Razonamientos cirenaicos

Cirene: una Atlántida filosófica

Dos grandes corrientes intelectuales convergieron para crear el gran río de la filosofía epicúrea. La primera de ellas fue la escuela del atomismo fundada por Leucipo y Demócrito, el filósofo risueño, que se preocupó con la necesidad de certeza científica y empírica sobre la naturaleza de las cosas. Esto evolucionó en la física epicúrea. La segunda fue la escuela cirenaica del hedonismo, que fue la primera filosofía griega que postuló que el placer era el objetivo de la vida. Esto evolucionó en la ética epicúrea.

El propósito de estos razonamientos es ir explorando los hilos que recorren las escuelas cirenaicas y que influenciaron la nuestra, y están basados en el libro The Birth of Hedonism, de Kurt Lampe.

atlEl hedonista francés Michel Onfray en L’invention du plaisir llama los cirenaicos “una Atlántida filosófica“. Se refería a su gloria antigua y logro intelectual, pero también a cómo fue enterrada–como si por ira de Poseidón–bajo el mar violento, terrible de las ideas platónicas. También Onfray llama el platonismo “una neurosis de la civilización occidental” contra la cual los cirenaicos construyeron “una máquina de guerra anti-Platónica“. El consenso entre los epicúreos es que no podemos comprender a Epicuro adecuadamente y en sus propios términos si no entendemos la naturaleza anti-platónica de su proyecto filosófico. Para eso y para descubrir nuestras propias raíces, tenemos que mirar a Cirene, una polis griega del norte de África en lo que es hoy Libia.

Arístipo de Cirene fundó la primera escuela filosófica que propone el hedonismo. Él decía que era auto-evidente que el placer es el objetivo que busca nuestra propia naturaleza, y que también busca evitar el dolor. El centro de la escuela cirenaica siempre estuvo en Libia, y es por eso que la escuela se identifica con Cirene, aunque muchos de estos pensadores fueron a Atenas y otras ciudades a propagar sus ideas.

Epistemología

A diferencia de los epicúreos, que valoraban y creían en la posibilidad de la certeza científica y empírica, los cirenaicos eran escepticistas. Separaban las experiencias (pathe) de lo que las causaba. Las experiencias son directas y evidentes y podemos saber acerca de ellas con certeza, mientras que podíamos saber menos sobre sus causas.

Este cisma produjo una especie de solipsismo hedónico. Se retiraron a sus propias experiencias como tortugas en su caparazón. Sabían que se cortaban o quemaban, pero se negaban a reconocer como real el cuchillo que cortaba, el hierro o el fuego que quemaba. Eran tan radicales en su lealtad a este escepticismo que, en lugar de reconocer la conexión entre sus experiencias y la realidad externa, prefirieron hablar en términos de “yo soy refrescado, estoy siendo endulzado, etc.”, por lo tanto, haciendo caso omiso del agua, la miel, la sal y las otras causas de sus experiencias.

Esto nos puede parecer inmaduro o poco práctico, y de hecho hedonistas más adelante llevaron el hedonismo al siguiente nivel cuando reconocieron como reales tanto las experiencias como sus fuentes.

Ética

Hay una doctrina clave que comparten epicúreos y cirenaicos. Para los cirenaicos, el placer es satisfactorio y ergo digno de elegir por si mismo y el dolor es repelente y ergo digno de evitar. Estas verdades, argumentan, son directamente experimentadas y evidentes, no requieren argumentos ni lógica. Epicuro también se negaba a discutir sobre el placer y el dolor, diciendo que son facultades dentro de nuestra propia naturaleza que reciben datos de la naturaleza y no están sujetos a fórmulas lógicas o argumentos.

Esto constituye una rebelión ecológica y filosófica del cuerpo contra su subproducto, el alma. La arrogancia de la rebelión y la tiranía del Logos contra la materia termina aquí. La razón fue sustituida por la naturaleza. Las ideas de Platón y la lógica aristotélica habían sido reemplazadas por el tono hedónico de la naturaleza. Afrodita había usurpado la primacía filosófica de Atenea.

El placer, a veces calificado como “placer tranquilo”, es por lo tanto el fin (telos), en el sentido de que es definitivo, completo y suficiente.

Lampe piensa que los cirenaicos son eudaimónicos (creen en la felicidad como el fin, no solo el placer), pero la mayoría de los eruditos no están de acuerdo. Es probable que existía una variedad de opiniones dentro de la escuela con respecto al fin. Uno de los argumentos claves a favor del hedonismo (es decir, el placer como fin) en sus inicios tuvo que ver con cómo el placer no es lo mismo que la felicidad. El placer es una instancia, la felicidad es una colección de placeres y como tal la felicidad, por tanto, es una abstracción, una alternativa platónica a la verdadera experiencia de placer. Este argumento es interesante y todavía hoy genera debate y opiniones diferentes.

Arístipo y el linaje

La escuela cirenaica no es completamente uniforme en su doctrina. En cambio, parece que ha evolucionado y cambiado, y que produjo varias ramas de filosofía cirenaica.

Arístipo tenía auto-confianza. Valoraba la confianza y estar cómodo, en vez de ansioso o temeroso. Los hedonistas más tardíos enseñarán que, con el fin de garantizar una vida de placer, uno debe tener la expectativa de confianza y evitar la incertidumbre, que exacerba el miedo. En la Sentencia Vaticana 34, vemos cómo la amistad es una fuente importante de esta expectativa de confianza.

Arístipo creía que su filosofía daba sociabilidad y adaptabilidad, y que le hizo capaz de asociarse en confianza con los demás. Esta adaptabilidad en el espacio y el tiempo es una importante virtud cirenaica y hedonista. Arístipo disfrutaba de lo que estaba presente y no corría tras lo que no estaba ahí“–una actitud que más tarde Lucrecio parafrasea–y veía el mundo en términos de oportunidades para el disfrute y riesgos de dolor.

Arístipo también instruyó a sus discípulos en una disciplina de tipo zen conocida como “presentismo“, o estar atento en el presente, como ejercicio espiritual y terapéutico. Esta práctica virtuosa estaba relacionada con la adaptabilidad del filósofo: él estaba dispuesto a poner menos fe en su capacidad para controlar lo que sucede en el futuro que en su capacidad para adaptarse a ello. Esto más tarde influiría la desafiante actitud hacia la Fortuna en Doctrina Principal 16 y Sentencia Vaticana 47.

La influencia de esta adaptabilidad virtuosa en el epicureísmo posterior se ve en las dos últimas curas: “el placer es fácil de obtener, el dolor es fácil de soportar“, y en el fragmento que dice: “Agradecemos a la divina Naturaleza porque hizo fáciles de adquirir las cosas necesarias, y las cosas difíciles de adquirir las hizo innecesarias”. Esto suena como la clase de formación ética hedonista que Arístipo habría instituído.

La hija de Arístipo fue Arete, y su alumno fue Antípater. Arete enseñó la filosofía a su hijo, Arístipo el Metrodidacta, quien formalmente establece el placer como fin y lo define como cinético (o en movimiento, dinámico), como un tipo de movimiento suave. También dijo que solamente y en exclusiva tenemos percepción de nuestros propios estados de pathe (es decir, placer y aversion, o el tono hedónico). Muchas personas todavía confunden al primer Arístipo el Mayor con su nieto Arístipo el Joven, cuando en verdad cada uno hace distintas contribuciones a la filosofía.

El único estudiante que se le conoce al Metrodidacta fue Teodoro el Ateo, que escribió una obra titulada Sobre los dioses e idealizó la indiferencia. Vivió en Atenas e influyó gente en lugares altos. Este Teodoro el Ateo me recuerda al comediante-filósofo George Carlin.

Antípater, el discípulo inicial del primer Arístipo, enseñó a Epitimides, quien enseñó a Hegesias, que fue conocido por su pesimismo y egoísmo, y a su opositor Aníceris, que valoraba la amistad y a veces erróneamente es llamado un proto-epicúreo. Él también enseñó a Dionisio de Heraclea, que es conocido por haber dicho que “confiaba en su cuerpo en lugar de en la stoa“.

De estos estudiantes de las enseñanzas de Arístipo, surgieron tres escuelas cirenaicas: los hegesíacos, los aniceranos y los teodoranos.

Hegesias

La gente magnánima parece despectiva. – Hegesias

Hegesias tenía una gran diferencia de opinión con Aníceris en lo que concierne a la vida ideal. Entre sus puntos de vista antisociales, encontramos que él cree que el sabio es como un rey, no tiene pares y no puede tener amigos. Veía todas las relaciones humanas como interacciones sujeto-objeto y consideraba a las personas como meramente instrumentales. También elogiaba la virtud del disfrute individual de cortesanas y el trato de las mujeres como objetos sexuales, entendiendo que la cosificación era mutua.

Lampe afirma que la “ética del héroe” fue domesticada por los filósofos, y Hegesias encarna una especie de “código heroico” donde el filósofo se asemeja a un rey. El código heroico griego tradicional involucraba buena reputación, símbolos de honor, competencia y violencia. Este código heroico no me parece particularmente hedonista y, de hecho, parece que genera gran dolor y lleva los pueblos a la ruina.

Hay otra instancia en la que este antiguo intelectual parece que no encaja en el perfil de un buscador de placer. Hegesias afirmaba que la felicidad (eudaimonia) era imposible, y su pesimismo era conocido por haber influido a algunos de sus oyentes a cometer suicidio, según algunas anécdotas dudosas que han sobrevivido.

Como Arístipo el Joven, Hegesias cree en un “final completo”, que él definió como “sin dolor ni sufrimiento”. Él tampoco distinguió entre las fuentes de placer y, en defensa de su virtud de indiferencia, dijo una vez:

No importa cuánto dinero usted tenga: los ricos no experimentan el placer distinto a los pobres … la fama e ignominia (también) son indiferentes al placer.

Sostuvo que cuando desdeñamos la fama, llegamos a ser autosuficientes en honor, y que puesto que la mayoría de las personas carece de la inteligencia para juzgar si somos o no grandes, por lo tanto, debemos vivir con indiferencia con respecto a la fama.

También argumentó (de manera menos convincente) que la esclavitud y la libertad eran iguales y podían pagar cantidades similares de placer. Esto, por supuesto, es un consuelo cuestionable, tal vez falso.

Aníceris

Aníceris valora los amigos de manera no instrumental, el respeto a los padres, la acción por la patria y la gratitud. Aníceris estaba reaccionando contra Hegesias en estos aspectos, que se refieren a los mejores medios que conducen a una vida de placer.

Su principal desacuerdo con Hegesias tuvo que ver con el papel de los amigos y la buena voluntad de los demás: argumentó que, aunque inicialmente adquirimos amigos por razones utilitarias, de ventaja o beneficio, en última instancia estas relaciones evolucionan hacia una fuente de placer derivada de la felicidad y el bienestar del otro. Las doctrinas de Epicuro, cuando se ve en el contexto de estas controversias, son claramente una continuación y defensa del hedonismo particular de Aníceris. Sobre el valor de los amigos por su propia cuenta y no como instrumentos, Lampe dice:

La doctrina de Aníceris no sólo es coherente: es una gran mejora sobre la doctrina de sus predecesores convencionales. Conserva el papel fundamental de las experiencias de placer y dolor de cada individuo, pero al mismo tiempo reconoce la fuerza real psicológica y la importancia de las relaciones humanas normales.

Entre sus principales aportaciones a la tradición cirenaica, Aníceris parece haber tomado un interés en la elaboración de una “economía de placer” que define el valor en términos de una moneda de hedons y dolors (que representan unidades de placer y dolor). Esto indica que–como más adelante hacen otros pensadores–propuso una ética donde las opciones y los evitares se basan en el cálculo hedónico, y de hecho Aníceris parece ser un eslabón importante en la procesión de los argumentos cirenaicos hacia la escuela de los epicúreos.

Teodoro el Ateo

El ateísmo, como se entiende hoy-especialmente en sus filamentos militantes–es un fenómeno bastante moderno, pero no es de ninguna manera nuevo. Muchos siglos antes de nuestra era, este filósofo militante usó el epíteto “el ateo” y dejó un legado perdurable: el biógrafo Diógenes Laercio dice que Epicuro tomó la mayor parte de lo que dijo acerca de los dioses de Teodoro el Ateo, que al parecer escribió un libro (hoy perdido) titulado Sobre los dioses. Sus seguidores más adelante, los teodoranos, fueron conocidos por sus polémicas y ataques contra otros filósofos.

Las virtudes de Teodoro eran la prudencia y la justicia, y estableció la alegría (y la dificultad) como los extremos en su doctrina, suponemos que la anterior para buscarla y la ultima para ser evitada. Repudió la amistad y la política. Era magnánimo, orgulloso y continuó enseñando las virtudes de Hegesias de indiferencia y autarquía.

En su defensa de las virtudes como medios para alcanzar el placer, él utilizó el ejemplo del orden de las letras dentro de las palabras y frases. Las letras por sí mismas son inútiles y no aportan ninguna ventaja, pero cuando se organizan de ciertos modos, transmiten sentido: del mismo modo con la virtud utilitaria. Es evidente la utilidad de las virtudes en la búsqueda de placer.

Sólo los sabios son verdaderos reyes. – Teodoro el Ateo

Teodoro, como su predecesor Hegesias, vio una clara distinción entre sabios y necios. Dijo que las leyes, normas y sanciones existen solo para los tontos y que los sabios no las necesitan porque son naturalmente buenos. Por lo tanto, rechazaba las leyes de la polis y buscaba lo que es natural y lícito para sí mismo. Confiaba plenamente en su propia naturaleza.

Nos encontramos con una paráfrasis de uno de sus dichos en el primeros y segundo versículos de la escritura budista conocida como el Dhammapada, conocido a veces como el Evangelio de Sidhartha Buddha. Es decir de Teodoro es:

La necedad genera angustia y la alegría sigue la prudencia.

… mientras que los versículos 1-2 del primer capítulo del Dhamapada leen:

La mente precede a todos los conocibles,
la mente es su jefe, hechos por la mente son.
Si con una mente corrupta
uno habla o actúa
el dukkha (sufrimiento) le sigue,
al igual que la rueda sigue la pezuña del buey.

La mente precede a todos los conocibles,
la mente es su jefe, hechos por la mente son.
Si con una mente clara y segura
uno habla y actúa
le sigue de felicidad
como una sombra.

Además se aprecia la influencia de Teodoro tan tarde como en Filodemo de Gadara, que enseñó filosofía a los romanos ricos en el primer siglo. Teodoro enseñó que “no importa si el cuerpo se pudre bajo tierra o sobre ella o en el mar”, por que la muerte es nada, realmente nadie la experimenta. Fue más adelante parafraseado por Filodemo en su pergamino De la muerte.

La filosofía del neo-cirenaico Walter Pater

En su libro, Kurt Lampe aborda la literatura de Walter Pater. Walter es el autor de Mario el epicúreo y también partidario de una filosofía naturalista y hedonista que se centra en la estética como una forma de captar y vivir la vida en el momento. Él hizo un llamado a una revolución contra el hábito y a favor de un crudo y auténtico vivir en el momento. La siguiente cita sintetiza específicamente las reflexiones filosóficas de Pater.

El servicio de la filosofía… es despertarnos, para incitarnos a una vida de observación constante y ávida … No el fruto de la experiencia, sino experiencia en sí misma, es el final. Sólo un contado número de pulsos nos es dado de una vida variada y espectacular… ¿Cómo pasar rápidamente de punto a punto y estar presentes siempre en el foco donde se une el mayor número de fuerzas vitales en su energía más pura?

Brillar siempre con esta llama dura, destellante, mantener este éxtasis, es éxito en la vida.

La teoría o idea o sistema que requiere de nosotros el sacrificio de cualquier parte de esta experiencia, en la consideración de algún interés inalcanzable, o de alguna teoría abstracta que no hemos identificado con nosotros mismos, o de lo que es sólo convencional: eso no tiene ningún derecho real sobre nosotros.

Observe la reivindicación aquí de esa práctica cirenaica por excelencia: el presentismo. Se requiere estar aquí ahora para tener una experiencia directa y atenta de la vida. Tal vez fue gracias a Pater que Michel Onfray llegó a hablar en cuanto a pulsaciones en su literatura en francés–en particular, en su Sculpture de soi.

Este presentismo originalmente propuesto por los cirenaicos es discutido como monokhronos hedoné (placer de una sola vez) en el libro de Lampe y tiene sus méritos, aunque más adelante los epicúreos refutan este presentismo no porque sea una mala práctica, sino porque excluye innecesariamente el recuerdo de los placeres pasados y la expectativa de los futuros como otra práctica legítima de residir en el placer. En otras palabras, es una cosa anclar nuestro placer en el momento, es otra limitar nuestro placer solo al momento. Yo opino que, para vivir placenteramente, todas estas prácticas deben caber en nuestro régimen hedónico.

Una educación estética

Al hablar de la literatura de Walter Pater, Kurt Lampe sostiene que la función de la filosofía de placer racional es “eliminar obstáculos para la recepción más pura y más inmediata de … las experiencias“.

Aquí, como ya comenté en Cultivando el jardín epicúreo, la filosofía (literalmente, “amor a la sabiduría“) no es sólo un amor a las actividades racionales, de aprendizaje y de adquirir conocimiento, sino que se expandirá para incluir un amor a las experiencias, a las vivencias, a saber como se sienten ciertas cosas y de conocer directamente las matices de la vida en este mundo. En mi libro, cito el modo en que en la Biblia conocer a alguien tiene un concreto significado sexual y connota como los amantes gustan y se sienten de una cierta manera, y esto va claramente más allá de la fusión de mentes, y también cito cómo podemos conocer (saborear) una manzana solo probándola y comiéndola. Esto no es lo mismo que identificar que una fruta redonda y roja se llama manzana. ESTA otra forma de saber es hedonista, directa, real, y es un tipo de conocimiento, el disfrute de los cuales podemos educarnos para maximizar.

Dos observaciones pueden hacerse aquí. La primera nos lleva al Canon epicúreo, y como se excluye la razón. En las escrituras antiguas se dan muchas explicaciones para esto, pero aquí podemos discernir otra: la razón puede considerarse como una obstrucción de la inmediatez de la experiencia que crea distancia entre nosotros y la experiencia directa, ya sea sensual o relacional. Si la razón nos aleja de una experiencia, entonces cualquier placer que está disponible para nosotros en esa experiencia corre el riesgo de ser platonizado en lugar de ser disfrutado directamente.

Por lo tanto, la razón es una herramienta que conduce a ciertos placeres intelectuales y que nos puede ayudar en la economía de placer: la administración del placer y del dolor en nuestras decisiones y evitares, cuya medida iniciaron los cirenaicos. Pero la razón por otra parte puede impedir una vida de placer. Su lugar en nuestro régimen hedónico es limitado y muy específico.

Otra observación, que es hecha por Lampe, concierne la posibilidad del connoisseurship (el hacerse experto en el disfrute de algún arte o placer) y cómo a veces puede tener el poder para hacer las cosas más agradables. Ergo, la formación o educación en determinadas artes de placer puede servir para amplificar nuestro placer. Un plan de estudios en la educación hedonista entonces llega a ser posible, que nos permita adquirir una mayor adaptabilidad y versatilidad para disfrutar de los placeres que la naturaleza tiene para ofrecer.

El autor habla de esto en términos de “la música más amplia“, lo que incluye rituales y otras formas de arte que, como la música, tienen el poder de inspirar y producen éxtasis. Sus ejemplos incluyen el catar vinos o quesos, el aprender música o apreciación del arte y otras formas de disfrute de las cosas disponibles para el consumo.

Arístipo incluyó el “hablar bien” como parte de la educación de un filósofo, ya que nos asegura mayor respeto público y nos crea mayor auto-confianza, y todo esto mejora una vida agradable. Consistente con la ética hedonista, el valor de la educación aquí es exactamente medido en hedons y dolons (unidades de placer añadido, o de dolor eliminado).

Observe el bellamente pragmático arte de vivir (techne biou, en griego) que se describe aquí. Hemos completado el círculo y vuelto al comienzo de nuestros razonamientos cirenaicos, donde observamos que el fundador de esta tradición argumentó que una de las cosas que para él la filosofía otorgaba, era hacerlo más adaptable. Nos dijo que él “ponía menos fe en su capacidad para controlar lo que sucede en el futuro que en su capacidad para adaptarse a ello“.

Algunas notas de cierre sobre Michel Onfray

Antes de finalizar nuestros razonamientos cirenaicos, hay un intelectual moderno que Lampe discute que merece nuestra atención. No se le conoce por haber hecho contribuciones originales a la filosofía, pero merece un reconocimiento por haber sintetizado de manera bella e inteligente las ideas de muchos que vinieron antes que él.

Michel Onfray comprendió el valor de lo que se dice aquí cuando fundó la Université Populaire de Caen para enseñar una contra-historia de la filosofía. En este contexto es que hizo eco a la declaración de Nietzsche, de que «el arte tiene más valor que la verdad». Tal vez lo que quiso decir con esto era que, aunque la verdad es irresistible, el arte es heroico, creativo, baila, nos mueve y nos libera. También se aprecia la influencia de Nietzsche en la concepción artística que tiene Onfray de la auto-creación y el ejercicio de la voluntad: él habla de la escultura de sí mismo.

Los ríos de pensamiento de los abuelos Nietzsche y Freud también se conocerán y convertirán en una sola corriente en la insistencia de Onfray de que “el cuerpo reprimido produce civilización“. Esto es de hecho una de las consecuencias implícitas de la doctrina de Epicuro del alma material, “atómica”: el alma como la psique, como el sistema neural completamente integrado dentro del cuerpo e inseparable de él. La naturaleza de la psique (palabra griega para alma) sólo se puede discernir y estudiar como una propiedad emergente, física, del cuerpo. Las siguientes dos citas de Onfray concluyen nuestros razonamientos:

¿El océano que hay que cruzar? La filosofía idealista en su triple forma: platónica, cristiana y alemana.

… La tensión ocupa la carne por mucho tiempo. El cuerpo es un lugar extraño donde circulan flujos, intuiciones, energías y fuerzas. A veces la resolución de conflictos y misterios, las soluciones para desviar las sombras y confusions, aparecen en un momento de excepcional densidad, lo que abre una brecha en la existencia e inaugura una perspectiva rica en posibilidades. Así el cuerpo de un filósofo se presenta como un crisol donde se desarrollan experiencias existenciales, y estas son llamadas más adelante para tomar forma en las estructuras lógicas y rigurosas.

Es decir, la filosofía natural nace del cuerpo. Por último, una frase de Nietzsche, de su Zaratustra:

Érase una vez el alma miraba despectivamente al cuerpo y luego ese desprecio era lo supremo: el alma quería ver el cuerpo debilitado, enfermizo y muerto de hambre. Así pensó escapar del cuerpo y la tierra.

¡Oh, pero era el alma la que estaba debilitada, enfermiza y hambrienta; y la crueldad fue el deleite del alma!

Pero vosotros también, hermanos míos, díganme: ¿Que dicen sus cuerpos sobre sus almas? ¿No es su alma pobreza y contaminación y autocomplacencia miserable?

Esta es la conclusión de los razonamientos cirenaicos. Onfray afirma que Cirene–la cuna del hedonismo-es una “Atlántida filosófica“, y después de estudiar y escribir estos razonamientos, me veo obligado a estar de acuerdo. Invito a todos mis lectores a añadir a la vitalidad de esta tradición intelectual por medio de compartir, comentar y abundar sobre estos razonamientos para el beneficio de las futuras generaciones.

*

Los razonamientos cirenaicos son basados en el altamente recomendado libro de Kurt Lampe titulado El nacimiento de hedonismo.

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3 pensamientos en “Razonamientos cirenaicos

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