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Acerca de hiramcrespo

Hiram Crespo is the author of 'Tending the Epicurean Garden' (Humanist Press, 2014) and 'How to Live a Good Life' (Penguin Random House, 2020), and founder of societyofepicurus.com. He's also written for The Humanist, Eidolon, Occupy, The New Humanism, The Secular Web, Europa Laica, AteístasPR, and many other outlets.

La Mettrie: Un Vistazo Panorámico

Lo que sigue es destilado de las reseñas de varios libros del filósofo materialista francés Julien Offray de La MettrieSystème d’Épicure (publicado en 1750), se subtitula “Reflecciones filosóficas sobre el origen de los animales”, y no creo que esté disponible en español.

Lea más:

De la Mettrie en Alcoberro; en EcuRed.

La Mettrie: un sistema epicúreo

Julien Offray de La Mettrie (1709-1751) fue un médico que trató las enfermedades venéreas. Parece que se veía a sí mismo como funcionario filosófico de Venus, tal vez (metafóricamente) como su sacerdote o sanador. Hay que imaginar que la Mettrie tuvo que discutir con sus pacientes detalles muy íntimos de su vida y tendencias sexuales con franqueza y en un espíritu de confianza, y que este trabajo habría requerido de él la voluntad de no juzgar o avergonzar a sus pacientes. De todo esto, y también de su cuerpo de literatura, podemos deducir sus valores particularmente progresistas en lo sexual y social para su época.

En el ensayo A happiness fit for organic bodies: La Mettrie’s medical Epicureanism, Charles T. Wolfe reporta que el propio La Mettrie (en una obra anónima) se refirió a su filosofía como un sistema epicúreo-cartesiano, aunque en algunos de sus escritos fue crítico de Descartes. Su legado intelectual involucra la reunión del alma y el cuerpo. Describe el alma como material y como parte del cuerpo. De esta manera se materializa el cartesianismo y se sana la neurótica fractura platónica entre el cuerpo y el alma. Wolfe también afirma que La Mettrie es un epicúreo-espinozista, y dice que él creó

una nueva y tal vez única forma del epicureísmo en y para la Ilustración: ni un mero hedonismo ni estrictas especulaciones materialistas sobre la naturaleza de los cuerpos vivos, sino un “epicureísmo médico”.

Wolfe también cita La Mettrie diciendo que “el médico es el único filósofo digno de su país“, y explica que lo que quiere decir es que el médico define la verdad de acuerdo a la materia y a la naturaleza, en lugar de como se define por la religión o convención. La Mettrie también dijo: “La mejor filosofía es la de los médicos.”

La Mettrie, el médico, ve el cuerpo como una máquina, una máquina que produce placer (y dolor). Enraiza firmemente la búsqueda de la felicidad en el cuerpo y la materia. En el libro El hombre, máquina, dice: “La naturaleza nos creó para ser feliz“.

Lea más:
Un alma concreta

Un sistema epicúreo

El Système consiste en párrafos numerados que contienen contemplación filosófica sobre la naturaleza, y parece haber sido escrito como un comentario en prosa sobre algunas de las ideas expresadas por Lucrecio en De la naturaleza de las cosas. La Mettrie no parecía estar familiarizado con Epicuro como fuente primaria, directa, pero sabía de Lucrecio y le citó con frecuencia, como señaló André Comte-Sponville en el ensayo La Mettrie et le «Système d’Épicure».

En el párrafo 49, La Mettrie denomina la última parte del libro “un proyecto para la vida y la muerte digno de coronar un sistema epicúreo.” Teniendo en cuenta que el autor es crítico de los filósofos que crean sistemas en otros lugares, tenemos que evaluar esto. El epicureísmo es una filosofía dogmática coherente cuyas ideas están todas interconectadas, y aquí La Mettrie sabe y reconoce (a regañadientes) que ha dado a luz a un sistema, e incluso le impone una corona. Digo que lo hizo a regañadientes porque reconoció que todas estas ideas fluyeron de su primer principio, y se conectan entre sí de tal manera que era imposible negar que componen un sistema filosófico, y uno casi idéntico al del mismo Epicuro, por lo que le calificó como ‘un sistema epicúreo’.

En The Natural History of the Soul, La Mettrie critica severamente la filosofía “sistematizadora”, pero en este libro, elige las palabras “un sistema epicúreo”, lo que implica que hay otros sistemas epicúreos y muchas formas de ser epicúreo, y aquí no se ve su retórica anti-sistema.

Entonces, ¿en qué consiste esta crítica de los sistematizadores?

Una masa de prejuicios

Dice que los sistematizadores están llenos de prejuicio, lo que impide el desarrollo de la verdadera sabiduría porque han llegado a conclusiones antes de confrontar las preguntas. En el párrafo 64 de su Système, La Mettrie dice que su propia “masa de prejuicios” de la educación “desapareció desde el principio con la brillantez divina de la filosofía“, lo que indica, además, que observó cómo estos prejuicios fueron adquiridos a través del sistema educativo. Vamos a revisitar esto cuando hablamos de su obra Anti-Séneca.

En otra parte de su Historia natural del alma hace frecuentes apelaciones a la razón sin sesgo o prejuicio, diciendo que juzgar de antemano no es lo mismo que la verdadera sabiduría. En nuestro libro presente, conecta el buen juicio con ver la verdadera relación entre dos o más ideas en una mente imparcial.

Los sistemas y la presunción

Tantos filósofos han apoyado la opinión de Epicuro, que me atreví a mezclar mi voz con la de ellos; como ellos lo hicieron, lo que yo hago no es nada más que un sistema; lo cual nos muestra en qué abismo nos encontramos inmersos cuando, con ganas de atravesar la bruma del tiempo, queremos dar miradas presuntuosos a lo que no ofrece ningún agarre: ya que–así admitimos o rechazamos la creación (por Dios)–está en todas partes el mismo misterio, la misma incomprensibilidad. ¿Cómo se formó esta tierra en la que vivo? … Esto es lo que los mayores genios nunca harán; se enfrentarán en el campo filosófico, al igual que yo; harán sonar la alarma a los devotos, y no nos enseñarán nada. – La Mettrie, párrafo 41 de Systeme d’Epicure

El creacionismo se abordará posteriormente. Este es sólo uno de varios casos en que el autor conecta la sistematización con la arrogancia y la presunción de filósofos. Más adelante, en el párrafo 44, dice:

Parece agradable para (el filósofo) vivir, agradable para él ser el juguete de sí mismo y jugar un papel tan divertido, y creer que ha sido un personaje importante.

Esto es, en su cara, una crítica legítima del filósofo. Tal vez somos el centro de nuestro propio mundo en nuestras propias vidas y experiencias, pero ningún individuo o especie se encuentra en el centro del universo.

Pero esta crítica se merece al menos una respuesta: estoy en desacuerdo con que los filósofos “no nos enseñan nada“. O sea, ¿a diferencia de qué? ¿Los teólogos nos enseñan algo? ¿No son los teólogos aún más presuntuosos cuando–a diferencia de nosotros los materialistas–podemos estar seguros de que sus teorías no se basan en el estudio de la naturaleza?

Castillos en el aire

En su Natural History of the Soul (contra-referencias a sus otras obras a menudo son útiles en el estudio de La Mettrie), cuando es crítico de los filósofos sistematizadores, vemos que específicamente se dirige a los idealistas–menciona a Malebranche, Leibniz y Descartes por nombre. Dice que estos idealistas construyen “castillos en el aire“. En otra parte dice que estos “metafísicos ambiciosos” tienen una “imaginación presuntuosa.”

Por lo tanto, su crítica contra los sistemas es específicamente una crítica a los idealistas, algunos de los cuales menciona por nombre, y su acusación de construir castillos en el aire se relaciona con el problema del idealismo y la falta de base de material y empírica en estos sistemas. Por lo tanto, su referencia a haber creado algo “digno de coronar un sistema epicúreo” se entiende como siguiendo esta crítica. Él está diciendo que algo digno de ser llamado un sistema debe abandonar primero el idealismo a favor del materialismo.

Y así, ésta retórica anti-sistema es una crítica a los idealistas en particular. Cuando discute el argumento de que todas nuestras ideas las adquirimos de los sentidos al final de este libro, ésta crítica entrará en relieve y enfoque, pero por ahora hay que señalar que la novela Varios días en Atenas–que también fue producida por intelectuales de la Ilustración–tiene dichos paralelo donde la autora acusa que la “pedantería de Aristóteles” hace que la gente confunda “prejuicio con sabiduría“. Tanto la acusación de presunción como el argumento anti-prejuicios se presentan contra otros filósofos.

Un epicúreo escéptico?

“Las fuentes principales de todos los organismos, así como la nuestra, nos es oculta y probablemente siempre lo será.”

Está claro que La Mettrie sigue la tradición epicúrea de filosofía, e incluso a veces cae en el linaje de los filósofos risueños (si consideramos su “consejo a una anciana” que ha perdido su juventud y atracción sexual). Hacia el final de su Système, dice:

“… estos “proyectos para la vida y la muerte”: un epicúreo voluptuoso en el curso de la vida hasta mi último aliento, y un estoico constante al acercarse la muerte” … han dejado en mi alma un sentimiento de voluptuosidad que no me impide reirme del primero.

Se está refiriendo a todos los párrafos de la primera parte del sistema antes del párrafo 49, que es donde anuncia su “sistema” epicúreo. Sin embargo, el afirma, incluso insiste, en que es un escéptico y solo a regañadientes admite que es un dogmático (un “sistematizador”, para usar su propio término). En su Historia natural del alma, dice que “la verdadera filosofía” no existe.

Nota: el escepticismo es la opinión de que la verdad no puede conseguirse con certeza, y el dogmatismo es la opinión de que sí se pueden conseguir verdades con certeza.

Esto plantea preguntas sobre la medida en que es prudente aceptar verdades para las cuales no tenemos evidencia basada en analogía con la evidencia disponible, antes de que debemos adoptar la etiqueta de “escéptico” sobre este o aquel tipo de verdad. ¿En qué medida estamos siendo verdaderamente humildes, y no imprudentes o sin capacidad para inferir verdades, cuando admitimos que ahora sabemos algo que se considera un misterio oscuro y poco claro? En la Epístola a Heródoto, Epicuro establece criterios que permiten conocimiento claro:

Por supuesto, debemos apegarnos a nuestras sensaciones, es decir, simplemente a las impresiones presentes, ya sea de la mente o de cualquier criterio, y de manera similar a nuestros sentimientos presentes, para que podamos tener los medios para determinar lo que necesita confirmación y lo que es oscuro.

Una nota final sobre cómo, en mi opinión, el enfoque epistemológico de La Mettrie es esencialmente epicúreo a pesar de su vacilación en llamarse a sí mismo dogmático: para él, el conocimiento que no produce placer es rechazado, ¡y es rechazado PORQUE no produce placer! En el párrafo 26, contrasta el placer de estar en la naturaleza con el intento de comprender todo racionalmente, que es más un acto de poder sobre la naturaleza que una inmersión gozosa en ella:

Tomemos las cosas por lo que parecen ser. Miremos a nuestro alrededor: esta circunspección no carece de placer y la vista es encantadora. Miremos con admiración, pero sin esa picazón inútil de entenderlo todo y sin ser torturados por la curiosidad, que siempre es superflua cuando nuestros sentidos no la comparten con nuestras mentes.

De religión y política

Mientras que otros han relacionado el consejo epicúreo de mantenerse apolítico e irreligioso a la distinción entre comunidad imaginada y comunidades naturales, La Mettrie nos da esta curiosa idea en el párrafo 76:

La religión solo es necesaria para aquellos que son incapaces de sentir la humanidad. Es cierto que es inútil para las relaciones entre personas honestas. Pero solo las almas superiores pueden sentir esta gran verdad. ¿Para quién, entonces, está hecha la maravillosa construcción de la política? Para las mentes que quizás habrían encontrado insuficientes otros controles, una especie que lamentablemente constituye el mayor número.

Lea más:

 Système d’Épicure (French Edition)

El canon epicúreo en La Mettrie

Lo siguiente es parte de una reseña de libro Histoire Naturelle de l’Ame por Julien Offray de La Mettrie.

En su Carta a Heródoto, Epicuro establece los criterios de la verdad. Estos criterios son las facultades que la naturaleza nos dio como contacto con la realidad: las anticipaciones (que se forman a medida que encontramos y memorizamos los objetos sensoriales), los cinco sentidos y la facultad del placer-dolor.

14. Por encima de todo, debemos mantener nuestras investigaciones estrictamente de acuerdo con la evidencia de los sentidos. 15. Debemos asegurarnos de mantener nuestras conclusiones consistentes con las cosas que ya hemos establecido claramente a través de nuestras sensaciones, de nuestros sentimientos de dolor y placer, y de las aprensiones mentales que recibimos a través de anticipaciones. 16. Siempre debemos tomar como verdad las cosas que ya han sido claramente establecidas y referirnos a ellos como bases para nuestros nuevos juicios4. 17. Este es el método que empleamos en la investigación de todas las nuevas preguntas, independientemente de que el objeto de la pregunta pueda ser percibido directamente por los sentidos o de que sólo pueda ser entendido por el razonamiento en base a lo que ya se ha percibido. – Epicuro, en su Epístola a Heródoto

Muchos pasajes de Historia natural del alma discuten cómo se usa el canon. Una vez más, veremos que el sistema y método de La Mettrie son esencialmente epicúreos.

Pero, antes que nada, ¿por qué es importante este tema? En las primeras páginas del libro, La Mettrie explica que no conocer la naturaleza del alma nos hace someternos a la ignorancia y la fe, y que uno no puede concebir el alma como abstracción, separada del cuerpo. El cuerpo y el alma surgen a la vez y juntos. Para conocer las propiedades del alma, uno debe investigar las del cuerpo, de las cuales el alma es el principio animador. Como todas las propiedades que observamos suponen un tema en el que se basan, los idealistas postulan que el alma existe por sí misma sin el cuerpo, que no es natural o que es inmaterial. Al establecer una doctrina de unidad de cuerpo y alma, La Mettrie responde a los idealistas:

Sí, pero ¿por qué quieres que imagine que el alma es de una naturaleza absolutamente distinta del cuerpo?

La premisa clave de la Historia natural del alma es que el alma es física, parte del cuerpo, y que nace y muere con el cuerpo. Como Epicuro explica en su Epístola a Heródoto, el cuerpo es el componente pasivo y el alma es el componente activo del yo; y además, dice que no hay guías más seguras que los sentidos en nuestra investigación de la naturaleza del alma.

La razón: un mecanismo que puede tener averías

La Mettrie es, entre otras cosas, un defensor del placer y muy escéptico del valor de la razón. También argumenta que la felicidad no se encuentra en los pensamientos o en la razón, sino que nace del cuerpo.

La felicidad depende de causas corporales, como ciertas disposiciones del cuerpo, naturales o adquiridas, es decir, obtenidas por la acción de cuerpos extranjeros sobre el nuestro. – La Mettrie, en Histoire Naturelle de l’Ame, páginas 135-136

Argumenta que algunas personas son por nacimiento más felices que otras. También argumenta que la razón orgullosa es un mecanismo que puede tener averías, y en el párrafo 79 de su Système d’Epicure habla de cómo la razón fría “desconcierta, congela la imaginación y hace huir los placeres“.

Los sentidos

Es difícil saber en qué medida La Mettrie basó su Historia natural del alma en Lucrecio.

A decir verdad, los sentidos nunca nos fallan, excepto cuando juzgamos sus informes con demasiada precipitación, porque de lo contrario son ministros leales. El alma seguramente puede contar con que le ayuden a evitar las trampas que se le presenten. Los sentidos siempre están alertas y siempre están listos para corregir los errores de los demás sentidos. – Histoire Naturelle de l’Ame, pág. 69

En otros lugares parece admitir que los sentidos no son completamente confiables porque las percepciones pueden cambiar. La fruta dulce se vuelve agria, incluso los colores cambian con la iluminación. A todo esto, Epicuro respondería que incluso si admitimos que los sentidos pueden errar (y lo hacen), siguen siendo nuestros mejores y únicos criterios que nos conectan con la realidad.

Hacia el final del libro, somos raptados a un fascinante mundo de Tarzanes de la vida real de la historia europea cuando el autor comparte varias historias que confirman que todas las ideas provienen de los sentidos. Narra una historia sobre un hombre sordo de Chartres que, al escuchar las campanas, comenzó a recuperar su audición. Cuando más tarde comenzó a hablar y le preguntaron los teólogos, no entendió el significado del concepto de dios o las ideas relacionadas con el más allá, etc. Otra historia tuvo que ver con un ciego que tuvo que usar el tacto para tener una idea de las cosas. Finalmente, narra la historia de Amman, quien enseñó a los sordos a hablar con el tacto y la vista. Los haría tocar su garganta para sentir la vibración del sonido allí, y leer los labios y usar espejos para practicar el uso de la vista. Al cierre del libro, el autor dice:

De todo lo que se ha dicho hasta el presente, es fácil concluir con evidencia de que no tenemos una sola idea innata, y que son todas productos de los sentidos.

Él continúa ofreciendo la fórmula:

Sin educación, no hay ideas.
Sin sentidos, no hay ideas.
Menos sentidos, menos ideas.

Anticipaciones: una ley constante

Si bien La Mettrie no menciona directamente las anticipaciones (la tercera facultad canónica), sí describe esta facultad cuando habla sobre el habla y la memoria. Intentaré ofrecer una traducción clara del francés, lo que se dificulta por el hecho de que el autor usa oraciones largas.

La causa de la memoria es, de hecho, mecánica, como lo es la memoria misma. Parece depender de lo que está cerca de las impresiones corporales del cerebro, que trazan ideas que lo siguen. El alma no puede descubrir un rastro, o una idea, sin recordar a los demás que habitualmente iban juntas. – La Mettrie, hablando de las “impresiones corporales del cerebro” en la pág. 88-89 de “Historia natural del alma”

Dado que para que un nuevo movimiento (por ejemplo, el comienzo de un verso o un sonido que golpea los oídos) comunique en el campo su impresión a la parte del cerebro que es análoga a donde se encuentra el primer vestigio de lo que uno busca (ver nota) donde se oculta la memoria, o el rastro de los siguientes versículos, y representa para el alma el seguimiento de la primera idea, o de las primeras palabras, es necesario que las nuevas ideas sean llevadas por una LEY CONSTANTE al mismo lugar donde fueron llevadas las otras ideas de la misma naturaleza que estas. – La Mettrie, hablando de la “ley constante” por la cual la memoria funciona en las páginas 89-90 de “Historia natural del alma ”

(Nota: el autor usa la palabra moelle, que se traduce como “médula ósea”, pero debe estar refiriéndose a algún tipo de tejido o lóbulo cerebral)

Ahora, sabemos que gran parte de la escritura de La Mettrie se inspiró o se basó en De Rerum Natura, de Lucrecio y este pasaje en particular está relacionado con el pasaje donde Lucretius menciona vías neuronales en el cerebro. Tenga en cuenta que La Mettrie también se refiere a ideas que trazan un camino dentro del cerebro.

Observe también que esto es notablemente científico, considerando cuándo fue escrito. Para La Mettrie, las ideas son “impresiones corporales” en el cerebro. Las ideas son materiales: son físicas y se alojan (o suceden) en el cerebro. Hoy sabemos que las ideas son, concretamente, señales eléctricas compartidas por las neuronas según las conexiones establecidas en los nodos entre ellas, que se forman como resultado del comportamiento habitual e instintivo del animal.

Además, y esta es otra característica del canon tal como lo entienden los epicúreos más modernos: en la pág. 93 La Mettrie argumenta que el hecho de que recordamos o reconocemos ideas con o sin el consentimiento de la voluntad se considera una prueba de que son pre-racionales. Las anticipaciones son subconscientes y obedecen lo que La Mettrie llama una “causa interna”.

Algunas conclusiones

El autor parece estar íntimamente familiarizado con muchos detalles del canon epicúreo. Parece que gran parte de lo que escribió fueron comentarios sobre las ideas de Lucrecio, y que no estaba familiarizado con Epicuro como fuente directa. Su familiaridad era con Lucrecio, que era un documento popular para los intelectuales antirreligiosos de su época.

No usa las mismas palabras que Lucrecio (o Epicuro). Está empleando un lenguaje claro en su lengua materna para nombrar cosas que conocemos como anticipaciones, canon, dogmatismo, etc. Usó “système” para los sistemas dogmáticos de filosofía, y se refirió funcionalmente a las anticipaciones relacionadas con la memoria y el habla.

La Mettrie considera la razón y las facultades canónicas de manera similar a como lo hace el epicúreo ortodoxo. Él dice de la razón que es un “mecanismo que a menudo falla“. Frecuentemente usa el término “causas internas” aquí (en oposición a “externas”), quizás admitiendo algún reconocimiento de la existencia de la mente inconsciente o subconsciente. Es muy interesante que haga todo lo posible para argumentar que estas facultades son pre-racionales.

A continuación, nos centraremos en las controversias contra los creacionistas y teólogos.

La Mettrie: contra el creacionismo

En De Rerum Natura, el poeta epicúreo Lucrecio acentuó (como lo hizo Epicuro) que el movimiento es un atributo de la materia. La repercusión más importante de esto es que el movimiento es natural y no requiere de dioses, espíritus o fuerzas animadoras fuera de la naturaleza: la naturaleza está “libre de amos”, como afirma Lucrecio.

En La Mettrie, además de los atributos esenciales de la materia, hay algo que él llamó “la force mortice” (la fuerza dinámica), que es “poder“. En la página 9, se establece la relación entre fuerza y ​​movimiento. Este “poder móvil de la materia” se encuentra en cada cuerpo en movimiento, y es imposible no concebir estos dos atributos: lo que mueve y lo que es movido. El papel que desempeña este dinamismo inherente a la materia es abolir todo animismo sobrenatural o supersticioso y reemplazarlo con el concepto de una naturaleza mecánica que exhibe movimiento por sí misma de acuerdo con las leyes naturales.

Contra los teólogos

En Histoire Naturelle de l’Ame, La Mettrie cierra haciendo eco de Voltaire, diciendo que no hay necesidad de temer que los filósofos perjudiquen la religión de un país. No, son los teólogos los que desean presidir sectas y partidos políticos.

Cien tratados sobre el materialismo son mucho menos temibles que un jansenista despiadado o un ambicioso pontífice.

La naturaleza no tiene un propósito

Una de las características de la visión anti-creacionista de la naturaleza es que la naturaleza es ciega, mecánica, que no “tiene la intención” de hacer esta o aquella máquina, este o aquel cuerpo, este órgano o ese ecosistema. Estas cosas aparecen como resultado de mutaciones o eventos aleatorios, o de la danza interminable de partículas que se mueven en el espacio y se relacionan entre sí, y solo una vez que su función tiene una ventaja, los organismos comienzan a perfeccionar el uso de sus órganos. Este argumento se encontró originalmente en Lucrecio.

La naturaleza es ciega, inocente, inconsciente y, de hecho, esta ceguera e inocencia es un consuelo para la muerte.

Razonamiento naturalista predarwinista

La Mettrie vivió antes que Darwin. Su argumento lucreciano sobre cómo surgieron los humanos de la Tierra es, por lo tanto, predarwinista, pero se basa en el razonamiento de que si los humanos no siempre han existido, la Tierra debe haber actuado como el útero de la humanidad.

¿Por qué, les pregunto, modernos anti-epicúreos, por qué la Tierra, esa madre y nodriza de todo, hubiera negado a las semillas animales lo que permitió a las verduras más malas, inútiles y dañinas?

Obviamente, Darwin hizo grandes contribuciones a nuestra comprensión de la evolución de la vida, y los genetistas después de él continuaron su trabajo. Pero Lucrecio demuestra que los antiguos tenían una idea de la selección natural, y La Mettrie vuelve a escribir un comentario sobre las ideas de Lucrecio cuando dice:

La perfección no se logró en un día en la naturaleza ni en el arte.

Los balbuceos del arte para imitar a la naturaleza nos dan una idea de cómo eran los balbuceos de la naturaleza.

La idea es que la naturaleza produjo muchas anomalías y mutaciones. Aquellas que fueron desventajosos no sobrevivieron para transmitir su semilla o sus genes, pero aquellas que fueron ventajosas sí transmitieron su semilla, y después de incontables generaciones esto produjo seres que se adaptaron cada vez más a su entorno.

El hombre “vino después” de las bestias porque el hombre es más complejo, por lo tanto, el hombre tomó más tiempo para hacer.

El caso de los mutantes demuestra la distracción / imperfección de la naturaleza y su lento perfeccionamiento por medio de cometer errores: su “inocencia“, y su falta de intención y de “causas finales“. La naturaleza pasó por muchas combinaciones antes de llegar a las que funcionaron de manera efectiva. Resulta que la naturaleza ha hecho ojos sin intención, tal como el agua sirve como espejo sin tener la intención. La Mettrie compara esto con una metáfora de cómo el azar en un lienzo pinta algo.

La creación de ojos y oídos por la naturaleza sigue leyes de la naturaleza similares a las que gobiernan el flujo y reflujo del mar.

El glorioso puerto

La Mettrie era muy consciente de que gran parte de lo que estaba escribiendo sería considerado prácticamente sedicioso por las autoridades religiosas de su tiempo, y sin embargo presionó estos temas con celo. Me recuerda al capítulo 14 de la novela Varios días en Atenas, que cierra con la siguiente conclusión sobre la supuesta inmoralidad del ateísmo, que originalmente el personaje de Teón consideraba como un “crimen mental”. Después de explicar que no es delito creer con certeza en los dioses, pero eso no es razonable, Wright–en la boca de Epicuro–dijo:

(Deje) que esta verdad permanezca con usted: que una opinión, correcta o incorrecta, nunca puede constituir un delito moral, ni ser en sí misma una obligación moral. Puede estar equivocada; Puede implicar un absurdo o una contradicción. Es una verdad, o es un error: nunca puede ser un crimen o una virtud.

La Mettrie cierra su libro celebrando bellamente el soplo de aire fresco que los intelectuales de su tiempo estaban disfrutando como resultado de finalmente poder discutir abiertamente las ideas anticlericales que estaban entreteniendo. La Ilustración había logrado crear un “puerto glorioso” para los intelectuales, y es solo aquí donde la vida intelectual ha podido florecer después de siglos bajo el asfixiante control del clero:

Te saludo, clima favorable donde cualquier hombre puede pensar de manera diferente a los demás; donde los teólogos no actúan como jueces de filósofos, un papel del cual son incapaces; donde la libertad de la mente, el mejor atributo de la humanidad, no está encadenada por prejuicios; donde uno no se avergüenza de decir lo que no se sonroja al pensar; y donde no hay riesgo de convertirse en mártir de la doctrina de quien es apóstol. Te saludo, país ya celebrado por los filósofos, donde todos los perseguidos por la tiranía encuentran (si son dignos y de buena reputación), no un asilo seguro sino un puerto glorioso; donde uno siente cuán lejos y por encima están las victorias de la mente sobre todas las demás; donde el filósofo, finalmente coronado con honores y amabilidad, es solo un monstruo para las mentes de los insensatos. ¡Oh tierra afortunada, florece más y más! ¡Que aprecies tu buena fortuna y te hagas digna en todo, si es posible, del gran hombre que es tu Rey! Musas, Gracias, Cupidos y tú, sabia Minerva, cuando coronas con los laureles más espléndidos la ceja augusta de este Julián moderno, tan digno de gobernar, tan sabio, tan inteligente y tan filosófico como el clásico, solo estás coronando el tuyo.

Otras lecturas:

Histoire Naturelle de l’Ame (French Edition)

Contra Séneca

Lea “Anti-Seneca” en inglés.

Mientras que el Système d’Epicure se centra en la física y fue evidentemente influenciado por Lucrecio, Anti-Séneca encarna la ética de La Mettrie y es una respuesta al libro “De la vida beata” de Séneca. Lucius Annaeus Seneca fue un antiguo filósofo y escritor estoico de la provincia romana de Hispania.

En la parte inicial de la obra, La Mettrie comienza su crítica de Séneca (y los estoicos) diciendo:

Son todo alma, ignorando sus cuerpos; seamos todo cuerpo, ignorando nuestras almas.

Sin embargo, esto debe entenderse como lenguaje poético. Una gran parte del legado intelectual de La Mettrie consiste en estudiar el alma como una parte física y natural de nuestra constitución, totalmente incrustada en la carne. La preferencia de La Mettrie por el cuerpo sobre el alma me recordó esta cita de Zarathustra de Nietzsche:

Érase una vez que el alma miraba con desprecio al cuerpo, y luego ese desprecio era lo supremo: el alma deseaba que el cuerpo se viera escaso, espantoso y hambriento. Así pensó escapar del cuerpo y de la tierra.

Oh, esa alma era en sí misma escasa, espantosa y hambrienta; ¡Y la crueldad era el deleite de esa alma!

Pero vosotros también, hermanos míos, díganme: ¿qué dice su cuerpo acerca de su alma? ¿No es su alma pobreza y contaminación y miserable autocomplacencia?

La Mettrie localiza muchas de las tendencias inherentes de nuestro carácter (melancolía, perspicacia, tranquilidad y felicidad, entre otras) en el cuerpo. Él dice que mucho de lo que constituye nuestro carácter es el resultado de nuestra configuración física, con la que nacemos.

La investigación de la ciencia moderna de la felicidad todavía está debatiendo este tema, pero algunas de las investigaciones preliminares parecen sugerir que alrededor del 60% de nuestra felicidad depende de la naturaleza, es decir, la genética y el medio ambiente. Al menos eso dice Martin Seligman, el padre de la psicología positiva. Otros psicólogos positivos citan una relación 50/40/10 donde el 50% de nuestra felicidad está determinada por los genes, el 40% por nuestras acciones y actitudes (esto incluye lo que los antiguos epicúreos llamaban nuestra “disposición”, de la que tenemos el control) , y admiten que el 10% depende de las circunstancias o accidentes. Esto nos recuerda la Epístola de Epicuro a Meneceo, donde dice que

… Algunas cosas suceden por necesidad, otras al azar, otras a través de nuestra propia agencia.

Si bien La Mettrie y Epicuro no asignan proporciones, la idea aquí es similar. Sería imprudente negar nuestra facticidad, el hecho de que gran parte de lo que compone nuestras vidas fue establecido antes de nuestro nacimiento (necesidad, entorno); y también, que la vida nos arroja desafíos y dificultades de vez en cuando (oportunidad, azar). Y, sin embargo, la filosofía nos enseña que no solo somos capaces sino también responsables de esculpir nuestros carácteres para disfrutar más plenamente de todos los placeres que la naturaleza ofrece fácilmente, de la misma manera que una flor de loto tiene el poder de crecer del barro hasta ser la flor más fragante y hermosa.

Estoy convencido de que fui yo quien tomó la decisión, y me regocijo en mi libertad. Todas nuestras acciones más libres son así. Una determinación absoluta y necesaria nos arrastra a nosotros, que nunca optaríamos por la esclavitud. ¡Qué enojados estamos! Y aún más infelices somos los locos por castigarnos constantemente por fallas donde no tenemos poder.

La Mettrie emplea su determinismo calificado (que permite la libertad natural y la volición) al servicio de la abolición del remordimiento, que ha agregado al miedo a la muerte y a los dioses, y a los deseos ilimitados, como otro de los males que nosotros debemos desterrar nuestras almas para poder disfrutar mejor la vida.

Digo “determinismo calificado” porque, al decir esto, La Mettrie argumenta que, si las personas malvadas pueden vivir vidas felices sin remordimientos, “se necesitaría una persona bastante extraña e irracional para negarse a aceptar que alguna vez podría ser feliz“. La Mettrie escribió Anti-Séneca en defensa de la tesis de que la felicidad, particularmente la felicidad epicúrea, natural, totalmente encarnada, es posible, pero solo si usamos la filosofía para reducir los efectos de la cultura y la educación, y evitar agregar más prejuicios y artificialidades a los que hemos heredado. La Mettrie vuelve una y otra vez al problema de la educación y a cómo interfiere con nuestra felicidad natural. Él está diciendo que, hasta cierto punto, la felicidad se compone de elecciones que hace un filósofo, junto con un proceso de reeducación del carácter.

En un momento del libro, La Mettrie casi sucumbe a un tipo de solipsismo hedónico cirenaico, solo para llevarnos de vuelta al estudio de la naturaleza. Cuando La Mettrie dice

Saludables o enfermos, despiertos o dormidos, nuestra imaginación puede alegrarnos.

El hace eco de la réplica de Epicuro contra los cirenaicos cuando argumentaban que los placeres y dolores corporales son más poderosos que los de la mente. Si bien Aristipo aconsejó a sus seguidores que se involucraran en una práctica conocida como presentismo, que estuvieran presentes para los placeres del momento, Epicuro les dijo a sus seguidores que, además de eso, podían dedicarse a recordar los placeres pasados ​​y anticipar los futuros. De esta manera, podrían permanecer en placeres constantes. En la Doctrina Principal 20, nuevamente enseñó que la mente (a diferencia de la carne) es capaz de comprender los límites de la naturaleza y, por lo tanto, está mejor equipada para asegurarnos una vida placentera.

La Mettrie también hace eco a Filodemo (por ejemplo, en su pergamino Sobre la música) cuando argumenta que la razón debe servir a la naturaleza para ayudarnos a ser felices. Por ejemplo, cuando discute la necesidad de eliminar las opiniones falsas (agregadas por “una educación demasiado onerosa”) que producen remordimiento o culpa injustificados, dice:

No, me gustaría que debamos a la razón lo que tantos sinvergüenzas deben al hábito.

La Mettrie también parafrasea la Sentencia Vaticana 45, que dice que “el estudio de la naturaleza no hace que los hombres se jacten“, cuando dice:

El fino conocimiento del que se enorgullece tan liberalmente nuestra alma lo que hace es desacreditarla, al privarla de lo que presupone su adquisición.

En La Mettrie, esta burla del orgullo del hombre es realmente una burla de la hegemonía de la razón entre la clase intellectual (por oposición a los sentidos y sentimientos). Al igual que Nietzsche, argumenta que los hombres no son tan racionales, que la razón simplemente racionaliza y enmascara las pasiones y a menudo las presenta como virtudes u oculta nuestros instintos más feos.

La verdadera educación filosófica nos reconcilia con la naturaleza, pero la educación de la que las personas arrogantes se jactan generalmente no es de este tipo. La crítica de La Mettrie a la virtud sigue la misma línea: distancia a las personas de la naturaleza, es artificial y, por lo tanto, no tiene valor. En Varios días en Atenas, se expresa esta misma idea:

Zenón (el estoico) tiene sus ojos en el hombre, yo los míos en los hombres: nadie más que los filósofos pueden ser estoicos; epicúreos todos pueden ser.

Anti-Séneca, también fue titulado “Sobre la felicidad” por el autor, quien creía que hablar en contra de Séneca era decir algo sobre la felicidad. Vemos un contraste entre la naturaleza y la cultura expresado como la naturalidad epicúrea y la artificialidad estoica, de los cuales el primero es decididamente el que trae la verdadera felicidad. Por lo tanto, uno de los argumentos centrales de todo el libro es que la educación y la cultura (y la razón) a menudo tienden a desmantelar nuestra disposición inicial, natural e inocente, y que el estudio de la verdadera filosofía debe restaurar esta disposición inicial (y debe restaurar la primacía del sentimiento).

Mientras que en el párrafo 66 de Système d’Épicure, La Mettrie menciona de pasada que es un estoico solo en el momento de la muerte, encontramos en otro lugar en el pasaje 74:

No, no seré el corruptor de ese gusto innato por la vida que tenemos, no difundiré el veneno peligroso del estoicismo en los buenos días e incluso en la prosperidad de nuestros Lucilios. Por el contrario, trataré de cortar las espinas de la vida si no puedo reducir su número, a fin de aumentar el placer de recoger sus rosas. Y ruego a aquellos que, debido a una organización deplorablemente desfavorable, no están satisfechos con el espléndido espectáculo del mundo, que se queden aquí, por el bien de la religión si no tienen humanidad o, lo que es más grandioso, por el bien de la humanidad si no tienen religión.

Anti-Séneca incluye un pasaje sobre los placeres de la literatura y los otros placeres intelectuales.

Pensar es solo otra forma de sentir: es un sentimiento retirado … Dedicarnos a leer y pensar en cosas agradables es una forma de implantar un sentimiento agradable casi constante en nosotros mismos.

Cuando se dirige a personas con tendencias desenfrenadas, les dice que “se revolquen como un cerdo, y serán felices como un cerdo“. Más tarde, explica que no está alentando el mal:

Siento compasión por el desenfreno, ya que encuentro su excusa en el propio organismo, que por regla general es difícil y a menudo imposible de domesticar.

La Mettrie luego vuelve a la idea de que todos los nervios tienen un punto de encuentro en algún lugar dentro del cerebro, y que

… aquellos cuyos nervios se ven más gratamente afectados, sin importar la causa, son necesariamente los más felices de todos.

Este es el tronco del que brotan las ramas de la felicidad.

mediante el cual pretende decir que no solo el alma es física, sino que las condiciones que permiten la felicidad también son físicas y corporales.

La Mettrie cierra Anti-Séneca con una cómica mezcla de elogios e insultos para el pensador estoico que es el tema de su tratado. La brillantez de este pasaje radica en que en realidad está imitando muchas de las cosas que critica en Séneca, llamándolo intelectual más que filósofo, y ofreciéndole una alta dosis de su propia medicina y su propio discurso doble. Francamente, este pasaje es La Mettrie en su esplendor más deliciosamente inteligente y elocuente.

Anti-Séneca concluye diciendo que cada criatura tiene su propia porción de felicidad disponible de acuerdo con sus tendencias y su constitución.

Si bien Anti-Séneca podría haberse beneficiado de menos verbosidad, tiene sus momentos brillantes y divertidos. Este es un ensayo recomendado si está interesado en las discusiones y reproches centenarios entre estoicos y epicúreos.

Lea más:

El combate por la felicidad (La muchacha de dos cabezas) (Spanish Edition)

Un Alma Concreta

La siguiente fue originalmente parte de la reseña de Why Buddhism is True

¿El alma es una cosa? ¿Es una función mental o un proceso? Dependiendo de cómo definimos el alma, podemos o no encontrarle. En Why Buddhism is True, para demostrar que no hay un alma, Wright limita la discusión del yo al “yo consciente”, no al cuerpo, no al yo completo, lo que me recuerda el argumento de Cosma Raimondi sobre tomar en consideración todo el ser humano. Cuando el autor habla del alma como un “conductor racional”, lo cual presumiblemente significa “consciente”, se espera que aceptemos que las emociones o los sentimientos se perciben como inconscientes en la medida en que son irracionales, y que, por lo tanto, no hay un yo, solo la naturaleza actuando como titiritero.

Otro error al intentar probar la doctrina de anatta (no-alma) se remonta a Siddhartha, el Buda histórico, y parece estar vinculado al contexto védico e hindú original. En el Bhagavad Gita y otras escrituras hindúas, encontramos una defensa de la idea de atman (el alma, en sánscrito) como “el aspecto eterno” de nuestro ser. Este atman a veces se describe, curiosamente, como una partícula atómica. Si Buda podía probar que no había nada eterno en el ser sensible, podría refutar la doctrina de atman con una doctrina de anatta (no-alma, en idioma pali). Pero, ¿y si el alma, como todo lo demás, fuera real, solo que temporal? ¿Por qué el conglomerado temporal de ciertas condiciones implica inexistencia o no realidad del alma que componen? Una cosa no sigue de la otra, por lo que los argumentos a favor de la doctrina de anatta fueron, desde el principio, defectuosos, porque no hay un atman (alma “eterna”) en primer lugar. El alma es mortal, es el sistema neurológico y el cerebro. El ser no necesita ser eterno para existir y ser experimentado como real por los seres sintientes. Si la doctrina de anatta se reinterpreta para decir que el yo no existe “tal y como lo imaginamos”, entonces la doctrina tiene mucho más mérito.

Ahora, en la naturaleza vemos que incluso cosas aparentemente estables como piedras y montañas se someten a procesos geológicos durante los eones. Vemos que los árboles no pueden existir sin semillas, sin luz solar, sin agua, tierra y otros elementos, y que todas las cosas coexisten y co-dependen. Vemos que, como todos los animales, tenemos millones de microorganismos en nuestros vientres sin los cuales no podríamos digerir adecuadamente nuestros alimentos: nada existe en el vacío. Estamos constantemente intercambiando partículas con el resto de la naturaleza a través de la respiración, la interacción y la alimentación. Este reciclaje de partículas entre todas las cosas se detalla poéticamente al principio del primer libro de ‘La naturaleza de las cosas’ de Lucrecio, inferiendo a partir de fenómenos como la forma en que el mar se repone por las lluvias, los ríos y otras fuentes de agua, y concluyendo eso, ya que ” nada viene de la nada “, todas las cosas deben deteriorarse a sus partículas, que crearán cosas nuevas:

¿De donde las fuentes de agua bajo el mar
o ríos del interior, desde muy lejos
mantienen el océano insondable lleno?

¿Y de qué alimenta el éter las estrellas?
Por años transcurridos y edad infinita
comen todas las formas de existencias mortales:
Pero hace mucho tiempo contenía esos gérmenes,
por el cual esta suma de cosas reclutadas vive,
y estos infaliblemente nunca pueden morir,
ni nada vuelve a la nada nunca más.

Si todas las otras cosas en la naturaleza existen como procesos, siempre cambiantes, ¿por qué un miembro de la especie homo sapiens debe existir como una esencia platónica, un alma eterna, una abstracción, una idea? ¿Por qué el alma no puede ser también un proceso, como el cuerpo e incrustado dentro de él, que cambia constantemente desde el nacimiento hasta la muerte? ¿Por qué no puede haber un yo concreto en lugar de un yo abstracto?

La razón por la cual los budistas no han encontrado un alma es porque no están buscando un alma concreta. Buscan una abstracción, una “esencia” platónica, un atman hindú. Creo que, con la ayuda de descripciones epicúreas y lucrecianas, y basándose estrictamente en el estudio de la naturaleza, es posible que los materialistas contemporáneos postulen una teoría del yo/alma que sea corpórea, científica, satisfactoria y dinámica, para contrarrestar a las teorías budistas, nihilistas, y otras.

En aras de la claridad, la filosofía epicúrea se encuentra en el campo realista de esta discusión. Nuestra posición es pragmática: sostenemos que la realidad del alma es importante. Sam Harris, Daniel Dennett y los budistas están en el lado antirrealista del debate.

Que yo sepa, se ha avanzado al menos una teoría científica del yo concreto, y tiene algunas de las características de la doctrina budista de los agregados (aquí descritos como “cinco dimensiones”). Postula que el yo es multitudinario y multidisciplinario. Serife Tekin presentó su teoría en un ensayo de Aeon titulado Self-Evident (Autoevidente):

Según este modelo, el yo es un mecanismo dinámico, complejo, relacional y multifacético de capacidades, procesos, estados y rasgos que respaldan un cierto grado de agencia. El yo multitudinario tiene cinco dimensiones distintas pero funcionalmente complementarias: ecológica, intersubjetiva, conceptual, privada y temporalmente extendida. Estas dimensiones trabajan juntas para conectar al individuo con su cuerpo, su mundo social, su mundo psicológico y su entorno.

Tenga en cuenta que Tekin menciona la característica de agencia. La agencia, o la capacidad de actuar sobre la materia, es uno de los atributos que prueba la existencia del alma en las escrituras epicúreas: el vacío solo puede ser recipiente pasivo de las acciones y no tiene agencia. En oqtras palabras, la agencia implica existencia corpórea. En la Carta a Herodoto, Epicuro argumenta que el alma está compuesta de átomos, que existe completamente incrustada en el cuerpo y le proporciona sensibilidad. Nace y muere con el cuerpo. Como prueba de que es corpóreo, Epicuro cita cómo, a diferencia del espacio vacío, el yo puede actuar sobre la materia y la materia puede actuar sobre el yo.

153. Habiendo observado estas cosas, seguramente debemos entender que la idea general de que el alma es “incorpórea” e independiente del cuerpo, está mal. 154. Pues es imposible concebir nada incorpóreo, excepto el vacío, y el vacío no puede actuar ni se puede actuar sobre el. 155. El único atributo del vacío es que permite que los cuerpos se muevan a través de su espacio.

156. Los que dicen que el alma es incorpórea están hablando en vano, porque el alma no sería capaz de actuar o de que se actúe sobre ella, en ningún respecto, si su única característica fuera la de proporcionar un espacio vacío. 157. Pero vemos que el alma es algo que puede actuar y se puede actuar sobre ella, y como tal, está claramente compuesta de partículas, al igual que todas las demás cosas que existen.

¿Qué más tiene que decir la tradición epicúrea sobre el alma concreta? En la Carta a Heródoto, Epicuro argumenta:

En base a nuestros principios hasta ahora, y sabiendo que el alma existe, ya que actúa y se actúa sobre ella, se concluye que el alma está compuesta de partículas muy finas, similares al aire mezclado con el calor, y se distribuye a lo largo de toda la estructura del cuerpo. … Sin embargo, el alma no podría tener sensación, a menos que estuviese encerrada dentro del cuerpo.

Epicuro creía que las partículas del alma eran más finas o más sutiles que otras partículas en el cuerpo. La ciencia contemporánea, en cambio, nos da el sistema neurológico que, como el alma epicúrea, está completamente incrustado en el cuerpo. Corre a través del sistema nervioso y se concentra en dos órganos principales: el cerebro y el estómago, que contiene suficientes neuronas para tener aproximadamente el tamaño del cerebro de un perro o gato pequeño. La Carta a Herodoto dice que es el alma la que le da sensibilidad al cuerpo.

144. Y por el hecho de que encierra el alma, el cuerpo a su vez adquiere una participación en las capacidades del alma. 145. Sin embargo, el cuerpo no adquiere todas las capacidades que posee el alma, y ​​cuando el alma se va del cuerpo, el cuerpo ya no tiene sensación. 146. Y así vemos que el cuerpo nunca posee el poder de la sensación en sí mismo, sino que permite al alma sólo la oportunidad de experimentar la sensación. 147. De esto vemos que el cuerpo y el alma fueron traídos a la existencia al mismo tiempo, y que por medio de los movimientos del alma y de sus interconexiones con el cuerpo, el alma imparte conciencia al cuerpo.

148. Y vemos también que mientras el alma permanece en el cuerpo, no pierde la sensación, a pesar de que algunas partes del cuerpo se pueden perder. 149. Este es el caso a pesar de que partes del alma estaban encerradas en las partes del cuerpo que han sido removidas. 150. Por otro lado, el resto del cuerpo, a pesar de que puede seguir existiendo, no retiene sensación una vez que ha perdido esa suma de partículas, por pequeña que sea, que se unen para producir el alma.

Lucrecio en De Rerum Natura también argumenta que el alma es corpórea y mortal, y deja el cuerpo en el momento de la muerte. Hay otras teorías materialistas del yo que no contradicen, y de hecho pueden agregar apoyo, a las teorías aquí presentadas. Existe una concepción materialista de la identidad basada en el comportamiento habitual, que no solo reconoce el yo concreto y cambiante, sino que permite la posibilidad de cultivar o esculpir un yo éticamente mejor, es decir: el desarrollo moral:

“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia no es un acto, sino un hábito”. –Will Durant

En la medida en que el comportamiento habitual es inconsciente o subconsciente, se puede decir que es una parte del yo cristalizado, incluso que es capaz de cambiar o evolucionar. Esta es una forma diferente de pensar sobre el alma y, sin embargo, no contradice el modelo de Tekin.

Reseña del libro: La ética de Filodemo

El siguiente ensayo es una reseña de libro The Ethics of Philodemus. La versión original en inglés de la reseña está aquí.

El método de Filodemo para estudiar y cultivar las virtudes

Ethics of Philodemus es una gran introducción al legado de Filodemo de Gadara, que enseñó filosofía epicúrea al suegro de César durante el primer siglo en la ciudad Herculano (que en el año 79, junto a Pompeya, se hundió bajo las cenizas de un volcán). Había estudiado con Diógenes de Sidón, que era el erudito de la escuela de Atenas, un patriarca epicúreo con linaje directo que se remonta a Epicuro y Hermarco. Muchos de sus pergaminos son notas que tomó mientras estudiaba bajo el Escolarca, y su legado es el fruto de dos siglos de tradición epicúrea viva.

Definiendo los términos

Pero en primer lugar, Herodoto, antes de comenzar la investigación de nuestras opiniones, hay que captar firmemente las ideas que se adjuntan a nuestras palabras de modo que podamos referirnos a ellas a medida que avancemos. A menos que tengamos una firme comprensión del significado de cada palabra, dejamos todo incierto, y llegaremos hasta el infinito usando palabras vacías que carecen de significado – Epicuro, en su Carta a Heródoto

Entre sus pergaminos, encontramos una serie de escritos sobre las virtudes y sus vicios correspondientes. Con respecto a la palabra generalmente traducida como virtud, uno de nuestros compañeros en el grupo de Facebook de Garden of Epicurus argumentó que la virtud tiene muchas connotaciones negativas, ya que está vinculada a las ideas cristianas de moralidad, y dado que el cristianismo está en guerra con el cuerpo, la sexualidad y el placer, esta puede ser una palabra inadecuada. Según Wikipedia,

Arete (griego: ἀρετή), en su sentido básico, significa “excelencia” de cualquier tipo. El término también puede significar “virtud moral”. En su primera aparición en griego, esta noción de excelencia estaba vinculada en última instancia con la noción de cumplimiento de propósito o función: el acto de vivir a la máxima capacidad.

La correcta comprensión epicúrea de las virtudes (aretai, que significa excelencias) implica que no son fines en sí mismos, sino que son medios para una vida de placer. Ya que Epicuro enseñó que deberíamos usar las palabras como se usan comúnmente, usaré el término excelencias en aras de la claridad.

Medios eficientes para el placer

Es importante no confundir los medios para el fin, pero, como veremos, ignorar los medios es tanto un error como confundir el fin. Las excelencias son importantes para una vida feliz (en la medida en que se relacionan con nuestras disposiciones y hábitos), y deben estudiarse y comprenderse adecuadamente. Esto es lo que Epicuro tiene que decir de ellas:

Más preciosa incluso que la filosofía es la prudencia, de la que nacen todas las demás virtudes. La prudencia nos enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir prudente, honesta y justamente, y que no se puede vivir prudente, honesta y justamente, sin vivir placenteramente. Ya que estas virtudes son por naturaleza inseparables de una vida feliz, y el vivir feliz es inseparable de éstas. – Epicuro, en su Carta a Meneceo

Tsouna (la autora deThe Ethics of Philodemus) nos ayuda a comprender las formas en que las excelencias crecen juntas en el alma. Los hábitos (tanto malos como buenos, es decir: vicios y virtudes) crecen y habitan juntos en el alma porque se basan en la misma base cognitiva. Implican disposiciones y rasgos interconectados que se basan en creencias falsas (en el caso de vicios o malos hábitos) o creencias verdaderas (en el caso de las virtudes). De esta manera, la concepción epicúrea de las virtudes las ve como basadas ​​en el estudio de la naturaleza. La idea principal que nos brinda Tsouna sobre ellas ayuda a explicar como, según la Carta a Meneceo, “crecen juntas” en el alma.

Filodemo sugiere repetidamente que las creencias falsas tienden a formar grupos, y lo mismo se aplica a las emociones dañinas a las que dan lugar. – Voula Tsouna en The Ethics of Philodemus, página 280, nota 138.

Las emociones, según los epicúreos, tienen un componente cognitivo. Opinamos (con razón o no) que fuimos perjudicados, por lo que sentimos enojo. O podemos creer que nuestra felicidad depende de igualar el nivel de riqueza, belleza o logros de nuestros vecinos, y luchar constantemente para adaptarnos a un molde que no encajamos, y esto puede inspirar envidia o mala intención hacia nuestros vecinos. O creemos que la fama o el estatus conducirán a una vida feliz, y esto puede informar muchas de nuestras acciones, y un sentido de inferioridad.

Por otro lado, creer con precisión que lo que es naturalmente bueno, es fácil de obtener, produce un sentimiento de gratitud y placer, y una mayor confianza en nuestra capacidad de ser autosuficientes. Esta autosuficiencia crea un ciclo virtuoso, porque nos hace menos vulnerables tanto al destino como al daño de los demás.

Filodemo cree que las personas viciosas son irracionales y carecen de autoconciencia. No pueden explicar sus actitudes de manera adecuada. Es decir, dado que (como hemos visto) las emociones tienen un componente cognitivo, las pasiones / emociones pueden ser irracionales, y de hecho son irracionales en personas viciosas. Las personas que exhiben las excelencias (personas virtuosas) exhiben emociones racionales.

La madre de las excelencias

Ahora, como vimos en la Epístola a Meneceo, dado que la Prudencia nos ayuda a asegurar las otras excelencias y es esencial para nuestro cálculo hedónico, ocupa un lugar más alto en la ética epicúrea que las otras excelencias. En la Epístola a Meneceo, la Prudencia (o sabiduría práctica) es nombrada como la madre de todas las virtudes. Además, según la Doctrina Principal 27,

De todos los medios que adquiere la sabiduría para asegurar la felicidad a través de la vida, por mucho el mas importante es la amistad.

Aquí, Epicuro usa la sabiduría (sofía) en lugar de la sabiduría práctica (fronesis). Entonces vemos que Epicuro vio la Sabiduría y / o la Prudencia (cuya práctica es la filosofía) como la procuradora, la madre de todos los medios para la felicidad.

Implícita en esta Doctrina Principal está la opinión de que las personas que carecen de amigos, también carecen de prudencia. Estamos empezando a ver las excelencias como las ve Filodemo: tiene un enfoque sintomático y empírico que va de lo evidente a lo no-evidente. Ve un hábito bueno o malo, lo nombra e infiere las creencias subyacentes que habitan el alma del individuo. Filodemo estudia los carácteres de los individuos, prestando atención a las causas de los placeres y los deseos, a las relaciones causales entre ellos, las disposiciones y los hábitos que son evidentes.

Además de este enfoque empírico, y también para no confundir los medios con los fines, debemos prestar atención a la progresión que vemos en nuestros escritos: de la sabiduría / prudencia > hacia las virtudes > hacia los placers. De aquí en adelante, para hablar con claridad, evitar abstracciones y permanecer conectado con la naturaleza, debemos hablar de virtudes epicúreas específicas y de casos concretos de acciones placenteras y estados / disposiciones que conforman la vida placentera.

El libro The Ethics of Philodemus menciona que existe una relación causal entre las verdaderas virtudes y placeres epicúreos, y entre las virtudes entre sí. En otras palabras, nosotros, como agentes morales, nos convertimos en la causa de nuestra propia felicidad al emplearlos en nuestro arte de vivir y en nuestras elecciones y evitaciones. Filodemo describe esta relación causal como “sembrar semillas”. Por ejemplo, compara las cosas que hacemos por nuestros amigos y los sacrificios que sufrimos por ellos con “sembrar semillas”. Recordemos esto mientras estudiamos a Filodemo.

Podemos pensar en la utilidad psicológica o hedónica de cada excelencia en términos de los placeres que asegura o causa. En su Epístola a Meneceo, Epicuro menciona tres categorías de los placeres necesarios: para la salud, para la felicidad y para la vida misma. En la medida en que las excelencias conducen a estos bienes, son necesarias, y comenzamos a ver por qué deben crecer junto con la vida placentera.

La búsqueda racional del placer solo puede llevarse a cabo con la ayuda de las virtudes. – Voula Tsouna

Epicuro: el médico del alma

La filosofía que no cura el alma no es mejor que la medicina que no cura el cuerpo. – Epicuro

Los médicos son los mejores filósofos. – Julien Offray de la Mettrie

Como hemos visto, el enfoque de Filodemo a las enfermedades del alma fue pragmático: observar al paciente, inferir por medio de signos, y dar un diagnóstico. Este es el método de la escuela empírica de medicina en la antigua Grecia, que influyó fuertemente en el enfoque epicúreo de la ética: usando estos síntomas o signos (semeion), procedían de lo visible a lo invisible.

Como parte de este enfoque, Filodemo (y, presumiblemente, su maestro Diógenes de Sidón y su círculo) se basó en registros médicos o historiales (istoría) que se habían mantenido de pacientes anteriores de la filosofía epicúrea. Estos historiales se mencionan en el pergamino Sobre la crítica franca (Peri Parrhesias), y contienen registros de tratamiento de vicios y pasiones irracionales por parte de las primeras autoridades de la escuela, utilizando el método epicúreo. El texto cita a Cleantes y Metrodoro como dos fuentes importantes para estos historiales. Podemos inferir que las discusiones de Filodemo sobre los vicios y sus virtudes opuestas se basaron, en cierta medida, en la elaboración de estas historias iniciales y en el mantenimiento continuo de registros siguiendo su metodología.

Finalmente, debemos conectar el enfoque de “filosofía como medicina” al sermón de Epicuro sobre el desarrollo moral, donde analiza su teoría materialista del desarrollo moral basada en la neuroplasticidad. Dijo que, inicialmente, todos llevamos nuestra propia constitución, y que algunas personas son más maleables o cambiantes que otras. Pero a medida que maduramos, nos volvemos causalmente responsables del contenido de nuestro carácter hasta el punto en que, a través de la habituación, cambiamos la estructura atómica / física del cerebro. La teoría del desarrollo moral de Epicuro es increíblemente optimista, contiene expectativas muy altas y nobles, y ayuda a explicar el poder salvífico de la filosofía epicúrea: debemos gentilmente (desafiando nuestras falsas opiniones y hábitos, y nutriendo a los sanos) transformar nuestra propia naturaleza. Si la redención de los vicios fuera imposible, no tendría sentido estudiar filosofía.

Veamos ahora más de cerca las excelencias del marco teórico descrito anteriormente.

Prudencia

La sabiduría práctica es esencial para llevar a cabo nuestras elecciones y evitaciones (cálculo hedónico), y nos ayuda a discernir los hábitos excelentes de los malos (vicios), y procurar los medios para una vida feliz.

Disciplina

No debemos resistir la naturaleza sino someternos a ella. La satisfaceremos si satisfacemos los deseos necesarios y también aquellos deseos del cuerpo que no nos causan daño mientras que severamente rechazamos los que son dañinos. – Sentencia Vaticana 21

La moderación o la disciplina se opone a la pereza, y esta excelencia nos ayuda a alcanzar la autarquía / autosuficiencia, la responsabilidad y la madurez moral. También nos protege de muchas molestias o desventajas relacionadas con la pobreza, la escasez, la enfermedad (al ayudarnos a disfrutar de una dieta saludable) y nos protege de cualquier posible vergüenza de bajo rendimiento educativo o profesional y, como vemos en la cita anterior, la disciplina es necesaria para rechazar los deseos nocivos.

Valor

Esta excelencia está ligada a la protección y la seguridad (un deseo natural y necesario), y a la sexta Doctrina Principal:

Cualquier método procurado para obtener protección de otros hombres, es un bien natural.

El valor también es a veces necesario para preservar nuestras amistades o proteger a nuestros amigos. Sentencia Vaticana 28 dice que debemos correr riesgos por la amistad.

Justicia

El hombre justo es el mas libre de perturbaciones, mientras que el injusto está repleto de la mayor perturbación. – Sentencia Vaticana 12

SV 12 argumenta que la justicia está ligada a una cierta disposición sana y placentera que involucra tranquilidad y tener una conciencia limpia: en otras palabras, la inocencia.

En las últimas diez Doctrinas Principales, vemos que la justicia está ligada a la ejecución de lo que es de beneficio mutuo, y una de las Sentencias Vaticanas dice que “la amistad comienza inicialmente como beneficio mutuo“. Naturalmente, sería difícil hacerse amigo de alguien que se aprovecha de nosotros, pero no produce ninguna ventaja para nosotros, o cuya relación solo trae desventajas mutuas. Si una persona está explotando a la otra, no hay verdadera amistad. Además, si una persona es malvada, es difícil adquirir una disposición amigable hacia esa persona: debe haber algunas cualidades buenas que rediman a una persona para que surja la amistad. Un mayor grado de inocencia significa que es más probable que una persona sea un amigo leal y confiable. Es probable que se produzca la amistad entre personas que son justos entre sí, porque comienza con una ventaja mutua. La justicia y la amabilidad son dos de las excelencias que “crecen juntas con la vida placentera“. Se entiende comúnmente que desarrollamos un carácter bueno (o malo) al asociarnos con amigos y seres queridos sanos (o malvados).

Autarquía

La vida de Epicuro, al ser comparada a la de otros hombres en lo que respecta a amabilidad y auto-suficiencia, podría ser vista como una mera leyenda. – Sentencia Vaticana 36

La libertad es el fruto mayor de la auto-suficiencia. – Sentencia Vaticana 77

La autosuficiencia (o autarquía, que implica auto-gobierno y auto-gestión) se cita como una de las excelencias claves exhibidas por Epicuro y Metrodoro. Está vinculada a la madurez de carácter. Nos protege de la necesidad y de la falta de cualquiera de las cosas que necesitamos para vivir placenteramente. También da auto-confianza. Una persona autosuficiente no necesita la aprobación de extraños o de las masas. Esta excelencia acompaña, y puede ser un prerrequisito para, la generosidad hacia los amigos.

Ya que la adquisición de riquezas raramente se logra sin servir a las multitudes y a los soberanos, una vida libre no puede obtener muchas riquezas, pero tal vida suple sin falta todas las necesidades. Si tal vida llega a conseguir gran riqueza, esta tambien la puede compartir y ganar la buena voluntad de los allegados. – Sentencia Vaticana 67

Gratitud

La naturaleza ingrata del alma hace a una creatura hambrienta sin fin de refinamientos en su modo de vida. – Sentencia Vaticana 69

Sin gratitud, es imposible sacar provecho de las doctrinas epicúreas. Varios dichos critican a la persona ingrata. Quien comprende con precisión los límites establecidos por la naturaleza para nuestros deseos, comprende también cómo justifican nuestro agradecimiento. Un fragmento epicúreo dice:

Estamos agradecidos con la naturaleza porque hizo que las cosas necesarias fueran fáciles de conseguir, y las cosas que son difíciles de adquirir, las hizo innecesarias.

Además, la gratitud es una disposición agradable que tiene beneficios psicosomáticos. Conduce tanto a la salud corpórea como a la felicidad, los cuales son bienes naturales y necesarios. Hay estudios que vinculan una disposición agradecida al aumento de la felicidad y a los beneficios para la salud, como una mayor calidad del sueño y la mejora de la salud corporal y psicológica. La gratitud también fortalece las amistades al producir intercambios de regalos y otras muestras concretas de agradecimiento a nuestros amigos en forma de palabras de consejo y compartir experiencias importantes con ellos, mientras que las personas desagradecidas corren el riesgo de perder amigos.

El amor del dinero, si se gana injustamente, es imbécil y si se gana justamente, es vergonzoso; ya que es ofensivo ser tacaño incluso cuando la justicia está de nuestro lado. – Sentencia Vaticana 43

La gratitud es parte de un grupo de creencias y hábitos saludables, y se opone a un grupo de vicios. Tiene que ver con nuestra comprensión de cuánto necesitamos para ser felices. Filodemo dice que la persona autosuficiente siente un menor grado de gratitud, porque no siente que necesita beneficios de los demás. Cuando permitimos que los deseos vanos se asienten en nuestro carácter, una de las enfermedades morales opuestas de gratitud y satisfacción es la envidia, que implica comparar nuestra felicidad con la de los demás y la opinión de que lo externo determina nuestra felicidad. La envidia es una disposición irracional, o vicio.

A nadie debemos envidiar, ya que los buenos no merecen envidia y los malos, mientras más prosperan, más se arruinan a si mismos. – Sentencia Vaticana 53

La gratitud también nos ayuda a disfrutar de una vida completa y tiene valor terapéutico. La práctica del recuerdo agradecido de placeres pasados ​​es una parte importante del régimen hedónico que Epicuro recomienda:

El dicho, “Mira el fin de una larga vida,” muestra poca gratitud por las bendiciones pasadas. – Sentencia Vaticana 75

Deberíamos encontrar solaz en el infortunio en los recuerdos felices de las cosas que se han ido y en el conocimiento de que lo que está hecho no se puede deshacer – Sentencia Vaticana 55

En las páginas 77 y 121 de Ethics of Philodemus, Tsouna describe un ejemplo de un tratamiento para la ingratitud de los pergaminos de Filodemo que consistió en leer ciertos escritos en voz alta (posiblemente los que se compartieron anteriormente), y una tarea que consistió en componer un discurso contra la ingratitud.

Suavidad

La excelencia del discurso gentil y amable (suavidad) es una de las principales virtudes por las cuales se conoció a los antiguos epicúreos. Esto nos dice que parte del currículo de valores humanos que la gente aprendió en el Jardín implicaba aprender a comunicarse. El discurso dulce tiene la intención de ayudarnos a evitar herir los sentimientos de los demás al administrar la medicina de la crítica franca, por lo tanto está vinculado tanto a la amistad como a la elocuencia. Los vicios opuestos serían palabras duras (una tendencia a insultar) y vulgaridad.

Adaptabilidad

Esta es la virtud cardinal de Aristipo de Cirene, el inventor de la ética del placer. Se puede llevar a un extremo. Por ejemplo, estaba tan dispuesto a adaptarse a la asociación del tirano Dioniso, que con frecuencia le permitía maltratarlo y abusar de él. La mayoría de nosotros probablemente limitaría nuestra adaptabilidad en los casos en que nuestra autoestima sufre. Sin embargo, la adaptabilidad puede ayudarnos a encontrar oportunidades para tener experiencias placenteras y para evitar el dolor en la mayoría de las circunstancias.

El vicio opuesto sería terquedad e inflexibilidad, lo que nos dificulta evolucionar y cambiar. Esto nos recuerda la mención de Epicuro (en Sobre el desarrollo moral) de la maleabilidad como una cualidad necesaria para alguien que desea desarrollar su carácter.

La adaptabilidad es útil en las relaciones sociales al ayudarnos a renunciar a la idea de la justicia absoluta: en las últimas diez Doctrinas Principales, aprendemos que no existe tal cosa, y que la justicia varía, cambia y está relacionada con lo que sea de beneficio mutuo en cualquier situación dada. Una persona adaptable es enseñable y puede ver mejor la realidad tal como es, como relativa.

Orgullo / Dignidad

Incluyo el orgullo entre las virtudes porque se refiere a alguien que es magnánimo o una buena persona y conoce su valor propio, pero tal vez en el lenguaje moderno, esta virtud podría expresarse mejor como dignidad o un comportamiento o disposición digna. Los vicios opuestos son el odio a sí mismo en un extremo, mediado por la pusilanimidad (falta de aprecio pro el valor de uno mismo) y la arrogancia en el otro extremo. La clave de esto es que la auto-apreciación debe estar conectada con un sentido en medida adecuada del valor propio, ni más, ni menos.

Mientras que el orgullo implica una evaluación precisa de nuestro sentido del valor, la arrogancia implica un sentido de derecho que excede con creces lo que uno merece. Afecta la cooperación y el respeto mutuo entre los individuos, y el ergo afecta el tejido social y produce misantropía en general. Las personas arrogantes a menudo son incapaces y no están dispuestas a trabajar con otros por un objetivo común. Filodemo dice que las personas arrogantes carecen de conciencia de sí mismas, son irracionales y viven una vida sin amigos.

El estudio de la naturaleza no crea hombres que disfrutan de ostentar y hacer muestras de su educación para impresionar a los muchos, sino hombres que son fuertes y auto-suficientes y que se enorgullecen de sus cualidades personales, no en las que dependen de circunstancias externas. – Sentencia Vaticana 45

Para ser una virtud, el orgullo debe preocuparse por nuestras propias acciones, logros y cualidades, y no por los accidentes del destino o de la naturaleza porque, como Epicuro dice en su Epístola a Meneceo, “nuestras propias acciones son libres, y es a ellas las que naturalmente dirigimos el elogio y la culpa“.

Las personas arrogantes con frecuencia se “enorgullecen” de cosas por las cuales no tienen responsabilidad causal, por lo tanto, su orgullo no es natural y se basa en puntos de vista falsos. Las personas que niegan que la suerte es ciega (como muchos estoicos, judíos, musulmanes y cristianos) corren el riesgo de caer en estos falsos puntos de vista cuando creen que “Dios bendice” a su elegido; esto los lleva a favorecer el juicio arbitrario en lugar de uno basado en la responsabilidad causal, y también conduce y justifica no tener compasión por aquellos que son desafortunados. Además, las personas arrogantes son difíciles de cambiar porque no ven la necesidad de un cambio.

El tratamiento de Epicuro de las mujeres y los esclavos como iguales intelectuales es un ejemplo del sabio que no es arrogante, pero que sin embargo es orgulloso y digno, y que honra la dignidad de los demás.

Alegría

A la misma vez debemos filosofar, reír, atender nuestra casa y negocio, y nunca dejar de proclamar las palabras de la verdadera filosofía. – Sentencia Vaticana 41

Según el dicho anterior, en el estudio de la filosofía epicúrea, si no nos estamos divirtiendo, no lo estamos haciendo bien. La alegría era la virtud cardinal de Demócrito, el primero de los “filósofos risueños” y el primer atomista, y por lo tanto un antepasado intelectual de Epicuro. Epicuro obviamente adoptó esta excelencia, pero eligió la ataraxia como su virtud cardinal. Las razones de esto pueden tener que ver con la importancia que le dio a nuestras disposiciones mentales, como lo demuestra la Doctrina Principal 20.

Ataraxia

Aquel que tiene paz mental no se disturba ni a si mismo ni a otro. – Sentencia Vaticana 79

Para Filodemo, el timos es una ira habitual y disposicional desproporcionada: el vicio de la irascibilidad, un exceso irracional de ira. La virtud opuesta es el buen ánimo, la paz mental. También está el problema de la ansiedad o la angustia (agonía, en griego). Frente a estos problemas, tenemos la imperturbabilidad intrépida y la paz mental que conocemos como ataraxia, por las cuales uno puede esculpir el alma como un refugio de tranquilidad.

Esta excelencia está vinculada a la autarquía en la medida en que una persona verdaderamente autosuficiente está protegida de deseos ilimitados, vanos y vacíos. Por lo tanto, la autarquía tiene una relación causal con la ataraxia, y una mente satisfecha que siempre está a gusto también hace que sea más fácil asegurar la autosuficiencia:

El alma ni se deshace de la confusión ni gana un gozo digno de tal nombre por medio de poseer riqueza suprema, ni por el honor y admiración de las masas, ni por cualquier otra cosa buscada por causa de los deseos ilimitados. – Sentencia Vaticana 81

Creo que esta conexión entre la autosuficiencia y nuestra tranquilidad mental acentúa la importancia de aceptar placeres activos y pasivos en nuestro régimen hedónico. Si solo aceptamos placeres cinéticos (móviles), siempre tendremos que perseguir bienes externos que nos proporcionarán nuestro placer, pero si aceptamos placeres katastemáticos (estables, permanentes o actitudinales), naturalmente se deducirá que cultivaremos ciertas disposiciones y obtendremos mayor autosuficiencia en nuestro placer.

Otras lecturas:

“De la Cólera”, de Filodemo

Buena voluntad

En los pergaminos de Filodemo, encontramos la palabra eunoia (buena voluntad, benevolencia) como la virtud opuesta de la mala voluntad (que conlleva sospecha, envidia, alegría maliciosa y otras emociones malsanas basadas en creencias vacías). La buena voluntad es una disposición que caracteriza las relaciones entre amigos filósofos y conduce a la gratitud y los favores entre ellos.

Sobre la envidia y la alegría maliciosa, Filodemo dice que son condiciones bestiales, que están vinculadas a la ingratitud y conducen al robo. Estas pasiones están ligadas a la falsa creencia de que se necesitan elementos externos para la felicidad. La estrategia de Filodemo para evitar la alegría maliciosa es nunca entretenerla.

Vemos ejemplos de alegría maliciosa hoy en programas de chismes, en conflictos entre fanáticos religiosos donde exhiben alegría por el sufrimiento mutuo y el de los demás a quienes se les enseña a odiar (odio a los gays, conflictos entre judíos y palestinos, etc.). Lo vemos con frecuencia en actitudes relacionadas con el tribalismo. Si analizamos algunos ejemplos de alegría maliciosa, no es difícil ver por qué Filodemo llama a este vicio una condición bestial, y las formas en que se relaciona con puntos de vista falsos, superstición y arrogancia.

Naturalidad

El bien supremo es como el agua. El agua da vida a las diez mil cosas y no se esfuerza. Fluye en lugares que los hombres rechazan y es como el Tao. – Tao Te Ching, Capítulo 8

Si bien la virtud de la autenticidad es más celebrada en la tradición del existencialismo, en la filosofía epicúrea encontramos referencias frecuentes a la naturalidad: una forma de vida no forzada que nos recuerda la autenticidad. Tsouna no es la primera en notar la ambigüedad del término “natural” como lo usan los epicúreos, y la necesidad de aclararlo. En la página 224, nota 93 de The Ethics of Philodemus, encontramos:

Zenón de Sidón (erudito epicúreo o patriarca de la escuela del primer siglo) y su séquito habían explorado (las ambigüedades derivadas de diferentes sentidos del término “natural”) … Se dice que el hombre es “por naturaleza” un proveedor de alimentos, porque lo hace por instinto no-pervertido; “Por naturaleza” susceptible al dolor porque lo es por obligación; “Por naturaleza” busca la virtud, porque lo hace en su propio beneficio … Según Demetrio de Laconia, la expresión “por naturaleza” en la declaración de Epicuro no significa sin perversión o distorsión, sino libremente, sin compulsión o fuerza.

Es posible que Demetrio haya dicho esto porque otros epicúreos estaban argumentando que la naturalidad se opone a la perversión (¿por cultura, por educación o por asociación?), Y es posible que estos otros epicúreos tuvieran algo de razón. La Doctrina Principal 15 es una de las fuentes que también se refiere a (riqueza) “natural” versus riqueza vacía. Aquí, lo que es natural se describe como que tiene un límite y es fácil de conseguir.

La riqueza requerida por la naturaleza es limitada y fácil de procurar; pero la riqueza requerida por los vanos ideales se extiende hasta el infinito. – Doctrina principal 15

En este caso, como en el caso del dicho que “no debemos buscar la apariencia de salud sino la salud verdadera”, la naturalidad está ligada a no ser presuntuoso y no fingir una determinada disposición o estado por el bien de la opinión pública. Comparo esta virtud de autenticidad epicúrea con la virtud taoísta conocida como ziran, que a menudo se traduce como naturalidad.

Según lo que hemos leído, hay varias formas en que algo puede ser natural: puede ser no-forzado; puede ser ventajoso; puede ser basado en puntos de vista correctos y una evaluación correcta de factores relevantes; y según Filodemo, puede ser una reacción no-pervertida a un delito intencional. En cualquier caso, tiene sentido que una filosofía de libertad promueva este tipo de naturalidad y autenticidad.

Atención

Se me ocurre que puede haber problemas éticos hoy en los que los antiguos no se enfocaron, y tal vez podríamos evaluar “terapias” modernas para estos malos hábitos. Estoy pensando especialmente en: ¿hay una terapia para la falta de atención? Con tanta gratificación instantánea, tantos medios y teléfonos de mano que intentan captar nuestra atención todo el día, sería beneficioso tener prácticas que nos ayuden a cultivar los beneficios del enfoque.

Si la atención plena se considera una virtud, la distracción sería la enfermedad que está tratando de curar. Existe un precedente para la práctica de la atención plena en la ética del placer: Aristipo enseñó a sus discípulos una práctica conocida como presentismo, que implicaba estar presente en los placeres disponibles aquí y ahora. Posteriormente, Epicuro agregó recordar los placeres pasados ​​y anticipar los futuros, pero sería un experimento interesante revitalizar alguna forma de esta práctica del presentismo e incorporarla como parte de nuestro régimen hedónico. Además, la práctica del presentismo nos ayudaría a evitar posponer nuestra felicidad, que es uno de los problemas de los que Epicuro quería proteger a sus discípulos:

Hemos nacido una vez y no puede haber un segundo nacimiento. Por toda la eternidad nunca mas seremos. Pero tu, aunque no eres señor del mañana, pospones tu felicidad. Desperdiciamos nuestras vidas retrasando las cosas, y cada uno de nosotros muere sin haber realmente vivido. – Sentencias Vaticana 14

Si nos encontramos posponiendo con frecuencia el placer y tomamos en serio SV 14, una práctica que con frecuencia nos ayude a tener en cuenta y agradecer por los placeres presentes podría ayudarnos a desarrollar nuevos hábitos que nos ayuden a saborear la vida. Podría ser una práctica zen de permanecer atento en el aquí y ahora, o un mantra, o cualquier otro medio eficiente que nos ayude a cultivar una presencia en medio de los placeres disponibles.

¿Por qué es vital esta información?

Las formas en que estas excelencias se causan e influyen mutuamente y “crecen junto con la vida placentera” como hemos visto anteriormente, deberían demostrar algunas de las razones de su importancia. Pero hay varias otras formas de pensar sobre la importancia de las virtudes en la filosofía epicúrea: si Epicuro dice que la filosofía que no cura el alma no es mejor que la medicina que no cura el cuerpo, entonces podemos considerar sus enseñanzas en términos de qué enfermedades están siendo tratadas por las doctrinas epicúreas. Esto nos ayuda a comprender la importancia de estudiar filosofía para nuestra felicidad.

Estudiar las virtudes particulares también nos ayuda a obtener claridad sobre por qué hemos elegido nuestros valores y de qué manera nos ayudan a vivir placenteramente. También pueden ayudarnos en nuestro proceso de elegir y evitar.

Otra forma de considerar las doctrinas epicúreas sobre las excelencias es preguntándonos: ¿qué sucede si eliminamos estas virtudes? Por lo que hemos visto, debido a su naturaleza habitual y su base en creencias verdaderas, las excelencias no existen de forma aislada en nuestra alma. El estudio enfocado de las excelencias como lo hace Filodemo nos ayuda a ver las formas en que “crecen junto con la vida agradable”, como Epicuro dice en su Carta a Meneceo. Esto se debe a que muchos de estos hábitos y actitudes (así como sus vicios opuestos) se basan en creencias particulares sobre si necesitamos elementos externos para la felicidad, o si la felicidad o el sufrimiento de los extraños afecta al nuestro, etc. Entonces, si un individuo carece de cierta virtudes, esto muestra inconsistencias en su adhesión a algún aspecto de la filosofía epicúrea.

Es imposible vivir una vida placentera sin vivir de manera sabia, honorable y justa, y es imposible vivir de manera sabia, honorable y justa sin vivir placenteramente. Siempre que alguna de estas falte–por ejemplo, si el hombre no puede vivir sabiamente aunque viva honorablemente o justamente–, es imposible que pueda vivir una vida placentera. – Doctrina Principal 5

Una nota final sobre nuestra discusión de las virtudes epicúreas se refiere a la razón por la cual muchos de nosotros llegamos al estudio de Epicuro en primer lugar: a medida que la religión tradicional se vuelve obsoleta, las personas buscan formas de vida más auténticas y modelos de moralidad que no dependen de la superstición. El concepto epicúreo del desarrollo moral se basa en el estudio de la naturaleza. Es empírico y no requiere de creer en lo sobrenatural. De esta manera, reta la falsa creencia heredada de que la moralidad requiere de religión, o que solo se deriva de ser religioso y que, por lo tanto, las personas no-religiosas no pueden ser excelentes (virtuosas), felices o buenas. La filosofía epicúrea plantea una teoría del desarrollo moral que no solo es madura y pragmática, sino que también se basa en el estudio de la naturaleza (es decir, la realidad). Por todas estas razones, merece ser estudiada con atención.

La crítica franca como una virtud

Dado que el epicureísmo es una filosofía de amistad, la crítica franca (parresia) es una excelencia crucial. Es una de las características que define la amistad epicúrea, y se opone a la práctica de halagar / querer complacer a los demás sin pensar o por medio de mentir, lo que a menudo revela una falta de compromiso con la felicidad y el desarrollo del carácter de nuestros amigos.

También es de gran importancia para el cálculo hedónico, para poder expresar nuestras quejas legítimas en todas nuestras relaciones y para la resolución de conflictos. Si somos demasiado reservados o tímidos para expresar nuestras quejas, una verdadera y madura forma de amistad no florecerá.

Filodemo enseñó que la filosofía cura el carácter a través de la crítica franca, por lo que hay poderes medicinales ligados a la franqueza.

Los historiales

En la página 101 de The Ethics of Philodemus, encontramos mención de un libro o serie de libros (que hoy ya no tenemos), titulados Los Historiales, en el pergamino Sobre la crítica franca (Peri Parrhesias), fragmento Vb 8-9. Aquí, adquirimos conocimiento sobre informes recopilados por los epicúreos anteriores, comenzando por los fundadores (se menciona a Metrodoro), sobre sus técnicas utilizadas para sanar los vicios de los estudiantes de filosofía. Parece que estos “Historiales” detallan los síntomas y diagnósticos, y los tipos de técnicas terapéuticas que se utilizaron en cada caso.

El hecho de que estas historias se hayan conservado debe interpretarse en el sentido de que están destinadas a la posteridad, de modo que las generaciones futuras de epicúreos tengan un depósito de información sobre el desarrollo del carácter, lo que a menudo funciona y lo que no, etc.

En la nota 56 de la página 116 de The Ethics of Philodemus, encontramos esto de Voula Tsouna:

Parece que Cleantes y Metrodoro son figuras que los profesores con una disposición más dura se esfuerzan por emular. (Dice Filodemo:) “Con respecto a su enseñanza tanto en el presente como en el pasado, no diferirán [de ninguna manera] de Cleantes y Metrodoro, porque es obvio que el que está en autoridad usará una franqueza más abundante. Además, [después de más] tiempo, cuando hayan adquirido conocimiento de más casos que otros que no lo hayan hecho, utilizarán más parresia con respecto a este tipo de casos que los otros maestros.” (De la crítica franca, Fragmento Vb. 1-12 )

Aquí, Filodemo dice que aquellos en posiciones de autoridad (que enseñan filosofía) usan más franqueza, y que en esto aprenden de Metrodoro y Cleantes. Debemos suponer que, en esto, se inspiran en estos Historiales que registraron los tratamientos anteriores ofrecidos por la Escuela.

De la conversación

El libro menciona un pergamino que no he visto en ningún otro lugar y al que no he tenido acceso. Se titula Peri Omilias (Sobre la conversación) y también se conoce como PHerc 873.

Este pergamino pregunta: “¿Qué es un discurso inapropiado y qué es un discurso apropiado“? El discurso correcto se encuentra principalmente entre los amigos epicúreos, promueve sus ideales, incluye parresia (franqueza), el estudio de la naturaleza y los actos de vista e intelecto (por lo que supongo que se entiende la fiesta del día 20, el disfrute de la amistad y otras actividades placenteras).

Filodemo dice que el discurso de un sabio es agradable y sus conversaciones reflejan su estado mental feliz y tranquilo. El mal discurso ocurre en la mala sociedad y cultiva el vicio.

Curiosamente, al igual que con la riqueza, la comunidad y los deseos, aprendemos que la conversación tiene un límite (“omilias peras”, The Ethics of Philodemus, página 122). Filodemo enseña varias tácticas de habla y elogia el silencio selectivo: debemos saber cuándo hablar y cuándo no. El “trato silencioso” se practicaba. El silencio era una herramienta eficiente en la práctica de la parresia y de la amistad. No tenemos suficiente información en nuestras fuentes para conocer cada detalle de todo el contexto detrás de esto, pero podemos imaginar que el silencio puede ser una gran virtud si se aplica en los casos en que se cuentan chismes o cuando alguien expresa apego a deseos vacíos, o cuando un estudiante hace na pregunta imprudente.

Los epicúreos le dieron gran importancia a la comunicación clara y concisa, sin adornos, ya que esto es importante tanto en filosofía como en amistad. Las siguientes son algunas fuentes adicionales sobre el tema.

Lea más:

Razonamientos sobre el pergamino “Retórica”

Contra el uso de palabras vacías

Razonamientos sobre el pergamino “De la crítica franca”

Retrato moral y ver ante los ojos

¿Quién puede ser considerado un mejor ser humano que quien tiene creencias sanas sobre los dioses, quien carece por completo de temor a la muerte, quien contempla con claridad el fin y los límites establecidos por la naturaleza, y quien entiende que la naturaleza ha hecho que los bienes mayores sean fáciles de alcanzar, mientras que los males tienen poca duración o poca intensidad? El sabio se ríe de la Fortuna, que algunos toman por señora de todas las cosas, porque entiende que algunas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras por obra nuestra. – Epicuro, en su Epístola a Meneceo

La práctica de representar al sabio en detalle–sus actitudes, su comportamiento, sus opiniones–es una versión positiva de la práctica terapéutica de “ver ante los ojos“, que Filodemo utiliza para el tratamiento de vicios como la arrogancia y la ira. En esos casos, confronta al paciente con imágenes de las repercusiones negativas de continuar su comportamiento para desalentar su mal comportamiento y alentarlo en su camino hacia el desarrollo moral. En el caso de representar al sabio, le está presentando un modelo a seguir que puede emular. En al menos uno de los dichos sobrevivientes, aprendemos que esta práctica de contemplar y alabar al sabio nos ayuda a construir nuestro propio carácter y produce placer y otros beneficios en nuestras almas.

El honor dado a un sabio es un gran bien para el que lo honra. – Sentencia Vaticana 32

Una forma de considerar esto es recordar que todos admiran y alaban a los demás según sus propias cualidades. Las personas frívolas admiran y elogian modelos frívolos. Las personas malvadas o autoritarias admiran y alaban a líderes malvados y autoritarios. Del mismo modo, las personas que aspiran a cultivar la sabiduría y el placer, deben admirar y alabar a los sabios que encarnan esas cualidades. La clase de gente que admiramos dice mucho sobre nuestros valores y nuestro carácter.

Según el libro The Sculpted Word (La palabra esculpida), la representación del sabio en la escultura se utilizó en el modelo pasivo de reclutamiento de nuevos estudiantes. No se ha escrito mucho sobre la estética epicúrea, pero sabemos que la diosa Venus Urania es la patrona del Jardín Epicúreo y a la vez patrona de las artes, además de ser la encarnación del placer. Si seguimos la teoría del reclutamiento que se encuentra en The Sculpted Word, encontramos que el arte a veces puede tener un lugar importante y un uso terapéutico en la filosofía epicúrea. Según Michel Onfray en Hedonist Manifesto, el arte no debería ser consumista y nihilista, sino en cambio debe crear valores.

En The Ethics of Philodemus, Tsouna hace una aclaración importante sobre la práctica de ver ante los ojos. Como vimos anteriormente, nuestras emociones tienen un componente cognitivo y nuestras creencias tienen una relación causal con nuestros sentimientos. Por ejemplo, en la Doctrina Principal 29, vemos que Epicuro clasifica los deseos como naturales o vacíos según los tipos de creencias en los que se basan: se dice que los deseos no naturales e innecesarios son vanos y vacíos, y que surgen de una opinión sin fundamento.

Por esta razón, Filodemo argumentó que tanto los componentes emocionales como cognitivos de nuestros vicios necesitan tratamiento, si queremos superar nuestros vicios y cultivar con éxito la excelencia del carácter. Necesitamos desafiar nuestras creencias falsas con argumentos, pero también debemos despertar las emociones. Si solo atacamos el componente de creencia que subyace a nuestro comportamiento sin provocar las emociones, el aprendizaje puede no ser muy fuerte en nuestras almas, y el carácter puede no estar completamente reformado. También existe el peligro de que nuestra “reforma” no sea sincera si solo hablamos el discurso pero no caminamos el camino. Por ejemplo, Filodemo critica a quienes censuran pero hacen poco más sobre sus malos hábitos.

Mientras buscaba en las primeras fuentes epicúreas, encontré este ejemplo de los fundadores que nos animaban a usar la indignación como parte de nuestro arsenal de armas contra los vicios:

Expulsemos del todo nuestros malos hábitos como si fueran hombres malignos que nos han hecho daño por largo tiempo. – Sentencia Vaticana 46

Está claro que esto tiene el propósito de alentarnos no solo a reformar nuestras creencias, sino también a participar más plena y emocionalmente en el proyecto de reforma moral. Al igual que los hombres malvados que nos han abusado durante mucho tiempo, nuestros vicios merecen nuestra animosidad y nuestra ira. Son enemigos dentro de las puertas. Por lo tanto, esta fuente parece estar del lado de Filodemo, quien argumentó que la filosofía cura y asegura la vida feliz por medio de razonamientos y argumentos, pero que también necesitamos emplear nuestros sentimientos en el proceso terapéutico para tratar tanto el componente cognitivo como el emocional.

“Ver ante los ojos” tiene la intención de despertar y reclutar nuestros sentimientos en contra de nuestros vicios y en favor de las excelencias. En su pergamino Sobre la cólera, XXVIII, 5-40), Filodemo usa esta técnica para demostrar cuán dañino puede ser el vicio de la irascibilidad (ira crónica):

(La ira crónica te obliga a) luchar por la victoria, causar dolor, menospreciar a las personas y hacer muchas otras cosas desagradables. Y cuando se intensifica, también se convierte en una causa de misantropía y, a veces, incluso de injusticia, ya que ni el miembro del jurado ni el miembro del consejo ni … ningún ser humano puede ser justificado si se rige por sentimientos de ira. Además, por razones que son fáciles de ver, las personas que lo tienen también deben volverse despóticas, sospechosas de maldad, mentirosas, iliberales, furtivas, deshonestas, ingratas y egocéntricas … No prueban el disfrute de los bienes durante toda su vida, es decir, los bienes que se derivan de tomar las cosas con calma de manera aceptable, ni de la amabilidad y la comprensión profunda.

Aquí, Filodemo le recuerda al paciente que sufre de ira crónica tanto de los males que puede causar como de los bienes que puede estar evadiendo. Al confrontar al paciente con estos peligros, la técnica busca incitar una reforma sincera del carácter.

Observe algunas cosas: este ejercicio nos ayuda a pasar de la teoría abstracta a la realidad concreta. También es un gran ejemplo de cómo una filosofía secular puede ayudarnos en el desarrollo del carácter y la virtud por el bien de una vida de placer, y no por el bien de la virtud o para apaciguar a un ser sobrenatural. Esta práctica también es pragmática, ya que nos ayuda a realizar cálculos hedónicos (evaluar comparativamente las ventajas y desventajas para que nuestras opciones y evitares produzcan placer). El filósofo que imparte la medicina dice: “¿REALMENTE crees que obtendrás más placer si sigues actuando de esta manera?”

En la página 206 de The Ethics of Philodemus, el maestro cataloga qué imágenes deben ser parte de la práctica de “colocar ante los ojos”:

Filodemo las describe como “cosas que el paciente ignora por completo, otras que ha olvidado, otras que no ha calculado al menos con respecto a su magnitud o cualquier otra cosa, y otras que simplemente nunca ha considerado. Los buenos filósofos representan todos estos males, incluso si con moderación enfatizan que está dentro del poder del paciente evitarlos, y esbozan la forma en que podríamos experimentar menos sentimientos de enojo”.

Contra el maximalismo

Las fuentes epicúreas hacen mención frecuente de los límites naturales de los deseos. Esta enseñanza está destinada a ayudarnos a cultivar una mente que tiene una comprensión precisa de cuánto es suficiente y, por lo tanto, está satisfecha, contenta y agradecida. Tanto el minimalismo (ver la Sentencia Vaticana 63) como el maximalismo (ver la Doctrina Principal 15 y la Sentencias Vaticanas 22, 25, 59, 67-69) son problemáticos en la filosofía epicúrea.

El pensamiento maximalista conduce a la búsqueda de objetos inalcanzables de deseo y a la incapacidad de sentir ningún placer. – Voula Tsouna

En la página 235, nota 114 de The Ethics of Philodemus, encontramos lo siguiente:

El argumento de Filodemo ad hominem puede indicar que sus oponentes son maximalistas: una autocomplacencia como la de ellos podría justificar cualquier cosa.

La Doctrina Principal 21 menciona la idea de “una vida completa” (βίον παντελῆ), que Tsouna relaciona con el problema del maximalismo.

Aquel que entiende los límites de la vida sabe que es fácil obtener aquello que remueve el dolor del deseo y hace la vida entera completa y perfecta. De ese modo ya no necesita las cosas que requieren de lucha.

¿En qué consiste esta “vida completa y perfecta“? Aquí es donde los filósofos considerarán el impacto de la duración de la vida en la felicidad de uno y cuán importante puede ser lograr sus planes antes de morir. Las personas que buscan una larga vida o el futuro para buscar nuevos bienes constantemente nunca pueden lograr y disfrutar el mayor placer porque nunca están contentos o satisfechos. Además, piensan que la felicidad significa un mayor número de placeres acumulados. La Sentencia Vaticana 14 desaconseja posponer nuestra felicidad, y la Doctrina Principal 9 argumenta en contra de la opinión de que podemos condensar los placeres en el tiempo o el espacio. La idea es estar presente a los placeres que la naturaleza hace fácilmente disponibles: aquí y ahora, en algún lugar de nuestras mentes y cuerpos, podemos experimentar alguna forma de placer.

Quizás el peor caso de maximalismo de hoy se puede ver en los transhumanistas que desean la inmortalidad. DP 21 dice que debemos entender los límites establecidos por la naturaleza para asegurar la vida completa. La autora de The Ethics of Philodemus hace una concesión en la página 262, en honor a esta idea de “la vida completa“, que aún requiere una definición clara.

Uno podría preguntarse si la actitud de Filodemo y, en general, de los epicúreos hacia la escritura de testamentos podría indicar cierta preocupación después de todo por el modelo narrativo de la vida completa.

Tanto Epicuro como Diógenes de Enoanda expresaron preocupación por su legado hacia el final de sus vidas. Esto puede ser indicativo de que cierta medida de dejar un legado es parte natural de una vida completa y (en medida en que no es difícil de adquirir) un placer natural, y no excede hasta ser maximalista.

La economía de Filodemo

Deseo concluir la reseña de este libro con una mirada crítica a Filodemo. Él y su maestro Zenón de Sidón, y su grupo, discutieron con frecuencia contra otras escuelas y contra los epicúreos que tenían opiniones diferentes de las suyas. Había varias facciones epicúreas. Las fuentes mencionan al menos dos facciones: los retóricos (que elaboraron la doctrina, inspirados principalmente en sus discusiones con otras escuelas) y los ortodoxos (que se apegaron a memorizar las fuentes). Filodemo reclamó la ortodoxia apelando frecuentemente a la autoridad de los cuatro fundadores, pero también participó en estos debates.

Dado que Zenón de Sidón era un erudito de Atenas de linaje directo con Epicuro y Hermarco, es probable que haya conservado la interpretación más leal del epicureísmo … pero esto no quiere decir que otros grupos epicúreos no tengan argumentos legítimos para ofrecer, que no sobreviven en las fuentes, o al ser indirectamente criticados en los pergaminos de Herculano. También es cierto que Zenón de Sidón fue el sucesor del escolarca Apolodoro, llamado el “Tirano del Jardín”, y que gran parte del trabajo de Zenón implicó una rebelión contra el excesivo autoritarismo de su predecesor (que pudo haber sido necesario para proteger el Jardín y sus finanzas). Sabemos que Zenón era tolerante, amable, muy admirado y daba la bienvenida a los estoicos y a otros no-epicúreos al Jardín que venían a estudiar filosofía juntos; esto puede ser parte de su esfuerzo por rechazar el autoritarismo de Apolodoro.

El tema de la economía es el mejor lugar para una visión crítica de Filodemo.

La primera crítica tiene que ver con su declaración categórica en su pergamino sobre el arte de la gestión de la propiedad, de que “el filósofo no trabaja duro“, lo que parece poco práctico, excepto en el caso de los romanos muy ricos a quienes estaba enseñando. Pocas personas tienen este privilegio de nunca tener que trabajar duro. Esta extraña declaración describe el epicureísmo como una secta exclusiva para la élite, lo que ciertamente no fue en sus inicios.

Es imposible abstenerse del todo de trabajar duro. De hecho, el propio Filodemo cita los argumentos de Metrodoro sobre cómo se debe aplicar aquí el cálculo hedónico (y a veces debemos pasar por ciertas desventajas en aras de mayores ventajas). Aquí, Metrodoro (el cofundador del epicureismo) contradice la declaración de Filodemo de que el filósofo no trabaja duro. Él dice que la riqueza, la salud y la amistad implican trabajo duro, pero que vale la pena perseguir este trabajo porque sufriremos mucho sin estos bienes. El filósofo trabajará duro en aras de mayores placeres o para evitar grandes desventajas.

Otra pequeña crítica de Filodemo que debo aceptar, como alguien que ha estado promoviendo y escribiendo libros sobre epicureísmo durante muchos años, es que dice que ganar dinero de la enseñanza de filosofía es la forma ideal de ganarse la vida … pero ¿cuántas personas pueden realmente hacer esto? No conozco a nadie que pueda hacer esto, al menos en nuestros días.

Si bien todos estamos de acuerdo en que la mejor vida está libre de trabajo duro, la pregunta es ¿CÓMO podemos lograrlo? Este es un gran e interesante desafío moral.

Una nota adicional sobre el estudio del pergamino de Filodemo sobre el arte de la administración de propiedad proviene de uno de los miembros más nuevos de SAE: Marcus nos recuerda que es importante tener en cuenta que el público de Filodemo era la aristocracia de la República Romana tardía. Él dice:

Encontré este breve video sobre el sistema de mecenazgo romano, que es un buen trasfondo para entender el pergamino de Filodemo sobre la gestión de propiedad.

Con respecto a la utilidad de la riqueza, Filodemo dice que no debemos rechazar cualquier riqueza que podamos obtener como inútil. Una medida natural de la riqueza es claramente preferible a la pobreza, pero la superioridad de la riqueza es práctica, no moral. Argumenta que el filósofo epicúreo no necesita ser un experto en administración o economía, sin embargo, la soberanía personal requiere que aprendamos esta habilidad hasta cierto punto. Este maestro le agrega una dimensión ética. Le preocupa nuestra disposición (diátesis) y los problemas de cálculo hedónico en relación con la gestión de nuestra propiedad: ¿Cómo podemos gestionar nuestra propiedad y hogar mientras vivimos de manera ética y sin sacrificar nuestra felicidad?

Una crítica final que debemos aceptar sobre Filodemo de Gadara es que parece que está de acuerdo, en mayor medida que la mayoría de la gente de hoy, con la explotación egoísta de los demás (la esclavitud era normal en su sociedad). Sin embargo, siempre he apreciado que la economía epicúrea plantea un capitalismo sostenible que enfatiza los límites de nuestros deseos y, por lo tanto, es un capitalismo que es algo autocrítico y contra el exceso–un antídoto necesario para lo que vemos hoy, particularmente en los Estados Unidos. Creo que la filosofía epicúrea, de esta manera, representa una defensa muy saludable de los valores occidentales liberales clásicos.

Este ensayo concluye mi reseña de The Ethics of Philodemus, de Voula Tsouna. Si le ha gustado este contenido, considere apoyarme en Patreon una sola vez o una vez al mes. La creación de contenido requiere de mucho tiempo, por lo que todavía no ofrezco ningún beneficio especial a mis suscriptores de Patreon, pero eleva mi moral y ayuda a apoyar tanto este sitio web como la misión de enseñanza de los jardines epicúreos.

Otras lecturas:

El libro The Ethics of Philodemus

Las doctrinas epicúreas sobre la riqueza

Contra la depresión: más Epicuro y menos antidepresivos

El siguiente ensayo de Máximo Peña fue originalmente publicado en su blog psicologiaparatodos.org.

No existe diferencia estadísticamente significativa entre los fármacos antidepresivos y el placebo. Disculpen: sí existe diferencia. El placebo no tiene severos efectos secundarios. El pensamiento de Epicuro, tampoco.

La exigua presencia de psicólogos en la sanidad pública española ha llevado a la instauración de una práctica que debería hacernos reflexionar: la prescripción de fármacos antidepresivos por parte de los médicos de cabecera a pacientes con síntomas de depresión, basándose en el relato de la persona y en una entrevista clínica cuya duración promedio es de 5 minutos.

En lugar de derivar al aquejado a una unidad de psicología (inexistente en atención primaria e insignificante en el resto de niveles del sistema de salud pública) para su evaluación, como ocurre en otros países del entorno, los médicos de cabecera, abrumados por el exceso de trabajo, y sin la formación específica necesaria, recetan Escitalopram (un popular antidepresivo) como quien ordena paracetamol.

Si los efectos positivos de los antidepresivos estuviesen suficientemente probados y se tratara de fármacos con pocos o nulos efectos adversos, no habría problema. Pero ninguno de los dos supuestos se cumple.

Depresión y efecto placebo

El psiquiatra y neurocientífico Stephen Stahl, uno de los expertos mundiales más reconocidos en el campo de la psicofarmacología, defensor del uso de fármacos como primera opción en el tratamiento de la depresión, admite, en su obra Psicofarmacología esencial de Stahl (2008), que:

“Cada vez hay mayores dificultades para demostrar en ensayos clínicos que los antidepresivos –incluso los ya bien estudiados- funcionan mejor que el placebo”.

Se estima que solo un tercio de los pacientes con depresión ven remitir sus síntomas en el primer tratamiento antidepresivo, y, aún en estos casos de éxito, la tasa de recaída es de 30% (Stahl, 2008). A medida que pasan meses o años y la persona recibe varios tratamientos, la probabilidad de que la depresión se manifieste de nuevo puede llegar al 100%

Según refiere Stahl, en los ensayos clínicos en los que se comparan psicoterapia, placebo y antidepresivos, los resultados han mostrado que la Terapia Interpersonal breve (TIP) y la Terapia Cognitiva-Conductual para la depresión (TCC) pueden ser tan efectivas como los antidepresivos. Pero lo que más llama la atención es que no exista una diferencia estadísticamente significativa entre los fármacos antidepresivos y el placebo. Disculpen: sí existe diferencia. El placebo no tiene severos efectos secundarios.

Antidepresivos: el último recurso

En 1998, los investigadores Irving Kirsch y Guy Sapirstein, mientras estudiaban los efectos del placebo en el tratamiento de la depresión, se encontraron con un sorprendente hallazgo: no que el placebo fuese efectivo contra la depresión, lo cual era su hipótesis de trabajo, sino que los antidepresivos tuviesen un efecto solo ligeramente superior al placebo.

Kirsch, doctor en psicología y miembro de la facultad de medicina de Harvard, y su equipo, siguieron investigando, esta vez, con información sobre ensayos clínicos, tanto publicados como no publicados por la Food and Drug Administration, máxima autoridad en materia de medicamentos en Estados Unidos. Al incluir la totalidad de la información disponible sobre la efectividad de los antidepresivos, la ligera diferencia a favor de los fármacos con respecto al placebo desapareció. Tan solo existe una pequeña distinción que favorece a los antidepresivos en los casos más graves de depresión, lo que Kirsch atribuye no a que los antidepresivos funcionen, sino a que en pacientes gravemente deprimidos el placebo no tiene efecto, pues estas personas han perdido toda esperanza de que algo pueda ayudarles.

Los estudios de Kirsch han sido sistemáticamente replicados por otros investigadores que han obtenido resultados similares, lo que ha llevado al británico National Institute for Health and Care Excellence (NICE) a cambiar su guía de recomendaciones sobre el tratamiento de la depresión, situando a los antidepresivos en una segunda línea de intervención, pues si bien los psicofármacos funcionan en determinados casos, los efectos secundarios no son nada despreciables: entre 70-80% de los pacientes sufre disfunciones sexuales, y son muy frecuentes la ganancia de peso, la caída del cabello, el insomnio, las nauseas y las diarreas. Las mujeres embarazadas que toman antidepresivos tienen mayor probabilidad de abortos, y entre sus bebés se encontrarán más casos de malformaciones y autismo. También se ha encontrado una relación significativa entre antidepresivos y suicidio. Finalmente, los antidepresivos tienen el efecto paradójico de hacer más vulnerables a las personas de sufrir nuevos episodios de depresión (Kirsch, 2008).

Tomando en cuenta que diversos meta-análisis sobre el tratamiento de la depresión coinciden en afirmar que la psicoterapia, e incluso, el ejercicio físico, pueden ser tan efectivos como los antidepresivos, la conclusión a la que llega Kirsch (2008) es difícil de discutir:

“Cuando diferentes tratamientos son igualmente efectivos, la elección debe basarse en el riesgo y el daño, y de todos los tratamientos, los fármacos antidepresivos son los más riesgosos y dañinos. Si es preciso utilizarlos, debe hacerse como el último recurso, cuando la depresión es muy severa y otros tratamientos alternativos han sido probados y fracasaron”.

Aunque le llamemos “procesamiento ineficiente de la información”, “errores cognitivos” o “construcción de la realidad”, uno de los consensos en psicoterapia es que la forma en que la persona deprimida interpreta la realidad juega un papel central en la depresión, al menos en su mantenimiento.

De allí que las diversas escuelas de psicoterapia, cada una a su modo, intente ayudar al paciente con depresión a corregir, cambiar, construir, en fin, a hacer más adaptativas las ideas depresivas que tiene la persona sobre sí misma, sobre el mundo y sobre su futuro. Es, entonces, cuando aparece el nombre de Epicuro.

Epicuro o la felicidad de existir

Pocos filósofos griegos han sido tan atacados, calumniados o malinterpretados como Epicuro (Samos, 341 a. C. – Atenas, 270 a. C.). Se le ha acusado de irrespetuoso con los dioses, de hedonista y vividor.

Quizás está inquina que despertó entre las escuelas filosóficas de su época con las que rivalizó (cínicos y estoicos), y entre  doctrinas posteriores (el cristianismo) esté detrás de un hecho lamentable: casi toda su obra, que el historiador Diógenes Laercio cifraba en 300 libros, ha desaparecido. Solo han llegado hasta nosotros una selección de cartas y unos pocos fragmentos, suficientes, no obstante, para medir el impacto que su doctrina de la felicidad tuvo en la antigüedad.

¿Por qué Epicuro y no otro filósofo? Porque Epicuro, a diferencia de otras figuras fundamentales del pensamiento occidental, como Sócrates, era humano, demasiado humano, y eso es lo que lo hace significativo desde el punto de vista psicoterapéutico: la perfección socrática está demasiado alejada de la persona común.

“Envíame un tarro de queso, a fin de que pueda darme un gusto cuando me apetezca”, le escribe Epicuro a un amigo.

Mientras Platón tenía la Academia y Aristóteles el Liceo, sendos centros de enseñanza de la época, Epicuro disfrutaba de una casa y un huerto, conocido como el Jardín, en el cual, recibía a sus amigos –incluyendo mujeres y esclavos- y se entregaban a filosofar y a compartir el gusto por la vida. Porque, para Epicuro, no había nada más alto que el placer, pero no el simple placer que brindan la experiencias sensoriales (aunque también), sino el placer puro de existir (Walter Otto, 1975).

A diferencia del sabio estoico, exento de pasiones y afectos, inconmovible ante los sufrimientos de la vida, el sabio epicúreo acepta las pasiones del alma como algo natural en el ser humano, solo que llama a domesticarlas a través del juicio y la razón (García Gual, 2003).

No nos extenderemos más en la figura de Epicuro. Es preferible dar paso a sus palabras. Sabemos que es más fácil tomar pastillas que sentarse a leer un tratado de filosofía. Pero con Epicuro, como solo disponemos de algunos fragmentos, este problema queda resuelto, y la lectura de sus textos, con toda seguridad, es mucho más agradable y vigorizante que la de un prospecto farmacéutico.

 40 grageas de Epicuro

  Dosis y administración

Por la mañana, nada más levantarte, anota en un pósit, de manera tranquila y calmada, consciente, la frase que corresponda a ese día, y pégala en un lugar visible (espejo del baño, nevera, tu lugar de trabajo, etc.) de manera que puedas leerla, al menos, 3 veces a lo largo del día. Reflexiona sobre cada frase, pero desde un punto de vista personal: ¿qué significa para ti? ¿Qué ejemplos de tu vida encajan con ella? ¿Cómo se aplica a tu propia experiencia de vida?

Por la noche, de manera ritual, despega el pósit y pégalo en una puerta o pared, en la que se irán juntando, una a una, todas las sentencias de Epicuro, hasta agotar las grageas.

Posibles efectos adversos

En 2.300 años no se ha descrito ninguno.

Contraindicaciones

Alergia al pensamiento y la reflexión.

1

“Comamos y bebamos que mañana moriremos”.

2

“El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo.”

3

“Tú siempre y cuando no quebrantes las leyes ni trastornes la solidez de las buenas costumbres ni molestes al prójimo ni destroces tu cuerpo ni malgastes tus fuerzas, has uso como gustes de tus preferencias (sexuales). Pero, la verdad, es que es imposible no ser cogido al menos por uno de estos inconvenientes, el que sea. Pues las cosas de Venus jamás favorecen, y por contentos nos podemos dar si no perjudican”.

4

“La gente es infeliz o por miedo o por apetencia infinita y vana. Si la gente refrena esos impulsos está en disposición de conseguir para sí el bendito raciocinio”.

5

“Ante cualquier deseo debemos formularnos la siguiente cuestión: ¿qué me sucederá si se cumple el objeto de mi deseo, y qué si no se cumple?”

6

“El imperturbable no resulta molesto ni para sí mismo ni para otro”.

7

“Reviento de satisfacción en mi cuerpecillo cuando consumo agua y pan, y detesto los placeres lujosos, no por los propios placeres, sino por los dolores que por esa razón les siguen”.

8

“Pasa desapercibido en tu vida”.

9

“Dulce es el recuerdo del amigo muerto”.

10

“A quien un poco no basta, a ese nada le basta”.

11

“La conformidad es la mayor de todas las riquezas”.

12

“Debemos apreciar la belleza, la virtud y las cualidades de índole semejante, siempre que proporcionen gozo, pero si no lo proporcionan hay que decirles adiós muy buenas y dejarlas”.

13

“No se debe envidiar a nadie, pues los buenos no son merecedores de envidia y los malos cuanta más suerte tienen tanto más se pierden”.

14

“Si quieres hacer rico a Pítocles, no le proporciones riquezas, sino réstale ambición”.

15

“No hay que aparentar que buscamos la verdad sino buscarla realmente, pues no necesitamos ya parecer que tenemos buena salud sino tenerla realmente”.

16

“Debemos curar nuestras desgracias mediante una buena disposición de ánimo hacia los bienes perdidos, y comprendiendo que no nos es dado hacer que no se cumpla lo que ya ha tenido lugar”

17

“Es estúpido pedir a los dioses las cosas que uno no es capaz de procurarse a sí mismo”.

18

“La muerte, temida como el más horrible de los males, no es, en realidad, nada, pues mientras nosotros estamos, la muerte no está, y cuando ésta llega, nosotros no estamos.”

19

“Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita”.

20

“Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.”

21

“Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven.”

22

“Dios quiera que no hagas nada en la vida que te de miedo si llega a descubrirlo tu prójimo”.

23

“Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día”.

24

“Todo el mundo se va de la vida como si acabara de nacer”.

25

“También en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno”.

26

“Todo dolor es fácil de despreciar, pues el que causa una molestia intensa es de corta duración, y el que dura mucho en el cuerpo causa una molestia muy suave”.

27

“La necesidad es un mal, pero no hay ninguna necesidad de vivir sometido a la necesidad”.

28

“En la mayoría de las personas la inactividad se embota y el ejercicio se inflama”.

29

“Nadie que comprende el mal lo prefiere al bien, pero seducido por el señuelo que aparenta ser un bien si se compara con un mal mayor, cae en su anzuelo”.

30

“Si se prescinde de la contemplación, de la conversación y trato con la persona querida se desvanece toda pasión erótica”,

31

“A la Naturaleza no se le debe forzar sino hacerle caso, y le haremos caso si colmamos los deseos necesarios y los naturales siempre que no perjudiquen y si despreciamos con toda crudeza los perjudiciales”.

32

“En las demás tareas de la vida solo después de terminadas les llega el fruto, pero en la búsqueda de la verdad corren a la par el deleite y la comprensión, pues no viene el gozo después del aprendizaje, sino que se da el aprendizaje a la vez que el gozo”.

33

“Frente a los demás es posible procurarse seguridad, pero en lo tocante a la muerte todos los seres humanos habitamos una ciudad indefensa”.

34

“El grito del cuerpo es este: no tener hambre, no tener sed, no tener frío. Pues quien consiga eso y confíe en que lo obtendrá competirá incluso con Zeus en cuestión de felicidad”.

35

“No obtenemos tanta ayuda de la ayuda de los amigos como de la confianza en su ayuda”.

36

“El sabio que cae en situaciones angustiosas sabe más de repartir a otros que de recibir él: tan maravilloso es el tesoro de la satisfacción que descubrió”.

37

“Las malas costumbres, como a hombres malvados que han causado un enorme perjuicio durante largo tiempo, al final las repudiamos”.

38

“Debemos hacer la jornada siguiente mejor que la anterior”.

39

“Cuando la Parca nos lleve de aquí nos iremos tras echar un enorme escupitajo contra la vida y contra los que neciamente se pegan a ella, al mismo tiempo que entonaremos un hermoso cántico de salvación gritando que nuestra vida ha sido bella”.

40

“Nacemos una sola vez y dos no nos es dado nacer, y es preciso que la eternidad no nos acompañe. Pero tú, que no eres dueño del día de mañana, retrasas tu felicidad y, mientras tanto, la vida se va perdiendo lentamente por ese retraso, y todos y cada uno de nosotros, aunque por nuestras ocupaciones no tengamos tiempo para ello, moriremos”.

Para saber más:

Kirsch, Irving (2008). Antidepresivos y efecto placebo.

Epicuro, Obras completas, Ediciones Cátedra.

García Gual, Carlos (2003). El sabio epicúreo y el sabio estoico. Revista de Filosofía, 30, 23-31.

Otto, Walter (2005). Epicuro. Editorial Sexto Piso.

 

 

¡Feliz Vigésimo! Epicuro y el ayuno

Feliz día 20 a todos los estudiantes de filosofía. Algunas actualizaciones literarias: ha sido publicado el ensayo Vivir con placer en tiempos de coronavirus, nuestro amigo Julián Mellado ha escrito una invitación a leer la Epístola a Meneceo y una evaluación de las doctrinas epicúreas sobre la riqueza ha sido publicada en la Sociedad de Epicuro. Algunas de las ideas principales son:

  • Hay una medida natural de riqueza (ploutou metron), y una distinción epicúrea entre riqueza “natural” (physikos) y vacía (kenos). El factor distintivo clave entre ellos es que la riqueza requerida por la naturaleza es limitada y fácil de obtener (euporistos); pero la riqueza requerida por los ideales vanos se extiende hasta el infinito y es imposible o difícil de conseguir.
  • En la economía, como en todo lo demás, debemos correr ciertos riesgos y pasar por ciertos inconvenientes para evitar una mayor ruina y obtener mayores ventajas.
  • La riqueza se adquiere fácilmente si empleamos nuestra aptitud (aquello para lo que somos hábiles), y si disfrutamos haciendo lo necesario para adquirirla. En otras palabras, cuanto mayor sea nuestra aptitud, menos esfuerzo tendremos que poner. Si hacemos grandes intentos de lograr algo para lo que no somos buenos o aptos, o que no nos gusta hacer, el esfuerzo puede no pasar el cálculo hedónico.
  • Cuando estamos acostumbrados a los placeres simples, estamos en una mejor posición para disfrutar de los lujosos.
  • La frugalidad también tiene un límite, y el hombre que lo ignora es como el que comete errores excesivos.

Se pueden obtener ideas adicionales sobre la economía del pergamino de Filodemo Sobre el arte de administrar propiedad.

En los últimos meses tuve el placer de recibir el encargo de compilar y escribir introducciones para un audiolibro que incluirá todos los escritos clásicos del epicureísmo. El editor es Ukemi Audiobooks, que ya ha publicado audiolibros sobre un amplio catálogo de filósofos. Fue durante este proyecto cuando me encontré con esta cita de Séneca, que no había visto antes:

El gran maestro hedonista Epicuro solía observar ciertos períodos durante los cuales a penas satisfacía su hambre, con el objeto de ver hasta qué punto, si acaso, uno no lograba el placer pleno y completo, y si valía la pena hacer muchos esfuerzos para llenar esta falta. Al menos eso dice en la epístola que le escribió a Polieno. De hecho, se jacta de que está logrando alimentarse con menos de medio centavo, mientras que Metrodoro, que aún no ha hecho tan buen progreso, necesita medio centavo.

Esto es de las Cartas de Séneca a Lucilio, y me llamó la atención porque el ayuno intermitente es una tendencia popular hoy en día, y algunas personas en mis redes sociales a las que respeto han reportado grandes beneficios. Estas no son personas que típicamente seguirían a la multitud, sino personas que piensan empíricamente, profesores en universidades, por lo que examiné el ayuno intermitente y, aunque se necesita más investigación, parece que Epicuro y otros que han incorporado el ayuno de alguna manera en su estilo de vida puede haber sabido algo digno de saber.

Claramente, Epicuro no era ascético. Su objetivo (como informa Séneca) al participar en estos experimentos era estudiar los límites del placer en su propio cuerpo. Es lamentable que no tengamos escritos del propio Epicuro sobre lo que aprendió de estos experimentos, pero podemos referir esta práctica a una parte de su Carta a Menoeceo.

43. También consideramos la autosuficiencia como un gran bien, no para que siempre tengamos pocas cosas sino para que, cuando no tengamos mucho, nos contentemos con poco. 44. Esto se debe a que estamos sinceramente convencidos de que quienes menos necesitan los lujos son los que mejor saben disfrutar de la abundancia cuando la tienen.

45. También creemos que la naturaleza ha dispuesto que todo lo necesario para la vida sea fácil de obtener y que aquellas cosas que son vanas e inútiles sean difíciles de alcanzar. 46. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que una comida extravagante, cuando ambos alejan todo dolor y todo deseo. 47. Pan y agua proporcionan el más elevado placer cuando los come quien tiene gran necesidad. 48. El acostumbrarse a las comidas sencillas y frugales es bueno para la salud y nos ayuda a no titubear en las ocupaciones necesarias de la vida. 49. Y cuando en ciertas ocasiones nos encontramos con comida lujosa, esta actitud nos hace mejor dispuestos al lujo, ya que permanecemos imperturbables ante la posibilidad de que luego la perdamos.

Esto, más la insistencia de Metrodoro en su epístola a Timócrates de que el estómago establece el estándar para ayudarnos a comprender lo poco que requiere la naturaleza, nos dice que es muy probable que Epicuro haya participado en estos experimentos de ayuno. Además, Epicuro dice en Contra el uso de palabras vacías que pensamos empíricamente sobre las acciones si nos basamos en los resultados observados de cualquier curso de acción, por lo que no habría escrito esto en su Carta a Menoeceo sin primero participar en experimentos de vida simple, que es lo que Séneca informa.

También debemos tener en cuenta que una de las Sentencias Vaticanas enseña que “también hay un límite para la vida simple“, de modo que cualquier desventaja que suframos no debe impedir una vida de placer. El hecho de que Epicuro haya escrito esta parte de la Carta a Menoeceo muestra que logró mantener una disposición agradable durante sus períodos de ayuno y, por lo tanto, confiaba en su doctrina de que lo que la naturaleza requiere no es mucho y es fácil de conseguir.

La doctrina epicúrea se basa en el razonamiento empírico. Epicuro no solo decía que nuestra naturaleza requiere muy poco: tenía la decencia intelectual para llevar a cabo experimentos en su propio cuerpo y experiencia inmediata para probar por sí mismo hasta que punto, como dice Séneca, “uno no logra el placer pleno y completo”. Así es como usamos el canon: exponiendo nuestras teorías directamente a nuestras facultades.

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Otras lecturas:

Como funciona el ayuno intermitente

Epístola a Meneceo: un encuentro con Epicuro

El siguiente ensayo es una contribución de Julián Mellado, profesor de lengua y literature francesa nacido en Bélgica. Representa sus opiniones y consiste en una invitación a leer la carta que envió a Meneceo Epicuro para resumir sus doctrinas éticas.

Nos encontramos frente a una auténtica joya filosófica , la carta que el filósofo Epicuro escribió a su amigo Meneceo. Un texto tan breve como asombroso. Resulta impresionante observar cómo el autor ha podido decir tantas cosas en tan poco espacio. La brevedad de una carta.

Epicuro fue calumniado, por los platónicos y estoicos entre otros. La iglesia Cristiana prosiguió esa difamación hasta el punto que de los 300 libros escritos por el pensador de Samos apenas han sobrevivido tres cartas, algunas máximas y fragmentos. Todo debido al trabajo que realizó Diógenes Laercio en el siglo III para su investigación sobre los filósofos ilustres.
Algunas cosas más han sobrevivido del epicureismo original, suficiente para poder conocer las ideas que dimanaron de Epicuro.

Durante siglos era casi imposible acceder a esos documentos, pues siguieron estando proscritos. El avance del renacimiento, de la imprenta, y de hombres como Lorenzo Valla, hizo que se tradujese los antiguos textos griegos. Por fin se podia leer directamernte lo que de verdad enseñó Epicuro y su discíplo romano Lucrecio entre otros epicúreos.

La sorpresa fue monumental al descubrir que la filosofía del Placer de Epicuro nada tenia que ver con lo expuesto por sus detractores. Aún hoy el término “epicúreo” denota un significado equívoco e incluso calumnioso. En realidad es un hecho bastante sorprendente el de acuñar al filósofo de Samos un significado que es lo contrario de lo que enseñó.

Epicuro fundó su escuela llamada “El Jardin”, lugar para encontrarse con los amigos, comer y beber frugalmente y hablar sobre temas filosóficos. Los exclavos y las mujeres (aunque fueran prostitutas) eran bienvenidos y tratados con dignidad. Una comunidad basada en la amistad.

La carta a Meneceo nos introduce en el corazón de Epicuro. Su lectura require poco tiempo, su reflexión bastante más. Podemos ver lo que de verdad enseñaba y lo que irritaba a sus enemigos. Epicuro pregonaba una felicidad a la altura de hombre. Una felicidad en el más acá, basada en la superación del miedo a través de una filosofía del Placer y no tanto de los placeres. Esta palabra, placer, está llena de contrasentidos. A lo largo de los siglos reforzado por el platonismo cristiano, el placer se ha visto con desconfianza e incluso con hostilidad. El cuerpo es sede de las pasiones, del pecado. Pero Epicuro nos enseña a escuchar el cuerpo y nos da una definición del Placer muy distinto a lo pensado. Todo esto viene expuesto en la carta a Meneceo. Gran observador de la condición humana, encontramos en sus palabras la intención de liberar a los hombres de aquello que les perturba. Epicuro siempre pensó que su filosofía era una medicina.

La lectura de esta carta se parece a un encuentro personal con el filósofo. El destinatario es tanto su discípulo como el lector moderno. Nos hablará de cosas actuales convirtiéndose en nuestro cotemporáneo.

Veremos quién debe filosofar, si hay un límite de edad o no. Nos enseñará qué pensar de los dioses (Dios), en qué consiste la felicidad posible. Epicuro nos hablará de cómo enfrentar el miedo a morir con unas palabras que hasta el terapeuta Irvin Yalom las tomó para escribir su libro “Mirando al sol de frente” donde reconoce que el filósofo de Samos aportó la major perspectiva jamaś pensada. Nos encontraremos con una reflexión sobre el placer y los falsos placeres, aquellos que esclavizan. Según avanzamos en la lectura vamos descubriendo la primera virtud necesaria para vivir, incluso por encima de cualquier filosofía. Una parte realmente impresionante es cuando Epicuro se ocupa de la fatalidad, de las supersticiones sobre el destino, el terror de lo inevitable. Todavía en nuestros días encontramos personas aterradas por diferentes determinismos bien del campo del esoterismo, de la religión o incluso de un cierto uso de la ciencia.

Encontrarse con Epicuro es encontrarse con un amigo que nos invita a vivir, a dejar los miedos falsos, a superar las diferentes modas ideológicas. Es un amigo que busca curarnos de lo que nos aterra y ofrecernos una liberación al alcance de cualquiera. Cuando leemos la carta entablamos un “diálogo” interno con él, se respira más hondo, se ve la vida con otro color. No cae en la simplicidad de ver todo de color rosa. Lo que nos dice es que quizás los colores sombríos son debidos a una mirada defectuosa.

Me gustaría invitaros a la lectura de esta carta. Quizás esa lectura y reflexión provoque el que alguien quiera seguir conociendo a Epicuro. De momento podríamos decir que este primer encuentro puede ayudar a muchas personas a enfocar su vida de una manera más luminosa,
libre y feliz.

Epicuro nos invita a vivir en el más acá, sin promesas del más allá, en la realidad. No olvidemos que fue el filósofo de la felicidad posible, serena y lúcida. Quizás te apetezca un encuentro con este contemporáneo que nos habla desde el fondo de los siglos.

Lea la Epístola de Epicuro a Meneceo

Vivir con placer en tiempos de coronavirus

La Organización Mundial de la Salud ha declarado oficialmente al coronavirus pandemia mundial y se están desarrollando nuevas rutinas lentamente en los lugares de trabajo y hogares. Ahora uno tiene que usar toallitas desinfectantes cuando presiona el botón en el ascensor, o utiliza una máquina de fax o copiadora.

La tasa de mortalidad coronavirus es actualmente el 3%. Si la población mundial actual se estima en 7,577,130,400 personas, entonces la mayor cantidad posible de muertes por coronavirus es 227,313,912. Eso es casi el 70% de la población estadounidense. La canciller Angela Merkel dijo el miércoles que el coronavirus probablemente va a infectar a cerca de dos tercios de la población alemana, que se compone de 81,41 millones de personas. Dos tercios de eso es 53,730,600, y un 3% de eso (la tasa de mortalidad) es 1,611,918 de alemanes que probablemente moriría. Esta es una plaga grave, a pesar de su baja tasa de mortalidad.

Plagas que matan a una gran proporción de la población suceden cada pocas generaciones, y son la materia prima de los mitos y leyendas en muchas culturas. Mientras que durante la actual crisis de salud, muchos movimientos religiosos de los tiempos finales actuarán según sus fantasías y algunos participarán en el activismo escatológico–van a celebrar y perseguir activamente sus ideas dementes acerca de cómo debe terminar el mundo–, los que no sufrimos de la fiebre del fin del mundo buscaremos cosas más prudentes que hacer con nuestro tiempo.

Arístipo el cireneico enseña que debemos ser adaptables y flexibles, viendo en cada situación oportunidades para el placer. Pensar como un epicúreo sobre los cambios en estilo de vida que plantea el coronavirus nos debe llevar a construir nuestro regimen de placer en torno a las restricciones impuestas por la epidemia.

Tenemos razones para ser germofóbicos. Uno de los cambios de estilo de vida más sencillos que podemos poner en práctica es ser conscientes de nuestro espacio personal. El coronavirus se transmite por el aire dentro de unos seis pies de distancia (de acuerdo con el Centro de Control de Enfermedades), por lo que esta es la distancia recomendada con extraños, por ejemplo, en el tren, si es posible.

Debemos lavarnos las manos frecuentemente con jabón antibacterial, y tener siempre toallitas desinfectantes a mano. Debemos evitar tocar nuestra cara con frecuencia, evitar tocar superficies que tocan muchos otros, y usar toallitas desinfectantes al abrir o cerrar puertas, al presionar botones de ascensores, etc.

No tenemos que llevar mascarillas si no cuidamos pacientes. Las mascarillas son difíciles de obtener, y deben reservarse para quienes están en estrecho contacto con los pacientes. Sin embargo, mientras viajo en el tren, he notado que algunas personas están utilizando sus bufandas tanto como moda y como mascarilla.

Los placeres de anidar

Dado que en estos tiempos hay que evitar las multitudes (hospitales, cruceros, conciertos, eventos deportivos, si es posible), podríamos centrarnos en los placeres de la intimidad de nuestra casa y hacer del hogar un refugio santo de placer tranquilo. Estos son tiempos para aprovechar al máximo de los placeres íntimos. Podemos leer o escribir en nuestro diario, o participar en otros placeres privados y aficiones para las que con frecuencia en otras ocasiones encontramos excusas para fácilmente descartar, por ser demasiado ociosas.

Podemos ver películas en casa (o compulsivamente ver nuestros programas favoritos o una serie) a solas o–mejor aún–con nuestros seres queridos o amigos, y cocinar y comer en casa.

Los placeres de la higiene

La diosa Hygeia es la personificación de la salud y las raíces semánticas de su nombre coinciden con la palabra higiene. Siempre ha existido una asociación entre el mal-estar/enfermedad y la impureza, y entre la salud y la pureza/limpieza. Ya que la pureza / limpieza ha adquirido una mayor importancia ahora que estamos experimentando una pandemia global, debemos tomar algún tiempo para concentrarnos en actividades relacionadas con la higiene.

Diariamente debemos limpiar todas las superficies de nuestros entornos de casa y del trabajo con desinfectantes. Me gusta poner música alegre en casa cuando limpio para que la energía sea mucho más agradable. Tambien Podemos disfrutar de baño de burbujas o calientes, o podemos construir nuestro estilo de vida alrededor de otros rituales de higiene.

Los placeres de la ataraxia

El placer más importante y constante que debemos cultivar es mantener una disposición placentera–y esto está bajo nuestro control–a pesar de lo que vemos en las noticias. No necesitamos evitar las noticias, aunque es con frecuencia útil disminuir el consumo mediático para proteger nuestra paz mental.

Es imprudente el pánico. La muerte no es nada para nosotros, por lo que debemos estar preocupados por la calidad de nuestras vidas y las vidas de los que amamos.

La Epístola de Metrodoro a Timócrates

Traducción de otro ensayo original, escrito para SocietyofEpicurus.com.

Timócrates de Lámpsaco era el hermano de Metrodoro (uno de los fundadores del epicureísmo) y a la vez un apóstata de la primera comunidad epicúrea–aunque no un enemigo letal como el arquetípico Judas. Debido a sus lazos de sangre, Timócrates decía que “amaba a su hermano como nadie más y lo odiaba como nadie más“.

Sus diferencias se hicieron públicas en epístolas que se dirigieron entre sí, que luego circularon entre muchos que seguían las enseñanzas de la escuela o eran opositores interesados en los chismes y la controversia. Metrodoro también escribió una obra contra su hermano, y Timócrates una polémica contra Epicuro titulada Delicias.

Solo sobreviven fragmentos de terceras partes que citan estas fuentes. Aquí, citaré pasajes de la Epístola de Metrodoro a su hermano Timócrates, e intentaré interpretar el contenido escaso, pero esencial y útil, que está disponible.

El argumento del vientre

Parece claro que la enemistad de Timócrates hacia los epicúreos surgió por no aceptar que el placer es el fin que busca nuestra naturaleza, aunque muchas fuentes citan el centro de la controversia como la insistencia de Metrodoro de que el vientre es el “criterio” de todo lo que contribuye a la buena vida. Algunas personas han argumentado que la atribución de esto fue hecha por enemigos del epicureísmo para desacreditar la filosofía, y de hecho esto ha sido usado para burlarse de los epicúreos. Pero el “argumento del vientre” ha sido atestiguado muchas veces, y las epístolas entre los dos hermanos circularon lo suficiente como para parecer claro que muchos contemporáneos y comentaristas posteriores estaban al tanto de los detalles principales de la controversia.

Supongamos, por lo tanto, que Metrodoro realmente argumentó que “el asiento del bien es el vientre“, como se le atribuye. Y supongamos también que los primeros epicúreos eligieron cuidadosamente sus palabras para transmitir el significado deseado, ya que sabemos que por esto es que se les conocía, y también sabemos que criticaban el discurso poco claro y florido de los poetas y amantes de la retórica. No temenos razón para suponer que Metrodoro estaba hablando poéticamente para generar confusión. ¿Qué quiso decir con esto? Un proverbio sobreviviente puede ayudar a arrojar luz sobre esto.

Lo que no se puede satisfacer no es la barriga de un hombre, como piensan los hombres, sino la idea falsa de que la barriga necesita ser llenada sin fin. – Sentencia Vaticana 59

La inscripción epicúrea del muro de Diógenes es otra fuente para ayudarnos a interpretar el pasaje del vientre. Enseña que “los deseos que superan los límites fijados por la naturaleza” se encuentran entre las tres “raíces de todos los males, y a menos que los eliminemos, una multitud de males crecerá sobre nosotros“. Y la Doctrina Principal 20 establece que a la mente le corresponde comprender los límites establecidos por la naturaleza y domesticar la carne. También dice que “no debemos forzar a la naturaleza, sino persuadirla suavemente“.

Aquí, comenzamos a ver una forma en que la barriga podría ser un “criterio” (o una regla para medir) por el cual la naturaleza nos guía. La barriga nos enseña que solo necesitamos tanta nutrición, tanta comida y nada más. Si comemos en exceso, nuestra barriga nos avisa a través del letargo, el cansancio, la fatiga o la somnolencia. Si comemos muy poco o no comemos, nos avisa a través de punzadas de hambre. Literalmente gruñe como una bestia salvaje. Del mismo modo, solo necesitamos una medida natural de amigos y comunidad, una medida natural de riqueza, etc. Ni demasiado, ni muy poco. Y es la naturaleza la que establece estos límites.

Los epicúreos filosofamos con nuestros cuerpos, totalmente reconciliados con la naturaleza. Es interesante que Metrodoro describe la barriga como un “criterio“, si consideramos que esto es cierto y no una invención de los enemigos de la Escuela. En nuestra epistemología, el Canon (criterio de verdad) incluye facultades pre-racionales que proporcionan datos brutos de la naturaleza sin aportes racionales: audición, gusto, visión, placer y dolor, etc. Creo que lo que Metrodoro estaba argumentando es que debemos prestar atención al dolor y el placer del vientre como guías de la naturaleza para que podamos comprender mejor los límites establecidos por la naturaleza y darnos cuenta de lo fácil que es obtener los placeres naturales y necesarios.

El argumento del vientre también nos recuerda las concepciones nietzscheana y freudiana del animal humano como habitado por una multitud de impulsos e instintos irracionales que compiten por el control del vehículo de nuestros cuerpos y nuestras vidas. Somos animales racionales, pero eso no es todo lo que somos.

Los fundadores del epicureísmo enseñaban que deberíamos preocuparnos por nuestro estado mental mientras comemos. Epicuro comparaba el comer a solas con el comportamiento de leones y lobos, y les dijo a sus seguidores que se preocuparan tanto de con quién comían como de lo que comían.

Nuestra opinión sobre nuestra barriga, y nuestra relación con ella, ayudan a definir cuán felices y satisfechos estamos con la vida en general. Muchos trastornos alimentarios y de salud están vinculados a los estados psicológicos, la filosofía de la vida y el sentido de autoestima de las personas. Entonces, ¿no tiene sentido que una alimentación saludable también se correlacione con estados psicológicos saludables, una filosofía de vida saludable y un sentido saludable de autoestima?

Esto puede ser pura coincidencia, pero es una nota al margen interesante: sabemos hoy (aunque los antiguos no podrían haberlo sabido) que es en el vientre donde las “hormonas de la felicidad” como la serotonina y la anandamida son fabricadas por nuestros cuerpos, y que las bacterias en nuestro intestino juegan un papel crucial en nuestro estado habitual de felicidad o depresión.

Sobre la “necesidad” de salvar a Grecia

“No es necesario tratar de salvar a Grecia o conseguir de ella coronas de sabiduría; lo que se necesita es comer y beber, Timócrates, sin dañar el vientre mientras le damos alegría”. – Carta de Metrodoro a Timócrates

El pasaje anterior parece indicar algunas de las objeciones que Timócrates presentó contra la doctrina epicúrea. Parece haber defendido ideales como el patriotismo y actividades vanas como la fama o la gloria. ¿Quizás pidió la enseñanza de la filosofía en la esfera pública? Epicuro prohibió la práctica de sermones públicos a favor de los privados después de que los platónicos enojados lo exiliaron de la isla de Lesbos, su barco naufragó y estuvo en peligro de morir. Los argumentos de Timócrates parecen estar relacionados con la “necesidad” de aceptación y elogio de la gente común en la ciudad. La controversia de Timócrates puede haber inspirado las siguientes citas:

Nunca he deseado atender a las muchedumbres; por lo que yo sé ellos no lo aprueban, y lo que aprueban no lo sé.

Francamente, al estudiar la naturaleza prefiero hablar de revelaciones sobre lo que es ventajoso a todos los hombres aunque nadie lo entienda, en lugar de conformarme a la opinión popular y así ganarme la alabanza extendida de los muchos. – Sentencia Vaticana 29

A medida que envejeces eres como te exhorto a ser, y has reconocido la diferencia entre estudiar filosofía por ti mismo y estudiarla para Grecia. Me alegro contigo. – Sentencia Vaticana 76

Un espíritu anárquico y libertario sostuvo a la comunidad epicúrea temprana, que parece haber tenido una política estricta de separación de filosofía y estado. Epicuro no fue un filósofo de la polis, sino de su propia comunidad autosuficiente. No confiaba en la educación pública (como vemos en SV 76). Se puede argumentar que los primeros epicúreos criaron y educaron a sus propios hijos en el Jardín, y que los epicúreos modernos también deberían crear sus propios establecimientos educativos, como lo hizo Michel Onfray en Francia.

Del intercambio entre los dos hermanos, también parece que Timócrates estaba haciendo argumentos en defensa general de las virtudes que formaban parte de la convención cultural griega:

Además, no comprarían por un centavo todas las virtudes si estuvieran separadas del placer. – Epístola de Metrodoro a Timócrates

Sobre la vida pública

Si bien el adagio lathe biosas (“Vive desconocido“)–que fue atribuído a los primeros epicúreos–se malinterpreta fácilmente y con frecuencia como un llamado a vivir una vida monástica, lo cual no era, la controversia de Timócrates puede proporcionar un ejemplo de un instante en que los epicúreos denunciaron la vida pública. Timócrates, al contrario, parece haber defendido el deseo de recibir la aceptación de la gente común, incluso de los extraños. Este deseo no es natural ni necesario, según la ética epicúrea.

Sobre este último punto, Diógenes de Oenoanda en su inscripción en el muro epicúreo, dijo lo siguiente:

Diógenes afirma que “la suma de la felicidad es nuestra disposición, de la cual somos amos”, por lo que argumenta en contra de elegir una carrera en el servicio militar, que produce peligros para nuestras vidas y salud, o hablar en público, que produce nerviosismo e inseguridad.

Resumen

De todas estas consideraciones, podemos concluír que algunas de las principales controversias relacionadas con la apostasía de Timócrates tuvieron que ver con los siguientes puntos:

  1. Metrodoro defendió la doctrina de que el placer es el fin que busca nuestra propia naturaleza; Timócrates rechazó este punto de vista y defendió las virtudes griegas tradicionales, que los epicúreos consideraban a menudo virtudes vacías. Timócrates estaba dispuesto a sacrificar su felicidad en el altar de la política como tantas personas lo hacen todavía hoy.
  2. Metrodoro vio la necesidad de defender el enfoque en los placeres naturales y necesarios como un camino hacia la felicidad y la autosuficiencia; Timócrates argumentaba a favor del patriotismo, la fama, la gloria y otros ideales vanos que no son naturales ni necesarios. Además, estos ideales pueden requerir enormes sacrificios de nuestra parte. La “necesidad” de “salvar a Grecia” parece indicar fantasías de llevar a cabo acciones épicas (auto-sacrificiales) y / o heroicas por una causa, por la fama o por un colectivo imaginado.
  3. El enfoque ético de Metrodoro consistía en que tengamos seguridad y control sobre nuestras vidas, nuestro espacio y nuestras circunstancias. Debido a esto, la enseñanza de la filosofía epicúrea ocurría en un ambiente privado, íntimo, seguro e informal, entre amigos, no en el ágora (el mercado). Contra esto, Timócrates puede haber argumentado que desear tener una vida pública (o tal vez enseñar en público para ser reconocidos por nuestra sabiduría) era natural y/o necesario.

Una última pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué esta controversia se convirtió en un asunto público tan importante? La literatura epistolar era un medio para promover la doctrina epicúrea en los primeros años. Creo que la controversia entre los dos hermanos sirve como una lección sobre quién puede ser un epicúreo y quién no puede serlo. Parece que el principal punto doctrinal en el que incluso los hermanos no pueden reconciliarse es que el placer es el fin. Pero esto tiene muchas ramificaciones para la vida pública versus la privada, para nuestras elecciones y evitaciones, para nuestra elección de carrera y en muchas otras áreas de la vida.

Lea más:
En memoria de los fundadores

Epicuro el Médico

El siguiente ensayo ha sido escrito por Julián Mellado.

Qué poco nos gusta cuando alguien toma una palabra nuestra sin su contexto natural y trata de desvirtuar el significado para presentar una imagen distorsionada o falsa de uno. Nos indignamos con razón. Pues eso es lo que ha ocurrido con un filósofo, poco leído, que se suele identificar con una forma de vida totalmente alejada de lo que él pretendía enseñar. También se tomaron algunas frases para distorsionar sus significados. De esta manera se pretendía alejar a la gente de este filósofo que podría resultar demasiado inquietante para los poderes políticos y sobre todo religiosos de todas las épocas.

Este filósofo es Epicuro.

Epicuro nace en el 341 antes de la Era Común, ocho décadas después de Platón. Se le conoce (de manera peyorativa mayormente) como el “filósofo del placer”. De ahí que ser un epicúreo significaría más o menos ser un hedonista sin freno, buscando todo tipo de placeres sensuales.
Es cierto que Epicuro hablaba que “el placer es el fin de la vida”, y se suele interpretar según lo que cada molde cultural entiende por “placer”. En estos tiempos de sensualidad extrema, se suele pues interpretar la filosofía de Epicuro como la justificación del desenfreno. Claro está que quien haga esto, demuestra que nunca ha leído a Epicuro.

¿Qué entendía pues nuestro filósofo con las palabras “el placer es el fin de la vida”? En su carta a su amigo Meneceo, el pensador se expresa con meridiana claridad:

“Así pues, cuando decimos que el placer es el fin, no estamos hablando de placeres de los viciosos ni de los que reporta una vida disipada, como piensan aquellos que o nos desconocen, o discrepan, o nos malentienden a propósito, sino de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma”.

Estas palabras sería suficientes para deshacer toda esa mala interpretación que ha servido a muchos para calumniar al pensador de Samos. Epicuro piensa que alma y cuerpo son uno, y que si el cuerpo está enfermo o sufriendo, entonces el alma a su vez padece. Hoy en día cuando tomamos un analgésico para mitigar o quitar un dolor de cabeza, estamos siendo epicúreos.
El maestro era un gran observador y cayó en la cuenta de que sus contemporáneos sufrían demasiado por cosas que no eran reales. Y quiso darle otra función a la filosofía, ya no como una disciplina que trata de conocer la realidad sino:

“Contra las enfermedades de la mente, la filosofía dispone de remedios; por esta razón se la considera, con toda justeza, la medicina de la mente.”

Según esto, el filósofo no sería un sabio, sino más bien un médico. Y así fue como se vió a sí mismo y sus seguidores. Era un médico que quería ayudar a sanar los hombres de aquello que le impedía acceder a una felicidad posible. Decía Epicuro: “La filosofía es una actividad que, mediante discursos y razonamientos, nos procura la vida feliz“.

En otras palabras, debemos aprender a pensar. El placer del que habla se acerca más bien a la idea de “sentirse bien”, y para ello debemos encontrar la manera de acoger el instante. Habitar nuestro presente dándole un significado, aunque sabemos que el presente se convierte en pasado para seguir estando en el presente. Epicuro nos invita a pensar de que somos seres temporales. Muchas veces queremos vivir en un pasado que ya no existe o en un futuro que aún no es. Pasado y futuro tiene por supuesto su lugar en la vida, pero no es el lugar para habitarlo.

Entonces nuestro filósofo trató de averiguar qué era lo que perturbaba el alma de sus contemporáneos. ¿Por dónde se escapaba la vida? Identificó algo que corroía el interior del hombre: el miedo. El miedo paralizaba, impedía el disfrute posible de la vida. Además mucho de esos miedos eran sobre motivos falsos, creados por intereses de otros. Una manera de tener al ciudadano sumiso a los requerimientos de los falsarios que eran quienes detentaban el poder. (Por ahí empezó las calumnias contra Epicuro).

Había dos miedos principales. El miedo a los dioses y el miedo a la muerte. Había que ver qué eran esos dioses. Caprichosos, benévolos o crueles … Los creyentes tenían que mantener una actividad ritual para aplacarlos, no provocar sus iras. Dependían de los sacerdotes para calmarlos, manteniendo a la población temerosa y sumisa. El filósofo se rebela contra ello y se atreve a declarar:

“¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros”

¿Entonces para qué temerlos? ¿Para qué servirlos? ¿Para qué los sacerdotes? La vida buena depende de nosotros, de saber procurárnosla con sabiduría buscando el placer, es decir la alegría de vivir, cuando es posible. Sin miedos, sin sentirse constreñido por una autoridad exterior. Epicuro enseñaba a buscar los placeres del alma, vivió una vida austera, comía frugalmente (nada de banquetes orgiásticos) y ponía como máximo placer el disfrute de Amistad.

“De todos los bienes que la sabiduría procura para que la vida sea por completo feliz, el mejor con mucho es la adquisición de la amistad”.

“¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia”.

Es cierto que unía ese placer a las demandas del cuerpo, pero siempre guiado por la principal virtud epicúrea, la prudencia. Un placer que tuviera como punto final un gran sufrimiento (como pasaba con la depravación) no era admisible. Y un sufrimiento que aportase al fin un bien vivir era deseable. El problema era entonces como ahora, la falta de sabiduría para escoger lo que nos procura realmente ese bienestar. Epicuro decía:

“No es lo que tenemos sino lo que disfrutamos, lo que constituye nuestra abundancia”.

Otro de los miedos que esclavizaba al ser humano era el terror a la muerte. Era algo que los sacerdotes en nombre de los dioses explotaban muy bien dando esperanzas ilusorias o temores espantosos. Epicuro era atomista y no creía en una vida después de la muerte. Por eso encontró una fórmula para “curar” ese miedo a la muerte.

“La muerte no nos concierne. Pues mientras existimos, la muerte no está presente. Y cuando llega la muerte nosotros ya no somos”.

Había que darle a esta vida del más acá el significado necesario a cada uno. Llegar al final de nuestras vidas y decir como Borjes: “confieso que he vivido“.

Ahora bien, el filósofo enseñó que había dos cosas más que perturbaban el alma. Una de ellas era la política. Había que situarse en aquella época donde la política era sobre todo un ejercicio de poder, de ambición, sin ética alguna, la búsqueda de la gloria personal. Y la otra crítica de Epicuro se centró en los negocios: la ambición desmesurada, la persecución de bienes a costa de todo. Para el de Samos, todo esto estaba lejos del “bien vivir”, de la felicidad posible. En contestación compró un terreno cerca de Atenas. Lo llamó el Jardín, donde se pudiera disfrutar “de los placeres” (a esta altura espero que se entiende mejor) y donde eran admitidos tanto hombres como mujeres, libres o esclavos. En el Jardín de Epicuro todos podían hablar y disfrutar de la charla filosófica sin restricciones algunas de clase o sexo.

En el Jardín vivía Epicuro con sus amigos, apartado de la sociedad ateniense. De ahí empezaron a surgir “rumores” de lo que pasaba allí. Y no han cesado. Esas calumnias se prolongaron a lo largo de los siglos especialmente cuando aumentó el poder de los sacerdotes y su explotación del sufrimiento. Epicuro no veía ningún mérito en sufrir. Más bien había que procurar mitigar en lo posible todo sufrimiento. Al sentirnos mejor, pensaríamos mejor y sabríamos tomar decisiones más reflexivas.

Los dioses, la muerte y la política perturbaban el alma, hacía infeliz a la mayoría, según Epicuro, que se vio como un médico al servicio de sus semejantes. Le dio un significado a la filosofía como medicina. Fue muy amado por sus discípulos y muy odiado hasta el día de hoy, pero muy poco leído. No hay duda de que tenía cosas criticables o erróneas. Los estoicos se opusieron a los epicúreos. No convenció a todo el mundo. Para otros fue una especie de liberador. Si debemos criticarlo, que sea según lo que era y enseñaba, y no por las caricaturas o calumnias.

Para terminar quiero dejar este pensamiento de Epicuro para los que ya hemos alcanzado una cierta edad:

“No es el joven quien debe ser considerado afortunado sino el viejo que ha vivido bien, pues el joven, en la flor de su juventud, yerra guiado por sus ideas confusas, en tanto que el viejo ha arribado a la vejez como a un puerto seguro, habiendo protegido su verdadera felicidad”.

Organización y procedimiento en grupos epicúreos

Originalmente escrito por Norman DeWitt, quien fue un académico canadiense de principios del Siglo XX (Lea la versión original en inglés aquí). Incluye algunas opiniones expresadas en el ensayo que son suyas, aunque el ensayo se basa en los pergaminos de Filodemo, y sobre todo el pergamino Sobre la crítica franca. Traducción de Hiram Crespo.

Los escritores antiguos nos proporcionan poca información sobre la organización interna y el funcionamiento de las escuelas filosóficas. Tales asuntos eran universalmente conocidos en aquel momento y aparentemente indignos de mención. Sin embargo, sucede que el pergamino herculano Sobre la crítica franca de Filodemo, a pesar de su estado fragmentario, arroja una luz bastante amplia sobre los procedimientos seguidos por los grupos epicúreos. Dicha información, por supuesto, no se nos revela directamente, sino que debe deducirse de los supuestos tácitos de la autor. Por ejemplo, ya que Filodemo defiende la práctica epicúrea de aceptar pagos como muestras de agradecimiento por la corrección de fallas (fragmento 55), se puede inferir que se cobraron pagos por esto en los círculos epicúreos en general. En estas páginas, seguiré el sistema de notación de A. Olivieri (Teubner, 1914), es decir, números arábigos para fragmentos aislados y números romanos para columnas donde se conserva la secuencia de fragmentos.

No hace falta decir que cualquier miembro de un grupo epicúreo que poseyera la autoconfianza requerida, estaba en libertad de migrar a otro lugar y comprometerse a organizar un grupo propio. Al hacerlo, sin embargo, su relación con posibles seguidores estaba predefinida de una manera peculiar, porque el epicureísmo era principalmente un culto al fundador y a su forma de vida, y era solo secundariamente un sistema de pensamiento. Incluso más importante que las llamadas Doctrinas Principales era este voto voluntario (45, 8-11): “Seremos obedientes a Epicuro, de acuerdo a quien hemos elegido vivir“. Bajo esto subyace la suposición tácita de que Epicuro había descubierto la única verdadera forma de vida, y que solo podía haber un descubridor; los líderes posteriores solo podían dirigir a sus seguidores a lo largo de aquel camino. En otras palabras, los líderes eran ellos mismos seguidores, y sus adherentes eran seguidores de seguidores. Diferían unos de otros solo en el grado de su avance hacia la sabiduría.

Era parte del sistema que el director de la escuela (Nota 3) debía ser tratado con veneración ya que se suponía que estaba muy avanzado en sabiduría. Un fragmento sobreviviente (40) describe la disposición adecuada del seguidor hacia él: debía ser considerado como un padre-confesor; los errores y defectos debían ser francamente revelados a él en confianza (Nota 2); los seguidores debían colocarse en sus manos como su único guía en el pensamiento correcto y la conducta correcta; debían considerarlo como su salvador y declarar en las palabras de Homero (Ilíada x. 246-47) “Con alguien así como mi camarada ambos seguramente regresaremos a salvo incluso de un fuego llameante, porque él es extremadamente inteligente en sus inventos“. Cabe mencionar que los epicúreos, como otros antiguos moralistas, emplearon las citas de los poetas para apoyar sus doctrinas particulares. En este caso, se compara al joven epicúreo que busca sabiduría bajo el liderazgo del sabio con Diómedes iniciando con entusiasmo su aventura nocturna con su amigo de confianza Ulises.

El sabio no se sostiene en su posición por ningún esquema rígido de oficios. Un miembro se destaca más que otro solo en virtud de superioridad en la sabiduría. La palabra “mejor” (kreitton) denota uno más avanzado en sabiduría (44, 7-8). La palabra “maestro” no ocurre. La base del sistema es la buena voluntad, la cooperación voluntaria, y la amistad. Metrodoro y Hermarco, que habían estado cerca de Epicuro en Atenas, fueron llamados “guías” o “líderes” (kathhegemónes) (Nota 3), pero en este ensayo de Filodemo se emplea regularmente un sinónimo de la misma raíz pero de menos dignidad (kathhegetai). Se manifiesta del contexto que este término denota a los maestros, aunque esta palabra se evita por estar fuera de armonía con el espíritu del epicureísmo, cuyos adherentes no eran enseñados sino guiados. Se puede mencionar que Plutarco describe un incidente de la vida escolar en el que la persona a cargo se llama kath-hegetes. Dado que en nuestro ensayo el la palabra aparece regularmente en plural, se puede suponer que los estudiantes se dividían en pequeños grupos, cada uno a cargo de un líder.

El principio efectivo en la organización es, por supuesto, el amor (filia), que los escritores romanos redujeron materialmente al convertirlo en amistad (amicitia). El líder debe ser considerado como el mejor de todos los amigos (41, 4-8). La amistad se expresa en forma de preocupación mutua por el bien del otro, buena voluntad y gratitud. Todos deben estar imbuídos de un sentimiento de responsabilidad por el bien de todos. En un pasaje (26, 4-7) leemos: “Mantengamos ante nuestros ojos la superioridad de la amonestación activada por una preocupación por el bien del amonestado.” Un objetivo principal era crear un ambiente de buena voluntad y fortalecerlo; una nota (25, 3-8) en el ensayo dice: “Cómo a través de la corrección elevaremos la buena voluntad de los estudiantes [kataskenazómenoi] (Nota 7) hacia nosotros mismos a pesar del proceso de corrección“. No menos importante que la buena voluntad era la gratitud, de la cual los epicúreos establecieron lo que era casi un culto. Incluso los sabios debían estar agradecidos por un recordatorio de otro sabio (VIII-a, 1-2 y VIII-b, 12-13). Debían estar agradecidos también por críticas de un filósofo o un filólogo, aunque no pertenezcan a su propio grupo (X-a, 1-5 y X-b, 11-13).

El primer objetivo es crear una disposición (diáthesis) susceptible a la corrección. Esto se aplica más específicamente a los reclutas más jóvenes, denotado en el ensayo como kataskenazómenoi. Ellos están sujetos a  reproches y advertencias de todos los miembros del grupo, incluso de uno al otro. Aprenden a considerar a los de sabiduría superior con respeto, a controlar sus lenguas y su temperamento, a confesar sus faltas y a ser abiertos y francos en toda su conducta. El engaño y el secretismo se consideran los peores de todos los delitos contra la amistad (41, 1-4). Por su juventud son tratados con gentileza para que aprendan a someterse a la corrección (2, 1-7) porque el sabio sabe de antemano que los jóvenes son propensos a tener el cuello rígido (71) e irritarse fácilmente (31, 1-3). Sus carácteres se convierten en tema de estudio detallado, como ejemplificaré ahora.

Al inscribirse (en la escuela), se le exhortaba al muchacho a que despreciara todos los demás conocimientos (música, retórica y geometría) como alienantes de la búsqueda de felicidad (18, 1-2). Aparentemente, parte de su guía inicial proviene del filólogo (Nota 1), que se menciona regularmente después de los sabios (sófos, Nota 4) y filósofos (VIII-a, 7-9 y X-a, 1-2). Que el filólogo es un tipo de “hijo mayor” también puede deducirse de los errores contra los cuales se le advierte, a saber: el interpretar la mala conducta de los estudiantes como una afrenta personal a sí mismo y recurrir a un estilo de corrección rudo, agudo, insultante, despreciativo y sarcástico (37). Que el filólogo era un instructor parece razonable no solo por los contextos de este ensayo sino también por una declaración del gramático Frínico, que dijo que la palabra (filólogo) denota a alguien interesado principalmente en la educación. Que su esfera era la instrucción en literatura parece claro por la palabra misma. Es erróneo suponer que los epicúreos despreciaban este studio (es decir, el de la literatura). Epicuro encontró una base en un pasaje muy hedonista de la Odisea (x. 5-11) para declarar que el placer es el bien mayor, y referencias a tragedias y comedias no son infrecuentes en el ensayo que tenemos ante nosotros y en otros escritos epicúreos.

Que los sófos (literalmente, “sabios”) y filósofos (“amantes de la sabiduría”) tuvieron la relación más cercana el uno al otro queda claro por su mención juntos y sin los filólogos (1,7 y 35, 2-3). No es necesario dudar de que el filósofo era alguien que estaba relativamente avanzado en filosofía y defendía al Líder como una especie de profesor asociado, mientras que el filólogo era un profesor asistente. Tocando el problema de la perfección, el escritor de este ensayo (es decir, Filodemo de Gadara) no asume que es alcanzable en absoluto, como lo mostrará el siguiente extracto (46, 5-11): “Porque ¿cómo el sabio va a odiar al que comete errores perdonables, sabiendo que él mismo es no perfecto y que todos los hombres están acostumbrados a errar?” (Nota 5) Este principio, por supuesto, es democrático y disminuye la distancia entre el director de la escuela y sus asociados.

Más bajo que el filósofo con respecto al avance en la sabiduría es la clase que Filodemo denota regularmente con “nosotros”. Al principio esto puede parecer un plural de modestia, que denota la cabeza de la escuela y sus asociados más cercanos; pero esta suposición está descartada por lo siguiente (35, 14): “Sobre todo buscaremos amonestar, aunque no como los sofos (sabios) y filósofos“. Un escrutinio más detallado certifica que los synethéis o familiares, que son los miembros de alto rango del grupo, son la clase denotada. Que estos, a su vez, son más avanzados en sabiduría que la mayoría se hace evidente a partir de uno de los subtítulos subrayados que aparecen aquí y allá en el rollo (56, 1-3): “Si los que somos avanzados en cuanto al poder de razonamiento [logismos] fallaráramos (en usarlo) …” Por cierto, la respuesta es que no lo harán, aunque fallar ocasionalmente no es imposible debido a la incapacidad de los seres humanos de estar en su guardia continuamente. Sin embargo, se puede suponer que estos familiares, incluso si están muy por debajo de la perfección más alta posible, han alcanzado una disposición (diathesis) susceptible de corrección, lo cual es el objetivo preliminar del sistema.

Si una disposición susceptible a la corrección es deseable por parte de los estudiantes, aún más deseable es una disposición correctamente adaptada a la administración de corrección por parte de los líderes. La corrección adecuada vendrá de alguien “actuado por buena voluntad, que se dedica de manera inteligente y diligente a la filosofía, firme en principio, descuidado de lo que la gente piensa de él, inmune a cualquier tendencia a la demagogia, libre de rencor, que diga solo lo que se ajusta a la ocasión, y que no se deje llevar para injuriar, burlarse, menospreciar, herir sentimientos, o recurrir a trucos de aquiescencia o adulación sin sentido (I-b, 2-13)”. Se esperará lo contrario de alguien “con una lengua desenfrenada, propensa a culpar a otros, de mente liviana que se enfurece por ofensas leves, es peleón, truculento o amargado (11-a, 1-7)”. Esta es solo parte de la descripción en los textos que sobrevivieron (Nota 6), pero parecería adecuada.

La técnica de corrección en sí es elaborada en considerable detalle. Su tratamiento ejemplifica aquel proceso de elaboración al que los fundadores de doctrinas originales–como Epicuro–fueron sometidos por maestros sucesivos. La corrección ética se convirtió en una especialidad de las escuelas epicúreas y desarrolló su propio vocabulario. La corrección puede ser simple (10, 4; 35, 8) es decir, directa; o mixta (58, 7-8), es decir, compuesta de reproche, alabanza generosa y exhortación (68, 3-7). Es una obra de arte de muchos lados (poikile piloteknia; ibid. 1-2).

La corrección puede ser administrada por el sabio, por uno de los familiares, o incluso por uno de los compañeros de estudios; no debe ser aplicada sin cesar o para todos los delitos, ni para el error casual, ni en presencia de personas no interesadas, ni ser discursiva, sino comprensiva y sin insulto o abuso (79, 4-11). Algunos estudiantes podrían ser mejor amonestados sin el conocimiento de los líderes (kath-hegetai, 8, 4-8). Casos ocurren donde parece imprudente administrar reprensión ante el grupo (35, 7-11), pero en otra parte se hace mención de estudiantes que son reprendidos ante sus compañeros por usar capa griega (31, 4-8). El reportar delitos menores cometidos por los compañeros estudiantes es aprobado como un acto de amistad genuina y fracasar en informar marcará a un hombre como “un amigo malvado y un amigo del mal” (50). Sin embargo, el mero chisme se distingue y desalienta cuidadosamente.

Así como Los Carácteres de Teofrasto es una secuela lógica de la Retórica de Aristóteles, igualmente la observación de los carácteres de los alumnos es una secuela natural de este elaborado sistema de corrección. A los estudiantes se les reconoce como impresionables o deliberados y en necesidad de más chequeos (7, 1-5), como débiles e incapaces de ser curados por corrección (59, 9-11), o de disposiciones feas (86, l-2). Algunos carecen de orientación previa o han sido entregados como incorregibles (84, 8-12). Otros, nacidos más allá del alcance de aquellas influencias que crean una disposición susceptible a la buena voluntad y amistad, y sin el ejemplo de líderes que imitar durante un largo espacio de tiempo, serán perezosos y dilatorios y nunca mostrarán gran mejora (V). Los estudiantes imitan las faltas de sus líderes, junto con sus virtudes (43, 3-4).

Ningún ejemplo de esto sobrevive en nuestro texto, pero Plutarco en un pasaje similar menciona que los estudiantes imitaban el ceceo de Aristóteles y la joroba de Platón. Entre otros puntos mencionados están estos: que algunos jóvenes se irritan con la corrección (31) y que aquellos que sienten la necesidad de presumir ante las multitudes y de tener los honores de muchos son especialmente difíciles de salvar (34, 3-8).

Con frecuencia se enfatiza la analogía entre este sistema de ética correctiva y la práctica de la medicina. Enseñaban que era en beneficio del alumno tener la misma disposición (diáthesis) hacia el sabio como la que se tenía hacia el médico. Se instaba a los estudiantes tener en cuenta, por ejemplo, cuán vergonzoso sería nunca haber considerado la advertencia del sabio, comparándolo con asumir toda la carga de su salud sin, bajo ninguna circunstancia, recurrir a médicos (39, 7-14). De nuevo, si el sabio erra y corrige a un estudiante por un error del cual es inocente, asumir que nunca se necesitaría una corrección similar en otras ocasiones sería cometer el mismo error que un médico que, habiendo dado una purga a un paciente a través de un diagnóstico falso, nunca luego lo purgó en otras enfermedades (63). Una vez más, instando a la necesidad de correcciones repetidas, los autores citan la práctica de médicos que, sin lograr nada con un enema, administran otro (64, 6-12). Por último, al igual que un médico continuará asistiendo a un paciente que razonablemente puede considerarse incapaz de curar, del mismo modo el monitor ético no se detendrá en su ministerio si sus amonestaciones no encuentran respuesta (69).

Esta, entonces, fue la organización (jerárquica) de la hermandad epicúrea: sabios (sofos), filósofos, filólogos, líderes (kath-hegetai), familiares (synetheis) y finalmente los estudiantes mas jóvenes o nuevos (kataskenazómenoi). Estos diferían entre sí solo en los diversos grados de su avance hacia la sabiduría, y ninguno alcanzaba estar tan cerca de la perfección como para ser inmune al error. Cada uno miraba a los que estaban por encima de él como sus líderes, y todos miraban más allá de sus líderes inmediatos a Epicuro como su modelo.

A todos se les ordenaba cultivar un sentimiento de gratitud hacia él por haber descubierto la verdadera forma de vida y a sus compañeros adherentes por ayudarlos a seguirlo. Todos buscaban habituarse a recibir amablemente la amonestación y administrarla con franqueza y gentileza. Todos debían ser animados por la buena voluntad, y se instaba a todos a convertirse en apóstoles, sin dejar de proclamar las doctrinas de la verdadera filosofía. Por último, los líderes eran genuinos psiquiatras, dedicados a purificar a los hombres de sus fallas tal como el médico purificaba sus cuerpos de la enfermedad.

Victoria College,

Universidad de Toronto

Lea más:

Un comentario en español del pergamino de Herculano “De la crítica franca” de Filodemo es parte de Epítome: Escrituras Epicúreas

 Philodemus: On Frank Criticism – traducción y comentario en inglés

Notas de Hiram Crespo:

  1. La palabra filólogo hoy denota en español un estudioso de “la ciencia de las lenguas o de una lengua en particular, de su historia y de su gramática.” Es posible que esto haya sido parte del sentido original, ya que vemos que a principios de la Carta a Heródoto, Epicuro comienza por solicitar a los estudiantes que se aseguren de definir claramente las palabras desde el comienzo de toda investigación, y la palabra logos implica “la palabra”. Sin embargo, da la impresión también que el filólogo, en una escuela filosófica, fue un experto en los libros y escritos fundacionales de esa escuela, quien se encargaba de los escritos y textos.
  2. El sacramento católico de confesión, al igual que el concepto mismo de la catequesis, la práctica de escribir epístolas didácticas a ser estudiadas por todos, y muchas otras tradiciones que hoy son consideradas cristianas tienen sus orígenes en los modelos comunitarios establecidos por los jardines epicúreos. En su libro St. Paul and Epicurus, el autor de este mismo ensayo explica en detalle la enorme influencia que tuvo el epicureísmo en el cristianismo primitivo, sobre todo en las epístolas de Pablo, pero también en como se organizaron las Iglesias y como se enseñaba el cristianismo.
  3. Epicuro de Samos es el Hegémone (Líder) de la escuela, de modo que los kath-hegetai son algo así como “líderes asistentes”. El prefijo griego kata- significa “hacia abajo, a través, según, hacia, durante” y, aquí, implica un líder secundario que guía hacia el Hegémone y opera en su lugar. Otro título que se ha usado es Escolarca, que era como un tipo de Patriarca de la escuela a cargo del Jardín de Atenas. El linaje de los Escolarcas empieza con Epicuro de Samos, sigue con Hermarco de Mitilene, Polístrato, Dionisio, Basílides de Tirón, Apolodoro (apodado el Kepotyrannos, o el Tirano del Jardín por haber sido muy estricto), Diógenes de Sidonia, Fedrón, Patrón, Popilio Teotimo y Heliodoro. El libro Epítome: Escrituras Epicúreas contiene un resumen de las vidas de los Escolarcas.
  4. Los fundadores Metrodoro y Epicuro fueron ambos considerados los primeros Sofos (sabios) de la escuela.
  5. Similares comentarios sobre Epicuro dicen Metrodoro y los discípulos en la novela Varios días en Atenas, un recuento fictício de como era la vida en el primer jardín epicúreo.
  6. Es decir, es solo la parte del fragmento que sobrevivió.
  7. Al preguntarle a Panos, un amigo que habla griego, como se traduce esta palabra, el me dijo que es algo así como “bajo construcción”, “en proceso de construirse”, o “trabajo en progreso”. Es decir, kataskenazómenoi son los estudiantes (mayormente los más jóvenes) cuyo carácter aún no ha sido formado.