La celebración del día veinte

Una filosofía comunal: Los orígenes

Los epicúreos en la antigüedad eran llamados eikadistae (hoy se usa los twentyers, en ingles, o “la gente del día veinte”), ya que eran conocidos por celebrar el 20 de cada mes con fiestas que celebran la filosofía, la comunidad y los alimentos, así como la cultura y la confianza que se desarrolla alrededor de la mesa. Sabían que la comida, como la música, crea comunidad, y cualquier doctrina que enseña que los amigos son una de las riquezas más grandes, debe facilitar de forma natural el proceso de hacer y nutrir amistades.

Epicuro en su testamento final estableció la celebración de los cumpleaños de sus amigos y los suyos el día 20 de cada mes “de acuerdo a las normas actualmente en vigor“. Esto indica que la tradición surgió durante su vida y, en el momento de su muerte, se había convertido en nada menos que una obligación comunal forzada por los líderes de la escuela.

Y de los ingresos obtenidos por mí, a Aminomaco y Timócrates, que como major puedan en consulta con Hermarco, establezcan una provision separada para las ofrendas funerarias a mi padre, madre, y hermanos, y para la celebración habitual de mi cumpleaños en el décimo día de Gamelion en cada año, y para la reunión de toda mi escuela que llevan a cabo cada mes a los veinte días para conmemorar a Metrodoro y a mí de acuerdo con las normas actualmente en vigor. Que también participen en la celebración del día del mes en que se conmemora a mis hermanos, y así mismo día en que se conmemora a Polieno, como lo he hecho anteriormente.

– Testamento final de Epicuro

Los cuatro hombres

El honor tributado a un sabio es en sí mismo un gran bien para los que le honran. – Sentencia Epicúrea 32

Mientras que la costumbre original era darle honor a Epicuro y Metrodoro (que murió antes que Epicuro), hoy la idea es celebrar el convenio de amistad que nos une entre sí y que nos conecta con los epicúreos del pasado.

La escuela tiene una tradición de liderazgo plural que se remonta a sus inicios y oficialmente reconoce no uno, sino cuatro fundadores. Esto–a pesar del hecho de que la tradición lleva el nombre de Epicuro (para celebrar para siempre su memoria)–es indicativo de cómo en ese primer jardín Epicuro se ganó el amor y la lealtad de sus seguidores, y la forma en que ejemplificó el amigo ideal entre sus asociados, cuidando de sus hijos, asegurando en su testamento que iban a ser atendidos en adelante, y con frecuencia escribiéndoles cartas para expresar su gratitud y afecto.

De Metrodoro, sabemos que en siglos posteriores Filodemo lo citó como una autoridad para demostrar que estaba basando su enseñanza en los Escolarcas anteriores, y que sus escritos (ahora perdidos) circulaban entre las generaciones que vinieron después.

En cuanto a Hermarco, sabemos que él es el primer converso y compañero de Epicuro. Aprendió por primera vez la enseñanza de Epicuro en la isla de Lesbos en los inicios de la carrera de enseñanza de Epicuro. De Polieno, se dice que era suave y agradable y que usaba con frecuencia proverbios de profunda sabiduría, y sabemos que era un matemático de Lámpsaco que se unió a ellos después de su exilio de Mitilene.

Fue en Lámpsaco que la primera escuela fue fundada y surgió la primera comunidad epicúrea. Más tarde en Atenas, bajo Epicuro como Hegémone (Líder), los otros tres asumieron el papel de maestros y líderes de la comunidad (kath-hegemones).

El reconocimiento de cuatro fundadores, además, nos da una idea de cómo evolucionó lentamente la doctrina original, desarrollándose y obteniendo coherencia como resultado de estos cuatro hombres y sus asociados, que se hacían preguntas entre ellos y trataban de responderlas, elaborando en conjunto lentamente y orgánicamente una visión materialista del mundo completa y convincente, partiendo de las ideas de los atomistas que habían llegado antes que ellos. No fueron solo desafiados por los filósofos de otras escuelas. Se había desarrollado una cultura de razonar juntos y ciertas doctrinas habían sido acordadas como conclusiones compartidas, pero continuaban evaluando las repercusiones de las enseñanzas en su aplicación cotidiana del conocimiento adquirido.

Es dentro de este contexto que Epicuro, en su testamento, estableció la tradición de celebrar el día 20 de cada mes como una forma de perpetuar el discurso sano que él y sus amigos habían iniciado, para el beneficio de todas las futuras generaciones. Es decir, gracias a los festines del día veinte nuestra tradición de sabiduría persiste y se adapta.

En este sentido, mientras que el epicureísmo requiere introspección y el desafío de nuestros deseos vanos, y la afirmación del placer (todos estos, componentes de una revolución espiritual privada, interna), siempre ha sido al mismo tiempo una filosofía de comunidad.

La fiesta de la sabiduría

feastSegún Filodemo de Gadara, Epicuro decoraba su casa todos los días veinte con los frutos de la temporada y todos estaban invitados a la fiesta. Observemos que Filodemo habló específicamente de la comida como arte, como decoración. Esto sugiere que, tradicionalmente, los platos en el día veinte  eran festivos, creativos y opulentos, quizá adornados con flores y servidos en bandejas hermosas y coloridas.

Uno puede imaginar un gran banquete del Mediterráneo: debe haber incluído pedazos de pan caliente y una variedad de platos de queso–ya que sabemos que Epicuro amaba el queso. Deben haber servido dátiles, higos y otras frutas de temporada y, sin duda, vino. No olvidemos las alcachofas y las aceitunas. Nota aparte: en años recientes, la llamada dieta mediterránea, cuyos beneficios de salud son muy documentados, ha sido declarada por UNESCO como un patrimonio cultural no-tangible de toda la humanidad.

La mayoría de los antiguos griegos rara vez comían carne porque no eran pudientes, excepto durante las fiestas religiosas cuando se sacrificaban los animales y se alimentaba a la gente común. El pescado, por el contrario, era disfrutado de vez en cuando por la mayoría de los griegos.

Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo para comer y beber, ya que comer y beber solo es llevar la vida de un león o un lobo – Epicuro

La gente iba a las fiestas del día veinte no sólo por la comida, sino por lo más importante: la compañía. Es fácil imaginar que para una ocasión tan alegre, los primeros twentyers (llamémosle tueñas en castellano, ya que veintanos suena a ventana) no solo comían y estudiaban filosofía: cantaban, bailaban y hacían brindis con sus amigos. La música, en particular, tiene el poder de crear un sentido de identidad colectiva y territorialidad. En ocasiones especiales, tal vez con la visita de distinguidos invitados, puede haber habido actuaciones o narración didáctica.

En preparación para la fiesta, todos los meses podemos imaginar que un grupo de tueñas iba aprendiendo recetas y disfrutando del proceso de cocción y elaboración de la presentación artística de la comida. Es innegable que las artes culinarias eran parte de lo que hizo del día veinte algo especial.

Hay una aspecto casi maternal en el acto de alimentar, de nutrir a alguien, que ayuda a crear confianza y un sentido de comunidad. Había tal vez epicúreos cuya función consistía en recibir a los huéspedes que llegaban al evento, responder a cualquier pregunta sobre la filosofía que tuvieran, ofrecerles alimentos y, en general, hacerles sentir como en casa.

El sábado de los filósofos

El día veinte, según el testamento del primer Hegémone, fue desde el inicio forzado en base a las reglas que gobernaban a los adherentes de epicureísmo. Es decir, a pesar del espíritu antiautoritario inherente incluso en el Canon–para el cual cada individuo es un árbitro independiente de la realidad en virtud de tener acceso directo a ella a través de los sentidos–entre los epicúreos había reglas y estas reglas se hacían cumplir. Los primeros Hegémones asumieron la responsabilidad de organizar las fiestas el día veinte y lo hicieron con tal fidelidad, que los primeros epicúreos fueron llamados la gente del día veinte. Su identidad comunal giraba en torno a la práctica, por la cual fueron reconocidos por toda la cultura.

En la tradición judía, se dice a menudo que no sólo los judíos guardan el sábado, sino que el sábado ha guardado a los judíos. En otras palabras, los rabinos reconocen que el establecimiento, desde el principio, de una tradición de rememberanza periódica de su identidad judía ayudó a asegurar su persistencia a lo largo de las generaciones, a pesar de la persecución viciosa, la asimilación exitosa en Babilonia, Europa, América y las diversas otras experiencias migratorias, y a pesar de los horrores del genocidio.

Deberíamos ver el día veinte como una sal y especial similar, un ingrediente necesario para la preservación de una comunidad, una especie de reposo sabatino de los filósofos materialistas éticos. Es bastante probable que el banquete comunal del día veinte pudo haber contribuido en gran medida a la continuidad del epicureísmo como una tradición viva, como una escuela con una vida cultural vibrante que persistió durante siete siglos, lo cual representa una carrera muy exitosa para una escuela de la filosofía y da testimonio del poder que el epicureísmo tenía para unificar a las personas. Una mera doctrina rara vez hace esto, sino que se requiere de música, comida, cultura, amistades, lealtad, sentido de comunidad, y reuniones semanales o al menos periódicas en momentos fijos en el calendario, para que los miembros puedan re-membrarse.

El veinte es también una práctica agradable: no es la disciplina sombría y sobria que la mayoría de la gente hoy en día asocia con la filosofía. Incluso si no hubiera mil razones detrás del festín mensual, aún sería una fiesta agradable y propicia a la que querríamos asistir. Por lo tanto, los Amigos de Epicuro deben considerar reinstaurar la tradición de celebrar el día veinte.

Lea también:

Luis Granados ha escrito Happy Twentieth! para la revista The Humanist, sobre cómo el celebra el día veinte. Propone que la celebración de los veinte con amigos cercanos es una alternativa más íntima a las Asambleas Dominicales (o Sunday Assembly, que son las nuevas iglesias ateas) para las personas no-religiosas

Un año epicúreo

Back to the Main Page

Anuncios

4 pensamientos en “La celebración del día veinte

  1. David de Ugarte

    Precioso texto Hiram! Cómo me gustaría que vinieras aunque solo fuera por unos días a compartir con nosotros nuestras comidas, las tertulias de la cena y sobre todo las grandes fiestas anuales del día de la Fides y el día de las Indias… Creo que nos aportarías mucho y que a ti te inspiraría una comunidad orgullosa de sus raíces epicúreas (aunque no solo epicúreaas) en la que la felicidad de cada uno se apoya en el disfrute de la amistad y la creación colectiva de conocimiento.

    Disfrutamos tanto tus textos que, paradójicamente, nos creas una necesidad: buscar el modo de traerte a Europa 😀

    Responder
    1. hiramcrespo Autor de la entrada

      Tengo que hablarlo con mis hermanos que son asistentes de vuelo y disfrutan de beneficios \ descuentos aunque sea “stand by”. En febrero es el simposio epicúreo anual en Grecia. Si no sale muy caro, quizá pueda ir.

      Responder
  2. Pingback: Lecturas para comenzar el Sábado 22 de octubre de 2016

  3. Pingback: Itinerario de estudios epicúreos | Sociedad de Amigos de Epicuro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s