos e irreligiosos, hablemos de como los religiosos son anti-laicos. Hablemos del laicismo como la norma, porque de hecho lo ha sido y lo ha debido haber sido en los últimos varios siglos.

Empecemos a denominar a los que odian la filosofía y la evidencia como crédulos, o quizá como antísofos (partidarios en contra de la sapiencia).

Empecemos a hablar del inhumanismo de los que se oponen al humanismo secular, particularmente cuando se les olvida ocuparse por el tiempo entre el nacimiento y la muerte, con todos los tangibles de la ética que se dan en ese intervalo.

Hablemos del sobrenaturalismo y la superstición de los que no aceptan concepciones naturalistas de la realidad.  Hablemos, como bien hizo Tomás Jefferson, de la herejía del inmaterialismo que se ha apoderado del cristianismo.

Porque las palabras son, de hecho, poderosas y quienes las disponen y las proponen ejercen cierto tipo de poder por medio de ellas.  Entonces, cuajemos no tratados de ateología contra los ‘fieles’ sino discursos laicos contra los anti-laicos.  Fieles son los naturalistas a la vida, a la realidad y a la sana filosofía.